Cosas de estío / 8. Calentamiento global, cambio climático y efecto invernadero

Nubes blancas, Ludovico Einaudi (piano) & Alessia Tondo (voz)

[…] con sus predicadores
sus gases que envenenan

su escuela de chicago

sus dueños de la tierra

con sus trapos de lujo

y su pobre osamenta

sus defensas gastadas

sus gastos de defensa

con su gesta invasora

el norte es el que ordena 
[…]

Mario Benedetti, El Sur también existe

Sevilla, 17/VII/2020 / 2ª edición

El verano de 2018 fue diferente en este mes de julio. Sorprendentemente, fue un mes amable con la temperatura para todos. No ocurre así este verano, en el que llevamos bastantes días con un calor insoportable del que ya estábamos avisados. Y lo que viene no presagia nada bueno porque la temperatura se elevará hasta cifras impensables hoy, pero la realidad del cambio climático en el Sur está más cerca de nosotros de lo que podemos pensar.

Javier Ruibal, músico de la fusión del Sur, canta unas palabras preciosas, El niño del Serengueti, que tienen un mensaje aleccionador:

Agua que no has de beber,
oro puro que se tira,
que por el agua se sufre,
se perdona y se respira.
Agua que no has de beber,
nunca la dejes correr.

El que corre sin descanso
nunca llegará primero,
al corazón de los mansos
dale agua y no dinero.
Agua que dejes pasar
puede el destino cambiar.

Han pasado dos años y la realidad del cambio climático está ya con nosotros de forma palpable. Cuando finalizaba el año pasado, escribí un post sobre el síndrome de Greta, en relación con la acción reivindicativa mundial liderada por la activista sueca Greta Thumberg y con referencia explícita a lo que el mundo estaba viviendo en torno al cambio climático por la celebración en Madrid de la cumbre mundial del clima (COP-25), donde explicó que las emisiones no se están reduciendo, sino que iban a aumentar un 0,6% en 2019: «Lo único que queremos ver son acciones reales. Así que si miramos esto desde un determinado punto de vista, es cierto que no hemos logrado nada», ha reconocido la joven». La impresión generalizada es que no tomamos conciencia de lo que nos está pasando y siempre creemos que la culpa de todo eso la tiene la gente, pero a mí que no me llamen, como si yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos no tuviéramos que hacer algo al respecto.

Cuando yo era joven, cantaba una canción de María y Federico, Quién tiene la culpa, que no he olvidado hoy en estas circunstancias y ante preguntas inquietantes sobre qué está pasando en el mundo y en la naturaleza que nos acoge, a la que no amamos lo suficiente: Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas. / Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia / y los abre grandes a las apariencias. El estribillo, que se repetía siempre dos veces, nos daba una solución de autodefensa en el desconcierto humano ante preguntas a las que todos, la gente, estamos obligatoriamente obligados a dar respuesta: Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente.


María y Federico, ¿Quién tiene la culpa?

La responsabilidad es de todos, unos más y otros menos, con prioridad absoluta la de los Gobiernos, sobre todo. Pero si todos hacemos el esfuerzo de tomar conciencia de que la naturaleza nos acoge cada día para darnos vida, no la defraudemos con lo poco a mucho que nos corresponde hacer para respetarla y dejarla crecer como sólo ella sabe hacerlo. Javier Ruibal así lo pensaba del niño del Serengueti: Como no cumple ningún castigo, / este niño consentido / se me va a quedar en Babia. / Si no estuvieras siempre en las nubes, / cuidarías, no lo dudes, / de no derramar el agua.

Cosas de estío / 8. Calentamiento global, cambio climático y efecto invernadero

Nada de lo que ocurre en la Naturaleza es inocente. Está en boca de todos: este verano es diferente en el Sur de este país, la temperatura es muy agradable y vemos que en el Norte llueve y truena casi todos los días de una forma especial. Aquí, en el Sur, hemos visto el amanecer de muchas mañanas con Nubes Blancas. Algo está pasando y no es porque no nos lo hubieran avisado en términos puros y propios de Al Gore. Creo que veranos como este nos obligan a reflexionar qué está pasando con el calentamiento global, el cambio climático y el efecto invernadero, seis palabras que atemorizan al capital y a los mercados que no tienen compasión de la naturaleza en estado puro, nuestra Casa.

Basta ver lo sucedido recientemente en Innaarsuit, una localidad de Groenlandia que gracias al viento favorable vio pasar en una situación de peligro extremo, lamiendo su costa, un iceberg desprendido del glaciar Helheim, de 800 metros de profundidad y de 6 kilómetros de ancho por 1600 metros de longitud, con un peso estimado de 14 mil millones de toneladas. También, cómo un iceberg de nombre simple de autopista española, A-68, que se desprendió hace un año del continente de la Antártida, con un peso de un billón de toneladas y que mide 150 km. de largo por 55 km. de ancho, se mece en el mar a día de hoy sin saber dónde dirigirse, desconcertado, cerca de la plataforma de hielo Larsen C., bajo la atenta mirada de científicos que no saben qué ocurrirá con esta mole de hielo. El calentamiento global parece que es una de las causas del desprendimiento espectacular del A-68, junto con determinados procesos naturales. Algo está pasando realmente que no sabemos discernir bien.

También hemos conocido por los medios de comunicación que en Siberia se han alcanzado los 40 grados de temperatura en los últimos días, por la insólita ola de calor y tiempo anticiclónico que lleva meses instalada en el Ártico, donde Escandinavia está soportando también temperaturas por encima de los 30 grados. Ante estas evidencias, he consultado datos científicos facilitados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), creado en 1988, para conocer las evaluaciones integrales del estado de los conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos sobre el cambio climático, sus causas, posibles repercusiones y estrategias de respuesta. En este sentido he leído atentamente un documento breve y de libre acceso por las personas interesadas sobre esta dura realidad, CAMBIO CLIMÁTICO 2013. Base de ciencia física, en la que se destacan cuatro puntos a considerar por los correspondientes responsables públicos de los Estados:

  1. El calentamiento en el sistema climático es inequívoco y, desde la década de 1950, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes en los últimos decenios a milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado.
  2. El forzamiento radiativo total (cualquier cambio en la radiación (calor) entrante o saliente de un sistema climático) es positivo y ha dado lugar a la absorción de energía por el sistema climático. La principal contribución al forzamiento radiativo total proviene del aumento en la concentración de CO2 en la atmósfera que se viene produciendo desde 1750.
  3. La influencia humana en el sistema climático es clara. Es evidente a tenor de las crecientes concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, el forzamiento radiativo positivo y el calentamiento observado, y gracias a la comprensión del sistema climático.
  4. Las emisiones continuas de gases de efecto invernadero causarán un mayor calentamiento y nuevos cambios en todos los componentes del sistema climático. Para contener el cambio climático, será necesario reducir de forma sustancial y sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero.

Este estío está siendo especial con sus cosas de calentamiento global, como efecto fundamental del cambio climático, aunque ahora estemos apreciando una situación ambigua de ralentización del calor en un hemisferio tan propicio como es el Sur. Todos podemos contribuir con actitudes diferentes ante esta realidad tan desconcertante pero tan real como la vida misma. Mientras, me informo con datos científicos, con las Nubes Blancas de Ludovico Einaudi de fondo, para tranquilizar, más que la conciencia, el alma. Lo recomiendo.

Sevilla, 22/VII/2018

NOTA: en la interpretación de Nuvole Bianche, la cantante Alessia Tondo utiliza el dialecto salentino que se habla en El Salento, comarca formada por la extremidad sudeste de la región italiana de Apulia, conocida como el «tacón» de Italia. El texto dice lo siguiente (extraído de https://youtu.be/O-HsW142T5g):

Está bien, déjala dormir,
Ahora ella no lo puede entender,
No, no le hables,
¿Por que ya no siente su corazón?
El viento tampoco me dice demasiado,
Ahora no puedo entenderlo,
Duerme, duerme y no desea,
no le gusta más éste corazón.
Cuatro vientos y yo sueño solo,
Mis notas ya no tienen fortuna.
Déjame dormir nuevamente,
Déjame morir primero, que esta alma sin amor, no, no la puedes ayudar.
Pasa el tiempo y no me habla
Pasa el tiempo y no me dice nada
Así que ya sabes lo que quería,

Lo que nos pasa
Todavía te siento acá,
Solo si tú puedes, no, solo si tú quieres vuelve conmigo,
Y si quieres mi corazón, éste sigue aquí simplemente cierra los ojos y lo encontrarás.
Canto y pienso en ti
Suspiro y lloro
Ya no tengo tu amor
Tu fuiste mi bien

El viento me dejo solo
Con el tiempo debe regresar
Déjame sufrir solo
Déjame olvidar primero
Mi alma va donde quiere, deja que lo haga.
Pasa el tiempo y no me escucha
Pasa el tiempo y no me dice nada
No te detengas ahora,
Solo, solo debo quedarme
Deja que entre el sol
Debo quedarme bajo el sol
No te detengas ahora
Ella ya no puede amarme
Pasa el tiempo y no habla
Pasa el tiempo y no dice nada
Así que ya sabes lo que quería

Lo que nos pasa
Todavía te siento acá
Solo si tú puedes, no, solo si tú quieres vuelve conmigo
Y si quieres mi corazón, éste sigue aquí, simplemente cierra los ojos y lo encontrarás.
Canto y pienso en ti
Suspiro y lloro
Ya no tengo tu amor
Tu fuiste mi bien.

Nos queda la palabra del homenaje de Estado a las víctimas del coronavirus

Sevilla, 17/VII/2020 / Actualizado a las 13:41

Para que no se olvide ni siquiera un momento. El homenaje de Estado a las víctimas del coronavirus, que se celebró ayer en Madrid, fue un acto sobrio aunque encorsetado como siempre por el protocolo obligado. Pero lo que me quedó grabado en el alma fueron las palabras de Aroa López, enfermera y supervisora de urgencias en el Hospital Vall d’Hebron, en representación del ecosistema sanitario: “Ojalá nada de esto hubiera ocurrido, pero es un inmenso honor hablar en honor de mis compañeros sanitarios, personal administrativo, de limpieza, de cocina, de mantenimiento, de laboratorio, de psicología y resto de áreas que dieron apoyo», y en nombre también del universo humano y profesional de la “primera línea”: «transportistas, reponedores, cajeros, personal de saneamiento, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Miles de hombres y mujeres que cuidaban de todos».

Resumo de su intervención, tres frases impecables, que no necesitan más comentario:

  1. «Hemos vivido situaciones que te dañan el alma. Porque quien había detrás de los EPIS no eran héroes. Éramos personas que se alejaban de sus familias para protegerlas de un posible contagio. Personas que salíamos del hospital cargadas con todas esas emociones, y que regresábamos a nuestro trabajo desde la soledad y el agotamiento, un día más».
  2. “Hemos sido mensajeros del último adiós para personas mayores que morían solas, escuchando la voz de sus hijos a través de un teléfono. Hemos hecho videollamadas, hemos dado la mano y nos hemos tenido que tragar las lágrimas cuando alguien nos decía: “No me dejes morir solo”.
  3. «Quiero pedir también a los poderes públicos que defiendan la sanidad de todos. Que recuerden que no hay mejor homenaje a quienes nos dejaron que velar por nuestra salud y garantizar la dignidad de nuestras profesiones».

El acto civil de ayer es un símbolo de lo que debemos seguir haciendo todos los días frente a la pandemia. Las palabras que pronunció la enfermera y supervisora de urgencias no debemos olvidarlas. Tanta soledad en momentos transcendentales de la vida nos debe animar a ofrecer un reconocimiento diario a la responsabilidad individual y colectiva en esta pandemia, más allá de este tipo de actos oficiales, que podemos manifestar con una conducta digna y ordenada para contener el virus, porque una mascarilla, una distancia adecuada y un lavado cuidadoso de manos, valen ahora más que muchas palabras. Es la forma de mantener viva la llama que ayer presidía el acto de homenaje a las víctimas del coronavirus.

Ahora, sigo escuchando una versión preciosa de la Canción espiritual (Geistliches Lied), Opus 30 de Johannes Brahms (1856), que acompañó el acto, con un arreglo para cuerdas que realizó Sir John Eliot Gardiner e interpretado en 2012 por la Octopus Symphony Chorus & Le Concert d’Anvers, bajo la dirección de Bart Van Reyn, en el palacio de Bellas Artes de Bruselas. Ayer se interpretó por parte de 45 profesores de la Orquesta Sinfónica y 20 profesores del Coro, ambos de la RTVE, bajo la dirección de su maestro titular, Pablo González. Una estrofa de la canción, que está basada en un poema del autor coral alemán Paul Flemming, sobre la aceptación del destino y la confianza en Dios, expresa curiosamente el camino a seguir en un contexto de creencias con un telón de fondo civil y laico: ¿Por qué te preocupas de un día para otro? / Hay Uno que está por encima de todo / que te da, también, lo que es tuyo.

Necesitamos que la música nos ayude a comprender estos momentos, a todos y sin distinción alguna de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Sobre todo, asimilarlos de la mejor forma posible, para no olvidar, ni siquiera un momento, a los que se fueron sin haber podido decirnos, unos a otros, una sola palabra: adiós.

Artemisia Gentileschi pintó la melancolía

ARTEMISIA GENTILESCHI AUTORRETRATO2
Artemisia Gentileschi, Autorretrato como alegoría de la pintura, (Ca. 1638-1639) Palacio de Buckingham (Reino Unido)

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Pablo Neruda, Me gustas cuando callas

Sevilla, 16/VII/2020

La cultura en este blog va por barrios. La melancolía, también. A Mozart, melancólico por naturaleza propia, le entusiasmó la idea de estrenar su preciosa y enigmática ópera La flauta mágica en un teatro de barrio de Viena, la ciudad de los palacios reales. He escrito bastante sobre esta “debilidad ética” de Mozart poco tiempo antes de fallecer muy joven. Hoy, la cultura en este cuaderno digital va por la pintura y por la melancolía. Verán. Les presento en esta ocasión a una pintora barroca extraordinaria, Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), que he procurado conocer en profundidad a través de la historia del arte y de biógrafos solventes. Hay un motivo que me ha impulsado a conocer con detalle a esta pintora y ha sido la elección de una obra de la misma en la exposición que actualmente se está desarrollando en el Museo del Prado bajo un título muy sugerente, Reencuentro, con motivo de la reapertura de sus salas el pasado 6 de junio y que se mantendrá abierta hasta el 13 de septiembre, reubicando más de 190 piezas que evocan la museografía existente cuando el Prado abrió sus puertas por primera vez.  En esta colección se presenta una obra de Artemisia Gentileschi, Nacimiento de San Juan Bautista (ca. 1635), en el que se representa a San Juan, desnudo, atendido por un grupo de mujeres. Salvo error por mi parte, es la única obra de una mujer pintora que se recoge en esta muestra tan especial. De ahí que me llamara tanto la atención.

Me interesó esta obra porque desde hace tiempo estaba estudiando la presencia de Artemisia Gentileschi en España y, concretamente, en Sevilla, con una obra enigmática, María Magdalena como la melancolía,  que me consta que era muy querida por su autora por su identificación con ella como mujer “pecadora” (?) que sufrió mucho en su vida ajetreada y singular aunque ha sido muy maltratada por la historia y por la Iglesia oficial. Artemisia sufrió un triste episodio de juventud, concretamente la violación cuando solo tenía 17 años, en 1612, por parte del mentor propuesto por su padre, Agostino Tassi (1566-1644), ya que al ser mujer no podía cursar los estudios oficiales de pintura en las Academias correspondientes, solo para hombres, lo que propició un juicio promovido por su padre, muy estudiado, que ganó y que se puede conocer con detalle en una obra muy interesante dedicada a esta pintora (1).

Esta pintura se encuentra en la actualidad en el Museo de la Catedral de Sevilla, considerándose el original de las dos versiones que existen en la actualidad con el mismo título, siendo la segunda versión la que se encuentra en el Museo Soumaya de Ciudad de México, como segunda interpretación de la melancolía de María Magdalena, no una copia, cuestión que hoy es el eje de este artículo.

MARIA MAGDALENA2 SEVILLAArtemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1622)  Museo de la Catedral de Sevilla

MARIA MAGDALENA MEXICOArtemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1625) Museo Soumaya (Ciudad de México)

Las principales diferencias entre las dos obras estriban en que la pintura original, la que se encuentra en la catedral de Sevilla, sufrió una intervención de la censura por haberla considerado con graves faltas de recato. Pruebas radiográficas han demostrado que se cubrió el hombro y el pecho izquierdos con un lienzo en el que se aprecia el cambio de color en la zona agregada por la censura: “Este último cuadro [el que está en Sevilla] es el original, y el otro, que se encuentra en el museo Soumaya en la ciudad de México, es una copia de la misma época. Pero es evidente que la copia revela que el original fue intervenido después de ser copiado, para que pudiese entrar sin escándalo en los recintos sagrados. En efecto, radiografías de la pintura muestran que el ropaje fue ampliado para cubrir lo que la Iglesia consideraba indecente y lujurioso. Lo más interesante es que, muy probablemente, fue la misma Artemisia quien pintara la copia hacia 1622, antes de que el comprador del cuadro, el duque de Alcalá y virrey de Nápoles, se llevara el cuadro [original] a su colección (según lo explica la historiadora Mary D. Garrard en su libro Artemisia Gentileschi around 1622: The shaping and reshaping of an artistic identity, Oakland, University of California Press, 2001). Seguramente tuvo una nueva encomienda de pintar a una Magdalena melancólica, y por ello copió ella misma su obra primera. La obra fue a dar, no se sabe cómo, a una colección privada en Lyon; después fue adquirida por Carlos Slim para el Soumaya” (2).

En el establecimiento de las diferencias entre ambas obras, me ha gustado mucho la reflexión localizada al respecto en el documento citado anteriormente: “Se cree que la copia de la Magdalena melancólica fue hecha por la misma Artemisia porque en ella la santa tiene un rostro diferente; un copista normalmente hubiese copiado los rasgos originales, sin crear un personaje nuevo, con la cara más redonda, la nariz más puntiaguda, la boca más curvada hacia abajo y los ojos más grandes con párpados pesados. La primera Magdalena tiene una actitud soñadora y sensual; en la copia su rostro es adusto y desconsolado. Las dos caras de la melancolía que pintó Artemisia reflejan posiblemente su propia experiencia como “pecadora”, ya que sufrió de muy joven una violación y tuvo que enfrentar un largo y penoso juicio promovido por su padre contra el violador que se negó a casarse con ella”.

He profundizado en conocer cómo llegó a Sevilla el cuadro de “María Magdalena como Melancolía”. Varios estudios coinciden en la trazabilidad histórica del mismo desde la compra hasta su llegada a la catedral, es decir, que la pintura pertenecía a la colección de Fernando Enríquez-Afán de Ribera y Téllez-Girón (1583-1637), III duque de Alcalá de los Gazules, V marqués de Tarifa, VI conde de Los Molares y virrey de Nápoles (1629-1631), años en los que coincidió con Artemisia Gentileschi en la citada ciudad. Se sabe que la obra llegó a la catedral procedente de la Casa de Pilatos, donde atesoraba el virrey de Nápoles un importante fondo artístico de pinturas y antigüedades. Como dato curioso, esta obra aparecía en el inventario como “una Magdalena sentada en una silla durmiendo sobre el brazo”. Nada más.

Estamos viviendo una etapa muy alargada en el tiempo en torno a la melancolía y podemos incluso dar la razón a Víctor Hugo cuando decía que la melancolía era la felicidad de estar triste. La melancolía es un talante, una forma de ser talantoso o no. El adjetivo “talantoso” es el claro exponente de lo que queremos decir cuando una persona tiene talante, es decir, se asegura que la persona está de buen humor o semblante. Y aquí es donde quería llegar: al humor o semblante. Ya lo decía Nebrija y el Padre Alcalá en sus Vocabularios y acertaban en su análisis, porque, al final, de humores se trata cuando hablamos de talante. La melancolía o el humor proveniente de la bilis negra (eso significa la conjunción de las dos palabras de raíz griega, “melan” (negra) y “colía” (bilis) es en definitiva un estado de humor anímico. La visión clásica de la melancolía se encuadra en la teoría de los cuatro humores, “adoptada por los filósofos y físicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los físicos europeos hasta la llegada de la medicina moderna en el siglo XIX. En esencia, esta teoría mantiene que el cuerpo humano está lleno de cuatro sustancias básicas, llamadas humores, cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona. Así, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de estos cuatro humores. Estos fueron identificados como bilis negra [melancolía], bilis, flema y sangre. Tanto griegos y romanos como el resto de posteriores sociedades de Europa occidental que adoptaron y adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban que cada uno de los cuatro humores aumentaba o disminuía en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría de superávit o desequilibrio de líquidos, entonces su personalidad y su salud se veían afectadas”.

La melancolía se entiende popularmente y según la RAE, en una primera acepción como «Estado anímico permanente, vago y sosegado, de tristeza y desinterés, que surge por causas físicas o morales, por lo general de leve importancia». Cuando deriva hacia una enfermedad, la cuarta acepción del Diccionario de la lengua española la define como «Estado patológico caracterizado por una depresión profunda acompañada de diversas alteraciones físicas y de comportamiento». La melancolía que retrató a la perfección Artemisia Gentileschi corresponde al primer sentimiento expresado y sentido a nivel popular, pero que suele remitir una vez pasado un tiempo de aceptación del hecho causante y el duelo correspondiente. Casi siempre deja huella y hay que aprender a vivir con ese estado de humor o de ánimo. En ocasiones deriva en una patología que necesita atención profesional para salir de ella.

En este contexto y a pesar del dolor interno que experimentó Artemisia por la violación sufrida, dedicó su obra a ensalzar la figura de la mujer representándola con gran coraje y valor, siendo la obra titulada Judit decapitando a Holofernes la que se considera más icónica de la venganza que quiso expresar por la citada violación. Junto a esta obra, en muchas otras figura siempre el protagonismo de la mujer a través de acciones y expresiones muy sorprendentes para la época en las que las pintó. Mujeres, siempre, que actúan solas o en común reivindicando su papel en la historia, alejadas de elementos sacros y con un viso laico de pintura reivindicativa rompiendo el canon de la época.

La investigadora principal de la obra de Artemisia Gentileschi, Mary Garrad, sintetiza en la dedicatoria de su libro Artemisia Gentileschi. The Image of the Female Hero in Italian Baroque Art (1989), lo que significa esta artista en el devenir de los siglos: “Este libro está dedicado al tema tratado en él, Artemisia Gentileschi, artista prima inter pares, con admiración, gratitud y afecto”. Fue el primer texto académico que abordó con objetividad plena la vida y obra de la excelsa pintora.

En cualquier caso, la figura de María Magdalena fue muy querida por Artemisia, a la que llegó a representar en sus cuadros hasta en cuatro ocasiones (incluyendo también su cuestionada María Magdalena Penitente, ¿arrepentida o melancólica?) Si tuviera que elegir entre sus interpretaciones de esta mujer, representada siempre como mujer sola y libre ante Jesús de Nazareth, me quedaría -por admiración y respeto a su obra melancólica- con la titulada María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. Más de ochenta años después, el óleo de 81 x 105 centímetros, descubierto en una colección antigua del sur de Francia, fue subastado por la Galería Sotheby’s, adjudicándose finalmente por 850.000 euros, cuando el precio de salida estaba entre 200.000 y 300.000 euros.

El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a la expresión ya citada de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este momento: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.

MARIA MAGDALENA EN EXTASIS Artemisia Gentileschi, María Magdalena en éxtasis

Un detalle de última hora nos puede dar una idea de la importancia mundial de esta pintora barroca. El pasado 8 de julio, Google dedicó su doodle del día a Artemisia Gentileschi, recordando el 427 aniversario de su nacimiento. Millones de personas abrieron su sesión con una recreación del autorretrato que encabeza estas líneas y tuvieron la oportunidad de conocerla gracias al mágico mundo de Internet. ¡Feliz coincidencia y homenaje implícito!

Me consuela históricamente pensar que podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisa y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido qué significa el poder reparador de su melancolía.

(1) Gentileschi, Artemisia (Edición de Eva Menzio). Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro, 2016. Madrid: Anaya (Cuadernos de Arte Cátedra).

(2) https://www.letraslibres.com/mexico-espana/artemisia-y-la-melancolia

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Cosas de estío / 7. Podemos compartir lo que es nuestro empeño

Propongo compartir lo que es mi empeño
Y el empeño de muchos que se afanan
Propongo, en fin, tu entrega apasionada
Cual si fuera a cumplir mi último sueño

Pablo Milanés, Proposiciones

Sevilla, 15/VII/2020 / 2ª edición

He dado un pequeño salto en la publicación de esta serie porque hoy correspondía la 6ª, que en 2018 dediqué a las noticias que hieren nuestra sensibilidad, refiriéndome en concreto a unas imágenes que había facilitado la ONG Proactiva Open Arms, acerca de un rescate doloroso en el Mediterráneo, en el que se reflejaba el espanto en el rostro de una mujer salvada en alta mar, junto a los cadáveres de otra mujer y un niño, dejados a su suerte, presuntamente, por un guardacostas libio. No quiero volver a reproducirlas porque la situación ahora es diferente y no quiero volver a transmitir tanto dolor en una época en la que estamos recuperándonos de un estado de alarma que ha dejado bastantes daños colaterales en todos y en cada uno. Ahora, hay que trabajar en la esperanza de que podemos vivir en un mundo nuevo. Si me permiten, hoy he sentido de nuevo mucho dolor al conocer que 7.100 trabajadoras temporeras marroquíes, que han recogido la fresa en Huelva, esperan pacientemente que su Gobierno abra las fronteras para poder volver a su país, viviendo una situación muy difícil y siendo víctimas una vez más de la precariedad en la que viven y las consecuencias del coronavirus.

Con este telón de fondo, vuelvo a tratar hoy un tema recurrente en este cuaderno digital: necesitamos hacer proposiciones que nos llenen el alma para vivir dignamente, fuera de toda duda, para ser felices, instalados en la utilidad de lo que muchos llaman vida inútil: soñar despiertos, amar con locura y ser dignos con la disponibilidad de los bienes naturales y públicos de los que cada uno disponga.

Pablo Milanés, que me acompaña en muchas ocasiones en mi rincón de pensar, nos ofrece unas palabras breves y buenas, Proposiciones, porque no hacen falta ya muchas palabras para compartir este empeño de compartir ilusión por cambiar aquello que no nos hace felices, por mucho que el mercado se empeñe en convencernos de que la felicidad es tener y no ser. Seguir su canción al pie de la letra y contextualizándola en nuestras vidas, nos puede ayudar a estar atentos a disfrutar esta jornada, sin ir más lejos, inquietando el gusto de los demás a través de los sentidos, compartir mensajes que entusiasmen a los demás, sobre todo a los que están más cerca, lanzándonos por caminos y veredas anunciando que otro mundo es posible, porque el verano llega siempre, de forma puntual y con sus cosas, haciendo nuestro el crisol de esta morada.

Cosas de estío / 7. Podemos compartir lo que es nuestro empeño

Decía Mario Benedetti que “cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. Ocurre casi a diario porque nacemos sin una guía de cómo ser curiosos y saber hacer proposiciones que nos llenen el alma para vivir dignamente, fuera de toda duda, para ser felices, instalados en la utilidad de lo que muchos llaman vida inútil: soñar despiertos, amar con locura y ser dignos con la disponibilidad de los bienes naturales y públicos.

El estío es un tiempo propicio para las proposiciones dignas y honestas, ante un mundo que pregunta tanto y sin cesar, en un síndrome de los porqué de un Peter Pan siempre redivivo. Creo que la disponibilidad de un tiempo para pensar nos permite recurrir a algo que olvidamos a diario y que puede ser un incentivo para ser más felices: olvidarnos de las respuestas que no nos gustan en la forma de ser y estar en el mundo, proponiendo ideas y cosas útiles para todos e instalarnos por una vez en el terreno de las proposiciones. Según la Real Academia Española, proponer es “manifestar con razones algo para conocimiento de alguien, o para inducirle a adoptarlo”, aunque el Diccionario de Autoridades da un sentido al lema «proponer» de especial relevancia: «representar o hacer presente con razones a uno alguna cosa, para que llegue a su noticia, o para inducirle a hacer lo que desea». Impecable propuesta cuando deseamos que el bien se haga difusivo de sí mismo para todos.

Recuerdo que Pablo Milanés lo sintetizó muy bien en una canción muy corta, Proposiciones, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pensando en la letra de aquella canción, no hacen falta ya muchas palabras para compartir este empeño de compartir ilusión por cambiar aquello que no nos hace felices, por mucho que el mercado se empeñe en convencernos que la felicidad es tener y no ser. Es más fácil estar atentos a disfrutar esta jornada, sin ir más lejos, inquietando el gusto de los demás a través de los sentidos, compartir mensajes que entusiasmen a los demás, sobre todo a los que están más cerca, lanzándonos por caminos y veredas anunciando que otro mundo es posible, porque el verano llega siempre, de forma puntual y con sus cosas, haciendo nuestro el crisol de esta morada.

Lo he manifestado varias veces en hojas sueltas de este cuaderno digital: necesitamos declarar las proposiciones decentes para avanzar en una sociedad más justa para todos. Ese es mi empeño. Escuchamos todos los días noticias que reflejan un mundo hecho polvo en búsqueda permanente de paz política e interior. Faltan proposiciones compartidas para aunar esfuerzos y voluntades a través del amor y el sufrimiento, como aquellos habitantes ejemplares de Santa María de Iquique, de los que aprendí tanto al escuchar atentamente su proposición a unos mensajeros de nombre araucano, Quilapayún, que no olvido.

Cosas de estío, de las proposiciones dignas. Como si fuéramos a cumplir el último sueño, a pesar de las preguntas cambiadas.

Sevilla, 21/VII/2018

Cosas de estío / 5. Tener tiempo, sin atrapar vientos

HAROLD LLOYD

Sevilla, 14/VII/2020 / 2ª edición

El tiempo suele ser calificado como un bien escaso y lo más curioso es que, a veces, cuando lo tenemos a raudales en nuestras manos y en nuestra mente, no sabemos qué hacer con él, porque una realidad tan próxima y sin estar en el mercado (ni se compra ni se vende en Amazon), acaba muchas veces por desbordarnos debido al mal uso que hacemos a diario de un bien que no es escaso si lo administramos bien.

Tener tiempo es uno de los regalos más preciados que nos ofrece la vida y lo hemos podido comprobar con la experiencia reciente del confinamiento domiciliario por el estado de alarma, que lo planteé en su momento como una oportunidad y fortaleza ante el coronavirus llamándolo por su nombre, tiempo, en la línea que tantas veces he justificado en este cuaderno digital: tenemos el tiempo dentro de nosotros, siendo uno de mis principios que, si no gusta, no tengo otro que lo sustituya en su fondo y forma.

En este estío tan especial y rodeado de limitaciones, podemos regalarnos tiempo otra vez y regalarlo a los demás, en cualquier formato, para reflexionar sobre momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno, tal y como lo expuse en el post que sigue de esta serie: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz.

Son veintisiete posibilidades de repasar qué es el tiempo en nuestras vidas y cómo nos agarramos a él como al clásico minutero de Harold Lloyd, haciendo malabarismos para comprenderlo y compartirlo con los demás en momentos difíciles. También, en los placenteros.

Cosas de estío / 5. Tener tiempo, sin atrapar vientos

El estío atesora aparentemente tiempo, un regalo muy preciado en estos tiempos tan modernos, en los que acusamos su falta proverbial. Recuerdo que el Eclesiastés (Qohélet) no pensaba así, porque nos dice que tenemos hasta 27 oportunidades para disfrutar de él a lo largo de la vida: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Casi nada, pero administrar esta carga vital, en su tiempo específico, es harina de otro costal.

Excepto dos muy concretas, nacer y morir, que compartimos todos los seres vivos en el ciclo vital natural y evolutivo, las demás oportunidades compartidas por la experiencia de Qohélet (persona educada en la Asamblea), dependen de nuestra forma de vivir el tiempo en el que nos ha tocado desarrollarnos como seres humanos. Cada uno, cada una, con sus cadaunadas, puede repasar en su particular estío esta lista tan sabia, para comprobar qué experiencia de las citadas hemos vivido o nos gustaría experimentar mediante esta oportunidad que nos ofrece el solsticio de verano. Es la ocasión para tachar algunas ya vividas y pasadas o resaltar con fosforescencia las que se pueden jerarquizar como más atractivas. Podemos probar para ver qué nos queda por vivir según el guion del Eclesiastés (Qohélet).

Si señalo las positivas, plantar, edificar, reír, danzar, abrazarse, buscar, guardar, coser, callar, hablar, amar y vivir en paz, comprobamos que la historia de las experiencias vitales humanas obedece a la búsqueda de un sano equilibrio con los tiempos difíciles de las restantes experiencias que podríamos calificar como negativas (con matices). Quizá sea la ocasión en este estío, con sus cosas, de primar esta búsqueda de razones positivas para vivir, porque hay que sacar tiempo para disfrutar lo que dice Qohélet que es la experiencia de sus antepasados a lo largo de los siglos, aunque para que no se nos suban los humos a la cabeza (todos podemos ser histéricos, según la palabra griega -hísteris- que explica que los humos se nos suben a la cabeza y así nos va…), él nos dice que seamos prudentes a la hora de valorar las 27 experiencias y entender qué significado tiene vivir, aunque sea apasionadamente.

Al final, tengo que repasar la lista de las 27 oportunidades para aprovechar el tiempo en vida, siendo una tarea muy compleja cuando olvidamos el momento presente, el carpe diem de cada uno, de cada una, y se piensa en el futuro que trasciende este estío, por ejemplo, porque hay tres preguntas del Eclesiastés (Qohélet), que no dejan indiferente a nadie: ¿qué gana el que trabaja con fatiga, si se demuestra antes o después que todo es vanidad de vanidades, solo vanidad, algo así como intentar atrapar el viento?, ¿qué diferencia hay entre el hombre y el animal si ambos vuelven siempre al polvo? Y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que hay después de él?

No hay muchas respuestas, mejor dicho, ninguna en ese capítulo premonitorio. En el capítulo siguiente, Qohélet, tras su maravillosa descripción de los 27 tiempos y una vanidad imposible, nos orienta en tiempos difíciles después de su tremendo aviso para navegantes: lo mejor que te puede pasar en este estío es que tengas un amigo, ya que, si te caes, siempre estará ahí para levantarte, porque la experiencia de siglos dice que la amistad es como la cuerda de tres hilos que jamás se puede romper. Él si sabía qué hacer con el tiempo de estío que a cada uno, cada una, le toca vivir, caminando juntos, casi siempre atrapando vientos.

Sevilla, 12/VII/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.elbotedelosdeseos.es/tag/hermano-mayor/

Cosas de estío / 4. Días largos, sol quieto

Sevilla, 13/VII/2020 / 2ª. edición

Todos los veranos me refugio unos días en la obra de Pablo Neruda. Este año vuelvo a leer la publicación que el verano pasado dediqué a los juguetes grandes más queridos del autor chileno, sus mascarones y mascaronas de proa y popa, que de todo hay en su casa de Isla Negra. En aquella ocasión recordaba en el Prólogo de Mascarones de proa, que los sabios del lugar y del tiempo marítimo suelen decir que «los mascarones de proa pretendían siempre calmar la ira divina a través de figuras amables que estaban autorizadas a romper continuamente las olas sin descanso alguno. Iban por delante, sin complejos, abriendo surcos marítimos en viajes apasionantes cuando, sobre todo, buscaban islas desconocidas. Voy a surcar también diversos mares de vida a través de ríos que buscan siempre el mar para culminar viajes fascinantes. Para mí, el más importante de todos: el de la palabra que nos queda a través del tiempo».

En estos días largos y de sol quieto, conviene recordar también que todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

Entremos en su casa de Isla Negra, saludando hoy a María Celeste, a quien tanto quería y que no podía verla llorar. Neruda nos espera siempre con ardiente paciencia para comprender sus lágrimas.

Cosas de estío / 4. Días largos, sol quieto

El estío tiene estas cosas: disponemos de más luz porque el sol se queda quieto a mediodía (solsticio, sol quieto) y nos entrega más luminosidad para contemplar la vida de otras formas. El pasado 3 de julio, fue el día en el que la Tierra estuvo este año más lejos del Sol, como una contradicción astrológica que impresiona, cuando tanto tenemos que agradecerle por su quietud. Es el día del afelio, que nos recuerda la recurrencia de otro fenómeno, el perihelio, que nos acerca con sigilo al Sol, en momentos del invierno en los que tanto necesitamos disponer de luz.

Más o menos es lo que nos ocurre en la vida ordinaria, cuando hay días que lo vemos todo más claro y, otros, solo vemos la oscuridad del túnel, con un problema añadido: todo es aleatorio y no responde a la sincronización orbital y científica del fenómeno astrológico. Ésta es la razón principal para valorar en términos de oportunidad vital disponer de días más largos por el regalo de un astro quieto.

Decía Neruda que “A plena luz de sol sucede el día, / el día sol, el silencioso sello / extendido en los campos del camino. / Yo soy un hombre luz, con tanta rosa, / con tanta claridad destinada / que llegaré a morirme de fulgor”.  Este precioso poema, El Sol, me recuerda en este estío tan especial para el país que hay que agregar luz a la patria en tiempos revueltos, como ciudadano de a pie que solo camina a veces en la más profunda oscuridad: “Otra vez, ya se sabe, y para siempre / sumo y agrego luz al patriotismo: / mis deberes son duramente diurnos: / debo entregar y abrir nuevas ventanas, / establecer la claridad invicta / y aunque no me comprendan, continuar / mi propaganda de cristalería”.

¡Qué tarea política tan hermosa para un ciudadano que ama su ciudad, cumplir con sus deberes diurnos, a plena luz del día, aprovechando el estío, tiempo de luz porque el sol se queda quieto durante mucho tiempo, abriendo ventanas para la libertad, muy comprometido con la propaganda de cristalería por donde pasan rayos de luz teñidos de colores! Es verdad que a veces nos encarga la vida tareas casi imposibles, a personas que aparecemos en el mundo como “enlutados de origen”, sin luz, según Neruda: “A veces pienso imitar la humildad / y pedir que perdonen mi alegría / pero no tengo tiempo: es necesario / llegar temprano y correr a otra parte / sin más motivo que la luz de hoy, / mi propia luz o la luz de la noche: / y cuando ya extendí la claridad / en ese punto o en otro cualquiera / me dicen que está oscuro en el Perú, / que no salió la luz en Patagonia”.

Comprendo a Neruda, mucho más cuando sé que le gustaba contemplar los ojos de María Celeste, su mascarón de proa preferido, que lloraba cada vez que el calor del fuego que ardía en la chimenea de su casa, en la Isla Negra, condensaba el vapor en sus ojos de cristal. Que sonreía siempre cuando llegaba el sol. Hoy, en un día largo y con un sol quieto, no quiero que los tristes y tibios de siempre perdonen mis sueños y mi utopía, porque no tengo tiempo. La luz de este solsticio, con el sol quieto pero generoso, me ofrece la posibilidad de llegar temprano y correr a otra parte sin más motivo que aprovechar la claridad del día, sabiendo que se rumorea que está oscuro en este país, que no sale la luz en Andalucía.

Le pido a Neruda que me acompañe con sus versos, porque “Hoy, este abierto mediodía vuela / con todas las abejas de la luz: / es una sola copa la distancia, / al territorio claro de mi vida”.  Es verdad: son las cosas del estío, en días largos gracias a un sol que se queda quieto para que podamos disfrutar de los territorios claros de nuestra vida.

Sevilla, 11/VII/2018

Mozart podría haber sido cubano

Sevilla, 12/VII/2020

Sarah Willis lo dice en el vídeo que preside estas líneas: “Mozart podría perfectamente haber sido cubano, por sus melodías, sus ritmos, su amor por la vida…”. Me ha impresionado conocer esta bonita historia musical, nacida en Cuba y que hoy se presenta al mundo bajo la denominación de “Mozart y Mambo”, una conjunción que hay que escucharla e intentar comprenderla en su fondo y forma.

Sarah Willis toca un instrumento bastante desconocido, la trompa francesa, formando parte de la Orquesta Filarmónica de Berlín desde 2001, siendo la creadora en 2014 de un programa de televisión en Alemania, “Sarah’s Music”, para Deutsche Welle, en el que ha entrevistado a grandes músicos como Gustavo Dudamel o Wynton Marsalis. Pero lo que verdaderamente revolucionó su concepción de la música como medio de comunicación social fue su llegada a Cuba para dar una clase magistral de trompa. Aquella forma de vivir la música por el pueblo cubano en general, la llevó a fundar un conjunto cubano de trompas, Trompas de La Habana, que formaron parte del programa de televisión citado anteriormente.

WILLIS Y MOZART EN LA HABANA

El pasado 10 de julio se publicó a nivel internacional “Mozart y Mambo”, un álbum que combina la música del maestro Mozart con una representación de la música cubana tradicional, vivida y sentida por el pueblo cubano. La frase del título de este post inspiró el proyecto de Sarah. De esta forma conoció la Orquesta del Liceo de La Habana, con su director al frente, José Antonio Méndez Padrón, con la que interpreta en el disco obras de Mozart para tropa y orquesta tales como el Concierto número 3 en mi bemol mayo (KV. 447) y el Rondó en mi bemol mayor (KV. 371),  junto a un ‘Rondo alla Mambo’ (inspirado en el Concierto número 3 citado anteriormente), un Mambo ‘Sarahnade’, una versión cubana de “Una pequeña serenata nocturna” (KV. 525) y otras obras muy interesantes de fusión. Se incluyen también tres canciones populares entre las que figura la famosa “Dos gardenias”, de Ibrahim Ferrer y el Buena Vista Social Club, junto a “El manisero” y “¡Qué rico el mambo!”. Escuchar la versión de “Dos gardenias” con los primeros compases de la trompa solista es una delicia.

He querido presentar hoy esta experiencia porque quiero contribuir mediante este post a divulgar una conjunción musical asombrosa mediante la publicación de esta obra, Mozart y Mambo, en homenaje a Cuba, un país que ama la música y la enseña en sus casas y en las escuelas desde que los niños y niñas cubanos nacen en un mundo lleno de dificultades pero con la alegría permanente de vivir, cantar y soñar despiertos. Estoy de acuerdo con su frase de entrada: “Mozart podría perfectamente haber sido cubano, por sus melodías, sus ritmos, su amor por la vida…”.

Por último, una observación importante: el dinero que se obtenga por la venta del disco, se destinará a la compra de instrumentos nuevos para la Orquesta del Liceo que interviene en la obra. Lo merecen por su pasión por la música.

NOTA: la imagen de Sarah Willis contemplando una estatua de Mozart en La Habana, se ha recuperado hoy de https://www.dw.com/en/mozart-y-mambo-sarah-willis-in-cuba/av-53956483

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las postales eran para el verano

PRIMERA POSTAL

Sevilla, 12/VII/2020

No es por pura nostalgia, que también (siendo sincero), sino porque en este verano tan especial es necesario recordar aquellas pequeñas cosas que hicieron felices, por definición, a millones de personas a partir del 1 de octubre de 1869, día en la que consta fehacientemente que se envió “la que se considera la primera postal de la historia. Viajó de la localidad austríaca de Perg a la de Kirchdorf, y tardó solo un día en llegar. El mensaje era breve y de carácter personal: el emisor preguntaba al receptor si le gustaría visitarlo”.

He leído con atención reverencial un artículo sorprendente sobre la historia de las tarjetas postales, Las postales no se inventaron para mandar saludos, sino para ahorrar costes, muy ilustrativo para conocer cómo y cuándo comenzaron a enviarse millones de tarjetas postales a lo largo de ciento cincuenta años de su historia. Si alguna palabra puede resumir qué es lo que reflejaba esta nueva forma de relacionarse las personas, era la concisión. Cuando se concibió como medio de comunicación, la economía global estaba presente en su formato: pequeña, formato homogéneo porque era impresa por el Estado, incluido el sello, no llevaba sobre y era de formato abierto que cualquiera podía leer, es decir, una auténtica revolución para la época que se podía resumir en una frase publicitaria: todo en uno. Se compraba, se escribía con brevedad obligada y se enviaba, tres pasos obligados pero que simplificaban de forma sorprendente el rito de escribir cartas, cada día más complejo en su fondo y forma.

Las tarjetas postales han formado parte de nuestras vidas. Recuerdo ahora cuando vivía en Roma y enviaba postales a mi familia y amigos, porque descubrí otra realidad que con el paso del tiempo ha evolucionado: la compra de los sellos. En Italia se rotulaban los estancos como “Sali, Francobolli e Valori Bollati”, sales, sello y papel timbrado, porque la sal fue un monopolio del Estado hasta 1973, con una larga historia desde el Imperio Romano. Sorpresas que me daba la vida en el viaje de una postal hacia alguna parte. De todas formas, nada cómo las postales que cuando era un niño escribía a la empleada de hogar que trabajaba en mi casa de Madrid, Marina, que me dictaba lo que quería decir, con palabras de amor, a su querido Juanito, que trabajaba como emigrante en Suiza, concretamente en Biel-Bienne. Eran textos imposibles, clásicos populares, con la entradilla clásica: “Espero que al recibo de ésta estés bien, nosotros bien gracias a Dios”. Yo avisaba a Marina que no me quedaba espacio para lo fundamental, pero ella se conformaba con que su novio supiera interpretar lo que una pareja en posturas imposibles y con el texto que figuraba en el anverso de aquella postal en blanco y negro, tan edulcorada, quería transmitir al receptor de la misma: “Tú eres mi destino y mi estrella, yo por ti todo lo cambiara” [sic], que no lograba entender en el tiempo verbal que utilizaba, pero que hacía todavía más imposible su comprensión. Lo de menos era lo que escribía con tanto primor y en letra inglesa en nombre de Marina a su novio, sino lo que ella quería que entendiera en palabras de toda la vida. Así, muchas veces durante años de la dura emigración española y que ahora olvidamos con tanta insensatez.  Las tarjetas postales fueron un salvoconducto para expresar sentimientos y emociones de lo que se veía y se quería teletransportar al receptor de turno, en “color por technicolor” y con pocas palabras, en una España que abusaba mucho del blanco y negro, como el de la postal imposible de Marina.

Las tarjetas postales han caído en desuso y han sido sustituidas por las redes sociales. Tenían su estación por excelencia, el verano. Ahora, en cualquier época del año existen mil formas de enviar imágenes y palabras que dejan atrás a un medio que fue revolucionario en su época y que tenía su encanto y su factor sorpresa. Su concisión, llena casi siempre de sentimientos y emociones, lo decía todo, con un secreto a voces que se esperaba con la ilusión de lo desconocido: alguien se había acordado de nosotros y se había molestado en dar varios pasos por mí, por nosotros: elegir la tarjeta, escribirla, ponerle el sello (con lengua o esponja mojada) y echarla al buzón.

Para no olvidarlo hoy, en tiempos difíciles, porque el texto era casi lo de menos. Yo sabía que la persona que me la envió en alguna ocasión, al escogerla entre miles de postales posibles,  pensaba de mí que yo era su destino y su estrella y que por mí, todo lo cambiaría.

NOTA: la imagen, que recoge el anverso y reverso de la primera tarjeta postal de la historia, se ha recuperado hoy de: https://www.ausstellung-postkarte.de/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Cosas de estío / 3. ¡Atiende a la música!

Sevilla, 11/VII/2020 / 2ª. edición

¡Atiende la música! Durante los últimos años he seguido de cerca esta recomendación, aprendiendo a tocar el violín, el piano y el clavecín, compañeros inseparables en cada curso académico, intentando aprender la técnica depurada que hay detrás de cada instrumento. Repasando con atención este cuaderno digital, se puede comprobar que en numerosas ocasiones hago referencia a la música como una proyección de la inteligencia que cuida, sobre todo, el alma humana.

Cuando escribí hace dos años el post que sigue a estas líneas, acababa de leer un libro muy didáctico de Nuccio Ordine, Clásicos para la vida, que venía a reforzar mi admiración aristotélica por los autores clásicos, presocráticos incluidos, en un arco temporal que alcanza bastantes siglos. Siguiendo a Shakespeare, soy un hombre que tengo música, que he ordenado a lo largo de la vida mi banda sonora, compuesta para una película jamás filmada aunque siempre se ha grabado en directo. Lo que tengo que reconocer es que la música que escuché por primera vez en determinados momentos de mi existencia, cuando la recupero, es posible que ya no suene igual, porque nadie se baña dos veces en el mismo río y la  música que estaba presente en aquél río que me hizo feliz o me entristeció. de todo hay en la viña del Señor, no suena siempre igual.

Lo verdaderamente importante es estar atento a ella, porque es compañera en los momentos de felicidad y amiga inseparable en la tristeza. De eso no tengo la menor duda. 

Cosas de estío / 3. ¡Atiende la música!

He finalizado la lectura de un libro de Nuccio Ordine, Clásicos para la vida, en este estío tan especial. En general es una propuesta para configurar una pequeña biblioteca ideal que no deja indiferente a nadie. Hoy, vuelvo a leer un clásico para no olvidar, El mercader de Venecia, de William Shakespeare, en un pasaje seleccionado por el autor, que me parece útil en cualquier estación del año: ¡Atiende a la música!: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y la defensa de los valores humanos. Venecia representa hoy al mercado controlado por los hombres de negro, incapaces de poner música en vida alguna.

En cualquier estío tenemos la oportunidad de disponer de más tiempo libre que en los restantes meses del año. Son sus “cosas”. La música es una oportunidad para reencontrarnos con nosotros mismos y disfrutar de los placeres del alma que nos proporciona cuando pertenecemos al Club de las Personas Dignas. Este país no se caracteriza por el amor a la música porque no se educa para conocerla y amarla. Si, además, es clásica, hay muchas posibilidades de que la ignoremos por mero desconocimiento o desprecio, con una gran responsabilidad pública al respecto por su silencio institucional cómplice. Tener música es disponer de un bagaje diferente para ser y estar en el mundo.

Lo he manifestado en varias ocasiones en este cuaderno digital: admiro el simbolismo de la música. Cada día descubro un mundo nuevo al aproximarme al teclado o al arco y mástil del violín, para conocer mejor su alma. Es una experiencia única que me regala la vida y en la que estoy inmerso por los sentimientos y emociones que me ofrece. He descubierto la riqueza sonora del clave, el instrumento tan querido por Bach y Mozart en sus años de éxito sonoro, asimilando a diario algo que ha perdurado a través de los siglos: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor.

Ordine termina este breve pasaje de Shakespeare citando obras que le conmueven el alma, porque atendiendo la música se puede buscar “la esencia de la vida en aquellas actividades que pueden ennoblecer el espíritu, que pueden ayudarnos a hacernos mejores, que privilegian la esencia sobre la apariencia, el ser sobre el tener”, citando finalmente a Franco Battiato, que figura curiosamente en un puesto especial de la banda sonora de mi vida, cuando buscaba comprender qué nos quería decir en aquella enigmática canción que llevaba un título programático “Centro de gravedad permanente” y que cantábamos en casa cuando nuestro hijo apenas sabía hablar pero sí cantar su estribillo famoso. Para que no cambie, con el aprendizaje de mi vida, atento a la música, lo que ahora pienso sobre la dignidad de la vida, de las cosas de estío, de la gente…, defendiendo el anhelado centro de gravedad permanente.

Sevilla, 8/VII/2018

Egeria, una viajera muy curiosa

FRESCO POMPEYA

Fresco de Pompeya de una mujer romana antes de escribir

 

Sevilla, 10/VII/2020

Les presento a Egeria, una gran desconocida en nuestro país. No se conservan piezas teselares ni pinturas que nos permitan reconocerla y me ha parecido interesante rescatar la imagen que preside estas palabras para representarla de la mejor forma posible, que corresponde a un fresco precioso de la ciudad de Pompeya, en el que aparece una mujer romana en una posición reflexiva e inquietante antes de escribir. En tiempos de coronavirus y cuando estamos dando los primeros pasos en la nueva normalidad veraniega, puede ser reconfortante conocer una historia apasionante, la de una mujer viajera muy curiosa, de origen gallego (de la Gallaecia), que nació y vivió en el siglo IV (d. C.) en esta provincia, una de las cinco en las que el Imperio había dividido Hispania en tiempo del emperador Diocleciano (a. 298): Lusitania, Tarraconense, Cartaginense, Bética y la propia Gallaecia.

Su espíritu aventurero lo reconocía ella misma en las primeras páginas que se han encontrado de su obra, Itinerarium ad Loco Sancta, que se descubrió en 1884 por el investigador italiano Gian Francesco Gamurrini en la Biblioteca della Confraternitá dei Laici (o de Santa María) en Arezzo (Italia), un códice en pergamino de 37 folios y escrito en latín popular tardío: “Como soy un tanto curiosa, quiero verlo todo”, a modo de declaración de intenciones dirigida en formato de carta a sus compañeras, en las que detalla hasta la saciedad todas sus andanzas: “Al parecer, la redactora escribía a unas lejanas dominae et sorores (“señoras y hermanas”) que habrían quedado muy lejos, en la patria común, a la cual ella confiaba en volver, según indicaba al final de su relato. La autora había realizado un largo periplo, desde «tierras extremas» hasta los lugares bíblicos, y describía estos a sus remotas destinatarias con una frescura y candor de lenguaje que cautivaban desde el primer momento: aquella era una obra singular” (1).

Egeria inició su viaje en Gallaecia, “[…] y tras recorrer el Sur de la Galia y el Norte de Italia, llegó a Constantinopla en el año 381 después de cruzar en barco el mar Adriático. De Constantinopla se trasladó a Jerusalén, visitando también Jericó, Belén, Nazaret y Cafarnaúm. Viajó a Egipto en el 382, donde visitó Alejandría, Tebas, el mar Rojo y el monte Sinaí. Posteriormente Egeria se desplazó a Antioquía, Edesa, Mesopotamia y Siria antes de volver a Constantinopla, donde se pierde su pista” (2).

Es una historia apasionante que recomiendo como libro iniciático de viajes en estos días especiales de estío. Es interesante conocer que «El de Egeria es el primer viaje de sacrificio y peregrinación de la historia. Antes había habido otros viajes literarios o de recreo, pero no de peregrinación». Así lo ha afirmado el catedrático de Filología Latina e investigador José Eduardo López Pereira, uno de los mayores especialistas en la figura de la peregrina gallega y traductor de su Itinerarium, que se puede conocer con detalle en la presentación que hizo de esta viajera en el I Fórum del Camino de Santiago, celebrado en Santiago de Compostela en octubre de 2015.

Si animo a conocer a Egeria es porque supone un hallazgo que debemos compartir en la Noosfera, en esta singladura a la que invito a formar parte de su tripulación virtual cada vez que nos subimos a “La Isla desconocida”, tal y como lo explicita el autor de Viaje de Egeria. Sobre todo porque es maravilloso constatar cómo una mujer revolucionó la forma de conocer el mundo en un siglo tan controvertido: “La importancia de estas averiguaciones es evidente. Estaríamos, posiblemente, en presencia de la primera escritora española de nombre conocido cuya obra haya llegado a nuestras manos. Y su relato, el primer libro español de viajes. Porque, aunque fuera redactado con otros propósitos, concretamente desde la piedad religiosa, lo cierto es que el texto de Egeria constituye un auténtico diario de ruta, que anticipa en bastantes siglos lo que algunos exploradores medievales convertirían en género literario, y no digamos los viajeros románticos, mucho después. Incluso el vehículo formal de sus observaciones y anotaciones —la forma epistolar— es un molde adoptado por escritores viajeros de todas las épocas”.

Su personalidad es apasionada y apasionante, esencialmente curiosa en el buen sentido de la palabra “curiosidad”: “cuidado y diligencia que se pone para hacer alguna cosa con perfección y hermosura” (RAE A 1729, 708,2). Lo que Egeria hizo y escribió en su cuaderno de notas sigue aportando sentido a la vida, lo que la hace más hermosa cada día. El placer de la curiosidad sabia no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas curiosas la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada. Utilidad de lo inútil en estado puro porque la curiosidad es sólo, a veces, un hilo de lana tratado con perfección y hermosura.

 

(1) Pascual, Carlos. Viaje de Egeria: El primer relato de una viajera hispana, 2017. Madrid: La Línea del Horizonte, p. 14.

(2) https://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/egeria-la-primera-peregrina-de-la-historia

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.