Imagen por satélite del Teatro Dramático de Mariúpol (Ucrania), bombardeado el pasado 16 de marzo por Rusia.
Sevilla, 25/III/2022
Acabo de leer la noticia: las autoridades del Ayuntamiento de Mariúpol, la ciudad portuaria en Ucrania, han informado hoy que en el bombardeo del Teatro Dramático, llevado a cabo por Rusia el pasado 16 de marzo, han muerto más de trescientas personas, a pesar de que ya se había advertido que albergaba únicamente población civil, mujeres, ancianos y en su mayoría niños, hecho que se había divulgado pintando en grandes letras de color blanco la palabra “niños”, en ruso (дети), en la explanada delantera del edificio (véase el círculo rojo de la imagen), para que se pudiera identificar bien en el caso de un bombardeo programado sobre la ciudad.
No sé qué nos quedará por ver todavía, pero me resisto a ser mero espectador de lo que está pasando y estoy viendo. Me remueve la conciencia todos los días y reconozco que estoy consternado y conturbado. Consternado, en el sentido profundo de la palabra tal y como se recogió por primera vez en el Diccionario de Autoridades publicado en 1729 por la Real Academia de la Lengua: “Atemorizado, asombrado, perturbado y espantado”. Cualquiera de las cuatro acepciones refleja bien mi estado de ánimo. Tanto que hemos luchado por la instauración de la democracia a lo largo de los siglos, como la mejor forma de convivencia humana y con profundo dolor contemplo de nuevo la imagen del Teatro Dramático de Mariúpol, que hace un triste honor a su nombre, hoy más que nunca. También, conturbado, atendiendo las ricas acepciones de las Autoridades citadas, porque estoy inquieto, conmovido, confundido y desasosegado, provocando todo ello una mudanza cerebral muy importante aunque siga escuchando la recomendación piadosa de San Ignacio en estos tiempos de guerras en la aldea global que se ha convertido el mundo al revés. Cada día que pasa estoy más convencido de que soy pesimista en el sentido más profundo del término que aprendí del haiku 123, precioso, escrito por Benedetti en 1999 (1): Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado.
Tengo que decir bien alto que imágenes como la del bombardeo del Teatro Dramático y sus consecuencias directas, más de trescientas personas muertas por una inexplicable invasión, nos llevan al miedo global que describió Eduardo Galeano en la escuela del mundo al revés, sobre todo cuando decía que estamos en el tiempo del miedo: Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras. Al final, si unimos todos los miedos, nos damos cuenta de que hay que construir cada día el mundo nuevo que necesitamos para seguir viviendo sin él. Si no, constataremos que “Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras. Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir”.
No quiero vivir con miedo en el Gran Teatro Dramático del Mundo. Galeano lo explica bien en una clase especial de su escuela, abierta al finalizar el siglo pasado, que ahora se podría actualizar con datos de forma exponencial, visto lo visto en Ucrania o, antes, en Siria o Afganistán, entre otros conflictos internacionales que han causado tanto dolor humano, junto a sus daños colaterales que ahí están: “En la Era de la Paz, que es el nombre que dicen que tiene el período histórico abierto en 1946, las guerras han matado no menos de 22 millones de personas y han expulsado de sus tierras, de sus casas o de sus países a más de cuarenta millones. Nunca falta alguna guerra o guerrita para que se lleven a la boca los televidentes consumidores de noticias. Pero nunca los informadores informan, ni los comentaristas comentan, nada que pueda ayudar a entender lo que pasa. Para eso, tendrían que empezar por responder a las preguntas más elementales: ¿Quién está traficando con todo este dolor humano? ¿A quién da de ganar esta tragedia?, «la cara del verdugo está siempre bien escondida», cantó, alguna vez, Bob Dylan”. O lo que es lo mismo hoy, “la cara del poderoso caballero Don Dinero está ahora bien escondida”, bajo el manto de un emperador del siglo XXI que pocos se atreven a decir en alto que va desnudo. Cuando ya estamos alcanzando el primer cuarto del nuevo siglo XXI, constatamos que vivimos en un mundo sin alma, desalmado, “que practica la superstición de las máquinas y la idolatría de las armas: un mundo al revés, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”.
De ahí nace lo que él llama “el derecho al delirio”, con ejemplos rotundos para pensar que son posibles en un mundo nuevo, una invitación a volar sobre la realidad que nos duele, consterna y conturba a diario, del que personalmente he escogido algunos que sanan mi alma: “los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas; los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos; el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra; la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla; la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda y, como corolario, la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: amarás a la naturaleza, de la que formas parte; serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma”. Es verdad, estos delirios son una invitación a experimentar el derecho a volar alto, algo que agradezco cuando vivimos tan atados a la dura realidad de la tierra, situación que no nos permite ver mas allá de lo que nos transmiten a diario los agoreros mayores del mundo al revés. Tan lejos, tan cerca.
(1) Benedetti, Mario, Rincón de haikus, 2001. Madrid: Visor Libros.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN:José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente
Cuando llega esta estación, la primavera en Sevilla, Cernuda me recuerda siempre cosas importantes con su prosa poética, porque lo único que sabemos es que no sabemos en realidad lo que nos pasa y él nos ayuda a entenderlo (1), fundamentalmente porque estamos atravesando una etapa histórica plagada de dificultades y sinsentidos. En este caso, cuando canta a la primavera recordando a su tierra natal desde la tragedia del exilio, añorando cómo la naturaleza cuida a Sevilla:
Este año no conoces el despertar de la primavera por aquellos campos, cuando bajo el cielo gris, bien temprano a la mañana, oías los silbos impacientes de los pájaros, extrañando en las ramas aún secas la hojosa espesura húmeda de rocío que ya debía cobijarles. En lugar de praderas sembradas por las corolas del azafrán, tienes el asfalto sucio de estas calles; y no es el aire marceño de tibieza prematura, sino el frío retrasado quien te asalta en tu deambular, helándote a cada esquina.
Abstraído en este imaginar, marchas con nostalgia por la avenida del parque, donde revuela espectral a ras de tierra y te precede, fugitiva ala terrosa, una hoja del otoño último. Tan reseca es y oscura, que se diría muerta años atrás; imposible su verdor y frescura idos, como la juventud de aquel viejo, inmóvil allá, traspuesta la reja, hombros encogidos, manos en los bolsillos, aguardando no sabes qué.
Al acercarte luego, hallas que el viejo tiene a sus pies manojos de flores tempranas, asfodelos, jacintos, tulipanes, de vívidos colores increíbles en esta atmósfera aterida. Casi da pena verlas así, expuestas en mercado norteño, como si ellas también sintieran su hermosura indefensa ante la hostilidad sombría del ambiente.
Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente; quienes a la invocación mágica, a pesar del frío, lo sórdido, la carencia de luz, no pueden contener el júbilo vernal que estas flores, como promesa suya, te han traído e infundido en tu miedo, tu desesperanza y tu apatía.
La primavera, con su luz y fragancia de azahar en Sevilla, llama a mis sentidos y se aloja en mi corazón, regalándome un júbilo de emociones y sentimientos, a modo de flores, que me ayudan a caminar por la pandemia que nos asola y nos da miedo, desesperanza y apatía, con una misión posible que necesitamos ahora más que nunca: iluminar la mente. También, para comprender qué significa la paz en tiempos de guerra, tan lejos, tan cerca.
Hoy se celebra también el Día Mundial de la Poesía, auspiciado por la UNESCO y adoptado como tal en la 30ª Conferencia General en París en 1999, con el objetivo de apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y fomentar la visibilización de aquellas lenguas que se encuentran en peligro. Conmemora a su vez «una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad. La poesía, practicada a lo largo de la historia en todas las culturas y en todos los continentes, habla de nuestra humanidad común y de nuestros valores compartidos, transformando el poema más simple en un poderoso catalizador del diálogo y la paz». Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, ha lanzado hoy al mundo un mensaje con motivo de esta celebración en el que manifiesta lo siguiente: La orquestación de las palabras, el colorido de las imágenes y la contundencia de una buena métrica otorgan a la poesía un poder sin parangón. Como forma de expresión íntima que permite abrirse a los demás, la poesía enriquece el diálogo que cataliza todo progreso humano y es más necesaria que nunca en tiempos turbulentos.
En este contexto local y mundial, expreso a Luis Cernuda, mi paisano, el más sincero agradecimiento a su obra, porque siempre reconozco el trabajo que hizo con amor desde su alma exiliada, tan lejos de sus primaveras en Sevilla, cuando escribía estas palabras desde la sordidez de Escocia, que le llevaban a recordar entrañablemente su niñez y juventud en esta ciudad, en la que Stefan Zweig siempre pensó que se podía ser feliz. Aprendí de él algo muy importante que pidió a sus paisanos en esta sacrosanta ciudad: el reconocimiento a su trabajo bien hecho y envuelto en bellas palabras, que siempre lo merece ahora y en cualquier estación del año: «más el trabajo humano, con amor hecho, merece el reconocimiento de los otros». No lo olvido en este tiempo tan difícil y complejo, porque hoy día me duele todavía que su país y sus paisanos olvidemos algo simbólico que nos enseñó él a comprenderlo: el valor intrínseco de la poesía, de la prosa poética, porque la primavera, por ejemplo, llama a nuestros sentidos, y a través de ellos a nuestro corazón, adonde entra templando nuestra sangre e iluminando nuestra mente. ¿Existe algo más bello?
Finalizo esta reflexión especial con un ejemplo del trabajo bien hecho de Mozart al ensalzar también la primavera, en una obra dedicada a Haydn en 1785, en un cuarteto recogido en su catálogo como No. 14 K. 387 in Sol mayor, fruto de un largo y laborioso trabajo, según sus palabras, del que he elegido el tercer movimiento (Andante cantabile), De la primavera, como homenaje al compositor salzburgués, interpretados por un cuarteto nacido en aquella ciudad, Hagen Quartet, que lo expresa de forma especial. Una delicia, en un día en el que la entrada de la nueva estación se celebra con una espera y esperanza sentidas. Para seguir viviendo y construyendo un mundo diferente, más amable, más cercano, más humano.
(1) Cernuda, Luis, La Primavera, en Ocnos (Poesía completa, vol. I), 1993. Madrid: Siruela.
NOTA: El 27 de diciembre de 2018, el Estado adquirió por 10.000 euros, en el remate final de una subasta de Durán, el Retrato de Luis Cernuda, 1932 (O/L, 65 x 55 cm.), pintado por Ramón Gaya: “Se ofrecía, también de su mano, un dibujito previo, a tinta, muy sencillo, pero como una especie de primera idea o boceto del óleo (23 x 18,5 cm.), fechado también en 1932. Ambos habían estado presentes en la muestra Entre la realidad y el deseo. Luis Cernuda 1902-1963, en la Residencia de Estudiantes en Madrid y en el Convento de Santa Inés en Sevilla, en 2002, y aparecían también, con otras piezas que se subastaban, en el libro A una verdad. Luis Cernuda (Sevilla-Madrid, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 1988), edición coordinada por Andrés Trapiello y Juan Manuel Bonet. Ambos fueron vendidos por los precios iniciales, 10.000 euros el óleo y 3.000 la tinta, y en ese precio fueron adjudicados al Estado cuando ejerció su derecho”.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN:José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Las lamentables declaraciones que hizo ayer en la Asamblea de Madrid el Consejero de Educación y Portavoz del Gobierno de la Comunidad, sobre el informe sobre exclusión y desarrollo social en la Comunidad de Madrid, llevado a cabo por Cáritas y la Fundación FOESSA, que recoge los resultados de la encuesta sobre integración y necesidades sociales en 2021, traducen una falta de visión real de lo que está ocurriendo en su Comunidad, negando lo evidente y además con datos irrefutables. Sus palabras se descalifican por sí mismas: “Insisto, que me encantan que existan estos informes, pero que sean más objetivos […] Si uno sale a la calle y le dicen que hay tres millones de pobres… pues, ¿por dónde estarán?”, haciendo gestos de mirar al suelo desde el atril, a izquierda y a derecha, simulando una búsqueda de pobres por los rincones de la sala donde intervenía. No le dedico ni una palabra más, porque no las merece por su indignidad, ratificada por la Presidenta de la Comunidad: «Empeñarse en dibujar a un Madrid como una región de pobreza es absolutamente falso». Lo que sí es importante reflejar por escrito, porque si no las palabras se las lleva el viento, es el objetivo final de estos informes, que son de todo el país, de varias Comunidades, para cooperar en divulgar lo que verdaderamente interesa a la sociedad digna de este país, como tal verdad, sobre exclusión y desarrollo social.
En este marco tan peculiar y doloroso, quiero hoy centrarme de nuevo en el informe citado, pero referido a Andalucía, como he hecho en ocasiones anteriores, para servir de altavoz que ayude a visibilizar lo que está ocurriendo, porque me interesa saber dónde están realmente los pobres de mi Comunidad, de mi ciudad, de mi barrio y qué mejor que recurrir a este tipo de informes, aunque también hay otros que lo complementan, como los del Banco de Alimentos, Cruz Roja y diferentes ONG, para no participar en silencios cómplices que invisibilizan lo que está pasando a pocos metros de mi casa, de mi barrio o de mi ciudad, sin ir más lejos. Lo dice con palabras llenas de sentido y sensibilidad humana, Raúl Flores, uno de los autores y analistas de los informes, para justificar con claridad meridiana esta actividad de visibilización de la realidad de exclusión social y pobreza severa de nuestro país, que debemos conocer bien para atenderla de la mejor forma posible por parte de los Gobiernos correspondientes y por la sociedad en general: “el nivel moral de una sociedad se mide por cómo afrontamos la realidad de las personas más pobres y más vulnerables. Y para poder poner eso en el centro de nuestras preocupaciones y el centro de la agenda política, informes como el de Cáritas y como el de otras muchas entidades, nos ayudan a no perder de vista cuestiones tan importantes como son al fin y al cabo, las condiciones de vida de muchas personas” o “La gran parte de la pobreza no se ve a simple vista, está en sus casas con familias que hacen todo lo posible por salir adelante”, es decir, millones de personas de este país no llevan un letrero en la cabeza diciendo “soy pobre”, sino que por su dignidad conviven a diario y a duras penas con nosotros, sin darnos a veces cuenta de lo que está sucediendo.
En el informe territorial sobre exclusión y desarrollo social en Andalucía, de 2022, que recoge los resultados de la encuesta sobre integración y necesidades sociales llevada a cabo en 2021, se presenta un resumen ejecutivo que utilizo como guía de lectura del mismo poniendo especial énfasis en estos puntos de interés, sin que excluya obviamente la lectura del informe completo, imprescindible para emitir juicios bien informados, habiéndose obtenido las siguientes conclusiones:
1. Se reducen las tasas de integración social y crecen con fuerza las situaciones de exclusión severa, que afectan a más de un millón de personas.
2. Crece el porcentaje de población afectada por situaciones de exclusión en el eje económico, en el eje político y de ciudadanía y, en menor medida, en el eje relacional.
3. Se reduce el porcentaje de personas que no tienen problemas en ninguna dimensión, y crece el de quienes tienen problemas en tres o más dimensiones de la vida cotidiana.
4. El desempleo, la pobreza, los gastos excesivos de vivienda y las barreras económicas a los cuidados de salud son los problemas más frecuentes y afectan a entre un 13% y un 18% de la población.
5. Los colectivos más afectados por la exclusión social: hogares pobres o sin ingresos, hogares cuya persona sustentadora principal busca empleo y personas extranjeras.
6. La exclusión crece entre la población extranjera, los jóvenes, los hogares sustentados por mujeres y las familias numerosas y monoparentales.
7. La COVID-19 sacude el mercado de trabajo y crecen los problemas relacionados con el empleo.
8. Crece el porcentaje de población con problemas en la dimensión de la vivienda, que afectan a casi una cuarta parte de la población.
9. Crece el porcentaje de población con problemas de exclusión social en la dimensión de la salud.
10. Se reducen las situaciones de conflicto social, pero aumentan los problemas de aislamiento.
11. La brecha digital afecta en mayor medida a los hogares en situación de exclusión severa.
12. Crece la renta mediana y se reducen las situaciones de pobreza y los índices de desigualdad, aunque crece la privación material.
13. Un año después de su creación, casi el 3% de la población andaluza se beneficia del IMV [Ingreso Mínimo Vital], frente al 1,6% en el conjunto de España.
14. La cobertura de la RMISA [Renta Mínima de Inserción Social de Andalucía] crece entre 2019 y 2020, pero queda muy por debajo de la del IMV.
A la luz de estas conclusiones, convendría destacar que “en 2021, el 41,7% de la población de Andalucía se encuentra en una situación de integración plena, el 32,0% en una situación de integración precaria, el 12,4% en una situación de exclusión moderada y el 13,9% en una situación de exclusión severa. Las personas en situación de exclusión social representan el 26,3% de la población de Andalucía, lo que implica que, aproximadamente, uno de cada cuatro habitantes de la Comunidad —en torno a 2,2 millones de personas— se encuentra en 2021 en una situación de exclusión moderada o severa. Sabemos, por tanto, dónde están los pobres en Andalucía. También interesa relacionar esta situación con el impacto de la COVID-19: “La evolución, en cualquier caso, es muy distinta en función del nivel o grado de exclusión que se considere: mientras que las situaciones de exclusión moderada apenas han crecido medio punto porcentual, el porcentaje de población en situación de exclusión severa prácticamente se ha duplicado, pasando del 7,2% al 13,9%. Cabe por tanto destacar que la crisis de la COVID-19 se ha traducido en Andalucía en una reducción de los niveles generales de integración social y, sobre todo, en un incremento de la proporción de personas afectadas por las situaciones más severas de exclusión. En 2021, el número de personas en esa situación asciende a 1,1 millones de personas, frente a poco más de 600.000 en 2018. La exclusión en Andalucía se ensancha y, sobre todo, se hace más profunda”.
En esta guía para estar bien informados de dónde están los pobres en Andalucía, he escogido un punto de especial interés: los problemas más frecuentes y cotidianos que tienen los que menos tienen, los nadies de Eduardo Galeano: “En Andalucía, los problemas más frecuentes, aquellos que afectan a más del 12% de la población, son cinco: el desempleo de todas las personas en edad activa que residen en el hogar (el 17,9% de la población vive en hogares que están en esa situación); la presencia en el hogar de al menos una persona desempleada de larga duración, sin título profesional y sin haber recibido formación ocupacional o haber realizado estudios en el último año (esta problemática afecta al 16,2% de la población); las dificultades económicas para comprar medicamentos o seguir tratamientos médicos (15,4%); los gastos excesivos de vivienda (14,7%); y la pobreza severa (13,6%). Hasta un millón y medio de personas, dependiendo del indicador, están afectadas por estas situaciones carenciales en 2021 en esta comunidad autónoma. Es obvia, por otra parte, la interrelación entre los cuatro indicadores que, si bien afectan a dimensiones o ámbitos diferentes —el empleo, la política, la vivienda y la salud— derivan de la ausencia de unos ingresos económicos mínimos para dar respuesta al conjunto de las necesidades de las familias”. Sabemos qué problemas tienen los pobres en Andalucía.
También me ha interesado en este resumen los datos referidos a la salud: “Más allá del impacto de la COVID-19 y del confinamiento en Andalucía, lo cierto es que durante estos tres últimos años ha crecido en la comunidad andaluza la proporción de hogares y de personas que están afectados por problemas de exclusión social en la dimensión de la salud. En efecto, el 19,6% de los hogares y el 17,4% de la población experimenta situaciones carenciales en la dimensión de la salud en 2021, frente al 14,5% y el 12,6% en 2018, y el 17,2% y 17%, respectivamente, en el conjunto de España. El porcentaje de población afectada por estas situaciones es superior, por tanto, en Andalucía con relación a España, debido fundamentalmente a que el crecimiento del porcentaje de personas afectadas por estas situaciones ha sido en Andalucía más marcado que el experimentado en el conjunto del país, tanto desde el punto de vista de los hogares como del conjunto de la población”. Los daños colaterales de la pandemia están ahí reflejados y sabemos que perdurarán en el tiempo: “Si se tiene en cuenta el total de los hogares andaluces, los problemas más prevalentes en el ámbito de la salud son la falta de acceso a medicamentos debido a problemas económicos (el 14,7% de los hogares andaluces ha dejado de comprar medicinas o prótesis, seguir tratamientos o dietas, por problemas económicos) y la presencia de una discapacidad, enfermedad crónica o problemas graves de salud en todas las personas adultas del hogar (5,6%). La prevalencia de estas problemáticas es superior entre los hogares en situación de exclusión social: dentro de este grupo, el 48,6% ha dejado de comprar medicamentos o seguir tratamientos o dietas por cuestiones económicas. En el 5,8% de estos hogares se han experimentado, en la actualidad o en el pasado, situaciones de hambre”. Sabemos, por tanto, qué problemas de salud tienen los pobres en Andalucía.
Por último y por imperativo categórico de la brevedad que impone un artículo de estas características, que nunca debe obviar el conocimiento completo del informe, he elegido una correlación de datos de sumo interés para centrar bien los ejes y las dimensiones de la exclusión social en Andalucía, señalando especialmente que la metodología de la encuesta diferencia tres grandes ejes de exclusión: el económico, el político y de ciudadanía, y el social y relacional: “En el eje económico se tienen en cuenta las dimensiones relacionadas con el empleo y el consumo, de tal forma que, por una parte, se examinan los procesos que excluyen a los hogares y a sus miembros de una relación laboral normalizada y, por otra, la suficiencia y/o calidad de los ingresos económicos para la participación en la sociedad, así como las situaciones de privación de bienes considerados básicos. El segundo de los ejes, el eje político y de ciudadanía, hace referencia a la exclusión de la participación política, de la educación, de la vivienda y de la salud. En la dimensión de la participación política se considera el derecho a elegir a los representantes políticos y a ser elegidos, así como la capacidad efectiva de participación política y ciudadana; mientras que en las dimensiones relacionadas con la ciudadanía se contempla el acceso en condiciones similares al conjunto de la población a la educación, la vivienda y la salud. Por último, el eje relacional de la exclusión social hace referencia fundamentalmente a las situaciones de conflicto y aislamiento social, que incluyen por una parte las relaciones sociales adversas y otras situaciones de conflictividad social y/o familiar y, por otra, la ausencia de lazos y apoyos sociales. A su vez, estos tres ejes se dividen en ocho dimensiones diferentes: empleo y consumo, en el eje económico; vivienda, educación, salud y participación política en el eje político y de ciudadanía; y conflicto y aislamiento social en el eje relacional. Por último, estas dimensiones articulan un total de 37 indicadores específicos que recojan situaciones potencialmente carenciales”. El gráfico siguiente refleja claramente esta distribución de porcentajes en los tres ejes de exclusión, donde se observa un incremento significativo en los dos primero ejes y una bajada considerable en el relacional, lo que nos lleva a considerar que sabemos dónde están las causas principales de la exclusión social y pobreza en Andalucía.
Finaliza el informe con datos de una de las respuestas de Gobierno más importantes en los últimos años para afrontar la exclusión social, es decir, proporcionar recursos dignos a las personas afectadas para ayudar a salir de las situaciones descritas, con una medida que ha tenido ya un impacto social pero insuficiente a todas luces por los desajustes en su implantación. Me refiero al Ingreso Mínimo Vital, sobre el que también he escrito en este cuaderno digital, en distintas ocasiones, ofreciendo datos de interés para conocer bien los desajustes en los que está instalado en la actualidad y que merma su efectividad. Partimos de la base de que “El análisis de las situaciones de pobreza pone de manifiesto tasas de pobreza y de riesgo de pobreza más elevadas en Andalucía que en el conjunto de España. Efectivamente, la tasa de riesgo de pobreza es del 28,5% en la comunidad andaluza, frente al 21,0% en España, mientras que la tasa de pobreza severa es del 11,6%, frente al 9,5% en España”.
Siendo justos en este análisis hay que decir que se detecta en Andalucía un descenso tanto en el tasa de riesgo de pobreza como en la de pobreza severa: “La evolución de las situaciones de pobreza que acaba de señalarse se asocia a una reducción importante de las tasas de desigualdad, independientemente del indicador que se utilice. Esta reducción, más clara que la experimentada en el conjunto de España, ha hecho que, casi por primera vez desde 2008, Andalucía registre tasas de desigualdad inferiores a las del conjunto del país”. Ante esta situación, la realidad del IMV en Andalucía se refleja en el grafico siguiente que, en este caso, vale más que mil palabras:
Este gráfico ofrece los últimos datos disponibles, correspondientes a mayo de 2021, “sobre las características de la población beneficiaria del IMV en Andalucía. El 70,4% de las personas titulares, y el 55,1% de las beneficiarias, son mujeres. Además, el 39,7% de las personas beneficiarias —frente al 40,4% en el conjunto de España— son menores de edad. Las unidades unipersonales representan el 22,2% de todas las unidades que perciben el IMV, frente al 26,0% en España, y las unidades con cuatro o más miembros el 28,3%. El 35,4% de las unidades perceptoras del IMV en Andalucía no tienen hijos/as menores de edad a cargo”. Son cifras que nos permiten concluir que sabemos dónde están y cuantos son los pobres en Andalucía: 1.239.349 personas con pobreza severa, atendidas en este caso por el IMV. Un dato que sobrecoge, teniendo en cuenta que «la cuantía mensual media por hogar de la prestación es en Andalucía de 425,3 euros, algo inferior a la del conjunto de España (448,7 euros). Esta cantidad representa el 97% del umbral de pobreza severa para una persona sola y el 64% del umbral de pobreza para dos personas en Andalucía».
.Lo he manifestado en ocasiones anteriores: creo que desde este cuaderno digital se puede expresar lo que significa el compromiso intelectual escribiendo sobre estas realidades sociales como la desarrollada hoy en este artículo, algo necesario e imprescindible. El citado compromiso al escribir hoy lo entiendo como el cuestionamiento de la existencia de uno mismo al servicio de lo estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, para romper moldes y preguntarnos si lo importante es salir del pequeño mundo de confort que nos rodea y mirar alrededor, como signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces, desgraciadamente, no está al alcance de cualquiera. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tábula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.
La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tanta veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamo uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.
Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar eureka a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo.
Las razones de mi razón y de mi corazón, expuestas anteriormente, son las que me llevan a hablar hoy de exclusión y desarrollo social en Andalucía, en mi ámbito de compromiso intelectual, entre otros, que también existe. No me deja tranquilo el informe citado, en general para España y, en particular para Andalucía y por ese motivo los comparto. Lo que de verdad me ha quedado claro es que, como personas dignas, podemos saber dónde están los pobres en España y en Andalucía.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN:José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Retrato de Miguel de Cervantes atribuido supuestamente a Juan de Jauregui (1583-1641)
Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha,
Miguel de Cervantes, autorretrato en el Prólogo al lector, Novelas Ejemplares, 1613
Sevilla, 17/III/2022
Fue uno de los calificativos que el Quijote recibió a lo largo de su vida por parte de un “grave eclesiástico” y que figura en la obra magna de Cervantes que todos deberíamos leer, al menos, una vez en la vida: “Y volviendo la plática a don Quijote le dijo: Y a vos, alma de cántaro [pasmado, alelado, insensible], ¿quién os ha encajado en el celebro que sois caballero andante y que vencéis gigantes y prendéis malandrines? Andad enhorabuena, y en tal se os diga: «Volveos a vuestra casa y criad vuestros hijos, si los tenéis, y curad de vuestra hacienda, y dejad de andar vagando por el mundo, papando viento [perdiendo el tiempo] y dando que reír a cuantos os conocen y no conocen». ¿En dónde nora tal [eufemismo por “noramala” o “en qué hora mala”] habéis vos hallado que hubo ni hay ahora caballeros andantes? ¿Dónde hay gigantes en España, o malandrines en la Mancha, ni Dulcineas encantadas, ni toda la caterva de las simplicidades que de vos se cuentan?” (1).
Para la Real Academia Española de la Lengua, “alma de cántaro” es una frase coloquial poco usada que significa “persona sumamente ingenua o pasmada”. Lo curioso del relato anterior es que quien califica al Quijote como “alma de cántaro” no era persona de fiar, como el propio Cervantes lo describe, sino un grave eclesiástico del que había que situarse cuanto más lejos mejor: “La duquesa y el duque salieron a la puerta de la sala a recebirle [a Don Quijote], y con ellos un grave eclesiástico destos que gobiernan las casas de los príncipes: destos que, como no nacen príncipes, no aciertan a enseñar cómo lo han de ser los que lo son; destos que quieren que la grandeza de los grandes se mida con la estrecheza de sus ánimos; destos que, queriendo mostrar a los que ellos gobiernan a ser limitados, les hacen ser miserables. Destos tales digo que debía de ser el grave religioso que con los duques salió a recebir a don Quijote. Hiciéronse mil corteses comedimientos y, finalmente, cogiendo a don Quijote en medio se fueron a sentar a la mesa”. El problema radica en saber quién insulta a quién, algo muy habitual en los tiempos de mediocridad que nos invaden.
La gran metáfora que Cervantes nos entrega en este pasaje demuestra la sabiduría que contiene el Quijote, tal y como se recoge en la respuesta que él da al “grave eclesiástico” que le suelta la frase de ¡alma de cántaro!: ”El lugar donde estoy, y la presencia ante quien me hallo, y el respeto que siempre tuve y tengo al estado que vuesa merced profesa, tienen y atan las manos de mi justo enojo; y así por lo que he dicho como por saber que saben todos que las armas de los togados son las mesmas que las de la mujer, que son la lengua, entraré con la mía en igual batalla con vuesa merced, de quien se debía esperar antes buenos consejos que infames vituperios. Las reprehensiones santas y bienintencionadas otras circunstancias requieren y otros puntos piden: a lo menos, el haberme reprehendido en público y tan ásperamente ha pasado todos los límites de la buena reprehensión, pues las primeras3 mejor asientan sobre la blandura que sobre la aspereza, y no es bien que sin tener conocimiento del pecado que se reprehende llamar al pecador, sin más ni más, mentecato y tonto. Si no, dígame vuesa merced por cuál de las mentecaterías que en mí ha visto me condena y vitupera y me manda que me vaya a mi casa a tener cuenta en el gobierno della y de mi mujer y de mis hijos, sin saber si la tengo o los tengo. ¿No hay más sino a trochemoche entrarse por las casas ajenas a gobernar sus dueños, y habiéndose criado algunos en la estrecheza de algún pupilaje, sin haber visto más mundo que el que puede contenerse en veinte o treinta leguas de distrito, meterse de rondón a dar leyes a la caballería y a juzgar de los caballeros andantes? ¿Por ventura es asumpto vano o es tiempo mal gastado el que se gasta en vagar por el mundo, no buscando los regalos dél, sino las asperezas por donde los buenos suben al asiento de la inmortalidad? Si me tuvieran por tonto los caballeros, los magníficos, los generosos, los altamente nacidos, tuviéralo por afrenta inreparable; pero de que me tengan por sandio los estudiantes, que nunca entraron ni pisaron las sendas de la caballería, no se me da un ardite: caballero soy, y caballero he de morir, si place al Altísimo. Unos van por el ancho campo de la ambición soberbia, otros por el de la adulación servil y baja, otros por el de la hipocresía engañosa, y algunos por el de la verdadera religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra. Yo he satisfecho agravios, enderezado tuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado vestiglos; yo soy enamorado, no más de porque es forzoso que los caballeros andantes lo sean, y, siéndolo, no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes. Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que desto trata merece ser llamado bobo, díganlo vuestras grandezas, duque y duquesa excelentes”.
¡Qué gran lección para los que se atreven todos los días a calificar a los demás sin conocimiento alguno de la personas y sus circunstancias!, como nos lo indicaba Ortega y Gasset. Sancho, su fiel compañero de andanzas, se quedó maravillado con esta respuesta inteligente de Don Quijote: ¡Bien, por Dios!, dijo Sancho. No diga más vuestra merced, señor y amo mío, en su abono, porque no hay más que decir, ni más que pensar, ni más que perseverar en el mundo. Y más que negando este señor, como ha negado, que no ha habido en el mundo, ni los hay, caballeros andantes, ¿qué mucho que no sepa ninguna de las cosas que ha dicho?”.
La cosa al final va de caballeros andantes en un mundo diseñado por el enemigo. Como parece ser que entre “bobos anda el juego” y “almas de cántaro”, según “los listos del lugar”, he recordado a tal efecto unas palabras del discurso de agradecimiento que pronunció el Presidente de Brasil, Lula da Silva, en la ceremonia de entrega del Premio Internacional «Don Quijote de La Mancha”, en Toledo, el 13 de octubre de 2008: “En una época carente de valores, como la actual, el Quijote debe verse como una metáfora relevante. En el mundo en transición en el que vivió, luchó por ideales que consideraba vigentes y nobles. Su idealismo, por distante que estuviese de la realidad, acabó, sin embargo, por transformarlo en una referencia fundamental para la cultura mundial en estos últimos siglos. Don Quijote pone de relieve, con su aparente locura, la importancia de la audacia y de la imaginación en la construcción de otro mundo”. En torno a aquel acto leí un texto en un anuncio con motivo de la entrega de ese Premio Internacional a Carlos Fuentes, junto a Lula da Silva, ya citado, que me sorprendió por la fortaleza de lo que quería decir y a que demuestra la altura de miras del Quijote: no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Es una frase cervantina, que sugiere muchas reflexiones si no se la saca de su contexto. Veamos. El texto original de Cervantes dice exactamente: Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro, en una expresión llena de sentimiento y esperanza por parte de Don Quijote y en un gesto lleno de ternura hacia Sancho porque “todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo, y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca. Así que no debes congojarte por las desgracias que a mí me suceden, pues a ti no te cabe parte dellas”. Extraordinaria construcción de la didáctica humana de la comprensión en el alcance que se expresa con la solidaridad ante situaciones que son personales e intransferibles y que por mucho que se quieran cooptar, en auténtica com-pasión [sic], se demuestra que el sufrimiento no es delegable, ni asumible por los demás en su justa medida, porque las personas no son más que otras si no hacen más que otras.
Pero es una realidad inquebrantable que sí hay personas que hacen más que otras, yendo más allá del reclamo del anuncio. Y por ello, son más importantes en la sociedad, desde una perspectiva ética, unas determinadas personas que otras. Es necesario ahora que aunque se tilde de “alma de cántaros” a personas que creen que otro mundo es posible, por una candidez extrema, nos deberíamos “poner “de pechos” sobre nuestras cabalgaduras vitales “con la mano en la mejilla en guisa de personas pensativas”, siguiendo al Quijote, intentando solidarizarnos con ellos por tanta tristeza que en algunos momentos nos han trasladado, aunque convengamos con el caballero andante que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas. Evidentemente, nos tenemos que enfrentar cada día a molinos de viento que no son imaginarios, cada uno a su estilo, cada uno a su aire cervantino, a través de las palabras que nos quedan, porque sabemos que en nuestros compromisos vitales no es posible que el mal ni el bien sean durables. Me queda muy claro que no es una persona más que otra, si no hace más que otra. No por creer en ello se nos puede calificar de almas de cántaro, con el dolor interno del Quijote al sentirse así injustamente tratado, porque él, inclinado de su estrella, va por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecia la hacienda, pero no la honra: “Yo he satisfecho agravios, enderezado tuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado vestiglos; yo soy enamorado, no más de porque es forzoso que los caballeros andantes lo sean, y, siéndolo, no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes. Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que desto trata merece ser llamado bobo [alma de cántaro], díganlo vuestras grandezas, duque y duquesa excelentes”. Lo que sí sé es que hay muchos malandrines, catervas de mediocres y gigantes sueltos a los que hay que hacer frente casi todos los días de nuestra vida. De ahí la grandeza del Quijote.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN:José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Adagietto de la Sinfonía nº 5 de Gustav Mahler, en la Banda Sonora Original de Muerte en Venecia, 1971
Sevilla, 13/III/2022 – 13:00h CET
Para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos.
Eduardo Galeano
Esta noche, cuando el reloj marque las veinticuatro horas, se cumplirán dos años exactos de la entrada en vigor del confinamiento por la declaración del estado de alarma en el país, debido a la pandemia de la COVID-19. Hemos recorrido dos años muy difíciles y estamos constatando a diario que queda todavía mucho por reconstruir en el Estado y en el mundo en general, como consecuencia de la pandemia, agravado ahora todo por la invasión de Ucrania por si nos faltaba algo en este mundo al revés.
Por este motivo, vuelvo a compartir el artículo que publiqué ese día, 14 de marzo de 2020, El músico de Venecia y el coronavirus, cuando iniciábamos un camino hacia ninguna parte por el desconcierto mundial en el que nos movíamos a diario. Fue el comienzo de una larga serie de artículos que más adelante recopilé en una publicación transida de esperanza, La ventana discreta, en la que me asomaba a un mundo nuevo, lo que se dio en llamar “la nueva normalidad” y que justificaba así en el Prólogo: “Estamos viviendo momentos difíciles con la expansión del coronavirus y los blogueros también tenemos una responsabilidad social ante esta situación. Es un aviso para navegantes actuales la importancia que tiene estar bien informados, con una responsabilidad transcendental de los poderes públicos en este caso. Necesitamos disponer de un plan de comunicación a nivel de Estado mediante el que se pueda disponer de la información exacta, veraz y objetiva hasta los límites que sea necesario conocer sin mezcla de mentira alguna. ¡Es el interés general!, tan cuidado por nuestra Constitución. Es la mejor vacuna en estos momentos porque la proliferación de noticias, algunas de ellas falsas e interesadas, está creando un tejido crítico de alta preocupación y desasosiego”. Era un auténtico aviso para navegantes en una situación que se avecinaba como muy conflictiva y preocupante”
Leo el artículo citado y pienso que la cita de la literatura que figura al principio, sigue siendo una metáfora sobre la realidad de la vida de nuestros antepasados, que intentaron abordar épocas difíciles en las que el mal asolaba la humanidad y en las que se ha dejado para la posteridad un mensaje de la importancia de dar sentido a la vida, que es lo que más importa ante avisos tan importantes para navegantes, a pesar de lo que decía Groucho Marx con su sabiduría mordaz: “¿Por qué debería preocuparme de la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?”. De todas formas, en aquella ocasión tan dura y desconocida, planteé la opción de entrar en la clínica del alma de cada casa, la biblioteca, para refugiarnos en la literatura y en la música. Decía en aquella ocasión que “Hoy ya no se habla de ir a lazaretos sino de permanecer en nuestras casas el tiempo que sea necesario hasta que el coronavirus se dé por controlado y se autorice la vuelta a la vida normal, acompañados en el caso de Sevilla por su calor tradicional de primavera y verano, porque “aquí se puede ser feliz”. Así se expresaba Stefan Zweig en su visita a Sevilla en 1905, cuando comenzaba a despertar el siglo XX. Leo también con atención las páginas dedicadas a esta ciudad en un libro suyo muy interesante, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (1), escritas por un joven de veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen. Aquello se justificaba porque Zweig escribió en aquella ocasión algo sorprendente para el alma de Andalucía y Sevilla: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”. Me acompañó también la música, en un “momento estelar de la humanidad” que sobrecogió a Zweig, la resurrección de Händel a través de su obra magna “El Mesías”, que sigo escuchando siempre con atención reverencial. Quizá me ayuda todos los días a comprender bien y en toda su extensión esa frase rotunda de Zweig, “aquí [en Sevilla] se puede ser feliz”, tras una experiencia de juventud en esta ciudad. Lo hago extensivo a un sueño que persigo como si fuera una realidad: aquí, en el lugar del mundo en que cada uno vive, se puede ser feliz.
Esta noche se cumplen dos años exactos de la entrada en vigor del estado de alarma y, como consecuencia de ello, de los confinamientos más extremos que ha conocido este país desde la guerra civil del siglo pasado. Durante este tiempo me he esforzado en conocer la verdad de lo que ha ocurrido con el objetivo de emitir juicios bien informados, lejos de músicos celestiales, como el de Venecia, que no han reconocido la gravedad de la epidemia en beneficio propio y lejos del interés general. El que quiera entender que entienda, porque hoy pocas palabras bastan.
(1) Zweig, Stefan (2015). De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur.
Una pregunta de Gustav von Aschenbach en Muerte en Venecia, la obra inolvidable de Thomas Mann, a un músico que pasa junto a él pidiendo la voluntad, “¿Por qué desinfectan Venecia?” y la respuesta a la misma, “Está indicado por el calor y el siroco”, me han recordado -en este confinamiento legal y preventivo que estamos viviendo- la necesidad de que conozcamos en cada momento la verdad de lo que está pasando con el coronavirus, tal y como lo vengo expresando los últimos días. La insistencia de Aschenbach, que no se cree lo que le ha dicho el músico, traduce la inquietud legítima que tenemos en la sociedad por saber la realidad de lo que nos rodea por muy cruda que sea.
“¿De manera que no hay ninguna epidemia en Venecia?”, pregunta Aschenbach. “¿Una epidemia?”, contesta el músico de manera desafiante. “¿Qué epidemia va a haber? ¿Es epidemia el siroco? ¿Acaso es una epidemia nuestra Policía? ¡Usted bromea! ¡Una epidemia! ¡No diga usted eso! Sólo se trata de una medida de previsión policial. ¿Entiende usted? Una disposición en vista del tiempo bochornoso”.
Salvando lo que haya que salvar hoy, podemos cambiar la palabra siroco por coronavirus o policía por el estado de alarma y el acto de previsión policial como una medida para evitar mayores contagios y de previsión para contener en lo posible males mayores. El escritor Gustav von Aschenbach, uno de los protagonistas de la obra de Thomas Mann, prefirió abrazar el amor cerca de Tadzio desoyendo todas las recomendaciones para preservar su salud en una ciudad donde el cólera indio hacía estragos.
Esta cita de la literatura que tanto nos ha hecho reflexionar, es una metáfora sobre la realidad de la vida de nuestros antepasados que han intentado abordar épocas difíciles en las que el mal ha asolado la humanidad y en las que se ha intentado dejar para la posteridad un mensaje de la importancia de dar sentido a la vida, que es lo que más importa ante avisos tan importantes para navegantes.
El confinamiento en las casas impuesto por el Estado puede ser una buena oportunidad para acudir a la literatura y encontrar en ella un remanso de paz en el rincón de pensar que cada uno elija libremente en su casa. Hoy ya no se habla de ir a lazaretos sino de permanecer en nuestras casas el tiempo que sea necesario hasta que el coronavirus se dé por controlado y se autorice la vuelta a la vida normal, acompañados en el caso de Sevilla por su calor tradicional de primavera y verano, porque “aquí se puede ser feliz”. Así se expresaba Stefan Zweig en su visita a Sevilla en 1905, cuando comenzaba a despertar el siglo XX. Leo también con atención las páginas dedicadas a esta ciudad en un libro suyo muy interesante, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (1), escritas por un joven de veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen.
En estos días difíciles sigo leyendo a Stefan Zweig en la obra citada y sus palabras se graban en mi cerebro como el mejor bálsamo para tiempos complejos y de turbación: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”. Me acompaña también un “momento estelar de la humanidad” que sobrecogió a Zweig, la resurrección de Händel a través de su obra magna “El Mesías”, que escucho con atención reverencial. Quizá me ayude a comprender bien y en toda su extensión esa frase rotunda de Zweig, “aquí [en Sevilla] se puede ser feliz”, tras una experiencia de juventud en esta ciudad.
Con ella me quedo hoy a pesar de todo y porque necesito conocer la verdad de lo que está ocurriendo, lejos de músicos celestiales como el de Venecia que no la reconocen.
(1) Zweig, Stefan (2015). De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN:José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Sede de las Cortes Generales de Castilla y León, en Valladolid. Detalle del Hemiciclo.
Sevilla, 11/III/2022
Sé que estamos viviendo en una España al revés, donde la confusión de términos nos invade por tierra, mar y aire, sobre todo porque más allá del léxico hay una ideología no inocente detrás de muchas palabras, lo que se podría resumir en lo ocurrido ayer con una sola frase: todo vale en política. Lo afirmaba Eduardo Galeano en su visión del mundo al revés: al final, la izquierda está a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies, o lo que es lo mismo, la ultraderecha está en el centro de la derecha, a la que pretende difuminar, fulminar o desenmascarar, quién sabe, ganando terreno político en un gobierno por estrenar. Así lo explicaba también Galeano, en palabras que todos las podemos entender muy bien: “No se necesita ser un experto politólogo para advertir que, por regla general, los discursos sólo cobran su verdadero sentido cuando se los lee al revés. Pocas excepciones tiene la regla: en el llano, los políticos prometen cambios y en el gobierno cambian, pero cambian… de opinión. Algunos quedan redondos, de tanto dar vueltas; produce tortícolis verlos girar, de izquierda a derecha, con tanta velocidad. ¡La educación y la salud, primero!, claman, como clama el capitán del barco: ¡Las mujeres y los niños, primero!, y la educación y la salud son las primeras en ahogarse. Los discursos elogian al trabajo, mientras los hechos maldicen a los trabajadores. Los políticos que juran, mano al pecho, que la soberanía nacional no tiene precio, suelen ser los que después la regalan; y los que anuncian que correrán a los ladrones, suelen ser los que después roban hasta las herraduras de los caballos al galope” (1). La ética política no se improvisa ni se cambia de buenas a primeras, porque la gran verdad de la ética, en cualquiera de sus manifestaciones, consiste en defender siempre y sin fisuras la razón que justifica todos los actos humanos de bien, en libertad, con dignidad extrema, defendiendo siempre el interés general en democracia como su auténtico caldo de cultivo, porque sin ella no podemos avanzar mucho en la sociedad. Es la “solería” que se va poniendo cada día en todo el país, sin excepción alguna, con actos y actitudes que dignifican la política, que no la envilece o daña. El profesor López Aranguren, definía la ética como el “suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos”, que tantas veces he abordado en este blog.
Lo que sucedió ayer en la Comunidad de Castilla-León, a la que VOX gusta llamar “Castilla la Vieja”, tomen nota, en la que el partido de ultraderecha entra por primera vez en el Gobierno de una Comunidad, nada menos que con la Vicepresidencia, la Presidencia del Parlamento Autonómico y tres Consejerías, por determinar su alcance, es para mí un ejemplo meridiano de la España al revés. Conviene leer los términos exactos del Acuerdo de Legislatura, donde casi todo queda en palabras, porque lo que se ha manifestado por parte de los lideres de VOX, horas antes de su firma, era para tentarse la ropa. Todo muy democrático y muy legítimo, pero muy poco ético desde la perspectiva política, fundamentalmente porque ese partido de ultraderecha no cree en el Estado de las Autonomías, es decir, no cree en determinados artículos de la Constitución y va a por ella, confunde todo tipo de violencias y las equipara, para acabar invisibilizando la de género, que destaca sobre todas por su esencia de sufrimiento para las mujeres, dentro y fuera de las familias, porque ese escarnio contra ellas no sólo se produce en el seno de la familia, en el ámbito “intrafamiliar” dicen ellos, sino en el laboral o en el de la vida diaria y anónima de quienes la sufren minuto a minuto, entre otros muchos entornos nada amables por el simple hecho de ser mujer. A ello hay que agregar la criminalización de la migración que ellos llaman “ilegal”, cuando lo verdaderamente ilegal es que estemos rodeados de nadies que no tienen dónde ir y refugiarse, que necesitan más que nunca nuestra comprensión y apoyo. Y una cosa más, entre otras muchas en su programa político: la defensa de la memoria histórica es casi un cuento chino, como si de la guerra civil española en el siglo pasado no se derivaran responsabilidades de todo tipo a pesar del tiempo transcurrido. Lo que piensan de la pertenencia a Europa ya se conoce, porque su antieuropeísmo es de libro, por si esto se nos olvidaba también. Ya lo ha advertido el presidente del Partido Popular Europeo, Donald Tusk, al conocer el Acuerdo, del que ha dicho que es una “capitulación» del Partido Popular en España.
En este marco incomparable de falta de ética política, con un efecto halo de legitimidad, asistimos también a un reguero de manifestaciones de la derecha “encubriendo” como pueden y de forma vergonzante lo firmado ayer “in extremis” en Castilla-León, con una palabra como denominador común: el acuerdo es “legítimo”, pero cuando ellos analizan cómo se constituyó el Gobierno actual de este país, lo acusaban, y siguen haciéndolo de forma reiterada, de “ilegítimo”, sin despeinarse un solo momento. Y no es lo mismo, no. Un ejemplo: la confluencia de los partidos PSOE y Unidas Podemos, que hizo posible el gobierno actual del PSOE, no recoge en ningún momento la anuencia de programas incompatibles con la Constitución. El de Castilla-León, sí, porque es su quintaesencia anticonstitucional lo que les pesa más que los fárragos de las intervenciones públicas de sus líderes, que al final son solo palabras.
Vuelvo a insistir en algo que he manifestado recientemente ante situaciones como la que he analizado anteriormente, por las que nos encontramos conturbados y decepcionados: ahora debo escribir estas líneas y saltarme algo que conozco bien por el arte de callar, porque cuando hablo y escribo es porque tengo algo más importante que decir que guardar silencio. Lo que ocurrió ayer en Castilla-León, nos recuerda que con unas elecciones legítimas los ciudadanos firmamos de algún modo un contrato social con la política que impera, lo que nos lleva a descubrir la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe. Comprendo mejor que nunca aquella frase del filósofo Emilio Lledó, que me marcó para siempre: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario por tanto comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. O seguir confundiendo legitimidad con ética política, que no es lo mismo.
Todo lo expuesto anteriormente es válido cuando estamos convencidos de que lo más importante en la sociedad es perseguir el interés general frente al individual y que la corrupción política (que no sólo es en el área económica) es el enemigo público número uno a combatir, porque cuando entra en la sociedad no deja títere con cabeza, todo se corrompe de forma tentacular y nos lleva a un conformismo y desafección política terribles. La tentación es huir hacia adelante, pero hacia ninguna parte, porque queramos o no necesitamos defender la democracia como la mejor forma de compartir la vida. Ante la decepción por lo ocurrido ayer en Castilla-León, es posible que volvamos a caer en la tentación de acudir a Góngora para que nos explique hoy esta situación a través de su famosa letrilla rediviva, «Ándeme yo caliente, ríase la gente»: Cuando cubra las montañas / De blanca nieve el enero, / Tenga yo lleno el brasero / De bellotas y castañas, / Y quien las dulces patrañas / Del Rey que rabió me cuente, / Y ríase la gente. […] Busque muy en hora buena / El mercader nuevos soles; / Yo conchas y caracoles / Entre la menuda arena, / Escuchando a Filomena (2) / Sobre el chopo de la fuente, / Y ríase la gente. Porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, que diría el torero El Guerra, por mucho que ante la falta de ética personal y colectiva, la de los Gobiernos correspondientes también, queramos normalizar lo indeseable en términos individuales y sociales para convertirlo todo en un mundo al revés sin contrato social alguno. O lo que es lo mismo, seguir confundiendo la legitimidad como acto pasajero para cubrir apariencias, con la ética como actitud permanente de dignidad pública y privada a lo largo de nuestra vida.
(1) Galeano, Eduardo, Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1998.
(2) “Filomena” era la denominación de “la hembra del ruiseñor” en tiempos de Góngora (ver el Diccionario de Francisco Sobrino, 1705), en el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa. Bruselas: Francisco Foppens, p. 182,3.
NOTA: la imagen de cabecera, recuperada hoy de https://www.ccyl.es/Content/VisitaVirtual/, ofrece un detalle del Hemiciclo de las Cortes Generales de Castilla y León, en el que figura el Mosaico de los Cántaros, en mármol y caliza, que lo preside, datado en el siglo IV. La luz natural entra a través del cristal serigrafiado y láminas de alabastro.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Hemos conocido recientemente el hallazgo del pecio en el mar de Weddell (Océano Atlántico), donde se encuentra casi intacto el velero bergantín Endurance (Resistencia), protagonista de la expedición de Ernest Shackleton, explorador polar angloirlandés y su primer comandante, hundido en 1915 a unas cuatro millas al sur de la posición que su capitán, Frank Worsley, registró antes de que la tripulación tuviera que abandonarlo, al quedar atrapado en el hielo. El 9 de agosto de 1914 y coincidiendo con la entrada oficial del Reino Unido en la Primera Guerra Mundial, el Endurance, de 44 metros de eslora, inició su mítica singladura hacia la Antártida desde el puerto inglés de Plymouth, pasando de forma obligada como inicio de la aventura antártica, por las islas de Georgia del Sur.
Quien frecuenta este cuaderno de derrota (en lenguaje del mar), sabe que está especializado en buscar islas desconocidas. Por este motivo, aventuras como la del Endurance (1) tienen un sitio de honor en este cuaderno digital, interpretándolo siempre desde la amura de babor de la vida, que no de estribor, por aquello de la ideología que, en mi caso, no es inocente. Aquella tripulación, al mando de su ideólogo, Ernest Shackleton, compuesta por un total de 28 hombres, reclutadas al parecer por un anuncio sorprendente, “Se requieren hombres para un viaje peligroso. Salario bajo. Frío polar. Horas de completa oscuridad. Regreso a salvo dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”, tomó conciencia poco a poco de que la expedición tenía un final en las puertas de la Antártida porque el hielo les impedía continuar. Así estuvieron durante diez meses, esperando que el cambio de tiempo les permitiera reanudar la navegación, pero no ocurrió así y el barco sufrió las inclemencias del tiempo, dejándolo inservible hasta tal punto que ellos mismos comprobaron cómo se hundía en aquel tenebroso mar de Weddell. Lo sintetizó bien en una frase que pasó a la posteridad: “Se ha ido, muchachos”.
Lo que ocurrió desde aquel momento se conoce por numerosos reportajes, entrevistas, libros y recortes de prensa, porque es verdad que el resultado humano de aquella expedición fue sorprendente, en términos mucho más desesperanzados que los que figuraban en el anuncio citado, fundamentalmente porque hicieron honor a la denominación del barco: “Resistencia”. Shackleton, en un ejemplo de liderazgo digno de encomio, con el recurso de tres botes del barco, logró finalmente salvar a toda la tripulación, en un ejemplo de heroicidad y solidaridad que ha sabido reconocer la historia mundial. Una gesta que duró dos años, hasta que finalmente fueron rescatados todos el 30 de agosto de 1916 en la isla Elefante, el primer punto que alcanzaron después de la salida de la pequeña expedición para el rescate, comandada también por el propio Shackleton y cinco tripulantes del Endurance.
Tripulación del Endurance
Todo lo anterior, una aventura aleccionadora en todos sus términos, me recuerda una vez más el compromiso contraído por mí un día ya lejano con José Saramago, cuando comencé a escribir en este cuaderno de derrota mis anotaciones sobre la búsqueda incesante de islas desconocidas, en la clave que nos regaló con sus palabras trazadas en un libro inolvidable, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña siempre en los viajes hacia alguna parte de mi vida. Cualquier situación, como la descrita por ejemplo con la localización del Endurance, puede ser una buena excusa para volver a iniciar esta apasionante búsqueda. En 2014, con motivo de la publicación de un libro precioso, Atlas de islas remotas, conocidas hasta donde he podido investigar, propuse que también se debería hacer un atlas de islas desconocidas, que sería maravilloso compartir en la Noosfera de miles de millones de personas que ahora vivimos en el planeta tierra. Aunque en el libro se hacía una reflexión sorprendente y, quizá, disuasoria: “El paraíso es una isla. Y el infierno también”. Todo ello me lleva a considerar también que hay que saber hacia dónde navegamos en el río o mar de la vida todos los días y a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás. Existen además, varias puertas a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda…
Así lo escribí un día, no tan lejano, cuando describía la forma de acceder a esas islas tan necesarias para vivir con dignidad humana: “Sigo entretejiendo una telaraña digital en torno a la divulgación científica de las estructuras del cerebro humano, de la inteligencia digital, porque estoy convencido que la Noosfera es la gran aventura por descubrir en toda su potencialidad”, porque […] “El viaje de la “Isla desconocida” que me regaló en el más puro anonimato su autor, José Saramago, no se me olvidará nunca. Gracias a él, fueron 43 pequeñas páginas las que el 10 de diciembre de 2005, cuando registré este blog, aparecieron como por arte de magia en mi memoria a largo plazo como abriéndose paso, hoja a hoja, para tener un sitio preferente -intercaladas- en este cuaderno de derrota, en términos marinos. Quizá fuera porque siempre he insistido en mi vida que lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento de Saramago. Su compromiso”.
El paraíso y el infierno existen, sin lugar a dudas, en el viaje hacia alguna parte, hacia islas desconocidas, que hacemos cada día. Quizá deberíamos aprender en el aquí y ahora de cada uno, de la misión y visión perfecta del charrán ártico, que persigue un objetivo claro que siempre cumple: alcanzar las metas propuestas volando por esos mundos de dios. Porque buscar islas desconocidas, es decir, descubrir cómo somos cuando decidimos vernos desde fuera, es lo mejor que nos puede pasar en la vida sola o asociada. Al fin y al cabo, la vida se nos pasa… volando. También, resistiendo, como hemos podido comprobar durante la pandemia, situación que con la localización en estas fechas del Endurance, se nos antoja como una metáfora perfecta de lo que significó la supervivencia de aquella expedición en una expedición hacia alguna parte. Así lo cantábamos no hace tanto tiempo: Resistiré / Erguido frente a todo / Me volveré de hierro para endurecer la piel / Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte / Soy como el junco que se dobla / Pero siempre sigue en pie.
Vuelvo a entrar hoy en mi clínica del alma, mi biblioteca, para abrir de nuevo El cuento de la isla desconocida, de José Saramago, tantas veces citado como hilo conductor de estas páginas, y leo algo muy esclarecedor para viajar por mares y océanos procelosos, donde se encontraba por ejemplo el lugar inhóspito en el que tuvo lugar el hundimiento del Endurance: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer humilde del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Los encontré finalmente en un ejemplar original de la revista Cuadernos Hispanoamericanos, publicada en 1949 (1), que recibí ayer con la ilusión de un niño con zapatos nuevos, que se decía en mi infancia de Madrid, donde en el índice, bajo la denominación de “Tabla”, aparecen siete poemas y dos dibujos inéditos de Federico García Lorca, con un subtítulo que dice textualmente lo siguiente: “Los publica Luis Rosales”. Hasta ahí todo bien, excepto cuando se conoce la intrahistoria de cómo se obtuvieron los originales citados. Lo cuenta con detalle Ana Merino en su última obra, Amigo (2), sobre la que recientemente he escrito un artículo en este cuaderno digital que tiene como misión descubrir ”islas desconocidas” para el alma de todos y la de secreto.
En la citada novela, la protagonista, Inés, narra un hecho real en su investigación sobre un archivo de Joaquin Amigo, gracias a una invitación que se le hace para ordenar ese archivo que conservaba en Madrid, María, una nieta de Joaquín. El archivo era en realidad una caja que su mujer, Rosario de la Quintana, guardaba en el altillo de un armario de su dormitorio con documentos de todo tipo, junto a unas estanterías que mandó hacer en su casa de Ronda (Málaga) que contenía sus libros, todo ello a raíz de la dolorosa muerte del gran amigo de García Lorca, sólo nueve días después del asesinato del poeta y en su caso, de una forma igualmente trágica, al haber sido arrojado al vacío del Tajo de Ronda por las milicias republicanas. En sus primeros pasos, descubre que entre las personas que siguieron cerca de la familia de Amigo estaban Ian Gibson, Félix Grande y el poeta Luis Rosales, que aun teniendo diez años menos que Joaquín Amigo mantenían una relación de amistad y respeto mutuo. Fue en una de las visitas de Luis Rosales a la viuda de Amigo cuando se produjo un hecho que quiero resaltar hoy para hacer un pequeño homenaje a Federico García Lorca y a su gran amigo Joaquín Amigo, valga más que nunca la redundancia, al publicar en este artículo lo que de verdad sucedió con los siete poemas y los dos dibujos originales de García Lorca, que figuraban en la caja celosamente guardada en su casa por la esposa de Joaquín y que Luis Rosales se llevó un día de visita. Esta intrahistoria la cuenta su nieta a la protagonista, en el sentido de que Rosales pidió prestados esos poemas y dibujos y nunca los devolvió, a pesar de que Rosario se los pidió en reiteradas ocasiones. De ahí la expresión de dolor de Rosario al recordar este hecho: ¡Ay Luisico, Luisico! Luego, “se quedaba en silencio”.
La verdad es que no se sabe por qué ocurrió este hecho. Hoy, publico este artículo como homenaje a la amistad entrañable de Federico García Lorca y Joaquín Amigo, que para mí representa algo más que una amistad, porque ambos eran de ideas e ideologías muy diferentes y conservaban su unión con esmero y delicadeza casi benedictina, desde que se conocieron y hasta sus dolorosas muertes, que ambos sufrieron auspiciadas por bandos diferentes, como un hecho irrefutable de que de su destino era permanecer unidos hasta la muerte a pesar de todo.
Los siete poemas y los dos dibujos de Federico García Lorca, que figuraban en poder de Joaquín Amigo, publicados por Luis Rosales, con una única reseña que figura en el titulado “La oración de las rosas”, que dice lo siguiente: “Las seis primeras composiciones pertenecen al libro inédito “La suite de los espejos”, que el poeta compuso con anterioridad al “Poema del Cante Jondo”, son un hallazgo que quiero compartir hoy con la Noosfera, la malla pensante de la humanidad, al tener delante la revista original en la que se publicaron. La “Oración de las rosas” es probablemente la primera composición poética de García Lorca”. Como se observa, no hay ni una sola mención a cómo obtuvo Luis Rosales estos originales. ¡Ay, Luisico! Difícilmente sabremos por qué ocurrió este hecho. Una buena respuesta puede ser leerlos hoy con respeto reverencial a la amistad de García Lorca y Amigo, porque coinciden las fechas en que el poeta regaló a Joaquín un ejemplar de la primera edición de Impresiones y paisajes, publicada en 1918 con una dedicatoria sentida y si los poemas citados se publicaron antes del “Poema al Cante Jondo”, estamos hablando de un regalo efectuado en 1920, aunque la única fecha que figura en ellos es de 7 de mayo de 1918, concretamente en “La oración de las rosas”, considerada siempre como la primera composición poética de García Lorca. Su entrega a Joaquín simboliza algo muy importante en sus vidas contrapuestas: el respeto a su amistad por encima de todo.
Recomiendo la lectura de los siete poemas en este enlace, que corresponde a la publicación oficial, así como la visualización de los dos dibujos, en el orden que figuran en el ejemplar de la revista citada, Cuadernos Hispanoamericanos, aunque agrego a continuación el segundo dibujo, Jardín de Orfeo, porque no figura en el enlace citado, que corresponde a la página 19 del original:
Agradezco a Ana Merino haber conocido la intrahistoria de esta amistad inolvidable. Amigo es algo más que una novela. Es, sobre todo, una licencia de género literario que se permite la autora para demostrar, con una ficción biográfica, presidida por un trabajo de investigación muy riguroso, casi de ensayo total, que la verdad tiene ribetes de acero para que el dolor de lo ocurrido sea mejor entendido por todos. Un esfuerzo literario digno de reconocimiento cuando la realidad de las dos Españas se aborda de la forma en que se presenta el contenido de este libro. Fundamentalmente, porque el alma de García Lorca es inabarcable y sólo hacemos maniobras de aproximación para intentar comprenderla y explicarla de la forma más accesible para la conciencia de todos, de unos y otros, como siempre debería ser en esta España tan dual y cainita. Otro ejemplo precioso de la grandeza de espíritu de Federico García Lorca, que perdura en el tiempo y en la memoria histórica de este país y que ahora, gracias a Ana Merino, podemos conocerla mejor y con múltiples detalles. Los poemas y dibujos de Federico García Lorca atestiguan una amistad ejemplar. Léanlos y contemplen sus dibujos. En ellos hay muchas respuestas a la sinrazón actual de un auténtico mundo al revés. Por ejemplo en Tierra:
Andamos sobre un espejo sin azogue, sobre un cristal sin nubes. Si los lirios nacieran al revés, si las rosas nacieran al revés, si todas las raíces miraran las estrellas, y el muerto no cerrara sus ojos…, seríamos como cisnes.
(2 García Lorca, Federico, Siete poemas y dos dibujos inéditos, en Cuadernos Hispanoamericanos, 10 (Julio-Agosto), 1949. Madrid: Cultura Hispánica. Seminario de Problemas Hispanoamericanos, 9-19.
UCRANIA, ¡Paz y libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
lustración original de “Alicia en el País de las Maravillas”, de sir John Tenniel, en el capítulo ‘Una merienda de locos”.
Sevilla, 8/III/2022, en el Día Internacional de la Mujer
Cuando en este Día Internacional de la Mujer, los ojos se nos llenan de lágrimas al ver caminar a miles de mujeres junto a sus hijos, por las gélidas carreteras de Ucrania, en búsqueda de un mundo mejor, bajo el rugido infernal de los bombardeos y disparos descontrolados, he recordado el pensamiento de Eduardo Galeano sobre la niña Alicia para presentarnos su escuela del mundo al revés: Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies (1). Ya estamos en el año veintidós de este milenio y las palabras de Galeano suenan igual cuando asistimos como espectadores impávidos a esta masacre de Ucrania, donde miles de mujeres simbolizan el largo camino que todavía les queda para su reconocimiento en términos de igualdad ante la vida y para alcanzar la paz de género, que también existe. Ellas con sus hijos y sus maridos al frente. Como siempre, en otras guerras.
En este Día Internacional de la Mujer, quiero agradecer a la vida, por escrito, mi experiencia personal con el ejemplo de una protagonista de ese cuento, una niña llamada Alicia, en su país de las maravillas, a la que agradezco hoy todo lo aprendido de su ejemplo a lo largo de los años, a través de la lectura madura de su historia narrada por Lewis Carroll, estando de acuerdo con lo que Juan Ramón Jiménez escribía en el Prólogo de su precioso libro “Platero y yo”: “Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién! …para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien! […] Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren. También habrá excepciones para hombres y para mujeres, etc.”. Porque Alicia, como mujer, nos introduce en un largo camino para comprender el papel de ser humano cuando tiene que enfrentarse a la realidad de la vida.
En el mundo al revés en el que vivimos a diario y que me tiene últimamente tan ocupado y desconcertado, pienso que siendo adulto leí siempre, con alma de niño, el libro de Alicia en el país de las maravillas, porque era una isla espiritual en la que podía vivir como Juan Ramón Jiménez pensaba en ese prólogo que nunca he olvidado: “Dondequiera que haya niños -dice Novalis-, existe una edad de oro. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca”. Esa es la razón clara de por qué aprendí tantas cosas, siempre, de una niña fantástica, Alicia, un ejemplo para saber qué es el silencio y comprender la quintaesencia de la palabra en una frase enigmática del sombrerero: “Comienza por el principio y cuando termines de hablar…¡te callas!”, si es que no tengo algo mejor que decir que el silencio, tal y como hizo Alicia.
Es lo que comprendí en ella cuando “sentada con los ojos cerrados, casi se creía en el país de las maravillas, aunque sabía que sólo tenía que abrirlos para que todo se transformara en obtusa realidad”. Supe más tarde que aquello se llamaba el principio de realidad, en un diálogo sublime con el sombrerero: “Pero un sueño no es la realidad (Alicia). Y, ¿quién te dice cuál es cuál? (Sombrerero). Pero lo que tengo que reconocerle a la niña Alicia es algo muy importante en la vida, algo que utilicé muchas veces en mis presentaciones y conferencias profesionales: saber dónde tenemos que ir en cada momento de la vida, para no correr el riesgo de perdernos, aunque hablara en algunas ocasiones de estrategias digitales públicas que afectaban a millones de personas en Andalucía y que se tenían que desarrollar con espacio, dinero y tiempo…, públicos:
“ ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
… siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato- si caminas lo suficiente!”
Supe, llegado al ecuador de la vida, que había que estar a veces loco para seguir luchando contracorriente en la vida, frecuentando experiencias personales y laborales en las que me podían decir ¿qué hace un chico como tú en un sitio como éste?, ¡hay que estar loco! Lo descubrí, siguiendo al pie de la letra unas palabras de Alicia:
“Hasta ahora no he tomado nada -protestó Alicia en tono ofendido-, de modo que no puedo tomar más.
Quieres decir que no puedes tomar menos -puntualizó el Sombrerero-. Es mucho más fácil tomar más que nada.
Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca.
Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
¿Cómo sabes que yo estoy loca?
Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí”.
Escucho a diario la utilización despectiva del adjetivo “loco” en locuciones diarias a nuestro alrededor del tipo “tal o cual persona está loca” por lo que piensa, escucha, dice y escribe. Lo descubrí también en Federico García Lorca, en unas palabras pronunciadas en un acto con estudiantes de la Universidad de Madrid, en 1934, presentando unos versos del poeta chileno Pablo Neruda, cuando les decía lo siguiente: “Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que muchos matan para colocarse el odioso monóculo de la pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir”.
La locura no es una señora con un gorro de puntas de las que cuelgan cascabeles, en un nuevo acto machista por asignación de este rol pérfido a la mujer. La locura puede ser entendida en su sentido más noble como la capacidad de alternar la crudeza de la vida diaria, el mundo al revés, con el bienestar personal, mediante “lecturas especiales/ideales” de lo que está ocurriendo (2), por ejemplo lo que está pasando en Ucrania y estamos viendo, aunque si la naturaleza humana no responde a las necesidades diarias, la gracia nunca puede presuponer lo que naturaleza no da (gratia non datur, natura dispensatur). El famoso cuento del violín, escrito por Federico el Grande, lo resume muy bien: la vida me pide, a veces, que toque el violín solo con tres cuerdas, luego con dos, luego con una [cada una, cada uno que ponga otro nombre a las cuerdas de su locura…], pero los resultados son obvios, la locura crece:
Os pido, si os place, que este cuento Os enseñe, queridos amigos, Que por grande que sea el talento El arte no se basta sin los medios
Así lo he vivido y así lo cuento, aunque les aseguro que cualquier parecido de lo que le sucedía a Alicia con mi realidad nunca ha sido una pura coincidencia. De ahí mi agradecimiento como deuda, tal y como lo comentaba al principio de estas líneas, gracias a lo que una niña maravillosa me ha enseñado a lo largo de mi vida, encerrado algunas veces en una isla espiritual, desconocida para muchos, la que buscaba apasionadamente también, hace un siglo, un niño andaluz como yo llamado Juan Ramón Jiménez.
Es verdad que si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. En marzo de 2022, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies. Sería la visión de una gran mujer, tal y como nos lo cuenta la historia y para aprender siempre de ella.
(1) Galeano, Eduardo, Si Alicia volviera, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1998.
(2) Alberto Manguel publicó en 2006 un libro muy interesante, Nuevo elogio de la locura (Barcelona: Lumen), que nos ayuda a comprender al lector ideal de la vida, junto a otras muchas definiciones: “Robinson Crusoe no era un lector ideal. Lee la Biblia para hallar respuestas. Un lector ideal [de lecturas especiales] lee para encontrar preguntas” (los corchetes son míos).
UCRANIA, ¡Paz y libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
El próximo veintiocho de marzo se cumplen ochenta años del fallecimiento del poeta Miguel Hernández. No lo olvido, como se puede comprobar repasando páginas de este cuaderno digital, a lo largo de sus dieciséis años de vida. Hoy, lo he recordado especialmente por el poema Tristes guerras, de su Cancionero de ausencias (1938-1941), que reproduzco a continuación sin más comentarios para no empañar su mensaje, que en estos momentos es imprescindible escucharlo para comprender bien su fondo y forma.
Tristes guerras Si no es amor la empresa.
Tristes. Tristes.
Tristes armas Si no son las palabras.
Tristes. Tristes.
Tristes hombres Si no mueren de amores.
Tristes. Tristes.
Igualmente, invito a escuchar su voz en la única grabación que se conserva en la actualidad, realizada por Alejo Carpentier en París en 1937, cuando Miguel iba camino de Moscú. El poema que recita es la «Canción del esposo soldado», publicado primero en El mono azul y después en Viento del pueblo, dedicado a su compañera de vida, Josefina Manresa, embarazada de su hijo Manuel Ramón.
Canción del esposo soldado
He poblado tu vientre de amor y sementera, he prolongado el eco de sangre a que respondo y espero sobre el surco como el arado espera: he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos, esposa de mi piel, gran trago de mi vida, tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo, y a reforzar tus venas con mi piel de soldado fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas, te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho, sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa mi frente que no enfría ni aplaca tu figura, te acercas hacia mí como una boca inmensa de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado envuelto en un clamor de victoria y guitarras, y dejaré a tu puerta mi vida de soldado sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo. Un día iré a la sombra de tu pelo lejano, y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas, y tu implacable boca de labios indomables, y ante mi soledad de explosiones y brechas recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando. Y al fin en un océano de irremediables huesos tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos.
Ante lo que está pasando y estamos viendo de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, no nos queda nada más que seguir luchando sin descanso por el triunfo de las palabras, que aún nos quedan, alzando la voz con ellas y siempre que lleven el amor y la paz dentro, como aprendimos de Miguel Hernández, un poeta del pueblo para el pueblo: Para el hijo será la paz que estoy forjando. / Y al fin en un océano de irremediables huesos / tu corazón y el mío naufragarán, quedando / una mujer y un hombre gastados por los besos.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.