Invictus: podemos ser dueños de nuestro destino y capitanes de nuestra alma

Sevilla, 16/I/2021

Dedicado a todos los profesionales de la salud física, psíquica y social, en el mundo y, especialmente, en este país, que están siendo invencibles en la pandemia actual y a cuantas personas anónimas, también imprescindibles, hacen más amable la vida para todos, sin dejar a nadie atrás, cada segundo, en las circunstancias actuales.

Necesitamos en estos momentos tan delicados para la salud mental de todos, reforzar modelos de personas a las que se las pueda considerar necesarias e imprescindibles para el desarrollo de un mundo mejor y sano en el que podamos ser dueños de nuestros destinos y capitanes de nuestras almas. En este sentido y a las pocas horas de haberse proyectado en la televisión pública de este país la película Invictus, deseo recordar de nuevo a una de estas personas imprescindibles, Nelson Mandela. El 18 de julio de 2020 se celebró el Día Internacional de Nelson Mandela, que coincidía con el de su nacimiento en 1918, en Mvezo (Sudáfrica), evento al que ya hice referencia en el post que escribí el año 2018 y que cerraba la serie dedicada al estío.

El tema que inspiró la celebración del año pasado, necesariamente virtual, a causa de la pandemia de la COVID-19, fue “¡Movilízate, inspira el cambio!”. Con tal motivo, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, lanzó un mensaje al mundo del que resalté en aquél momento sus ideas fuerza porque eran un necesario recuerdo de Mandela como persona imprescindible para el mundo actual y que siguen teniendo plena actualidad en el contexto de la pandemia que seguimos atravesando en su tercera ola:

1. Con el tema transversal de la celebración de este año, ¡Movilízate, inspira el cambio!, se destaca la importancia de trabajar juntos, desde los gobiernos a la ciudadanía, para construir un mundo pacífico, sostenible y equitativo.

2. Celebramos este día en un momento en que la pandemia del COVID-19 supone una amenaza para todas las personas, en todas partes y especialmente para quienes son más vulnerables.

3. El COVID-19 está poniendo en evidencia profundas desigualdades.

4. Necesitamos combatir esta pandemia de desigualdad mediante un contrato social nuevo para una era nueva.

5. Las Naciones Unidas celebrarán su 75º aniversario en este momento tan frágil, y en este marco reflexionamos sobre la vida y la labor de Nelson Mandela, quien encarnó los principales valores de las Naciones Unidas y se movilizó e inspiró el cambio.

6. Aunque pasó muchos años preso de conciencia, Madiba mantuvo su dignidad y la adhesión a sus ideales.

7. Que su ejemplo lleve a los gobiernos que tienen presos de este tipo a liberarlos.

8. En el siglo XXI no debería haber presos de conciencia.

9. Nelson Mandela nos recordó que “mientras la pobreza, la injusticia y la desigualdad profunda persistan en el mundo, ninguno de nosotros puede descansar de verdad”.

10. En este Día de Mandela, recordemos que podemos, y debemos, participar en la búsqueda de un futuro mejor en el que todas las personas vivan con dignidad, oportunidades y prosperidad en un planeta saludable.

Han pasado más de dos años desde que escribí por primera vez, en este cuaderno digital, unas palabras dedicadas a Mandela por su trayectoria vital tan digna y llena de ejemplaridad. Las he vuelto a leer y creo que mantienen su esencia y presencia en este momento actual de pandemia y necesaria ejemplaridad de los mandatarios mundiales. Un ejemplo que necesitamos rescatar del olvido en su Día, tan especial y necesario.

Cosas de estío / y 10. Invencibles del siglo XXI

Se está recordando especialmente en estos días de estío al presidente Mandela, Madiba. En tal sentido, he leído con atención el discurso que el expresidente Obama pronunció el pasado 17 de julio en Johannesburgo, con motivo de la celebración de la Conferencia Anual sobre Nelson Mandela, con un título sugerente: Seguid alzando la voz. Hay que leerlo detenidamente porque aporta ideas muy interesantes en un mundo convulso donde es imprescindible que identifiquemos a los invencibles de este siglo, aquellos en los que pensaba Mandela en su celda de castigo de Robben Island, leyendo el poema Invencible de William Ernest Henley. Solo recojo un fragmento de su discurso porque me parece muy representativo del mismo: “Nelson Mandela dedicó su vida a este largo camino hacia la libertad, la justicia y la igualdad de oportunidades. Al principio luchó por este lugar, su país, para terminar con el Apartheid y garantizar la igualdad política, social y económica de los ciudadanos no blancos y sin derechos de Sudáfrica. Sin embargo, gracias a su sacrificio, su liderazgo infatigable y, sobre todo, a su ejemplo moral, Mandela y el movimiento que encabezaba cruzó fronteras. Su figura encarnó las aspiraciones universales de las personas más desfavorecidas. Les insufló esperanza y les hizo ver que era posible una transformación moral en la conducta de los seres humanos”.

Afortunadamente y en el contexto de estos actos conmemorativos, la televisión pública nos ofreció en la noche del domingo pasado una reposición de Invictus, una película que tuvo muy buena acogida de público en el año del estreno en España, 2010, cuyo hilo conductor era la figura de Nelson Mandela y su intervención visionaria en el equipo de rugby de Sudáfrica en la Copa Mundial de Rugby celebrada en 2005, en la ciudad de Johannesburgo. La película, al estilo Eastwood, fuerza en algunos momentos la obra escrita sobre la que se construyó el guion, una publicación de John Carlin, El factor humano, de la que se cambió un hecho fundamental. El papel que entrega el presidente Mandela al capitán del equipo sudafricano de rugby, François Piennaar, en un momento clave de la película, en la primera entrevista institucional con él, con el poema del poeta inglés citado anteriormente, William Ernest Henley titulado Invictus, no es el que utilizó el equipo realmente como mensaje conductor para fortalecer su inspiración triunfadora. La realidad es que Mandela le entregó un fragmento del discurso del presidente Theodore Roosevelt en su visita institucional a París el 23 de abril de 1910, conocido como El hombre en la Arena, que exactamente decía lo siguiente, tal y como figura en la página 7 del discurso real de 35 páginas:

No es el crítico quien cuenta,
ni el que señala con el dedo
al hombre fuerte cuando tropieza
o el que indica en qué cuestiones
quien hace las cosas podría haberlas hecho mejor.
El mérito recae exclusivamente
en el hombre que se halla en la arena,
aquel cuyo rostro está manchado
de polvo, sudor y sangre,
el que lucha con valentía,
el que se equivoca
y falla el golpe una y otra vez,
porque no hay esfuerzo
sin error y sin limitaciones.
El que cuenta es el que de hecho lucha
por llevar a cabo las acciones,
el que conoce los grandes entusiasmos,
las grandes devociones,
el que agota sus fuerzas
en defensa de una causa noble,
el que, si tiene suerte,
saborea el triunfo de los grandes logros
y si no la tiene y falla,
fracasa al menos atreviéndose al mayor riesgo,
de modo que nunca ocupará el lugar reservado
a esas almas frías y tímidas
que ignoran tanto la victoria como la derrota.

Me ha recordado este hecho lo que aprendí hace muchos años de Bertolt Brecht: hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles. También, lo que Obama dijo en su discurso refiriéndose al presidente Mandela, Madiba: “Les voy a decir lo que creo yo. Creo en la visión de Nelson Mandela. Creo en una visión que era también la de Gandhi, Martin Luther King y Abraham Lincoln. Creo en una idea de igualdad, justicia, libertad y democracia multirracial, construida sobre la premisa de que todas las personas son iguales y nuestro creador dio a todas unos derechos inalienables (vítores y aplausos). Y creo que un mundo regido por esos principios es posible y puede lograr más paz y más cooperación en busca del bien común. Eso es lo que creo”.

Las personas que citó, incluido Mandela, fueron imprescindibles en su momento y lo siguen siendo todavía hoy. Invencibles, en definitiva, tal y como lo pensaba Mandela en su corazón y a los que necesitamos identificar hoy día más que nunca, alzando todos la voz para desterrar los silencios cómplices de cualquier tipo, leyendo en voz alta el poema Invictus que tanto ayudó a Madiba:

Más allá de la noche que me envuelve,
negra como el abismo insondable,
agradezco a los dioses que pudieran existir
por mi alma inquebrantable.
En las azarosas garras de la circunstancia
no me he lamentado ni he llorado.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza esta ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yace el Horror de la sombra,
y sin embargo la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
cuan cargada de castigos la sentencia,
soy el dueño de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

Spotify – Invictus (Original Motion Picture Soundtrack)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ahora es tiempo de separarse; llegará el de abrazarse de nuevo

Sevilla, 14/I/2021

Aprendí hace ya muchos años que existen en el libro de Qohélet, al menos, veintisiete momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno, tal y como lo he expuesto en bastantes ocasiones en este cuaderno digital: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. En este contexto, abrazarse y separarse es una de las modalidades de vivir a la manera de cada uno. Lo que debemos tener muy claro es que en estos momentos es el tiempo de separarse como antes fue de abrazarse y que nos quedan veinticinco posibilidades de encontrar sentido a nuestra vida.

Es muy importante destacar que de las diferentes formas de vivir expuestas anteriormente, junto a la realidad de abrazarse y separarse, existen otras once realidades positivas: plantar, edificar, reír, danzar, buscar, guardar, coser, callar, hablar, amar y vivir en paz. Comprobamos de esta forma que la historia de las experiencias vitales humanas obedece a la búsqueda de un sano equilibrio con los tiempos difíciles de las restantes experiencias que podríamos calificar como negativas (con matices). Quizá sea la ocasión en esta tercera ola de la pandemia, con sus cosas, de primar esta búsqueda de razones positivas para vivir, porque hay que sacar tiempo para disfrutar lo que dice Qohélet (la persona que le gusta vivir en comunidad), que es la experiencia de sus antepasados a lo largo de los siglos, aunque para que no se nos suban los humos a la cabeza (todos podemos ser histéricos, según la palabra griega -hísteris- que explica que los humos se nos suben a la cabeza y así nos va…), él nos dice que seamos prudentes a la hora de valorar las 27 experiencias en su totalidad y entender qué significado tiene vivir, aunque sea apasionadamente.

Me consta, por otra parte, que Eduardo Galeano escribió un libro dedicado a los abrazos (1) y hoy he buscado refugio en sus páginas porque necesito encontrarlos de diferente manera. Creo que estamos viviendo momentos de hambre de abrazos, tal y como lo expresaba él de forma magistral en uno de sus relatos del libro citado, El hambre / 2:

Un sistema de desvínculo: El buey solo bien se lame.
El prójimo no es tu hermano, ni tu amante. El prójimo
es un competidor, un enemigo, un obstáculo a saltar o
una cosa para usar. El sistema, que no da de comer,
tampoco da de amar: a muchos los condena al hambre
de pan y a muchos más condena al hambre de abrazos.

El hambre de abrazos existe desde que al mundo lo llamamos mundo, pero en este tiempo de coronavirus, hemos comprobado en nuestra propia carne que necesitamos encontrar al verdadero prójimo, que no es un competidor, enemigo, obstáculo a saltar o una cosa para usar y tirar. Lo que sabemos ahora es que el coronavirus nos condena al hambre de los abrazos verdaderos. Dicen que se ha descubierto el verdadero problema de este tiempo de separación: el virus nos desvincula y es la razón de nuestro sufrimiento y de por qué buscamos desesperadamente la vacuna del abrazo en el alma de secreto que todos tenemos, para sentir el calor que la situación actual nos quita sin compasión alguna.

Finalmente, he comprendido muy bien qué significa el abrazo de la razón y el corazón, así como el del alma y el cuerpo, leyendo uno de los abrazos verbales de Galeano cuando me he enfrentado a esta página en blanco: “¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos en la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón. Sabios doctores de Ética y Moral han de ser los pescadores de la costa colombiana, que inventaron la palabra sentipensante para definir el lenguaje que dice la verdad” Lo que he pretendido es decir la verdad de lo que significan ahora los abrazos en nuestras vidas, como sentipensante de este tiempo tan difícil de interpretar. Nada más.

(1) Galeano, Eduardo (1993). El libro de los abrazos. Madrid: Siglo XXI.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los árboles aprenden a darnos corazón y vida

Nubes blancas, Ludovico Einaudi (piano) & Alessia Tondo (voz)

[…] encinas de junto al mar
—en Santander—, encinar
que pones tu nota arisca,
como un castellano ceño,
en Córdoba la morisca,
y tú, encinar madrileño,
bajo Guadarrama frío,
tan hermoso, tan sombrío,
con tu adustez castellana
corrigiendo,
la vanidad y el atuendo
y la hetiquez cortesana!…

[…] Brotas derecha o torcida
con esa humildad que cede
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.

Antonio Machado, de Las encinas (1917)

Sevilla, 13/I/2021

Siendo muy joven aprendí que el secreto de la encina es dar corazón, porque según el autor de esta frase tan sugerente, nacido en tierras de Castilla, a la que daría forma en el título de un libro perseguido por la Iglesia oficial franquista, Elogio de la encina, había vivido “ese diálogo vivo entre el desasosiego vertical del chopo, que avanza hacia la altura, y la reciedumbre anclada de la encina. Y no he sabido nunca qué admirar más si el disparatado abalanzarse del chopo hacia los cielos o el amoroso arraigar en tierra de la encina”; “en realidad, no [hago en este libro] elogio exclusivo de ninguno sino que parábola del chopo y de la encina hubiera sido el título más exacto”. Antonio Machado ya lo había explicado magistralmente en su particular elogio de la encina: “con sus ramas sin color / en el campo sin verdor; / con su tronco ceniciento , / sin esbeltez ni altiveza / con su vigor sin tormento / y su humildad que es firmeza”.

Hoy, escuchando a un arbolista -¡qué término tan precioso!-, comentar la realidad de las miles de ramas y centenares de árboles caídos por el peso de la nieve en Madrid y dar razones científicas de por qué había pasado eso en la ciudad y en otros lugares de España, cuando no ocurre lo mismo en circunstancias similares en países del Norte de Europa, me ha asombrado por su respuesta: los árboles aprenden a cuidarse y reaccionan ante estas inclemencias del tiempo, aportando firmeza a sus troncos y ramas de forma programada. Lo que ocurre es que estaban acostumbrados en este país a un clima más benigno y este temporal de nieve y frío los ha cogido por sorpresa, como nos pasa en la vida ordinaria a cada uno de nosotros.

Lo he manifestado en ocasiones anteriores al acercarme al cambio climático: nada de lo que ocurre en la Naturaleza es inocente. Está en boca de todos que la borrasca Filomena no ha sido un fenómeno más del invierno, sino que algo está pasando y no es porque no nos lo hubieran avisado los sabios del lugar en términos puros y propios de Al Gore. Creo que lo sucedido con Filomena nos obliga a reflexionar qué está pasando con el calentamiento global, el cambio climático y el efecto invernadero, seis palabras que atemorizan al capital y a los mercados que no tienen compasión de la Naturaleza en estado puro, nuestra Casa.

La caída de miles de ramas y árboles por el peso de la nieve es un aviso para navegantes, porque sin árboles es muy difícil la vida. Recuerdo ahora lo que aprendí en aquellos años jóvenes que citaba anteriormente: la milenaria encina nos demuestra que su humildad terrena es firmeza para seguir viviendo, nos da corazón y alma, con las ramas en la tierra, aunque vea el desafío de los chopos que a través de su figura esbelta buscan acercarse a los cielos como si no pasara nada en la naturaleza que es la que les aporta vida. Un precioso ejemplo, sin olvidarme del arbolista de hoy que me ha enseñado algo muy importante: la naturaleza es muy sabia y los árboles saben defenderse del cambio climático si los dejamos crecer sin sobresalto humano alguno. En la interpretación de Nuvole bianche (Nubes blancas) por parte de Ludovico Einaudi y la letra de Alessia Tondo. he querido dar una muestra de la posible conversión de las nubes blancas en lo que hoy podría ser ciudades blancas en este país, como una forma de reflexionar sobre lo más importante en la vida, el amor, tal y como nos lo canta de forma muy bella la cantante salentina dando corazón, como la humilde encina, que siempre da, mientras que la respetan y está viva, lo que puede.

NOTA: en la interpretación de Nuvole Bianche, la cantante Alessia Tondo utiliza el dialecto salentino que se habla en El Salento, comarca formada por la extremidad sudeste de la región italiana de Apulia, conocida como el “tacón” de Italia. El texto dice lo siguiente (extraído de https://youtu.be/O-HsW142T5g):

Está bien, déjala dormir,
Ahora ella no lo puede entender,
No, no le hables,
¿Por qué ya no siente su corazón?
El viento tampoco me dice demasiado,
Ahora no puedo entenderlo,
Duerme, duerme y no desea,
no le gusta más éste corazón.
Cuatro vientos y yo sueño solo,
Mis notas ya no tienen fortuna.
Déjame dormir nuevamente,
Déjame morir primero, que esta alma sin amor, no, no la puedes ayudar.
Pasa el tiempo y no me habla
Pasa el tiempo y no me dice nada
Así que ya sabes lo que quería,

Lo que nos pasa
Todavía te siento acá,
Solo si tú puedes, no, solo si tú quieres vuelve conmigo,
Y si quieres mi corazón, éste sigue aquí simplemente cierra los ojos y lo encontrarás.
Canto y pienso en ti
Suspiro y lloro
Ya no tengo tu amor
Tu fuiste mi bien

El viento me dejo solo
Con el tiempo debe regresar
Déjame sufrir solo
Déjame olvidar primero
Mi alma va donde quiere, deja que lo haga.
Pasa el tiempo y no me escucha
Pasa el tiempo y no me dice nada
No te detengas ahora,
Solo, solo debo quedarme
Deja que entre el sol
Debo quedarme bajo el sol
No te detengas ahora
Ella ya no puede amarme
Pasa el tiempo y no habla
Pasa el tiempo y no dice nada
Así que ya sabes lo que quería

Lo que nos pasa
Todavía te siento acá
Solo si tú puedes, no, solo si tú quieres vuelve conmigo
Y si quieres mi corazón, éste sigue aquí, simplemente cierra los ojos y lo encontrarás.
Canto y pienso en ti
Suspiro y lloro
Ya no tengo tu amor
Tu fuiste mi bien.

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La música libera siempre el alma de secreto

Sevilla, 12/I/2021

Se llama Aarón Lee: “Mi nombre es Aaron… que en hebreo significa fortaleza y luz en la montaña… un niño criado entre el violín y Dios… mis días pasaban entre partituras y misas”. Esta es la pequeña historia de un joven de 32 años, madrileño con ascendiente coreano, hijo de un pastor bautista, que da vida al último espectáculo de otro desgraciado cierre cultural en Madrid, la Sala Pavón Kamikaze, con una obra que lleva por título Yo soy el que soy.

El relato autobiográfico, con la voz e interpretación de la actriz Verónica Ronda, comienza con la descripción hebrea de su nombre, Aarón, “mientras suena el Concierto para violín y orquesta de Chaikovski. En un escenario oscuro, con solo un piano de cola y dos taburetes, la voz de Ronda va narrando esos cinco años en la vida de este joven, presente en el escenario con su violín y la música que le ayudó a superar los trágicos momentos de su existencia, que fueron desde amenazas de muerte hasta su secuestro, orquestado por sus padres, en una isla de Corea, pasando por palizas y actuaciones en la calle para poder comer. Las partituras elegidas e interpretadas junto a Goldman, —director musical del espectáculo—, son una mezcla de música clásica, popular, tangos y hasta piezas de bandas sonoras de películas, y todo cumple la premisa de formar parte de la vida de Lee” (1).

Estoy de acuerdo con el director del montaje, Zenón Recalde, cuando afirma que es una historia de contenido sórdido pero que se presenta con una linealidad sin odio ni rencor, aunque recoge la dura realidad de “la intolerancia, del sectarismo, de las persecuciones por ideología, raza u orientación sexual. Es una vida digna de película, de superación en positivo”. La música ha sido la gran protagonista de la liberación de Lee lo que le permitió que en su momento fuera el miembro más joven de la Orquesta Nacional de España, que abandona unos años después de su ingreso, atento a la recomendación de su concertino, que le había indicado la conveniencia de no estar allí más de dos años.

Al final de la representación, Aarón interpreta la Chacona, de Johann Sebastian Bach, “un lamento, un grito desgarrador” y proclama para quien lo quiera escuchar y entender: “No soy ningún héroe. Pagué un peaje muy alto por ser quien soy, para ser libre. Cada dificultad, cada herida y cicatriz las he convertido en algo bello. El sufrimiento en sí no hace madurar al hombre. Es el hombre el que da sentido al sufrimiento. Y gracias a ello, yo soy el que soy”.

Es el final de la obra y el principio de un mundo nuevo para este violinista sobre el tejado que inspira sus sueños. También, para los que nos gusta soñar despiertos junto a la música que amamos. Todavía más cuando entro a conocer una Fundación que preside en la actualidad, Arte que alimenta, con tres objetivos muy claros y bien definidos: creer en el arte como instrumento de desarrollo personal y social, que puede ofrecer a niños y jóvenes la oportunidad de crecer, expresarse y potenciar sus capacidades. También, apoyar a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad y, por último, inspirar una nueva comunidad unida por la cultura, porque una sociedad que promueve el arte permanece unida y fuerte. Es esta unión la que permitirá tener un mayor impacto social. El cambio es ahora.

Nos piden, finalmente, que nos unamos a su comunidad.

(1) Homofobia y tortura: Aaron Lee saca a escena su infierno personal | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

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El discreto encanto de una mariposa blanca

Sevilla, 11/I/2021

Yo sé bien que sólo al dichoso
Se quiere. Su voz
Se escucha y complace. Su rostro resulta bello.
El árbol marchito del patio
Habla de la tierra enferma, pero
Los paseantes lo tachan de mustio
Y con razón.

Bertolt Brecht, Malos tiempos para la lírica (1939)

En este cuaderno digital hay muchas referencias a las mariposas y a su mundo encantado y frágil. Siempre con una simbología precisa porque su vida no es inocente, al menos en los contextos en los que las he citado: el relato de Manuel Rivas, La lengua de las mariposas, la película homónima y estremecedora con un mensaje explícito del hilo conductor de la obra de Rivas, las letras de sus alas que dibujan en el aire la palabra libertad, si nos ponemos a contemplarlas así, mostrándonos siempre el arte de volar.

En estos vuelos buscados encontré anoche unas mariposas blancas en un documental de la 2 (RTVE), dedicado a la soprano Ainhoa Arteta. Me pareció de ejecución impecable, dentro de un espacio televisivo que lleva un título premonitorio: Imprescindibles, respetando la gran reflexión de Bertolt Brecht, que he adaptado de su obra Elogio a los combatientes, respetando el actual lenguaje de género: “Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles”.

Reconozco que estamos viviendo en un tiempo de coronavirus que no es el mejor para la lírica, en el sentido primigenio de un poema de Bertolt Brecht, Malos tiempos para la lírica, pero el documental citado me ha parecido extraordinario porque resalta fundamentalmente el desarrollo humano y profesional de una persona, Ainhoa Arteta, que ha tenido que superar muchas dificultades de texto y contexto histórico y social en nuestro país y fuera de él. Etapas difíciles desde su adolescencia, juventud, formación como cantante, esposa y madre, problemas graves en su voz, que ella misma reconoce como un instrumento vivo, que pertenece de forma personal e intransferible a cada persona (no hay dos iguales) y que vive o muere sólo con la persona que lo lleva dentro.

El documental “cuenta la historia de una pasión, de un sueño. Del anhelo de una niña de Tolosa que con seis años juega a cantar y bailar la ópera Carmen en francés. También es la historia de una superación, de lucha contra el desaliento. De confiar en el instinto, en la voz y en los años de estudio, para superar una crisis vocal”. Recomiendo verlo, escucharlo atentamente y quedarse con todo lo bueno que transmite. Para mí, una experiencia imprescindible para seguir amando la vida, donde las mariposas blancas que aprendió a identificar Ainhoa Arteta a través de su madre nos muestran la belleza de la vida. Sobre todo, a volar con trajes de gala cuando del blanco pasan a colores deslumbrantes. Cuando yo era niño y pensaba como niño, siempre buscaba durante el verano las mariposas blancas, porque había aprendido en mi casa que ese día iba a recibir una carta con una buena noticia. No lo he olvidado y anoche encontré unas que me enseñaron a valorar la pasión de vivir apasionadamente aunque en estos momentos no sean tiempos de lírica. Las mariposas blancas de anoche, sobrevolando sobre mi mente, me demostraron que Ainhoa Arteta es una persona imprescindible, porque ha luchado durante toda su vida para dignificar su pasión de vivir de forma singular, diferente.

Finaliza el documental con un poema leído y sentido por Ainhoa Arteta, La voz a ti debida, de Pedro Salinas, que todavía resuena en mi persona de secreto. Gracias, Ainhoa, porque sé que sólo tú eres tú.

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

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El cielo azul de Rafael Alberti y María Teresa León, en tiempos de frío y nieve

Sevilla, 10/I/2021

Tengo que confesar que la nieve actual, junto con el frío, protagonistas de primera línea en nuestras vidas, me han llevado de la mano digital a conocer cómo Rafael Alberti y María Teresa León reforzaron su militancia en defensa de los más débiles durante su estancia en Rusia en tiempos de la Segunda República, invitados por la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios (MORP). A través de un artículo localizado en la red de redes, Poesía bajo la nieve: Rafael Alberti y Fedor Kelyin (Moscú, diciembre 1932 – febrero 1933), he conocido algunas vivencias del matrimonio Alberti-León que simbolizan una forma de aprehender la vida de una forma diferente, en un contexto nevado y frío: “El primer viaje que Rafael Alberti hace a la Unión Soviética a finales de 1932 tiene una importancia decisiva en su formación personal, ideológica y literaria”.

Lo curioso es que este conocimiento tardío de María Teresa y Rafael, no está centrado en ellos sino en un personaje entrañable que amaba la literatura española, Fedor Kelyin, que nos facilita sus impresiones sobre la estancia de esta pareja durante unos dos meses en Moscú, constituyéndose en el nexo ideal durante aquella estancia prolongada en el tiempo sobre su primera estimación. Es de agradecer que este interlocutor ruso, que lo llegan a considerar “su amigo”, hizo las traducciones del español al ruso para mejor conocimiento de los grandes representantes de la literatura en nuestro país: “Fedor Viktorovich Kelyin nació en Moscú en mayo de 1893. Cursó estudios en la Facultad de Filología Histórica de la Universidad de Moscú y en 1923 dio los primeros pasos de una larga y fecunda carrera profesional -de crítico, poeta y traductor- que durará hasta 1965, año de su fallecimiento, Las actividades de Kelyin se orientan primordialmente hacia la cultura hispánica en general y la literatura española de particular. Traductor de autores clásicos (Lope, Calderón, Cervantes) y contemporáneos (Machado, Lorca, Bergamín), se encarga durante la segunda guerra mundial de la edición española de la revista Literatura Soviética. Durante esa época y en años posteriores, su más estrecho colaborador es César Arconada que, como es sabido, fija su residencia en la Unión Soviética después de la Guerra Civil. Kelyin es el compilador del primer diccionario español-ruso publicado en la época soviética y prologa diversas ediciones de textos de Tirso de Molina (1935), García Lorca (1957), Rubén Darío (1958) y Cervantes (1961). Llega a desempeñar las funciones de VicePresidente de la Asociación Soviética de Amistad y Cooperación Cultural con América Latina”.

Lo importante de este hallazgo es que constituye una aportación directa sobre la impresión de Kelyin sobre María Teresa y Rafael, de forma directa, amigo que citaría posteriormente Alberti en La arboleda perdida. En unos de los primeros encuentros en el hotel de Moscú donde fijaron su residencia, Kelyin recoge sus impresiones de forma minuciosa: “Curiosamente, en todos los años que he trabajado con españoles, nunca he oído a ninguno de ellos leer sus propios versos. Estoy acostumbrado de alguna manera al modo, o al acento, si se quiere, de su recitación. Pero Rafael leía su poema sobre el hambre sufrida en un pueblo de Extremadura de una manera muy diferente: no como un recitador profesional, sino como un poeta, con inspiración. Su voz fina y grave invariablemente se elevaba hacia el final de cada verso, buscando la conclusión de la frase poética, de la melodía. La última sílaba débil se alargaba ligeramente; pronunciaba toda la frase como si fuera algún tipo de estribillo deliberadamente trágico. En su estilo de recitación, Rafael me recordaba sobre todo a Edward Bagritsky [ … ] Luego Rafael calló; nos había encantado con su lectura. Parecía que su voz trágica hubiera llenado la habitación. En cierto modo, el trabajo de Alberti se volvió profético. La crisis espiritual que había experimentado despertó partes de él que nadie había visto antes. Bajo el poeta pequeñoburgués de años anteriores, surgió un «cantor del pueblo», o, para ser más exactos, un cantor de la furia y la tristeza del pueblo [ … ]”.

Recomiendo la lectura completa del artículo, sobre todo para conocer cómo se localizó el artículo original en ruso y cómo se elaboró este artículo recopilatorio, sobre el que escribo estas líneas. Kelyin resalta la trayectoria personal de Alberti, a través de sus palabras: “En nuestro país -remarcaba [Alberti]- puede hacer tanto frío en las montañas como el que tenéis aquí -fuera estaba a quince grados bajo cero- pero nuestro cielo es muy distinto, muy azul». Nos contó muchas cosas, muy animadamente, sobre los campesinos españoles, su valor y su determinación. «¡Espere a venir a España! Saldremos de viaje por todo el país, a pie y a caballo». Luego sus pensamientos volvieron de nuevo a la literatura española. Empezó a leernos algunos poemas, y una vez más me asaltó la idea de su parecido con Bagritski. Rafael, como Bagritski, parecía tener una memoria poética enorme que lo abarcaba todo. Cualquier nombre que le mencionara, Rafael me respondía rápidamente recitando de memoria páginas enteras, casi libros enteros. Aquella mañana recitó especialmente muchos viejos romances populares [ … ] «Pero la canción de canciones todavía permanece, entre la multitud todavía alguien canta … pero no será para ti el juicio final, no cerraré mis labios para ti».

De vuelta a España, Kelyin sabe que al matrimonio Alberti-León les quedaba empezar a sentir el hielo en sus corazones: “Los Alberti se marcharon a principios de febrero, una tarde de helada, dejando en el MORP [Unión Internacional de Escritores Revolucionarios] una reputación de gran maestría artística, honestidad, sinceridad y amor a la vida, factores de la verdadera esencia de la revolución. Mientras se iban, prometieron esforzarse por apoyar a los pioneros revolucionarios de la literatura española. No tuvieron una recepción amistosa a su vuelta de España. Los críticos burgueses, tan enamorados de los anteriores trabajos de Alberti -su «señorita inglesa» y sus «ángeles»- se revolvieron indignados ante sus amargas verdades sobre los campesinos de Extremadura. «La caída de un talento», fue el juicio que hizo Domenchina, el crítico del periódico El Sol, sobre la revolución espiritual de Alberti. Más tarde, los Alberti adquirieron un recinto con capacidad para varios miles, donde los trabajadores, los campesinos, los estudiantes revolucionarios y los poetas pudieran, con su apoyo, atrapar cada palabra, cada verso. Alberti se está desarrollando como poeta revolucionario. En los momentos más difíciles, permanece en primera línea con el periódico que han creado, Octubre, con la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios Españoles, con su trabajo en los locales con los obreros”.

Ha sido un hallazgo interesante en este mes de nieves y he querido compartirlo con la Noosfera. Sobre todo para comprender cómo nuestra literatura y poesía fue respetada siempre más allá de nuestras fronteras. El amor de Fedor Kelyin por la literatura española merece al menos este reconocimiento. Y una cosa más. Una frase de Alberti en una carta a Kelyin después de este viaje, me ha recordado inmediatamente a José Saramago: «Si el Fascismo triunfa aquí, definitivamente nos vamos a Lanzarote (la isla donde los reaccionarios españoles conviven con sus enemigos revolucionarios)», me escribía con amarga ironía Rafael en una de sus últimas cartas [ … ]”. Una premonición de la acogida de esta querida isla a escritores con alma inquieta, revolucionaria.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Filomena nos habla a través de los cristales, avisa

Sevilla, 9/I/2021

Una borrasca de nombre extraño, Filomena, cuyo origen es el de una santa desconocida y controvertida para el Vaticano, fue rescatada en el siglo XIX en Roma, Su culto y también las preguntas sobre su identidad, surgieron exactamente en Roma el 25 de mayo de 1802, durante las excavaciones en la Catacumba de Priscila en la vía Salaria: “Se descubrieron entonces los huesos de una joven de trece o catorce años y un pequeño vaso que contenía un líquido considerado sangre de la Santa. El nicho estaba cerrado con tres tejas de barro sobre las que estaba escrito: “LUMENA PAX TE CUM FI”. Se creyó que, inadvertidamente, se había invertido el orden de los tres fragmentos,  escritos entre el siglo III y IV d.C., y que en realidad tenía que leerse: «PAX TE / CUM FI / LUMENA” o sea: «La paz sea contigo, Filomena». Los signos decorativos alrededor del nombre, sobre todo la palma y las lanzas, hicieron pensar que los huesos pertenecían a una mártir cristiana de los primeros siglos. En esa época, en efecto, se consideraba que la mayor parte de los cuerpos presentes en las Catacumbas pertenecían a las persecuciones de la época apostólica”. Años más tarde se comprobó que todo era un mar de dudas y que Filomena era tan sólo una chica normal y que el pequeño vaso no contenía sangre sino un ungüento de la época.

Ahora, en actitudes más prosaicas y laicas, nos ofrece la oportunidad de admirarnos ante la naturaleza desatada o quedarnos ante el origen atmosférico y sus consecuencias níveas y de frío, con el resultado del famoso aviso de Al Gore: “Estábamos avisados”. No sé, no sé, pero por si acaso he recordado ahora un poema precioso de Ángel González, Estampa de invierno (1), que asimilo en mi persona de secreto por el frío de Filomena vestida de blanco, entrando por un resquicio de la ventana de mi alma:

Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo
arropado en las mantas y las evocaciones
de días más luminosos y clementes,
por no sé qué resquicio de mi ventana entra
un cuchillo de frío,
un gris galgo de frío
que se afana en mis huesos con furia roedora.

No es de ahora, ese frío.
Viene desde muy lejos:
de otras calles vacías y lluviosas,
de remotas estancias en penumbra
pobladas sólo por suspiros,
de sótanos sombríos
en cuyos muros reverbera el miedo.

(En un lugar distante,
trizó una bala
el luminoso espejo de aquel sueño,
y alguien gritaba aquí, a tu lado.
Amanecía.)

No.
No está desajustada la ventana;
la que está desquiciada es mi memoria.

 En tiempos de coronavirus, contemplo la belleza de la nieve en Madrid, tierra de mi infancia y soy consciente de que nuestros recuerdos, a veces, no son fruto de una ventana desajustada de la vida, sino de una memoria desquiciada en lo más íntimo de la propia intimidad, tal y como lo aprendí de San Agustín (intimior intimo meo), por el sufrimiento de lo que está pasando y porque las cifras de contagios y fallecimientos por la pandemia en nuestro país no quiero que sean como una rutina o cantinela sorda en mi vida, aunque con la ilusión puesta en las vacunas que arropan ahora el frío de tantas almas inquietas: las de él, ella, nosotros,  nosotras, vosotros, vosotras, ellos y ellas; la tuya, la mía, sin dejar nunca a nadie atrás en este momento tan complicado en nuestras vidas, observando cómo nieva y entra frío a través de los resquicios de las ventanas de nuestras vidas.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de How to Insulate Your Windows for Winter. (northantswindows.com)

(1) González, Ángel (2018, 6ª imp.). Estampa de invierno en Palabra sobre palabra, Madrid: Austral.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

En esta vacunación sólo avanzamos unidos

#EnestaVacunacionsoloavanzamosUnidos

Sevilla, 7/I/2021 / 12:19

En política siempre hay que tener en cuenta las prioridades que atiendan el interés general y la vacunación COVID-19 debería ser una de ellas, si no la primera. Ante esta breve reflexión que está tan de actualidad en el sentir de todas las personas de bien, nos encontramos con una situación, refrendada por los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, que estremece nuestra mente y nuestra alma, suscitando muchos interrogantes éticos y políticos:

Fuente: Ministerio de Sanidad. Informe de actividad de la Gestión Integral de la vacunación COVID-19

¿Cómo puede ser que después del esfuerzo mundial científico y después político y económico de la Unión Europea, nos encontremos en esta situación? La fría estadística nos muestra que analizando los datos a fecha de 5 de enero de 2021, de los que se dispone oficialmente en el país hasta el momento de escribir esta reflexión, sin mezcla de interés partidista alguno, aunque no exento de ideología, tan necesaria en este tipo de acciones públicas, de las 743.925 dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech entregadas a las Comunidades desde el pasado 26 de diciembre, sólo se han utilizado hasta el pasado 5 de enero un total de 139.339, es decir, el 18,7% de las dosis recibidas.

Decían los clásicos que contra facta non valent argumenta o lo que es lo mismo, contra hechos no valen argumentos. ¿Cómo ha podido ocurrir esto? Hemos escuchado razonamientos y excusas de todo tipo, algunos bastante peregrinos e impresentables,  pero la realidad es que no es admisible, democráticamente hablando, que en una semana hayamos “desperdiciado” la oportunidad de vacunar a más de 600.000 personas, que ahora son las que más la necesitan, siendo un auténtico escándalo que debería llevar a una cascada de dimisiones de gestores públicos de todo tipo, partido y lugar del país, con una urgente intervención del Estado.

Ha vencido la estrategia de “salvar la navidad” antes que nada y no atender la precariedad en la que se encuentra la Sanidad Pública. De aquellos polvos vinieron estos lodos y ahora no nos deben llevar a engaño alguno porque la estrategia necesaria de vacunación se conocía y la necesidad más urgente era la disponibilidad de profesionales y logística adecuada en una acción de vacunación masiva que no es la misma que la de la gripe, aunque se haya querido justificar así “porque ya hay experiencia”. No es lo mismo, de verdad que no es lo mismo que con otras campañas de vacunación. Era y es una situación excepcional y así se tenía que haber abordado en la estrategia de vacunación de Estado y de cada Comunidad Autónoma, con visión de Estado, valga la redundancia.

También echo de menos el silencio clamoroso y no sé si en algunos casos incluso cómplice, de la oposición de los Gobiernos y de sus mandatarios principales en los Parlamentos de las Comunidades Autónomas más rezagadas, que en algunos casos es de verdadera dejadez e irresponsabilidad pública manifiesta, aunque según los datos oficiales de los que dispongo en este momento, la responsabilidad creo que es prácticamente colectiva.

Es un espectáculo lamentable y cuando se inicia la cuesta de enero, nos atrevemos a pensar que si la situación no se corrige urgentemente, en vez de “cuesta” la estrategia de vacunación se va a convertir en el “Mulhacén y Veleta” de esta campaña, cimas o vacunas que sólo alcanzarán unos pocos y con una afectación irreversible para miles de personas que posiblemente morirán o sufrirán mucho por una razón: la vacuna no llegará a tiempo a sus vidas porque unos pocos irresponsables no están a la altura de las circunstancias, perdidos en una guerra política fratricida y de alta mediocridad, tan arraigada en un país clásicamente olvidadizo como el nuestro con las cosas (por llamar así de alguna forma a asuntos públicos de extraordinario interés general) que siempre se han hecho mal, muy mal y que si ahora se atendieran a tiempo y bien todavía podrían tener remedio.

Siento escribir en este tono, pero estoy profundamente indignado en mi permanente y ardiente impaciencia actual y en defensa de los nadies que ahora somos casi todos, no sólo los que describe Eduardo Galeano en su inolvidable poema. Estaremos muy atentos en este salón virtual y en la responsabilidad individual y colectiva que a cada uno le corresponde.

#EnestaVacunacionsoloavanzamosUnidos

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado hoy de HELLO! (mscbs.gob.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las niñas y los niños de cuento, según Saramago, en el Día de Reyes

Sevilla, 6 de enero de 2021

Tengo grabadas en mi memoria de secreto las palabras que vuelvo a publicar a continuación, que recuerdo cada día de Reyes como símbolo del mejor regalo que podemos recibir un día como hoy, aunque sea muy pequeño: aprender a soñar despiertos, como los niños y niñas de cuento, para volar muy alto, por encima de aquello que no nos gusta y nos hace sufrir a menudo. Como en la pandemia actual, sin ir más lejos. Sé que es un reto difícil. Saramago, en su relato “La flor más grande del mundo”, hacía al final la siguiente pregunta: ¿Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita?

No es más bonita, pero sí cargada de sentimiento y pensamiento en un día especial para las niñas y los niños de cuento, aunque sé que el corazón es el que se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento, tal y como lo aprendí en mis años jóvenes de Rafael Alberti, el niño andaluz que cantó como nadie a su mar de Cádiz, porque sabía que en él siempre se podía navegar soñando.

«Hoy es ese día, pero escribiendo por mi parte solo una pequeña introducción al mismo, que siempre recuerdo en días en los que los regalos se hacen presentes. Me refiero a un pájaro perdido que aprecio mucho, el 178 según Rabindranath Tagore, recuperándolo ahora como si fuera una anilla recordada por mí, sentado a la sombra de un pino solitario (grande, muy grande) de la carretera de Umbrete a Bollullos de la Mitación, ambos pueblos cercanos a Sevilla, en diciembre de 1965 y que eché a volar en mi imaginación. Era una época en que crecía en la búsqueda de la verdad machadiana, ni tuya ni mía, porque haciendo caso a D. Antonio la guardé siempre en una jaula dorada de silencios. Pasando páginas amarillas de un libro maravillosamente usado, que compré hace ya muchos años para hacer un regalo muy especial, con dos apellidos anónimos en la página interior del título: Gómez Aldemira, XI-1959, donde encontré por fin el pájaro perdido (el 178), que había buscado incluso en épocas en que me había distraído con un encantador de pájaros, Papageno, que me había presentado Mozart a través de sus limpias manos puestas sobre mí:

A mis amados les dejo las cosas pequeñas;
las cosas grandes son para todos.

Todo lo demás pertenece a la intrahistoria de Saramago en su precioso cuento que, hoy, quiero compartirlo con la Noosfera, como si fuera una estela interminable de un regalo digital pequeño (que también existe). Es una historia muy bonita.

Así pasó y así lo he contado.

La flor más grande del mundo

José Saramago

Las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben pocas palabras y no las quieren muy complicadas. Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena. Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón.

Si yo tuviera esas cualidades, podría contar con todo detalle una historia preciosa que un día me inventé, y que, así como vais a leerla, no es más que un resumen que se dice en dos palabras… Se me tendrá que perdonar la vanidad de haber pensado que mi historia era la más bonita de todas las que se han escrito desde los tiempos de los cuentos de hadas y princesas encantadas…

¡Hace ya tanto tiempo de eso!

En el cuento que quise escribir, pero que no escribí, hay una aldea. (Ahora comienzan a aparecer algunas palabras difíciles, pero quien no las sepa, que consulte en un diccionario o que le pregunte al profesor.)

Que no se preocupen los que no conciben historias fuera de las ciudades, ni siquiera las infantiles: a mi niño héroe sus aventuras le esperan fuera del tranquilo lugar donde viven los padres, supongo que también una hermana, tal vez algún abuelo, y una parentela confusa de la que no hay noticia.

Nada más empezar la primera página, sale el niño por el fondo del huerto y, de árbol en árbol, como un jilguero, baja hasta el río y luego sigue su curso, entretenido en aquel perezoso juego que el tiempo alto, ancho y profundo de la infancia a todos nos ha permitido…

Hasta que de pronto llegó al límite del campo que se atrevía a recorrer solo. Desde allí en adelante comenzaba el planeta Marte, efecto literario del que el niño no tiene responsabilidad, pero que la libertad del autor considera conveniente para redondear la frase. Desde allí en adelante, para nuestro niño, hay sólo una pregunta sin literatura: “¿Voy o no voy?” Y fue.

El río se desviaba mucho, se apartaba, y del río ya estaba un poco harto porque desde que nació siempre lo estaba viendo. Decidió entonces cortar campo a través, entre extensos olivares, unas veces caminando junto a misteriosos setos vivos cubiertos de campanillas blancas, y otras adentrándose en bosques de altos fresnos donde había claros tranquilos sin rastro de personas o animales, y alrededor un silencio que zumbaba, y también un calor vegetal, un olor de tallo fresco sangrado como una vena blanca y verde.

¡Oh, qué feliz iba el niño! Anduvo, anduvo, hasta que los árboles empezaron a escasear y era ya un erial, una tierra de rastrojos bajos y secos, y en medio una inhóspita colina redonda como una taza boca abajo.

Se tomó el niño el trabajo de subir la ladera, y cuando llegó a la cima, ¿qué vio? Ni la suerte ni la muerte, ni las tablas del destino… Era sólo una flor. Pero tan decaída, tan marchita, que el niño se le acercó, pese al cansancio.

Y como este niño es especial, como es un niño de cuento, pensó que tenía que salvar la flor. Pero ¿qué hacemos con el agua? Allí, en lo alto, ni una gota. Abajo, sólo en el río, y ¡estaba tan lejos!…

No importa.

Baja el niño la montaña,
Atraviesa el mundo todo,
Llega al gran río Nilo,
En el hueco de las manos recoge
Cuanta agua le cabía.
Vuelve a atravesar el mundo
Por la pendiente se arrastra,
Tres gotas que llegaron,
Se las bebió la flor sedienta.
Veinte veces de aquí allí,
Cien mil viajes a la Luna,
La sangre en los pies descalzos,
Pero la flor erguida
Ya daba perfume al aire,
Y como si fuese un roble
Ponía sombra en el suelo.

El niño se durmió debajo de la flor. Pasaron horas, y los padres, como suele suceder en estos casos, comenzaron a sentirse muy angustiados. Salió toda la familia y los vecinos a la búsqueda del niño perdido. Y no lo encontraron.

Lo recorrieron todo, desatados en lágrimas, y era casi la puesta de sol cuando levantaron los ojos y vieron a lo lejos una flor enorme que nadie recordaba que estuviera allí.

Fueron todos corriendo, subieron la colina y se encontraron con el niño que dormía. Sobre él, resguardándolo del fresco de la tarde, se extendía un gran pétalo perfumado, con todos los colores del arco iris.

A este niño lo llevaron a casa, rodeado de todo el respeto, como obra de milagro. Cuando luego pasaba por las calles, las personas decían que había salido de casa para hacer una cosa que era mucho mayor que su tamaño y que todos los tamaños.

Y ésa es la moraleja de la historia.

Éste era el cuento que yo quería contar. Me da mucha pena no saber narrar historias para niños. Pero por lo menos ya conocéis cómo sería la historia, y podréis explicarla de otra manera, con palabras más sencillas que las mías, y tal vez más adelante acabéis sabiendo escribir historias para los niños…

¿Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita?…«

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El cinco de enero de Miguel Hernández, pastor de sueños

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Miguel Hernández, Las abarcas desiertas

Sevilla, 5 de enero de 2021

He recordado siempre a Miguel Hernández en este cuaderno digital, en los últimos años, al acercarse los días de navidad o cuando ha sido necesario desagraviarlo por el tratamiento impresentable recibido por determinadas autoridades de este país. Hoy, vuelvo a abrir mi libro de celebraciones laicas y rescato unas palabras suyas que rescaté en momentos de solidaridad con los niños y niñas necesitados de su época, de su país, en días muy complejos de Reyes en 1937. Hoy, en plena pandemia, quiero entregar este pájaro perdido a la Noosfera como símbolo de altavoz social de las niñas y los niños de este país, de mi Comunidad, Andalucía, que sufren las consecuencias de la pandemia y del mal endémico de la pobreza extrema, porque son miles de realidades personales y familiares que viven a la intemperie ante el frío de la sociedad con la que paradójicamente conviven.

«La solidaridad de Miguel Hernández no tenía límites. Lo demostraba por sus colaboraciones en publicaciones durante la guerra civil, como la que apareció en la revista Ayuda del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937. El objetivo del poema Las abarcas desiertas junto a otras colaboraciones era «recabar ayuda para donativos y juguetes en beneficio de la infancia necesitada. Interesante la nota aclaratoria ofrecida en primera página: Los niños de la España libre y en armas tendrán este año, merced a la generosidad de millones de personas, lo que la casta que nos dominaba había hecho privilegio exclusivo de sus hijos: juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor» (1).

El poema resume muy bien la realidad dura y contemporánea de los que menos tienen. Miguel Hernández hace un recorrido de ilusiones maltrechas desde la colocación de su calzado cabrero en la ventana fría, como cualquier niño, pero con la conciencia de clase muy clara: Nunca tuve zapatos, / ni trajes, ni palabras: / siempre tuve regatos, / siempre penas y cabras. Me parece maravillosa la expresión de que «Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería».

Recomiendo la lectura pausada del poema completo. Nada más. Es verdad que muchas veces los reyes coronados del siglo XXI no tienen pie ni ganas para ver el calzado de las pobres ventanas. Una aclaración final: salvando lo que haya que salvar, no solo me refiero hoy a la pobreza económica en esta navidad rediviva según Miguel Hernández. Es peor la del espíritu de reyes magos que van de paso por la vida de muchas personas sin observar abarcas vacías. A pesar de que solo puedan tener dentro sueños de juguetes y libros con que estimular el espíritu y crear castillos imaginativos de una sociedad mejor.

LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rio con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

(1) https://algundiaenalgunaparte.com/2009/01/05/versos-olvidados-las-abarcas-desiertas/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.