Invictus: podemos ser dueños de nuestro destino y capitanes de nuestra alma

Sevilla, 16/I/2021

Dedicado a todos los profesionales de la salud física, psíquica y social, en el mundo y, especialmente, en este país, que están siendo invencibles en la pandemia actual y a cuantas personas anónimas, también imprescindibles, hacen más amable la vida para todos, sin dejar a nadie atrás, cada segundo, en las circunstancias actuales.

Necesitamos en estos momentos tan delicados para la salud mental de todos, reforzar modelos de personas a las que se las pueda considerar necesarias e imprescindibles para el desarrollo de un mundo mejor y sano en el que podamos ser dueños de nuestros destinos y capitanes de nuestras almas. En este sentido y a las pocas horas de haberse proyectado en la televisión pública de este país la película Invictus, deseo recordar de nuevo a una de estas personas imprescindibles, Nelson Mandela. El 18 de julio de 2020 se celebró el Día Internacional de Nelson Mandela, que coincidía con el de su nacimiento en 1918, en Mvezo (Sudáfrica), evento al que ya hice referencia en el post que escribí el año 2018 y que cerraba la serie dedicada al estío.

El tema que inspiró la celebración del año pasado, necesariamente virtual, a causa de la pandemia de la COVID-19, fue “¡Movilízate, inspira el cambio!”. Con tal motivo, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, lanzó un mensaje al mundo del que resalté en aquél momento sus ideas fuerza porque eran un necesario recuerdo de Mandela como persona imprescindible para el mundo actual y que siguen teniendo plena actualidad en el contexto de la pandemia que seguimos atravesando en su tercera ola:

1. Con el tema transversal de la celebración de este año, ¡Movilízate, inspira el cambio!, se destaca la importancia de trabajar juntos, desde los gobiernos a la ciudadanía, para construir un mundo pacífico, sostenible y equitativo.

2. Celebramos este día en un momento en que la pandemia del COVID-19 supone una amenaza para todas las personas, en todas partes y especialmente para quienes son más vulnerables.

3. El COVID-19 está poniendo en evidencia profundas desigualdades.

4. Necesitamos combatir esta pandemia de desigualdad mediante un contrato social nuevo para una era nueva.

5. Las Naciones Unidas celebrarán su 75º aniversario en este momento tan frágil, y en este marco reflexionamos sobre la vida y la labor de Nelson Mandela, quien encarnó los principales valores de las Naciones Unidas y se movilizó e inspiró el cambio.

6. Aunque pasó muchos años preso de conciencia, Madiba mantuvo su dignidad y la adhesión a sus ideales.

7. Que su ejemplo lleve a los gobiernos que tienen presos de este tipo a liberarlos.

8. En el siglo XXI no debería haber presos de conciencia.

9. Nelson Mandela nos recordó que “mientras la pobreza, la injusticia y la desigualdad profunda persistan en el mundo, ninguno de nosotros puede descansar de verdad”.

10. En este Día de Mandela, recordemos que podemos, y debemos, participar en la búsqueda de un futuro mejor en el que todas las personas vivan con dignidad, oportunidades y prosperidad en un planeta saludable.

Han pasado más de dos años desde que escribí por primera vez, en este cuaderno digital, unas palabras dedicadas a Mandela por su trayectoria vital tan digna y llena de ejemplaridad. Las he vuelto a leer y creo que mantienen su esencia y presencia en este momento actual de pandemia y necesaria ejemplaridad de los mandatarios mundiales. Un ejemplo que necesitamos rescatar del olvido en su Día, tan especial y necesario.

Cosas de estío / y 10. Invencibles del siglo XXI

Se está recordando especialmente en estos días de estío al presidente Mandela, Madiba. En tal sentido, he leído con atención el discurso que el expresidente Obama pronunció el pasado 17 de julio en Johannesburgo, con motivo de la celebración de la Conferencia Anual sobre Nelson Mandela, con un título sugerente: Seguid alzando la voz. Hay que leerlo detenidamente porque aporta ideas muy interesantes en un mundo convulso donde es imprescindible que identifiquemos a los invencibles de este siglo, aquellos en los que pensaba Mandela en su celda de castigo de Robben Island, leyendo el poema Invencible de William Ernest Henley. Solo recojo un fragmento de su discurso porque me parece muy representativo del mismo: “Nelson Mandela dedicó su vida a este largo camino hacia la libertad, la justicia y la igualdad de oportunidades. Al principio luchó por este lugar, su país, para terminar con el Apartheid y garantizar la igualdad política, social y económica de los ciudadanos no blancos y sin derechos de Sudáfrica. Sin embargo, gracias a su sacrificio, su liderazgo infatigable y, sobre todo, a su ejemplo moral, Mandela y el movimiento que encabezaba cruzó fronteras. Su figura encarnó las aspiraciones universales de las personas más desfavorecidas. Les insufló esperanza y les hizo ver que era posible una transformación moral en la conducta de los seres humanos”.

Afortunadamente y en el contexto de estos actos conmemorativos, la televisión pública nos ofreció en la noche del domingo pasado una reposición de Invictus, una película que tuvo muy buena acogida de público en el año del estreno en España, 2010, cuyo hilo conductor era la figura de Nelson Mandela y su intervención visionaria en el equipo de rugby de Sudáfrica en la Copa Mundial de Rugby celebrada en 2005, en la ciudad de Johannesburgo. La película, al estilo Eastwood, fuerza en algunos momentos la obra escrita sobre la que se construyó el guion, una publicación de John Carlin, El factor humano, de la que se cambió un hecho fundamental. El papel que entrega el presidente Mandela al capitán del equipo sudafricano de rugby, François Piennaar, en un momento clave de la película, en la primera entrevista institucional con él, con el poema del poeta inglés citado anteriormente, William Ernest Henley titulado Invictus, no es el que utilizó el equipo realmente como mensaje conductor para fortalecer su inspiración triunfadora. La realidad es que Mandela le entregó un fragmento del discurso del presidente Theodore Roosevelt en su visita institucional a París el 23 de abril de 1910, conocido como El hombre en la Arena, que exactamente decía lo siguiente, tal y como figura en la página 7 del discurso real de 35 páginas:

No es el crítico quien cuenta,
ni el que señala con el dedo
al hombre fuerte cuando tropieza
o el que indica en qué cuestiones
quien hace las cosas podría haberlas hecho mejor.
El mérito recae exclusivamente
en el hombre que se halla en la arena,
aquel cuyo rostro está manchado
de polvo, sudor y sangre,
el que lucha con valentía,
el que se equivoca
y falla el golpe una y otra vez,
porque no hay esfuerzo
sin error y sin limitaciones.
El que cuenta es el que de hecho lucha
por llevar a cabo las acciones,
el que conoce los grandes entusiasmos,
las grandes devociones,
el que agota sus fuerzas
en defensa de una causa noble,
el que, si tiene suerte,
saborea el triunfo de los grandes logros
y si no la tiene y falla,
fracasa al menos atreviéndose al mayor riesgo,
de modo que nunca ocupará el lugar reservado
a esas almas frías y tímidas
que ignoran tanto la victoria como la derrota.

Me ha recordado este hecho lo que aprendí hace muchos años de Bertolt Brecht: hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles. También, lo que Obama dijo en su discurso refiriéndose al presidente Mandela, Madiba: “Les voy a decir lo que creo yo. Creo en la visión de Nelson Mandela. Creo en una visión que era también la de Gandhi, Martin Luther King y Abraham Lincoln. Creo en una idea de igualdad, justicia, libertad y democracia multirracial, construida sobre la premisa de que todas las personas son iguales y nuestro creador dio a todas unos derechos inalienables (vítores y aplausos). Y creo que un mundo regido por esos principios es posible y puede lograr más paz y más cooperación en busca del bien común. Eso es lo que creo”.

Las personas que citó, incluido Mandela, fueron imprescindibles en su momento y lo siguen siendo todavía hoy. Invencibles, en definitiva, tal y como lo pensaba Mandela en su corazón y a los que necesitamos identificar hoy día más que nunca, alzando todos la voz para desterrar los silencios cómplices de cualquier tipo, leyendo en voz alta el poema Invictus que tanto ayudó a Madiba:

Más allá de la noche que me envuelve,
negra como el abismo insondable,
agradezco a los dioses que pudieran existir
por mi alma inquebrantable.
En las azarosas garras de la circunstancia
no me he lamentado ni he llorado.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza esta ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yace el Horror de la sombra,
y sin embargo la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
cuan cargada de castigos la sentencia,
soy el dueño de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

Spotify – Invictus (Original Motion Picture Soundtrack)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.