Un sentimiento especial al escribir sobre una tarjeta kalamkari

Tarjeta de papel kalamkari, elaborado por mujeres artesanas en Anantapur, estado de Andhra Pradesh (India), en un proyecto de comercio justo de la Fundación Vicente Ferrer.

A mis amados les dejo las cosas pequeñas; las cosas grandes son para todos

Rabindranath Tagore, Pájaros perdidos, 178.

Sevilla, 27/I/2023

Dedicado a María José, como siempre…

Hoy he vivido una experiencia especial al escribir a mano sobre un papel kalamkari, elaborado artesanalmente en la India, de donde he recibido una muestra fehaciente de este arte milenario, concretamente del Estado de Andhra Pradesh. Es una tarjeta de papel reciclado, estampado con la técnica Kalamkari, realizada con sellos de madera o con cálamos, que se usa indistintamente sobre tejidos y papel: “En los tiempos remotos, grupos de cantantes, músicos y pintores, los chitrakattis, iban de pueblo en pueblo relatando las grandes epopeyas de la mitología hinduista. A medida que desarrollaban la historia, ilustraban su cuento con la ayuda de grandes piezas de telas pintadas en el mismo lugar con medios rudimentarios y tinturas vegetales. Este es el origen de los primeros kalamkari. También encontramos en los templos hinduistas grandes tableros de Kalamkari que representaban episodios de la mitología india quizá con la misma función que los capiteles en las catedrales cristianas” (1). Las artesanas que elaboran en la actualidad estas tarjetas como la mía, trabajan en el taller de Bukaraya Samudram, una localidad de la India, en el distrito de Anantapur, estado de Andhra Pradesh, en un proyecto solidario de comercio justo patrocinado y cuidado con esmero por la Fundación Vicente Ferrer, a la que tanto admiro y aprecio.

El término Kalamkari tiene su etimología en la palabra turca y griega “Kalam”, Cálamo (en griego, κάλαμος), aunque unidas en hindi, Kalam (pluma) y Kari (arte), expresan el utensilio principal que se utilizaba hace más de 3.000 años en la pintura con tintes vegetales, la caña hueca que da forma final a su trabajo tras los 23 pasos que necesita la elaboración del producto artesano. Al abrir el sobre que contiene la tarjeta, he sentido algo especial, porque estaba ante el papel en blanco, decorado en su anverso como mensaje principal de respeto a la naturaleza, a la vida, aunque lo importante es escribir hoy sobre ese papel tejido, tan especial y simbólico, teniendo presente lo que expresó admirablemente Platón en su obra Fedro, en la que narra una historia preciosa sobre la dialéctica de la palabra escrita, contada por Sócrates, entre un dios antiguo Teut, que se dice que inventó la escritura y el rey de Tebas, Tamus. Un día “Teut se presentó al rey y le mostró las artes que había inventado, y le dijo lo conveniente que era difundirlas entre los egipcios. El rey le preguntó de qué utilidad sería cada una de ellas, y Teut le fue explicando en detalle los usos de cada una; y según que las explicaciones le parecían más o menos satisfactorias, Tamus aprobaba o desaprobaba. Dícese que el rey alegó al inventor, en cada uno de los inventos, muchas razones en pro y en contra, que sería largo enumerar. Cuando llegaron a la escritura dijo Teut:

– “¡Oh rey! Esta invención hará a los egipcios más sabios y servirá a su memoria; he descubierto un remedio contra la dificultad de aprender y retener.

– Ingenioso Teut –respondió el rey–, el genio que inventa las artes no está en el mismo caso que el sabio que aprecia las ventajas y las desventajas que deben resultar de su aplicación. Padre de la escritura y entusiasmado con tu invención, le atribuyes todo lo contrario de sus efectos verdaderos. Ella sólo producirá el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; confiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu. Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria, sino de despertar reminiscencias; y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque, cuando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida (Platón, Fedro, 274c-277a)».

Leyendo de nuevo estas palabras de Platón y observando mi escritura manual en la tarjeta kalamkari, he recordado inmediatamente la importancia que daba a la caligrafía mi maestra de la infancia rediviva, Doña Antonia, entendida de acuerdo con la definición de la RAE (del gr. καλλιγραφία), como el “arte de escribir con letra bella y correctamente formada, según diferentes estilos” y en su segunda acepción, como el “conjunto de rasgos que caracterizan la escritura de una persona, de un documento, etc.”. Las letras que se utilizan hoy en el mundo digital distan mucho de aquellas que se escribían con letra bella y correctamente formada, aunque en el fondo traducen la misma problemática que exponía magistralmente Platón, en boca de Sócrates: por sí mismas, no dicen nada, porque necesitan, sobre todo, conocer bien a quien las escribe, cuestión ésta no inocente en el mundo digital donde el anonimato es el rey. Continuaba diciendo Sócrates: “Lo que una vez está escrito rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, sin saber, por consiguiente, ni con quién debe hablar, ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre, porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse”.

Al escribir hoy, a mano, unas palabras sobre la tarjeta kalamkari, que han elaborado unas mujeres artesanas en la India, gracias a la Fundación Vicente Ferrer, entregándome un soporte especial, he recuperado en mi persona de secreto algo que aprendí también hace ya bastante tiempo: “El manuscrito tiene una característica evidente, comparado con la máquina de escribir o la pantalla: la individualidad. La letra de una persona es algo exclusivo, como sabe bien el amante que reconoce ya desde el sobre una carta de su amada…” (2). Es lo que probablemente intentó explicarnos Gabriel García Márquez, hace ya muchos años, sobre el realismo mágico de sus palabras manuscritas, aunque él las escribiera con una máquina de escribir clásica que quizás superaba con creces la letra creada por la bola de tungsteno de su bolígrafo BIC de turno. Pero éste probablemente estaba allí, muy pendiente de su mano creadora, al igual que estaba en mi infancia más próxima. Como para él lo estaba de la carta comunicando la pensión al coronel Buendía, que tanto esperó, mucho menos importante que lo que nos sucede en el día a día, cuando vamos como él del timbo al tambo de nuestras vidas.

Si hoy les contado esta historia es porque el significado profundo de kalamkari es ese, el arte de contar historias, como hacían los antepasados en India, artistas en artes varias que, al finalizar sus actuaciones, desenrollaban lienzos de tela para pintar las historias que contaban por los caminos, ante quienes los querían escuchar. En un mundo tan superficial y vacío como en el que vivimos a diario, estas pequeñas cosas son las que, como bien recomendaba Tagore como “pájaro perdido”, debemos entregarlas a las personas que apreciamos, “a nuestros amados” decía él, tal y como lo tradujo con gran sensibilidad Zenobia Camprubí, siempre tan cerca de Juan Ramón Jiménez. A los demás…, sé que sólo les bastan las grandes.

(1) Kalamkari – Wikipedia, la enciclopedia libre

(2) Millán, José Antonio (2015, 22 de octubre). El misterio de las palabrasEl País.com.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¿Qué pasa cuando se digitaliza el desorden en la Administración Pública?

Mariano José de Larra, ¡Vuelva usted mañana! / Plan España Digital 2025

Sevilla, 25/I/2023

Acabo de leer un reportaje en el diario El País que no me ha dejado indiferente, El ‘vía crucis’ de hacer trámites digitales con la Administración: “Cada procedimiento es un mundo con su propia normativa”, porque sé de lo que está hablando por mi trayectoria directiva digital en la Administración Pública y por mi pronunciamiento público insistente sobre la imperiosa y urgente necesidad de la declaración de las estrategias públicas digitales a nivel de Estado y de Comunidades Autónomas, por este orden, al servicio del interés general de la ciudadanía, como se puede constatar en este cuaderno digital a lo largo de sus más de diecisiete años de vida. No voy a publicar de nuevo lo que se puede verificar a través del buscador de este blog, pero sí quiero resaltar ahora las piedras angulares que podrían paliar lo que llamo «desorden público digital», en el que la ciudadanía se pierde y, además, sigue abriendo una brecha digital de amplio espectro, en la que las personas mayores son las grandes damnificadas, aunque en este desorden son muchas las personas afectadas, vulnerables por definición. No digamos, los nadies.

Para empezar, se suele confundir administración electrónica (digital) con gobierno electrónico (digital), que no es lo mismo, porque el gobierno es el antecedente y la administración su consecuente, es decir, si las disposiciones y los procedimientos que se derivan de las disposiciones que emanan de los Gobiernos Correspondientes no están claros, siguen siendo muy confusos y con un lenguaje adverso para la ciudadanía común, no sirve de nada instalar, que no implantar (otro gran problema estratégico, porque no es lo mismo la cacharrería digital que la inteligencia a la que soporta), tecnologías y plataformas digitales de última generación para que se pueda acceder a ellos, porque la administración electrónica, es decir, la que fija el catálogo de procedimientos administrativos susceptibles de digitalización, no cuida la accesibilidad, “digitalmente hablando”, a lo que la disposición dice, produciendo lo que llamo la «digitalización del desorden» a través del programa informático correspondiente que, a veces, hasta recibe premios. ¿Por qué ocurre esto? Básicamente porque cuando se redactan las disposiciones oficiales, en sus diferentes rangos, no son revisadas por expertos en procedimientos digitales con objeto de SIMPLIFICARLAS al máximo y, para que puedan ser accesibles a la ciudadanía.

Otro problema existente es la proliferación de plataformas digitales y software variado hasta unos límites insospechados, básicamente porque las Administraciones han hecho a lo largo de los últimos treinta años una carrera de relevos, digital por supuesto, a ver quién tenía la tecnología mejor y de última generación, obviando criterios técnicos digitales insoslayables, como interoperabilidad, reutilización de repositorios comunes, públicos, en un proceso de economía digital y circular de escala, en definitiva, que facilitara accesibilidad garantizada, sencilla, equitativa y uniforme, entre otras muchas categorías a contemplar, lo que ha propiciado un maremágnum digital caro, ineficiente y de difícil reconstrucción para unas plataformas digitales consolidadas e integradas, al servicio del Estado y de las Comunidades Autónomas, que produciría unos ahorros sustanciales y un servicio impecable y garantista a la ciudadanía, con servicios de atención personalizada de alta disponibilidad, 24x7x365 días al año. El ahorro digital de dinero, espacios y tiempo público, sería extraordinario.

Creo que hay que aplicar inteligencia pública digital a esta situación descrita en el reportaje citado, que podría dar un giro copernicano a la política pública digital de nuestro país, en beneficio de todos, con un objetivo muy claro: no seguir digitalizando el desorden, porque la inteligencia pública digital que existe ya en la Administración, puede ofrecer soluciones urgentes a los Gobiernos correspondientes, así como a los propios profesionales y funcionarios de la Administración Pública, para ofrecer las mejores respuestas a la ciudadanía. Ordenadas digitalmente, en el amplio sentido de estas palabras.

Lo he manifestado muchas veces en este cuaderno digital y en intervenciones públicas en relación con el mundo digital desde la perspectiva de la Administración Pública. Estamos ya instalados en la cuarta revolución industrial donde el talento humano es el rey. Por tanto, el Gobierno Digital, más que instalarse en un continuo problema del calendario de plazos de implantación de la Administración Electrónica con visión muy corta y anticuada de miras de servicio público y atención al interés general digital de la ciudadanía, debería cuidar mucho y con carácter antecedente al Talento Público Digital de los funcionarios y servidores públicos en general, porque estamos ante la cuarta revolución administrativa (con bastantes reservas respecto de las anteriores si es que existieron, que lo dudo), que no acaba de adaptarse a la citada cuarta revolución industrial, debiéndose plantear y desarrollar una Estrategia Pública Digital acorde con estos principios. Estrategia que se define como el proceso organizativo mediante el cual el Gobierno Digital correspondiente, a través de la Política Digital, incorpora a sus funciones directivas y funcionales los sistemas y las tecnologías digitales de la información y comunicación, como escenario y motor de su progreso, y como modelo de integración tecnológica orientada a la ciudadanía. Formando a funcionarios, cientos de miles, en inteligencia (talento) digital aplicada, que se debe contemplar ya en el acceso a la función pública (gran debate pendiente en términos digitales), si se quieren prestar servicios digitales dignos a la ciudadanía formada ya en inteligencia digital aplicada a las necesidades de cada día, con medios tan accesibles como los teléfonos inteligentes, tabletas y el mando del televisor, que conoce a su dueño cada día más y casi sin darse cuenta a través de la memoria predictiva alojada en un chip que no es inocente y que no vemos por sitio alguno.

El problema descrito en el reportaje de referencia, cuando se afirma en él que “Los expertos reclaman unificar procedimientos y un lenguaje más claro y menos técnico para sortear un problema que no solo afecta a la población mayor: más del 80% de los ciudadanos deja a medias algún trámite por no entenderlo”, es de un gran calado digital de carácter público. Lo extraordinario, urgente y necesario es declarar de una vez por todas la transformación digital de este país a través de la transformación urgente del Gobierno actual al uso en Gobierno Digital, para que se puedan aplicar políticas digitales de amplio espectro, tal y como he ido desarrollando a lo largo de los últimos años en este blog. Sería extraordinario comenzar a tejer tejido crítico en este momento digital porque hay razones suficientes de urgencia política en un mundo que cada día se mueve más en torno a la transformación digital de todos los ecosistemas en los que vivimos, estamos y, sobre todo, somos. Creo que se puede comprender mi obstinación, en el más correcto sentido de la palabra y tal como la aprendí hace ya muchos años de Herman Hesse, como decía al comienzo de este artículo. Obstinación, en torno a esa excelente virtud, entendida como la obediencia a una sola ley, la que lleva al propio sentido (digital, por supuesto). Se entiende así que no hablamos de un problema de plazos para la implantación definitiva de la Administración Electrónica (constructo que debería revisarse en sus dos vocablos y sustituirse por Digital), sino de estrategia pública digital de amplio espectro que encuentra su marco de actuación en la legislación digital que aprueba el Gobierno (Digital, por supuesto) correspondiente.

Lo que escribo hoy lo manifiesto como exempleado público, porque he crecido junto a la reiterada referencia a Larra, ¡vuelva usted mañana!, en todos los años de dedicación plena a la función pública: educativa, sanitaria, tributaria y económico-financiera, construyendo día a día y, en contrapartida, lo que llamaba “segundos de credibilidad pública”. Me ha pesado mucho la baja autoestima, ¿larriana?, con la famosa frase de ¡Vuelva usted mañana!, que se percibe en el seno de la Administración Pública por una situación vergonzante que muchas veces no coincide con la realidad, porque desde dentro de la misma Administración hay manifestaciones larvadas, latentes y manifiestas (valga la redundancia) de un “¡hasta aquí hemos llegado!” por parte de empleadas y empleados públicos excelentes, que tienen que convivir a diario con otras empleadas y empleados públicos que reproducen hasta la saciedad a Larra (a veces, digitalizado) y que hacen polvo la imagen auténtica y verdadera que existe también en la trastienda pública. Y muchas empleadas y empleados públicos piensan que la batalla está perdida: unos, por la llamada “politización” de la función pública, olvidando por cierto que la responsabilidad sobre la Administración Pública es siempre del Gobierno correspondiente, y otros, porque piensan que el actual diseño legislativo de la función pública acusa el paso de los años y que la entrada en tromba de las diferentes Administraciones Públicas de las Comunidades Autónomas, obligan a una difícil convivencia de la legislación sustantiva sobre la particular con las llamadas “peculiaridades” de cada territorio autónomo, cuestión no baladí que acaba afectando a los formularios administrativos digitales de los diferentes procedimientos a los que se tiene que enfrentar la ciudadanía en su relación con las diferentes Administraciones Públicas.

Existe en nuestro país un proyecto de Estado ilusionante, el Plan España Digital 2025, que ya traté en el año de su presentación oficial, en un artículo, 5G: una revolución ética y digital, que da sentido a lo anteriormente expuesto, donde en su apartado quinto, Transformación digital del sector público, dice textualmente algo que corrobora lo manifestado hasta aquí: “En general, se demandan servicios más personalizados, más fáciles de usar y más adaptados a nuestras necesidades particulares, y se incrementan las exigencias de mayores niveles de seguridad y de respeto al medio ambiente. Todo ello exige introducir cambios importantes en la forma en que se prestan los servicios públicos y en las infraestructuras que le dan soporte. Las Administraciones Públicas deben innovar de manera permanente. Deben predicar con el ejemplo y ser uno de los motores de la Transformación Digital del país. Deben mantener su compromiso permanente con la ciudadanía y las empresas para ofrecer los mejores servicios públicos posibles e impulsar la colaboración con el sector privado y las organizaciones sociales para encontrar soluciones a las nuevas demandas de servicios públicos”. Leer este documento es imprescindible para poder emitir juicios bien informados, con un objetivo claro: llevar a cabo una auténtica revolución copernicana en la Administración Pública basada en el interés general digital, de corte constitucional (Art. 103), que también existe, para facilitar la interrelación con la ciudadanía en la prestación de los servicios públicos. El Plan así lo afirma con contundencia: “Todo ello explica la urgencia de articular España Digital 2025: una Agenda actualizada que impulse la Transformación Digital de España como una de las palancas fundamentales para relanzar el crecimiento económico, la reducción de la desigualdad, el aumento de la productividad, y el aprovechamiento de todas las oportunidades que brindan estas nuevas tecnologías. Y que lo logre con respeto a los valores constitucionales y europeos, y la protección de los derechos individuales y colectivos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¡Es el business, idiotas!

Mayo del 68, París: Sed realistas, pedid lo imposible

No vivas en la tierra
como un inquilino
ni en la naturaleza
al modo de un turista
Vive en este mundo cual si fuera la casa de tu padre
Cree en los granos en la tierra, en el mar
pero ante todo en el hombre

Nazim Hikmet (1902-1963) Tal vez mi última carta a Mehmet [su hijo]

Sevilla, 23/I/2023

Groucho Marx lo diría así con su sarcasmo impecable: ¿Por qué lo llaman educación cuando lo único que quieren decir es negocio?, con un efecto eco profundo: ¡Es el business, idiotas! (que no os enteráis…). Es lo que he sentido al leer hoy un artículo excelente publicado en elDiario.es, El ‘business’ de los tontos útiles, escrito por Toño Fraguas, redactor jefe de ediciones de esta publicación digital, que refleja perfectamente qué significa hoy educar en todos los niveles posibles, aunque está centrado en el lema “universidad”, como reflexión profunda y necesaria ante lo expresado en una valla publicitaria en Madrid, haciendo alusión a lo que hace un Centro “X” universitario y privado, por más señas: “la única universidad donde solo se habla de business”: “Esto va del sentido de la palabra ‘universidad’ y de la función profunda de la formación académica. El problema, en resumen, es llamar ‘universidad’ a cualquier cosa. Cuesta imaginar a estudiantes que solo hablan de business saliendo a las calles de París en Mayo del 68, como hicieron en la Sorbona; o manifestándose contra la Guerra de Vietnam, como hicieron en Berkeley, California; o contra la dictadura de Franco, como en la Complutense y otras universidades españolas. En la Complutense, precisamente, hay una gran escultura titulada Los portadores de la antorcha que muestra a un joven a caballo recogiendo la antorcha del conocimiento de manos de un anciano exhausto. Es una alegoría de la trasmisión del conocimiento entre generaciones. Cuesta imaginar que lo que arde en esa antorcha pueda quedar reducido al business.

El artículo es magnífico y recomiendo su atenta lectura porque no deja indiferente a quien lo lea con el respeto que merece. El problema no está sólo en la Universidad sino en todo el recorrido educativo en nuestro país. Dice Nuccio Ordine en su precioso libro Clásicos para la vida (1), del que recomiendo su presentación en Madrid para los interesados en esta obra, que la formación “requiere plazos largos. Orientarla exclusivamente por las presuntas ofertas del mercado laboral es perder de antemano la partida. No necesitamos reformas genéricas, sino asegurar una buena selección de los docentes. Los jóvenes reclaman sobre todo profesores que vivan con pasión y con verdadero interés la disciplina que imparten. Se trata de una exigencia sacrosanta, cuyos efectos beneficiosos todos nosotros hemos podido experimentar en nuestra vida estudiantil [-…] No se puede hablar al alumnado sin amar lo que se enseña. O tirar de powerpoint o prezi sin más, repitiendo todo lo que allí se expone sin orden ni concierto, sin alma didáctica alguna a pesar de la modernidad digital.

El autor finaliza su libro con una referencia a Einstein en el capítulo dedicado a la educación en su libro Mis ideas y opiniones y su canto a la curiosidad innata en los seres humanos, que permite desarrollar la creatividad y la fantasía, curiosidad a la que he dedicado bastantes páginas en este cuaderno digital. Dice Ordine que: “La buena escuela no la hacen ni las pizarras interactivas multimedia, ni las tablets, ni los managers, ni los demagógicos acuerdos a corto plazo con empresas y centros profesionales: la hacen solo los “buenos docentes”, aquellos que, renunciando a las “medidas coercitivas”, logran que “la única fuente de respeto del alumno al profesor sean las cualidades humanas e intelectuales de éste” (pág. 71s del libro de Einstein). Al docente le incumbe la delicada misión de hacer comprender a sus estudiantes que la enseñanza es una gran oportunidad ofrecida por la sociedad para ayudarnos a hacernos mejores, mujeres y hombres libres capaces de saber vivir”.

La clave está en comprender cada día (carpe diem) la odisea de vivir dignamente donde somos y estamos, tal y como dice el maravilloso Libro de Instrucciones para Vivir Dignamente, que me dicen que está agotado desde hace muchos siglos, aunque lo más importante en estos días de turbación social continua y las consiguientes mudanzas del alma, es estar bien informados para crecer en optimismo responsable y regar diariamente el jardín de la inteligencia, como decía Voltaire. Vuelvo a leer al poeta turco Nazim Hikmet, intentando vislumbrar la quintaesencia del poema que encabeza estas líneas, más que los fárragos de la vida diaria, que diría Baltasar Gracián, es decir, qué significa luchar por la libertad y el arte de vivir a pesar de todo el «business» que hay montado en nuestro alrededor más próximo, señalando diferentes principios para incorporarlos desde hoy mismo al Manual para Vivir con Dignidad, cada día, en un carpe diem continuo y lleno de esperanza educadora, poniendo al capital y al business en su sitio, porque todo no es pura mercancía:

Ama la nube, la máquina y el libro
pero ante todo, ama al hombre
Siente la tristeza
de la rama que se seca
del planeta que se extingue
del animal inválido
pero siente ante todo la tristeza del hombre
Que todos los bienes terrestres
te prodiguen la alegría
Que la sombra y la luz
te prodiguen la alegría
Que las cuatro estaciones
te prodiguen la alegría
Pero ante todo, que el hombre
te prodigue la alegría

Vuelvo al artículo de Fraguas y leo con atención reverencial unas palabras que me han llegado muy a fondo en mi alma de secreto: “Lo que es seguro es que quien solo habla de business [negocio] nunca va a aprender que el trabajo es lo contrario del estudio; porque la función de esas pseudouniversidades no es otra que troquelar personas para que encajen en un engranaje mayor. La fragmentación y la compartimentación de los conocimientos es muy útil para neutralizar el progreso. La ultraespecialización es un sofisticado mecanismo de control social: funciona como las anteojeras que impiden a las burros mirar hacia los lados y elegir su propio camino. Quienes se contentan con saber solo de lo suyo suelen jactarse de ganar dinero y ser útiles, sin sospechar que en realidad más bien sirven como tontos útiles. Y cabe preguntarse a quién beneficia realmente esa utilidad”.

Lo que está de fondo es lo que Nuccio Ordine (vuelvo a él) llama también La utilidad de lo inútil (2), porque vivimos instalados en una sociedad utilitarista, presidida por el imperio del mercado y sus mercancías, cuestión que se analiza a fondo en las clases maestras de las universidades donde el negocio (business) es el negocio (business) y nada más, ¡Es el business, idiota!. recordando al asesor de Clinton en aquel exabrupto del que ahora me acuerdo y que dio la vuelta al mundo en su campaña de 1992: ¡Es la economía, idiotas!. Los que tenemos la sensación de habernos equivocado de siglo lo pasamos muy mal, porque estamos convencidos del placer de lo inútil. La lectura de ese libro, muy recomendable, me refresca continuamente esos conceptos que hoy recupero en esta reflexión compartida con la Noosfera. Muy útil también para espíritus inquietos que priman el valor del conocimiento y de la admiración por todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Imprescindible para militantes del Club de las Personas Dignas, al que tengo el honor de pertenecer. En este libro de 172 páginas útiles para comprender el oxímoron “utilidad de lo inútil”, el autor despeja inmediatamente cualquier duda al explicar que la referencia a la utilidad se centra solo en aquellos saberes “cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista”. Es útil todo aquello que nos ayuda a ser mejores y decir esto en una sociedad de mercado y business puro y duro, es para obtener matrícula de honor en la Universidad de las grandes avenidas digitales del mundo actual, a las que se asiste a clases “útiles” en zapatillas (pantuflas), a través de la educación digital, por ejemplo, como explicaba muy bien en su momento el profesor libertario Michel Onfray, del que también he aprendido muchas cosas en su universidad de la calle, de las aceras de la vida, muy lejos del canon universitario oficial. 

(1) Ordine, Nuccio. Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal, 2017. Barcelona: Acantilado.

(2) Ordine, Nuccio. La utilidad de lo inútil, 2017 (17ª ed.). Barcelona: Acantilado.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Acoger al ruiseñor siberiano, una metáfora sobre los prejuicios humanos

Sevilla, 22/I/20223

Podría pasar la noticia sin pena ni gloria, pero me ha sorprendido conocer que el ruiseñor siberiano, concretamente el coliazul, ha sido localizado en España, concretamente en dos lugares, Huesca y Albacete, siendo una rareza ornitológica, porque la elección de esta ruta migratoria para su invernación es una gran sorpresa para los investigadores. La noticia en sí me ha llevado de la mente a una metáfora recurrente cada vez que me aproximo a este pequeño pájaro, que demuestra ahora, de forma sorprendente, su capacidad de vuelo en grandes distancias para alejarse del frío siberiano y buscar calor en nuestro país, a pesar de su fragilidad, a modo de una metáfora propiciatoria sobre el comportamiento humano, sobre los prejuicios, sobre la migración mal entendida.

Hace tan sólo un año, me aproximé también a un acontecimiento ligado al mundo de los ruiseñores a través de un artículo, No matar a los ruiseñores (ni a los gorriones), que he vuelto a leer atentamente. Se trataba de una noticia que había saltado a todos los medios de comunicación, porque Matar a un ruiseñor había sido elegido, por parte de los lectores y críticos de The New York Times, el mejor libro escrito de los últimos 125 años. La novela de la escritora americana Harper Lee resultó elegida entre 125 libros de todos los géneros, con motivo del aniversario del suplemento Book Review del citado periódico. Una vez más, esta novela mostró que a pesar del paso de los años desde su publicación en 1960, no había perdido interés por su contenido plagado de matices éticos, sociales y humanos. Lo demuestra el hecho de que en esta convocatoria se habían propuesto hasta 125 libros de todo tipo de géneros, ensayos, biografías o novelas, participando 67 países y más de 50 estados (América). La obra obtuvo el Premio Pulitzer en el año siguiente de su publicación. Como anécdota interesante en su forma, que no en el fondo de la novela, es que la traducción del título de la obra “Matar a un ruiseñor” (To Kill a Mockingbird) no es correcta, porque el pájaro que trata en ella es concretamente un cenzontle común o sinsonte, un ave nativa de América del Norte, América Central y el Caribe, pero no un ruiseñor. Ambas aves cantan especialmente bien, son de tamaño parecido aunque de costumbres diferentes y quizás sea el canto en ambas una de sus señas de identidad y proximidad cantora más reconocible.

El argumento de la novela es de sobra conocido y en el artículo citado lo desarrollé brevemente para quien lo quiera consultar. El momento mágico de la comparación con esta pequeña ave, es cuando la niña, Scout, le dice a su padre que exponer a Boo Radley, su salvador en un momento comprometido del argumento, al escrutinio público de un juicio le causaría gran perjuicio, algo que «sería como matar un ruiseñor», haciendo referencia a un consejo dado por el mismo Atticus [su padre] en el que decía que matar ruiseñores, que solo cantan y no hacen daño, es un acto malvado” (1).

Al saber que este pequeño pájaro coliazul está invernando con nosotros, vuelvo a pensar que cualquier parecido con la realidad actual social en muchas de sus manifestaciones no es pura coincidencia. La trazabilidad ética de Matar a un ruiseñor sigue manteniendo su interés en relación con posturas actuales frente a los juicios precipitados que hacemos a diario, matando a ruiseñores a diestro y siniestro. Comprendo perfectamente que Matar a un ruiseñor siga siendo elegida como una obra extraordinaria. La película que se hizo sobre su fondo argumental tampoco la olvido. Tampoco la escena en que Atticus (Gregory Peck) explica a su hijo Jem a Scout y un amigo, Walter, que no se deben matar a los ruiseñores porque “no hacen otra cosa que cantar para regalarnos el oído, no picotean en los sembrados, no entran en los graneros para comerse el trigo, no hacen más que cantar con todas sus fuerzas para alegrarnos”. El que quiera entender que entienda, aunque yo lo comprendí muy bien el día que conocí a Pardal, un niño-gorrión, pequeño como el ruiseñor, que estaba asombrado con su profesor republicano porque un día le dijo que podría ver la lengua de las mariposas con el microscopio que esperaban con ardiente impaciencia de los de la Instrucción Pública, con la voz inconfundible de Fernando Fernán Gómez en el papel de su maestro, Don Gregorio: “[…] una trompeta enroscada como un muelle de reloj. Si hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cuando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar, ¿a que sentís ya el dulce en la boca como si la yema fuese la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa” (2). Y aquel niño, como un gorrión, tuvo siempre envidia de las mariposas: “Qué maravilla. Ir por el mundo volando con esos trajes de fiesta…”. Así, ensimismado con la vida, hasta que un día el maestro, Don Gregorio, desaparece en una cordada de presos durante la guerra civil española, a los que incluso él insulta y tira piedras por el sinsentido de la vida, por tanto silencio cómplice que nos asola ¡Qué paradoja tan cercana!

Ejemplar de ruiseñor coliazul fotografiado el 29 de diciembre de 2022, en Sasa del Abadiado (Huesca)

Hoy comprendo mejor que nunca que no hay que matar a los ruiseñores, ni a los gorriones, porque es una maravilla de la naturaleza saber que uno de su especie, el coliazul, ha hecho un largo viaje hasta nuestro país para buscar protección del frío y del duro invierno siberiano. Es una metáfora migratoria que llevada al género humano se convierte en toda una lección. Un detalle curioso es que sé que se llevan bien con las mariposas, esas que vuelan por el mundo con traje de fiesta. Me retiro ahora, una vez más, a mi rincón de pensar y escucho la canción de Joan Manuel Serrat, Como un gorrión, que tanto me aportó en mi vida joven, porque soy consciente, todavía hoy, lo que significaba aquello que cantaba para quien lo quisiera escuchar: “nació libre como el viento, / no tiene amo ni patrón / y se mueve por instinto / como un gorrión”, como el coliazul siberiano, por ejemplo. Con el estribillo de la vida que cada uno pone a su verdad verdadera. Por ejemplo, la de Papageno, el protagonista de “La flauta mágica” de Mozart, encantador de pájaros, sin ir más lejos o… sí, para tutearnos con las nubes mientras lo permita el cambio climático. Como un ruiseñor, como un coliazul o como un gorrión.

Canto del ruiseñor

(1) Matar un ruiseñor – Wikipedia, la enciclopedia libre

(2) Rivas, Manuel, La lengua de las mariposas, en ¿Qué me quieres, amor?, 1999. Madrid: Alfaguara.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Una pregunta inquietante: ¿por qué es Andalucía la gran “beneficiada” del Ingreso Mínimo Vital?

Sevilla, 21/I/2023

Contra hechos no valen argumentos, que decían los clásicos. Según los datos acumulados por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, referidos al Ingreso Mínimo Vital (IMV), de altas iniciales de prestaciones que han figurado en nómina según comunidad autónoma y provincia en el periodo comprendido desde Junio de 2020 a diciembre de 2022, desde la entrada en vigor del Real Decreto-ley 20/2020, de 29 de mayo, por el que se estableció el ingreso mínimo vital, Andalucía es la Comunidad Autónoma más beneficiada de esta prestación hasta esta fecha, aunque todavía hay miles de expedientes sin ser resueltos favorablemente para sus potenciales beneficiarios. Exactamente, el 31,62% del total de personas beneficiarias en España, 1.542.675, pertenecen a la Comunidad Autónoma de Andalucía, 487.743. Por orden estadístico, le siguen la Comunidad Valenciana, con el 11,82%, con casi veinte puntos de diferencia por debajo, Madrid con el 10%, Cataluña el 8,63%, Galicia el 4,53% y Euskadi con el 3,07%. En relación con Andalucía, el número de personas beneficiadas alcanza el 5% de la población, porcentaje que duplica y triplica el de las otras comunidades autónomas citadas y cuyos pormenores, muy interesantes por cierto, se pueden visualizar en el documento facilitado por el Ministerio sobre los datos acumulados en el tiempo de vigencia de la Ley del IMV, con un análisis exhaustivo de los diferentes beneficiarios tanto a nivel individual como de tipo de hogar.

Los datos expuestos anteriormente reflejan una realidad que tiene una doble lectura, la del beneficio obvio, ¡bienvenido sea! y la del reflejo de una situación lacerante de pobreza y de desigualdad territorial clamorosa, por lo que no es apropiado lanzar las campanas al vuelo al conocer este “liderazgo”, sino llevarnos a una reflexión profunda de la realidad social de Andalucía. El pasado mes de octubre de 2022, publiqué un artículo en este cuaderno digital, Andalucía sigue presentando datos muy preocupantes de pobreza y exclusión social,suficientemente documentado sobre esta realidad social citada anteriormente. Como dije en aquella ocasión, no quiero abrumar con más datos, porque los aportados eran muy significativos. El Informe oficial que citaba en el mismo, “El Estado de la Pobreza. Seguimiento de los indicadores de la Agenda 2030 UE 2015 – 2021”, elaborado por La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), sigue estando a nuestra disposición y, sobre todo, de las Autoridades Públicas, a quienes corresponde tomar medidas urgentes, algunas de emergencia social, para paliar la situación actual en de pobreza en Andalucía. Conocer con datos científicos que 2.738.318 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía, es decir un 32,3% del total de población,  están viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa en un porcentaje del 8,1% del total, es decir, casi un millón y medio de personas, son cifras lo suficientemente elocuentes que confirman que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque como decía al principio de este artículo, contra datos no valen argumentos. Medidas como el ingreso mínimo vital (IMV), el incremento del salario mínimo y los ERTEs, han paliado en parte estas cifras, como decía al principio con los datos facilitados por el Ministerio correspondiente a 31 de diciembre de 2022, pero se demuestra en el informe del Estado de la Pobreza, que a pesar de ello Andalucía arrastra una pobreza que no le permite levantar cabeza desde la corresponsabilidad social y territorial. El Escudo Social que impulsó el Gobierno ante la pandemia ha permitido que un millón y medio de personas haya evitado entrar en situación de pobreza durante la COVID-19: “Sin embargo, esta cifra no puede ocultar la gravedad de una situación que nos coloca como el cuarto país en Europa con más personas en situación de pobreza y exclusión social, unas cifras que ya venían empeorando antes de pandemia, y cuyo impacto no ha hecho más que agravar”.

Queda mucho por hacer, pero sobre todo hay que analizar a fondo qué pasa en Andalucía para que arroje cifras tan contundentes en relación con la pobreza severa que sufren determinadas personas, hogares, niños y niñas en esta tierra tan fértil y tan bien acompañada por su propia naturaleza. El Ingreso Mínimo Vital hace todos los días una radiografía sobre lo que está pasando en esta Comunidad y aunque tengamos datos muy significativos del alcance de esta prestación en este territorio, hay que aceptar que en el fondo es una forma de entender el doble rasero del beneficio obtenido, que debería centrarse sobre todo en romper definitivamente la desigualdad territorial en la que estamos inmersos. Lo digo porque un Informe complementario del anterior, por Comunidades Autónomas, permite bajar al detalle de la territorialidad y lo que supone en la actualidad en este país tan invertebrado. Con independencia de que cada persona debe analizar los datos según sus posiciones previas de interés social, me preocupa de nuevo el de la territorialidad, ratificado por la muestra en relación con el desarrollo del IMV en Andalucía, citado al principio: “Desde hace muchos años este informe viene mostrando las grandes disparidades en la calidad de vida de las personas según el territorio donde viven. Nuevamente, debe insistirse en que las desigualdades territoriales no aparecen de la nada. Es cierto que la pobreza y la exclusión social se distribuyen diferencialmente en los territorios en función de la configuración histórica de las comunidades autónomas, la posición geográfica, la naturaleza de la economía y la evolución del PIB, la distribución de la población y otros aspectos estructurales; pero también dependen de la gestión política, la inversión pública del Estado, la inversión de fondos europeos y las políticas comunes, es decir, de las distintas estrategias de cohesión e integración social que se ponen en marcha en los distintos niveles de la administración -local, regional, nacional, europeo-. Todo ello es importante, especialmente en estos tiempos –no solo a causa de la pandemia–, también porque parece reactivarse el interés por enfrentarse de una vez al problema de la financiación territorial. En los términos que interesan aquí, el territorio es una significativa fuente de desigualdad y la cohesión territorial debería ser, no solo desde un punto de vista formal, un importante objetivo político”.

Hay que atacar los problemas estructurales de Andalucía para paliar los efectos del subsidio permanente, que traduce un desajuste social impresionante en esta Comunidad. Lo digo porque en esta Comunidad sigue habiendo muchos nadies que esperan la dignidad personal mediante un puesto de trabajo para no tener que recurrir a las ayudas del Estado o de la Comunidad Autónoma correspondiente, tipo IMV, entre otros, para seguir viviendo. Lo dije en un artículo publicado no hace tanto tiempo en este cuaderno digital, Los nadies sufrirán la supresión del impuesto de patrimonio en Andalucía, que puede ser de utilidad plena para darse cuenta de que cualquier medida regresiva en Andalucía para obtener recaudación pública en beneficio de los que menos tienen, los pobres citados en el informe anterior, nos debería preocupar y mucho ante la realidad expuesta con cifras elocuentes por sí mismas. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país, en mi Comunidad Autónoma, sin ir más lejos. Personalmente, lo tengo claro: compartir y defender con datos algo palmario: que sólo con un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se dicten leyes con urgencia para solucionar esta situación transformando la sociedad española. Será la única forma de que podamos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies.

NOTA: la imagen de la cabecera se ha recuperado del informe Familias en riesgo, publicado en 2020 por la ONG Save the Children

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Es difícil encontrar la calle de la dulzura

Anne Dufourmantelle

Sevilla, 19/I/2023

¿Quién va a negar que es difícil caminar por la calle de la dulzura, cuando lo habitual, en el callejero ético de la vida, es hacerlo frecuentemente por la de la amargura? Lo digo hoy porque los medios de comunicación, en su gran mayoría, aunque con honrosas excepciones, van saltando últimamente de noticia en noticia, a cual más desagradable o, al menos, turbadora para almas inquietas. Por esta razón he buscado de nuevo en este cuaderno digital un artículo que escribí en 2017, La calle de la dulzura, para leerlo de nuevo y actualizarlo en su contenido, por necesidad, no por azar. Decía en aquella ocasión que “las personas que pertenecemos al Club de las Personas Dignas, con militancia virtual activa como credencial de pertenencia al Club, por creencia en la dignidad, deberíamos hablar más a menudo de la calle de la dulzura, ante las oleadas de propaganda sobre la calle de la amargura que no localiza con facilidad el callejero más sofisticado del mundo, porque solo existe en lo más recóndito del alma humana. La dulzura refuerza la dignidad, entendida como seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse una persona, es decir, manifestando pureza, honestidad y recato, de la que se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente. Con dulzura”.

Al igual que hice en aquella ocasión, hoy deseo hablar de esta realidad, como un nuevo homenaje a la psicoanalista y filósofa francesa Anne Dufourmantelle, que falleció en el mes de julio de 2017 en una playa cercana a Saint Tropez intentando salvar a dos niños, hijos de unos amigos, consiguiéndolo, pero cuya acción le costó la vida. Fue en ese delicado momento y lo sigue siendo hoy un símbolo, porque Anne era una defensora a ultranza de saber convivir con el riesgo, porque es lo que daba sentido a su vida. También, de la necesidad de vivir unidos a la dulzura, habiendo escrito un libro, Puissance de la douceur (1), de gran interés sobre esta realidad esencial de la vida, que es un enigma en principio pero que, cuando se experimenta como poder de transformación de personas y cosas se vislumbra como una realidad necesaria. Su enfoque es muy práctico huyendo de la sensiblería que suele adornar este término, llegándolo a definir incluso como un acto político ante las violencias de la vida en todos los ámbitos posibles que podamos imaginar.

Recurro también en estos momentos de trasiego ético yendo del timbo al tambo, que decía Gabriel García Márquez en sus cuentos peregrinos, al gran filósofo Aristóteles, nada pasado de moda, al revés, porque nos aportó hace ya muchos siglos una reflexión muy interesante sobre la dulzura. Se encuentra en La gran moral, libro I, capítulo 21: “[…] Digamos ante todo que la dulzura es un medio entre el arrebato, que conduce siempre a la cólera, y la impasibilidad que no puede nunca llegar a sentirla. […] El hombre irascible es el que se irrita contra todo el mundo, en todo caso y más allá de los límites debidos. Es una disposición muy reprensible, porque no conviene irritarse contra todo el mundo, ni por todas las cosas, ni de todas maneras, ni siempre; lo mismo que no conviene tampoco no irritarse jamás, por ningún motivo, ni contra nadie. Este exceso de impasibilidad es tan reprensible como el otro. Pero si uno se hace reprensible por incurrir en exceso o en defecto, el que sabe permanecer en el verdadero medio es a la vez dulce y digno de alabanza. No es posible aprobar el carácter del que experimenta muy vivamente el sentimiento de la cólera, ni el del que apenas lo siente; pero se llama verdaderamente dulce al que sabe mantenerse en lo justo entre estos dos extremos. Así pues la dulzura es el medio entre las pasiones que acabamos de describir”.

Cualquiera de las acepciones de dulzura, según el diccionario de la RAE, simboliza muy bien qué intentamos comprender en relación con su significado: cualidad de dulce, suavidad, deleite, afabilidad, bondad, docilidad y palabra cariñosa, placentera. En tiempos modernos, es imprescindible organizar una operación rescate de la dulzura y una vez construida su calle en la vida, de la que todos podamos hablar, podremos pensar que un día se pueda convertir en las grandes alamedas que citaba Allende: “[…] Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Con dulzura, como acto político, que también es posible frente a la amargura de vivir.

Avanzando en el texto del artículo citado, decía que en ese día en que me enfrentaba una vez más a la página en blanco había leído en el diario El País una noticia sobre la calle de la amargura: “Diga su edad y Google responderá qué le lleva por la calle de la amargura”, que me sorprendió por su mezcla de frivolidad y notaría virtual de lo que parece que hace sufrir mucho a las personas. Son proposiciones digitales, nada más, pero también comentaba que para hacer las comparaciones oportunas había buscado la “calle de la dulzura”, en Google también, con una gran sorpresa: solo aparecían 29 resultados en la búsqueda, en 39 segundos, centrados en una calle de Madrid que tiene el honor de llevar ese nombre. Por el contrario, la búsqueda de “calle de la amargura” arrojó un dato demoledor: 1.950.000 resultados, en solo 0,74 segundos. Sin comentarios. Hoy he vuelto a repetir esta operación y el resultado ha sido el siguiente: respecto de la “calle de la dulzura”, ha devuelto el dato de 50 50 resultados, en un tiempo de respuesta de 0,42 segundos. De la misma forma, escribiendo exactamente “calle de la amargura”, el dato ha sido más “optimista” que en 2017: 334.000 resultados (0,42 segundos). Más allá del este resultado global por la aplicación de nuevos algoritmos de búsqueda, no deja de ser tan sólo una metáfora que he querido utilizar de nuevo para reflexionar sobre la necesidad de caminar más a menudo por la calle de la dulzura en la vida, salvando lo que haya que salvar, porque la de la amargura ya se transita con una frecuencia inusitada.

Acabo con la última reflexión de 2017: queda un trabajo arduo, por delante, en el Club de las Personas Dignas, para construir teoría crítica sobre la calle de la dulzura, con objeto de que millones de personas podamos transitar por ella. Probablemente, tendremos que formarnos en el conocimiento de qué significa ese nombre tan atractivo para convertirlo en creencia. Es el mejor homenaje que podemos hacer hoy de nuevo a la psicoanalista y filósofa Anne Dufourmantelle, defensora a ultranza de esta forma de ser en el mundo. Pongámonos a ello. Hoy, a leer su libro de impecable contenido para los tiempos modernos, instalados en la amargura dialéctica de vivir apasionadamente pero sin poder hacerlo con la dignidad que requiere la existencia de un mundo diferente, con calles y alamedas de la dulzura para que puedan pasear por ellas las personas libres.

NOTA: la fotografía de Anne Dufourmantelle se recuperó el 26 de julio de 2017 de http://madame.lefigaro.fr/bien-etre/anne-dufourmantelle-gardons-le-secret-210515-96654

(1) Dufourmantelle, Anne (2013). Puissance de la douceur. París: Payot.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Aciertos breves para vivir dignamente

Baltasar Gracián

Sevilla, 18/I/2023

La vida es un camino muy largo en el que necesitamos pertrechos de aciertos para vivir con prudencia, a modo de guía del alma, tal y como lo aprendí en su día de Baltasar Gracián (Belmonte de Gracián, 8 de enero de 1601 – Tarazona, 6 de diciembre de 1658), en el prólogo de su afamado Oráculo Manual y el Arte de la Prudencia (1): “Ni al justo leyes, ni al sabio consejos; pero ninguno supo bastantemente para sí. Una cosa me has de perdonar y otra agradecer. El llamar Oráculo a este epítome de aciertos del vivir, pues lo es en lo sentencioso y lo conciso. El ofrecerte de un rasgo todos los doce Gracianes, tan estimado cada uno que el Discreto apenas se vio en España cuando se logró en Francia, traducido en su lengua, e impreso en su Corte. Sirva este de memorial a la razón en el banquete de sus sabios, en que registre los platos prudenciales que se le irán sirviendo en las demás obras, para distribuir el gusto genialmente”.

La verdad es que este libro que todavía alcanza éxito mundial de ventas en momentos delicados de la sociedad, sirve platos de prudencia, hasta trescientos exactamente, con el que hacer un menú casi a diario para aprender a vivir con acierto. A Gracián lo recordamos siempre por su famoso aforismo sobre la brevedad, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, aunque ignoramos su texto real y contexto, como aprendí también de un autor dedicado en cuerpo y alma a este género literario, Jorge Wagensberg, un divulgador de la ciencia muy necesario para este país, al que he seguido de cerca en una tarea muy inteligente de aprehender el mundo a través de los aforismos. Me gusta comprenderlos en el sentido que ya se definió por primera vez, en el siglo XVIII, en el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí: “Sentencia breve y doctrinal, que en pocas palabras explica y comprehende la esencia de las cosas” (RAE A 1726, pág. 338,1). Y vuelven a estar de moda, quizá porque la velocidad que se imprime a la vida diaria necesita de estos “pretextos para textos fuera de contexto”, como lo definió Jorge Wagensberg en un artículo de opinión, extraordinario, que se publicó en el suplemento Babelia, de El País, en 2012 (2).

En relación con el aforismo anterior o acierto para vivir, en referencia a la brevedad, Gracián lo une al “plato prudencial” de no cansar, concretamente en el que ocupa el número 105 de su obra: “No cansar. Suele ser pesado el hombre de un negocio, y el de un verbo. La brevedad es lisonjera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos; y es verdad común que hombre largo raras veces entendido, no tanto en lo material de la disposición cuanto en lo formal del discurso. Hay hombres que sirven más de embarazo que de adorno del universo, alhajas perdidas que todos las desvían. Escuse el Discreto el embarazar, y mucho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados, y sería peor desazonar uno de ellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dice presto”.

Cumplo con la indicación de Baltasar Gracián y finalizo hoy esta reflexión breve, tomando conciencia de que su libro de la prudencia es más necesario que nunca, a pesar de que contiene trescientos aciertos para vivir dignamente y uno final que no deja títere con cabeza en un mundo descreído como el nuestro, cuando lo resume todo en una solo plato, como postre espiritual para alcanzar el cénit de la prudencia: “En una palabra, santo, que es decirlo todo de una vez. Es la virtud cadena de todas las perfecciones, centro de las felicidades. Ella hace un sujeto prudente, atento, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, reportado, entero, feliz, plausible, verdadero y universal héroe. Tres eses hacen dichoso: santo, sano y sabio. La virtud es el sol del mundo menor, y tiene por hemisferio la buena conciencia; es tan hermosa, que se lleva la gracia de Dios y de las gentes. No hay cosa amable sino la virtud, ni aborrecible sino el vicio. La virtud es cosa de veras, todo lo demás de burlas. La capacidad y grandeza se ha de medir por la virtud, no por la fortuna. Ella sola se basta a sí misma. Vivo el hombre, le hace amable; y muerto, memorable”.

(1) Gracián, Baltasar, El arte de la prudencia, 2012, Barcelona: Ariel (Planeta), edición de Emilio Blanco.

(2) Wagensberg, Jorge (2012, 12 de mayo), Pretexto para un texto fuera de contexto, en Babelia (El País).

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Hay que prestar especial atención a la atención

Sevilla, 17/I/2023

Nada es para siempre.

Por eso debemos estar atentos, listos para el cambio, preparados para toda circunstancia porque la vida es como es, no como debería ser.

Facundo Cabral, en No estás Deprimido, estás Distraído

Navegando por el mar proceloso de cada día, he descubierto un libro para llevar en la mochila virtual, mental por supuesto, para guiar los pasos a la próxima isla por descubrir en nosotros mismos, tantas veces recordada gracias a Jose Saramago en su Cuento de la isla desconocida. Se trata de una obra publicada hace tan solo unos días, en la editorial Península, con un título atractivo en sí mismo: El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla, escrito por Johann Hari, cuya sinopsis oficial nos orienta en su contenido: “La atención ha entrado en una profunda crisis. ¿Cuáles son los motivos?, ¿quién nos la está robando?, y, más importante aún, ¿cómo podemos recuperar nuestra capacidad de concentración? Un demoledor ensayo que indaga en una de las grandes epidemias del momento y en sus posibles soluciones. Según algunos de los últimos estudios publicados, los adolescentes solo son capaces de concentrarse en una tarea durante sesenta y cinco segundos, mientras que los adultos apenas pueden aguantar tres minutos. Como muchos de nosotros, Johann Hari es consciente del peligro que supone la omnipresencia de las pantallas, así como de esa imperiosa necesidad que nos asalta de pasar constantemente de un dispositivo a otro sin levantar la vista. Hoy en día, lograr el estado de concentración necesario para acometer labores intelectualmente complejas y exigentes es casi una quimera. Hari decidió entrevistar a los principales expertos en concentración humana para identificar las causas de esta crisis. En El valor de la atención desglosa los doce factores que la generaron –desde nuestra incapacidad de dejar fluir la mente hasta la contaminación en las ciudades–, y denuncia a las poderosas empresas que nos están robando el foco. Además, nos da las herramientas para entender la situación, defendernos y recuperar nuestra capacidad de vivir con atención”.

Tengo que reconocer que la atención es algo que, me preocupa dese hace ya muchos años, quizás porque estoy educado en la necesidad de admirarme de las personas y de casi todas las cosas, como tantas veces he explicado en este cuaderno digital. Siempre he sentido curiosidad por todo, en un mundo plagado de cotilleo y cotillas, aunque bautizado últimamente como “el universo del entretenimiento” donde todo cabe y en el que la cultura digna brilla por su ausencia. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, prestándole mucha atención, por muy intranscendente que sea o supuestamente inútil, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que la curiosidad sigue siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

El placer de la atención, de la curiosidad sabia, no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas atentas, curiosas, la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada. Es lo que Hari ha manifestado para un artículo reciente, publicado en elDiario.es, en torno a su nueva obra: “Hay que entender que no tenemos que sentirnos mal porque nos cueste prestar atención. Tampoco si le ocurre a nuestros hijos. Ni ellos ni nosotros tenemos nada malo, tiene que ver con la forma en que vivimos. Si lo comprendemos, podemos empezar a reordenar las cosas”, anima, “hemos llegado hasta aquí sin ser conscientes de cómo nos iba a afectar”. Por ello, insiste en aprovechar la oportunidad que se abre: “Tenemos que decidir qué queremos y luchar por ello. Podemos hacer muchas cosas para defendernos”. “La atención es nuestro superpoder”.

Este mundo en el que vivimos, diseñado a veces por el enemigo, me recuerda una canción que recupero ahora de la banda sonora de mi vida, El tiempo que te quede libre, como homenaje a la atención que puede ser de aplicación selectiva para aquellas personas a las que queremos y que a veces hemos plagado de ausencias múltiples en la vida compartida, como el mejor ejemplo de la necesaria atención que debemos recuperar en nuestras vidas, de la que nos alejan intereses mercantiles no inocentes. Para devolverles, si es posible, la dedicación que merecen siempre durante todos los días y meses del año, durante toda la vida, conjugando todos los tiempos posibles del tiempo que nos queda libre para dedicarlo a la atención plena de él, de ella, de vosotros y… de ellos, de los que sabemos que más lo necesitan, porque muchas veces nos han pedido la atención, el tiempo al que se refiere la canción, a veces solo dos minutos o un minuto nada más: El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí / a cambio de mi vida entera / o lo que me queda y que te ofrezco yo. // Atiende preferentemente / a toda esa gente que te pide amor; / pero el tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí. // No importa que sean dos minutos / o si es uno sólo, yo seré feliz; / con tal de que vivamos juntos / lo mejor de todo dedicado a mí. / El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

No al edadismo: creemos entre todos un mundo habitable y digno para todas las edades

Yo no creo en la edad.

Todos los viejos
llevan
en los ojos
un niño,
y los niños
a veces
nos observan
como ancianos profundos.

Pablo Neruda, Oda a la edad

Sevilla, 11/I/2023

No es la primera vez que abordo los problemas que existen en el entorno de las personas de edad infantil, juvenil y avanzada, sobre todo en la vertiente de pobreza extrema y soledad no deseada, también en las clasificaciones oficiales por edad en diferentes programas políticos, así como las que hace la propia sociedad por su cultura, creencia y tradición, pero es importante conocer bien qué se entiende como edadismo, vocablo no inocente que encierra una realidad muy amplia y dura al mismo tiempo, en el desarrollo de una persona y en el entorno en el que viven. Así lo analizó el informe que la Organización Mundial de la Salud y Naciones Unidas publicaron en 2021 con el titulo Edadismo, cuya sinopsis no deja lugar a dudas sobre su contenido: “La edad es una de las primeras características que observamos en otras personas. El edadismo surge cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que ocasionan daño, desventaja o injusticia, y menoscaban la solidaridad intergeneracional. El edadismo perjudica nuestra salud y bienestar y constituye un obstáculo importante para la formulación de políticas eficaces y la adopción de medidas relativas al envejecimiento saludable, tal como reconocieron los Estados Miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la Estrategia y plan de acción mundiales sobre el envejecimiento y la salud, y en el Decenio del Envejecimiento Saludable (2021-2030). En respuesta a ello, se pidió a la OMS que pusiera en marcha con sus asociados una campaña mundial de lucha contra el edadismo, en la que se inscribe este informe. Este informe, elaborado por la OMS, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas y el Fondo de Población de las Naciones Unidas, está dirigido a los encargados de formular políticas, profesionales, investigadores, organismos de desarrollo y miembros del sector privado y la sociedad civil. Después de definir la naturaleza del edadismo, se resumen las mejores pruebas sobre la escala, los efectos y los determinantes del edadismo, y las estrategias más eficaces para reducirlo. Concluye con tres recomendaciones de actuación basadas en pruebas científicas para crear un mundo para todas las edades”.

Para comprender bien qué significa el término “edadismo”, la OMS define con exactitud a qué nos referimos al pronunciar esta palabra tan desconocida: “La edad es una de las primeras características (junto con el sexo y la raza) que notamos sobre las personas cuando interactuamos con ellas. El edadismo surge cuando se utiliza la edad para clasificar y dividir a las personas de una forma que comporta un daño, desventaja o injusticia, y que erosiona la solidaridad intergeneracional. El edadismo adopta muchas formas a lo largo de nuestra vida. Imagine que es ignorado sistemáticamente por sus compañeros y supervisores en el lugar de trabajo, tratado con condescendencia por su familia en casa, que le niegan un préstamo en el banco, que es insultado o evitado por la calle, acusado de brujería, que se le niega el acceso a su propiedad o a su tierra, o que no se le ofrece tratamiento en un consultorio, todo ello simplemente a causa de su edad. Estos son algunos ejemplos de cómo el edadismo impregna nuestras vidas, desde la edad más temprana hasta la más avanzada. El edadismo es un fenómeno social polifacético que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como los estereotipos, los prejuicios y la discriminación contra otras personas o autoinfligido por razones de edad”. El edadismo tiene varios aspectos interrelacionados que se analizan en el informe citado a través de sus tres dimensiones principales: estereotipos (pensamientos), prejuicios (sentimientos) y discriminación (acciones o comportamientos), lo que permite “concientizar a las personas y asegurar la uniformidad en la investigación, las políticas y las prácticas aplicadas”. A continuación el informe describe “las intersecciones entre el edadismo y otros “-ismos”, como el sexismo y el capacitismo, y se muestra cómo se acumulan sus respectivas repercusiones. La edad y la etapa de vida son determinadas en parte socialmente Si bien la edad está correlacionada con los procesos biológicos, se configura también socialmente. Considerar a determinadas personas jóvenes o mayores es algo que depende en parte del contexto, el propósito y la cultura. A la edad de 18 años es posible que le consideren demasiado mayor para llegar a ser un pianista profesional, pero también demasiado joven para entrenar en un equipo de fútbol profesional. Las distintas culturas difieren en su forma de delimitar a qué edad se es mayor, de mediana edad o joven, y también en las normas y expectativas existentes para cada una de estas etapas de la vida, que pueden cambiar con el transcurso del tiempo. Los distintos entornos configuran también la forma en la que envejecemos. Las inequidades vinculadas, por ejemplo, al sexo, el origen étnico y los ingresos económicos determinan nuestro acceso a la atención de salud y a la educación a lo largo del curso de vida, e influyen en el estado en que nos encontramos a la edad de 50, 60, 70 u 80 años. Una gran parte de la diversidad que observamos en las personas mayores es consecuencia de la repercusión acumulada de estas inequidades en materia de salud a lo largo del curso de vida”.

El informe es muy interesante y recomiendo leerlo, comenzando por su resumen oficial, porque sitúa perfectamente el problema y las diferente formas de erradicarlo, con una propuesta firme para los Estados, a modo de recomendaciones, donde “Su aplicación requiere un compromiso político, la participación de diferentes sectores y agentes, y adaptaciones específicas para cada contexto. Cuando sea posible, deben aplicarse conjuntamente para maximizar sus efectos en el edadismo.

  1. Invertir en estrategias basadas en pruebas científicas para prevenir y combatir el edadismo. Es necesario dar prioridad a las tres estrategias respaldadas por las mejores pruebas científicas: formulación de políticas y promulgación de leyes, y ejecución de intervenciones educativas y de contacto intergeneracional. Para lograr un cambio real a nivel de las poblaciones, estas estrategias deben ampliarse. En los casos en que esas intervenciones no se hayan llevado a cabo anteriormente, deberían adaptarse y probarse, y posteriormente ampliarse una vez que se haya demostrado su eficacia en el nuevo contexto.
  2. Mejorar los datos y las investigaciones para comprender mejor el edadismo y la manera de reducirlo. Mejorar nuestra comprensión de todos los aspectos del edadismo ―su escala, sus efectos y sus determinantes― es un requisito previo para reducirlo, tanto cuando se manifiesta contra los jóvenes como contra las personas mayores. Es necesario recopilar datos en todos los países, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos, utilizando escalas de medición del edadismo válidas y fiables. Ahora bien, debería darse la máxima prioridad a la elaboración de estrategias para reducir el edadismo. Las pruebas científicas sobre la eficacia de las estrategias van en aumento, pero aún no están a la altura de lo que se necesita. Convendría optimizar las estrategias existentes, calcular su costo y costo/eficacia, y, posteriormente, ampliarlas. Es necesario seguir elaborando y evaluando estrategias prometedoras, como las campañas para reducir el edadismo.
  3. Crear un movimiento para cambiar el discurso sobre la edad y el envejecimiento. Todos podemos contribuir a afrontar y eliminar el edadismo. Los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, los organismos de las Naciones Unidas, las organizaciones de desarrollo, las instituciones académicas y de investigación, las empresas y las personas de todas las edades pueden unirse al movimiento para reducir el edadismo. Al unirnos en una amplia coalición podemos mejorar la colaboración y la comunicación entre las diferentes partes interesadas en la lucha contra el edadismo”.

Finalmente, las conclusiones son  obvias con los antecedentes expuestos, que se resumen en una frase, diciendo no al edadismo: “Si los gobiernos, los organismos de las Naciones Unidas, las organizaciones de desarrollo, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones académicas y de investigación aplican estrategias eficaces e invierten en nuevas investigaciones, y si las personas y las comunidades se unen al movimiento y afrontan cada caso de edadismo, crearemos entre todos un mundo para todas las edades”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Mantenerse fiel a lo que no se dice, ¿es esa la cuestión?

Sevilla, 8/I/2023

Dedicado a Marcos, Vanessa, Adrián y Alejandro, porque este libro ha sido para mí un regalo con estela

Leyendo una obra de Hans Magnus Enzensberger, Las reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes, pensador alemán al que profeso admiración y respeto tal y como lo he demostrado en este cuaderno digital al referirme a él en determinadas ocasiones, a modo de aforismos llenos de contenido en su texto y contexto, he localizado unas “migajas” que me parecen de interés sumo, sin alterar su contenido original:

2. “Si logran dar con algo”, dijo Z., que despierte su admiración, no escatimen ese impulso tan agradable”.

3. Dijo Z.: “Contradíganme, pero sobre todo contradíganse ustedes mismos. Uno solo debe mantenerse fiel a aquello que no se dice”.

Me ha parecido una reflexión extraordinaria del señor Z, aplicable hoy a nuestra vida ordinaria por dos razones. Las primera, porque habla de algo que me llama siempre poderosamente la atención: la capacidad del ser humano de admirarnos de todas las cosas, porque siguiendo a Aristóteles es el único ser que lo puede hacer, iniciándose así la mejor filosofía de vida. Lo aprendí siendo un joven avispado que sobrevolaba los secretos de la felicidad humana, para buscar un sentido a la vida. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es asombrarse o admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, por muy intranscendente que sea, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de asombrarse, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que el asombro y la curiosidad siguen siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

En segundo lugar, el elogio del silencio que hace el autor como acción impecable de la dignidad humana, sobre todo cuando uno se calla porque no tiene que decir algo más importante que el silencio, que aprendí del abad Joseph Antoine Dinouart, en un libro suyo precioso, El arte de callar (1), recordando el primer principio de ese arte, Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio, y el decimocuartoEl silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. En definitiva, ética cerebral y social del silencio y preparación para el diálogo, en una actitud donde hablar ocupa su auténtico lugar, preguntando primero y escuchando después hasta el momento en que rompamos ese silencio porque lo que tenemos que decir es mucho más valioso que mantenernos callados.

La maravilla de las migajas de Enzensberger es que añaden algo muy importante: es bueno que rompamos las falsas seguridades que arrastramos a lo largo de la vida, que mantenemos muchas veces en la memoria de secreto por fidelidad absurda con uno mismo y que debemos exponer ante los demás, saliendo al exterior, cuando se valora lo expuesto por el abad Dinouart: Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio.

El libro es muy recomendable en tiempos de turbación y mudanzas del alma. Su sinopsis oficial es clara al respecto: “¿Quién es ese tipo con bombín y nombre enigmático que, a lo largo de casi un año entero, se presenta todas las tardes en el mismo rincón del parque para enzarzar a los transeúntes en animadas discusiones? ¿Un sabio? ¿Un charlatán? ¿Un filósofo a la antigua usanza? ¿Un cascarrabias y polemista impenitente? ¿Un predicador? ¿O simplemente, como afirma uno de sus oyentes, un jubilado que se aburre? Todo eso es el señor Zeta, un Sócrates moderno o un trasunto de aquel señor Keuner de Brecht, con quien comparte estoicismo y excentricidad a partes iguales. Muchos paseantes se detienen un instante, menean la cabeza y pasan de largo. Otros le escuchan, le replican y vuelven día tras día al punto de encuentro. El señor Z. no escribe, pero algunos de sus oyentes toman notas de lo que dice y, gracias a ellos, nos llega esta especie de diario que recoge sus ideas y provocaciones. Nada escapa al espíritu crítico y subversivo del señor Z., evidente álter ego del propio Enzensberger: la arrogancia, las instituciones, la religión –pero también el ateísmo–, los totalitarismos –pero también la democracia–, el arte, la poesía, la economía neoliberal, la educación, internet y un largo etcétera. Sus dardos son implacables, pero también caprichosos y contradictorios como la vida misma. Como siempre en Enzensberger, toda afirmación está imbuida de socarronería y del más puro escepticismo, entendido en el mejor sentido. Dicho en palabras de Z.: Uno sólo debe mantenerse fiel a aquello que no dice”.

Recientemente, he escrito sobre Hans Magnus Enzensberger con motivo de su fallecimiento, en noviembre del año pasado, en su país natal, Alemania, a los 93 años de edad. Lo descubrí hace ya muchos años en su vertiente crítica del mundo digital, pero cargado de razones existenciales para desarrollar tejido crítico necesario en la revolución digital, tan controvertida hoy. Siempre le admiré en mi caminar diario como maestro intelectual y en 2015 le dediqué un artículo en este cuaderno digital, Los ciudadanos no son ignorantes molestos, que resume bien esa admiración aristotélica que citaba anteriormente, sobre una persona enciclopédica, extraordinaria e imprescindible, que tanto ha entregado al mundo de la cultura y del ensayo.

Ahora, leyendo Las reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes y publicando las mías, cumplo una misión importante: acercarme al señor Z. para intentar comprender el pensamiento de su persona de secreto a través de las 259 “migajas” que recojo de su precioso libro. Nada más, en este tiempo tan complejo y convulso, en el que sigo defendiendo a capa y espada que aun admirándome de todas las cosas, de las personas imprescindibles y de las que quiero sobre todo, sigo muy fiel a lo que no digo y solo cuando entro en contradicción ética con la vida propia y la de los demás, me atrevo a hablar, porque estoy convencido que lo que digo es más importante que el silencio, sobre todo cuando si callo sé que participo del silencio cómplice ante la indignidad humana que nos asola día a día.

(1) Dinouart, A. (2003). El arte de callar. Madrid: Siruela (4ª ed.).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!