Tristán de Acuña, ¿la isla más remota del mundo…, o no?

Vista satelital de la isla de Tristán de Acuña, en el sur del Océano Atlántico – JPL/NASA

Sevilla, 17/IX/2022

Siendo un apasionado de singladuras especiales, en busca de islas desconocidas, he localizado una, Tristán de Acuña, la más remota del mundo, con una superficie de 98 kilómetros cuadrados, descubierta por el explorador portugués Tristâo da Cunha en 1506, aunque creo que la isla más remota, a veces, es la que conformamos cada uno de nosotros, tal y como lo cuenta de forma admirable José Saramago en su precioso Cuento de la isla desconocida, tan querido, tan cercano, a través de una mujer admirable que aplicaba siempre el principio de realidad en su vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Pero volvamos a Tristán de Acuña, tan lejos, tan cerca: “Esta isla volcánica perteneciente al Reino Unido y con apenas 300 habitantes emerge en pleno Atlántico sur a 2.810 kilómetros de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y a 2.334 de la isla –también británica- de Santa Helena. El peñasco es tan abrupto que no hubo manera de construir un aeropuerto. La única vía de comunicación de Tristán da Cunha con el resto del mundo son dos barcos de una compañía pesquera, el MV Edinburgh y el MV Baltic, que cada dos meses hacen la travesía desde Ciudad del Cabo. El viaje dura unos seis días, si la mar no se pone canalla. Cada barco tiene una capacidad máxima para 12 pasajeros. Los no residentes en la isla tienen además que solicitar un permiso previo para que sea autorizada su estancia en el archipiélago”, formado por las islas Inaccessible, Nightingale, Middle, Stoltenhoff y Gough.

La ciudad más habitada en esta isla tiene un nombre evocador, Edimburgo de los Siete Mares, nombre que sugiere por sí mismo un misterio con el tiempo dentro, más conocido por los lugareños como El Asentamiento, con unos trescientos habitantes que provienen en su mayoría de las siete familias que se asentaron en aquél lugar en 1815, después de un asentamiento militar defensivo establecido allí por la invasión de la isla de Santa Elena por tropas francesas. Los siete apellidos que allí se conservan son un ejemplo claro de su genealogía: Glass, Repetto, Lavarello, Swain, Green, Rogers y Hagan. El nombre del Asentamiento se debe a la visita que hizo el Príncipe Alfredo, Duque de Edimburgo, en 1867 en su viaje alrededor del mundo recorriendo las diferentes posesiones británicas de Ultramar. No tiene los equipamientos habituales de nuestras ciudades, pero sí una iglesia, un museo, un hospital , un centro educativo e incluso un campo de golf. Hay que destacar que grandes autores como Julio Verne o Emilio Salgari, se inspiraron en esta isla, el primero a través de Los hijos del capitán Grant y Un capitán de quince años, y el segundo, en una obra emblemática, El rey del aire.

Internet ha venido a dar un giro copernicano a la isla, porque la telemedicina, junto con la teleeducación, por ejemplo, son esenciales para un dispositivo médico escaso y una organización escolar básica, como casi todo en esta isla, aunque muy reconocidos como servicios a la comunidad desde todos los puntos de vista. Las predicciones meteorológicas, igual, porque saben bien cómo defenderse de las inclemencias del tiempo y del mar, así como de la zona sísmica tan próxima en la que viven en la actualidad, algo que vivieron de forma directa en 1961 por una erupción volcánica que obligó a su evacuación completa en Calshot, muy cerca de Southampton (Reino Unido), aunque dos años después decidieron volver en bloque a su amado Asentamiento en Tristán de Acuña, la ciudad más remota del mundo, a seguir viviendo de la langosta, las postales y los sellos, con series que se entregan al mundo para disfrute de los filatélicos más avezados.

Algo intuí sobre Tristán de Acuña cuando publiqué en 2014, en este blog, un artículo, Islas conocidas, desconocidas y remotas, en el que comentaba un libro que hablaba sobre ella,  Atlas de islas remotas, de Judith Schalansky, conocidas, hasta donde había podido investigar, que personalmente necesitaba leer e investigar sobre ellas, para reforzar la idea de que las islas desconocidas, las que conformamos cada persona en el archipiélago humano más desconocido, necesitan una edición especial, que sería maravilloso compartir en la Noosfera de miles de millones de personas que ahora vivimos en el planeta tierra. Aunque hace una reflexión sorprendente: «El paraíso es una isla. Y el infierno también». Decía entonces que “Ya me comprometí con esta aventura al iniciar la publicación de este blog, aunque he descubierto hasta ahora que sí es posible publicarlo a través de medios digitales, respetando el hilo conductor que me enseñó Saramago, en su Cuento de la isla desconocida: saber a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás”.

Hoy, a través de esta singladura especial, refuerzo lo que así escribí un día, no tan lejano, cuando describía la forma de acceder a esas islas tan necesarias, personales intransferibles, para descubrir lo más íntimo de la propia intimidad, para vivir con dignidad humana: «Sigo entretejiendo una telaraña digital en torno a la divulgación científica de las estructuras del cerebro humano, de la inteligencia digital, porque estoy convencido que la Noosfera es la gran aventura por descubrir en toda su potencialidad», porque […] «El viaje de la “Isla desconocida” que me regaló en el más puro anonimato su autor, José Saramago, no se me olvidará nunca. Gracias, a él, porque fueron 43 pequeñas páginas que el 10 de diciembre de 2005, cuando registré este blog, las que aparecieron como por arte de magia en mi memoria a largo plazo como abriéndose paso, hoja a hoja, para tener un sitio preferente –intercaladas– en este cuaderno de derrota, en términos marinos. Quizá fuera porque siempre he insistido en mi vida que lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento de Saramago. Su compromiso». Porque el paraíso y el infierno existen, sin lugar a dudas, en el viaje hacia alguna parte, hacia islas desconocidas, que hacemos cada día.

Al fin y al cabo somos, en la mayoría de los casos y a diario, viajeros románticos en nuestra propia vida, como decía Judith Schalansky, en su querido Atlas de islas remotas. Esas islas somos también nosotros.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Palabras para Javier Marías

Nada [es] tan tentador como entregarse a otro, aunque solo sea con la imaginación, y hacer nuestros sus problemas y sumergirnos en su existencia, que al no ser nuestra ya es más leve por eso.

Javier Marías, en Los enamoramientos, 2010

Sevilla, 12/IX/2022

Ayer falleció en su querido y nunca bien ponderado Madrid, el escritor Javier Marías, a quien seguí de cerca en sus libros y artículos del diario El País durante muchos años. En enero de 2017 escribí un artículo en este cuaderno digital, dedicado a él, Palabras de Javier Marías, en el que quise resaltar unas palabras suyas que encierran en sí mismas casi toda su obra. Vuelvo a publicarlo hoy porque deseo que sean sus palabras las que nos ayuden a asimilar su ausencia, fundamentalmente porque su arte de escribir se queda con nosotros. Mi agradecimiento es hoy expreso, porque fue un maestro de la literatura que entrega siempre a la humanidad algo especial y transforma el mundo de secreto, quizás también el de todos, de quienes amamos la lectura y aprendemos a vivir con ella, cuidándola amorosamente a lo largo de nuestra vida.

Palabras de Javier Marías

Mientras que ordenaba libros de lectura pendiente, he encontrado en mi biblioteca unas tarjetas postales en blanco y negro con frases entresacadas de libros de Javier Marías e imágenes sugerentes de sus portadas, llevándome a una lectura que deseo compartir con las personas que suelen abrir conmigo este cuaderno de inteligencia digital. Son islas desconocidas que tienen sentido cuando se descubren también por las personas que llegan a ellas de vez en cuando. Espero que estas tarjetas postales, con su palabra y tiempo dentro, nos faciliten durante el fin de semana encontrar algún sentido a la vida. Nada más.

1. “Nada tan tentador como entregarse a otro, aunque solo sea con la imaginación, y hacer nuestros sus problemas y sumergirnos en su existencia, que al no ser nuestra ya es más leve por eso”. En Los enamoramientos (2010).

2. “Qué desgracia saber tu nombre, aunque ya no conozca tu rostro mañana, los nombres no cambian y se quedan fijos en la memoria cuando se quedan, sin que nada ni nadie pueda arrancarlos”. En Mañana en la batalla piensa en mí (1994).

3. “Como si anunciara derretirse a la menor presión, al menor contacto, como si hasta una caricia o un beso suave se fueran a tornar violencia y ultraje”. En Mientras ellas duermen (1990).

4. “Todo en ella era expansivo, excesivo, un ser nervioso, uno de esos seres para los que no está hecho el tiempo, para los que la propia noción de tiempo y de paso es un agravio, necesitados como están de fragmentos de eternidad para cualquier cosa”. En Todas las almas (1989).

5. “Parece como si nuestro tiempo, en el que nada carece de su correspondiente imagen, se sintiera incómodo ante aquello cuya responsabilidad no puede atribuirse a un rostro”. Vidas escritas (1992).

6. “Y así en el territorio que no es verdad todo sigue pasando y pasando siempre y allí la luz no se apaga ahora, ni se apaga luego, ni quizá nunca se apague”. En Negra espalda del tiempo (1998).

7. “La lealtad ha sido por el oro ahuyentada; por oro la justicia se vende, al oro sigue la ley, y luego va la moral no escrita. Pero nada cambia”. En El siglo (1983).

8. “Pero mientras palpite la sangre en mi mano que escribe, tú y yo seremos parte de la bendita materia y aún podré hablarte”. En Faulkner y Nobokov: dos maestros (1997, 1999).

9. “Todo lo desinteresado y lo inútil, todo lo que no permite otra cosa que pasearlo y mirarlo, se mantiene vivo, a veces salvándose por milímetro de la ruina”. En Pasiones pasadas (1999).

10. “Eso es lo que fue de ella, a quien aún podía sucederle todo y le sucedió la nada en su tiempo. O quizá la espera sin esperanza”. En Donde todo ha sucedido (2005).

Espero también que consideren la decisión de llevarse alguno de estos libros a una isla desierta, aún por descubrir, si eso ocurriera alguna vez en sus vidas. Les aseguro que no es un juego de estrategia, sino mero amor a la lectura, que es bella, porque “Nada [es] tan tentador como entregarse a otro, aunque solo sea con la imaginación, y hacer nuestros sus problemas y sumergirnos en su existencia, que al no ser nuestra ya es más leve por eso”.

Hasta aquí sus palabras, que aún nos quedan.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Llevamos todos un cazador-recolector, que habla, dentro del cerebro?

Selam, la niña descubierta en Dikika (Etiopía), en 2000, por el profesor Zeresenay Alemseged, que cumpliría hoy tres millones, trescientos veintidós mil años de edad.

Sevilla, 11/IX/2022

Navegando por el mar proceloso de cada día, revuelto y bravo, he llegado a una isla muy interesante para comprender qué nos pasa, porque la verdad sea dicha, lo que de verdad sabemos es que no sabemos lo que nos pasa. O sí, si atendemos a descubrimientos científicos recientes como los que se narran en un libro de interés actual, Guía del cazador-recolector para el siglo XXI. Cómo adaptarnos a la vida moderna (1),  del que recojo su sinopsis para no adelantar acontecimientos lectores o lo que llaman ahora, hacer un espóiler: “Vivimos la época más próspera de toda la historia de la humanidad y, sin embargo, la mayoría de las personas están más desganadas, enfadadas y deprimidas que nunca. ¿Qué explicación lógica cabe? Más aún, ¿qué podemos hacer para cambiar esta tendencia? Heying y Weinstein, pareja y biólogos evolutivos ambos, nos explican que nuestros males nacen de la disonancia entre el mundo moderno y nuestros cerebros y cuerpos ancestrales. Hemos evolucionado para vivir en clanes, pero en la actualidad la mayoría de la gente ni siquiera conoce el nombre de sus vecinos. Hemos sobrevivido gracias al sexo, y ahora ponemos en duda su misma existencia. La educación, la alimentación o el sueño han obedecido siempre a hábitos que han sobrevivido milenios y que ahora nos permitimos alterar o cuestionar. Guía del cazador-recolector para el siglo XXI rompe con el discurso políticamente correcto y nos ofrece principios claros y prácticos para ayudarnos a tener una vida más feliz y próspera”.

En nuestros cerebros está la clave de nuestra existencia desde los antepasados más remotos, como vengo demostrando en este cuaderno digital en artículos de divulgación sobre las estructuras del cerebro, una caja mágica que nos sorprende a diario. Sobre este principio científico no tengo duda alguna, pero nos enfrentamos todavía a la altura de este siglo con una realidad clara y constatada en laboratorio: no conocemos casi nada de su funcionamiento y, mucho menos, de lo que supone en la actualidad la enfermedad mental, que hace que no seamos felices y que se sufra mucho incluso para llevarnos a “quitarnos la vida”, con cifras alarmantes en la actualidad y a pesar de las inversiones millonarias destinadas a tal fin por determinadas entidades científicas.

A través de trece capítulos se desgrana la realidad de cómo vivieron nuestros antepasados y cómo el cerebro ha ido grabando lo que ha ocurrido durante millones de años hasta nuestros días: el nicho humano, una breve historia del linaje humano, los cuerpos antiguos en un mundo moderno, la medicina, la comida, el sueño, el sexo y el género, la paternidad y relaciones, la infancia, la escuela, el paso a la edad adulta, la cultura y la consciencia y, finalmente, la cuarta frontera, nos llevan a identificar bien a nuestros antepasados y su forma de enfrentarse a diario a la vida. La explicación sobre el nicho humano es de una calidad excepcional y personalmente me ha deslumbrado en esta búsqueda de islas desconocidas que nos permitan comprender la realidad de lo que está pasando y estamos viendo a diario: “Nuestra especie es inteligente y bípeda, social y alegre. Hacemos herramientas, cultivamos la tierra, creamos mitos y relatos mágicos. Nos hemos reinventado en momentos y lugares distintos, en multitud de ocasiones, y hemos aprendido a dominar un hábitat tras otro. Hay muchos factores que definen una especie: su forma y función, su genética y desarrollo, su relación con otras especies… Pero quizás el rasgo que más define a una especie es su nicho: la forma concreta en que interactúa con su entorno y encuentra el modo de vivir en él. Si nuestra experiencia y geografía son tan amplias, ¿cuál es exactamente el nicho humano? Al observar la evolución de nuestra especie, parece que hemos eludido una ley fundamental de la naturaleza: quien mucho abarca poco aprieta. Habitualmente, para dominar cualquier nicho, las especies tienen que especializarse y sacrificar amplitud y generalidad. La necesidad de especializarse impide ser polifacético. Es un principio tan universal que, a juzgar por los documentos escritos (uno de los primeros ejemplos es una crítica de 1592 al actor convertido en dramaturgo William Shakespeare), lleva invocándose más de cuatro siglos. El refrán «quien mucho abarca poco aprieta» se aplica en muchos campos, de la ingeniería al deporte, pasando por la ecología, y, por lo menos en ese sentido, las especies son como las herramientas: cuantas más cosas hacen, peor es su resultado. Y aun así, aquí estamos, abarcando casi todas las disciplinas imaginables y, a la vez, habitando casi todos los hábitats de la Tierra. Nuestro nicho es prácticamente ilimitado y, cuando encontramos cualquier obstáculo, nos lanzamos a intentar superarlo casi de inmediato. Es como si no creyéramos en la existencia de una última frontera. El Homo sapiens no solo es excepcional. Somos excepcionalmente excepcionales. No tenemos rival en cuanto a adaptabilidad, ingenio ni capacidad de explotación; en el transcurso de cientos de miles de años nos hemos especializado en todo. Gozamos de la ventaja competitiva de ser especialistas, pero no pagamos el coste habitual de la falta de amplitud”.

Es apasionante la lectura de este libro, pero lo que de verdad me ha sobrecogido siempre fue descubrir que lo que verdaderamente nos hizo humanos, poder hablar y relacionarnos sin gritos ni gruñidos. Me refiero a la noticia que en 2006 saltó al mundo científico por el descubrimiento de restos óseos en Dikika (Etiopía), en 2000, que pertenecían al esqueleto de una niña, a la que se puso el nombre de Selam (paz), confirmándose en aquel momento, mediante pruebas científicas, que cumpliría tres millones, trescientos mil años. Fue un descubrimiento extraordinario porque según manifestó en aquél momento Zeresenay Alemseged, paleoantropólogo etíope del Instituto Max-Planck de Leipzig, en Alemania: “son los restos más completos jamás encontrados hasta la fecha en la familia de los australopitecos”. El esqueleto se montó como un puzle humano, pieza a pieza, hueso a hueso, desde su descubrimiento en el periodo comprendido entre 2000 y 2003, faltando sólo la pelvis, la zona baja de la espalda y parte de las extremidades.

Curiosamente, Yves Coppens, descubridor de Lucy, vecina de Selam, en Dikika, reforzó la importancia de este descubrimiento porque “el mayor interés cuando se descubre un niño es que muestra mejor que un adulto los caracteres genéticos de la especie y permite observar elementos de base porque la acción del medio sobre la persona no se manifiesta todavía. Por eso, el descubrimiento es extremadamente importante. El estudio confirma el carácter bípedo y arborícola de Lucy, a través de estos dos esqueletos que, entre paréntesis, son los más completos de los australopitecos descubiertos”. En el momento de este descubrimiento excepcional, hubo un gran debate científico sobre las largas extremidades superiores de la especie a la que pertenecían Lucy y Selam, facilitadoras para subir a los árboles y alimentarse, y que posiblemente estuvieran situadas en un callejón sin salida morfológico, en clave evolutiva y teilhardiana, que he comentado también en este cuaderno digital. Por mi especial dedicación científica al estudio del cerebro, me ha impresionado siempre la realidad de su capacidad craneal, analizada con técnicas de imagen, para poder calcular la fecha de su nacimiento y su base evolutiva para alcanzar el desarrollo que tiene la corteza cerebral actual. Selam, una niña de unos tres años de edad, tendría una capacidad cerebral en torno a los 300 centímetros, mientras que la de nuestra especia ronda los 1.400 centímetros cúbicos. Comenzaba a desarrollarse el cerebro. Y lo que me llamó la atención poderosamente, desde la anatomía de estos fósiles, fue el hallazgo de un hueso, el hioides (2), que es el auténtico protagonista de este descubrimiento científico, porque su función está vinculada claramente a una característica de los homínidos: el hioides permite fosilizar el aparato fonador, es decir, hay una base para localizar la génesis del lenguaje, aunque tengamos que aceptar que el grito fuera la primera seña de identidad de los australopitecus afarensis, algo que, por cierto, permanece casi intacto en el cerebro actual.

El libro de Heying y Weinstein, comienza con la localización de un nicho humano donde comenzó la historia jamás contada de la aparición de humanos, para desarrollar su investigación, llamado Beringia, una masa de tierra cuatro veces más grande que California que conectaba con Alaska al este y con Rusia al oeste”, donde “Las mejores estimaciones actuales indican que la migración tuvo lugar hace al menos 15.000 años. Puede que incluso más. Según cómo fuera ese manto de hielo, es posible que no pudieran desembarcar de forma permanente hasta llegar mucho más al sur, como mínimo hasta lo que es hoy la ciudad de Olympia, en el estado de Washington, donde acababan los glaciares. Al sur y al este de Olympia se abrían extensiones de tierra de inimaginable magnitud y variedad, rebosantes de hermosos paisajes verdes. Había animales exquisitos y carismáticos, pero no personas. Los humanos estaban a punto de explorar esos territorios por primera vez”. Junto a esta realidad de los 15.000 años, escribí en 2006 que hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado (2) . Los africanos que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (3).

Algo tuvo que ocurrir en el nacimiento de la vida humana, trascendental y aún por descubrir, para que nuestros antepasados, a los que hoy situamos en una primera referencia, Selam, la niña de Dikika, comenzaran a caminar de forma bípeda y a desarrollar el cerebro. La gran pregunta surge al saber que junto a los fósiles de Selam y de Lucy se han encontrado también restos de hipopótamos y cocodrilos, lo que aventura pensar que Selam fue una niña feliz en un medio fértil y adecuado a sus necesidades. Algo tuvo que ocurrir, cuando sintieron la necesidad de salir de su tierra y de su parentela para buscar comida y una habitabilidad mayor. Para no amargarnos demasiado, desde el punto de vista científico y a las pruebas científicas me remito, media un tiempo impresionante entre Selam y los primeros aventureros, hace doscientos mil años, que empezaron a crear el mundo habitado. La diferencia del cerebro no es tan evidente, si la comparamos con el paso de los millones de años. Ahí está la llave del secreto de esa niña a la que pusieron un nombre simbólico en territorio musulmán: Paz.

Es verdad que en nuestro cerebro se guardan muchos misterios de nuestros antepasados y cada día sabemos más cosas sobre él, pero si hay algo maravilloso que nos diferencia del reino animal es que poseemos la capacidad de hablar y expresar así nuestros sentimientos y emociones. Lo que tengo que confesar que me preocupó mucho cuando lo supe es que también conservamos un cerebro reptiliano, que es probablemente el que justificaron nuestros antepasados como responsable del mal ético a través de la serpiente en el relato de la creación. Ante la realidad de que después de este largo recorrido humano a lo largo de millones de años se evidencie que no somos felices y que estamos sufriendo de forma virulenta los varapalos de la enfermedad mental en múltiples manifestaciones, creo que la propia necesidad cerebral de autoformarse a lo largo de la vida, con más de cien mil millones de posibilidades (neuronas) de hacer cosas y sentir nuevas vibraciones de sentimientos y emociones, acotadas en el tiempo vital de cada persona, son un reflejo de que las estructuras del cerebro necesitan a veces esperar, con más o menos paciencia aprendida o inducida genéticamente, para que nos mostremos tal y como somos, para que alcancemos nuestros proyectos más queridos y deseados, porque oportunidades tenemos de forma personal e intransferible a través de una estructura que dignifica por sí mismo a cada ser humano: la corteza cerebral que venció al cerebro original de los reptiles, otorgándonos genéticamente la posibilidad de ser inteligentes. Y la posibilidad de hablar, cazar y recolectar, por este orden. Es verdad lo que tantas veces he afirmado: nos queda la palabra… y la ciencia que, en la actualidad, también la tiene. Llegará el día en este siglo, al que denomino «el siglo del cerebro», en el que se descubran todas sus estructuras y funciones, y podamos saber por primera vez por qué no somos felices y por qué enfermamos mentalmente, a pesar de todo. Una maravilla, porque habrá remedio para tanto dolor y sufrimiento.

(1) Heying, Heather y Weinstein, Bret, Guía del cazador-recolector para el siglo XXI. Cómo adaptarnos a la vida moderna, 2022, Barcelona: Planeta, traducción de Àlex Guàrdia Berdiell.

(2) Hueso impar, simétrico, solitario, de forma parabólica (en U), situado en la parte anterior y media del cuello entre la base de la lengua y la laringe.

(3) Sreeve, J. El viaje más largo, National Geographic, 2006, Marzo, 2-15.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.mirror.co.uk/news/world-news/33million-year-old-remains-baby-10477847

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El Tiempo rapta la Verdad

El Tiempo raptando la Verdad – Fresco en la Sala de la Verdad, Palacio Real de La Granja de San Ildefonso

Sevilla, 8/IX/2022

En una reciente visita al Palacio Real de La Granja de San Ildefonso (Segovia), descubrí una pintura al fresco en la Sala de la Verdad, que me llamó poderosamente la atención. La cartela de la Sala indicaba que llevaba por título “El Tiempo raptando la Verdad”, datada con aproximación en 1735 y estaba allí para la posteridad en un palacio de verano construido por Felipe V para el retiro real y ejercicio de la caza. No pude llevarme la imagen fotográfica porque estaba prohibido hacerlo, pero sí me quedé con el mensaje, porque me pareció una alegoría de lo que está pasando cada día en la sociedad actual.

Al regreso del viaje comencé a indagar la historia de esa pintura y he conocido quién la pintó, Bartolomé Rusca (Arosio (Suiza), 1680 – La Granja (Segovia), 1750) y el contexto en el que llevó a cabo esta obra de arte. Su biografía indica que comenzó sus trabajos en palacios de la nobleza en Piacenza (Italia), decorando iglesias cercanas, trasladándose a España posteriormente. Al morir en 1734 Andrea Procaccini, arquitecto y decorador del palacio de La Granja, favorito del marqués de Scotti y de la reina Isabel de Farnesio, Rusca fue llamado a España para continuar su labor y adornar las nuevas alas del palacio. Su viaje fue financiado por el conde Rocca gran amigo del marqués de Scotti. Llegó a La Granja en octubre de 1734 con un sueldo de veinte doblones mensuales, muy inferior al que percibía su antecesor Procaccini”. En 1735, al construirse la nueva fachada del jardín, comenzó la decoración de las nueve salas que dan al Jardín, entre las que se encuentra la dedicada a la Verdad, “con la colaboración de Santiago Bonavía en las arquitecturas pintadas”, gran amigo y protector.

La primera obra que consulté fue una dedicada expresamente a las pinturas de las bóvedas del palacio real de San Ildefonso (1), pero la calidad de las imágenes sobre esta pintura al fresco, en blanco y negro, en la Sala de la Verdad, no permiten contemplar con detalle esta alegoría. Sí me pareció interesante la descripción que ofrece de la misma: “Rodeada de cornucopias, trofeos guerreros y victorias de estuque dorado sobre fondo blanco, en la medalla central aparece la composición, sobre fondo celeste con nubes, donde figura el Tiempo, representado por anciano alado, desnudo y honestado con manto siena, que eleva en sus brazos a la Verdad, en figura femenina de joven desnuda con su mano derecha extendida y la izquierda sobre el pecho, con la mirada hacia lo alto, a ambos lados númenes alados, portan a su derecha, aro de oro y reloj de arena –símbolos de la Inmortalidad y del Tiempo– , y a su izquierda, palma y orbe –representación de la Victoria y del Mundo terrenal–; en la parte inferior de la historia, sedente sobre nube, contempla la escena una figura femenina gofa, con túnica tornasolada, sustituida su pierna derecha por pata de palo, y llevando en su m ano izquierda un haz de paja encendida: la representación de la Mentira”.

El Tiempo raptando la Verdad (detalle)– Fresco en la Sala de la Verdad, Palacio Real de La Granja de San Ildefonso

Creo que esta descripción, una alegoría plena y llena de metáforas, cobran especial importancia, sobre todo conociendo el contexto en que fueron pintadas estas bóvedas del Palacio Real. En concreto, la Sala de la Verdad se encuentra entre las cinco que representan ideas morales indicadas por la Corte que, junto a las bóvedas pintadas con fábulas mitológicas, diecisiete en total, hacen un total de veintidós obras pintadas por Rusca. La Verdad se une a la Paz, la Abundancia, la Justicia y la Razón de Estado: “El Pintor posee erudición y humanismo , ideas bien conceptuadas en su estudio antes de pasar a su plasmación en el taller -–en este caso el muro humedecido–. Estas pinturas escapan a encasillarlas con un título breve y conciso, pues su interpretación varía con el enfoque cultural de los diversos espectadores. En estos complejos temas, Rusca se mostró como un experto fresquista, con pleno dominio del dibujo, del color y de las luces, y gran maestro en el escorzo y cálculo matemático del punto de la vista”.

Posteriormente, al no haber podido conseguir unas imágenes de calidad de esta pintura al fresco, entré en contacto con Patrimonio Nacional que, amablemente, me las facilitó a través del Departamento de Comunicación del Palacio Real, pudiendo acceder a una página de Twitter donde figuraban dos imágenes de calidad que he incorporado a este artículo. Lo detallo aquí como expresión de agradecimiento a una institución pública que está al servicio del interés general y eso me basta en estos tiempos de turbación y tanta mudanza.

Creo que en esta pintura al fresco el autor quiso representar algo muy importante para la posteridad: la Verdad triunfa siempre, pero hay que rescatarla del Tiempo, con mayúscula, que es el verdadero artífice de que a veces no triunfe en la vida ante la presencia de la Mentira. En este cuaderno digital, he publicado numerosos artículos en los que la Verdad ha estado siempre presente. Lo que no había descrito nunca, con la fuerza de las imágenes de Rusca, es que la Verdad tiene un espíritu joven y fresco, que la rodea cuando es verdadera, enseñándonos que es Inmortal, que triunfa con el Tiempo, que alcanza siempre la Victoria y que tiene los pies en el suelo, en el Mundo terrenal, a pesar de que siempre está presente en nuestras vidas ante la Mentira, que camina a duras penas para mantenerse viva, aunque a veces triunfe fugazmente, porque es un auténtico peligro, representado por un haz de paja encendida, capaz de quemar lo más auténtico de la vida de cada uno y de todos. Esa es la razón de por qué el Tiempo, “honestado”, es decir, cubierto “decentemente”,  de una supuesta sabiduría infinita y de ética duradera, rapta a veces la Verdad de cada día, que hay que buscarla permanentemente a lo largo de la vida, como tarea a compartir por todos: “¿Tu verdad? No la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela” (Antonio Machado). Buscarla, necesita su tiempo. Cuando la descubrí, siendo niño y haciendo las cosas de niño y hasta que me hice mayor, haciendo las cosas de persona mayor, me he ido dando cuenta de que debía tener cuidado del Tiempo de Vivir, para elevar cada acto de mi vida ante la Mentira, para que nunca me raptaran la Verdad verdadera.

Creo que se comprende que recuperara de nuevo la ilusión de defender la Verdad de todos los días, en La Granja de San Ildefonso, en la Sala de la Verdad de su Palacio. Y decidí compartirlo con quienes caminan conmigo a diario en medio de tanta Mentira, sabiendo que el Tiempo es capaz de raptar, secuestrar y retener la Verdad a cualquier precio, incluso con violencia y engaño, en el Gran Teatro del Mundo.

(1) Martín, Pompeyo, Las pinturas de las bóvedas del Palacio Real de San Ildefonso, 1989, Madrid: Patrimonio Nacional, p. 121 y s.

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Leyenda en Cantabria / 5. Oyambre y su pájaro amarillo

El pájaro amarillo. Museo del Aire y del Espacio. Le Bourget (París)

Sevilla, 5/IX/2022

Fuimos a Oyambre, atravesando Comillas y Toñanes, un pueblo famoso desde la publicación reciente de Juan Gómez Bárcena, Lo demás es aire (1), obra ciclópea en su desarrollo narrativo respetando el contexto cántabro y su historia, para conocer la playa donde se posó de forma atrevida “El pájaro amarillo”, el mítico avión que pretendía culminar la travesía del Atlántico en París, habiendo despegado veintinueve horas antes de la playa de Old Orchad, en Maine (Massachussets, EEUU), aterrizando a duras penas por un problema de falta de combustible en Oyambre, a las 23:40 horas del 14 de junio de 1929. La aventura de “El Pájaro Amarillo” es digna de ser recordada siempre. Antes de hacer esta visita emocionante, recopilé bastante información fidedigna y objetiva sobre lo ocurrido, habiendo comenzado a leer el libro del protagonista principal, Armand Lotti (1897-1993), L´oiseau canari (El pájaro amarillo), empresario parisino, donde narra de forma pormenorizada esta fantástica aventura, visualizando al mismo tiempo un documental, La aventura del Pájaro Amarillo, producido por el actor Antonio Resines, santanderino de pro.

La sinopsis de este documental nos sitúa perfectamente en torno a lo que ocurrió en esta fantástica aventura: “El 13 de junio de 1929 despega en la playa de Old Orchad, en Maine (EEUU) un avión Bernard 191 GR, llamado L’Oiseau Canary. El vuelo tenía como destino París, pero la falta de combustible forzó un aterrizaje imprevisto en la playa de Oyambre, Comillas, tras 29 horas de vuelo y 5.300 km. recorridos. A bordo viajaba una joven y entusiasta tripulación, Armand Lotti, promotor de la expedición, Jean Assolant, primer piloto, René Lefévre, navegador, y un pasajero clandestino, Arthur Schreiber, el primer polizón aéreo de la Historia. La noticia fue cubierta por numerosos diarios de la época, y hasta Comillas se desplazaron los principales noticieros del momento, como Pathé y Paramount, para ser testigos del acontecimiento. Los pilotos fueron recibidos en Comillas como verdaderos héroes, permaneciendo dos días en la ciudad cántabra, a la espera de que llegara desde Madrid el combustible que necesitaban para continuar su viaje a Paris. En el año 1929 se habían realizado nueve tentativas de atravesar el Atlántico y todas habían terminado en fracaso. La primera que cosechó el éxito fue «La Aventura del Pájaro Amarillo».

Monumento conmemorativo del aterrizaje de El Pájaro Amarillo, en 1929, en la playa de Oyambre (Cantabria) / Libro de Armand Lotti, L´oiseau canari, publicado en 1968.

La llegada a la playa fue desconcertante porque apenas hay señalización de este acontecimiento. A decir verdad, no había señal alguna que nos indicara dónde había ocurrido este feliz aterrizaje. Con sucesivas paradas y múltiples preguntas, llegamos finalmente a pie a una playa recóndita en la actualidad, aunque es de grandes dimensiones vista desde la altura en la que está situado el nuevo emplazamiento del monumento, que conserva el original, obra del escultor cántabro Jesús Otero, del que ya comenté en el artículo anterior su obra actual en Santillana del Mar, cuya primera piedra fue colocada por “los heroicos aviadores españoles, capitanes Jiménez e Iglesias, el 14 de agosto de 1929”, manteniendo la inscripción original: “Esta es la playa donde aterrizó el primer avión trasatlántico que tocó tierra española. Fue el pájaro amarillo en vuelo directo de Old Orchard EE.UU. y tripulado por Assollant, Lefévre y Lotti. 14 de junio de 1929”. Para salvar las inclemencias del mar sobre la piedra del monumento fue trasladado de sitio, inaugurándose el nuevo emplazamiento el 16 de junio de 2018. Nos sentamos en el pie del monumento para contemplar la belleza y placidez aquel día del mar Cantábrico, imaginándonos por segundos lo que ocurrió en aquella fecha tan señalada de 14 de junio de 1929. El monumento está muy deteriorado y quizá algo abandonado, sin señalización alguna para su acceso desde la carretera que está situada a unos quinientos metros nada más. Junto a él sí hay un cartel con un título suficientemente explicativo: “Monumento al Pájaro Amarillo, Primer vuelo trasatlántico con llegada a España”, donde se explica sucintamente lo ocurrido, aunque fue una sorpresa descubrir un soneto de un poeta comillano, Jesús Cancio, que aún se puede leer y que así hice porque allí, en ese momento y a pesar de su sencillez, tenía su encanto:

Aquí hizo un alto en su glorioso vuelo,
un águila de espíritu romántico
que atravesó el desierto del Atlántico,
entre el asombro del mar y el cielo.

Fue el “Pájaro Amarillo”, cuya hazaña
tuvo al mundo suspenso, conmovido,
hasta que el ave audaz encontró un audaz
en aqueste solar de la Montaña.

Y al posarse magnífica y serena,
al dejarse caer sobre la arena,
después de domeñar tanta distancia,

al besar estas costas españolas,
dijo el mar de Comillas en sus olas:
“Loor a la aviación, honor a Francia”.

La inscripción que figura rotulada en el monumento, me ha llevado a descubrir de nuevo la unión entre Cantabria y Andalucía, porque los “heroicos capitanes” que pusieron la primera piedra en el monumento a El Pájaro Amarillo en Oyambre eran Ignacio Jiménez Martín y Francisco Iglesias Brage, que habían volado en el “Jesús del Gran Poder”, en 1928, por su empeño en efectuar un vuelo que batiese el récord de distancia que estaba entonces en 6.290 Km. Un avión Breguet XIX Gran Raid que se fabricaba por Construcciones Aeronáuticas, S.A. (C.A.S.A.), en su factoría de Getafe, con los permisos correspondientes y bajo licencia, para la Aviación Militar, era el que permitía un radio de acción de 7.000 Km. o más y transportar 4.100 litros de carburante. En concreto, se fabricó un avión del tipo Breguet XIX TR Bidón, con el número de servicio 72 y llamado “Jesús del Gran Poder”, nombre que recibió en un acto oficial de bendición en la base de Tablada, en Sevilla, celebrado el 30 de Marzo de 1928 y en el que actuó de madrina la Reina Doña Victoria Eugenia. Una vez más, he podido comprobar la relación de Cantabria con Andalucía, por esta referencia de los capitanes Jiménez e Iglesias. El 10 de mayo despegaron finalmente, pero por la bruma existente chocaron en la pista con un carro, resultando dañado el avión y teniendo que abortar el vuelo. A pesar de que ellos pensaron que en pleno vuelo podían cambiar el rumbo de Este a Oeste (Cuba), sin comunicarlo oficialmente a nadie, se descubrió antes de despegar este plan y fueron amonestados. A pesar de estas incidencias, lo hicieron finalmente el 29 de mayo hacia Oriente, pero dificultades meteorológicas obligaron a ambos pilotos a desviarse de su ruta inicial, aterrizando por avería del motor en Basora (Irak), lo que no les permitió batir el récord de distancia que habían planificado con detalle. Creo que de esta experiencia nació el reconocimiento a la aventura de El pájaro Amarillo en Oyambre.

Armand Lotti, Jean Assolant y René Lefévre

Estoy leyendo el libro escrito por Armand Lotti sobre El pájaro Amarillo (2), en compañía de Jean Assolant, primer piloto, a quien dedica el libro: “mi hermano, que fue valiente y leal hasta la muerte”,  René Lefévre, navegador, y un pasajero clandestino, Arthur Schreiber, en el que narra con detalle esta sorprendente aventura. Es verdad que sorprende la fecha de publicación de “su” historia, cuarenta años después, pero él lo justifica plenamente en el Prefacio de su obra: “Porque en los años posteriores al vuelo, no quise -por nada del mundo- publicar ni decir nada que, incluso con una mínima sospecha, pudiera empañar el éxito de mis dos camaradas. Me parecía y me imaginaba que mi reacción fue la del público: un éxito de este orden sólo podía resultar de una larga y meticulosa preparación, siendo la meta alcanzada sólo la justa recompensa a esfuerzos continuos y ordenados. Exponer ciertas cuitas internas a la luz del día me parecía menospreciar la hazaña misma, especialmente porque yo formaba parte de nuestra alocada empresa. Ciertamente, mis compañeros tenían bastante sentido común para juzgar los riesgos de la aventura, pero ¿cómo podrían haber resistido esta maravillosa tentación, ellos, para quienes la Aviación era el principal fin de sus vidas?”.

Surgen muchas preguntas en torno a esta aventura que terminó felizmente en París, aunque la trayectoria reconocida fue exactamente el trayecto en veintinueve horas entre Old Orchad, en Maine (Massachussets, EEUU) y Oyambre (Santander, España), una distancia de 5.300 km. El documental que aporto expresa muchos detalles bien tratados de esta apasionante aventura. Regresamos andando desde el monumento actual hasta donde habíamos aparcado el coche, casi a pie de carretera, con la sensación del deber cumplido, el reconocimiento de unos andaluces a esta gesta que aportó tanto conocimiento a la aviación comercial de su presente y futuro, recordando la primera piedra que pusieron allí los “heroicos capitanes” Ignacio Jiménez Martín y Francisco Iglesias Brage, que habían volado en el “Jesús del Gran Poder”, desde Tablada, en Sevilla, para gloria de este país ante el mundo. Recordé personalmente, en ese momento de reconocimiento de la gesta, una pregunta de Pablo Neruda que citaba al pájaro amarillo anónimo y preocupado de otras cuestiones: ¿Por qué los inmensos aviones no se pasean con sus hijos? / ¿Cuál es el pájaro amarillo / Que llena el nido de limones? / ¿Por qué no enseñan a sacar miel del sol a los helicópteros? / ¿Dónde dejó la luna llena su saco nocturno de harina? A día de hoy, sigo sin despejar estas preguntas, las primeras de un libro suyo que leo siempre con ilusión renovada, Libro de las preguntas (3), en búsqueda de respuestas que muchas veces sé que no existen, quedándose sin resolver en el alma humana.

Ante la fantasía de volar a pesar de todo, como fue la alocada aventura de Lotti junto a sus compañeros de viaje, que es de lo que trata este pájaro amarillo, avanzo páginas del libro de Neruda y llego al conjunto de preguntas bajo el número de 44, porque allí me reconozco como niño que siempre quiso volar, a pesar de todo: ¿Dónde está el niño que yo fui, / sigue adentro de mí o se fue? / ¿Sabe que no lo quise nunca / y tampoco me quería? / ¿Por qué anduvimos tanto tiempo / creciendo para separarnos? / ¿Por qué no morimos los dos / cuando mi infancia se murió? / ¿Y si el alma se me cayó / por qué me sigue el esqueleto? Al igual que Armand Lotti con su obra, escribo estas líneas muchos años después de mis sueños de niño, porque nunca he querido “publicar ni decir nada que, incluso con una mínima sospecha”, pudiera empañar el éxito de las personas que me han acompañado y acompañan todavía en el vuelo bajo de la vida.

(1) Gómez Bárcena, Juan, Lo demás es aire, 2022, Barcelona: Seix Barral.

(2) Lotti, Armand, L´oiseau canari, 1968, París: Calmann-Lévy.

(3) Neruda, Pablo, Libro de las preguntas, 2018. Barcelona: Seix Barral.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Leyenda en Cantabria / 4. Santillana del Mar, de la Literatura, de la Comunicación y del Arte

Torre de Don Borja, Santillana del Mar (Cantabria) / JA COBEÑA

Sevilla, 3/IX/2022

Fue un descubrimiento total la visita a Santillana del Mar, con su aureola de lugar inolvidable, declarada conjunto histórico-artístico en 1889. Todo el enclave medieval es maravilloso y la Colegiata de Santa Juliana es el ejemplo más claro de su historia y tiene lógica que esté incorporado al reconocimiento social como uno de los pueblos más bonitos de España. La cercana Cueva de Altamira, declarada también Patrimonio de la Humanidad, no era en esta visita un claro objeto de deseo, quizás porque la primigenia no se puede visitar, sólo una copia. Con esta base y estudiado a fondo nuestro recorrido en esta villa, nos dirigimos en primer lugar a la Colegiata, claro ejemplo del románico en Cantabria, que data del siglo XII, aunque su verdadera historia arranca en el siglo IX al albergar allí un antiguo monasterio. Hasta llegar allí por las calles Carrera, Cantón y Río, cualquier mirada a izquierda y derecha nos llevaba a contemplar edificios emblemáticos: la Casa de los Villa, la Torre de los Velarde, el Palacio de Valdivieso y las Casas de los Quevedo y Cossío, hasta la espléndida Plaza del Abad Francisco Navarro, donde pudimos disfrutar de panorámicas excelentes de la Colegiata, entrando en ella por la puerta lateral que después, al salir, nos llevaría a la Plaza de Armas.  

La entrada al claustro me sobrecogió. ¡Cuánta belleza en sus capiteles, desde cualquier ángulo que se contemplen! Entrando en el templo destaca el retablo mayor con escenas evangélicas. Los ábsides semicirculares, las bóvedas de cañón y de horno, así como su cimborrio forman un conjunto armónico de tres naves tipo en el periodo románico. Al salir, visitamos el Museo y la Fundación Jesús Otero Oreña (Santillana del Mar, 1908-1994), un escultor represaliado por la dictadura y que alcanzó su reconocimiento desde la Transición, albergando más de 50 esculturas y objetos donados por el artista en 1993. Su obra me pareció digna de estar representada en su ciudad natal y de figurar en un enclave tan singular como Santillana.

Llegar a la Plaza Mayor por la calle Racial fue un conjunto de sensaciones especiales, sobre todo cuando, en nuestro caso, descubrimos una banderola colgada en la Torre de Don Borja, que supuso para mí un reencuentro con José Saramago, porque recogía una frase suya que desde que la leí por primera vez he guardado en mi alma de secreto: “Siempre acabamos llegando donde nos esperan”, escogida del Libro de los itinerarios, en su obra “El viaje del elefante”. Así fue. La visita a la Torre de Don Borja fue la mejor experiencia que tuvimos en Santillana del Mar, que explico a continuación. Concertamos la hora de la visita guiada, durante una hora y cuarto, en la que la guía Helena, una sevillana de Triana, junto con una visitante francesa y otra pareja también de Sevilla (otra vez la unión de Andalucía y Cantabria), nos mostró lo que en los últimos años ha representado aquel edificio para la cultura en España, al albergar durante muchos años la Fundación Santillana, que tomó el nombre del lugar donde se fijó su sede oficial.

La Torre de Don Borja es una representación excelsa de la Santillana medieval, junto a la Torre del Merino, situadas ambas en la antigua plaza del Mercado, hoy Mayor, donde está situado ahora el Ayuntamiento de la localidad. Data como enclave fortificado del siglo XV y debe su nombre actual a Don Borja Barreda, titular del Mayorazgo en 1844: “Históricamente ha recibido los sobrenombres de Torre de don Borja-Bracho, la Torrona y de la Infanta, ya que fue propiedad de la Infanta Paz de Borbón. A finales de los años setenta el edificio, en estado de ruina, fue comprado por Jesús Polanco y Pancho Pérez González para ubicar en él la sede de la Fundación Santillana. La rehabilitación, a cargo de los arquitectos Luis Castillo y Eduardo Fernández Abascal, mereció el prestigioso premio Europa Nostra. En 2019 el edificio, de nuevo bajo la dirección de Luis Castillo, ha vuelto a ser rehabilitado” (1). La vinculación de Jesús Polanco y Pancho Pérez, con orígenes familiares el primero en Santillana del Mar, con el edificio a través de la Fundación Santillana, a quien debemos tanto en la Transición española por la creación también de un periódico excelso, El País, con la aparición de su primer número en 1976, supuso poner la moviola de mi vida desde aquellos años y esta visita garantizaba mi respeto a sus figuras por todo lo que hicieron para salvaguardar las libertades en este país y la protección de la educación y cultura a través de sus publicaciones llevadas a cabo en editoras de gran renombre. En este sentido, creo que la página web de este sitio “medieval”, pero tan actual, resume muy bien lo anteriormente expuesto: “La Torre de Don Borja es un proyecto que rinde homenaje, en un edificio del siglo XV, a Jesús Polanco y Pancho Pérez González a través de las que fueron sus principales pasiones: el arte, los libros y la comunicación”. Con este hilo conductor iniciamos la visita guiada, extraordinariamente presentada y narrada por Helena, de cuyo nombre quiero acordarme ahora como expresión de agradecimiento a su buen hacer profesional.

Efectivamente, pudimos recorrer estas áreas de interés de sus patronos, comenzando por los libros, mundo en el que se desenvolvieron muy bien ambos amigos, concretamente en el espacio dedicado al proyecto de Biblioteca Iberoamericana, sueño de Pancho Pérez: “Su amor a los libros le llevó a comprarlos, encargarlos y coleccionarlos durante toda su vida. Su biblioteca estuvo ubicada, primero, en el pueblo cántabro de Barcenillas, hasta que en 2019 se trasladó a la Torre de Don Borja, rehabilitada con este fin. Los casi veinte mil ejemplares que la conforman son el reflejo de la pasión de Pancho Pérez González por los libros y el conocimiento”. Pasamos inmediatamente al espacio dedicado a la editorial Santillana, que nació en 1960, que impulsada por ellos “se convirtió en una gran empresa que hoy edita en 21 países, prácticamente en todo el área iberoamericana”. Donde sentí sensaciones especiales fue en el espacio dedicado a la educación, piedra angular de esta editorial, porque desde hace muchos años ha estado centrada “en la educación que se encuentra fuertemente arraigada en la memoria colectiva y sentimental de varias generaciones que estudiaron con el apoyo de los libros de texto de Santillana”. En este contexto, nos permitieron hojear los primeros cuadernos de instrucción pública para adultos, entrañables y de feliz memoria, con los que comenzaron su carrera editorial.

Como un paso más en su aventura editorial, nos enseñó Helena la proyección internacional que se alcanzó entre los años 70 y 80, al convertirse Santillana en un grupo editorial, con la creación o incorporación de varias editoriales. Con ellas abordó campos distintos al educativo, como la literatura, el ensayo, la actualidad y los libros infantiles y juveniles. El éxito definitivo se alcanzó en los años 90, porque “ya operaban en la mayor parte de Iberoamérica desarrollando también ediciones locales”. Tuve la oportunidad de visualizar primeras ediciones emblemáticas de autores, publicadas por editoriales del grupo, Alfaguara, Taurus, Aguilar y Altea, entre ellos dieciocho premios Nobel y doce premios Cervantes. Como era obvio, identifiqué inmediatamente a José Saramago, que ya me había dicho en la puerta que “Siempre acabamos llegando donde nos esperan”, porque allí estaba, en una estantería junto a compañeros y compañeras de renombre.

Pasamos a continuación a la Biblioteca Histórica de la Infanta Paz de Borbón, propietaria de la Torre a comienzos del siglo XX, figurando en los antiguos salones, de corte isabelino, “la biblioteca que ella y sus herederos conformaron: un millar de ejemplares, perfectamente restaurados, de entre los siglos XVI y XX”. Helena contó numerosas anécdotas de sabor histórico que rodearon la vida y obra de la Infanta. Finalmente, en esta área dedicado a los libros y al conocimiento, vimos la biblioteca de arte, con obras de pequeño formato de Elvira Amor, Joan Hernández Pijuan, Ángel Alonso o Jorge Asensio, entre otros.

Quedaba todavía un plato fuerte, el espacio dedicado a la comunicación. Allí nos sumergimos en recuerdos entrañables procedentes de El País, la Cadena Ser y Canal Plus, proyectos impulsados por Jesús Polanco, presidente de la empresa editora, PRISA y en los que también participó Pancho Pérez González, su socio y amigo. Es verdad lo que se indica en la página oficial de la Torre: “A través de una cuidada selección de imágenes, sonidos y antiguos aparatos de radio y televisión, el visitante se asomará a las primeras décadas de existencia de El País y la conformación de PRISA como uno de los grupos de comunicación más importantes del mundo. El recorrido es, al tiempo, un itinerario por los treinta primeros años de democracia en España a través de las informaciones y los protagonistas de la prensa, la radio y la televisión de entonces”. Allí sentí de cerca lo que supuso para mí comprar en Roma el primer número del diario El País, el 4 de mayo de 1976, al visualizar en aquella Torre la plancha de la portada, preparada para la rotativa. Sentí un escalofrío especial, porque tuve en mis manos aquel número que significaba tanto para la democracia y la información libre en este país. Recuerdo como si fuera ayer el día que compré este número en el quiosco que hacía esquina entre el corso Vittorio Emanuele II y la via del Corso. Han pasado cuarenta y ocho años y hoy, El País, con mayúscula, no es lo que era, tampoco lo es con minúscula, por contextualizarlo todo, pero tengo que reconocer lo mucho que ha aportado a este Estado tan dual y cainita.

Por último, contemplamos los espacios dedicados al arte, que también me sobrecogió en determinados momentos. Tal y como cuenta la institución, allí se expone la Colección Rucandio, “una iniciativa privada promovida, desde comienzos de los años 60, por Jesús Polanco e Isabel Moreno. Con un conjunto de más de 300 obras, pretende reconstruir los momentos más importantes del arte español desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad. El afán de la Colección es establecer un relato imparcial de este periodo de nuestra historia del arte más reciente, con obras representativas de todos aquellos artistas fundamentales que han trabajado en este espacio de tiempo. De ahora en adelante una selección de piezas destacadas de la Colección se irá mostrando periódicamente y de forma sucesiva, en forma de exhibición temporal, en los diversos espacios de la Torre de Don Borja”. Sus herederos siguen esta senda marcada de la Colección y pudimos ver obras de Jaume Plensa, Carlos Alcolea, el grupo Costus, Eduardo Martín del Pozo y María, Daniel Canogar, Juan Genovés, Gregory Crewdson, Robert Filliou, Alicia Framis y Nuno Nunes-Ferreira, entre otros autores de reconocido renombre.

Fue una visita excepcional, algo más que una experiencia cultural. Fue una oportunidad para valorar qué ha supuesto la democracia en nuestro país. Arte, libros y comunicación forman un conjunto armónico que la Torre de Don Borja nos transmitió de forma especial. Tenía razón Saramago cuando nos invitó a entrar desde la banderola al viento en la Torre: “Siempre acabamos llegando donde nos esperan”. Helena se despidió de nosotros entregándonos una biografía no oficial, pero autorizada, de Jesús de Polanco, escrita por Mercedes Cabrera, Jesús de Polanco (1929-2007). Capitán de empresas (2). Andalucía se encontró de nuevo con Cantabria en Santillana del Mar. Escribí unas notas en el libro de visitas de la Torre, de agradecimiento por lo que habían entregado. Era importante hacerlo, porque quería dejar por escrito el agradecimiento por el regalo que habíamos recibido durante casi una hora y media, con la atención impecable de Helena. Lo hice porque en Santillana del Mar no olvidé algo que aprendí de Antonio Porchia, hace ya bastante años: Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido. Pretendí que la duda quedara así despejada, con la palabra que, afortunadamente, aún nos queda.

(1) Torre de Don Borja – Santillana del Mar

(2) Cabrera, Mercedes, Jesús de Polanco (1929-2007). Capitán de empresas, 2015. Barcelona: Galaxia Gutenberg.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Leyenda en Cantabria / 3. Castro Urdiales, la cuna de Ataúlfo Argenta

Ataúlfo Argenta, en Castro Urdiales (Cantabria) / JA COBEÑA

Sevilla, 2/IX/2022

Ya lo expliqué sucintamente en el artículo de presentación de esta serie: quería estar cerca de Ataúlfo Argenta, excelente pianista y director de orquesta natural de Castro Urdiales y al que admiro desde mi infancia, recordando todavía como si fuera ayer el día que conocí su fallecimiento cerca de Madrid, ciudad en la que yo vivía en aquellos años de mi infancia. Le he seguido de cerca durante muchos años y todavía resuena en mi alma de secreto la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor, que tuvo el valor de dirigir el día de su estreno en París, en 1953, en plena dictadura. Se lo agradecí personalmente al pie de su estatua. Cuento como anécdota de aquel día que durante el tiempo que estuve cerca del director de orquesta tan querido por mí, en el que tomé bastantes fotografías de la escultura que figura en la Plaza de los Jardines, una paloma permaneció posada, impertérrita, en su cabeza, sin querer abandonarle, algo que interpreté como una metáfora de su libertad tan ansiada y por la que fue maltratado por la dictadura incluso a la hora de explicar su fallecimiento tan controvertido en las cercanías de Madrid, concretamente en Los Molinos, situación que comenté en 2017, en un artículo que llevaba por título La verdad sobre Ataúlfo Argenta.

Fue la primera visita a aquella ciudad tan representativa de Cantabria. Sentí muy de cerca su obra artística, como compositor y director de orquesta, pero sobre todo su compromiso ideológico hasta la muerte, como republicano por ideología. Otro motivo que me llevó hasta allí era visualizar directamente lo que durante tantos años sólo he podido contemplar en mi casa, en un grabado al aguatinta, sin fecha, de Venancio Arribas, con una vista espléndida de la Iglesia de Santa María de la Asunción y el Castillo, éste último no visitable en la actualidad. La iglesia es un ejemplo excelente de la mejor representación del gótico en Cantabria. En su interior contemplamos en la capilla Carasa el cuadro de Zurbarán, el Cristo de la Agonía, que también cuenta con su vinculación, una vez más, con Andalucía, al haber sido trasladada allí desde su ubicación anterior, la capilla “denominada de los Amoroses, familia de ricos comerciantes castreños que mantuvo relaciones con Andalucía. Estos contactos permitirían la llegada a Castro Urdiales del cuadro y su posterior instalación en la capilla de los Amoroses. No obstante, también existe una leyenda que explica su llegada a Castro Urdiales de forma sobrenatural. Según dicha leyenda, un día estalló una gran tormenta que puso en peligro unas naves castreñas que se encontraban faenando en busca de ballenas. Ante el temor de que la tempestad pudiera hacerles naufragar, los navegantes comenzaron a implorar con sus rezos que ésta cesara. Al poco tiempo amainó el temporal y fue entonces cuando los marineros, sorprendidos, encontraron flotando sobre el mar un lienzo con la imagen de Cristo que se dirigía hacia Castro Urdiales mostrándoles el rumbo a seguir. Tras llegar a puerto, la obra fue recogida y trasladada a la iglesia de Santa María. Este cuadro, aunque carece de firma, ha sido atribuido a Francisco de Zurbarán, quien durante los años en que vivió en Sevilla pintó numerosos crucificados, si bien fueron pocos los que firmó o fechó, tal y como ocurre en el caso que nos ocupa” (1).

En la fuente consultada sobre el Cristo de Zurbarán, se dice textualmente que “Este cuadro, aunque carece de firma, ha sido atribuido a Francisco de Zurbarán, quien durante los años en que vivió en Sevilla pintó numerosos crucificados, si bien fueron pocos los que firmó o fechó, tal y como ocurre en el caso que nos ocupa”. Andalucía y Cantabria volvían a estar unidas en su historia. Continuando con la visita, lo que quizás me sorprendió más fue la imagen de Santa María con el Niño, la Virgen Blanca, que apareció emparedada en febrero de 1955, siendo una obra excelente que data del siglo XIII. Junto a ella estaban también unas tallas de los Reyes Magos, datadas en este caso en el siglo XIV. La visita exterior nos devolvió al Cantábrico y entendimos por qué aquello era el sitio ideal para una fortaleza tanto para el cuerpo como para el espíritu.

El encuentro con Ataúlfo Argenta fue muy especial. Recordé allí todas las vivencias que desde pequeño tengo sobre este gran director de orquesta. Llegué a la Plaza de los Jardines y allí pude contemplarlo en 360 grados, con la sempiterna paloma sobre su cabeza. Es una estatua de pie, en bronce, obra de Rafael Huerta Celaya, que se inauguró en 1961. A sus pies figura una placa con un poema de Gerardo Diego, Argenta, Castro Urdiales, aunque probablemente a Argenta no le gustaran estas palabras de un autor muy cercano a la dictadura.

Una y mil veces resuena en mi persona de secreto la Romanza del Concertino en La menor, de Salvador Bacarisse, que dirigió por primera vez Ataúlfo Argenta en su estreno en París, en 1953, interpretado por la orquesta de la Radiotelevisión francesa y tocando Narciso Yepes como solista a la guitarra. Lo he vuelto a escuchar con profundo respeto y admiración gracias al fondo que figura en la Fundación Juan March, como legado que su hijo cedió a la citada Fundación y al que se puede acceder para conocer en profundidad la vida en el exilio y la obra de Bacarisse. En concreto, en la página dedicada al fondo radiofónico en su etapa como productor en numerosos programas en lengua española de la RTF (Radiodiffusion-Télévision Française).

También recordé el inmenso legado de su hijo Fernando, al que califiqué como “un clásico muy popular” en un artículo que le dediqué en este cuaderno digital el día después de su fallecimiento, ocurrido en Madrid el 3 de diciembre de 2013, que tanto hizo para que los niños y niñas de este país descubrieran y amaran la música clásica. He admirado siempre a Fernando Argenta, por el trabajo encomiable que ha desarrollado a lo largo de su vida y de la forma tan didáctica que lo presentó en sociedad, para que este país saliera de su penumbra extrema y comenzara a conocer y sentir la música clásica a través de programas memorables en radio y televisión, Clásicos populares y El conciertazo, aunque él amaba sobre todo su radio, la nacional de España, llegando a afirmar con cierta sorna que «A los que trabajamos en radio no nos deberían poner cara jamás». Aprendí mucho de Fernando en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. Delante del monumento a su padre, sentí que hay tiempo de vivir y tiempo de morir. Tiempo de agradecer, sobre todo, por la forma alegre de vivir la vida que mostró siempre Fernando, con una música muy especial, por la forma de contar los despistes existenciales de su padre, el gran Ataúlfo Argenta, demostrando que le seguía de cerca cuando dijo, con su gracejo habitual, cómo sería un posible epitafio al final de su vida: «No tengo el ingenio de Groucho Marx, pero sería algo así como “Vaya un despiste que tuve cuando morí”. Así era Fernando Argenta, maestro para muchos clásicos populares.

Hice varias instantáneas de Argenta en aquel momento mágico, rodado curiosamente de muchos niños y niñas a los que tanto amaba su hijo, tomando conciencia de que el encuentro con él fue una excelente ocasión para agradecer siempre su presencia en mi vida. Después, quisimos completar la visita a Castro Urdiales con un reconocimiento a su enclave histórico romano, llamado Flaviógriva, pero como nos ha pasado con numerosos centros culturales de especial relevancia en Cantabria, estaba cerrado por obras de rehabilitación. De todas formas, desde el castillo pudimos comprender perfectamente el eslogan que ha caracterizado a esta Comunidad desde hace bastantes años, cuando contemplamos el mar Cantábrico que nos rodeaba con el vuelo incesante de gaviotas: allí estaba la Cantabria infinita, hermanada con Andalucía. También, el Argenta infinito.

(1) Cristo de la Agonía. Iglesia de Santa María de Castro Urdiales,  Aula de patrimonio cultural. Universidad de Cantabria, 2010.

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Leyenda en Cantabria / 2. Liérganes y su hombre pez

El hombre pez, estatua de Javier Anievas esculpida en 2009, junto al río Miera, en Liérganes (Cantabria) / JA COBEÑA

Sevilla, 1/IX/2022

En este viaje he pasado con frecuencia de lo divino a lo humano, como es el caso de mi visita a Liérganes, lugar que conocía por una historia fascinante sobre su hombre pez, que llegó a interesar incluso al insigne médico Gregorio Marañón. Si tenía más sentido para mí era porque, una vez más, Andalucía y Cantabria se unían en la historia. Verán por qué. Cuentan los más viejos del lugar, que Fray Benito Jerónimo de Feijóo, en su obra “Teatro Crítico Universal”, tomo sexto, discurso octavo, bajo el título “Examen filosófico de un peregrino suceso de estos tiempos”, narró en torno a un Nadante, no hombre pez, “una cabalísima descripción del suceso, remitida por el Señor Marqués de Valbuena, residente en la Villa de Santander, a diligencia del Señor Don José de la Torre, dignísimo Ministro de su Majestad en esta Real Audiencia de Asturias, la cual es como se sigue, copiada al pie de la letra”:

[…] 3. «En el Lugar de Liérganes, de la Junta de Cudeyo, Arzobispado de Burgos, distante dos leguas de la Villa de Santander hacia el Sudeste, vivían Francisco de la Vega, y María del Casar su mujer, vecinos de dicho Lugar, los cuales tuvieron en su matrimonio cuatro hijos, llamados Don Tomás (que fue Sacerdote), Francisco, José, y Juan, que vive todavía, de edad de setenta y cuatro años.

4. Viuda dicha María del Casar, envió al referido hijo Francisco a la Villa de Bilbao a aprender el oficio de Carpintero, de edad de quince años, en cuyo ejercicio estuvo dos años, hasta que el de 1674, habiendo ido a bañarse la Víspera de San Juan con otros mozos a la Ría de dicha Villa, observaron éstos se fue nadando por ella abajo, dejando la ropa con la de los compañeros, y creyendo volvería, le estuvieron esperando, [275] hasta que la tardanza les hizo creer se había ahogado, y así lo participaron al Maestro, y éste a su Madre María del Casar, que lloró por muerto a dicho su hijo Francisco.

5. El año de 1679 se apareció a los Pescadores del mar de Cádiz, nadando sobre las aguas, y sumergiéndose en ellas a su voluntad, una figura de persona racional y que queriendo arrimársele, se les desapareció el primer día; pero dejándose ver de dichos Pescadores el siguiente, y experimentando la misma figura, y fuga, volvieron a tierra contando la novedad, que habiéndose divulgado, se aumentaron los deseos de saber lo que fuese, y fatigaron los discursos en hallar medios para lograrlo; y habiéndose valido de redes que circundasen a lo largo la figura, que se les presentaba, y de arrojarle pedazos de pan en el agua, observaron, que los tomaba, y comía, y que en seguimiento de ellos se fua acercando a uno de los barcos, que con el estrecho del cerco de las redes le pudo tomar, y traer a tierra; en donde habiendo contemplado éste, que se consideraba monstruo, le hallaron hombre racional en su formación, y partes; pero hablándole en diversas lenguas, en ninguna, y a nada respondía, no obstante haberle conjurado, por si le poseía algún espíritu maligno, en el Convento de San Francisco donde paró; pero nada bastó por entonces, y de allí a algunos días pronunció la palabra Liérganes; la que ignorada de los más, explicó un mozo de dicho Lugar, que se hallaba trabajando en la referida Ciudad de Cádiz, diciendo era su Lugar, que estaba situado en la parte arriba mencionada; y Don Domingo de la Cantolla, Secretario de la Suprema Inquisición, era del mismo lugar; con cuya noticia un sujeto, que le conocía, le escribió el caso; y Don Domingo le comunicó a sus parientes de Liérganes, por si acaso había sucedido allí alguna novedad, que se diese la mano con la de Cádiz. Respondiéronle, que nada había más, que haberse desaparecido en la Ría de Bilbao [276] el hijo de María del Casar, viuda de Francisco de la Vega, que se llamaba también Francisco, como su padre; pero que había años le tenían ya por muerto. Todo lo cual participó Don Domingo a su correspondiente de Cádiz, que lo hizo notorio en el referido Convento de San Francisco, donde se mantenía.

6. Estaba a la sazón en el expresado Convento de San Francisco un Religioso de dicha Orden, llamado Fray Juan Rosende, que había venido por aquel tiempo de Jerusalén, y andaba pidiendo por España limosna para aquellos Santos Lugares; y enterado de la parte donde caía Liérganes, y familiarizándose al mozo, que había aparecido en el mar, y discurriendo si acaso fuese de dicho Liérganes, según la relación de Cantolla, resolvió llevarle consigo en su postulación: que habiéndola rematado hacia la Costa de Santander, fue al expresado Lugar de Liérganes el año de 1680; y llegando al monte, que llaman la Dehesa, un cuarto de legua de dicho Pueblo, le dijo al mozo, que fuese delante guiando, quien lo ejecutó puntualmente, y fue derecho a la casa de dicha María del Casar; la que inmediatamente que le vio, le conoció, y abrazó, diciendo: Este es mi hijo Francisco, que perdí en Bilbao, y los hermanos Sacerdote, y seglar, que estaban allí, ejecutaron lo mismo con grande regocijo; pero el expresado Francisco ninguna novedad, ni demostración hizo más que si fuera un tronco.

7. Fr. Juan Rosende dejó este mozo en casa de su madre, en la que estuvo nueve años con el entendimiento turbado, de manera, que nada le inmutaba, ni tampoco hablaba más, que algunas veces las voces de tabaco, pan, vino, pero sin propósito. Si le preguntaban si lo quería, nada respondía; pero si se lo daban, lo tomaba, y comía con exceso por algunos días, más después se le pasaban otros sin tomar alimento.

8. Si alguno le mandaba llevar algún papel de un lugar a otro, de los que sabía antes de irse, lo hacía [277] con gran puntualidad, dándole al sujeto a quien le encargaban, y conocía; y traía la respuesta, si se la daban, con cuidado; de manera, que parece entendía lo que se le decía; pero él por sí nada discurría.

9. En una ocasión, entre otras, que su sujeto de Liérganes le envió a Santander con papel para otro, siendo preciso pasar la Ría, que tiene más de una legua de ancho, y para eso embarcarse en el sitio de Pedreña, no hallándo allí barco, se echó al agua, y salió en el muelle de Santander, donde le vieron muchos mojado, y el papel que traía en la faldriquera, el que entregó puntualmente al sujeto a quien venía dirigido; el cual preguntándole, que cómo le había mojado, nada respondió, y volvió la respuesta a Liérganes con su regular puntualidad.

10. Era de estatura de seis pies, poco más, o menos; corpulencia correspondiente, y bien formado; el pelo rojo, corto; como si le empezara a nacer; el color blanco; las uñas tenía gastadas, como si estuvieran comidas de salitre. Andaba siempre descalzo. Si le daban vestido le ponía; si no, el mismo cuidado tenía de andar desnudo, que descalzo.

11. Si le daban de comer, tomaba, y comía todo lo que fuese; si no, tampoco lo pedía: de suerte, que parecía una cosa inanimada para discurrir, y animada para obedecer, y mudo para hablar, menos las palabras arriba expresadas, que pronunciaba tal vez, pero sin propósito, ni concierto; lo que puedo asegurar, por haberle conocido.

12. Cuando era muchacho tenía gran inclinación a pescar, y estar en el Río, que pasa por dicho Lugar de Liérganes, y era gran nadador. En dicha edad tenía las potencias regulares.

13. Todo lo que viene referido es la verdad del hecho, según relación de sus hermanos, el Sacerdote Don Tomás, y Juan, que vive; y todo lo que separe de este hecho es falso, como lo es el decir que tenía escamas en el cuerpo, y que este prodigio procedió de una maldición que le echó su madre.

14. En esta disposición se mantuvo en casa de su madre, y en este País el expresado mozo Francisco de la Vega por espacio de nueve años, poco más, o menos, y después se desapareció, sin que se haya sabido más de él; aunque dicen, que poco después le vio en un Puerto de Asturias un hombre de la vecindad de Liérganes; pero carece de fundamento.

Sobre este documento, prolijo de datos, don Gregorio Marañón trabajó científicamente para quitar valor a lo comentado por Feijóo, a través de su obra Las ideas biológicas del padre Feijóo, publicada en 1934. El protagonista de esta historia, según él, estaba afectado por una enfermedad, cretinismo, que le hacía aparecer como “imbécil y mudo” y que huyó de su hogar, atribuyendo las escamas de su piel a otra enfermedad llamada “ictiosis”. Estos rasgos patológicos son los que llevaron a los pescadores a atribuirle fuerzas sobrenaturales y comenzar a crear una leyenda imposible: “sin duda el joven nadador, de inteligencia limitada, y de instintos errabundos, desapareció de Bilbao, no nadando, sino por los caminos de Dios o acaso a bordo de algún barco, yendo a parar a Cádiz, donde pudieron encontrarle bañándose los pescadores” […] el raro aspecto de su piel […] le daba cierta apariencia de pez, y su imbecilidad y su mudez, impidiéndole dar detalles de su vida desde que se fue de Bilbao, le cubrieron de misterio y dieron origen a la leyenda de sus proezas acuáticas”. Finalmente, sentencia en su obra que “Francisco Vega – podemos verosímilmente afirmarlo – fue pues, un cretino; por ello fue idiota y casi mudo; por ello erró sin sentido por tierra o quizá por mar, pero no nadando; por eso tuvo escamas; por eso, en fin, nadaba con pericia y resistencia extraordinarias y se sumergía mucho más tiempo que los muchachos sanos de su edad. Lo demás, hasta dejarle convertido en el prodigioso hombre-pez que popularizó Feijoo, lo hicieron los perjuicios y las supersticiones de la época”.

Llama la atención que ocurre otra vez algo prodigioso vinculado con los padres franciscanos de Cádiz, como ocurrió con el Cristo de la Agonía, comentado en el primer artículo de esta serie. Cada uno que interprete esta historia como mejor lo crea, aunque lo mejor que he leído en esta visita a Liérganes, lugar de autos, es la leyenda que figura cerca del río Miera, que atraviesa esta localidad: “Su proeza atravesando el océano del norte al sur de España, si no fue verdad mereció serlo. Hoy, su mayor hazaña es haber atravesado la memoria de los hombres. Verdad o leyenda, Liérganes lo honra aquí y le da así la inmortalidad”. Necesitamos a veces interpretar determinados situaciones de nuestra vida como si fuera verdad lo que está pasando, aunque sólo sean sueños o leyendas, que para este caso es lo mismo. Me quedo con lo mejor de esta historia: dos Comunidades de este país comparten una leyenda después de varios siglos. Sobre todo, la respetan. Lo pude comprobar en un cuaderno que compré en Liérganes, diseñado expresamente para los niños del lugar, para que sigan conociendo algo muy importante que ocurrió hace varios siglos con un vecino suyo, cuyo nombre conocen todos: Francisco de la Vega del Casar, al que después de atravesar a nado el océano atlántico alrededor de España, reconoció en Cádiz un jándalo [emigrante cántabro] como natural de este bonito pueblo, paisanaje que le permitió volver junto a sus padres, aunque por su enfermedad no pudiera articular muchas palabras, ni contar para la posteridad qué es lo que verdaderamente había ocurrido. De ahí este misterio, porque la mayor hazaña de este “nadante” es, hoy día, haber atravesado los mares procelosos de la memoria de personas durante siglos.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Leyenda en Cantabria / 1. Coabab o Limpias, una puerta al mar

Limpias

Sevilla, 30/VIII/2022

Comencé a leer Cantabria y a conocer sus leyendas en Limpias, un lugar muy pequeño pero precioso de cuyo nombre quiero acordarme especialmente en este viaje hacia alguna parte. Cuentan que Coabab o Limpias, tanto monta, monta tanto, con vestigios de una tribu celtíbera que le dio el nombre primitivo, conserva datos de que “en el año 1201, el Rey Don Alfonso VIII y en virtud del fuero concedido a Laredo, la población de Coabab, entre otras, pasó a formar parte del vasallaje de Laredo”. Es el propio municipio actual el que ofrece dos versiones del nombre de esta localidad, hasta llegar al actual: “Cantabria fue en la antigüedad para Castilla, la puerta al mar. Las mercancías que se debían de transportar por barco, trigo que bajaba por el puerto de los Tornos, nueces y castañas de los montes de Cantabria, se depositaban en el ribero de Coabab, para su limpieza, lugar donde atracaban los barcos. Con el tiempo y la constante limpieza, quizá la comodidad del habla, dejó en un último lugar el nombre de Coabab y dio paso al nombre de Limpias […] Al parecer, antaño la población de Coabab fue famosa por sus aguas termales, aguas sulfhídricas templadas, de excelentes propiedades, que se empleaban con gran acierto en combatir enfermedades cutáneas. El preciado líquido, procedía de tres fuentes de aguas potables de excelente calidad y un manantial de aguas minerales. Una de estas fuentes o manantiales que aún discurren, es la “Fuentenilla”, que se encuentra en la carretera que lleva a la villa de Seña. Las “límpidas aguas”, aguas cristalinas de dichos manantiales, tal vez pudo dar paso al apócope de Limpias. Los caminos y pasos desde Castilla hasta las montañas de Cantabria y el discurrir de los ríos hasta su desembocadura al mar, proporcionaron en las orillas de los ríos asentamientos humanos, que hicieron de determinados lugares, verdaderos enclaves de desarrollo. Uno de estos enclaves es Limpias”. Al menos, se sabe que “en el año 718 partió de Limpias don Suero de la Piedra, para unirse a Don Pelayo en la lucha contra los moros”.

La verdad es que paseando por lo que en su día fue el puerto del Rivero, en la orilla derecha de la ría del Asón, reviví su actividad portuaria durante muchos siglos, imaginando sus ferrerías gracias a los yacimientos próximos de zinc, de galena y de hierro. Hay que cerrar los ojos y contemplar en la actual plaza del Ayuntamiento el depósito de estos minerales listos para embarcar hacia puertos lejanos, convirtiéndose en uno de los principales puertos de Castilla. Leyendo su historia, he conocido nombres de barcos que fondeaban en esta zona preciosa del Asón, que me proporcionan un conocimiento que me deslumbra, sobre todo porque este cuaderno digital también busca islas, puertos y barcos desconocidos: veleros, pataches, bergantines, cachemires, urcas, incluso pateras antiguas, como las que fotografié bajo el señorío de las gaviotas, entre otras muchas embarcaciones. El tráfico portuario era reconocido más allá del Cantábrico, porque el maíz y el trigo traídos desde Castilla, cítricos y castañas, también vinos, se exportaban a lugares como Flandes o incluso a América, con Cuba como un puerto de preferencia. Su Casa Lonja atestigua esa actividad frenética que otorga una seña de identidad indeleble a Limpias.

Siendo importante lo anteriormente expuesto, Limpias es reconocida hoy en el mundo, sobre todo, por su Cristo, que se puede visitar en la actualidad en la Iglesia de San Pedro, un centro de peregrinaciones en la actualidad, que ha cobrado especial interés por unos hechos que acaecieron en la Semana Santa del año 1919. Sin querer reinterpretar nada, transcribo lo que el Ayuntamiento actual recoge sobre lo ocurrido en ese año: “Se cuenta que en la Semana Santa de 1919, estando el templo completamente lleno de fieles, unas niñas que estaban devotamente rezando, interrumpieron la misa y salieron atemorizadas y llorosas de la Iglesia, decían y afirmaban que el Santo Cristo de la Agonía había movido los ojos y las había mirado dulcemente. Días después, el 12 de Abril, volvió a repetirse el prodigio. Observado por gran número de personas, indicaron que El Cristo las miró y con un gesto de profundo dolor que contrajo su divino rostro, les mostró una tierna y dulcísima mirada de piedad y misericordia. Los Reverendos Padres, intentando aplacar a la multitud que se echaba atropelladamente a los pies del Cristo agonizante, no podían articular palabra al comprobar ellos mismos la veracidad del milagro. La noticia se extendió y dio lugar, y continúa así en la actualidad, a que se venere tan prodigiosa escultura. El culto al Santo Cristo de la Agonía, atrae a lo largo de los años a los creyentes y a los curiosos a Limpias. Algunos dicen que no ven nada, otros afirman que han sido bendecidos con una mirada del Santo Cristo. Sea como fuere todos estos sucesos y manifestaciones tuvieron una repercusión histórica y un impacto a escala internacional atrayendo a visitantes de diversas nacionalidades”.

Manifiesto un respeto total a estas creencias y por esta actitud, me acerqué a contemplarlo de cerca, eso sí, previo pago de un euro que tuve que echar en una hucha ex profeso para que iluminaran su altar. Estábamos solos, sin acompañamiento alguno, sintiendo una vez más las palabras de Rafael Alberti tantas veces recogidas en este cuaderno digital, Entro Señor en tus iglesias, dando forma a un soneto inolvidable:

Entro, Señor, en tus iglesias… Dime,
si tienes voz, ¿por qué siempre vacías?
Te lo pregunto por si no sabías
que ya a muy pocos tu pasión redime.

Respóndeme, Señor, si te deprime
decirme lo que a nadie le dirías:
si entre las sombras de esas naves frías
tu corazón anonadado gime
.

Confiésalo, Señor. Sólo tus fieles
hoy son esos anónimos tropeles
que en todo ven una lección de arte.

Miran acá, miran allá, asombrados,
ángeles, puertas, cúpulas, dorados…
Y no te encuentran por ninguna parte.

Lo que deseo resaltar en esta visita es haber conocido el origen andaluz de esta escultura. Sea una leyenda o no, se ha escrito que al parecer “esta imagen fue venerada en Cádiz en la Iglesia de los padres Franciscanos y que al ser derrumbada por unas inundaciones, la imagen del Cristo pasó al oratorio de Don Diego de la Piedra, caballero profeso de la Orden de Santiago. Cuentan que un maremoto amenazó la ciudad de Cádiz, el pueblo cristiano sacó en procesión las imágenes más veneradas en la ciudad, las aguas se detuvieron y comenzaron a retroceder solo ante la Santa imagen del Cristo de la Agonía. En vista del prodigio, el pueblo agradecido pidió que la imagen del Santo Cristo fuera puesta en veneración en alguna de las Iglesias de Cádiz. Don Diego fallece para el año 1755 no sin antes otorgar en su testimonio diversas cláusulas en las que recuerda a su villa natal de Limpias: «Mandó ensolar la Parroquia de San Pedro de Limpias, costeando su retablo mayor y su dorado, colocando en él tres imágenes: la de Nuestro Redentor agonizando en la Cruz, la de Su Madre Santísima y la del Evangelista San Juan… Por eso esta parroquia se convierte en el Santuario Del Santísimo Cristo De La Agonía”. Una vez más, la unión de estos territorios, Andalucía y Cantabria, se confirma por hechos sorprendentes. Lo veremos de nuevo más adelante.

Es evidente que hay una institución centenaria en Limpias, el Colegio San Vicente de Paúl, que guarda secretos y leyendas de su historia. Lo pudimos comprobar en la visita a la exposición temporal de piezas arqueológicas, fundamentalmente del Paleolítico y del Neolítico, pertenecientes a la colección del Padre Paúl Lorenzo Sierra (1872-1947), uno de los primeros prehistoriadores en Cantabria a principios del siglo XX, un gran investigador y divulgador que tuvo una estrecha vinculación con Limpias y con toda la comarca del Asón. Ejerció como director del colegio San Vicente de Paúl a comienzos del siglo XX y fue, junto a otros paleontólogos, el que aportó gran parte de las investigaciones en las cuevas de las comarcas del Asón y de toda Cantabria. Es importante señalar que arte de su investigación fue plasmada en la obra Las Cuevas de la región Cantábrica, editada en 1911 y financiada, al igual que las investigaciones, por el rey Alberto I de Mónaco, conocedor de estos trabajos. Gran parte de su colección figura en la actualidad en el Museo de la Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC),

Obviamente, me interesó visitar esta exposición, sobre todo porque me trajo inmediatamente a la memoria los trabajos realizados por el padre jesuita Pierre Teilhard de Chardin, paleontólogo de gran prestigio internacional, a quien he dedicado este blog y del que recogí el lema del mismo: el mundo sólo tiene interés hacia adelante. En mi juventud, me ayudó mucho a interpretar el alfa y el omega de la vida, habiendo dejado constancia de ellos en una serie que publiqué en 2006, que he vuelto a leer estos días. Estuvo presente en aquella visita. Cuando me presenté a la Noosfera en 2006, unos meses después de abrir por primera vez este cuaderno digital, afirmé que Teilhard de Chardin, fue un autor al que leí a escondidas por imperativos del guion, llamado Régimen. Hoy, al intentar leer de la mejor forma a Cantabria, vuelve a ser esta aventura literaria una aproximación a estas palabras que se escriben en actitud de evaluación formativa, emitiendo juicios bien informados de mi acción diaria y contemporánea. Creo que es la única forma de trascender la burocracia digital de un ejercicio de reflexión, para trocarse en un acto responsable de acción transformadora, de investigación-acción, con conciencia social informada.

En el camino de vuelta aquél día de la visita al Cristo de la Agonía, volvimos a recorrer el pueblo, siendo conscientes de que era verdad que era una puerta al mar de la vida, con los ríos que van a dar con ella a través de la historia. Eso nos bastaba.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Hijos de la Luna

Luna quieres ser madre
y no encuentras querer
que te haga mujer;
dime, luna de plata,
qué pretendes hacer
con un niño de piel.

Mecano, Hijo de la Luna

Sevilla, 29/VIII/2022, a las 14:33, hora peninsular en la que estaba previsto el despegue de la primera misión del proyecto Artemis de la NASA que, finalmente, ha sido abortado y programado de nuevo su lanzamiento hasta el 2 de septiembre.

Hoy estaba previsto el despegue a las 14:33, hora peninsular española, de la primera misión del Programa Artemis, bautizado así por la hermana gemela del dios Apolo en la mitología griega. Por un problema de última hora, ha sido abortado el lanzamiento y programado de nuevo para el 2 de septiembre. El objetivo final, según la NASA, es llevar “a la primera mujer y a la primera persona no blanca” a la Luna dentro de tres años. Curiosamente, el próximo 1 de septiembre, se cumplen 120 años del estreno de una película mítica de la historia del cine, Viaje a la Luna, dirigida por Georges Méliès, que no tuvo mucho éxito en el citado estreno por “su duración”, ¡algo más de quince minutos!, aunque después de una presentación concienzuda de la citada proyección alcanzó un éxito sin precedentes entre los feriantes, como reconoció siempre Méliès. Supuso el éxito del cine que contaba cosas que interesaban en aquellos años dorados de Julio Verne, historias que gustaban a los espectadores. Alcanzó un éxito rotundo, tanto en Europa como en Estados Unidos. Unos años antes, ya había rodado un corto, La Luna a un metro (1898), que no era más que la adaptación de un espectáculo que apreciaba sobremanera el teatro mágico de Robert Houdin, llevado a término en su obra Las caras de la Luna o las desventuras de Nostradamus (1891), al que profesaba admiración en su componente mágica.

La misión no tiene por ahora un componente humano, ni mágico, como el que nos deslumbró en 1902 y 1969, sino que solo es un viaje de prueba que durará 42 días y la nave espacial Orion hará un viaje de ida y vuelta a la Luna con tres maniquíes a bordo, como ensayo general de las futuras misiones Artemis II, que repetirá un viaje similar con cuatro astronautas en 2024, y Artemis III, que se posará sobre el satélite en 2025 como fecha estimada en el citado programa Artemis. Entre los objetos que lleva a bordo Orion está la reproducción de un fotograma de la película de Méliès, Viaje a la Luna, citada anteriormente, que ha sido donada por la Agencia Espacial Europea (ESA).

Esta historia actual del programa Artemis no creo que repita el éxito de lo contado por Méliès y por la llegada del primer hombre a la Luna de 1969. Me ha interesado conocer a fondo el guion de esta película mítica porque nos permite vislumbrar qué es lo que verdaderamente se quería contar con aquel invento científico de tan larga duración y qué es lo que se quería decir en una película muda donde la imagen valía mucho más que mil palabras. El argumento se centra en contar la historia de seis valientes astronautas que viajan en una cápsula espacial de la Tierra a la Luna, trama que tenía su inspiración obvia en las obras de “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne (1865) y “El primer hombre en la Luna” de H. G. Wells (1901).

Su implicación en el rodaje fue tan alta que él mismo figuraba como actor, en el papel del Profesor Barbarrevuelta, que junto a otros astronautas, Victor André, Henri Delannoy, Farjaux Kelm, Brunnett, Bluette Bernon, se enfrentan a una truculenta historia presentada por una voz en “off”: “Hoy tenemos el privilegio de acudir a una reunión extraordinaria de los miembros del Instituto de Astronomía Incoherente”. ¿Ocuparía hoy la NASA este lugar como metáfora en un mundo acuciado por sus deudas y pobreza severa, ante los gastos que suponen estos proyectos científicos? A través de dieciocho planos secuenciales se desarrolla el argumento en el que el escepticismo es total a excepción del ilusionado Profesor Barbarrevuelta o Georges Méliès, como queramos llamarlo. Después viene la construcción de la nave y el cañón que la dispara, el lanzamiento grotesco y la llegada a la Luna que consiste en atravesar su ojo derecho, que ha hecho icónico el cartel de presentación de la película. Después se suceden múltiples aventuras con la población selenita hasta que finalmente regresan a Tierra con un selenita cautivo y los aventureros son recibidos con todos los honores y medallas con forma de Luna. Finalmente, se levanta una estatua a Barbarrevuelta, en la que aparece pisoteando la cabeza de la Luna, figurando en su pedestal un rótulo que no tiene desperdicio: El trabajo todo lo supera.

Una vez más, cualquier parecido de Viaje a la Luna con la realidad actual es pura coincidencia. ¿O no?, porque las metáforas están servidas. Al buen entendedor de este lanzamiento de hoy pocas palabras basta, porque cuando en 2025 llegue hasta la luna la primera mujer y de tez no blanca, puede que la Luna siga queriendo ser madre, una mujer también, sin saber que hacer con un niño de piel, como cantaba Mecano en aquellos años hermosos de la Transición española. Preocupada, también, por el sufrimiento en el planeta Tierra, sobre todo de sus niños y niñas de piel. De lo que estoy seguro es de que en las noches / que haya luna llena / será porque el niño / esté de buenas; / y si el niño llora / menguará la luna / para hacerle una cuna. Será lo más humano que habré escuchado nunca, aunque no figure esta canción entre los objetos que contemple llevar Orion de la NASA, tan cuidadosa ella.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.