De nuevo, obligatoriamente obligados…

 

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Hoy hace exactamente ocho años que escribí el post que figura a continuación en el que ensalzaba la figura de Obama, recién proclamado Presidente de los Estados Unidos. Lo he vuelto a leer para recobrar fuerzas tras conocer hoy que Donald Trump lo releva en la Presidencia, con una hoja de ruta para su país y para el mundo en general, muy preocupante en el fondo y forma de su ideología, de sus palabras, de su hilo conductor en la vida personal, profesional y política. 

Vuelvo a pensar que “es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo”, vivirlo, sufrirlo, pasearlo y “morirlo”, si se pudiera expresar así.

Mientras, por si nos sirve para seguir creyendo que otro mundo es posible, vuelvo al Club de las Personas Dignas, al que pertenezco junto a millones de personas sensatas, para compartir estos sentimientos y para buscar apoyo moral para seguir luchando en defensa de valores que me/nos permitan no confundir, nunca, valor y precio de la libertad, de la democracia auténtica. Aunque sé que para Trump son, desgraciadamente, pura mercancía.

Sevilla, 9/XI/2016

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Obligatoriamente obligados

El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo


Barack Obama

Estoy asistiendo al mayor espectáculo del mundo, desde la vertiente económica y financiera, del que no me quiero sentir ajeno y es verdad que he vuelto a recordar una canción protesta de un poeta andaluz de antes, Rafael Ballesteros, que está alojada en mi memoria de largo plazo y que vuelve a recuperar todo su esplendor.

Es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo, vivirlo, sufrirlo, pasearlo, morirlo, si se pudiera expresar así.

Aún así, esta semana se ha producido un hecho incontestable: muchas personas nos hemos adueñado (¡con perdón!) del personaje Barack Hussein Obama, por unos segundos, por un día, sin aspirar siquiera a ser reyes y reinas de nuestros pequeños mundos, porque intuíamos que algo podía cambiar, aunque no fuera el mundo grande, en cualquiera de sus versiones: primer, segundo, tercer…, habitado por seres humanos que adoran su particular mundo de secreto: el de cada una, el de cada uno:

“Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos” (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Pero es que sabemos poco de él (del mundo…). Como decía Rafael Ballesteros,

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

Y sin embargo, estamos aquí, Obama, obligatoriamente obligados a entenderlo…, obligatoriamente obligados a poder.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Sí podemos

Sevilla, 9/XI/2008

 

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