Las mujeres que escriben son de letras tomar

FERIA DEL LIBRO 2018

Mujeres de letras tomar

Parece que hoy he encontrado el eslabón perdido con la Feria del Libro del año pasado, en un día que estoy preparando la visita al espacio en el que se celebra la de este año. Tiene un título programático, Mujeres de letras tomar, como hilo conductor de la Feria, que me parece paradigmático en los momentos actuales y que enlaza con el artículo que escribí el día después de la Feria anterior, en un pequeño homenaje que hice a las mujeres que escriben y que son de letras tomar.

Esta tarde quiero encontrarme con dos mujeres a las que he dedicado palabras de reconocimiento en este blog a lo largo del año, Carmen de Burgos y Luisa Carnés, no olvidando nunca a otras dos que me han marcado pasajes especiales de mi intrahistoria, María Teresa León y Zenobia Camprubí, como se puede comprobar repasando algunas hojas de este cuaderno de ayuda para encontrar escritoras olvidadas por culpa de nuestra desmemoria histórica.

Sevilla, 12/V/2018

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Son imprescindibles las mujeres que escriben

Creo que a María Teresa León apenas se la conoce en España, no más allá de haber compartido una larga vida con Rafael Alberti. Ayer, en la Feria del Libro de Sevilla, la vi en muchos mostradores de librerías que enseñaban sus cartas de identidad, entre las que se encontraban las portadas de varios libros de y sobre María Teresa León. Me alegré al reencontrarme con ella, haciéndose justicia al rescatarla del olvido porque creo que, al igual que el título de un libro sobre el que escribí en este cuaderno digital en 2007, las mujeres que escriben (y leen) son peligrosas imprescindibles, es más, han aportado y aportan una riqueza incuestionable a la literatura.

PALABRAS CONTRA EL OLVIDO

Conocí más de cerca a María Teresa León durante mi estancia en Roma en 1976, cuando vivía junto a Rafael Alberti en Via Garibaldi, 88, en el Trastévere, no a ella directamente sino a la persona que la cuidaba en los primeros atisbos de la enfermedad que la alejaría después del mundo real. Supe de sus viajes en tren hacia Milán, para que atendieran su situación compleja. Aun así, tengo que reconocer que solo conocía bien a Alberti, pero María Teresa fue un descubrimiento que tardé muchos años en atender y leer con el detalle y respeto que mereció siempre.

Hay una anécdota en mi historia reciente que me ha marcado mucho, porque quizá fue una forma simbólica de devolver a María Teresa León lo que este país le había robado durante muchos años, por el exilio y algo más duro todavía, el olvido. Sucedió en una gran superficie localizada en Sevilla capital. Había ofertas de libros con precios de saldo y cerca de la caja donde me situé para pagar me encontré con una torre de diez libros iguales de María Teresa León, Memorias de la melancolía, a un euro el ejemplar. Los compré todos con gran asombro de la cajera que, entre productos frescos de diverso origen, se encontró de pronto con diez libros iguales, una mercancía casi desconocida, sobre los que me pidió una sencilla explicación por aquella forma de proceder. No conocía a la autora y aproveché para explicarle quién era y la melancolía que me producía verla en aquella situación. Fue una operación rescate in extremis como pequeño homenaje de respeto y para sacarla del olvido. A día de hoy, solo conservo un ejemplar, porque los nueve restantes los regalé a personas que aprecio y que saben tratar bien a María Teresa. Es verdad, salvando las distancias obviamente, que se volvió a reproducir en mí una memoria de la melancolía.

TRECE CUENTOS

En este contexto, he leído hoy un artículo precioso, Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida (1), que me ha parecido fascinante y que ha dejado al descubierto la ignorancia que tenemos en este país sobre la pléyade de mujeres escritoras que fueron silenciadas durante el régimen franquista. Me emociona conocer esta operación rescate de mujeres que escribieron maravillosamente bien, pero desde el exilio en el mayor número de casos. Luisa Carnés escribió dos obras señeras, de alto voltaje político, Tea Rooms y Trece cuentos, que por lo narrado en el artículo parecen apasionantes. Leerlas será el mejor homenaje a esta mujer, olvidada durante tantos años de desidia y desprecio a las mujeres escritoras de este país durante la posguerra y pertenecientes también a la denominada Generación del 27.

Al igual que los santos, la Feria del Libro de este año, que se clausuró ayer, tiene también su octava y este pequeño homenaje es como poner un broche de oro personal a este acontecimiento literario en esta ciudad, que tanto aportó para el controvertido descubrimiento de América y que todavía está por descubrir en su realidad actual. Mujeres escritoras, como Zenobia Camprubí, María Teresa León, Simone de Beauvoir y Luisa Carnés, entre otras muchas, merecen nuestro aprecio y respeto todos los días, porque sencillamente lo dedicamos hoy, especialmente, a sus libros.

Baste un ejemplo final de lo que escribí en 1976 sobre una mujer escritora citada anteriormente, Simone de Beauvoir, después de un análisis de su magnífica obra El segundo sexo, ignorada en España en los años de autos por su texto y contexto: “Es indudable que el análisis de Simone de Beauvoir sobre la infancia, no pasa de ser un análisis monocolor de su infancia, que era también la infancia de la época, década de los años diez y veinte del Siglo XX. Paradójicamente, acepto que muchas reflexiones de ella podrían aplicarse a décadas posteriores, donde la educación sexual (no olvidemos que es su preocupación fundamental en esta obra) ha brillado por su ausencia. Hoy, asistimos a un momento diferente, donde los jóvenes han hecho periclitar el edificio clásico de las inhibiciones y frustraciones sexuales. Bastaría citar el fenómeno registrado en Italia, con la publicación del libro “Porci con le ali”, donde Rocco y Antonia viven una experiencia sexo-política muy similar y donde el vocabulario utilizado para sus expresiones dialécticas, desde el principio y hasta el fin del libro, darían que pensar incluso a Simone. Junto a esta realidad, la formación real hoy es una formación de la calle, de los diferentes clubes, de la filmografía, donde el lenguaje desenfadado manifiesta un epifenómeno muy curioso: la insatisfacción por saturación (…). El problema radicó en que la lectura de “El segundo sexo”, a escondidas, por ser manzana prohibida, facilitó un curso acelerado de formación y de satisfacción de curiosidad, con todos los problemas que podría acarrear a las mujeres lectoras. Hoy, su obra, aporta datos de interés a nivel histórico, pero cualquier manual o revista “avanzada” abre ya los ojos a muchas realidades. Aun así, hay que reconocer la valiente realización de Simone de Beauvoir, su desesperada lucha por encontrar su libertad…” (2). También, lo que aportó a los hombres y mujeres de muchas épocas, lectores y lectoras de relatos basados en la libertad intelectual, la que amó María Teresa León, a quien tanto aprecio.

Sevilla, 29/V/2017

(1) Franch, Ignasi (2017, 28 de mayo). Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida.
(2) Cobeña, J.A. (1976). La personalidad frustrada de Simone de Beauvoir. Trabajo de doctorado realizado en mayo de 1976, en Roma (sin publicar).

Merece la pena vivir

JOSE JIMENEZ LOZANO

En los momentos de turbación nacional que estamos viviendo, he leído con atención reverencial una entrevista a José Jiménez Lozano, larga, profunda, emocionante y esclarecedora, con un título que comparto en su más profundo sentido: “José Jiménez Lozano: «Merece la pena vivir porque hay personas, hay pájaros, hay cosas que están excelentemente bien»”. Me ha llamado la atención porque hace referencia a un texto del Génesis muy esclarecedor para comprender qué ha significado en la historia de la humanidad la creación del ser humano, un relato que ha pasado de padres a hijos durante miles de años.

Jiménez Lozano iguala a personas, pájaros y cosas, que están “excelentemente bien”, pero creo que cuando se conoce la lengua hebrea en profundidad, hay un matiz diferenciador, un adverbio no inocente que da una transcendencia especial al ser humano frente a cielos, tierra, fuego, pájaros y cosas cercanas a la humanidad, que siempre son útiles. Veamos por qué. En el Génesis, el Primer Libro, en su capítulo I, versículo 31, corroborado con la musicalidad del texto hebreo en su escritura primigenia, el relato de la creación dejaba muy claro que lo mejor que había ocurrido en aquellos días mágicos fue la creación del ser humano, porque a diferencia de los cielos, la tierra y el agua, que sólo eran buenos, en la del hombre y la mujer vio Dios que era muy bueno lo que había hecho. Un adverbio, meod, que en hebreo significa “muy” dejó claro para siempre que la existencia de los seres humanos justificaba por sí misma la creación del mundo, el evolucionismo o el punto alfa y omega de la vida. Son sólo creencias de siete días especiales, singulares, en los que había ocurrido algo muy bueno para la existencia humana, para cada uno (con su cadaunada).

Merece la pena vivir porque lo mejor que le ha ocurrido al mundo es contar con la presencia del ser humano, a pesar de todo lo que ocurre en el mundo actual por la intervención de la mano humana y su inteligencia. Decía Jesús Ruiz Mantilla en 2014, que el fotógrafo Sebastião Salgado, autor del proyecto Génesis, había salido a buscar en 2005 el paraíso terrenal y fotografiarlo durante ocho años: “¿Para qué? Para emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Es una delicia leer la entrevista completa a José Jiménez Lozano. He comprendido bien por qué es muy buena su existencia, porque me ha entregado con sus sabias palabras serias razones para seguir viviendo. Se la recomiendo.

Sevilla, 11/V/2018

La democracia y la esperanza han derrotado a ETA

PRINCIPIO ESPERANZA

He leído el último comunicado de ETA en el que anuncia su disolución. Quiero quedarme con este punto final porque ha triunfado en democracia el principio esperanza del que hablé en un artículo que escribí el 23 de marzo de 2006, cuando solo faltaban tres horas para que se iniciara un alto el fuego de ETA. Entresaco de aquella reflexión algunas ideas que mantienen hoy vigencia plena. Cambio solo tiempos de verbos porque entonces hablaba sobre todo de futuro y hoy, afortunadamente, lo convierto en presente. Cambio de texto y contexto.

Desde que tuve conocimiento de aquella noticia del alto el fuego, sentí la necesidad de aprovechar este foro para contribuir, con mi ilusión personal y mi creencia en el ser humano como factor determinante, a que la paz fuera posible en Euskadi y en los sentimientos y emociones del pueblo español en general y vasco, en particular. A pesar del sufrimiento de casi 900 víctimas, a lo largo de 50 años de desesperanza real, dura, triste, desgarradora, espantosa, en todos sus términos. A pesar de los que tuvieron que incorporar a su vida diaria la rutina de cualquier protección, incluso la más dura: la de sacar fuerzas de flaqueza para seguir viviendo.

Hoy, desde el momento de la difusión del comunicado de disolución, he escuchado voces de toda procedencia y color, posicionándose sobre el anuncio de ETA. En casi todas las intervenciones públicas que he escuchado he podido apreciar una tímida creencia sobre la auténtica razón de ser del comunicado. Y he recordado cómo hace doce años se hablaba, en todas las acepciones posibles, del término esperanza. Efectivamente, era tiempo de esperanza que, con el anuncio definitivo de hoy, se sella como un recurso muy importante en democracia. Aprendí de Ernst Bloch y así lo escribí hace muchos años, que el gran valor de la esperanza es el ofrecimiento de ser activos en la búsqueda de lo que deseamos, porque lo que esperamos todavía no ha llegado y, además, nos interesa, nos hace libres. En cualquier nivel, en cualquier proyecto, en cualquier deseo: frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual de cada persona como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, cada persona lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta «hambre cósmica» se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida. Es como la ilusión que yo tenía cuando era niño y construía los juguetes en mi pensamiento hasta que llegaba el día señalado y lo alcanzaba. Vivimos en momentos en los que manifestamos siempre que tenemos hambre de paz.

Un escritor del que aprendo permanentemente el lenguaje de la concisión, autor del cuento más breve del mundo, Augusto Monterroso, lo diría así: cuando despertamos, después de conocer la disolución de ETA, la esperanza estaba allí… La realidad actual en España nos permite creer en que la paz duradera, ahora, sí es posible. Porque la esperanza, junto a la democracia, han derrotado a ETA.

Sevilla, 3/V/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://elpais.com/elpais/2016/02/15/opinion/1455542289_018135.html

Elogio de las personas corrientes y singulares

Algún día tenía que hacerlo, porque lo habitual es que hable en este cuaderno de personas y situaciones especiales. Hoy quiero dedicar unas palabras de alabanza a los miles de millones de personas corrientes, mejor que normales, que poblamos este planeta, a través de sus cualidades y méritos. Para ello he elegido una obra musical, Fanfarria para el hombre corriente, compuesta por Aaron Copland, porque simboliza algo muy especial: el canto a los grandes artífices de la vida diaria en paz, que la modelan con su anonimato activo, su trabajo cotidiano, su forma de ser y estar en el mundo, que es personal e intransferible, que corren con su vida a cuestas. Lo más grandioso estriba en que lo que hacen es único, singular, irrepetible, a pesar de ser corrientes. Tenemos que llegar hasta la acepción 10ª del Diccionario de la Lengua Española de la RAE para comprender bien qué significa ser corriente cuando aplicamos este adjetivo a personas: “dicho de una persona: De trato llano y familiar”.

Algo tiene esta Fanfarria cuando Bob Dylan, premio Nobel de Literatura 2016, la eligió como composición que abría siempre sus conciertos. Todavía podemos dar un paso más, porque es probable que sea más apropiado hablar de personas singulares, tal y como lo expliqué en un post que escribí en este cuaderno en 2015, Elogio de la singularidad, a través de un diálogo inolvidable extraído de una película encantadora, diferente, singular, necesaria. Requisitos para ser una persona normal, un canto a la ruptura de patrones sociales, que se sintetiza en un diálogo entre Alex, con síndrome de Down, y María de las Montañas, los dos hermanos protagonistas de una familia rota, en la búsqueda de identidad normal y verdadera:

– ¿Por qué quieres ser normal?, pregunta Álex a su hermana.
– Porque todo el mundo quiere serlo.
– Yo no, responde Alex.

Y el patrón de la normalidad se circunscribe, en el pequeño mundo de la protagonista, a cumplir con una lista convencional para el mercado de estar en el mundo, más que ser en él: tener trabajo, casa, pareja, vida social, aficiones, vida familiar y ser feliz. Se trata de ir tachando todos los ítems que engloban el estándar de la normalidad y que cuando se cumplen permite la integración de una persona en la sociedad. Si falla alguno, la sociedad te expulsa con una facilidad clamorosa. Peor aún, no te admite.

Creo que más que de personas normales o corrientes, deberíamos hablar también, mediante una conjunción, de personas singulares, porque es la realidad de lo que somos, dado que no nos repetimos (por ahora…). Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia y la capacidad de hablar, como primeras señas de identidad humana que nos hacen ser personas y de identidad intransferible, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles. Pura mercancía que traspasa los límites de personas corrientes.

Además, con una uniformidad insoportable, porque el patrón de la normalidad pasa por tener trabajo, casa, pareja, vida social, aficiones, vida de familia y felicidad, según el estándar de la sociedad en la que nace, se crece y se multiplica cada ser humano si puede. Tener, pero no ser. Ahí está la diferencia, en la singularidad que tan bien comprendía Alex, el protagonista de la película, porque es la única razón del corazón y de la razón que nos permite ser felices, que es el principal objetivo de la inteligencia en su misión posible de resolver problemas. Personas corrientes y singulares, tal como ya definía el lema singularidad el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida, siendo personas corrientes, es decir, de trato llano y familiar [sic, según la RAE]. Impecable definición, mientras corremos con la vida a cuestas, porque miles de millones de personas somos corrientes y singulares. Afortunadamente. Quizá comprendamos ahora, mejor que nunca, el sentido de la Fanfarria para el hombre corriente, con la seriedad que imprime Jesús López Cobos a la orquesta, en un homenaje explícito a millones de personas que se esfuerzan a diario en ser personas corrientes y singulares. Para que siempre se les escuche en su silencio sonoro de paz y armonía.

Sevilla, 2/V/2018

Sinfonía de una sorpresa

La Sinfonía nº 94, en sol mayor, llamada “de la Sorpresa”, es una obra fantástica de Haydn, muy conocida sobre todo por su segundo movimiento, Andante, con un golpe de timbal sorprendente al finalizar una de sus frases que conmueve al auditorio. Es lo que necesitaba al finalizar una semana especialmente dura para el país. Estoy aprendiendo a tocar en el violín este maravilloso movimiento y tengo el encargo de mi profesora de que procure memorizarlo y, sobre todo, sentirlo en todos sus matices.

Puestas las manos en el violín y en el arco, detecto la dificultad de pasar del piano al mezzo forte para volver “a tempo” y finalizar la primera frase disminuyendo el sonido en las notas finales. Contemplo varias veces a Mariss Jansons dirigiendo la Filarmónica de Berlín en una interpretación especial de este movimiento. Me fijo una y mil veces en los primeros violines, en su spiccato continuo (golpes saltarines del arco sobre las cuerdas) de las primeras notas, muy suaves, medio piano (mezzo piano), para finalizar en el compás 8 de mi partitura en el que no se recoge el famoso golpe de timbal. Cuando lo toco, traduzco en mi mente, como si de una losa se tratara, lo que ha ocurrido en la vida ordinaria de esta semana: comenzamos el lunes con la rutina diaria de un país que vive momentos difíciles, para finalizar el jueves con la sentencia de Pamplona que nos ha despertado a todos de un largo letargo de ciudadanía responsable.

Vuelvo a tocar este movimiento varias veces hasta perfeccionar algo especial en música, los matices, no dejando de pensar en los que tiene la desdichadamente famosa sentencia, que he leído detenidamente en sus más de trescientas páginas. Me duelen decenas de ellas que jamás se deberían haber escrito y con un final, a mi parecer, muy injusto. Me encantaría, como miembro de una sociedad activa, que sirviera esta realidad tan cercana para despertar las conciencias durmientes de este país, como si del timbal sorprendente de Haydn se tratara, porque necesitamos cambios urgentes en la educación para ser mejores ciudadanos responsables de la ética individual y colectiva que justifica todos los actos humanos, mediante valores que son el suelo firme de nuestra existencia, a modo de solería de nuestras conciencias. Porque otra España es posible.

Sevilla, 29/IV/2018

La trastienda de la doble moral de Hollywood

Siempre me ha llamado la atención la trastienda ética de Hollywood. He crecido con el glamur de las grandes producciones rodadas en la meca del cine americano durante décadas inolvidables del siglo pasado, en un país como España donde nunca se hablaba de la que se cocía de verdad entre bambalinas americanas, aunque fueran secretos a voces. Traigo a colación esta reflexión a pocos días del estreno en España de una película paradigmática, Las estrellas americanas no mueren en Liverpool, porque representa muy bien la doble moral de Hollywood y su atracción fatal hasta la muerte. Lo que ocurre es que una gran actriz americana, protagonista de la película, Gloria Grahame, la ganadora del Oscar por “Cautivos del mal”, lanza un mensaje en la película contradictorio, poniendo a Hollywood en su sitio al final de su vida, porque su auténtico amor no estaba finalmente allí.

Ha estado recientemente en Madrid, el protagonista de esta historia real, Peter Turner, que en 1978 “era un actor de Liverpool de 26 años que intentaba ganarse la vida en Londres con muy poco éxito. En la pensión en la que vivía llegó un día una actriz veterana estadounidense de 54 años, que había sido repudiada de Hollywood, y se había pasado al teatro. «Recuerdo la primera vez que la vi. Yo ocupaba una de las habitaciones superiores y ella el apartamento principal de abajo», rememora Turner en Madrid. «Un segundo que lo visualizo». Para un momento. «No era como yo me la esperaba. Me habían hablado de una estrella de Hollywood, y recuerdo que abrió la puerta como escondiéndose, con pinta de haber llegado cinco minutos antes». Ella necesitaba 4 libras y 75 peniques; él se los prestó. «Nunca supe para qué, pero me lo devolvió en un cheque que aún conservo». Un par de días después se pusieron a bailar juntos en la casa Saturday Night Fever, y semanas más tarde se hicieron amantes” (1).

Llevo semanas experimentando algo especial en relación con el cine, porque casi todo lo que veo no es pura coincidencia con la cruda realidad. ¿Tendré el síndrome Turner, es decir, lo que se cuenta en algunas películas es lo que a mí me pasa realmente? Es probable, porque lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa y el cine se encarga de recordárnoslo al rodarlo en vivo y en directo. Esa es su magia, casi en un perenne dejá vu. Da igual, amor en directo, vida en directo y muerte en directo, aquella película legendaria rodada por Bertrand Tavernier, protagonizada por Romy Schneider y que todavía me conmueve al recordarla.

GLORIA GRAHAME

De verdad, esa es la magia del cine de compromiso, no cualquier cine. Admiro a las actrices y actores americanos que se enfrentaron al mundo mafioso de Hollywood durante décadas y se siguen enfrentando en nuestros días, cuando estalló recientemente el escándalo del productor Weinstein. Esa es la razón por la que deseo ensalzar el discreto encanto de esta excelente actriz, Gloria Grahame, que iniciando su exilio interior y exterior en Liverpool y con solo una petición humilde de 4 libras y 75 peniques a un chico desconocido que se alojaba en su pensión, 28 años más joven que ella, escribió realmente las páginas más bellas de su vida y la de la persona con la que compartió las postrimerías de un viaje hacia una parte importante de su alma de secreto. Aunque a nadie le dijera la razón de por qué no quería morir en Liverpool, donde encontró su razón de existir y, paradójicamente, pidiera regresar a Hollywood que tanto le había negado en su azarosa vida. Con esta decisión final, creo que ganó el Oscar a la actriz más digna de Hollywood.

Y llega el fin, aquel famoso The End de las películas de mi infancia. Sé que Peter Turner rodó hace ya bastantes años un documental, I Used to Be in Pictures, que me interesa mucho verlo y que estoy buscando desesperadamente. ¿Saben por qué? Porque creo que ha encontrado muchas y sorprendentes razones del comportamiento de los actores y actrices de Hollywood, en su trastienda, con un identificador común: todos y todas protagonizaron el cine mudo y ahora compartían los últimos días de su vida en un Asilo de la Academia del Cine en Hollywood. Eran lo que se veía. No hablaban en aquellas películas, pero nos enseñaban a sentir su pasión por aquello que hacían con una dignidad absoluta. Con sus noventa años contaron a Turner, en voz baja, cómo funcionaba la trastienda de Hollywood y, quizá, cómo era el alma auténtica de Gloria Grahame. Maravilloso.

Sevilla, 28/IV/2018

(1) https://elpais.com/cultura/2018/04/26/actualidad/1524744847_367894.htm

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.filmlinc.org/series/gloria-grahame-blonde-ambition/

Contra determinados hechos reales no valen determinados argumentos legales

PROTESTA EN PAMPLONA

Concentración de este viernes ante el Palacio de Justicia de Pamplona

Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio
Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar.

Hoy no me callo. Lo aprendí en latín: contra facta non valent argumenta, contra hechos no valen argumentos, pero hasta un cierto punto (placet, iuxta modum). En un Estado de Derecho, el poder judicial tiene un espacio sagrado que le confiere la Constitución española, aunque no le libra de la discrepancia democrática en su forma de proceder cada día. La sentencia última emitida ayer por la Audiencia Provincial de Navarra (me niego a ponerle el sobrenombre de los culpables directamente implicados), demuestra que hay unos hechos que se juzgan y que, por razones estrictamente jurídicas, se tipifican de una forma que no se comprende por la ciudadanía, porque contra determinados hechos ocurridos, tal y como se han podido ver, no valen determinados argumentos jurídicos. No se falta al respeto de la sentencia si se discrepa de ella o ¿es que ha enloquecido la ciudadanía al estimar de forma masiva que la sentencia tiene un error craso de interpretación de lo ocurrido?

Ante estas situaciones en las que explota el poder popular y se echa a la calle como recurso urgente contra lo que se aprecia como manifiestamente injusto, hay que reflexionar en la medida de lo posible y considerar que la única vía que queda para abordar esta cuestión tan lacerante, la valoración de una sentencia como manifiestamente injusta, es armarse de valores democráticos y ejercer el rol de ciudadanos y ciudadanas hasta las últimas consecuencias. Contra sentencias vividas como injustas, más democracia.

¿Qué hacer ante estas situaciones? Primero, protestar hasta la saciedad, no permanecer callados en silencios cómplices, ocupando espacios públicos de todo tipo, sin más violencia que la de la palabra herida, porque contra determinados hechos reales no valen determinados argumentos legales. Es muy difícil recurrir solo a la técnica jurídica del ámbito penal para hacer distinciones nada sutiles de orfebrería jurídica entre abuso, agresión y violación, porque lo malo de todo esto no es solo lo que se ve en minutos de vídeo, sino lo que hay detrás de todas las secuencias, una violencia ilegítima de hombres mal-educados [sic] para ser ciudadanos, en el sentido más profundo del término educación (la mala, hasta límites insospechados de consentimiento familiar y social, con el aplauso inclusive de muchas personas que jalean estas conductas impresentables), contra una mujer que en una noche de fiesta se adentra con ellos en un portal con un reparto desproporcionado de roles. Es sorprendente que sea ahora la víctima casi la culpable de la “normalidad” de lo allí ocurrido, porque como no hay escenas llamativas de legítima defensa, lo lógico es pensar que aquello se consintió, con resultados -eso sí- desproporcionados y de ahí la leve condena, porque al final “no era para tanto”. Lamentable y de ahí la indignación popular.

En segundo lugar, creo que hay que poner en marcha la división acorazada de la democracia que consiste en desplegar todos los recursos jurídicos disponibles en el Estado de Derecho actual para que instancias superiores valoren de nuevo lo que ocurrió esa fatídica noche de julio de 2016. Contra aquellos hechos no valen solo unos argumentos que, hoy, son solo parciales y eso me reconforta porque mi Estado de Derecho, lo afirmo de nuevo, permite que la sentencia se recurra ante todas las instancias posibles hasta que se llegue al final que siempre se sueña cuando somos demócratas: que se imparta justicia hasta las últimas consecuencias y que se proteja hasta el final al más débil, que en este caso es una chica de dieciocho años, con nombre y apellidos, ciudadana que merece todo nuestro respeto y a la que debemos amparar mañana, tarde y noche de cada día, porque representa a millones de mujeres españolas que desean vivir y caminar por la calle sin temor alguno a sufrir abusos, a ser agredidas o, desgraciadamente, violadas sin consideración alguna a su No.

En tercer lugar, hay que cambiar muchas cosas en este país, para que los hechos sujetos a sentencia no se repitan con la facilidad que ocurre ahora. Me refiero a que se debe firmar un Pacto de Estado para que la educación para la ciudadanía vuelva a las aulas de las que nunca tenía que haber salido. ¡Qué fracaso en democracia desalojar de las aulas la educación en valores humanos, en el comportamiento sexuado, en la relación limpia entre niños y niñas, adolescentes, jóvenes y así, sucesivamente, hasta el final del ciclo vital humano!

Necesitamos también, leyes urgentes que amparen hasta la saciedad la tipificación penal a favor de las víctimas de estos hechos y si hay que cambiarlas, que el Congreso de los Diputados se ponga a la tarea sin dilación alguna. Sin más espera, porque la víctima de estos hechos lamentables de Pamplona, en representación de todas las mujeres que sufren a diario cualquier tipo de abuso, agresión o violación, lo merece.

Sevilla, 27/IV/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.diariodenavarra.es/multimedia/galerias-imagenes/navarra/2018/04/27/concentracion-este-viernes-ante-palacio-justicia-pamplona-inigo-gonzalez.html

 

 

 

Vicios privados, públicas virtudes: el mito del eterno retorno

PANAL DE ABEJAS1

La Presidenta de la Comunidad de Madrid ha dimitido. Buscamos ejemplaridad a marchas forzadas. Hace tanto daño público la política corrupta ejercida por personas conocidas y anónimas, que acusamos cansancio ético porque estamos rodeados. Hace ocho años escribí el post que sigue, con un título aparentemente cinematográfico, Vicios privados, públicas virtudes, aunque ya advierto que en este caso cualquier parecido con la realidad de lo allí expuesto y hoy vivido y sentido, no es pura coincidencia. Cuando vivía en Roma, ciudad que siempre es un peligro para caminantes sensatos, vi durante muchos meses el cartel de la película con este título y no lo he olvidado. Tal cual.

El hartazgo de determinadas actitudes políticas hace estragos en democracia y no me resisto a seguir defendiendo a capa y espada la honradez de miles de personas que ejercen la política dignamente, aunque la condición humana, que no me es ajena, se aproxima con demasiada frecuencia a estos precipicios de indignidad. Todas las personas que ejercen la política, no son iguales. No hace falta dar nombres, porque nos hemos quedado con la cara de los que ocupan el desgraciado ranking de la indignidad. Pero necesitamos protegernos de este maremoto político con olas de corrupción que nos sobrepasan en el acontecer diario.

Vuelvo a publicar aquellas palabras, a las que no quito punto o coma de la época en que se escribió, porque es también lo que sucede en la actual, salvando lo que haya que salvar. La última frase, mezcla de enigma y desasosiego social, sigue teniendo gran valor en el momento actual: «Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Bernardo de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado«.

Al fin y al cabo, muchas personas acaban mirando sin pestañear a la mujer del César.

Sevilla, 25/IV/2018

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VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES

Para los que pertenecemos a la generación en la que sabemos que todavía, en tiempo de crisis, nos queda la palabra, escribo este post como microacto solidario para romper silencios cómplices, conformistas, acerca de personas y situaciones que sufren en democracia: niños amenazados por la larga sombra de la pederastia en la Iglesia y fuera de ella, personas que ejercen la política y son honrados, porque no todos son iguales, jueces dignos como Garzón y otros muchos como él preocupados para que no que pase sin pena ni gloria el dolor que perdura por los efectos de la Guerra Civil, y mujeres al borde de la muerte física, psíquica y social porque existen hombres e instituciones que no aceptan que desarrollen su inteligencia en libertad.

Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
mas que gozaba fama por sus leyes
y numerosos enjambres precoces,
estaba considerado el gran vivero
de las ciencias y la industria.

Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones

Desde la ventana del autobús 881, en Roma, veía en 1976 el cartel de la película de Miklós Jancsó que llevaba este título. El cine que la proyectaba estaba a solo unos metros de la Ciudad del Vaticano (¡qué paradoja!) y, una y otra vez, la he recuperado en mi memoria de hipocampo en estos últimos días de desasosiego ético nacional e internacional, con las noticias de la pederastia en la Iglesia, la trama de corrupción Gürtel, el proceso abierto contra el juez Garzón y el azote de la violencia de género, por poner ejemplos reales. La tentación inmediata es agregarnos inmediatamente al grupo de opinión mayoritaria de este país alejado de la teoría crítica constructiva y ver siempre en los otros lo que no somos capaces de integrar como una realidad de la condición humana que hay que saber enjuiciar con frialdad para no cometer errores dogmáticos e inquisidores, y para no caer, obviamente, en el determinismo cruel del mal y del bien necesarios, propugnado ya en el siglo XVIII por Bernardo de Mandeville, en un poema “anónimo” que publicó en 1714 (1), que formaba parte de un libro titulado The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits (La fábula de las abejas: Vicios Privados, Públicos Beneficios):

… empeñados por millones en satisfacerse
mutuamente la lujuria y vanidad.
… Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
… Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
… Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
… Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
… El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.

Este espectáculo, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma. No nos engañemos. Mientras que la preocupación social más extendida del triunfo a toda costa y la exigencia de la felicidad como derecho constitucional siga campando en el terreno de la violencia reactiva, porque la llamada crisis de valores, de la que todo el mundo habla pero que casi nadie concreta, no acaba de analizarse con el rigor y urgencia que necesita, es muy difícil exigir de los demás la ejemplaridad, sin que empiece la auténtica conversión por uno mismo.

Vicios privados y públicas virtudes, es una expresión que va más allá del título de una película, porque la trasciende y recoge una realidad notoria en la sociedad actual. En un Estado de derecho debemos confiar siempre en la Justicia para abordar los delitos privados y públicos. Pero la solución está también y, básicamente, en otro ámbito: en la generación de responsabilidades públicas y privadas, individuales y colectivas, basadas en dos grandes principios, el del conocimiento y el de la libertad. Conocimiento, para saber por qué ocurren las cosas, por qué debemos recurrir siempre a la inteligencia para resolver conflictos, con su gran carga de sentimientos y emociones a la que siempre está ligada. Y, por supuesto, la libertad para educarla en el sentido más pleno del término. Educación y saber ser y estar en clave de ciudadanía, son dos grandes principios que necesitan ser reforzados y blindados a marchas forzadas en nuestro país, en todos los niveles sociales posibles. De esta forma, sabremos analizar mejor, con humildad, por qué el ser humano es capaz de practicar la violencia con los niños, robar dinero público, quitar legitimidad a un juez o hacer daño a una mujer, de muchas formas, sin caer tampoco en el diseño de un mundo feliz que no existe de forma global, aunque sí individual para quien se lo propone, sin necesidad de dioses o de la fatal aceptación del mal como “semilla” necesaria del bien, volviendo a Mandeville, al intervenir esos dioses salvadores (de cualquier tipología) que citaba anteriormente, para poner orden en un mundo tan enloquecido:

Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
… Quienes no tenían razón enmudecieron,
… con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
… La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
Abrían el séquito los herreros con cerrojos y rejas,
luego los carceleros, torneros y guardianes.
… Todos los ineptos, o quienes sabían
que sus servicios no eran indispensables se marcharon;
no había ya ocupación para tantos.
… ¡Contemplad ahora el glorioso panal, y ved
cómo concuerdan honradez y comercio!

Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

Sevilla, 11/IV/2010

(1) García-Trevijano, Carmen (1994). El reverso de la utopía. Actualidad de «la fabula de las abejas» de Bernardo de Mandeville. Psicología Política, 9, 7-20.

NOTA: La imagen utilizada en este post fue recuperada el 10 de abril de 2010 de: http://www.infoagro.com/noticias/2008/5/1458_agricultura_abre_plazo_solicitar_ayudas_al_fomento.asp

25 de abril: en cada esquina, un amigo y en cada rostro, igualdad

Cuando llega el 25 de abril de cada año, no olvido estas palabras de Grândola, Vila Morena, cantada por Zeca (Jose) Afonso. Recuerdo como si fuese ayer la revolución de los claveles en Portugal. Es un día muy importante en mi agenda personal de asuntos importantes, que año tras año he explicado en este cuaderno especial. Necesito leer con atención reverencial esta reflexión junto a otro hecho importante en mi vida, porque también se celebra hoy la festividad de San Marcos, aunque siempre he preferido bajarlo de la peana y hablar de él como un joven atrevido en tiempos de cólera. Para mí, un excelente periodista, Marcos, que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”.

Abro unas páginas especiales de este cuaderno digital, cerca de Marcos y Jose Afonso, para compartir la lectura de palabras llenas de compromiso activo en mi alma:

Cada año vivo este día de forma especial. En primer lugar, porque celebramos el santo de nuestro hijo Marcos, no tanto por el olor de la santidad de su nombre sino porque su nombre programático, que ya he explicado otras veces en este cuaderno digital, me activa la memoria de hipocampo para recordar que poner el nombre no debe ser nunca una tarea inocente, sino un programa de vida que hay que cumplir. Marcos, un avezado “periodista” en tiempos de Jesús de Nazareth, hizo un trabajo encomiable: preparar las buenas noticias de un tal Jesús a pesar de hacer una maravillosa crónica de una muerte anunciada (lo que luego se llamó “evangelio”), de que el mundo podía cambiar, de que podemos ser diferentes, más siendo que teniendo: “Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares”. Marcos fue el intérprete directo y sincero de las historias que contaba Pedro sobre la amistad que tuvo con Jesús de Nazaret, y que le sobrecogió de tal forma que decidió grabarlas en su cerebro y transmitirlas boca a boca a toda aquella persona que quisiera escucharle, tal como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39).

En segundo lugar, porque tal día como hoy, hace ya cuarenta y cuatro años, aprendimos de la revolución de los claveles que era verdad, que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Y que las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones: “En 1974, tal día como hoy, 25 de abril, festividad de San Marcos, muchos portugueses pensaron en sus corazones que otro mundo era posible en su país y surgió la revolución de los claveles, con expresiones cantadas por Jose Afonso (Grândola, Vila Morena) de forma admirable:

 “en cada esquina, un amigo
en cada rostro, igualdad…”

No es una fecha inocente, como le ocurre siempre a las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el tu quiero y mi puedo que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. El pueblo es quien más ordena, Marcos, otra estrofa preciosa de la canción cantada por Zeca. Lo recuerdo hoy porque yo lo aprendí de Marcos, del siglo I, en Galilea y de Jose Afonso, del siglo XX, en su pequeño rincón de Grândola.

Así lo viví, vivo y viviré; así lo cuento.

Sevilla, 25/IV/2018

Día del Libro en Cataluña, una calle hermosa de encuentros

GARCIA LORCA1
Federico e Isabel Garcia Lorca (Granada, 1914)

Porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida.

Federico García Lorca (1931), Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros

Lo escribí en momentos difíciles para el Estado, para Cataluña, en el mes de octubre de 2017. Recordé en aquellos días el discurso dedicado a las floristas de La Rambla de Barcelona, que Federico García Lorca leyó en una cena en el hotel Majestic de esa ciudad, el 22 de diciembre de 1935. Lorca estaba en Barcelona porque se estaba representando allí su obra Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, junto a la compañía de Margarita Xirgú.

Hoy, festividad de Sant Jordi, vuelvo a leer a García Lorca cantando las excelencias de aquella tierra, de la que debemos aprender cómo celebran el Día Internacional del Libro, donde los libros y las rosas simbolizan una forma especial de expresar la cultura catalana de la palabra escrita.

Desde Andalucía, sueño de nuevo con el paralelismo de las palabras de Lorca, pero haciéndolas extensivas a Cataluña, porque en la quintaesencia de La Rambla (Las Ramblas) está una Comunidad a la que apreciamos mucho desde Andalucía y que no queremos que se separe del mosaico español. Todo es un símbolo, pero tomando en un día como hoy las palabras de Lorca, se me antoja necesario pensar en Cataluña como una calle rodeada de flores, que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros y antigua de sangre. ¡Qué mejor reconocimiento a una extraordinaria Comunidad, con palabras de un andaluz universal que supo cantar la quintaesencia de un pueblo al que tanto amamos!

Comparto hoy estas palabras como un transeúnte desconocido por las calles imaginarias y reales de Cataluña, para aprender de ellas cómo puede persistir el espíritu propio de una Comunidad, aunque ahora sea con una rosa de pena y palabras…, que aún nos quedan.

Salud.

Sevilla, 23/IV/2018, Día Internacional del Libro

ROSA Y LIBRO

A las floristas de La Rambla de Barcelona

Federico García Lorca

Señoras y señores:

Esta noche, mi hija más pequeña y querida, Rosita la soltera, señorita Rosita, doña Rosita, sobre el mármol y entre cipreses doña Rosa, ha querido trabajar para las simpáticas floristas de la Rambla, y soy yo quien tiene el honor de dedicar la fiesta a estas mujeres de risa franca y manos mojadas, donde tiembla de cuando en cuando el diminuto rubí causado por la espina.

La rosa mudable, encerrada en la melancolía del Carmen granadino, ha querido agitarse en su rama al borde del estanque para que la vean las flores de la calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona.

Como una balanza, la Rambla tiene su fiel y su equilibrio en el mercado de las flores donde la ciudad acude para cantar bautizos y bodas sobre ramos frescos de esperanza y donde acude agitando lágrimas y cintas en las coronas para sus muertos. Estos puestos de alegría entre los árboles ciudadanos son el regalo del ramblista y su recreo y aunque de noche aparezcan solos, casi como catafalcos de hierro, tienen un aire señor y delicado que parece decir al noctámbulo: «Levántate mañana para vernos, nosotros somos el día». Nadie que visite Barcelona puede olvidar esta calle que las flores convierten en insospechado invernadero, ni dejarse de sorprender por la locura mozartiana de estos pájaros, que, si bien se vengan a veces del transeúnte de modo un poquito incorrecto, dan en cambio a la Rambla un aire acribillado de plata y hacen caer sobre sus amigos una lluvia adormecedora de invisibles lentejuelas que colman nuestro corazón.

Se dice, y es verdad, que ningún barcelonés puede dormir tranquilo si no ha paseado por la Rambla por lo menos una vez, y a mí me ocurre otro tanto estos días que vivo en vuestra hermosísima ciudad.

Toda la esencia de la gran Barcelona, de la perenne, la insobornable, está en esta calle que tiene un ala gótica donde se oyen fuentes romanas y laúdes del quince y otra ala abigarrada, cruel, increíble, donde se oyen los acordeones de todos los marineros del mundo y hay un vuelo nocturno de labios pintados y carcajadas al amanecer.

Yo también tengo que pasar todos los días por esta calle para aprender de ella cómo puede persistir el espíritu propio de una ciudad.

Amigas floristas, [con] el cariño con que os saludo bajo los árboles, como transeúnte desconocido, os saludo esta noche aquí como poeta, y os ofrezco, con franco ademán andaluz, esta rosa de pena y palabras: es la granadina Rosita la soltera.

Salud.

NOTA: la imagen del libro y la rosa se ha recuperado hoy de: http://www.portalrosas.com/