El grito, en Noruega


Las noticias de la tragedia en Oslo, me ha recordado a través de la memoria de hipocampo, el cuadro del pintor noruego Munch, El grito, como reflejo plástico de lo que escribió en su diario personal hacia 1892: Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.

Casi lo que he sentido al escuchar la narración trágica de lo que ha sucedido y estamos viendo en la capital de Noruega y en la isla de Utoya. Jóvenes y personas anónimas para mí, que han muerto porque una persona ha perdido el control sobre las órdenes de su cerebro, dejando una estela de muerte, dolor y respuestas a preguntas imposibles.

Me refugio inmediatamente en las preguntas a las que tantas veces recurro, las del Eclesiastés,

– ¿Qué gana el que trabaja con fatiga, si se demuestra antes ó después que todo es vanidad de vanidades, solo vanidad, algo así como intentar atrapar el viento?
– ¿Qué diferencia hay entre el hombre y el animal si ambos vuelven siempre al polvo?
– ¿Quien guiará al hombre a contemplar lo que hay después de él?

y me acerco, como él, siguiendo su recomendación, a los amores más próximos que tengo –ellos lo saben- porque estoy convencido que son como la cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper.

Sevilla, 23/VII/2011

Escribir al instante


Ayer me impactaron dos reflexiones muy sugerentes y decidí escribir al instante, que es la quintaesencia de un blog como el que me ocupa, desgraciadamente, no a diario. La primera, la imagen que acompaña hoy este post, sobre una frase (en lenguaje de signos) que tengo grabada en la memoria personal de hipocampo, de mi persona de secreto: en el principio fue la palabra, a la que he dedicado tanta investigación personal, porque es el elemento diferenciador del ser humano. Basta con buscar el lema “palabra” en este blog y podrá comprobarse que ha sido un hilo conductor del mismo. Inacabado, como la pintura de Antonio López.

La segunda, la maestría de Antonio Muñoz Molina (autor al que sigo de cerca desde hace muchos años, casi tantos como desde los que criticaba siempre su tiempo dedicado a la función pública y que simbolizó en las palabras de Mario, el protagonista de su obra En ausencia de Blanca), mediante su página en el suplemento Babelia, del diario El País, en torno a Lo mínimo, lo inmenso: Ahora se dice que a causa de las nuevas tecnologías ha de prevalecer una escritura de la rapidez, de la fragmentariedad, de lo instantáneo. El presentismo es tan paleto como el localismo o el nacionalismo: es la idea de que el tiempo de uno es el centro y la cima del tiempo, igual que la tierra de uno es el centro del espacio y el lugar supremo. Más de un siglo antes de Twitter y de los blogs escritores como Baudelaire o Nietzsche habían intuido la hermosa libertad de escribir al instante sobre lo que les pasaba por la imaginación o lo que tenían delante de los ojos. Y parece que a Nietzsche la tecnología punta de la máquina de escribir le afectó al estilo tanto como a quien ahora se pasa el día mandando mensajes de texto.

Está muy claro. Poco sabemos del día en que nació la palabra, pero todo lo que se ha hablado y escrito al instante ha servido para que muchas personas vivamos del recuerdo de aquellas hermosas letras concatenadas en formato de verso, artículo, novela o ensayo, en su aquí y ahora, que siempre tenían y tienen un rostro y una mano humana que quería expresar con carácter inmediato lo que aparentemente es eterno. Y vemos hoy que coincidimos en muchas cosas. Porque en el principio de la aventura humana fue la palabra. Sin duda alguna, para lo bueno y lo malo, que diría un experto en moral. Para lo mejor y peor del ser humano, que escribiría siempre al instante un experto en ética del cerebro humano.

Sevilla, 17/07/2011, en un instante horario y vital muy concreto.

La palabra más bella

LA PALABRA MAS BELLA

El Instituto Cervantes ha promovido una convocatoria en la Noosfera, desde el pasado 18 de mayo de 2011, a través de una plataforma interactiva http://www.eldiae.es/, que ha contado con casi 141.000 visitas de 150 países y 4.146 ciudades, y que con sus más de 33.000 votaciones han decidido cuál de la palabras propuestas por más de treinta propuestas por personalidades de habla hispana es la favorita del español. «Querétaro», propuesta del actor mexicano Gael García Bernal, es la palabra más votada, seguida de “sueño” “gracias” y “libertad”, palabras elegidas por Luis Rojas Marcos, Raphael y Mario Vargas Llosa, respectivamente.

La verdad es que me ha sorprendido esta elección, porque dicho con todos los respetos, he tenido que hacer un esfuerzo “googeliano” [sic] para situarme en la realidad del vocablo que junto a su sonoridad, ya nace en mi cerebro de secreto con un mar de dudas. Inmediatamente se ha traducido como “isla de las salamandras azules”, cuando en la página oficial del Estado de Querétaro, la traducción es bastante más distante de esta belleza implícita: K’erhiretarhu (K’eri significa “grande”, ireta, pueblo, y rhu, lugar) o K’erendarhu, (k’erenda, peñasco y rhu, lugar), es decir, lugar de piedras grandes o peñascos, en lengua purépecha.

Las tres palabras que siguen a Querétaro son más cercanas a mis preferencias también: “sueño” “gracias” y “libertad”, aunque la gran maravilla que nos permite elegir las palabras y, sobre todo, pronunciarlas, es una realidad hecha palabra, cerebro, porque es el que nos permite pronunciarlas y guardarlas, hasta que un día ¡oh, misterio de la vida! nos piden que votemos la que más nos gusta, eligiendo una entre miles archivadas en nuestra memoria de hipocampo. Y me he acordado de una: ¿podría ser mamá? (1): “Todavía me sobrecoge el descubrimiento de Selam (paz), la niña de Dikika, al que dediqué un post específico, cuando se valoró la localización de su hueso hioides como un hallazgo trascendental para conocer el origen del lenguaje en el “equipo” de fonación pre-programado en los seres humanos, a diferencia de los chimpancés y macacos más próximos en nuestros antepasados (siempre se ha dicho -desde el punto de vista científico y hasta con cierto desdén- que los monos no hablan): “Y lo que me ha llamado la atención poderosamente, desde la anatomía de estos fósiles, ha sido el hallazgo de un hueso, el hioides [Hueso impar, simétrico, solitario, de forma parabólica (en U), situado en la parte anterior y media del cuello entre la base de la lengua y la laringe], que es el auténtico protagonista, porque su función está vinculada claramente a una característica de los homínidos: el hioides permite fosilizar el aparato fonador, es decir, hay una base para localizar la génesis del lenguaje, aunque tengamos que aceptar que el grito fuera la primera seña de identidad de los australopitecus afarensis”. Nunca sabremos si Selam, que cumpliría hoy tres mil millones, trescientos mil años, dijo alguna vez ¡mamá!, aunque su hueso hioides nos permite vislumbrar que sí habló”.

Sevilla, 19/VI/2011

(1) Cobeña, José Antonio (2008): ¿Por qué hablan las personas?, recuperado de http://www.joseantoniocobena.com/?p=447

Deuda con Miguel Delibes y Antonio López

CASA ANTONIO LOPEZ

Antonio López, Casa de Antonio López Torres (1972-1975), Lápiz / Papel, 82 x 62 cm

Hoy es un día grande para mi memoria de hipocampo, gracias a unas palabras inéditas, maravillosas, del maestro Delibes, recordando a su amigo Antonio López, que he leído en El País. Una frase de cierre de su semblanza, con palabras sobrecogedoras, pronunciadas por un amigo común, Antonio Piedra, pero que sabía respetar los silencios de Antonio López, ante la insistencia curiosa de Delibes por saber cómo iba la escultura que le estaba haciendo el maestro de Tomelloso, con su especial aliño indumentario:

– Estás hablando, la verdad.

Y he ido a recoger el dibujo que inicié en 2005, como copia humilde de una obra de Antonio López, Casa de Antonio López Torres, su tío y maestro, que es una obra inacabada, a lo que solo puedo responder lo siguiente si me pregunta mi hijo cómo va (lo hice pensando en él, como ahora pienso…), generándome también una deuda de lectura con Delibes y…, de aprendizaje como dibujante, con Antonio López:

– Estás viéndolo, la verdad.

CASA ANTONIO LOPEZ1

Sevilla, 12/VI/2011

El Club de las Personas Dignas (II)

Llevo tiempo navegando en una patera muy particular, que cuando llueve se moja como las demás, muy frágil, lejos de los cruceros existenciales en los que siempre me quieren meter con la consabida frase: es que al fin y al cabo, José Antonio, todos vamos en el mismo barco… (1)

Me han animado muchas personas a seguir escribiendo sobre este Club, que ya advertí que acepta a personas como yo, a diferencia del que preconizaba Groucho Marx. Lo hago por responsabilidad personal e intransferible en momentos de desasosiego y frustración ante las diferentes variables de crisis que sufre la sociedad, en las que no todos estamos en la misma posición, pero de la que sí participamos de un modo u otro.

El Club de las Personas Dignas, al que pertenezco, pretende construir permanentemente e ir siempre hacia adelante, como esta Isla Desconocida, ante un estado de opinión en el que predomina el todo vale porque, al final, todos son iguales y poco se puede hacer por cambiar las cosas, embargados por la tristeza, conformismo y tibieza que le es consustancial: ¡total, para qué vamos a luchar, si el final ya lo conocemos y da igual, hagas lo que hagas! La indignación que recorre plazas mayores y calles de ciudades y pueblos, por todo el país, es una muestra de que algo está cambiando de nuevo, a través de gritos de protesta que simbolizan muy bien que esto no puede continuar así. ¿Qué está pasando, para que se trate y descalifique por igual a casi todo el mundo al que se considera que está enfrente de la situación real que viven muchas personas, jóvenes sobre todo, con carencias sustanciales para vivir, para no sufrir más allá de lo que parece razonable, para alcanzar una felicidad real y legítima en este primer mundo? Porque todos no somos iguales.

Para empezar a trabajar de forma anónima en el Club, muy respetuoso con este clamor popular del 15M o con la crisis en general, se exige una dosis especial de autoexigencia en el trabajo diario, porque es la gran carencia social en la actualidad y espejo en el que se miran muchas personas paradas, por supuesto. Si somos empleados públicos, como es mi caso, se nos debe exigir más que a nadie una respuesta ética diaria, en los términos que ya escribía en este blog en junio de 2010, sobre “La dignidad de los funcionarios”: “Creo en la dignidad de la función pública, aunque soy consciente de que hay que ganar segundos de credibilidad a diario, porque se pierden con una facilidad inusitada todos los días. Credibilidad que pasa por recuperar ética pública en las pequeñas cosas: puntualidad en los tiempos públicos, sobre todo cuando son de los demás, que están esperando ser atendidos por nosotros, trabajar mucho y bien, de forma impecable, desde dentro, desde la trastienda pública, para mejorar día a día la Administración en el trabajo que nos corresponde, con el denominador común del interés público, sabiendo que nos movemos siempre en un triángulo crítico: tiempo, espacio y dinero, públicos. Credibilidad pública, para quien la trabaja, para quien la recibe. Es una auténtica lástima que solo se produzcan movimientos de denuncia pública de la situación funcionarial cuando nos tocan el bolsillo [o nuevas formas y estilos de ser funcionarios], no preocupándonos a diario cuando nos tocan el alma a muchos funcionarios por culpa de algunos, internos, externos y mediopensionistas, que tiran por tierra el trabajo digno que defendemos muchas personas que ejercemos funciones públicas desde los numerosos puestos de trabajo que nos permiten ofrecer al ciudadano lo mejor de nuestra Casa Pública, de lo que llevamos dentro de la propia Administración, en la que trabajamos día a día y en el puesto que nos corresponde”.

Es decir, dignidad personal e intransferible, dignidad pública, frente a la tristeza y tibieza, públicas, que también existen.

Sevilla, 30/V/2011
(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=1477

El cerebro digital es digno

En estos días han saltado a la palestra las personas indignadas, a través de la revolución digital, en la que me encuentro ya instalado al pertenecer al club de las personas dignas, no así al de las indiferentes, conformistas y tibias. Las tecnologías de la información y de la comunicación están haciendo su mayo muy particular, como instrumentos de relación, colaboración, cooperación y, sobre todo, de participación activa. Es decir, inteligencia digital en estado puro. Esta es la nueva realidad social, digital por cierto, que tenemos que aceptar de una vez por todas.

Y es incuestionable la posición que juega el cerebro en esta acción, propiciando inteligencia para actuar contra el conformismo establecido, con la ayuda de las tecnologías de la información y comunicación, sabiendo que hay varias proyecciones inteligentes para acudir a plazas públicas y comunicar al mundo mundial que algo se mueve en una sociedad que acusa signos de tristeza, indiferencia, conformismo y tibieza.

¿Qué es un cerebro digital digno, que posibilita la inteligencia digna? Hay muchas formas de abordar esta pregunta, pero ofrezco tres respuestas:

1. Una estructura muy compleja que aporta alma a la sociedad indigna, con su acción celular (noosférica), alternativa y creadora, haciéndose visible mediante teoría y acción crítica, con utilización plena de la inteligencia digital, entendida como la capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

2. Una estructura de sentimiento y emociones que permite despertar a las preguntas de la vida, las de la ciencia de la vida, a través de la indignidad que subleva, revisando el porqué de todas las cosas, con utilización plena de la inteligencia digital, entendida como la capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para el contexto comunitario o cultural en el que vive cada persona, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

3. Una estructura que permite la imaginación para dar respuestas eficaces a los problemas diarios de las personas, con utilización plena de la inteligencia digital compartida/conectiva, entendida como factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, cuando están al servicio de la ciudadanía.

Porque cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. Y el cerebro digital digno no se conforma con ello, integrándose a partir de ese momento en el Club de la Personas Dignas.

Sevilla, 21/V/2011

Ética del municipio y de la ciudadanía

COMO VOTAR

http://www.elecciones.mir.es/locales2011/

Hace casi 28 años que publiqué un artículo en el diario ODIEL, en Huelva, que llevaba por título “Ética del Municipio” (viernes, 27 de mayo de 1983). Hoy he recuperado aquellas palabras, en un contexto diferente, pero he leído entrelíneas lo que desearía reafirmar de nuevo de forma sencilla, a una semana de las elecciones municipales de 2011, donde como ciudadano que va a votar, con creencias, cambiaría muy poco aquellas palabras escritas con pensamiento y sentimiento con mucha más fuerza que el viento, en la clave de Rafael Alberti, a quien tanto leía y seguía en aquellos días.

Esta nueva lectura, actualizada, va a consistir en poner en cursiva las palabras cambiadas. Nada más.

“Dicen los principios éticos más ortodoxos, que la «cosa», la plata, por ejemplo, sólo sirve cuando es para las personas. La plata en sí no es nada, porque el valor se lo ha dado el ser humano. En este caso, el voto, el «papel» municipal sólo sirve para la persona, porque en sí tampoco vale nada. ¿A qué viene esto? Sencillo. Comenzamos una nueva etapa municipal y no vendría mal adentrarse en un mundo olvidado con frecuencia: la ética municipal.

Las bases éticas nacen en cada persona. En cualquier persona en su condición, ahora, de ciudadana. Las raíces de la conducta no son debidas en principio a unas normas establecidas, sino a la posibilidad de ser persona. Luego partimos del ser humano y su conducta. No son las manos las que votan, sino toda la persona la que vota. Y ese ciudadano deposita en un papel su persona «votando». Una persona que, en principio, confía (o debe confiar) en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Y esa persona quiere ser escuchada en su silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Sueña con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado.

El problema ético nace cuando se rompen los papeles, nunca mejor dicho. El símbolo de la papelera es el fantasma que recorre las mentes de los que votan. Y el recuerdo de ese acto debe estar presente, de forma cautelar, en las mentes de los elegidos democráticamente. Cada voto representa a una persona eligiendo y elegir es la posibilidad más seria de libertad que podemos gozar. La actitud ética del respeto al voto se constituye condición sin la cual no se puede hacer política municipal.

Otro principio ético municipal es el del respeto a la razón por un sentido de responsabilidad. La razón es humana y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que «ninguna ideología es inocente», como señaló Lukács. Y la ideología simbolizada en programas políticos ha perdido su inocencia de base. Pero eso no es «malo», para que nos entendamos. Perder la inocencia para ser responsable, es «bueno». Y ser responsable conlleva por un lado, conocer la «cosa» política (programa, por ejemplo…), el contenido de la acción y además, ser libre para decidir en nombre de unos votos.

Conocimiento y libertad, se constituyen así en elementos imprescindibles para ejercer el sentido de responsabilidad, es decir, de «respuestabilidad» (valga la expresión) ante situaciones políticas municipales muy puntuales. Arreglar una calle, poner farolas, o estudiar los impuestos, en si no son nada, sino que conocidos que son «para cada persona», para el ciudadano, valen, en el mejor sentido de la palabra.

Por último, el tema de llevar o no razón política: «La razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (1). Lo que pretende la razón municipal es reflejar la situación social de una ciudad, de un pueblo; eso sí, teniendo las ideas claras, porque de lo contrario se puede llegar a estropear la construcción de un sentimiento ciudadano de crecimiento, progreso y desarrollo. Tener las ideas claras, también es punto de partida ético imprescindible en la política municipal. ¿Por qué? Sencillamente porque es búsqueda de verdad, criterio ético que a pesar del paso del tiempo, siempre se sitúa como conquista. Y es que la verdad está en la «cosa», como decíamos al principio, en ese papel alargado con nombres y apellidos, que es mi voto municipal…”

Solo he cambiado algunas palabras para respetar la perspectiva de género. En aquellos años se utilizaba siempre el vocablo “hombre”, para caracterizar una representación del ser humano. Nada más.

Sevilla, 15/V/2011

(1) LUKACS, G (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

El cerebro kluge

KLUGE

La vida diaria me lo viene demostrando con una claridad palmaria: el cerebro no responde siempre tal y como esperamos de él. Menos, cuando vamos del timbo al tambo. Y no he tenido más remedio que rescatar de mi biblioteca un libro que ya cité en su momento en este cuaderno de “derrota”, utilizando el vocabulario de las personas que aman el mar. Y eso pasa porque el cerebro es kluge, es decir, es el resultado final y en constante evolución de una evolución azarosa, un auténtico ingenio biológico, evolutivo, que se va adaptando a tenor de las circunstancias que rodean a cada persona a lo largo de la vida, porque partimos de la base de que es imperfecto. De ahí que tengamos que reconocer que nos equivocamos, es decir, es el cerebro el que se equivoca mediante actos humanos, porque siempre es el que da las órdenes finales para nuestras actuaciones. Y muchos resultados no son los esperados, generando desencanto.

Ya estoy leyendo el libro sobre el que he pensado siempre que me puede aclarar muchas cosas sobre este planteamiento introductorio. Lleva por título, Kluge (1), a secas, escrito por Gary Marcus, al que tantas veces he citado en este blog, sabiendo que no es Cooper, es decir, que no está en los cielos, sino en el terco día a día: “Y llegó Gary Marcus, que está en los cielos de la investigación actual más solvente, mi autor de los últimos meses, citado en los post más recientes por su interesante aportación a la investigación del cerebro desde la genética, con una reflexión impresionante: “lo que hace interesantes a los humanos no es el hecho de las palabras en sí mismas, sino poder aprender y crear nuevas palabras”. Y revolucionó el auditorio con una sentencia espectacular: el lenguaje es un parche similar a la columna vertebral, un mal diseño de la evolución para soportar el peso del cuerpo. Y lo que señalaba anteriormente como anécdota también es una preocupación para Marcus: el rol de la memoria en los procesos lingüísticos y del habla, sobre todo en los bebés y en la primera infancia, como presunta contaminante de estos maravillosos procesos, aunque el equipo fonador de la niña de Dikika (su pequeño hueso hioides) nos demuestre de forma terca que el punto alfa de la inteligencia que se expresa mediante el gen FoxP2 ya estaba allí” (2).

Empiezo por aclarar el vocablo Kluge, cuya traducción más acertada la encontramos en la lengua alemana: ingenioso, pero en un contexto que nos hace tocarnos la ropa: el ingenio que hay que desarrollar para que una máquina funcione, como sobre la que el autor demuestra el origen del vocablo, un alimentador de papel, de la marca Kluge, “inventado” en 1935, como complemento de las impresoras mecánicas: “…era un mecanismo de lo más caprichoso, sujeto a frecuentes averías y endemoniadamente difícil de reparar, pero ¡qué ingenioso!» [¡qué kluge!].

La tarea que tengo por delante es asombrosa: descubrir por qué falla el cerebro, sabiendo que la naturaleza lo ha predispuesto en clave de kluge. La sabiduría popular lo traduce en saber “agudizar el ingenio”. Porque es difícil aceptar que vengamos así de fábrica, con defectos, con taras que ha propiciado la propia evolución, preparándonos a lo largo de existencia de cada persona para tomar conciencia de esta situación, reflejada en los fallos de la memoria, en los sentimientos y emociones que no somos capaces de controlar y, lo que es verdaderamente abrumador, saber que enferma en el momento en el que la maquinaria que creíamos perfecta del organismo, no le presta verdadera atención. Vuelvo a repetirlo: la maquinaria corporal, no nosotros, ni el alma humana.

En la contraportada del libro se dibuja un horizonte complicado, pero muy valiente, porque Gary Marcus sí que agudiza su ingenio para demostrarnos que merece la pena tomar conciencia de la debilidad del cerebro kluge: “Nuestro cerebro, lejos de ser un órgano perfecto, es un kluge, un apaño, o más bien, un conjunto de apaños improvisados por la evolución para resolver diversos problemas de adaptación. En todos los ámbitos de la experiencia humana, la memoria, el lenguaje, el placer o la capacidad d elección, podemos reconocer indicios de una mente construida en gran medida a través de la superposición progresiva de parches sobre estructuras anteriores de la evolución. De ahí la fiabilidad del cerebro a pesar, paradójicamente, de su maravillosa capacidad intelectual: podemos resolver problemas de física o matemáticas de una complejidad inmensa y al mismo tiempo ser incapaces de solucionar de manera lógica un conflicto, recordar dónde hemos dejado las llaves del coche o qué hemos desayunado esta mañana”.

Y en un jueves santo, en el que mi cerebro lleva trabajando 23494 santos días (incluyendo los de gestación), no dejo de admirarme, como buen animal que soy capaz de admirarme de todas las cosas, en la clave aristotélica, cómo es posible que haya llegado hasta este aquí y ahora, resolviendo básicamente problemas…, a través de un cerebro imperfecto pero ingenioso, un auténtico kluge.

Sevilla, 21/IV/2011

(1) Marcus, G. (2010). KLUGE. La azarosa construcción de la mente humana. Barcelona: Ariel.
(2) ¿Por qué hablan las personas?: http://www.joseantoniocobena.com/?p=447

Los cerebros ciegos al color

CEREBROS CIEGOS

El día de salida. Ammar Awad (REUTERS) – 25-03-2011. Una mujer usa su teléfono móvil para filmar a manifestantes durante una concentración que exige la destitución del Presidente Ali Abdullah Saleh, de Yemen (Fotografía recuperada de El País, el 27 de marzo de 2011)

La foto que antecede estas líneas me ha recordado una enfermedad que estudié hace años, la acromatopsia [ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color], atraído por la lectura de un libro excelente, La isla de los ciegos al color, de Oliver Sacks, que ya presenté en noviembre de 2009, con motivo de la experiencia sentida por una foto de Erick Lessing, que comenté en un post: Nuevas sonrisas, nuevas lágrimas.

Mujeres, vestidas de negro, en actitud de oración y sumisión. Todas menos una, con una gorra blanca, teléfono con cámara digital en mano, que se levanta simbólicamente, captando un mensaje de necesidad de progreso en el conocimiento, en la libertad: manifestantes contra la tiranía en Yemen. También aparece un niño, con camiseta azul, buscando algo perdido: ¿libertad? Es una imagen que sugiere muchas interpretaciones, sobre todo la que representa la necesidad de integrar la vida en todas sus capacidades cromáticas. Porque en el mundo árabe, el color siempre fue interpretado con matices de belleza, con policromías que hemos heredado en este país, por ejemplo, por las cerámicas tan maravillosamente trabajadas con las manos.

La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises. Porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida en libertad, sin dejar ninguno atrás, como reflexionaba en el post citado: la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. O para protestar, en clave religiosa, como el símbolo fotográfico de esta mujer de Yemen. Toda una lección.

Sevilla, 26/III/2011

La inteligencia es bella

Ayer celebré el día de mi santo. Suena como algo muy antiguo, pero tengo que reconocer que me despierta sentimientos y emociones de mi niñez madrileña y de la reniñez andaluza. Y con este motivo, un amigo entrañable que me conoce muy bien me regaló un video de Roberto Benigni, en una intervención memorable en el último Festival de San Remo, cantando a capella, sin más, el himno italiano (1), en momentos tan difíciles para Italia en búsqueda de su dignidad humana y política. Pasen y vean…, e intenten comprender su mensaje:

Contesté a este regalo, que deja su estela, recordando mensajes que aprendí del guión de la película interpretada por Benigni, La vida es bella, leído por mí en bastantes ocasiones. Me ayudó a comprender también que la inteligencia es bella, cuando ayuda a resolver problemas del día a día. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento.

Gracias a los que me recordaron. Os devuelvo a todos estas palabras de afecto a través de la Noosfera, como muestra del respeto que me produce el hecho de que un personaje histórico, José, hace muchísimos años, ocupara un papel tan destacado en la historia de la humanidad: respetar a una mujer que era diferente, de nombre María. Nada más, porque no podía entender por qué ocurren determinadas cosas en la vida bella.

Sevilla, 20/III/2011

(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Il_Canto_degli_Italiani