De nuevo: ¡es el interés público!…

la lengua de las mariposas1

Fotograma de La lengua de las mariposas

Estamos viviendo estos días una experiencia anestésica ante una situación en España de importancia extrema para nuestro presente más inmediato, así como para el futuro tanto de las personas que queremos como de lo que deseamos alcanzar con dignidad personal y social. Repasando mis reflexiones anteriores sobre esta situación preelectoral, he leído varias veces un post que dediqué en 2012 al nunca bien ponderado interés general, como norte existencial que considero imprescindible para beneficiarnos todos de otra forma de gestionar políticamente España, en un momento crucial cómo es el de las elecciones generales, repetidas por la falta de diálogo político en las alturas, que son bajuras visto lo visto. Reitero todas las palabras escritas entonces, porque después de cuatro años tienen una vigencia que me estremece, porque perdura el desencanto malévolo de tirar piedras a veces, como el niño-gorrión Pardal de La lengua de las mariposas, a quien no las merece. Por el silencio cómplice.

Sevilla, 26/V/2016

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Es el interés público

Se decía de forma permanente en la campaña presidencial de Clinton, de 1992, de forma machacona para que se instalara en los cerebros de la ciudadanía americana y, por extensión, mundial: “es la economía, estúpido” (the economy, stupid), esa es la solución. Nada más. Y a estas alturas de la última película que tuvo un comienzo de infeliz recuerdo, en 2008, a la americana, estamos ya en el filo cortante de la navaja, de la existencia, sin saber si hay camino hacia alguna parte, desconcertados a nivel mundial, europeo y español. Por este motivo, no quiero callarme en estos tiempos difíciles, de tanta desazón, como los lugareños de las últimas escenas de una película extraordinaria, La lengua de las mariposas, presa del terror de la indecencia, con silencio cómplice, ante la cordada de personas dignas, que piensan de forma diferente, que creen por encima de todo en el interés público.

Y con la sombra de aquella enigmática frase de Lenin, ¿qué hacer?, en la que crecí en tiempos de una España difícil, creo que cada persona puede en su pequeña persona de secreto, sola o acompañada, trabajar por otro mundo mejor, porque es posible, sin esperar que el telediario, las noticias a través de diferentes medios, o las opiniones de barra de café, vengan a solucionar los problemas acuciantes que atraviesan España, Andalucía, las familias andaluzas. Pero ¿qué hacer?

Lo primero, tomar conciencia de que no existen recetas maravillosas, ni bálsamos de Fierabrás, para luchar contra los molinos de viento que azotan la economía doméstica, para empezar, pero no de la misma forma a todos, es decir, hay que tomar conciencia de que universalizar la bondad o la maldad, la riqueza o la pobreza, no es el camino a andar. Nunca, nunca, porque la realidad es personal e intransferible, siendo la responsabilidad personal primero y la colectiva después, en todos los casos, la que nos permitirá salir del fango económico y financiero en el que estamos instalados. Hay que recuperar de forma urgente, casi crítica, la lucha por los valores fundamentales de las personas, cada uno en su sitio, ya seamos ciudadanos de a pie o administradores públicos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, con ejemplos muy sencillos, de las pequeñas cosas de cada día: honradez en el cumplimiento de los deberes personales, familiares y laborales, hasta en sus últimas consecuencias, los deberes derivados del cumplimiento del trabajo bien hecho, no chapucero, tan habitual ya; los deberes fiscales, plantando cara ante el escaqueo fiscal, colectivo, como por ejemplo el fraude del IVA, en una pregunta instalada en la sociedad civil y admitida como normal: ¿factura con IVA o sin IVA?; plantar cara a los alardes de cómo engañar a la Hacienda Pública, porque la sangría del empleo sumergido hunde de forma comparativa a las personas dignas, que trabajan muy bien todos los días, pero que asisten a un continuo espectáculo de café para todos y de servicios sociales, sanitarios y educativos que no se financian de aire sino que necesitan de la participación económica ciudadana, cuando algunas personas no los merecen, porque no participan para nada en la construcción social de una familia, trabajo, barrio o comunidad mejor, a través de los impuestos, sino que asiste desde su sillón particular al diseño de un mundo imposible, sencillamente porque no existe. Eso sí, porque solucionarlo es la responsabilidad de otros, siempre.

Y una pregunta es obvia: ¿no tendré yo alguna parte de esa responsabilidad en lo que está pasando por acción u omisión? ¿Qué hacer? Generosidad absoluta, con amplitud de miras, hacia los que tienen la mayor pobreza que existe: no ser dueños de su inteligencia para pedir, denunciar y obtener lo que es legítimo para ser personas. Porque si hay dignidad personal y colectiva, pública y privada, habrá trabajo, dado que las ideologías y las economías no son inocentes y los Gobiernos tampoco. Hay que tener claro también y defenderlo a los cuatro vientos que no todos somos o son iguales, que no se debe confundir valor y precio, como hace todo necio. Y hay que desenmascarar con urgencia a las personas indignas, cualquiera que sea el lugar que ocupen en la sociedad.

¿Qué hacer? Creer en el interés público, por encima del personal: es la única solución, porque si nos podemos salvar todos, siempre será mejor que uno solo, o unos pocos, sobre todo aquellos que mueven los hilos de la marioneta mundial, a través del rating, de las primas de riesgo, de los bancos malos de remate, etcétera, etcétera. Solidaridad frente a codicia. Interés público para salvar la situación del empleo, de la educación, salud y servicios sociales para todos los que lo necesiten, no solo para los que puedan acceder a ellos con privilegios o porque puedan pagarlos.

En definitiva, frente a Clinton y sus adláteres actuales, hay que gritar muy fuerte: “Es el interés público”. Sin más. Y sin insultar como lo hicieron ellos, como lo hacen todavía en el momento actual, creyendo que la malla mundial de personas que habitan el planeta Tierra es tonta. O estúpida, como creían en 1992 y creen muchos todavía hoy.

Sevilla, 30/V/2012

Mis principios digitales

REVOLUCION DIGITAL

Estos son mis principios: si no le gustan tengo otros

Groucho Marx

Se acerca la nueva campaña electoral y es el momento de recordar a los grandes partidos algunos principios digitales, con carácter indicativo y no exhaustivo, que me gustaría que se tuvieran presentes en sus programas. Soy consciente de que la participación popular es muy limitada en la configuración actual de los partidos políticos en nuestro país, pero estamos obligatoriamente obligados, como ciudadanos, a expresar en la Noosfera los principios digitales que se deberían contemplar en la próxima legislatura.

He estado revisando mis últimas aportaciones en este blog y he decidido recopilarlas en una publicación, Principios de política digital, en una nueva lectura contextualizada en el momento político actual, porque a diferencia de la célebre frase de Groucho Marx que encabeza este post y que ha hecho historia, hoy puedo decir que estos son mis principios digitales y si no les gustan…, no tengo otros. La política de salón y bar es muy cómoda, pero prefiero expresar a los cuatro vientos digitales lo que creo que debería tenerse en cuenta en programas políticos que quieran ser respetuosos con la revolución digital en la que estamos inmersos.

Además, estoy convencido de que las ideologías digitales tampoco son inocentes, como no lo son los bits. Por ello, el hilo conductor de las reflexiones que figuran a continuación demuestra que no todo vale en el mundo digital, porque también tiene un trasfondo ideológico. La separación entre mercancías y derechos/deberes digitales establecen la delgada línea roja para comprender bien los axiomas éticos digitales. El principio de equidad en el acceso a las tecnologías de la información y comunicación, básicamente en los derechos y deberes sociales, es un principio estrella que se debería exigir en cualquier programa político con base digital, pero no todas las organizaciones partidistas lo asumen como elemento garantista fundamental y de cohesión social.

Espero que sirva como una aportación a la situación política actual, junto a otras que invito a leer de nuevo y que hice ya hace unos años en referencia al Gobierno Electrónico, Abierto, en Andalucía, porque es un momento que podemos convertir en apasionante si todos nos comprometemos a construir el país desde el puesto que ocupa cada uno en la sociedad.

Gracias anticipadas por si tú o usted, lector o lectora, pasas/a al compromiso activo digital a través de este mensaje explícito.

Sevilla, 16/V/2016

NOTA: la imagen se recuperó el 26 de abril de 2016 de: http://cik.zonalibre.org/

LICENCIA CC

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Por un planeta 50-50

HUELLA MUJERES

La huella de las mujeres en la historia

Se celebra hoy el Día Internacional de la Mujer, con un mensaje que pretende unificar la lucha solidaria por la igualdad de género: Por un Planeta 50-50 en 2030: Demos el paso para la igualdad de género. Este tema contribuirá a reflexionar sobre cómo acelerar la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible con objeto de impulsar la aplicación efectiva de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible. Asimismo, se centrará en nuevos compromisos de los gobiernos bajo la iniciativa “Demos el paso” de ONU Mujeres y otros compromisos existentes en materia de igualdad de género, el empoderamiento y los derechos humanos de las mujeres.

En el cuento de la isla desconocida de Jose Saramago, queda claro el papel de la mujer en la vida de cada persona de todos y en la de secreto. Hay que saber hacia dónde navegamos en el río de la vida todos los días y a qué puerta se llama de las ofertas reales que se nos ofrecen para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás. Existen, además, varias puertas a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas de género, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda…

Conozco muy bien a esas personas que nos ayudan a salir de nosotros mismos y suelen ser mujeres excelentes que nos enseñan otra forma de ser en el mundo. Hoy es su día y podemos agradecérselo con palabras y hechos especiales que deben ser amores y no solo buenas razones.

Sevilla, 8/III/2016, Día Internacional de la Mujer

El deber de nuestros deberes, según Saramago

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http://www.prospectivadelmundo.unam.mx/beta/

“Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra. Con la misma vehemencia con que reivindicamos los derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo pueda ser un poco mejor”.

Palabras extraídas del brindis de Jose Saramago, en la entrega del Premio Nobel

Llama la atención la noticia que ha recorrido la noosfera en un país tan sacudido por la corrupción y la violencia: “La Universidad Autónoma de México (UNAM) alumbró este jueves [15 de octubre] el primer boceto de la Carta de los Deberes y Obligaciones del Ser Humano. Retomando la llamada de José Saramago a la acción y la defensa de los derechos humanos por parte de la ciudadanía, un grupo de académicos e intelectuales redactó lo que pretende ser una nueva declaración programática que reactualice el significado de conceptos como dignidad, justicia o igualdad en un mundo globalizado” (1). Este proyecto nace bajo el auspicio y el apoyo de la Fundación Saramago, el centro de estudios World Future Society y la UNAM.

Pilar del Río, compañera inseparable del escritor había explicado ya el pasado 26 de junio, en un acto que se celebró en la Biblioteca Vasconcelos en México D.F., que “la idea de Saramago de elaborar una Carta de deberes humanos semejante a la Declaración universal de los derechos humanos, surgió en México a partir de la exposición La consistencia de los sueños, que se exhibió en 2011 en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, de la Universidad Nacional Autónoma de México”.

El pasado 15 de junio escribí un artículo sobre este asunto transcendental en este cuaderno digital, Saramago y los deberes humanos, con motivo del quinto aniversario de su fallecimiento en Tías (Lanzarote). Vuelvo a reproducirlo porque mantiene la frescura del día que se publicó, alegrándome que la gran malla humana de Internet se haga eco de sus palabras en el brindis oficial en la entrega del Premio Nobel en 1998.

Recomiendo visitar la siguiente dirección web: http://www.prospectivadelmundo.unam.mx/beta/ porque se puede comprender muy bien el grado de avance de este proyecto de Carta de los Deberes y Obligaciones del Ser Humano, verdaderamente encomiable, que se presentó en el citado acto de 15 de octubre por parte de Patricia Aguilar Mendizábal, subdirectora de Producción de TV UNAM, donde pueden consultarse las ponencias y argumentos debatidos hasta ahora.

Sevilla, 18/X/2015

(1) Pérez, D.M. (2015, 16 de octubre). México alumbra la Carta de Deberes y Obligaciones del Hombre. El País.com.

Saramago y los deberes humanos

jose-saramago
En Tías, un pueblo canario querido por él y por mí,
murió como del rayo José Saramago,
a quien tanto respeto…

Hoy hace cinco años que falleció Jose Saramago. Este cuaderno es un homenaje permanente a él, sin que necesite días especiales o dedicados, tal y como lo expresé en mi declaración de principios cuando iniciaba una andadura digital que en diciembre cumplirá diez años: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”. El secreto de este recuerdo permanente y vivo está en navegar hacia islas desconocidas de deberes humanos, a los que dedicó gran parte de su obra.

Fue en su brindis de la cena de la Academia sueca, en 1998, después de la ceremonia oficial en la que recibió el Premio Nobel de Literatura, cuando propuso crear la Declaración Universal de los Deberes Humanos: “Este medio siglo no parece que los gobiernos hayan hecho por los derechos humanos todo aquello a lo que moralmente estaban obligados. Las injusticias se multiplican, las desigualdades se agravan, la ignorancia crece, la miseria se expande. La misma esquizofrénica Humanidad, capaz de enviar instrumentos a un planeta para estudiar la composición de sus rocas, asiste indiferente a la muerte de millones de personas a causa del hambre. Se llega más fácilmente a Marte que a nuestro propio semejante”.

Habría que recordarle hoy y siempre por estas palabras. Injusticias, desigualdades, ignorancia y miseria se extienden como la mancha de aceite y, lo que es peor, dándonos cuenta de ello. Saramago contemplará desde donde quiera que esté, probablemente en muchas personas de secreto, que necesitamos gobiernos en España, Comunidades Autónomas y Municipios que firmen declaraciones de deberes humanos como programa de gobierno para hacer la vida más amable para todos.

Reproduzco a continuación el texto completo del brindis. Creo que es la mejor forma de recordarlo de forma activa como a él le gustaba, tomando la palabra que aún nos queda:

“Se cumplen exactamente 50 años de la firma de la Declaración de los Derechos Humanos. No han faltado conmemoraciones de esta efeméride. Sabiéndose, sin embargo, cómo la atención se cansa cuando las circunstancias le piden que se ocupe de asuntos serios, no es arriesgado prever que el interés público por este asunto comience a disminuir a partir de mañana mismo. Nada tengo contra estos actos conmemorativos, yo mismo he contribuido a ellos, modestamente, con algunas palabras. Y puesto que la fecha lo pide y la ocasión no lo desaconseja, permítaseme que diga aquí unas cuantas más. Este medio siglo no parece que los gobiernos hayan hecho por los derechos humanos todo aquello a lo que moralmente estaban obligados. Las injusticias se multiplican, las desigualdades se agravan, la ignorancia crece, la miseria se expande. La misma esquizofrénica Humanidad, capaz de enviar instrumentos a un planeta para estudiar la composición de sus rocas, asiste indiferente a la muerte de millones de personas a causa del hambre. Se llega más fácilmente a Marte que a nuestro propio semejante.

Alguien no está cumpliendo con su deber. No lo están cumpliendo los gobiernos, porque no saben, porque no pueden, o porque no quieren. O porque no se lo permiten aquéllos que efectivamente gobiernan el mundo, las multinacionales y plurinacionales cuyo poder, absolutamente no democrático, ha reducido a casi nada lo que todavía quedaba del ideal de la democracia. Pero tampoco estamos cumpliendo con nuestro deber los ciudadanos que somos. Pensemos que ninguno de los derechos humanos podría subsistir sin la simetría de los deberes que les corresponden, y no es de esperar que los gobiernos realicen en los próximos 50 años lo que no hicieron en éstos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra. Con la misma vehemencia con que reivindicamos los derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo pueda ser un poco mejor.

No olvido los agradecimientos. En Fráncfort, el día 8 de octubre, las primeras palabras que pronuncié fueron para agradecer a la Academia Sueca la concesión del Premio Nobel de Literatura. Di las gracias también a mis editores, a mis traductores y a mis lectores. A todos les vuelvo a dar las gracias. Y ahora también a los escritores portugueses y de lengua portuguesa, a los del pasado y a los de hoy; por ellos nuestras literaturas existen, yo soy sólo uno más que se les vino a unir. Dije aquel día que no nací para esto, pero esto me fue dado. Gracias, por tanto”.

Sevilla, 18/VI/2015

Las pequeñas cosas… de Cataluña

Uno se cree
Que las mató
El tiempo y la ausencia.
Pero su tren
Vendió boleto
De ida y vuelta.

Aprendí a amar a Cataluña de un catalán sin ambages, Joan Manuel Serrat, que nos trajo siempre aires de libertad cuando este país te helaba el corazón. Ahora, a escasas horas de unas elecciones que se quieren convertir en plebiscitarias, me gustaría recordar aquellas pequeñas cosas que hoy son muy grandes por la ceguera de unos y la terquedad de otros. Aquellas actitudes catalanas que siempre caracterizaron a este territorio que forma parte de España atendiendo a la Constitución, que es una gran cosa. Siempre decíamos que había que aprender de Cataluña porque a diferencia de Euskadi hablaban democráticamente de sus señas de identidad, de su singularidad, sin recurrir a medios violentos. Nos parecía hasta bien, porque eran demócratas. Sabíamos también, que eran unos maestros en manejar el dinero y sus circunstancias. Otra pequeña cosa que les caracterizaba y de las que incluso hacíamos chistes sin compasión, aunque los admirábamos por los rincones. Cuando visitábamos esa gran ciudad que es Barcelona, decíamos siempre que aquella ciudad sí que nos hacía sentirnos europeos. Y en tiempos pretéritos, Cataluña nos abrió las puertas a la libertad que encontrábamos en Francia, aunque fuera para morir, como Antonio Machado. Pequeñas cosas que hoy son muy grandes. El tren de su forma de ser y sentir, catalanas por supuesto, nos vendió siempre boletos de ida y vuelta. Porque no las mató el tiempo y la ausencia… de cordura política.

Son aquellas pequeñas cosas,
Que nos dejó un tiempo de rosas
En un rincón,
En un papel
O en un cajón.

Aquellas pequeñas/grandes cosas, depende del color del cristal con que se miren, nos han dejado en muchísimas ocasiones tiempos de rosas, de éxitos, de reconocimiento mundial de sus grandes personajes, de su forma de diseñar ciudades mejores, industrias que eran y son locomotora del país, de un mar Mediterráneo al que todo el mundo canta, porque en el que baña a Cataluña muchos han jugado en sus playas y quizá sigue escondido aún su primer amor tras sus cañas. Pero muchos políticos fueron dejándolas en el olvido, en rincones, papeles y cajones de despachos públicos sin hacer concesión alguna al diálogo constructivo para ofrecer respuestas a sus peculiaridades, a sus pequeñas cosas políticas de su gran singularidad. A lo sumo, cambios apresurados constitucionales pero siempre en torno al poderoso caballero don dinero, cuando la auténtica cuestión no era sólo esa precisamente.

Como un ladrón
Te acechan detrás de la puerta.
Te tienen tan
A su merced
Como hojas muertas
Que el viento arrastra allá o aquí,

Y la peor seña de identidad de Cataluña, la intransigencia a cualquier precio, sin miramiento alguno, estaba detrás de la puerta, porque ya no eran pequeñas cosas, ya se convirtieron en grandes. Ahí es donde radica el auténtico problema. La rabieta del que no es escuchado se convierte en grito de independencia de algo y alguien que no te está atando sino que forma parte de una estructura de Estado que con otra decisión de Estado y sólo así, se entiende. No se hicieron los deberes democráticos y así hemos llegado hasta aquí. Ahora, gran parte de Cataluña y de España está a merced de quien estaba detrás de la puerta. Por cierto, los miles y miles de personas que no les gusta su forma de formar parte de España tienen la legitimidad de la discrepancia, pero siempre que respeten las reglas del juego democrático. Las elecciones del 27 de septiembre son unas elecciones democráticas para elegir un Gobierno en la Comunidad de Cataluña, pero no un plebiscito para alcanzar la escisión del país al que pertenecen.

Que te sonríen tristes y
Nos hacen que
Lloremos cuando
Nadie nos ve.

Tengo la impresión que horas antes de este día tan importante para España y Cataluña, por este orden, las pequeñas cosas políticas que ahora son ya demasiado grandes, nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve. Muchos catalanes, a los que me uno hoy sintiéndome catalán de razón y corazón, recordamos estas palabras de otro catalán excelente, Serrat, del que tanto hemos aprendido a cantar cosas importantes de la vida cuando casi nadie nos ve.

Sevilla, 25/IX/2015

Seis propuestas para este agosto / 6. El arte de soñar

EL SUENO
«Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.»

Antoine de Saint Exupéry, Terre des Hommes, 1939

Cuando era pequeño me emocionaban las dos palabras inglesas, The End, que aparecían siempre en los últimos planos de las películas de sesión continua, en los cines refrigerados del ferragosto madrileño. Fue especial el día de Candilejas, porque Chaplin era un ídolo de mi vida en el barrio de Salamanca, para un niño del Sur que soñaba con su tierra de origen, viviendo el discreto encanto de la burguesía, tan lejana de la ternura triste de Charlot, de los cómicos, como el que representaba el payaso Calvero en aquella hermosa película.

He querido construir un contexto humano especial con estas seis propuestas, que acaban hoy con el espíritu intacto de Ítalo Calvino, en un mundo diseñado a veces por el enemigo, porque proponer es mejor que destruir o tirar tapias por sistema sin posibilidad de reconstrucción alguna. Sé que la sociedad actual nos impide casi siempre soñar despiertos, pero no me resigno a estar encerrado en el club de los tristes o, algo peor, en el de los tibios. Recuerdo que en mi infancia de tierras de Castilla, el confesor de mi colegio nos recordaba los primeros jueves de cada mes y con voz trémula la cita del Apocalipsis que siempre he tenido presente, la cita “pi”, porque era la del capítulo 3, 14-16: “porque no estáis fríos ni calientes, sino tibios, estoy a punto de vomitaros de mi boca”. Y se quedaba tan pancho, aunque su terror hacía estragos en nuestras pequeñas conciencias. Me alegra, por tanto, pertenecer al Club de las Personas Dignas, lejos de la Iglesia aquella de mi infancia, la del miedo, que no quiere hoy Francisco.

Todas las películas tienen un final (es lo que tienen de malo…), pero la vida sigue siempre dispuesta a ofrecernos miles de oportunidades para creer que todavía es posible ser y estar en el mundo de otra forma, soñando despiertos, porque deseamos cambiar aquello que no nos hace felices, que mina a diario la persona de todos o la de secreto que llevamos dentro. El cine de mi infancia contemplaba siempre descansos pero, cuando soñamos, la vida no se detiene sino que solo esperamos, mientras caminamos, que se cumplan los deseos irrefrenables de alcanzar resultados pretendidos. Descansar en agosto es, a veces, despertar a nuevas experiencias de lo que está por venir, donde cualquier parecido con la realidad, a diferencia de lo que ocurre con las películas, no es pura coincidencia, sino el fruto de un sueño realizado, porque es legítimo que así sea. Como en el campo, los sueños realizados son solo para quienes los trabajan.

Lo escribí en la Navidad de 2013 y me reafirmo en todas y cada una de aquellas palabras que han pasado ya por el implacable túnel del tiempo, ante la imagen que encabeza este post y que guardo en mi museo de las pequeñas cosas, no inocente y de apertura inmediata en este mes de agosto: “Saco una bella lección. En estos momentos de contexto complejo para todos, sin excepción, hay que mirar esta foto con atención preferente y aprender a cerrar los ojos ante aquello que no nos proporciona bienestar alguno, buscar un rincón de paz en la vida particular de cada uno y soñar de forma consciente, como lo hacen estas mujeres, sin esperar al sueño de la noche, que casi siempre se queda en el olvido. Y una última reflexión: es conveniente soñar junto a la persona que queremos, porque la felicidad es mayor, al trenzarse el amor como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y estos días de tanta mercancía ofrecida a cualquier postor, podemos probarlo. Es lo que tiene no confundir en Navidad [o en agosto…], como todo necio, el valor y precio de cada sueño”.

Con Arte.

THE END

Sevilla, 8/VIII/2015

Se juega con la ética

CONDICIONANTES
Estamos asistiendo a una manipulación de los valores que está alcanzando límites insospechados. Basta con estar atentos a la publicidad que nos rodea por tierra, mar y aire, para vislumbrar el uso continuo de los valores encubriendo sobre todo soluciones de mercado, convirtiéndolos en mercancía de usar y tirar. Es frecuente ver la utilización torticera de niños y niñas como reclamo publicitario. También, ancianos o personas que son el señuelo para acceder a la felicidad o felicidades que nos promete el mercado siempre que, obviamente, se pase antes por ventanillas no inocentes.

Esta mañana he visto un anuncio de una entidad bancaria que simboliza bien esta difícil frontera de la mediatización de valores: “Su abuelo fue abogado, su padre fue abogado. Él, es músico. Porque ya vivimos demasiado condicionados”. La solución a esta situación es rápida:”Cámbiate hoy mismo a la Cuenta NÓMINA. Sin comisiones, sin condiciones”.

La historia se repite. Cuando era niño y pensaba como niño, quise estudiar piano y en mi casa se valoró como una pérdida de tiempo, porque había que ser hombre de provecho y el piano era cosa de “cómicos”. Yo no quería estar condicionado, pero el discreto encanto de la burguesía del barrio de Salamanca en Madrid, mandaba también en la conciencia de cada uno. Sobre todo cuando solo eras un niño. Además, del Sur.

Entre el desgraciado desprecio a los cómicos de ayer y el aprecio desmesurado al dinero de hoy, anda el juego. Pero los condicionamientos humanos no son solo económicos, es decir, mercancía. Suelen afectar, sobre todo, al alma de la persona de secreto. Es lo que pasa cuando se confunde, como le pasa a todo necio, valor y precio.

Sevilla, 20/VII/2015

La dignidad de un niño gay

DIGNIDAD EN LA SINGULARIDAD

La doble moral americana no tiene límites. Esta noticia no es una más en la crónica de sucesos indeseables porque tiene un contenido especial, tal y como la hemos conocido en nuestro país a través del Huffington Post: “Cuando un niño tiene miedo de su futuro por ser homosexual es momento de detenernos, reflexionar y analizar si algo está fallando en nuestra sociedad. El 3 de julio, Humans of New York, un proyecto creado hace cinco años por el fotógrafo Brandon Stanton, publicó en su página de Facebook la fotografía de un niño llorando acompañada de la siguiente descripción: «Soy homosexual y me da miedo mi futuro y que no le agrade a las personas».

El hecho se ha convertido en noticia porque la fotografía tuvo que ser subida dos veces en Facebook, ya que la primera vez fue eliminada por la red social debido a un «problema técnico» que habría dejado la publicación invisible por un tiempo, según informó The Telegraph. La doble moral en una sociedad que practica los vicios privados que se convierten en públicas virtudes, gracias al mercado de los sentimientos que se venden y pagan a cualquier precio, hace su aparición también en las redes sociales, porque estas noticias gráficas molestan en la sociedad del bienestar más que del bienser (perdón por el neologismo).

Nos permite, al menos, hacer hoy una reflexión: necesitamos cantar el elogio de la singularidad, tal y como lo escribí recientemente en este cuaderno de inteligencia digital que busca siempre islas desconocidas: “Creo que más que normalidad, habría que hablar de singularidad. Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia, como primer distintivo humano que nos hace ser personas y de identidad intransferible y porque no existen dos iguales, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles. Pura mercancía”.

Este niño tan digno, que representa la situación de miles de niños y niñas singulares, en su universo arco iris de todos los días, necesita solo el reconocimiento de lo que es y de lo que siente, basado en el principio de normalidad. No por lo que tiene o le entrega la sociedad de consumo y mercado, tal como ya definía el lema singularidad en este país el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o mejor: lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución genética de su propia vida, que merece siempre el respeto de los demás para que este niño, símbolo de muchos niños y niñas del mundo, no tenga miedo de su futuro y que la gente lo integre como una persona más. Simplemente, porque les agrada estar con él y sin necesidad de ser noticia o que su foto sea incómoda para conciencias timoratas y farisaicas que controlan, a la americana, la ética de las redes sociales.

Sevilla, 9/VII/2015

Cuando no hacen falta mil palabras

Es un anuncio impactante, que no agrada verlo porque la conciencia se queda tocada. Pero, ¿qué es la conciencia? Según la Real Academia Española de la Lengua, en los países de habla hispana se entiende de cinco formas diferentes: 1. Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta, 2. Conocimiento interior del bien y del mal, 3. Conocimiento reflexivo de las cosas, 4. Actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto y 5. Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.

En esta ocasión el vaso de leche no está medio vacío o medio lleno, está vacío de ética compartida pero lleno de paro y recortes innecesarios para los niños y niñas de este país. No hay duda alguna. Junto al verano que ya ha llegado, podemos colaborar para que miles de niños y niñas tengan la alimentación adecuada, dándonos cuenta de que reconocemos los atributos esenciales de la niñez y las modificaciones que pueden sufrir por un crecimiento anómalo por alimentación inadecuada. También los nuestros, porque sabemos a ciencia cierta, interiormente, que situaciones como la del anuncio no están bien, son situaciones malas, perversas, en un mundo que suele mirar para otro lado en muchas ocasiones similares a estas, aunque determinados ayuntamientos de ideologías no inocentes en relación con los derechos humanos (no todos somos ni son iguales) se hayan comprometido a mantener servicios dignos, diferentes, de alimentación infantil en sus casas, sin que tengan que estar señalados como la atención a los pobres de solemnidad de épocas anteriores de difícil recuerdo. Podemos reflexionar para colaborar como ciudadanos políticos (en su acepción más exacta) de la forma más adecuada, porque no todo radica en la omnipresencia del poderoso caballero don dinero. Sabemos bien que todo necio confunde valor y precio.

Las dos acepciones últimas también nos tocan de lleno. Cuando vemos el anuncio lo hacemos nosotros solos, aunque estemos acompañados. Y esta soledad sonora del principio de realidad, es decir, de que hoy, mañana y pasado se tendrán que llenar muchos vasos de leche y agua para alargar su disponibilidad falsa, solo aparente, debe quedar como pre-ocupación para la conciencia de cada uno, cada una. Porque nos damos cuenta de que estamos en un mundo que no nos gusta, porque tomamos conciencia de que esto no debe ser. Menos, estas imágenes, que no han necesitado hoy mil palabras para explicarlas, sino cuatrocientas doce…

Sevilla, 28/VI/2015

El autobús de la libertad

Es una historia conmovedora. Todos los días, un autobús desvencijado recorre las calles de Cochabamba, en Bolivia, para recoger niños y niñas que viven con sus padres en las cinco cárceles de la ciudad y que permiten que los hijos de los presos vivan con ellos. Son unas condiciones infernales, porque exige a estos padres un trabajo suplementario en el comedor o la lavandería de la cárcel para ganar el dinero que cuesta que vivan con ellos, pero lo hacen encantados porque están convencidos de que sus hijos e hijas son felices todas las mañanas esperando el autobús financiado por el Centro de Apoyo Integral Carcelario y Comunitario (CAICC), para asistir a clase y porque los lleva a una vida de libertad y conocimiento: «Mi guagüita vive en la cárcel, pero ella no está detenida. Toditos los días esperamos al bus, Pepa vuelve contenta” (1). Y lo que es mejor: saben que vuelven todos los días, sin daño alguno, con lo poco que vale la vida en esa ciudad.

Los relatos deben ser cortos y, si buenos, dos veces buenos. Les invito a que se suban a este autobús real viendo el video que encabeza este post. Es una historia corriente, diaria, pero que te hiela el corazón por momentos, devolviéndonos la ilusión por estar más cerca cada día de los que menos tienen pero que con estas experiencias solidarias, cada día, más libres son.

Sevilla, 26/VI/2015

(1) Silva, Melisa (2015, 25 de junio). El país de los niños encarcelados. El País.com (Planeta Futuro).