Hijo de la Superluna

Dedicado, en el día que nos visita la Superluna, a Neil Armstrong, aquél americano que pisó por primera vez, de verdad, una luna de verano muy grande y que hizo posible creer en la innovación y en el progreso de la humanidad, en un año en que España tenía -en una gran parte de sus habitantes- helado el corazón. También, a todas las personas que cuidan al niño que llevamos dentro y que siempre fue, que sigue presente en nuestras vidas y en la de los demás, que observa la luna de cada día en cualquiera de sus estados, al niño o niña que nunca debemos olvidar para no dejar de respetarnos y ser personas dignas sin tener que esperar días y acontecimientos especiales.

Érase una vez una Superluna que quiso un día visitarnos después de muchos años (sesenta y ocho, exactamente) y hablar con todo el mundo, tan grande y poderosa ella… Siempre recuerdo una experiencia vital que tuve con ella en mi juventud, eso sí, en un momento muy especial, como si fuera un relato de realismo mágico inspirado en García Márquez. Verán por qué. El niño que siempre fui pertenece a la generación que escuchó a Jesús Hermida la narración de la llegada de Neil Armstrong a la luna. Era de noche y mi abuela desconfiaba de todo lo que estaba viendo: ¡Hermida es así de fantástico!, decía tan tranquila y más ancha que larga: ¡Peor para vosotros, que os lo creéis todo! Y todos nos deshacíamos en esfuerzos para entender aquello que nos superaba más que a mi abuela, a decir verdad, todavía en una película de blanco y negro que se conserva en mi hipocampo de todos y en el de secreto. España vivía un mes de julio muy caluroso desde el compromiso político. A lo más que aspirábamos a mi edad era a no estar en la luna y, sobre todo, a no pedirla, como se decía en mi casa si algo era desproporcionado.

Yo no estaba en la luna, porque al día siguiente me iba a atender a los familiares de enfermos muy pobres del Hospital de las Cinco Llagas, en Sevilla, para invitarlos a dormir y asearse, en una habitación limpia, de un piso que había alquilado la asociación a la que pertenecía, para entregarles dignidad como personas, a pesar de que fueran pobres de solemnidad, como se decía en aquella época. Estaba de vacaciones, y cogía un autobús desde Valencina de la Concepción a Sevilla, ida y vuelta, con una misión posible, muy terrenal por cierto.

Aquella noche de 20 de julio de 1969, la voz trémula y engolada de Hermida, muy americano él, nos hizo muy cercana la llegada del primer hombre a la Luna, algo que se nos escapaba a los que estábamos muy cerca de la Tierra, en su difícil día a día, luchando por cambiar un país, diseñado en aquel momento por el enemigo, que vivía aquello como el mundo del nunca jamás que solo pertenecía a Míster Marshall.

Y al cabo de los años, recordaba siempre aquella luna con una canción que Ana Torroja, del grupo Mecano, nos dejó para la posteridad, haciéndonos comprender que la Luna, a pesar de la visita de Amstrong, estaba sola, “quería ser madre”, y no respondía, muy celosa ella, cuando se le preguntaba, de forma más desafiante que el astronauta lo pudo hacer, aquello de:

Luna quieres ser madre
y no encuentras querer
que te haga mujer.
dime, luna de plata,
qué pretendes hacer
con un niño de piel.

La luna lo tenía muy claro. Un día no muy lejano, ese niño estaría muy cerca de ella porque nadie entendió el conjuro de una gitana, desafiante ella, ya estuviera en fase menguante o llena, o detectara unas atrevidas huellas humanas de un tal Armstrong en su suelo o de un tal Trump, precisamente hoy, merodeando la Casa Blanca:

Y en las noches
que haya luna llena
será porque el niño
esté de buenas.
Y si el niño llora
menguará la luna
para hacerle una cuna.

Hoy he vuelto a leer este cuento escrito hace ya unos años para mi persona de secreto y esta noche voy a buscar la luna grande, la Superluna, para decirle a solas que el niño que siempre fui, de piel, no se cree lo que está viendo y pasando en este mundo al revés. Aprendí de Saramago eso, que había que dejarse llevar siempre por el niño que fuimos y le leeré este cuento en voz baja, porque estoy de buenas como el niño de Mecano. También, porque ante tanto desconcierto vital sé que es capaz de menguar para hacer una cuna al niño que todos llevamos dentro y porque no vuelve a visitarnos hasta el 25 de noviembre de 2034. La verdad es que no podemos esperar tanto para volver a hablar con ella, para consolarnos mutuamente, porque también sufre y no encuentra querer que la haga mujer, a pesar de estar hoy… tan bella.

Así fue y así lo he contado.

Sevilla, 14/XI/2016

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de http://svs.gsfc.nasa.gov/4404

He buscado la Luna Grande, la Superluna

 

superluna

Superluna / JA COBEÑA

Y en las noches
que haya luna llena
será porque el niño
esté de buenas.
Y si el niño llora
menguará la luna
para hacerle una cuna.

Mecano, Hijo de la luna

He cumplido el compromiso contraído esta mañana cuando publiqué el post Hijo de la Superluna y la he buscado, llegada la noche, para decirle que el niño que siempre fui, de piel, no se cree lo que estoy viendo y lo que está pasando en el mundo en el que vivo, que no me gusta. Y le he contado el cuento que escribí un día y que leí esta mañana, esperando todavía su respuesta, que ya la conozco y me reconforta: «Hoy he vuelto a leer este cuento escrito hace ya unos años para mi persona de secreto y esta noche voy a buscar la luna grande, la Superluna, para decirle a solas que el niño que siempre fui, de piel, no se cree lo que está viendo y pasando en este mundo al revés. Aprendí de Saramago eso, que había que dejarse llevar siempre por el niño que fuimos y le leeré este cuento en voz baja, porque estoy «de buenas» como el niño de Mecano. También, porque ante tanto desconcierto vital sé «que es capaz de menguar» para hacer una cuna al niño que todos llevamos dentro y porque no vuelve a visitarnos hasta el 25 de noviembre de 2034. La verdad es que no podemos esperar tanto para volver a hablar con ella, para consolarnos mutuamente, porque también sufre y no encuentra «querer que la haga mujer», a pesar de estar hoy… tan bella».

Así la he visto y así lo cuento, con el regalo de su imagen tal y como era a las 20:56 horas.

Sevilla, 14/XI/2016

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 3. Transparencia, ese claro objeto de deseo

La política digital transparente es aquella que transmite las acciones de gobierno de forma “clara, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”, tal y como define la Real Academia Española la cualidad de transparente, es decir, la transparencia. Es verdad, porque el marco en el que se tiene que desenvolver la política digital de los Gobiernos progresistas que la desarrollen, es el de la transparencia que se comprende en sí misma, que algunos viven (sin hacer esta política) como un castigo divino, cuando debía ser la quintaesencia de esta acción política que ahora nos ocupa en esta serie. No solo es el resultado final de un camino legal, que también lo es, sino una actitud política de gobernanza que ampara los datos públicos masivos que posee en sus servidores gracias a la interrelación con la ciudadanía, a quien sirve y de la que se retroalimenta. La transparencia no es solo el objeto de una ley o un portal específico, sino una actitud pública mantenida en el tiempo, para que la accesibilidad a los datos digitales sea una constante en alta disponibilidad, gracias a una clara y rotunda política digital de carácter sustantivo, con visión de Estado y con una proyección hacia el Estado de las Autonomías, cruzada permanentemente por una transversalidad digital de amplio espectro que solo se consigue con políticas y estrategias digitales progresistas, avanzadas, que trabajan siempre en clave de interoperabilidad integral, sin fronteras atómicas que lo impidan.

Entiéndase esta última expresión como la infraestructura digital instalada en la actualidad a lo largo y ancho del país, que no implantada, por las diferentes Administraciones, con idénticas finalidades, pero que forman una torre de babel digital de imposible interrelación y acceso. No solo es un claro derroche de dinero público, sino algo mucho peor. Se dilapida cada segundo la interrelación e interoperabilidad de datos masivos compartidos y transparentes que podrían suponer una información y servicios a la ciudadanía de un valor incalculable y solo porque no se toman medidas de política digital compartida, sustantiva, desde la perspectiva legal. Es lo que permitiría llevar a cabo la evaluación de las políticas públicas por parte de la ciudadanía, entendida como la capacidad que tiene y se le transfiere mediante empoderamiento digital para emitir juicios bien informados. Así aprendí de Carol Weiss (1) la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas cuando tienen un marco de transparencia esencial que se encuentra en los datos públicos masivos que obran en su poder, llamado «servidores oficiales».

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Fundación Civio

La transparencia está íntimamente unida al empoderamiento digital, entendido como “capacidad que tienen los Gobiernos y las Administraciones Públicas para transferir conocimiento y poder digital a la ciudadanía, a sus empleados públicos y a las empresas del sector TIC” a través del tratamiento adecuado y transparente de los datos públicos masivos. Lo comentaba recientemente en este cuaderno digital: sueño con el día en que se declare una estrategia digital de Estado y se nombre un alto cargo del rango que decidió el gobierno de Obama en 2008, tanto a nivel de Estado como en su proyección de las Comunidades Autónomas, que permita conformar un Consejo Interterritorial Digital que ejecute la estrategia digital, con visión política y respaldo necesario para la toma de decisiones en este ámbito de urgencia vital en nuestro país, como ya he expuesto en otras ocasiones. Es lo que posibilita realmente la transparencia, que no es un asunto estrictamente digital, pero que está indisolublemente unido a ella porque la necesita en su excelente estado del arte actual, a través de las TIC y sus instrumentos estrella como la telefonía inteligente y medios de comunicación integral como las actuales redes sociales, sin ir más lejos.

La política digital en relación con la transparencia es un asunto de Estado, no una cuestión baladí protagonizada solo por los amantes de las tecnologías de la información y comunicación. Tampoco, por los que se ajustan, porque no queda más remedio, a cumplir con la Ley 19/2013, de transparencia, acceso a la información pública y del buen gobierno, o las ya publicadas al respecto en diferentes Comunidades Autónomas, sin disponer de las infraestructuras digitales necesarias para garantizarla hasta sus últimas consecuencias. Además, cuando sustenta las políticas sociales por excelencia, educación, salud, dependencia, entre otras, se troca en un asunto que nos pertenece a todos, sin excepción y sin fronteras atómicas. Por ello, el marco de la política digital de transparencia no es un asunto tecnológico sino constitucional, como declarativo de derechos y deberes fundamentales que se digitalizan y se deben dar a conocer y tratar como información básica y especializada, a desarrollar y publicar por la Administración en formatos adecuados, interoperables y abiertos, que siempre depende del Gobierno correspondiente. En cualquier caso, nunca es inocente en su planteamiento tecnológico, que debe ser dirigido siempre por la política digital definida por el citado Gobierno.  Esa es su gran fortaleza en el argumentario que mantengo en este blog: elevar la política digital a asunto de Estado, máxime cuando tiene que atender a realidades tan inexorables como la salud y la enfermedad o los servicios sociales, para que se puedan compartir hasta la saciedad los datos públicos masivos que generan. O el emprendimiento en la reutilización de los datos públicos masivos que pone a disposición de la ciudadanía el Gobierno digital correspondiente, empoderando a la ciudadanía para que los conozca y trate, aunque hoy todavía lo sigamos viviendo, desgraciadamente, como un horizonte lejano, a pesar de las leyes existentes.

Un ejemplo de transparencia que tiene el sustento de los datos públicos masivos, vale más que mil palabras. Sé que el Presupuesto del Estado y de las Comunidades Autónomas maneja términos diseñados a veces por el enemigo, pero conozco casos muy emblemáticos y didácticos para comprenderlo. Pongo el ejemplo del trabajo que realiza actualmente en España la Fundación Civio con algunas Comunidades Autónomas que se están situando cada vez más en clave de Gobiernos abiertos y transparentes, a través de la herramienta basada en la aplicación de los Presupuestos Abiertos de Aragón que Aragón Open Data ha abierto al uso público y que recomiendo analizar con detalle respecto de Andalucía, por ejemplo, donde se muestra y demuestra con creces que cuando hay voluntad política de difundir un Presupuesto es posible hacerlo. Se analiza la distribución del presupuesto regional en España durante los años 2006 al 2015, pudiéndose observar tanto el gasto presupuestado total, como el presupuesto por habitante. Se pueden ver las cantidades por área funcional, como por ejemplo Sanidad, referidas a cada región o a todo el territorio nacional. Conozco a David Cabo, trabajador incansable a favor del conocimiento accesible y libre, Patrono Fundador y Director de la Fundación, porque en su momento trabajé con mucha ilusión por incorporar esta herramienta en Andalucía, solución que finalmente no se llevó a cabo, con gran decepción por mi parte.

Creo que se comprende bien por qué la transparencia basada en los datos públicos masivos correctamente utilizados, se convierte en un claro objeto de deseo que se puede alcanzar si se implantara en este país una política digital con visión de Estado y con una proyección democrática y de coparticipación en el ecosistema público digital de las Comunidades Autónomas.

Sevilla, 11/XI/2016

(1) Weiss, C.H. (1998). Evaluation. Methods for studying programs and policies. New Jersey: Prentice Hall.

De nuevo, obligatoriamente obligados…

 

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Hoy hace exactamente ocho años que escribí el post que figura a continuación en el que ensalzaba la figura de Obama, recién proclamado Presidente de los Estados Unidos. Lo he vuelto a leer para recobrar fuerzas tras conocer hoy que Donald Trump lo releva en la Presidencia, con una hoja de ruta para su país y para el mundo en general, muy preocupante en el fondo y forma de su ideología, de sus palabras, de su hilo conductor en la vida personal, profesional y política. 

Vuelvo a pensar que «es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo», vivirlo, sufrirlo, pasearlo y «morirlo», si se pudiera expresar así.

Mientras, por si nos sirve para seguir creyendo que otro mundo es posible, vuelvo al Club de las Personas Dignas, al que pertenezco junto a millones de personas sensatas, para compartir estos sentimientos y para buscar apoyo moral para seguir luchando en defensa de valores que me/nos permitan no confundir, nunca, valor y precio de la libertad, de la democracia auténtica. Aunque sé que para Trump son, desgraciadamente, pura mercancía.

Sevilla, 9/XI/2016

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Obligatoriamente obligados

El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo


Barack Obama

Estoy asistiendo al mayor espectáculo del mundo, desde la vertiente económica y financiera, del que no me quiero sentir ajeno y es verdad que he vuelto a recordar una canción protesta de un poeta andaluz de antes, Rafael Ballesteros, que está alojada en mi memoria de largo plazo y que vuelve a recuperar todo su esplendor.

Es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo, vivirlo, sufrirlo, pasearlo, morirlo, si se pudiera expresar así.

Aún así, esta semana se ha producido un hecho incontestable: muchas personas nos hemos adueñado (¡con perdón!) del personaje Barack Hussein Obama, por unos segundos, por un día, sin aspirar siquiera a ser reyes y reinas de nuestros pequeños mundos, porque intuíamos que algo podía cambiar, aunque no fuera el mundo grande, en cualquiera de sus versiones: primer, segundo, tercer…, habitado por seres humanos que adoran su particular mundo de secreto: el de cada una, el de cada uno:

“Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos” (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Pero es que sabemos poco de él (del mundo…). Como decía Rafael Ballesteros,

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

Y sin embargo, estamos aquí, Obama, obligatoriamente obligados a entenderlo…, obligatoriamente obligados a poder.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Sí podemos

Sevilla, 9/XI/2008

 

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 2. ¿Digitalizar el desorden?

Seguimos avanzando en esta serie. Creo que he declarado públicamente mi opción por aplicar inteligencia pública digital en todas y cada una de las acepciones contempladas en el post anterior, con un denominador común: la inteligencia humana, amplificada por la red neuronal pública, es un recurso imprescindible para predecir cómo se deben abordar problemas que afectan todos los días a la ciudadanía, a quien sirve la Administración en disponibilidad total, 24x7x365, con la ayuda de las TIC. Lógicamente, para dar respuestas en fracciones de segundo, en consultas de atención primaria, por ejemplo, como nos muestra un proyecto tan interesante como Savana, que sigo de cerca desde 2014. ¡Cuánto podría aportar la historia de salud digital en Andalucía, Diraya, a este proyecto!

He trabajado muchos años en la Administración y he sido testigo directo de cómo se puede digitalizar el desorden si los objetivos de la misma no se han definido previamente con carácter estratégico, confundiéndose permanentemente inversión digital con gasto público digital multimillonario que hasta permite ganar premios nacionales e internacionales, pero sin resultado práctico alguno, sin inteligencia digital aplicada. En estos momentos, se echa la culpa de todo a los recortes sin dedicar tiempo, espacio y dinero público a aplicar el análisis de big data de gasto público digital, que se puede hacer en muy poco tiempo, para constatar que con la aplicación inteligente, predictiva y estratégica de los análisis obtenidos, se puede deducir que hay que actuar con urgencia o, más aún, con un plan de emergencia digital, para que no se siga gastando dinero público en infraestructuras digitales y programas informáticos, digámoslo claramente, hardware y software al servicio teórico de la Administración, que no de la ciudadanía, que crece como esporas en chiringuitos digitales, sin mezcla de resultado alguno desde la perspectiva de interés general y solo para los exquisitos digitales que los controlan.

En la Administración no se debe digitalizar nada que no esté previamente ordenado, es decir, la ciudadanía, a quien sirve, debe tener garantizada la aplicabilidad digital de lo que se gasta en presupuestos digitales de amplio espectro. Y esto solo se consigue con estrategias públicas digitales, enmarcadas en políticas digitales, que declaran mediante disposiciones legales el alcance de lo planificado al servicio de la ciudadanía, de su empoderamiento digital, que también debe existir. Hoy, el tratamiento de big data de carácter público, permite analizar con urgencia qué está pasando en el seno de la Administración, con visión de Estado. Las tecnologías traspasan el ámbito del Estado de las Autonomías, con carácter transversal y esto hay que tenerlo en cuenta si no queremos seguir digitalizando el desorden, en ámbitos tan cruciales como empleo, educación, salud o servicios sociales. La inteligencia pública digital es poderosa y todo no es cuestión de dinero, como nos recordaba machaconamente aquél asesor de Clinton en la campaña de 1992, tan actual hoy: ¡the economy, stupid!

Apliquemos inteligencia pública digital a estos datos públicos que enuncio y veremos cómo es posible dar un giro copernicano a la política digital de nuestro país, en beneficio de todos. Objetivo: no seguir digitalizando el desorden, porque la inteligencia pública digital que existe ya en la Administración, tratada en clave de big data, puede ofrecer información predictiva a los propios profesionales y funcionarios, para ofrecer las mejores respuestas a la ciudadanía. Ordenadas digitalmente, en el amplio sentido de estas palabras.

Sevilla, 8/XI/2016

 

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 1. Necesidad urgente de Política Digital

big-data

Vuelvo una vez más de mi corazón a mis asuntos. Inicio hoy una serie dedicada a los big data de carácter público (datos públicos masivos), por ser el marco natural profesional en el que me he desenvuelto siempre y porque estoy convencido que es un yacimiento de inteligencia pública digital que se debe poner siempre al servicio de la ciudadanía, que es de donde se recopila la información depositada en la Administración de forma natural. En este cuaderno digital he escrito muchas veces sobre inteligencia pública digital y se puede rastrear esta información a través del buscador que contiene. Ahora, solo quiero recordar el hilo conductor de los artículos referidos, entendiendo este constructo mediante una metodología en la que llevo trabajando varios años: la deconstrucción de las acepciones tradicionales de Inteligencia, acompañada de dos adjetivos: Pública y Digital con mayúscula, porque nos referimos exclusivamente a la Inteligencia de las personas que trabajan en la Administración Pública que utiliza las Tecnologías de la Información y Comunicación para ejercer sus competencias garantizando el acceso de los ciudadanos a los servicios públicos.

La definición de “big data” que utilizan Viktor Mayer-Schönberger y Kennet Cukier en su libro “Big data. La revolución de los datos masivos”, me parece un punto de partida muy interesante para enmarcar estos apuntes digitales: “capacidad de la sociedad de aprovechar la información de formas novedosas, para obtener percepciones útiles o bienes y servicios de valor significativo”. Fíjense que si agregamos el adjetivo “público” a esta definición, llegamos a una conclusión muy parecida a la que he venido desarrollando como inteligencia pública digital a lo largo de los últimos diez años: capacidad de la ciudadanía de aprovechar la información de formas novedosas, para obtener percepciones útiles o bienes y servicios públicos de valor significativo, a través del Gobierno correspondiente y de la Inteligencia de las personas que trabajan en la Administración Pública que utilizan las Tecnologías de la Información y Comunicación para ejercer sus competencias garantizando el acceso de los ciudadanos a los citados bienes y servicios públicos.

De esta forma, se comprende bien el constructo inteligencia pública digital que sustenta los datos masivos de carácter público, como base de la política de interés público digital, a través del gobierno digital correspondiente, en ámbitos tan importantes como la educación, salud y servicios sociales, entre otros, con las acepciones siguientes:

  1. La ciudadanía es capaz de adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan en la relación con el Gobierno y la Administración digital, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida [la habilidad] de haberse hecho muy capaz de ella [por la voluntad del Gobierno correspondiente], en el marco de lo propugnado por el Artículo 103 de la Constitución al referirse de forma muy breve a la Administración.
  2. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba mediante disposiciones, el desarrollo de la capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación (Big Data).
  3. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba que la inteligencia pública digital permite a la ciudadanía, a la que sirve, adquirir conocimiento por empoderamiento, como capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para el contexto comunitario o cultural en el que viva, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación (Big Data).
  4. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe saber discernir que la inteligencia digital es un factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás (Big Data), a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
  5. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe desarrollar la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica del doble uso, con una vigilancia adecuada por parte de la Administración Pública (a través de Big Data).

Creo que como punto de partida es un planteamiento ideológico muy correcto, pero el problema estriba en que es imprescindible que se aborde en el marco de una política digital de Estado desde el punto de vista legislativo, porque al final tiene que estar ordenada y no solo organizada (de ahí la diferencia). La política digital de los datos masivos de carácter público (big data public), tiene que tener carácter sustantivo y no solo de conglomerado de peculiaridades de las Comunidades Autónomas, como si la política digital fuese una carrera de relevos 4×400. Estamos hablando de derechos y deberes digitales, no solo de mercancías centradas en bienes y productos digitales de libre adquisición por la ciudadanía.

Las políticas digitales de big data de carácter público, necesitan esta cobertura estatal, de gobernanza desde el Estado, con una visión de estrategia pública digital de amplio espectro. No todo debe quedar en el cumplimiento de la Agenda Digital europea, aunque figure en el nomenclátor de un Ministerio compartido con realidades tan heterogéneas como energía y turismo, como lo hemos conocido sobre el papel del BOE el viernes pasado. O el desarrollo de esta Agenda solo para exquisitos digitales que solo serán los que al final tendrán acceso a todos los beneficios que contempla. Tiene que ser una decisión de Estado, planificada y legislada, para que el principio de equidad digital no se rompa nunca.

Como decía en la Introducción de mi libro Gobierno electrónico, abierto, en Andalucía, sigo haciendo una defensa a ultranza de la capacidad del recurso no agotado en este país, la inteligencia: “[…] porque el cerebro no acepta la destrucción de la inteligencia, de la razón, dado que es su componente esencial, […]. Si la inteligencia es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, es cierto que necesita ideología centrada en la inteligencia social, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo por la temida crisis y cómo se reacciona ante ella. Asimismo, expresan estas páginas la necesidad de frecuentar el futuro, utilizando el tesoro más extendido en el mundo, la inteligencia personal e intransferible, tal y como lo he manifestado en mi cuaderno de bitácora desde 2005: “He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [la inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”.

Por último, recuerdo una aclaración sustantiva para comprender bien qué significa la Política Digital, como acción estratégica, planificada, programada y financiada por el Gobierno correspondiente y no solo como responsabilidad de la Administración: no hay que confundir Gobierno Digital con Administración Digital, porque el antecedente es el Gobierno no la Administración, que siempre es consecuencia de quien tiene la responsabilidad de administrarla. Gobierno Digital es la continua optimización en la prestación de servicios públicos, acceso a la información pública (Big Data) y participación ciudadana mediante la transformación interna y externa de las relaciones institucionales, personales y sociales, con base en el uso de las TIC, como actitud política sostenida en el tiempo y en programas políticos llevados a cabo por la Administración Pública Digital. La Administración Digital utiliza las Tecnologías de la Información y Comunicación como soporte del Gobierno Digital, como componentes del mismo. Es decir, no existe Administración Digital sin Gobierno Digital, no se deben alterar los términos, porque se da el caso de Administraciones que tienen magníficas infraestructuras digitales sin Gobierno Digital alguno o muy desdibujado. No hablemos si esto ocurre con los datos públicos masivos, porque el problema no son las infraestructuras o programas digitales de la Administración, sino de la estrategia digital que figure en la Política Digital del Gobierno correspondiente. Esa es la cuestión.

Sevilla, 5/XI/2016

(1) Mayer-Schönberger, Viktor y Cukier, Kenneth (2015, 2ª ed.). Big data. La revolución de los datos masivos. Madrid: Turner Publicaciones.

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de: http://www.ingenieur.de/Branchen/IT-Telekommunikation/Anwendungen-Mangelware

Continuidad, nada cambia

Acabamos de conocer la composición del nuevo Gobierno y todo es continuidad, nada cambia, aunque todo está cambiando en nuestras vidas y hay muy pocas zonas seguras en el microcosmos que nos rodea. La cantora Mercedes Sosa (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral), lo grababa en la razón y en el corazón, en etapas que han quedado registradas en la memoria situada en una región profunda de mi cerebro, el hipocampo, mediante su compromiso activo a través de la música:

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos.

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

En estos días, especialmente duros en la vertiente política, económica y laboral, estamos tomando conciencia de que sufrimos el síndrome de la inadaptación permanente ante una situación de la que hemos perdido el control, tomándolo otros que ni siquiera conocemos a veces y que están perfectamente identificados, habiéndonos quedado con su cara, que es la de siempre, la que refleja de forma dura una seria advertencia: no es bueno tanto cambio y esto no puede continuar así, arriesgando tanto dinero de unos pocos en un mundo de muchos, que además es muy manirroto:

Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Les cuento ahora la verdad, la intrahistoria de estas palabras. He mantenido un texto escrito en 2011 sobre el Club de las Personas Dignas. He considerado que hoy es bueno que hablemos de esto en el Club, por higiene mental, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación de inmovilismo reaccionario nos hace daño, pero compartiremos la realidad cambiante, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los tristes y los tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. Y se frotarán las manos en el  nuevo Gobierno, en su presunto triunfo anímico, porque piensan que estábamos advertidos. Me alegra pensar que así no será…, porque el cambio no es ya algo extraño en nuestras vidas:

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Sevilla, 3/XI/2016

He andado muchos caminos…

facultad-de-trabajo-social

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

Antonio Machado, en Soledades (1903)

La semana pasada me invitaron a participar en un acto académico en la Universidad de Huelva, presidido por el Rector y la Decana de la Facultad de Trabajo Social. El motivo era la celebración del 50 aniversario de la creación de la Escuela de Asistentes Sociales, en Huelva, donde se inició la andadura que finalizaría en este siglo con la creación de la Facultad de Trabajo Social, en la que estudian ya en este Curso más de quinientos alumnos. Fue una experiencia cargada de sentimiento que, como diría Alberti, se escuchó mucho más fuerte que el viento, porque un acto académico de este nivel si no tiene sentimiento es eso, solo un acto. Compartí la mesa de ponentes con personas que han ejercido la dirección desde 1978, cuando era Escuela de Trabajo Social y hasta hoy, como Facultad.

Adjunto a continuación las palabras que pronuncié, recordando los cinco años que dirigí aquella querida Escuela, recién llegado de Roma, donde además ejercí la docencia, cuestión que era incuestionable para mi al tiempo de ser director de la misma.

Sevilla, 3/XI/2016

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He andado muchos caminos

FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL – 50 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA PRIMERA ESCUELA DE ASISTENTES SOCIALES DE HUELVA

Autoridades académicas, claustro de profesores de la Facultad, entre los que hoy figuran alumnos de mi etapa como Director y profesor; profesoras, profesores, alumnas y alumnos de ayer y de hoy:

Empezar esta intervención conmemorativa de cincuenta años de vida de unos estudios que han andado muchos caminos sociales y han abierto también muchas veredas, “es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial”. Así lo expresaba Ítalo Calvino en una obra preciosa, El arte de empezar y el arte de acabar, que se publicó después de fallecer días antes de pronunciar unas conferencias en Harvard, en 1985, sobre seis propuestas para el próximo milenio. La Escuela de Asistentes Sociales nació en diciembre de 1966 en esta ciudad y ahora me invitan a participar en este acto conmemorativo por el hecho de haber sido Director de la misma de 1978 a 1983, en el milenio anterior, una etapa fascinante para mi persona de todos y, sobre todo, la de secreto.

Hay una palabra en el Diccionario de la Lengua Española, agradecimiento, que traduce bien lo que quiero expresar con palabras en este día especial. Sobre todo, aprecio la definición que recoge el Diccionario de Autoridades (RAE A 1726, 120,2), que se ha comprendido socialmente de forma especial a lo largo de los siglos: agradecimiento es “El arte de reconocer, estimar y satisfacer el beneficio recibido”. Primero, por haber sido invitado por la Decana de esta Facultad a participar en una efeméride que para mí no es inocente, como casi todo lo que pasa en la vida. Después, porque esta Facultad tiene una intrahistoria muy querida para mí en años concretos, de los que quiero hablar brevemente. Llegué a la Escuela de Asistentes Sociales en 1977, como profesor, atento a lo que estaba sucediendo en ella, en una crisis institucional de la misma que se fraguó en el primer trimestre de 1978, con una fecha que no he olvidado nunca, el 6 de marzo de ese año, porque ese día se atisbó una solución institucional que desembocaría después en el nacimiento de la Fundación de la que hablaré más adelante. En la Cantata de Santa María de Iquique, declamada excelentemente por el grupo chileno Quilapayún en años de dolor para su país de origen, figura una idea de la que aprendimos algo importante: “con el amor y el sufrimiento se fueron aunando las voluntades”. La he recordado siempre porque es verdad que, en esos días, vivimos y compartimos una crisis total para su propia supervivencia, en momentos trascendentales de reivindicación de profesores y alumnos para que Huelva no perdiera un Centro educativo necesario, una ciudad que debía dar base sólida de educación y conocimiento a su presente y futuro más inmediato, que le permitiera ser más próspera y libre. Esta toma de conciencia por parte de profesores y alumnos de aquella época, así como encierro, lucha en la calle y presencia en los medios de comunicación, permitió que se fraguara un proyecto del que me nombraron por unanimidad director, que permitía consolidar una figura jurídica que sustentara la Escuela bajo la denominación de Fundación “Escuela de Trabajo Social de Huelva” y que desde mayo de 1980 comenzó su andadura hacia el mundo universitario en el que nos encontramos hoy. Personalmente viví momentos trascendentales de la Escuela durante ese tiempo fascinante, como director y profesor durante cinco años y hasta 1983, en los que todavía recuerdo cómo pudimos consolidar con la Escuela un proyecto de centro educativo de referencia, elaborando un plan de estudios sólido, dignificando los salarios del profesorado, restaurando el edificio de la calle Miguel de Unamuno, con obras de mejora donde ganamos espacio para tener mejores aulas, biblioteca, salón de actos, iluminación adecuada, espacios administrativos, etc.

En los cinco años de dirección, reconozco que casi tuvimos que empezar de cero en todas las áreas de actuación de la Escuela. Ganamos credibilidad en la ciudad de Huelva al estar presentes en muchas actividades culturales y sociales, creando un tejido de opinión favorable a su consolidación y a su futuro universitario. Recuerdo con emoción la elaboración cooperativa de los estatutos de la escuela, donde había una alta participación del alumnado en terrenos tan delicados como la valoración de continuidad del profesorado en el curso siguiente: un alumno, un voto, cuestión que me granjeó más de una enemistad. También, los primeros libros que llegaron a la Biblioteca, a través de donaciones que fuimos recibiendo de entidades oficiales y empresas, con ilusión y agradecimiento sentido. O la celebración anual de la semana de cine social, en la que participaban también los ciudadanos de Huelva, con hilos conductores de alto calado social. Es inolvidable la visita que recibimos del actor Paco Rabal, con motivo de la proyección de una película muy querida para él, El Ché Guevara, que me permitió hacerle una entrevista muy reveladora de su ideología no inocente. Aleccionadora también y simbólica para ciudadanos, profesores y alumnos.

Quiero acabar como empecé, con la idea de decirles algo especial. Como aprendí de Antonio Machado, les puedo asegurar que He andado muchos caminos, / que he abierto muchas veredas; / que he navegado en cien mares, y que he atracado en cien riberas. Es verdad, pero de todos ellos, la etapa en la dirección de la Escuela de Trabajo Social de Huelva me permitió un día atracar en su ribera, tan particular, para vivir una experiencia inolvidable que hoy solo puedo recordar envuelta en la palabra especial que les comentaba al principio, agradecimiento. ¿Saben por qué? Porque reconozco, estimo y siento satisfacción por el beneficio recibido y que devuelvo hoy a Huelva, a las instituciones sociales, profesores y alumnos que me acompañaron en aquella aventura apasionante, a ustedes también, a través de este acto, de estas palabras.

Mi enhorabuena hoy a todas las personas e instituciones que desde entonces y hasta hoy han hecho posible este sueño anhelado: que un día Huelva pudiera tener una Facultad como ésta, por haber podido llegar hasta aquí y con un presente y futuro muy prometedor para una provincia descubridora que estará siempre por descubrir.

 

Huelva, 26 de octubre de 2016

 

 

¡Pasen y vean!

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Me gustaría escribir todos los días sobre el hilo conductor de este blog, la inteligencia digital. Pero están sucediendo acontecimientos en este país desde hace diez meses, de una importancia transcendental, que me llevan a reflexionar casi a diario sobre lo que nos ocupa políticamente en su sentido más profundo y como ciudadano pre-ocupado [sic] por la realidad social que se dirige desde el Gobierno correspondiente. He escrito en muchas ocasiones en este blog sobre las políticas públicas y sobre cómo se tendría que llevar a cabo la Política Digital, por ejemplo y entre otras de marcado interés general. Pero lo que está sucediendo en estos meses me sobrecoge porque la ética política que respalda la ideología, que nunca es inocente, es imprescindible en cualquier acción de Gobierno y ahora brilla por su ausencia con todo lo que ha ocurrido y que no debe pasar de forma desapercibida. Esta es mi razón principal para escribir ahora sobre «la cosa política» (res política), que es pública por cierto y que nos afecta a todos en el aquí y ahora de cada uno.

Estos días de investidura estoy recordando mi infancia en Madrid, cuando asistía los jueves por la tarde al circo estable Price para ver los espectáculos semanales que dirigían la familia Carcellé. Lo que está sucediendo estos días en el Congreso de los Diputados, dicho con todos los respetos, se asemeja ahora al mayor espectáculo del mundo, porque los números que estamos contemplando sabemos que solo son una representación bajo la sombra de una investidura anunciada, donde los discursos, réplicas, contrarréplicas, votaciones, mayorías absolutas y relativas están perfectamente recogidos en el guion político que todos conocemos de antemano. Es igual que lo que recuerda mi memoria de hipocampo de aquél circo de la niñez rediviva, donde comenzaba el espectáculo con la frase clásica del director de pista, ¡pasen y vean!, en el que los artistas de cada sesión, uno tras otro, desfilaban con trajes de lentejuelas y colores muy vivos, coronados por los payasos de mi época, Emy, Goty y Cañamón, entre aplausos enfervorizados. Sobre todo, cuando actuaban después los trapecistas con el triple salto mortal sin red. Tengo que decir al respecto, que cualquier parecido de este ejemplo con la realidad de hoy, no es ya pura coincidencia…

Efectivamente, en el Congreso y a la voz de ¡pasen y vean!, asistimos estos días a un espectáculo que aporta muy poco por manoseado y mal tratado en sede democrática. Primero, porque por enésima vez escuchamos discursos tras discursos del candidato y de los líderes y portavoces de los diferentes partidos que ocupan escaño en el Congreso, que al final siempre han dicho lo mismo en estos diez meses, para acabar ayer en una primera votación que ya se sabía que iba a ser igual que la anterior, es decir, vence el no matemático y vergonzante para algunos, de cuyo nombre no quiero expresamente acordarme. Aunque dentro de 48 horas esos «algunos» diputados cambien el sentido del voto en aras de la gobernabilidad de España. Sin comentarios. Segundo, porque se volverá a votar mañana sábado, eso sí con puntualidad suiza, para que se produzca un hecho, lamentable desde la ética política más heterodoxa, en el que se sabe de antemano que, con la abstención del PSOE, se podrá investir a Rajoy como Presidente del Gobierno de España. Está claro: NO es SÍ.

¡Pasen y vean! He recordado también que una vez se presentó en el Price el espectáculo de las motos voladoras. El director de pista, con voz engolada, anunció el número más difícil todavía, con una frase memorable, porque unos artistas portugueses tenían que subir y bajar en vertical por un majestuoso cilindro metálico a gran velocidad, obviamente sin caerse: “en el ejercicio que van a ver ahora, la palabra «miedo» ha sido sustituida por intrepideeez…”, con una «e» prolongada hasta el infinito que sobrecogía a nuestras almas pequeñas. Es verdad, ahora en el Congreso, la palabra NO ha sido sustituida por abstención, a secas, sin «o» prolongada… Más difícil todavía, desafiando al miedo y sin condición alguna. ¡Qué intrepidez!, comprendida tal y como define la Real Academia Española esta palabra en su segunda acepción, es decir, ¡qué osadía y falta de reflexión!, porque la primera, arrojo, valor de los peligros, ya lo han «demostrado» hasta la saciedad. Desgraciadamente.

Sevilla, 28/X/2016

Cuando el No es SÍ

Consummatum est. Sí, ya está, no hay que pensarlo más, no le demos más vueltas, da igual que exista o no un relato convincente. Se ha decidido ya en la sede del PSOE y el Comité Federal ha votado “Abstención”, con estética incluida, más que ética… socialista. Y con el voto masivo y favorable a la abstención, de los miembros del Comité que representan a Andalucía.

Lo siento, de verdad. No soy militante socialista, pero me considero cerca de los que menos tienen en el terreno del paro lacerante que existe en este aquí y ahora del país, así como de los que sufren todos los días el asalto a derechos y deberes ciudadanos en el estado del bienestar. También, de los que tienen ideología como suelo firme de su existencia, es decir, de su ética personal y colectiva. Siento que no se haya entendido lo que intentaron explicar las urnas, en las que estaba también mi voto: los partidos tenían que unirse para ofrecer un gobierno compartido por diversas siglas, pero no en una sopa de letras, sino con una base ideológica común. Lo que ha ocurrido en Ferraz, es todo lo contrario.

Recientemente, lo he escrito: ¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?. Lo publico de nuevo, porque mantengo todas y cada una de sus palabras. Para quien lo quiera comprender en su persona de todos y en la de secreto, como me ocurre en este momento. Hoy completaría la referencia a Groucho Marx, recordando también una frase suya que explicaría bien esta decisión histórica del Comité Federal: «Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros». Lo han demostrado.

Sevilla, 23/X/2016

¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?

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Una vez más recuerdo a Groucho Marx (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?), cuando pienso en una palabra vergonzante en este país, abstención, que no amor, para un partido concreto de la llamada izquierda, de cuyo nombre ahora no quiero acordarme. Es clamorosa la situación que se ha creado en torno a esta palabra, de las que se buscan en estos días y desesperadamente sinónimos y antónimos, para no pronunciarla más en foros que comprometan la credibilidad de unas siglas muy concretas. Incluso se está elucubrando sobre la utilización de fórmulas aritméticas que solo sonrojen a los votos personales que se necesiten finalmente, “técnicamente” llaman algunos, para “abstenerse” en la votación de investidura y facilitar de esta forma el gobierno de Rajoy. Todo para no llamar a las cosas por su nombre, en beneficio de todos.

Estamos asistiendo a un gran espectáculo de renuncia ideológica de un partido que se vanagloria de una tradición de más de cien años, con solera política. Se trata de renunciar definitivamente a luchar por una alternativa de progreso y de diálogo incansable, mandatado por las urnas, con otras formaciones que puedan sustentar una ideología latente y manifiesta para acabar con una situación lastrada por la corrupción y que, de forma vergonzante, estamos recibiendo mensajes a diario en las últimas declaraciones del cabecilla de la red Gürtel, que algunos viven como si pasaran por allí algún día y hubiera ocurrido algo que ya no les concierne: “ocurrió hace ya muchos años”. De vergüenza manifiesta. Por cierto, estos “algunos” pertenecen ya, con desparpajo total, a cualquier hemisferio: norte, sur, este y oeste. Lo digo por lo de la derecha e izquierda, arriba o abajo, que da igual en este caso.

En la cultura lingüística de España, la palabra “abstención” se recogió por primera vez en 1853, en el diccionario enciclopédico de la lengua española de Gaspar y Roig, definiéndose como “virtud o acto de prescindir de una cosa por lo común material”. En la actualidad, la primera acepción es “acción y efecto de abstenerse”. Creo que nos da la razón el diccionario en su trazabilidad histórica, porque con este acto que se convertirá próximamente en la crónica de una abstención anunciada, se prescindirá de esta virtud de votar porque, al fin y al cabo, es solo algo material, aunque se lleve por delante la ética que lo sustenta que, para algunos, es perfectamente renunciable.

Y como hay que construir un relato creíble para millones de personas y, sobre todo, para militantes y simpatizantes del PSOE, no toquemos la palabra “abstención”, que así son las rosas (nunca mejor dicho). Busquemos sinónimos y antónimos, sobre todo renunciemos a la quintaesencia de la creencia política que da identidad al partido socialista, cueste lo que cueste y a cualquier precio. Hablemos de “gobernabilidad” consecuente, por ejemplo, renunciando a cualquier atisbo de crítica sobre lo que ha sido lo tradicional de la “gobernabilidad” antecedente durante los últimos cuatro largos años y que tanto sufren millones de ciudadanos españoles todos los días, hoy mismo. Creo que está naciendo una nueva teoría política sobre gobiernos imposibles, pero algunos eruditos a la violeta se empeñan todos los días en sentar cátedra al respecto. Veremos.

Sevilla, 15/X/2016