Otoños / 5. Resquicios de melancolía

Joan Manuel Serrat, Balada de otoño

Sevilla, 26/IX/2025 – 08:12 h (CET+2)

Otoño es una estación propicia para la melancolía. Estudié esta realidad psicológica durante mis años de juventud, donde la vivía como algo muy distante en el tiempo. Hice trabajos de investigación sobre esa realidad que va y viene muchas veces a lo largo de la vida. La pérdida de la luz, cada día un minuto por hora, hace que el tiempo de esplendor lumínico se acorte y todo se prepara para recibir el invierno y su cruda realidad.

El otoño de nuestras vidas es un libro escrito en la memoria de secreto. Decir otoño es decir algo que solo se aprende de la naturaleza: las hojas caen, el frío aparece como por ensalmo, el tiempo se acorta para disponer de luz aunque la llevemos dentro y la lluvia aparece y se ausenta peligrosamente a capricho del cambio climático ordenado por el ser humano.

Ángel González cuenta que nació en 1925: “El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. En muy pocos años me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. Me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora, de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue, para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir”. Quizá, al leer su poema Estampa de invierno, formando parte de uno de sus Otoños, comprendo perfectamente que su memoria esté desquiciada:

Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo
arropado en las mantas y las evocaciones
de días más luminosos y clementes,
por no sé qué resquicio de mi ventana entra
un cuchillo de frío,
un gris galgo de frío
que se afana en mis huesos con furia roedora.

No es de ahora, ese frío.
Viene desde muy lejos:
de otras calles vacías y lluviosas,
de remotas estancias en penumbra
pobladas sólo por suspiros,
de sótanos sombríos
en cuyos muros reverbera el miedo.

(En un lugar distante,
trizó una bala
el luminoso espejo de aquel sueño,
y alguien gritaba aquí, a tu lado.
Amanecía.)

No.
No está desajustada la ventana;
la que está desquiciada es mi memoria.

Hoy, en mi otoño particular, he recordado también las ventanas desvencijadas de mi vida y me he dado cuenta de que el frío que ha entrado en determinados momentos y que he pasado en algunos otoños vividos, son los de la soledad sonora que rodea nuestros pasos, poniendo a funcionar la moviola de la intrahistoria de cada uno. Sobre todo la de aquella absurda guerra civil que tanto afectó a mi familia. La que recordaba perfectamente Ángel González en su trayectoria vital, en este poema. No ha sido fácil en este país haber vivido una conversión, no paulina en la forma de ser y estar en el mundo, siendo sucesivamente súbdito de un rey, ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Memoria, bendita memoria que se abre hueco a veces en el canto triste de la melancolía.

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Otoños / 4. Este cielo en la hora malva

LA HORA MALVA

…Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer…

Gabriel García Márquez,  en Vivir para contarla.

Sevilla, 25/IX/2025 – 08:53 h (CET+2)

En la hora crepuscular, malva, tan querida por Gabriel García Márquez, comprendo bien un mensaje implícito en unos cuentos suyos preciosos, peregrinos: caminamos hacia alguna parte, aunque a veces vayamos del timbo al tambo, como desorientados por la incertidumbre de lo que nos pasa en la vida, para comprender lo que solo se puede alcanzar en una disciplina de silencio y de encuentro con nosotros mismos, para responder a situaciones, preguntas y fracasos humanos y sociales que no alcanzamos a entender nunca.

Inexorablemente, los días terminan apagándose lentamente y el otoño deja siempre un minuto atrás, día a día, quitándonos luz casi sin darnos cuenta. ¿Luz malva? Leo a Ángel González, en un poema dedicado al Otoño, Este cielo, un cielo muy concreto:

El brillo del crepúsculo,
llamarada del día
que proclama que el día ha terminado
cuando aún es de día.

El acorde final que,
resonante,
dice el fin de la música
mientras la música se oye todavía.

Este cielo de otoño,
su imagen remansada en mis pupilas,
piadosa moratoria que la tarde concede
a la débil penumbra que aún me habita.

En este cielo de otoño, de minutos robados a la luz, sigo dando vueltas de mi corazón a mis asuntos. Estamos viviendo momentos políticos muy delicados en este país, porque aunque algunos se empeñen en lo contrario, no todos vamos en el mismo barco. Suelo decir que navego casi siempre en patera, al lado de algún barco fletado para orientar a la “Isla Desconocida” de Saramago, una patera sin quilla, insegura, pero con Norte. Un barco en el que me suelo sentar en la amura de babor ideológico al que tanto quiero, porque no todas las ideologías son iguales, porque tampoco todas y todos somos iguales, porque no me da lo mismo lo que pasa cada día. Porque no todo es mercancía y mercado. Porque no hay que confundir valor y precio. Porque el otoño nos avisa con rigor que la luz como la nave de Fellini, se va.

No es lo mismo, no es lo mismo…, en una piadosa moratoria que la tarde concede
a la débil penumbra que aún me habita. De color malva, por supuesto.

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Otoños / 3. Ciegos al color de la vida

ERICH LESSING
Julie Andrews, junto a su hija, en un descanso del rodaje de “Sonrisas y Lágrimas” / Erich Lessing

Sevilla, 24/IX/2025 – 08:46 h (CET+2)

Otoño es un mes de colores ocres, verdes apagados, hojas caídas, tonos cambiantes, casi todo ocre: “¿De cuándo ese carmín que fue violeta?, ¿De dónde el oro que era ocre hace un instante?”. Ángel González lo recuerda en su cuarto poema, Ciego, como si todo lo envolviera la acromatopsia (1) que solo afecta a los seres humanos. Lo aprendí leyendo a Oliver Sacks, porque esta enfermedad real es la ceguera del color, que no permite agregar color a la óptica de la vida. Todo se ve siempre de color gris. En su magnífico libro La isla de los ciegos al color (2), descubrí que existe un lugar en el mundo, en dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, donde se concentra esta enfermedad, donde todo se ve siempre de color gris, que permiten “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

Hoy, recordando a Sacks de nuevo, pienso que el poema de Ángel González, extiende geográficamente, por todo el mundo, la ceguera a la vida:

¿Ciego a qué?
No a la luz:
a la vida.

¿Sordo a qué?
No al sonido:
a la música.
Abre los ojos,
oye:
nada ve,
nada escucha.

Como si al mundo entero
una nevada súbita
lo hubiese recubierto
de silencio y blancura.

Confieso que he vivido una experiencia extraordinaria, simbólica, de lo que significa el paso del blanco y negro al color, en el contexto del libro citado de Oliver Saks y tras la lectura meditada del poema de Ángel González. Ocurrió cuando contemplé en una ocasión una foto en blanco y negro del fotógrafo Erich Lessing en pleno rodaje de la película “Sonrisas y lágrimas”: “La vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y lágrimas permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. Esa es la auténtica obra maestra, el extraordinario guion que está detrás, que nos entrega Lessing con la instantánea asociada de su cámara cerebral”.

Solo queda en este Otoño abrir los ojos, oír el paso de la vida, sin ver nada, sin escuchar nada, Como si al mundo entero / una nevada súbita / lo hubiese recubierto / de silencio y blancura.

(1) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris. 

(2) Sacks, O., La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, 1999.

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Otoños / 2. Cuando venimos de los álamos

Myriane Bourgeois, canta “De los álamos vengo, madre”, compuesta por Joaquín Rodrigo, en “Cuatro madrigales amatorios”. Piano: Jean-François Grondin

Sevilla, 23/IX/2025 – 08:23 h (CET+2)

El otoño nos prepara para recibir el invierno con toda su crudeza, con la doble cara del dios Jano. Es la antesala de la pérdida de la luz convirtiendo las sombras y grises en un testigo implacable de lo que viene. En Sevilla casi no existe el otoño. Verano e invierno se estrechan la mano día a día y miran de reojo a un otoño que casi hermanan con calor y frío sin pasos intermedios, sin confundirlo con la tibieza apocalíptica: “puesto que no estás ni frío ni caliente sino tibio estoy para vomitarte de mi boca” (Ap. 3, 14-16), una cita matemática que no se olvida, sin lugar a duda, que son solo palabras puestas en la boca del dios de los creyentes.

Mientras, leo a Ángel González en su tercer poema de Otoños, Casi invierno:

Alamedas desnudas,
mi amor se vino al suelo.
Verdes vuelos, velados
por el leve amarillo
de la melancolía, 
grandes hojas de luz,
días caídos
de un otoño abatido por el viento.

¿Y me preguntas hoy por qué estoy triste?

De los álamos vengo.

El otoño anuncia siempre los grises del invierno, mirando por el retrovisor del tiempo el color de las tres estaciones anteriores. En esta antesala del invierno, en pleno otoño, constatamos que muchas veces somos ciegos al color, no por una enfermedad, la acromatopsia, sino porque nos acostumbramos a vivir en blanco y negro, como si el color o la alegría no hubiera llegado a nuestras vidas. Cuando era niño, viviendo en una sociedad de eternos grises (incluido el uniforme de la policía…), no había nada que me hiciera disfrutar más que cuando entraba al cine de sesión continua en Madrid y anunciaban en pantalla que la película que íbamos a ver era en “color por tecnicolor”. Era una forma de interpretar la vida de forma diferente.

El otoño hace que, a veces, decaiga el ánimo. La tristeza de Ángel González cuando venía de los álamos tenía una explicación, que leí recientemente en palabras de su esposa, Susana Rivera, cuando afirmaba que la referencia a los álamos no era ni a los que había conocido en New México o los de su tierra, en el Paseo de los Álamos de Oviedo. Eran los que “[…] se imaginaba cuando escuchaba a Victoria de los Ángeles cantar, «De los álamos vengo madre, de ver como los menea el viento…». Ponía ese disco en momentos muy especiales, muchas veces amanecimos escuchándolo”.

De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayreDe ver cómo los menea el ayre. De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos de Sevilla, de ver a mi linda amiga, de ver a mi linda amiga. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre (1).

Y me consuela saber que los álamos queridos por Ángel González estaban en Sevilla, porque su quintaesencia figuraba en un poema popular anónimo recopilado por Juan Vázquez, un extremeño muy vinculado al movimiento renacentista de Sevilla, donde falleció en 1563, en una obra que llevaba por título Recopilación de sonetos y villancicos a cuatro y cinco voces (Sevilla, 1560). “De los álamos vengo madre…”, una canción cantada por villanos, es decir, un villancico, figuró siglos más tarde como cuarto madrigal amatorio compuesto por el maestro Joaquín Rodrigo, respetando la melodía original que había escuchado durante su estancia en París hacia finales de los años treinta.

Otoño, desde los álamos de Sevilla en la Alameda de Hércules, el jardín público más antiguo de Europa, ¿me preguntas hoy por qué estoy triste?

(1) Letra original: http://cristobaldemorales.net/medios/repertorio/alamos_vengo_madre

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Otoños / 1. El decorado de nuestras vidas

MUSICA DE OTONO

Sevilla, 22/IX/2025 – 07:31 h (CET+2)

Hoy, a las 20 horas y 19 minutos en horario peninsular (19:19 en Canarias), entra el otoño “con muy poco ruido: / apagadas cigarras, unos grillos apenas, / defienden el reducto / de un verano obstinado en perpetuarse”, tal y como nos lo presenta Ángel González.

En 2019 dediqué una pequeña serie de artículos en torno a la aprehensión del otoño por parte de este excelso poeta, tan presente en este cuaderno digital. Vuelvo a publicarlos a partir de hoy, porque para mí la poesía es siempre “un arma cargada de futuro”, tal y como lo aprendí de Gabriel Celaya.

Esta igualdad temporal de los días y las noches (equinoccio) con la que identificamos el otoño, forma parte del decorado de nuestras vidas. Cambia el día, la noche, la luz, el calor, el frío, la caída de las hojas, todo cambia. La oportunidad de escribir sobre el otoño de nuestra vida, cada otoño, hace que cumplamos estaciones en vez de años y surgen, insolentes, unas preguntas curiosas: ¿cuántos otoños tienes? O, ¿cuántos otoños somos?

Ángel González, en su segundo poema de Otoños, Entonces, dedica una reflexión sobre el decorado cambiante de nuestras vidas, porque somos protagonistas de una película, de largo metraje, en la que cada estación hace que determinadas secuencias sean inolvidables. Solo por una palabra maravillosa, entonces, un adverbio demostrativo de que lo que allí ocurrió fue solo en ese tiempo, en ese momento, en esa ocasión. El Fin del Verano, podría ser hoy el título de la película en este momento, entonces, al que sigue de forma inexorable un invierno, estaciones con parada fija sin que nosotros podamos hacer nada por detenerlas en el tiempo.

Entonces era otoño en primavera
o tal vez al revés:
era la primavera semejante al otoño.

Azuzadas de pronto por el viento,
corrían veloces las sombras de las nubes
por las praderas soleadas.
Inesperadas ráfagas de lluvia
lavaban los colores de la tarde.
¿De cuándo ese carmín que fue violeta?
¿De dónde
el oro que era ocre hace un instante?

Los silbos amarillos de los mirlos,
el verde desvaído al que apuntaban,
la luz, la brisa, el cielo inquieto:
todo nos confundía.

Con un escalofrío repentino
de temor, y nostalgia,
evocamos entonces
la verdad fría y desnuda de un invierno
no sé si ya pasado o por venir.
 

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Me conmueven las palabras del poeta palestino Mahmud Darwish

Mahmud Darwish, 1941-2008

Sevilla, 21/IX/2025 – 09:00 h (CET+2)

Ayer volví a leer en un espejo de un restaurante tetuaní de esta ciudad, escritos a mano y con el color rojo de sangre, unos versos de Mahmud Darwish, un poeta palestino que descubrí hace ya muchos años y que han resonado en mi mente de una forma especial, en el contexto terrible de lo que está sucediendo en Gaza. Pertenecen al poema A mi madre (1), que reproduzco a continuación con una traducción excelente del árabe de Luz Gómez García, en los que se intuye que Darwish amplifica el amor a su madre tierra también, Palestina:

Añoro el pan de mi madre,
el café de mi madre,
las caricias de mi madre…
Día tras día
en mí crece la infancia 
y amo mi vida, pues
de morir
me avergonzarían las lágrimas
de mi madre.

Haz de mí, si vuelvo un día,
chal para tus pestañas,
cubre mis huesos con hierba
bautizada por tus puros talones,
átame
con un mechón de tus cabellos…
con una hebra del bordado de tu vestido…
Puede que me convierta en un dios,
que en un dios me convierta
si toco el fondo de tu corazón.

Ponme, si es que regreso,
como leña en la lumbre de tu fuego,
como cuerda de tender en la azotea de casa,
porque no puedo levantarme
sin tu oración de cada día.
He envejecido, devuélveme las estrellas de la infancia
para que comparta
con los pájaros más pequeños
la senda del regreso
al nido en que aguardas.

También he recordado hoy las palabras que Juan Goytisolo pronunció en el acto celebrado en 2011 en la Universidad de Birzeit, en Ramala, en el que recibió el premio Darwish, que suenan ahora con más fuerza que nunca ante el genocidio actual en Gaza: “Con una dignidad admirable, Darwish nos dice que “recordar el genocidio nazi es un deber que no incumbe tan solo a los judíos. Todos los pueblos cuya conciencia permanece viva y todos los amigos de la libertad comparten la memoria de las víctimas del nazismo y la tienen presente en sus espíritus” (…) En efecto: la poesía de Darwish se dirige también a los israelíes con sentido de la justicia –que, aunque minoritarios, existen— para recordarles que el horror del Holocausto no justifica la permanente humillación a la que someten a los palestinos que viven en su propia tierra bajo un régimen de apartheid que vulnera todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y las leyes internacionales establecidas en su Texto Fundacional […] Darwish fue la voz capaz de expresar lúcidamente y con palabras bellas y precisas la brutalidad del ocupante y la deslealtad de aquellos que abandonaron el proyecto de democratización de las sociedades árabes, que usaron la derrota de su supuesta santa causa para satisfacer sus deseos de poder y de ajustar cuentas con sus rivales. […] Hay que leer y releer a Darwish para no perder la esperanza. La Palestina que le fue arrebatada en la infancia no es un paraíso perdido sino realizable y abierto por tanto hacia el porvenir. Esta fe obstinada de Ulises en un futuro siempre posible confiere a sus poemas esa lucidez, fruto de una visión histórica serena y exenta de odio: una emoción y dolor que, por lo remansados y sobrios, se alzan sobre las vicisitudes dramáticas del momento y asumen misteriosamente el fulgor de la profecía”.

Recuerdo finalmente, también, a Gabriel Celaya, cuando nos enseñó en La poesía es un arma cargada de futuro (1955), su clave poética para transformar este mundo al revés, tan manifiesta en Gaza, pero tan lejos de los silencios cómplices y de la equidistancia política actual:

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse
.

El que tenga oídos que oiga. El que quiera entender que entienda. El que quiera leer…, que lea la obra extraordinaria de Darwish. Estará más cerca de Palestina que nunca.

(1) Darwix, Mahmud, Poesía escogida (1966-2005). Edición bilingüe árabe/castellano, 2008. Traducción de Luz Gómez García. Valencia: Pre-Textos.

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El otoño se acerca con muy poco ruido, a diferencia de lo que ocurre en este mundo al revés

Sevilla, 20/IX/2025 – 12:35 h (CET+2)

Mi escritura es circular y quien frecuenta estas páginas sabe de mi aprecio por el poeta Ángel González. Estas palabras que siguen las escribo cada año y siguen manteniendo su valor cuando se acerca el otoño de 2025. Confieso que lo vivo de forma especial al recordarlo hoy de nuevo con emoción y conciencia de clase humana y solidaria con “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, reconociendo que fue Eduardo Galeano quien los identificó como nadie para que marcaran mi vida olvidando nuestro olvido hacia ellos. Hoy, son los gazatíes inocentes que mueren a diario, los que representan estos nadies.

Los recuerdo en este otoño porque estamos obligatoriamente obligados a “otoñar”, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita el mundo, este país, como son la luz, el fuego y la vida, que cuiden de ellos, de nosotrosde todos, sin dejar a nadie, a los nadies, hoy al pueblo gazatí, atrás.

Cuando el lunes próximo, a las 20 horas y 19 minutos en horario peninsular (19:19 en Canarias), se igualen el día y la noche en el hemisferio norte, en una ceremonia temporal y puntual que nunca falla y que los sabios del lugar llaman equinoccio de otoño (aequinoctium,  aequus nocte, «noche igual»), las personas a las que nos gusta otoñar sentiremos una especie de aviso, porque también se puede humanizar este tiempo y su momento si somos capaces de aprehenderlo en su justo sentido. Por ejemplo, acudir prestos a compartir esta estación con el poeta Ángel González, aunque en mi caso él me acompaña siempre a lo largo del año y sus otras estaciones, siendo consciente de que estamos saliendo hoy de un verano obstinado en perpetuarse, / cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Entrando en mi clínica del alma, mi biblioteca, vuelvo a leer en las horas preparatorias del nuevo equinoccio de otoño sus poemas dedicados a los Otoños, en plural, porque existen millones de otoños, los que vive cada ser humano a su forma y manera: mi otoño, tu otoño, su otoño, nuestro otoño, vuestro otoño, el otoño de ellos, de ellas…, el otoñar de todos. De todas formas, los otoños de González me inspiran otra forma de comprender la vida y me gusta compartirlo para hacer más llevadero ese ser y estar en el mundo de todos y cada uno, otoñando la vida. Comienza su entrega de sentimientos y emociones con un poema precioso, El otoño se acerca, que vuelvo a compartir hoy:

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

Lo he manifestado en otoños anteriores y hoy, vuelvo a buscar el ángel que se llamaba luz, fuego, o vida, y no lo encuentro, rodeado de malas noticias por todas partes, en un país con desasosiego permanente desde hace ya varios años, en este otoño tan especial que sigue entrando con el ruido de los malos augurios de desastres climatológicos, guerras y economía maltrecha, estando obligatoriamente obligados a entenderlo. Al menos, podemos encontrar un ángel, en medio de tantos demonios, de apellido González. Lo agradezco una vez más, porque necesitamos momentos amables en esta azarosa vida, en este otoño en el que también estamos obligatoriamente obligados a otoñar, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, que necesitamos todos, con nombres preciosos y que hoy día tienen más valor que nunca: luz, fuego y vida.

Gracias, Ángel González, un otoño más, porque sé que te llamas así por los solsticios y equinoccios que alumbraron con su cambiante luz, su vario cielo, el viaje milenario de tu carne trepando por los siglos y los huesos (1). No te olvido.

(1) González, Ángel. Para que yo me llame Ángel González, en Áspero mundo, 1956. Madrid: Rialp.

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Los datos reales de las listas de espera en Andalucía, desesperan a los pacientes que las sufren

Sevilla, 19/IX/2025 – 14:23 h (CET+2) – Actualizado a las 17:53 h

La Consejería de Salud y Consumo dependiente de la Junta de Andalucía, publicó el pasado lunes en el portal web del Servicio Andaluz de Salud, los datos de «Tiempos de respuesta asistencial. Listas de espera» – Junio 2025, al ser «un objetivo prioritario la transparencia en la información a la ciudadanía de las listas de espera de todas las personas usuarias que están a la espera de una intervención quirúrgica y o de una consulta externa». Verificados los datos, la realidad actual es que en Andalucía seguimos con unos datos alarmantes, tanto en la lista de espera de consultas externas, 852.859 pacientes, como en cirugía, 207.236, con un sumatorio total de 1.060.095 pacientes en una situación verdaderamente lamentable desde la perspectiva de servicios públicos de primera necesidad en el ámbito de salud, que no responden a garantías mínimas exigibles a un Estado de Bienestar. Los datos que figuran a continuación matan el relato triunfante de esta semana del Gobierno andaluz al considerar una proeza «haber reducido en 20.319 (14,2%) el número de pacientes pendientes de una operación quirúrgica dentro del plazo de garantía sanitaria y en 30.074 (56,7%) el de los que están fuera de plazo, entre diciembre de 2023 y junio de este año. También destaca la reducción del tiempo medio de espera en 42 días -de 150 a 108- para los que están con garantía en ese mismo período». Como los números son muy fríos y tercos, me he tomado la molestia ética de contrastarlos con los últimos datos oficiales sobre lista de espera del Sistema Nacional de Salud, a diciembre de 2024, que elabora el Ministerio de Sanidad.

Sobre los datos de lista de espera de consultas externas, el Ministerio fija el dato de la situación de Andalucía en 866.248 pacientes, lo que significa que respecto de los datos de diciembre de 2024, «sólo» se ha reducido esta lista en 13.959 pacientes, a junio de 2025, es decir, permanecen en esa lista un total de 852.289 pacientes, lo que supone una «reducción» de un porcentaje irrisorio, el 1,6% del total.

ANDALUCÍA. TOTAL LISTA DE ESPERA DE CONSULTAS EXTERNAS

Fuente: Consejería de Salud y Consumo. Junta de Andalucía, Tiempos de respuesta asistencial. Listas de espera, junio 2025.

Fuente: MINISTERIO DE SANIDAD – Indicadores del Sistema de Información del Sistema Nacional de de Salud – SISLE-SNS – Situación a 31 de Diciembre de 2024

Igualmente, he efectuado el cálculo comparativo entre los datos de la lista de espera quirúrgica publicados por el Ministerio, a 31 de diciembre de 2024, con los datos presentados por la Consejería el pasado 15 de septiembre, arrojando los siguientes resultados: el Ministerio fija el dato de la situación de Andalucía en 194.159 pacientes, lo que significa que respecto de los datos de diciembre de 2024, se ha incrementado en Andalucía el número de pacientes hasta un total de 207.236, 13.077 pacientes más a junio de 2025, lo que supone un revés importante a todas las medidas anunciadas a bombo y platillo por la Consejería, con un gasto extraordinario a lo largo de estos años, de centenares de millones adjudicado a empresas privadas, para aligerar estas listas de espera insufribles por parte de la la población andaluza.

ANDALUCÍA. TOTAL LISTA DE ESPERA QUIRÚRGICA

Fuente: Consejería de Salud y Consumo. Junta de Andalucía, Tiempos de respuesta asistencial. Listas de espera, junio 2025.

Fuente: MINISTERIO DE SANIDAD – Indicadores del Sistema de Información del Sistema Nacional de de Salud – SISLE-SNS – Situación a 31 de Diciembre de 2024

He destacado los grandes números, demostrando que se juega con ellos dependiendo del enfoque que se quiera dar a los mismos, no inocentes casi siempre. Ante esta situación queda el horizonte cada vez más próximo de las elecciones en esta Comunidad porque es el momento de depositar el voto e intentar acabar con esta lamentable situación de la forma más democrática posible. Con la mayoría actual del Partido Popular y su cercanía alarmante a Vox, es difícil operar cambios, pero podemos prepararnos de forma concienzuda para formar un frente amplio democrático, popular, con incorporación de la población civil, hastiados como estamos de tanta injusticia ante nuestros ojos y, en este caso de salud, ante nuestras vidas.

Es justo reconocer también que el pasado martes 2 de septiembre se presentó una iniciativa legislativa popular (ILG) para blindar la sanidad pública de los conciertos y la privatización, avalada por casi 60.000 firmas, impulsada por las Mareas Blancas junto a los sindicatos Satse, CSIF, CCOO y UGT. Son esfuerzos loables, pero de muy largo recorrido en su tramitación por la burocratizada participación ciudadana en las decisiones parlamentarias de Andalucía, que es donde se transforma nuestra sociedad andaluza. Mientras, 1.060.095 de andaluces y andaluzas, sufren la dolorosa situación, impresentable a todas luces, de una espera vergonzosa y vergonzante, para solucionar un problema vital que puede acabar incluso con muchas vidas.

En definitiva, si vuelvo a exponer hoy de nuevo el drama de las listas de espera en el Sistema Sanitario Público de Andalucía, es porque insisto en que se debería hacer un estudio urgente, riguroso y profundo para conocer las causas estructurales, no sólo económicas, que provocan estos graves desajustes de atención a los pacientes andaluces, algo que llama la atención por el silencio oficial de la Junta de Andalucía al respecto o por proclamas de éxito de gestión de las listas de espera, de vez en cuando, que no se pueden entender de ninguna forma, con los datos en la mano. Basta con verificar los datos actuales en la fuentes oficiales citadas, para darnos cuenta de dónde está Andalucía situada a nivel nacional en relación con las listas de espera. Es la única forma de que las ciudadanas y los ciudadanos de esta Comunidad podamos emitir juicios bien informados sobre la situación real del Sistema Sanitario Público de Andalucía, que acusa daños estructurales, organizativos y económicos de importancia extrema, en un proceso paulatino de demolición de los principios públicos del Estado de Bienestar que lo sustentan.

Seguimos recibiendo avisos de lo que está pasando, estamos viendo y, también, sufriendo. Es hora de actuar en defensa de los servicios sanitarios públicos, sin más demora. Una buena forma de activar la crítica constructiva y solidaria es facilitar estos datos, de boca en boca, utilizando también las redes sociales, para que todos podamos emitir juicios bien informados sobre esta realidad tan preocupante en el país y, obviamente, en Andalucía.

NOTA: la imagen de cabecera es una fotomontaje realizado por el autor, con la base de la imagen recuperada el 23/X//2023 de https://www.larepublica.net/noticia/defensoria-contabiliza-mas-de-siete-mil-recursos-de-amparo-por-listas-de-espera

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Estamos avisados: la “Internet muerta” avanza más viva que nunca

Sevilla, 18/IX/2025 – 08:16 h (CET+2)

Un breve mensaje de Sam Altman, muy reciente, no nos debería pasar desapercibido en este loco mundo al revés, sobre todo porque su significado histórico proviene de la escuela conspiranoica: “Nunca me tomé tan en serio la teoría de la internet muerta, pero parece que ahora hay muchas cuentas de Twitter [ahora X y propiedad de Elon Musk] administradas por LLM [modelos grandes de lenguaje de la IA]”. ¿Qué significa en estos momentos este temor creciente de Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, la empresa que entregó al mundo en 2022 el archiconocido ChatGPT, acrónimo de Chat Generative Pre-Trained, una aplicación de chatbot de inteligencia artificial generativa?

La respuesta más acorde con la realidad actual la he leído en un artículo publicado el pasado domingo en el diario El País, que me ha dejado muy intranquilo: “El máximo responsable de la empresa creadora de uno de los desarrollos más sofisticados de inteligencia artificial (IA) empieza creer en la teoría de la “internet muerta”, que defiende que el contenido generado automáticamente superará al generado por humanos, por lo que los peligros de manipulación, desinformación y condicionamientos de conductas de forma intencionada se multiplicarían”.

En el artículo citado se hace referencia a una publicación reciente en una revista científica, Physical Review Letters, de investigadores de la Universidad de Vermont y el Instituto Santa Fe, en la que se advierte de los peligros reales y muy actuales de la internet muerta: “lo que se propaga, ya sea una creencia, una broma o un virus, evoluciona en tiempo real y gana fuerza a medida que se distribuye” siguiendo un modelo matemático de “cascadas de autorrefuerzo [Self-Reinforcing Cascades]”. Según esta investigación, aquello que se difunde muta a medida que se propaga y ese cambio ayuda a viralizarlo en un modelo parecido a los fuegos de sexta generación, imposibles de apagar con medios convencionales. “Nos inspiramos en parte en los incendios forestales: pueden volverse más fuertes cuando se queman a través de bosques densos y más débiles cuando se cruzan brechas abiertas. Ese mismo principio se aplica a la información, las bromas o las enfermedades. Pueden intensificarse o debilitarse dependiendo de las condiciones”, explica Sid Redner, físico, profesor del Instituto de Santa Fe y coautor del artículo”.

El artículo de El País finaliza con una aportación magnífica de Aaron Harris, CTO de Sage, que cree posible una internet ética, “pero no va a suceder por casualidad”, precisa. “La transparencia y la responsabilidad deben determinar cómo se diseña y se regula la IA. Las empresas que la desarrollan deben lograr que sus resultados sean auditables y explicables, para que las personas comprendan de dónde proviene la información y por qué se recomienda”. Defiende, igualmente, “la protección del “internet humano”, “especialmente ahora que cada vez hay más contenido creado por bots”, pero no a costa de prescindir de los avances logrados. “No creo que la solución sea volver al mundo anterior a la IA e intentar restringir o eliminar por completo el contenido que ha generado. Ya forma parte de nuestra forma de vivir y trabajar, y puede aportar un valor real cuando se utiliza de forma responsable. El problema es si alguien se responsabiliza del contenido. Ese es el principio que todas las empresas deben seguir: la IA debe mejorar la capacidad humana, no sustituirla. Todavía es posible una internet más humana, pero solo si mantenemos las necesidades de las personas en el centro y hacemos que la responsabilidad sea innegociable”.

Salvando lo que haya que salvar, he recordado hoy al situarme ante la pantalla en blanco, mi publicación de 2007 en este cuaderno digital, de un libro, Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, “una interpretación sobre la inteligencia humana, que preside todos los actos de vivir apasionadamente, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y telecomunicación”. Internet ética, en estado puro, digital por supuesto, que se puede completar también con otro libro posterior, Origen y futuro de la ética cerebral, publicado en 2014. En el prólogo explicaba que “cada capítulo engloba una serie de reflexiones, con formato de artículo y con base científica en su mayor parte, para que no se convierta en un libro de autoayuda al uso, sino de conocimiento de lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamó “solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso y que espero que este libro ayude a conocerlas bien, para justificar nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo”.

Necesitamos compartir el conocimiento humano a través de una Noosfera Ética, apoyada en una Internet Limpia, Viva, no muerta ni adulterada, como malla pensante de la humanidad. En un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos, encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”.

Junto a la preocupación expresada por Sam Altman, creo que es urgente blindar la Internet ética, la Inteligencia Artificial (AI) desarrollada por humanos con altas capacidades digitales, al servicio de la Noosfera, que será la que transforme el mundo actual para hacerlo más humano y habitable en beneficio de todos, sin exclusión alguna.

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¡Paz y Libertad!

Debemos prestar atención a la agnotología, la producción no inocente de la ignorancia

Sevilla, 14/IX/2025 – 09:31 h (CET+2)

La producción deliberada de la ignorancia, es decir, la agnotología, está en auge y no estamos preparados para neutralizarla como es debido. Para demostrarlo basta conocer los resultados recientes de la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología 2024, elaborada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), en la que la mitad de los españoles cree que las compañías farmacéuticas ocultan los peligros de las vacunas (20 puntos más que en 2022), un 41,6% cree que “se han producido virus en laboratorios gubernamentales para controlar nuestra libertad”, y uno de cada tres está convencido de que “la cura para el cáncer existe, pero se mantiene oculta al público por intereses comerciales”. Sólo son datos para conocer la importancia de la ignorancia tutelada, no inocente, que asola el país.

El término agnotología, derivado del griego agnosis, no saber, y logia, ciencia o tratado, fue acuñado por Robert N. Proctor en 1992, como “el estudio de la creación y propagación deliberada de la ignorancia por motivos comerciales o políticos”, desarrollado ampliamente en una publicación realizada junto a Linda Schiebingers (como editores), Agnotología. La producción de la ignorancia, publicada en 2022 y traducida en nuestro país por Oroel Marcuello Gil y Chaime Marcuello Servós.

Para conocer bien qué significa esta ciencia de la ignorancia, recomiendo la lectura atenta de la introducción del libro citado, facilitada por la editora en España, porque hay que conocer bien de qué estamos hablando para poder emitir posteriormente juicios bien informados: “Han pasado quince años desde la aparición de Agnotología [2007] y la creación de ignorancia se ha convertido en un gran negocio. Y mayor en las noticias. En 2007 nadie hablaba realmente de fake news y en el ínterin hemos visto el ascenso (¿y la caída?) de personajes como Trump, Bolsonaro, Orban y Duterte, hombres fuertes con una extraña habilidad para ahogar la verdad a gritos mediante el ejercicio del poder a lo bruto. La fabricación de la ignorancia también se ha convertido en un gran negocio. Ahora tenemos filtros, burbujas y dispositivos electrónicos personales, rociándonos con una manguera de «noticias de última hora», a menudo de procedencia o calidad incierta. La desinformación se difunde más rápido que nunca, equiparando la información de alta y baja calidad. Y gran parte de esto es deliberado en la «economía de la atención», donde el público consumidor es al mismo tiempo productor no remunerado de datos para las grandes plataformas. […] La desinformación deliberada continúa, con nuevos trucos y técnicas. Los negadores del cambio climático han recurrido al «no soy un científico» o al «no somos nosotros, son ellos». O cuesta demasiado arreglarlo, o cada uno de nosotros tiene la culpa. O incluso el cínico y fatalista «es demasiado tarde». Mientras tanto, los bosques arden, los corales se blanquean, las ciudades y los metros se inundan, y los malhechores corporativos han aprendido a asentir con la cabeza y sonreír en público, mientras obstruyen las soluciones en privado”.

Estamos avisados y sabemos ya que la producción masiva de la ignorancia, la agnotología, existe. Su precursor, Robert N. Proctor, nos recuerda su breve historia: “Acuñé el término agnotología a principios de la década de 1990 para designar el estudio de la ignorancia, pero también la producción de ignorancia —del mismo modo que el español es tanto un campo de investigación como una práctica lingüística—. La idea era que los filósofos se han centrado demasiado en el conocimiento y demasiado poco en la ignorancia, que es mucho más común, más retorcida y más peligrosa. Los filósofos tienden a privilegiar las narrativas de las élites, están en la frontera, son vanguardistas, ignorando la ignorancia que queda atrás y el dinero que puede explotar o incluso crear ignorancia”. A partir de aquí expone ejemplos claros de cómo se fabrica la ignorancia con grandes inversiones económicas en diferentes sectores de la industria de la nicotina, del carbono, del azúcar y uno muy actual, el de las grandes empresas tecnológicas que se han convertido en los siete magníficos del siglo XXI, porque “desarrollan motores para la creación y circulación de información errónea y desinformación, alimentando agravios personales y reforzando los prejuicios”. Tenemos clarísimos ejemplos en las últimas elecciones a la presidencia en los Estados Unidos, junto a la intromisión permanente de Rusia “contaminando” todo lo que se mueve en el mundo desde su óptica unidimensional. También se proyecta día a día en nuestro país, siendo un ejemplo claro el negacionismo de cualquier atisbo de progreso social que cuide el interés social, en áreas tan sensibles como inmigración, refugiados, cambio climático, violencia de género y vacunación, entre otras áreas de interés público.

En estos días, estamos asistiendo a un espectáculo mundial de agnotología a través del negacionismo puro y duro en torno al cambio climático y a las vacunas, por ejemplo, liderado este último por Robert Francis Kennedy Jr., el nuevo Secretario de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos desde el 13 de febrero de 2025, bajo la segunda presidencia de Donald Trump. Igualmente, el negacionismo del genocidio en Gaza, injustificable por la hambruna y muerte por inanición de la población infantil, con un silencio cómplice mundial clamoroso y de fondo negacionista y agnotológico.

Es la negación por antonomasia de la realidad científica que además causa graves daños a la Humanidad, difundiendo la ignorancia programada. Podemos poner muchos ejemplos de la actualidad, pero he escogido una exposición científica divulgativa que me parece aclarar de fondo y forma qué significa en la actualidad el negacionismo del conocimiento, tutelando la ignorancia programada, que nos asola por tierra, mar y aire. Me refiero a un artículo que publicó Mark Hoofnagle en 2009, doctor en Fisiología por la Universidad de Virginia y experto en denialismo, describiendo el negacionismo como «el empleo de tácticas retóricas para dar la apariencia de argumento o debate legítimo, cuando en realidad no lo hay». Es el proceso que funciona usando una o más de las siguientes cinco tácticas con el fin de mantener la apariencia de una controversia auténtica (1):

1. Teoría de conspiración. Desestimar la información o la observación sugiriendo que los rivales participan en «una conspiración para esconder la verdad».

2. Falacia de evidencia incompleta. Seleccionar un artículo aislado apoyando su idea, o usar artículos obsoletos, defectuosos o desacreditados para hacer parecer la postura opuesta como si estos apoyaran sus ideas en una investigación débil.

3. Expertos falsos. Pagarle a un experto en el campo, o en otra área, para que dé evidencia de apoyo o credibilidad.

4. Cambiar las reglas. Desestimar la evidencia presentada en respuesta a una afirmación en específico, solicitando continuamente otra pieza de evidencia.

5. Otras falacias lógicas. Usualmente, una o más falsas analogías, tales como argumento ad consequentiam (los prejuicios cognitivos), falacia del hombre de paja (nunca se toca el argumento de fondo), o red herrings (maniobras de distracción).

El debate sobre la agnotología, es decir, la creación y propagación deliberada de la ignorancia por motivos comerciales o políticos, se centra en el poder actual de los medios de comunicación intervenidos por el capital y las tecnologías de la información, en su exponente tan preocupante de redes sociales no inocentes, para contaminar, manipular y hundir en la ignorancia supina a sus seguidores de forma violenta e intrusiva en lo más preciado que tiene, el cerebro, es decir, la sede del conocimiento y comportamiento humano y su forma de actuar ante el cambio climático, por ejemplo, las vacunas o el ocaso de la democracia. También en la salud y en la enfermedad. Creo que hay que hacer un esfuerzo en estos días por romper las barreras del conocimiento humano y dejarse llevar por lo que la ciencia y la terca realidad nos demuestra a diario y de forma amable y didáctica a través de investigaciones dignas, de información veraz, como único camino seguro para salir de la ignorancia planificada por una industria no inocente que cuenta con el respaldo de multinacionales tecnológicas amparadas por los nuevos emperadores totalitarios en el mundo que nos rodea, representados en estos momentos por Trump y Putin, como artífices de un nuevo mundo al revés sustentado por la ciencia de la ignorancia planificada, con una negación clara del grandioso poder de la democracia, que propicia siempre conocimiento y libertad.

(1) Mark Hoofnagle (11 de marzo de 2009). «Climate change deniers: failsafe tips on how to spot them»The Guardian.

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