Muchachito

El 6 de agosto de 2005 será un día más en la historia de la humanidad. Para los que recordemos lo que ocurrió hace sesenta años en Hiroshima, la bomba “Little boy” (muchachito) será una metáfora al viento sobre el doble uso de las tecnologías. 140.000 muertos siguen pesando como una losa sobre la historia de hombres y mujeres que trabajan en las tecnologías de vanguardia para que la humanidad entera sepa que la inversión económica que se está haciendo en la actualidad sirve también para fabricar chips que se utilizan lo mismo para la consola Play Station que para los misiles Tomahawk, es decir, de doble uso.

La reacción no se debe hacer esperar. Mientras que la play station permite que niños del mundo entero se entrenen a matar, gracias al chip paradójico, no inocente, ingenieros y militares de los cinco continentes siguen diseñando los misiles más mortíferos, con idéntico chip, en un juego tan peligroso como aquél en el que se forma la conciencia. Por eso, las cinco fotos del reportaje “Hiroshima y Nagasaki in memoriam” (Magazine, 31/07/05), que dejan sobrecogido a cualquier ser humano con sentimiento y pensamiento inteligente, nos permiten pensar que deberíamos proteger el uso racional de las tecnologías y destruir los arsenales mortíferos que día a día, en cualquier rincón del planeta, pueden ofrecernos la imagen dibujada por Saramago en su obra “Ensayo sobre la ceguera”: permanecer ciegos, simbólicamente, a un mundo de caos y desorden que promociona juegos para matar y vivir.

Enviada a “Magazine”, 31/VII/05

Teoría y opinión

Acabo de leer el editorial “Viajes cruzados” (30/X/05) y he recordado una vieja lectura de 1995, del profesor Gustavo Bueno, en la que se resaltaba una propuesta, desde España, para el milenio que vivimos actualmente: “Ahora bien, como canon del nivel óptimo que podrían alcanzar los juicios de los ciudadanos de una democracia real, ponemos la posesión de los conceptos indispensables para formar, no ya tanto opiniones, cuanto teorías críticas o, si se quiere «opiniones sistematizadas»”.

Estamos creciendo en un país de opiniones desbarajustadas, escuchadas en el último programa de televisión o en el mostrador de turno, soltadas por el último de la fila de tertulianos mayores del reino, pero que se erigen en hilo conductor (tonos, politonos…) de la sociedad. Las teorías críticas están abandonadas a su suerte, pendientes de que algún sector de población pueda comercializarlas para editar guías breves de la felicidad. No digamos nada de los efectos devastadores en la opinión política y pública.

Sería interesante que a partir del 2 de noviembre, punto de partida para el debate sobre el Estatuto de Cataluña, cualquier parte de España llamada Comunidad ó País pudiera calentar (no helar) el corazón de niños y niñas, jóvenes, adultos y mayores, de cualquier rincón del país, con teorías críticas de modernización, en homenaje a Machado, porque a través de sus palabras, se podría construir una teoría de la pasión por la verdad constitucional que, en el fondo, buscamos todos. Sería un bello comienzo de un viaje en común, hacia alguna parte.

Enviada a “Magazine”, 30/X/05

Spielberg

Todos los niños del mundo, incluso los que han sufrido el terrorismo de Osetia del Norte, saben cómo es el traje nuevo del emperador actual en el mundo, sin tener que recurrir a Andersen. Spielberg se ha esforzado en llevar esta sabiduría a una edición preciosa –un cuento editado hace años también en España, con el título original de Andersen- que permite ayudar a la financiación de un proyecto extraordinario, descubriendo una nueva faceta de servicio a los niños enfermos a través del proyecto Startbright, en Estados Unidos, auspiciado por una Fundación (www.starbright.org) de la que es presidente emérito el creador de Parque Jurásico, La lista de Schindler e Inteligencia Artificial, entre otros éxitos cinematográficos. Quizá no sepan muchos ciudadanos que admiran a este genial director que, desde hace bastantes años, se conecta desde su casa con niños afectados de cáncer y habla con ellos permitiéndoles que entren en “su casa”, como los invitados de E.T., a través de mundos virtuales de felicidad compartida. Así de sencillo y así de real. Y más allá de lo que comunicaba como rey de Hollywood (no emperador) en el reportaje del pasado 5 de septiembre.

Aquí en España y más en concreto en Andalucía, esta experiencia sirvió como idea base para que todos los niños hospitalizados en el Sistema Sanitario Público de Andalucía, puedan conectarse diariamente entre sí (más de trescientos al mismo tiempo), creando personajes e historias vinculadas con ellos mismos, mediante avatares (personajes de fácil identificación y que les permiten la representación más feliz) y mundos virtuales con videoconferencia y chat, promoviendo la actividad solidaria, compartida, en la creación y recreación de espacios y situaciones libres, de forma compartida, en un proyecto que se llama “Mundo de Estrellas” y que animo que se conozca con detalle (www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdesalud), compartiendo personalmente alguna sesión con ellos desde el voluntariado social y creando redes de intercomunicación y comunidades virtuales con otros niños del país y, por extensión, con Latinoamérica. Sería el mejor homenaje a Spielberg, condecorado recientemente en Francia con la Legión de Honor, desde este rincón del mundo, Andalucía y en justo reconocimiento a un director sensible con los aspectos más duros de la vida de un niño.

En estos días que asistimos perplejos a la realidad de Osetia del Norte, podemos proclamar con el genial director que el emperador no lleva nada, porque va desnudo de humanidad… Ante esta situación, proyectos tan importantes cómo los aquí citados permiten vislumbrar que las nuevas tecnologías, Internet, pueden transferir felicidad permanente a niños con determinadas privaciones de salud, traspasando fronteras. Y Spielberg también ha puesto su grano de arena para ofrecer felicidad a los que menos la poseen. Gracias, por tanto, por esta faceta aleccionadora y desconocida que descubre también la generosidad del ser humano.

Enviada a “El Pais Semanal”, 6/IX/2004

Pier Paolo Pasolini

El doble nombre apostólico siempre fue un escándalo en el círculo cinematográfico de Pasolini. Este hombre desconcertante, despiadadamente sincero consigo mismo, firme en su interpretación del sexo, más allá del bien y del mal, se quedó solo ante el peligro de la vida romana ó boloñesa, en su ciudad natal. Pasolini era un hombre comprometido con el cine, con la cultura de su época, con el lenguaje del proletariado radicado en las borgatas romanas, nuestros suburbios de hoy día calificados como menos presentables. Pero se hace necesario en cada recuerdo como el del domingo 11 de septiembre, fecha apocalíptica por cierto, en el reportaje “El corsario Pasolini”, por su actitud de compromiso digna de ser asumida por los espectadores del mundo en estos momentos.

Pasolini creó una escuela digna de ser explicada. Partiendo de su modo y manera de ser, luchó por rescatar el lenguaje cercano al cine del proletariado. Nadie se puede imaginar, sin cierta sorpresa, a Pasolini cerca de Vittorio de Sica. Quizá esta didáctica del costumbrismo italiano, llevó a nuestro autor-director de escena a revolverse y comprometerse con la sociedad a través del cine, medio de expresión desconcertante en nuestra sociedad contemporánea.

La dialéctica pasoliniana estaba precisamente en esa denuncia de la corrupción personal y social de la moral establecida, farisaica en la mayor parte de las ocasiones. El canto al hombre total a lo largo de su obra, belleza cósmica, verdad acrisolada por el amor a los cuatro vientos, la denuncia de todos los totalitarismos, incluido el del amor establecido en normas legales y religiosas más o menos vigentes, es un magnífico título de crédito para una obra jamás filmada: la de la vida de cada uno en el compromiso sencillo/difícil de existir, siendo copartícipe y compañero de los más pobres de la tierra, los pobres del Señor, que él gustaba llamar, imbuido de un marcado carácter sacral en su fotocomposición diaria de la vida, real como ella misma.

La Oficina Católica Internacional del Cine entregó en cierta ocasión a Pasolini (1968) un premio por una obra jamás entendida desde la institución: Teorema. La posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor.

Descubrí al auténtico Pasolini durante una larga estancia en Roma, en noviembre de 1976, en el cine Farnese, donde se proyectaron todas sus películas en pocos días y como homenaje coral. Hacía un año que habían matado su persona, no su mensaje. Pelosi, su asesino oficial, que seguía manifestando a los periodistas de la crónica negra romana su no arrepentimiento por el fondo y la forma de matarlo en la playa de Ostia, arrancó en aquellos días una seria afirmación pública: al fin y al cabo, Pelosi era fruto de la miseria fotografiada mil veces por Pasolini, se le podía justificar el crimen. Me daba la impresión de que no entendíamos nada del autor.

El ciclo-homenaje se cerró en el tiempo con su testamento espiritual: Saló o los ciento veinte días de Sodoma, que no dejaba a nadie insensible. Su mensaje era muy claro: el totalitarismo, el fascismo, siempre están despiertos y hay que combatirlos, aunque haya que utilizar imágenes políticamente incorrectas, porque de esta forma salen a la luz las atrocidades de los sistemas establecidos que guardan todo en silencio, para que nadie pueda utilizar las palabras, ni la expresión de los ojos que ven y obligan al corazón a sentir.

Por ello, es importante pensar treinta años después que su muerte, su obra en vida, puede ser un revulsivo para todos, en lenguaje de imágenes servidas por un cine comprometido que no debe desaparecer jamás. De lo contrario, como en las mejores tramas de ficción, cualquier parecido con la realidad del mundo marginado de hoy, va a seguir siendo pura coincidencia.

Enviada a El Pais Semanal, 11/IX/2005

El Génesis de Salgado

Existe un versículo en el Génesis que ha marcado la existencia humana: el 1, 31. El narrador que recogió la tradición oral de la creación agregó un adverbio hebreo no inocente: muy (meod). Mientras que en el relato de la creación, las sucesivas creaciones eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”.

La lectura del “viaje a las raíces del ser humano”, texto de Sebastião Salgado publicado en el Magazine de 5/VI/2005, me ha recordado este gran matiz, mucho más al fijar el objetivo principal de su proyecto “Génesis”: “volver a conectarnos con cómo era el mundo antes de que la humanidad lo dejase prácticamente irreconocible”.

Sebastião Salgado ha iniciado una obra encomiable. Aún así, le pediría que hiciera un esfuerzo a sus 61 años por encontrar y fotografiar algún lugar ó momento de la humanidad que siguiera engrandeciendo la lectura del Génesis. Aunque sólo fuera para creer, en el desconcierto actual, que el ser humano es lo mejor que le ha podido ocurrir al mundo en siete días mágicos: algo muy bueno.

Carta publicada en “Magazine”, 19/VI/2005

Inteligencia social

La lectura del reportaje dedicado a las mentes prodigiosas (Magazine, 24/X/2004), me ha permitido retomar una preocupación social respecto de lo que se entiende normalmente por inteligencia. He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”.

Paradójicamente, a esas cuestiones ya respondió hace siglos la persona que mejor conocía la comunidad, es decir, el más inteligente, el superdotado de entonces, porque respondía a todos los problemas en los pueblos ribereños que hoy se debaten en guerras fratricidas: el Eclesiastés. Cuando todo era silencio sin respuesta ante la adversidad, decía: mejor es caminar juntos que uno solo, porque si te caes siempre habrá alguien que te levante. Muy inteligente. Había resuelto un gran problema para el presente y para el futuro de la inteligencia social de cada uno, sin discriminación alguna.

Publicada en “Magazine”, 7/XI/2004

Declaración de principios

Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, ésto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).

Sevilla, un lugar de Andalucía (España), 11 de diciembre de 2005