Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 1. ¿Dónde se encuentra el amor?

Luar Na Lubre – Romeiro Ao Lonxe (Con Diana Navarro)

Sevilla, 4/V/2023

Amor, amor, aquel y aquella
Si ya no son, ¿dónde se fueron?
Ayer, ayer dije a mis ojos
¿cuándo volveremos a vernos?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, XXII

En el mes de mayo de 2021, saliendo del túnel de la pandemia, escribí una serie de diez artículos en torno a diez preguntas inquietantes de Pablo Neruda, a las que pretendí ofrecer alguna respuesta a la Noosfera, en un inmenso mar de preguntas y en un tiempo lleno de dudas para vivir dignamente. Por esta razón, he vuelto a leer una obra póstuma suya, muy querida y presente en mi biblioteca del alma, Libro de las preguntas (1), siempre inquietantes cuando te aproximas a las cosas de personas mayores porque ya no vivimos las cosas de niño, recordando aquellas hermosas palabras de un viajero incansable, Pablo de Tarso, en su primera alocución a los Corintios (13, 11): «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño».

Hoy, siguiendo también al pie de la letra el consejo de Federico García Lorca en su alocución al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada), en 1931, con motivo de la inauguración de su biblioteca pública, » [—] y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XIX: “Dime qué lees y te diré quien eres”, refiriéndose al escritor francés François Mauriac, que agregaba a esas palabras un final inolvidable: “Dime lo que lees y te diré quién eres, eso es verdad, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees”, he vuelto a leer la serie citada, pero comenzando por el último artículo, aunque el orden de su lectura no altera el mensaje a compartir con quienes los quieran leer de nuevo.

Sí comienzo a releer la serie de nuevo, al revés, es porque es muy importante en mi vida saber, en cada momento, dónde se encuentra el amor en un mundo también al revés, como lo expresaba Eduardo Galeano en el pasado siglo, pero tan actual siempre: “Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”.

Preguntas de Mayo / y 10. ¿Dónde se encuentra el amor?

 Sevilla, 31/V/2021

En Galicia conocí una tradición preciosa en torno a San Andrés de Teixidó. Una vez más, a través de una canción del grupo gallego Luar na Lubre (resplandor de la luz en el bosque celta), Romeiro ao Lonxe (1.999), sentí hace años la realidad de la búsqueda del amor, que se encuentra incluso cuando alguna vez se va y no se llega a conocer nunca dónde fue, en una composición con la que despido, junto a estas palabras, la serie que he dedicado durante este mes a preguntas de Neruda compiladas en un libro póstumo, Libro de las preguntas, de las que he seleccionado las que me han conmovido especialmente en este tiempo de coronavirus y que hoy se cierra con un homenaje a la gran pregunta del amor, Amor, amor, aquel y aquella / Si ya no son, ¿dónde se fueron? En esta ocasión, Neruda sólo cita tres veces la palabra amor en sus setenta y cuatro capítulos, aunque creo que está presente en ellos de múltiples formas. Respeto, profundo respeto es lo que manifiesto a esta realidad que mueve el mundo y que el poeta chileno cantó siempre a los cuatro vientos incluso, a veces, de forma desesperada. ¿Por qué he elegido a Luar na Lubre para intentar responder a estas preguntas? Creo que por una razón geológica, la proximidad del mar que siempre apreció especialmente Neruda desde sus casas en Valparaíso o en Isla Negra y al que canta con frecuencia este grupo folk coruñés. También por lo que dice la letra de esta canción respetando una tradición multisecular gallega, envuelta en una canción popular inglesa “Scarborough Fair” (La feria de Scarborough), de la que se conservan datos desde el siglo XII, que conocimos también hace años por la versión de Simon & Garfunkel y ahora por Luar na Lubre.

La sinopsis de esta canción es presentada por este grupo como mensaje de paz y concordia mundial a través del amor, algo que deseo utilizar hoy como broche final de esta serie: “En el fin del mundo, como el dicho popular proclama a San Andrés de Teixido, “va de muerto el que no fue de vivo”, los peregrinos comparten el camino con los animales, que son las almas de los que no pudieron cumplir en vida la peregrinación, por lo que no pueden recibir ningún tipo de maltrato. Los romeros solían llevar una larga camisa blanca con cenefas formando ondas y en algunos puntos del camino depositaban piedras que iban haciendo crecer: milladoiros. Alrededor de la ermita los vecinos aún siguen haciendo los sanandreses, hermosa artesanía de miga de pan endurecido en el horno y coloreado, con imágenes del santo en su barca de piedra. En el atrio crece la hierba de enamorar, a la que se atribuyen propiedades casamenteras. En la canción peregrina el cormorán, el alcatraz y el lagarto ocelado -vistoso ejemplar con cabeza de intenso color azul-, en este espacio que despierta las ansias de amor y paz y la hermandad entre vivos, muertos, animales, plantas y aguas”. Fraternidad universal.

He sentido un profundo respeto a la hora de traducir la letra de la canción, en gallego y escrita por Xulio Cura, porque hay palabras y expresiones que pierden toda su fuerza cuando intentamos volcarla a la lengua española. Aún así, voy a intentar destacar lo que considero de mayor interés para esta reflexión, publicando íntegramente la letra de la canción en gallego, como corolario de esta serie, porque el hilo conductor está expresado en la canción: tenemos que buscar el auténtico sentido de las preguntas de la vida en el santuario de la felicidad y de la creencia particular y colectiva, un espacio común en el que se despiertan “las ansias de amor y paz y la hermandad entre vivos, muertos, animales, plantas y aguas”, que en tiempos tan complejos como los actuales es importante recordar.

La vida es como una romería permanente que busca siempre algún pretexto para intentar encontrar su sentido esencial, a veces con cosas tan sencillas como unas pequeñas hierbas que simbolizan el amor y sus caricias, porque nos pesan las tradiciones de nuestros mayores que, boca a boca, conocían alguna formas de encontrarlo de esta forma. En la canción original inglesa, Scarborough Fair, era recurrente la cita de hierbas para enamorar: perejil, salvia, romero y tomillo. Al ser un acontecimiento tan importante hay que presentarse con las mejores galas, vistiendo una camisa de lino que ella, la persona a la que amamos (lo que o a quien amamos como símbolo), nos tejió y adornó -en un día ya lejano- con esas pequeñas hierbas, para que la pudiéramos utilizar en las mejores fiestas de la vida. Esto lo comprenden el lagarto azul, las amapolas, que demuestran el sinsentido de las guerras humanas y sus tambores lejanos, los alcatraces que brincan por el acantilado y cuidan el atrio familiar. También el cormorán que sobrevuela los montoncillos de piedras [amilladoiro] que cada persona, que acude al santuario, deposita a lo largo del camino, cuidando que todo quede en el recuerdo de un pan santo iluminado con colores que dignifican e iluminan esta aventura de amor y que cada uno, cada una, guardará siempre en su corazón.

Desde cada finisterre particular, que también existe, podemos hoy comprender mejor las últimas preguntas de Neruda en esta serie, que simbolizan el motor que mueve el mundo, el amor, sin que sepamos al despedirnos hoy cuando volveremos a vernos:

Amor, amor, aquel y aquella
Si ya no son, ¿dónde se fueron?
Ayer, ayer dije a mis ojos
¿cuándo volveremos a vernos?

Romeiro ao lonxe

Romeiro hei de ir lonxe ao San Andrés [de Teixidó]
con herbiñas de namorar,
dareille a quen alén mar está
o aloumiño do meu amor.
Hei de vestir a camisa de liño
que ela teceo para min
con herbiñas de namorar;
anda o lagarto azul e souril
a acaroar mapoulas bermellas,
nacidas de fusís,
co aloumiño do meu amor,
alleo á guerra e ao seu tambor.
Morto ou vivo hei volver á terra
que ela andou canda min
con herbiñas de namorar;
chouta o mascato polo cantil
a vela-lo adro familiar,
ala lonxe, na fin,
co aloumiño do meu amor.
Cabo do mundo, ó pé dun aguillón
doéme a guerra ruín
entre herbiñas de namorar;
corvo mariño voa xentil
o amilladoiro a levantar
e pan santo a colorir
co aloumiño do meu amor.
Romeiro hei de ir lonxe ao San Andrés
con herbiñas de namorar,
dareille a quen alén mar está
o aloumiño do meu amor.

(1) Neruda, Pablo, Libro de las preguntas. Barcelona: Seix Barral – Planeta, 2018.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La polarización es necesaria en la ideología democrática: todos no somos iguales, ni vamos en el mismo barco

Sevilla, 28/IV/2023

Por si faltara poco para el debate político sano, ha saltado a la palestra política otra palabra, polarización, que conviene descubrir en su justo sentido y sacarla de las interpretaciones erróneas en las que se confunde a la sociedad a sabiendas de lo que se hace. Como lo primero es lo primero, ateniéndonos al correcto significado del vocablo, conviene señalar que “polarización” es la acción de concentrar la atención o el ánimo en algo y de orientar en dos direcciones contrapuestas, como dos acepciones principales de diccionario que se sitúan fuera de los fundamentos físicos que la rodean. En política, ha alcanzado unos niveles muy preocupantes, porque de la simple discrepancia en las creencias e ideologías políticas se ha pasado a la crispación mantenida en el tiempo y casi sin barrera alguna para encauzar los enfrentamientos que provocan, siendo una realidad alarmante que la llamada polarización política ya está en la calle desde hace tiempo, sin mezcla de entendimiento alguno.

En 2019 se publicó un estudio por expertos de la Universidad de Princeton y de Jerusalén, Cómo la ideología, la economía y las instituciones dan lugar a la polarización afectiva en las políticas democráticas, en el que se señalaba que España figuraba en primer lugar en el ranking de polarización afectiva en relación con partidos contrarios, en 20 democracias occidentales entre 1996 y 2015, incluyendo por primera vez en la comparación a los Estados Unidos, dándole un valor medio de 7,34 en la escala de 0 a 10, donde 10 denota máximo disgusto y 5 denota sentimientos neutrales hacia ese contrario, casi siempre relacionado este dato con la realidad del desempleo y a las políticas laborales de cada país en concreto. A España siguen Grecia, Francia y Canadá, por más señas de identidad de este patrón tan curioso pero real en la vida de este país. Una conclusión importante del estudio es que aflora siempre el debate sobre el papel que desempeña la polarización ideológica de las élites políticas de los partidos y su influencia en la conducción de la polarización afectiva a nivel de masas, en una correlación de responsabilidades dignas de un nuevo estudio.

En este contexto, he leído un artículo extraordinario de Joan Coscubiela, La polarización refuerza la democracia, con una entradilla que no deja lugar a duda alguna, llamando a la polarización por su auténtico nombre: “Eso que se presenta como mayor polarización es a mi entender la vuelta de la ideología a la política. Lo que erosiona la democracia no es la polarización, sino la indistinción política entre los diferentes partidos”. Intenta recuperar en su artículo el autentico sentido de esta palabra, polarización, porque no es inocente: “Algo de eso está pasando con “polarización”. La usamos para referirnos a cosas tan distintas que, para explicarnos, tenemos que acompañar al substantivo con una infinidad de adjetivos –ideológica, partidista, afectiva, emocional, cotidiana–. Además, la polarización nos sirve como el “pharmacos” al que colgarle la culpa de todo lo que no nos gusta o nos produce desazón. Algunos incluso la utilizan para canalizar su melancolía –nostalgia de lo que nunca existió– de tiempos pasados donde supuestamente reinaba la armonía social y política. En su libro Polarizados –cuya lectura recomiendo–, Luis Miller utiliza los datos del CIS para constatar que la sociedad española está hoy más dividida. A partir del seguimiento de preguntas que se han ido repitiendo durante 30 años detecta un aumento significativo de la polarización de opiniones entre los votantes de diferentes partidos”.

Lo que verdaderamente me ha emocionado del artículo citado es cuando afirma sin ambages que “Lo que erosiona la democracia no es la polarización, sino la indistinción política entre los diferentes partidos”: “Eso que se presenta como mayor polarización es a mi entender la vuelta de la ideología a la política. A partir de una obviedad, en nuestras sociedades existen conflictos de intereses entre diferentes sectores sociales y diversas maneras de abordarlos. Los hay sobre el modelo relaciones laborales o el salario mínimo. Sobre la consideración de la vivienda como un derecho humano o un producto financiero. Sobre el papel del Estado y el mercado en la economía y la sociedad. Sobre los derechos civiles de las minorías. Sobre las políticas de acogida de la inmigración. O sobre la igualdad de género. En definitiva, sobre el modelo de sociedad. En mi opinión esta polarización ideológica no solo no debilita la democracia, sino que la refuerza. Lo que erosiona la democracia no es la polarización, sino la indistinción política entre los diferentes partidos”.

Creo, por tanto, que estamos de enhorabuena si sabemos encauzar la polarización ideológica, porque todos no somos iguales, la política y políticos tampoco y así hasta el infinito de ejemplos. Lo que ocurre es que necesitamos identificar bien esa no igualdad, algo que muchas veces he definido en este cuaderno digital como una forma de saber en qué barco viajamos por la vida, en aforismos que vienen al caso, porque todos no vamos en el mismo. Asimismo, es importante destacar algo que explica muy bien Coscubiela: “Por eso no deberíamos identificar la polarización ideológica con las dinámicas de crispación organizada. Confundirlas es una estrategia que alimenta la extrema derecha y sus portavoces mediáticos para diluir sus responsabilidades. Pretenden hacernos creer que todos los partidos o medios de comunicación son igualmente responsables del clima de crispación. Y no es así.

En tiempos de polarización política, pensamiento único, deserciones políticas, corrupción, desencanto con casi todo lo que se mueve, justificaciones imposibles, desafección del compromiso social y mala prensa del sector público, es fácil iniciar conversaciones en las que los que piensan de forma diametralmente opuesta a nuestras convicciones suelen rematar la faena dialógica diciendo con sonrisa sarcástica algo que me enerva: al fin y al cabo, da igual lo que estamos discutiendo porque estamos diciendo lo mismo. Por si había alguna duda sobre este aserto tan vano, agregan un estrambote final más impresentable todavía: es que todos vamos en el mismo barco. No. Hay que huir como de la peste de las personas que opinan de esta forma con maniobras envolventes, querulantes, para agregarnos al Club de los Tibios e Indignos, que todos los días fletan barcos de desencanto y conformismo, porque no soportan verte en la cola del Club que está siempre enfrente: el de las Personas Dignas, siempre abierto, sobre todo para los que navegan en patera, en mares sociales procelosos y no suelen tirarse al mar cuando la sociedad en general va a la deriva.

Estamos viviendo en un mundo con una clamorosa ausencia de valores y, sobre todo, de ética, tal y como lo aprendí de un maestro en el pleno sentido de la palabra, el profesor López Aranguren, cuando la definía como el «suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos», que tantas veces he abordado en este cuaderno digital. Estas razones nos obligan a dejar los supuestos puertos seguros y comenzar a navegar para intentar descubrir islas desconocidas que nos permitan nuevas formas de ser y estar en el mundo. Navegamos en mares procelosos de corrupción y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él, un mar repleto de desertores de la dignidad. Lo he sintetizado alguna vez en un aforismo claro y conciso, para personas “polarizadas”, sobre todo en estos días preelectorales: A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco… A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…

Todos no vamos en el mismo barco de la indignidad, del desencanto, de los silencios cómplices, del conformismo feroz, del capitalismo salvaje, de la desafección social, de la no polarización ideológica por el qué dirán. Eso no es así ni lo admito con carácter general, porque todos no somos iguales: unos van en magníficos yates y otros, la mayoría, en pateras.

Es probable que a estas pateras éticas y llenas de dignidad y esperanza, que tienen suelo firme pero no quilla, como la cáscara de una nuez, no suban nunca quienes no están interesados en que el mundo mejore, porque los poderes fácticos que dirigen y protegen la maquinaria de la guerra en cualquier lugar del mundo, el terrorismo de cualquier cuño, así como a los tristemente famosos hombres vestidos de negro, deciden desde hace ya mucho tiempo el funcionamiento y los altibajos del ecosistema económico, financiero y ético mundial, desde un rascacielos en Manhattan, a través de portátiles y teléfonos inteligentes. Ellos viajan en barcos privados, en cruceros del mal, que no surcan nunca estos mares de patera, para ellos procelosos.

Lo que detesto también es el abandono de la lucha en situaciones difíciles, como las que estamos atravesando ahora, en las que aquellos que estaban a veces con los que deseamos estos cambios urgentes en las políticas mundiales, europeas y nacionales, se arrojan a un mar en el que cada vez hay menos sitio, porque dicen que esto no tiene remedio. Lo paradójico es que cuando se avance en la búsqueda de soluciones surcando mares diferentes que posibiliten otro mundo mejor, falte ya sitio o barco, según se mire, para recoger a los que en tiempos revueltos se tiraron al mar porque nunca quisieron buscar otras alternativas a este mundo que no nos gusta. Es cuando tiene sentido seguir viajando en las pateras éticas que hacen singladuras difíciles y comprometidas con la sociedad que menos tiene, con un cuaderno de derrota (en lenguaje del mar) que lleva a localizar las islas desconocidas que tanto amaba Jose Saramago: si no salimos de nosotros mismos, nunca nos encontraremos. Lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba su cuento de la isla desconocida, buscando siempre puertas de compromiso más que las de regalos o peticiones sin causa, viajando en pateras de dignidad.

Todo lo anterior es lo que me lleva hoy a unirme a lo que afirma Joan Coscubiela en su excelente artículo: “Quizás la polarización ideológica, que canaliza los conflictos que surgen de los diferentes intereses sociales en juego, no solo no debilita la democracia, sino que la refuerza. Y en cambio, la polarización que se hace acompañar de gregarismo, hooliganismo o crispación la corroe. De momento y a la espera de la publicación del libro de Gonzalo Velasco “Pensar la polarización” continuaré leyendo y escuchando para intentar comprender la complejidad del fenómeno”. Gracias, Joan. Eso haré.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

“Intelectual” no es una palabra ambigua, tampoco inocente

David Jiménez Torres: La palabra ambigua. Los intelectuales en España (1889-2019). Taurus, 2023

¿Quién de nosotros, los que escribimos para el público, no ha usado, no ya una sino muchas veces, en estos últimos tiempos el sustantivo intelectual? […] Y la verdad es que si se nos pidiera a cuantos nos hemos servido de semejante denominación, el que la definiéramos, nos habríamos de ver, los más de nosotros, en un gran aprieto.

Miguel de Unamuno, 1905

Sevilla, 24/IV/2023

Ha llegado a mis manos un libro que me parece de un interés especial en un momento álgido de este país en el que los esfuerzos intelectuales se convierten en algo baldío ante tanta mediocridad que nos asola por tierra, mar y aire. Su título, La palabra ambigua (1), es una declaración de intenciones en sí misma, tal y como lo explica muy bien su sinopsis oficial: “Los españoles llevan más de cien años hablando -bien, mal y regular- sobre los intelectuales. Pero ¿qué hay detrás de este término huidizo?¿Es cierto que los intelectuales desempeñaron un papel fundamental en los años veinte y treinta del siglo pasado, y que también fueron importantes durante la Transición? ¿Por qué se les ha acusado tantas veces de haber traicionado su presunta esencia? ¿Qué lugar les otorgaron los distintos movimientos políticos del siglo XX? ¿Por qué, cuando la palabra se ha empleado para referirse a mujeres, ha servido también para cuestionar su feminidad? Y ¿desde cuándo se afirma que el intelectual ya no es tan influyente como lo fue en el pasado, que está «en crisis» o que incluso «ha muerto»? La palabra ambigua examina lo que en España se ha dicho sobre los intelectuales desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. De esta manera reconstruye la imagen que la sociedad española ha ido teniendo de las personas a las que el término designaba: su misión, su comportamiento, sus virtudes, sus errores, su relación con el poder o su responsabilidad en todo lo ocurrido desde la llegada de la Segunda República hasta la crisis de 2008. En este ensayo brillante y original -vertebrado sobre una gran cantidad de fuentes que van desde obras filosóficos hasta canciones de rock-, David Jiménez Torres expone los cambiantes contornos de un concepto al que Ortega se refirió como «la palabra ambigua», y ofrece una manera novedosa de asomarnos a la historia, la política y la cultura españolas”.

En su Introducción, el autor deja bien claro el propósito de su obra, para que no nos llamemos a engaño con un título que amenaza a priori con despistarnos del cometido principal de la palabra intelectual y de las personas intelectuales en este país, tan necesitado de ellos y ellas, para no cometer errores de género: “Este no es un estudio sobre unos individuos concretos, ni sobre los espacios y grupos que frecuentaron, ni sobre las ideas que propusieron, ni sobre su apoyo a —o denuncia de— determinados regímenes. Este libro se centra, más bien, en el largo y sorprendente viaje de una palabra: intelectual, en su uso como sustantivo. Una palabra cuya acepción moderna tiene unos ciento treinta años de historia y que, a lo largo de ese tiempo, ha ejercido una singular atracción. El objetivo es mostrar cómo se ha utilizado esa palabra en España, qué sentidos se le ha ido otorgando, en qué debates ha aparecido y qué nos enseña todo ello acerca de nuestra historia y nuestra cultura. Se busca explicar, por ejemplo, por qué tantas personas hoy en día tienen una idea formada acerca de los intelectuales, por qué esa idea suele tener una fuerte carga de atracción o de rechazo, y por qué suele estar ligada a episodios de nuestra historia como la Segunda República o la Guerra Civil”.

Es un asunto que me preocupa y que vengo explicando en este cuaderno digital desde el primer día en el que empecé a escribir en sus páginas en blanco, porque para mí, este blog, me exige un compromiso intelectual, ¡ya salió la palabra!, sobre el que escribí en 2006, habiendo transcurrido unos meses desde el comienzo de esta “singladura” literaria. Vuelvo a utilizar aquellas palabras, sin sacarlas de su texto y contexto, pero creo que las puedo suscribir hoy en su totalidad, sin sonrojo alguno y diecisiete años después, porque insisto para mí no tiene ambigüedad alguna la palabra “intelectual”, ni sus derivadas sintácticas y gramaticales.

Decía en aquella ocasión, en un artículo denominado El compromiso intelectual, que “Desde que tengo uso de razón científica me he preguntado muchas veces cómo puede poner uno su inteligencia al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra. También me he preguntado muchas veces en qué consiste el compromiso de los intelectuales con esta misma sociedad, no optando por posiciones políticas de partido, con militancia expresa. La verdad es que no he encontrado mucha literatura sobre el particular y, normalmente, son discursos muy elaborados que no están al alcance de todos los españoles, como diría el título de crédito del NODO al que recuerdo siempre en mis tardes de Madrid, pensando en Andalucía, de la que me sacaron sin muchas contemplaciones cuando solo tenía cuatro años.

Aproximarse a una definición de libro es imposible. Cualquier definición solo recoge la forma de establecer defensas innatas para protegerse de los ataques del enemigo, que desgraciadamente suele verse en todas partes sin que realmente existan. Como llevo tiempo pensando en esta realidad, el compromiso intelectual, ahí van unas cuantas reflexiones. La primera nace de la suerte de que una persona pueda plantearse el dilema en sí mismo, sin calificar esta “suerte” como lujo afrodisíaco: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera. Desgraciadamente. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tabula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La niña que ayer corría despavorida por las playas palestinas, temblándole los labios, horrorizada con lo que había pasado con familiares y amigos, acababa de grabar imágenes para toda la vida. Su compromiso intelectual será siempre un interrogante y una dialéctica entre odio y perdón. A esto nos referíamos. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tanta veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamaba uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar ¡eureka! a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo”.

Lo dije ayer, siguiendo el espíritu y la letra de Fray Luis de León, lo he dicho a lo largo de estos años de vida del blog y lo sigo diciendo hoy: hay que poner la inteligencia de cada uno, de cada una, al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra, adquiriendo un compromiso asociado con la responsabilidad social, que lleva a dar respuestas ante la vida diaria, a través del conocimiento que trabajamos a diario y la libertad para desarrollarlo en beneficio del interés general. Como decía anteriormente, “esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza”. Creo que esta explicación recuperada hoy en una operación rescate en mi economía circular literaria y, por qué no decirlo, intelectual, me lleva a afirmar de forma rotunda que “hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima, su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario”. ¿Por qué? Fundamentalmente porque “cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista”.

Lo que queda claro hoy es que ser intelectual es una forma de dignificar la vida humana propia y la asociada. Para mí, no es un término ambiguo, ni tampoco inocente, en cualquiera de sus acepciones. Es uno de mis principios y si no gustan…, no tengo otros, a diferencia del ínclito y nunca bien ponderado Groucho Marx (que, por cierto, sabía lo que decía, como buen intelectual al uso, en su tiempo y en su momento).

(1) Jiménez Torres, David, La palabra ambigua, Barcelona: Taurus, 2023.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

El libro del tercer día, en lenguaje Nü shu, enjuga las lágrimas de la mujer china

Tan Dun, Nüshu, canto secreto de las mujeres. Orquesta de Filadelfia, con la interpretación al arpa de Elizabeth Hainen.

Sevilla, 23/IV/2023, Día del Libro

En el Día del Libro deseo compartir con la Noosfera un descubrimiento personal de una isla desconocida en torno a la caligrafía ancestral en China, a través de un lenguaje denominado Nü shu, la antigua escritura secreta de las mujeres chinas, nacido en el siglo III de nuestra era, que me ha parecido deslumbrante y aleccionador, dando lugar posteriormente a una forma de expresión que no utilizaba exclusivamente el formato libro sino alternativas para conservar su anonimato, en canciones, bordados, pañuelos y jarrones con caligrafía especial y todo un símbolo en el lenguaje Nü shu –dos palabras con un significado especial, escritura de mujeres, exclusivamente para mujeres–, los denominados libros del tercer día, teniendo en cuenta que a ellas se las forzó a no aprender a leer o escribir durante toda su vida, siendo estos libros el único sustento anímico para seguir viviendo y volcando en las páginas en blanco que contenían dentro sus sentimientos más profundos.

Estos libros estaban vinculados estrechamente con las bodas forzadas de aquellas mujeres sometidas al poder patriarcal, que buscaban refugio en jarrones, abanicos y cinturones en los que figuraban caligrafías en nü shu con mensajes que sólo las mujeres podían interpretar: “Uno de los usos más importantes del nü shu ha surgido como resultadode los casamientos.Tradicionalmente, después de una boda, la novia deja la casa de sus padres y se muda con su marido. Y si en ese nuevo rol se siente sola, el nü shu se vuelve una vía para expresar su tristeza. En ese proceso de reacomodamiento de los recién casados implica el regalo de un Sanzhaoshu o «Libro del tercer día», hecho de tela y entregado a la novia tres días después de su boda. La madre de la novia sus amigas más cercanas van a expresar sus sentimientos de tristeza y perdida en el libro. Los buenos deseos para el futuro compartido serán grabados en las primeras páginas, las siguientes para el dolor”.

En estos días, Caixaforum dedica un homenaje a esta experiencia milenaria, presentando una película, Hilden Letters, bajo la dirección de Violet Du Feng en una coproducción de China, Estados Unidos, Noruega, Alemania, de 2022, que desarrolla esta cultura y sus vivencias en la actualidad, con una sinopsis que ayuda a comprender su hilo conductor: “A caballo entre el pasado y el presente, ‘Hidden Letters’ sigue a dos mujeres chinas milenarias conectadas por su fascinación por el lenguaje secreto del nushu. Esta lengua oculta de siglos de antigüedad unió a generaciones de mujeres chinas en un sistema clandestino de apoyo a la hermandad, la esperanza y la supervivencia. Influenciadas por el legado de solidaridad femenina del nushu, las dos mujeres luchan por encontrar el equilibrio mientras forjan sus propios caminos en una cultura patriarcal. La historia de dos mujeres chinas que intentan equilibrar sus vidas como mujeres independientes en la China moderna, al tiempo que se enfrentan a la identidad tradicional que las define pero también las oprime. Conectadas a través de su amor por el Nushu -un texto secreto de siglos de antigüedad compartido entre mujeres- cada una de ellas se transforma a través de un período crucial de sus vidas y da un paso más para convertirse en las personas que saben que pueden ser”.

Me ha parecido extraordinario el contenido histórico de este lenguaje de mujeres, para mujeres, en un silencio multisecular que se ha salvado para el presente y la posteridad gracias al cambio político del pasado siglo en China que permitió el florecimiento de esta experiencia milenaria y que se muestra en la actualidad en todo en su esplendor en el Museo creado a tal efecto en la pequeña localidad de Puwei. La unión entre mujeres, ha perdurado y se recupera en las experiencias actuales de salvaguarda de este lenguaje, a través de sus significantes y significados: “Las mujeres que crearon este fuerte vínculo se les conoció como «hermanas de juramento» y eran por lo general grupos de tres o cuatro jóvenes, sin vínculo familiar que estaban unidas por una amistad sustentada en cartas escritas ycantar canciones en nüshu entre ellas”.

Como se anuncia oficialmente en Caixaforum, esta película fue seleccionada para la 95ª edición de los Premios Óscar de este año, aunque finalmente no obtuvo este reconocimiento mundial. La película transmite esta cultura milenaria del Nü Shu, en el entorno de este lenguaje, conservando en la memoria histórica la injusta realidad cultural de las mujeres en aquél territorio, que durante siglos no pudieron acceder ni a la escritura ni a la lectura. Les salvó el lenguaje secreto dibujado en mensajes ocultos de su caligrafía, constituyendo una hermandad secreta,  las hermanas de juramento, algo que la película muestra en la escenografía de hoy día, en la que las protagonistas, Hu Xin y Simu, funden sus almas a través del lenguaje Nü Sshu, que sólo ellas pueden entender.

Finalmente, he conocido que existe una obra musical, la sinfonía Nüshu, canto secreto de las mujeres, de trece movimientos, donde el instrumento central es el arpa. En la UNESCO he recuperado información sobre este compositor chino con palabras que contienen la intrahistoria de este lenguaje secreto: “Esta escritura ha ayudado a las mujeres Jiangyong a enjugar sus lágrimas”, explica Tan Dun, célebre compositor chino y embajador de buena voluntad de la UNESCO. En 2008 regresó a su provincia natal, Hunan, para investigar sobre la cultura nüshu. “A la entrada de Shanggangtang Village vi un puente de la dinastía Song de ochocientos años de antigüedad, cuya mitad se había derrumbado. Me recordó al nüshu, que también está en peligro”, consignó en su diario de viaje. Es así como se prometió hacer todo lo posible por salvar esta escritura, cuyos caracteres se asemejan a “notas de música que vuelan al capricho de los vientos” y que algunas suelen evocarle las formas del arpa o la pipa (laúd tradicional) china. Y fue ahí cuando nació la idea de una nueva sinfonía: “Nüshu, canto secreto de las mujeres”. Desde 2013, la Orquesta de Filadelfia (Estados Unidos), la Orquesta del Concertgebouw (Países Bajos) y la Orquesta sinfónica de la NHK (Japón) han coproducido este poema sinfónico en las salas de conciertos más prestigiosas del mundo. El nüshu ha pasado de ser una cultura femenina secreta y confidencial a ser una “cultura del mundo”, expresó Tan Dun, para quien el éxito de su sinfonía “muestra el respeto del mundo por la utopía de las mujeres”. Esta obra maestra contemporánea de trece movimientos combina tradiciones musicales orientales y occidentales y refleja diferentes aspectos de la cultura nüshu: canciones que acompañan el acicalado de la novia o la separación de ésta de su madre; otras que tristemente evocan medio siglo de vida matrimonial o expresan la nostalgia por las amigas de la infancia. El instrumento central es el arpa que suena, según la fórmula del compositor, como “un relato de mujer que solloza”. Tan Dun presenta en su sinfonía trece secuencias de un vídeo que él mismo realizó en 2008 en China. Fue la primera vez que alguien filmó la cultura tradicional nüshu. En la aldea de Shang Gan Tang, el compositor se reunió con seis mujeres capaces de escribir nüshu. Fueron nombradas custodias de la tradición nüshu por el gobierno del distrito. Gracias a ellas, esta antigua cultura puede transmitirse hoy a las nuevas generaciones. “El secreto de la inmortalidad reside en el esfuerzo por preservar las tradiciones culturales en peligro y legarlas a la posteridad”, dice Tan Dun. Creo que ha sido un regalo especial conocer estas bellas historias en la celebración del Día del Libro, del lenguaje Nü Shu, en el lenguaje oculto de las mujeres que sufren. Todo un símbolo en el mundo actual.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Los libros, a veces, estremecen el alma

[…] y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XIX: «Dime qué lees y te diré quien eres».

Federico García Lorca, en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931)

Sevilla, 22/IV/2023, releyendo el artículo que escribí el 12/I/2022, para que me conozcan mejor.

En el contexto de la celebración mañana del Día del Libro, vuelvo a publicar el artículo que escribí el año pasado con ocasión de la referencia expresa que hice de un libro precioso de mi admirada escritora Irene Vallejo, Manifiesto por la lectura (2020), que sigo recomendándolo una vez más por su incalculable valor en la relación que establece cada persona con los libros que ama, llegándonos en muchas ocasiones a estremecer el alma. La frase que abre hoy esta página, leída por García Lorca en su alocución al pueblo de Fuente Vaqueros en 1931, un discurso que pronunció con motivo de la inauguración de la biblioteca pública, hacía una referencia al escritor francés François Mauriac, aunque hoy finalizo aquél refrán con sus propias palabras, “Dime lo que lees y te diré quién eres, eso es verdad, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees”. Por ejemplo, hoy, no sólo podrán conocerme mejor los lectores de este cuaderno digital por lo que releo, sino por lo que vuelvo a escribir, es decir, lo que reescribo con la misma ilusión de siempre, en una escritura circular sin fin, con alma, que también existe.

Los libros estremecen el alma

Sevilla, 12/I/2022

Me lo ha recordado recientemente la escritora Irene Vallejo en un libro que es una pequeña joya literaria, Manifiesto por la lectura (1), en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

El discurso, en general, es una obra maestra de la literatura iniciática. Recomiendo su lectura con frecuencia para que no se olvide una de sus misiones fundamentales, destacada en esta ocasión por Irene Vallejo: los libros pueden estremecernos el alma. Federico García Lorca no quería que tuviéramos el alma muerta, sino animada permanentemente por la lectura: “Yo he visto a muchos hombres de otros campos volver del trabajo a sus hogares, y llenos de cansancio, se han sentado quietos, como estatuas, a esperar otro día y otro y otro, con el mismo ritmo, sin que por su alma cruce un anhelo de saber. Hombres esclavos de la muerte sin haber vislumbrado siquiera las luces y la hermosura a que llega el espíritu humano. Porque en el mundo no hay más que vida y muerte y existen millones de hombres que hablan, viven, miran, comen, pero están muertos. Más muertos que las piedras y más muertos que los verdaderos muertos que duermen su sueño bajo la tierra, porque tienen el alma muerta. Muerta como un molino que no muele, muerta porque no tiene amor, ni un germen de idea, ni una fe, ni un ansia de liberación, imprescindible en todos los hombres para poderse llamar así”. Para él, la lectura era la base de los programas populares que más le preocupaban en ese momento político en el país, que se traducían en Misiones Pedagógicas y que tanto bien hicieron.

Mejor no se puede decir, aunque sea una aventura desconocida acercarse al alma de cada uno, de cada una, de todos. Los libros son un medio fantástico y García Lorca lo sabía: “¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: “amor, amor”, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fiódor Dostoyevski, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”.

La lectura, a modo de sacudida interna que lo remueve todo, desnuda y estremece el alma de secreto de cada lector o lectora. Además, los otros pueden llegar a saber quiénes somos a través de nuestros libros. Tenía razón Federico en aquella alocución inolvidable.

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, Madrid: Siruela, 2020.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

NOTA: en la fotocomposición de la cabecera de estas palabras, figura una imagen de Federico García Lorca junto a su hermana Isabel, con un libro en sus manos (1914).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Leer nos reconforta ante las barbaries

Día Internacional del Libro

Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva.

Irene Vallejo, Manifiesto por la lectura 

Sevilla, 20/IV/2023

El próximo domingo se celebra el Día Internacional del Libro, habiéndose presentado el cartel oficial de este año, por parte del Ministerio de Cultura, que ha sido diseñado por el ilustrador Sergio García Sánchez, Premio Nacional de Ilustración 2022, a partir de una cita del último autor galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana “Miguel de Cervantes”, Rafael Cadenas: la literatura es un muro contra las barbaries. Este cuaderno digital hace un homenaje continuo a los libros y sus mensajes de libertad intelectual y contención de las diferentes barbaries que en el mundo existen. Personalmente, me considero un filobiblion, es decir, una persona que ama los libros, por lo que es fácil entender que me interese especialmente conocer datos sobre la lectura en nuestro país y divulgarlos, porque pienso que un país que lee avanza siempre hacia la libertad de pensamiento y conductas asociadas. Así lo hago habitualmente y muestra de ello fue un artículo concreto, Los libros, en España, gozan de muy buena salud, en diciembre de 2022, en el que ofrecía múltiples datos referidos a una publicación de la Federación Española de Gremios de Editores de España, Comercio Interior del Libro en España 2021, con múltiples datos de interés como para deducir después de su consulta algo que me reconforta siempre en un escenario en el que hay muchos “artistas” que disfrutan destrozando lo que este país hace bien a diario, es decir, constatar que los libros, en España, gozan de muy buena salud.

Decía Richard de Bury, el autor de un libro publicado en el siglo XIV, cuyo título descriptivo enuncia lo que recogen sus páginas escritas en latín,  Filobiblión. Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros, que “La verdad que triunfa sobre todas las cosas —que vence al rey, al vino y a las mujeres, que se considera sagrada y se honra antes que la amistad, que es camino sin retorno y vida sin fin, que el santo Boecio considera triple en pensamiento, discurso y escritura— parece seguir siendo más útil, fructífera y obtiene mayores ganancias en los libros. Porque el significado de la voz perece con el sonido. La verdad latente en la mente es la sabiduría que se esconde, el tesoro que no se ve, pero la verdad que brilla en los libros desea manifestarse con fuerza a través de cada sentido. Enaltece la vista cuando es leída, al oído cuando se escucha, y además al tacto cuando se somete a la transcripción, encuadernación, corrección y conservación. La verdad escrita de los libros, no transitoria, sino permanente, se ofrece a sí misma para ser observada, y por medio de las esférulas permeables de los ojos, que pasan por el vestíbulo de la percepción y las cortes de la imaginación, entra en la cámara del intelecto, tomando su lugar en el diván de la memoria, donde engendra la verdad eterna de la mente” (1).

En estos tiempos modernos y bárbaros al mismo tiempo, en determinadas latitudes, los libros pueden ser baluartes inexpugnables en defensa de la libertad de pensamiento e ideas, como dice Rafael Cadenas. Lo importante es descubrir esta realidad cuando la lectura se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día abrupto y de turbación, cuando sabemos leer la vida, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (2). 

En el Día Internacional del Libro, sé que el alma busca siempre refugio en la dignidad humana, un cortafuegos que suele encontrar su sitio en libros preciosos para comprender la imprescindible condición humana de la libertad. Para que no se olvide en un día tan importante como hoy. Las librerías, su maravilloso complementario, son la atención primaria del alma y la lectura de los libros que compramos es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte que casi todo lo cura, porque casi todo está en los libros. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a las librerías y a las bibliotecas (incluidas las nuestras), salvando lo que haya que salvar, porque es verdad que a lo largo de nuestra vida necesitamos acudir al librero o librera de atención primaria o al especialista… en las clínicas del alma. Sobre todo, para detener la barbarie que asola el alma humana. Aun así, me tranquiliza saber que la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella (3).

(1) De Bury, Richard. Filobiblión. Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros. Madrid: Anaya, 1995.

(2) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.

(3) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura. Madrid: Siruela, 2020.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

A veces, toda la vida cabe en un solo día

Sevilla, 19/IV/2023

Sé por su biografía oficial que Silvia Pérez Cruz “es una de las voces más sobrecogedoras que ha aparecido en los últimos tiempos; en palabras de Jorge Drexler, “una voz que marca una generación”. Es compositora además de cantante, y habla el lenguaje de la música desde que tiene uso de razón: creció entre canciones populares ibéricas y latinoamericanas, se educó en el clásico y el jazz. Contagiada por el flamenco a través de una conexión que parece sobrenatural, canta de una forma que sólo es suya y estremece”. Sé que es “cantora”, algo mucho más profundo que “cantante”, porque es consciente que no sólo puede, sino que por principios éticos personales y sociales, debe hacerlo.

Si la traigo hoy a estas páginas buscadoras de islas desconocidas es por la publicación de su última obra, Toda la vida, un día, en la que la artista ha querido a través de cinco capítulos de su vida, con cinco colores diferentes, transmitirnos algo muy importante: “cuida lo que haces, disfrutemos y dediquemos el tiempo que necesita cada cosa”, porque para ella la música es “un milagro y un amparo donde uno siempre encuentra cobijo”, invitándonos a que la acompañemos en ese viaje y nos dejemos llevar por él. Esta obra “representa una vida entera, un día, de sol a sol, circular, un instante, una eternidad”, según explica en las redes sociales.

La canción que he escogido para comprender bien su última obra, Toda la vida, un día, que da título también al álbum, es un homenaje a la cantora argentina Liliana Herrero, acompañada a la guitarra por Pedro Rossi, con un coro grabado en la capilla de la Asociación Cultural Mutte, en Pontós (Girona), y la música especial que se obtiene de un violonchelo barroco, envolviendo las voces de Silvia y Liliana: “Como no la conocía, se me ocurrió hacerle una canción que finalmente no le enseñé hasta después de nuestro encuentro. Es una canción dedicada a ella, una mujer espectacular, potente, profunda, comprometida; un ser humano de los que te cambian la vida”. El vídeo que he escogido está grabado en Islandia — “en un paisaje bellísimo, pero a la vez abrumador”—, que refleja la relación con la soledad de la que habla Toda la vida, un día”. Me ha agradado conocer que en esta producción colaboran grandes músicos flamencos como Pepe Habichuela, Carmen Linares, Diego Carrasco y Carles Benavent, en una fusión extraordinaria que engrandece todavía más su empeño artístico.

Según se afirma en la sinopsis oficial a título de presentación de esta producción, el título simboliza “una vida entera, un ciclo, habla del tiempo infinito, circular, ordenado en principios y finales. Tiene cinco movimientos, cada uno tiene una sonoridad y una búsqueda distinta. El primero es la infancia y la seguridad, la calma en casa. El segundo es la búsqueda de los sonidos, donde también toca el saxo, y se reencuentra con un instrumento que tocaba desde los 7 años. El tercer movimiento es más de la intimidad, de madurez, y donde aparecen los dúos. El cuarto es una edad más adulta, entra el peso, la música va cogiendo profundidad y peso. El quinto y último movimiento es el renacimiento, es decir, son canciones más alegres y vivas. En este movimiento también participa Maro, cantante portuguesa que participó en Eurovisión 2022, y es una gran amiga también. ‘Toda la vida, un día’ se compone de 21 canciones, donde están representadas todas las generaciones, desde niños cantando a abuelos. Es un disco en el que se reivindica la belleza y la riqueza de todas las edades”.

Pasado mañana se presenta oficialmente esta obra magna y se lanza a todos los vientos del mundo, para quien lo quiera escuchar y, sobre todo, entender. Mientras, intento asimilar el mensaje de la canción principal que da nombre a toda la producción y resume a la perfección su hilo conductor: a veces, toda la vida cabe en un solo día, recordando algo que aprendí hace ya muchos años del poeta de Moguer, Juan Ramón Jiménez, cuando en su obra Diario de un poeta recién casado, recogió unas palabras bellísimas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!- que no deja indiferente a nadie:

¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura. El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

“Carpe diem” o la forma de vivir apasionadamente el día de hoy, sin fiarse mucho del incierto mañana

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

John Keating (Robin Williams), en El club de los poetas muertos

 Sevilla, 18/IV/2023

Cuando el actor Robin Williams subió a su cielo particular en 2014, escribí unas palabras que estoy seguro que podría compartir hoy con Bertrand Tavernier hablando de su película Hoy empieza todo, porque cuando todo comienza cada día estamos dando rienda suelta a cada “carpe diem” particular, un sentimiento que nunca se refleja en las esferas de los relojes de nuestra vida: “[Carpe diem] Era lo que John Keating/Robin Williams [en la película El club de los poetas muertos] intentaba transmitir a sus alumnos desde la primera clase: que amaran el tiempo real de cada uno, cada momento, porque nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. A través de la poesía, porque siempre que se crea y piensa en algo, se puede dar el énfasis que cada persona necesita en su momento personal e intransferible y así se rompen esquemas. Esa es su verdadera razón, que Juan Ramón Jiménez también nos transmitió de forma excelente: amor y poesía, cada día. Además, la libertad debe estar presente en esta acción poética. Él se lo enseñó a los cuatro alumnos que copiaron su experiencia vital: crear un nuevo Club de los poetas muertos, amando la transgresión de la vida cuando sus pilares se tambalean, tal y como está sucediendo en la actualidad. Ellos decidieron apostar por la libertad personal y colectiva frente a los cuatro pilares de su colegio: tradición, honor, disciplina y excelencia. El desenlace de la película es conocido y doloroso. Al final, como a casi todas las personas que introducen cambios en la vida, en la sociedad, se las expulsa de la misma, con silencios cómplices. No es de extrañar que todos los alumnos firmaran la expulsión del profesor Keating. Un final, salvando lo que hay que salvar, que tiene un parecido extraordinario con los planos finales de La lengua de las mariposas, en el momento que los alumnos tiran piedras a su profesor, D. Gregorio, que tanta felicidad les había proporcionado, en un silencio cómplice desolador ante la cordada de presos”.

Ayer, volví a encontrarme con esas palabras del poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe, contextualizadas en un viaje hacia su lugar querido, un territorio espléndido en la región del Lazio, a unas cuantas leguas de Roma, algo así como el arte de disfrutar del momento en su villa, Licenza, que se conserva para ofrecerla al placer de los sentidos y las emociones de cada persona que quiera descubrirla, completando en primer lugar las cuatro palabras que seguían a las dos más famosas, Carpe diem, quam minimum credula postero, que sólo se recuerdan en contadas ocasiones, descontextualizándolas del sentido pleno que quiso Horacio darles al presentarlas en sociedad. Para ello, he escogido una traducción del latín original que considero impecable, la del filólogo y poeta  Luis Alberto de Cuenca, porque es importante saber por qué Horacio las escribió aunque sólo hayan pasado a la posteridad dos, Carpe diem:

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a ti y a mí, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos escollos.

Sé prudente, filtra el vino
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo.
No te fíes del incierto mañana.

Las dos palabras, carpe diem, ya contextualizadas, cobran si cabe todo su esplendor cuando descubrimos en qué contexto las escribió Horacio. Para mí, tienen un sentido especial cuando las recuerdo en el contexto de la película citada, que hizo historia en mi vida a través de sus planos principales, destacando sobre todo los momentos estelares de la forma de entender la vida el profesor John Keating y transmitirla a los demás, fundamentalmente a sus cuatro alumnos especiales por su condición de seguidores de un gran maestro. Desde el comienzo de la película, un nuevo profesor iba a cambiar la vida de alumnos en la mejor tradición de maestría de la vida, que tanto he valorado siempre en mis profesores de diferentes ciclos vitales, tanto académicos como profesionales, porque todos no han sido iguales. Mi maestra especial, Dª Antonia, me enseñó, por ejemplo, la primera versión del carpe diem infantil casi en un alma adulta, que siempre recuerdo de forma entrañable. Cuidó mucho mis sueños en paraísos perdidos, porque mi vida pequeña no daba para más, porque para ella era muy importante cada momento mío, en definitiva mi tiempo y para que no olvidara nunca que a veces es envidioso, como lo susurraba Horacio a Leucónoe, una mujer con mente blanca, limpia, que podía adaptar al breve espacio de la vida, o de cada momento particular, una esperanza larga. Ahí estaba el secreto, porque cada día lleva siempre el tiempo dentro.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¿Qué nos hace felices?

Robert Waldinger (i) y Marc Schulz (d), Una buena vida

Sevilla, 17/IV/2023

Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida.

Eclesiastés, 3, 12

Cervantes nos habló en su magna obra quijotesca del bálsamo de Fierabrás, como brebaje que todo lo cura y del que se interesó mucho Sancho Panza ante el ingenioso hidalgo, por lo barata que podría ser su producción y venta, quien lo introdujo en su deambular por el mundo como solucionador de todos los problemas que afectan a la salud en general, aunque demostró por sus peripecias continuas que nada más lejos de la realidad la referencia al codiciado bálsamo y su efecto benefactor. Es lo que puede pasar a veces cuando se conoce la publicación de libros que ofrecen “soluciones“ para encontrar la auténtica felicidad humana, porque así se presentan en sociedad, aunque en el caso del libro que comento hoy hay que considerarlo como una obra de obligada lectura por la trayectoria histórica que tiene la investigación sobre la que se basa la citada publicación. Digo esto porque recientemente ha pasado por Madrid el psiquiatra Robert Waldinger (Omaha, EE UU), para presentar y promocionar su obra Una buena vida (Planeta), compartida en su autoría con Marc Schulz, director asociado de The Harvard Study of Adult Development [El Estudio de Harvard sobre el Desarrollo de los Adultos], en la que según se cita en una entrevista publicada por el diario El País el pasado sábado, “desentrañan las claves de una investigación que dura ya 85 años y de muchas otras que orientan a lo que ni ellos mismos esperaban. No es el dinero, el éxito profesional o los viajes a paraísos tropicales. Son las relaciones con los demás lo que determina que estemos más o menos satisfechos con nuestra vida y, en buena medida, lo que esta dure”.

La sinopsis oficial de la obra responde a una pregunta crucial en estos tiempos tan modernos y convulsos: “¿Qué nos hace felices? Hace más de ocho décadas, la Universidad de Harvard se propuso dar respuesta a esa pregunta y puso en marcha uno de los estudios más importantes hasta la fecha. Eligieron a una población de cientos de personas y durante años estuvieron entrevistándolas, haciéndoles análisis y siguiendo su desarrollo profesional y personal. Han seguido la vida de ciudadanos desde su juventud hasta su deceso y han indagado en sus motivaciones, su carrera profesional y sus relaciones personales. Algunos fracasaron o se arruinaron, mientras otros se hicieron millonarios o llegaron a ocupar las más altas posiciones de poder, y hubo quien padeció largas enfermedades, al tiempo que otros gozaban de una salud inquebrantable. A través de inspiradoras historias reales, este libro nos brinda la respuesta más importante de todas, la conclusión a un estudio que cambiará para siempre nuestra perspectiva sobre la felicidad y nos enseñará que nunca es demasiado tarde para darle un giro a nuestras vidas. Porque la salud y el éxito profesional influyen, por supuesto, pero nada es tan importante para alcanzar una vida larga, plena y satisfactoria como lo son las relaciones personales”.

Me ha llamado la atención la serie temporal tan prolongada de este estudio, ochenta y cinco años, porque nos ofrece una perspectiva cargada de fundamentos científicos para saber en qué creemos los humanos que consiste ser felices. Francesc Miralles lo analizaba bien a la luz del contenido del citado informe de Harvard, en un artículo que era por sí mismo un aviso para navegantes en busca de felicidad, ¿Qué nos hace felices? ‘Spoiler’: no es el dinero: “Al analizar los datos de ocho décadas, la conclusión a la que han llegado los investigadores es que lo que ha demostrado procurar felicidad duradera no es el dinero ni el éxito profesional. Tampoco el ejercicio o la dieta, aunque sin duda contribuyen en el bienestar. El factor número uno de la felicidad, según el estudio, es tener buenas relaciones. Las personas con una conexión más íntima con la familia, los amigos y la comunidad son más felices y, además, gozan de mejor salud”.

Todo lo anterior creo que lo descubrí hace ya bastantes años, leyendo un libro integrado en la Biblia, Eclesiastés, una persona muy vinculada a las asambleas humanas, a las democracias auténticas, cuando hacía tres preguntas esenciales en busca del sentido de la vida, de la felicidad para ser y estar en ella (Eclesiastés, 3, 1-22): ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca el hombre de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de él? A día de hoy, con todo mi respeto a la publicación de Harvard,  la única respuesta que me sigue pareciendo coherente es la del propio Eclesiastés, un auténtico líder de las asambleas, que no respondió a las cuestiones anteriores en el Libro, porque sinceramente no lo podía hacer, sino que inicia la mejor respuesta a continuación, en el capítulo 4: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida: es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper.

Eclesiastés, que no estaba sometido a los estudios rigurosos de Harvard, nos decía al comenzar el célebre capítulo 3 citado que tenemos hasta 27 oportunidades para disfrutar del tiempo a lo largo de la vida, buscando siempre la felicidad, que también se vienen repitiendo desde que el mundo es mundo: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Casi nada, pero administrar esta carga vital, en su tiempo específico, es harina de otro costal. Por eso hay que ser consecuente con esta lista de hechos humanos, que no nos son ajenos y que rodean siempre a la felicidad o a sus contrarios, porque vanidad de vanidades, todo es vanidad y si no que lo demuestre nuestra capacidad de respuesta a las tres preguntas enunciadas anteriormente.

Finalmente, tengo que afirmar que estoy de acuerdo con la conclusión del estudio de Harvard y con lo expuesto en Una buena vida, porque la experiencia multisecular dice que “más valen dos personas que una sola, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo, pues si cayeren, una levantará a la otra; pero ¡ay de la persona sola que se cae!, que no tiene quien la levante. Si dos se acuestan, tienen calor; pero la persona sola ¿cómo se calentará? Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper”. No lo ha dicho Harvard, sino la tradición oral de abuelos a nietos, de padres a hijos, durante siglos, desde que se sentaban en la orilla del Tigris y Éufrates al caer la tarde, a la hora malva mágica que tanto gustaba a Gabriel García Márquez. Su autor, no lo olvidemos, tenía un nombre inconfundible, Eclesiastés, una persona de comunidad, en el capítulo 4, para que no nos dediquemos sólo a atrapar vientos buscando la ansiada felicitad, con mayor sentido aun cuando nos preocupa que sea para todos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Todo el mundo lo sabe, eso es lo que pasa

Todo el mundo sabe / Todo el mundo sabe que el barco hace aguas / Todo el mundo sabe que el capitán mintió / Todo el mundo tiene ese sentimiento desgarrado

Leonard Cohen, Todo el mundo sabe

Sevilla, 16/IV/2023

Leonard Cohen lo cantó con el desgarro humano que le caracterizaba, a pesar de que sus duras palabras estuvieran acompañadas siempre de melodías excelentes: Los pobres se quedan pobres, los ricos se hacen más ricos / Eso es lo que pasa / Todo el mundo sabe / Todo el mundo sabe que el barco hace aguas / Todo el mundo sabe que el capitán mintió / Todo el mundo tiene ese sentimiento desgarrado. Una canción de 1988 perteneciente al álbum “I’m your man”, Todo el mundo sabe, escrita por él y por la cantautora estadounidense Sharon Robinson, vuelve a sonar en la caja de música que guardo en mi clínica del alma, mi biblioteca, cuando constato que el mundo al revés sigue impertérrito, abriéndose camino al andar de cualquier forma.

Traigo hoy esta reflexión a este cuaderno digital cuando compruebo que el expresidente Trump ha salido reforzado en su prestigio nacional a pesar de haber sido llevado a los tribunales y que encara su candidatura a las elecciones de su país como si no pasara nada: todo el mundo sabe que el mintió siempre que pudo, pero millones de seguidores lo seguirán votando a pesar de que los pobres se quedan pobres, los ricos se hacen más ricos / Eso es lo que pasa / Todo el mundo sabe / Todo el mundo sabe que el barco hace aguas / Todo el mundo sabe que el capitán mintió / Todo el mundo tiene ese sentimiento desgarrado. Todo el mundo lo sabe, pero la realidad es que muchos conciudadanos, millones para ser exactos, siguen creyendo que Trump y otros aprendices de Trump en el mundo, también en nuestro país, son los únicos salvadores del mundo “al derecho”, en el que millones de personas viven en unas condiciones infrahumanas y con serios problemas en el bienestar social de este mundo al revés.

Desde esta orilla, salvando lo que hay que salvar, Andalucía sigue con cifras imposibles de aceptar en relación con su pobreza severa y vemos con ardiente impaciencia, estudio tras estudio, que las cifras no mejoran, porque sabemos dónde están los pobres en nuestra Comunidad, todo el mundo lo sabe, que diría Leonard Cohen, aunque algunas fuerzas políticas los ignoren por definición, tal y como lo expuse al año pasado en el artículo que dediqué a esta situación lacerante a la luz del informe territorial sobre exclusión y desarrollo social en Andalucía, de 2022. Las personas que recordamos esta realidad tenemos muchas veces la sensación de que somos “ciudadanos molestos” para los demás, algo así como el rayo que no cesa, pero no me resigno a tranquilizar la conciencia y mirar continuamente para otro lado. Están próximas las elecciones municipales y de determinadas Comunidades Autónomas, donde el voto, no inocente, será vital para obtener los mejores resultados en beneficio de todos, para transformar esta tierra, no solo cambiarla, ante la mirada desafiante del Partido Abstencionista que es la peor representación que podemos imaginar desde una democracia decente.

Ha llegado el momento de pasar definitivamente a la acción y unas elecciones son la gran oportunidad de decantarse por otra forma de hacer política y de ser políticos en el sentido más puro del término, aunque la primera toma de conciencia es repasar algunos conceptos de pobreza para salir de ella, porque creo que estamos muy confundidos, que diría Eduardo Galeano. ¿Saben por qué? Porque pobres, lo que se dicen pobres, son los que no saben que son pobres: Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo. Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo. Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar. Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida. Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella. Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión. Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas. Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos. Pobres, lo que se dicen pobres, son los que no saben que son pobres.

Ahora, en tiempos de votación y turbación, lo más importante es identificar bien al capitán que nos mintió y a otros «capitanes» que siguen mintiendo cada día como si no pasara nada, para hacer la mejor mudanza ideológica y transformar la sociedad. Palabras de Cohen.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!