DATOS PÚBLICOS MASIVOS / y 6: Urge la protección del ecosistema público digital

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Finalizo esta serie dedicada a la visión estratégica del tratamiento de los datos públicos masivos que existen en la Administración tanto a nivel estatal como autonómico, centrando hoy este análisis en la reflexión estratégica sobre la auténtica razón de existir de los datos públicos masivos: la salvaguarda del interés general en la generación y tratamiento estratégico integral e integrado de los mismos, como resultado de las políticas digitales llevadas a cabo por el Gobierno correspondiente, protegiendo el ecosistema público digital del país.

¿Qué es el ecosistema público digital? El conjunto de personas atendidas por la Administración mediante sistemas de información que se interrelacionan entre sí en economías de escala, para obtener productos adecuados que salvaguarden el interés general de la ciudadanía y su evaluación continua. Entre estos productos adecuados se encuentra el tratamiento de la información que genera esta interrelación, creando bases de datos públicos masivos, por ejemplo y a título indicativo, que no exhaustivo, en ámbitos públicos de marcado interés general como puede ser la salud, educación, servicios sociales, empleo, entre otros. Siempre con visión de Estado, no solo en localizaciones territoriales concretas, que nunca formarían parte del ecosistema público digital, como ocurre en la actualidad, con ejemplos tan evidentes como los sistemas de información de salud de Comunidades Autónomas, que no pueden interoperar entre sí y con otros sistemas propios por no existir políticas digitales al respecto, generando además un gasto público insoportable y con daños colaterales al citado ecosistema, generando un puzle digital inhumano, al no poder obtenerse información conectada y compartida que redundaría en beneficio del interés general, gran víctima de esta dejación política. Para decirlo claramente, se está incurriendo en una clarísima dejación de cumplimientos constitucionales en el funcionamiento de la Administración al respecto.

Bajando a realidades concretas y próximas, los artículos anteriores de esta serie han abordado diferentes formas de abordar esta oportunidad extraordinaria que tienen tanto el Gobierno central como los Gobiernos de las Comunidades Autónomas en este país, en sus múltiples centros de procesos de datos, donde se trata de consolidar la información derivada de sus múltiples departamentos, sin visión alguna de pertenencia al ecosistema público digital que se debería definir, construir y estructurar con visión de Estado. El problema actual radica en que al no existir política pública digital de amplio espectro, lo que resulta es la proliferación de depósitos de información, digitales por supuesto, pero sin tratamiento profesional de ecosistema público digital, por problemas serios de interoperabilidad al no haberse fijado políticas públicas digitales al respecto.

¿Qué hacer? Ya lo he manifestado por activa y por pasiva en este blog: para empezar, es urgente crear una Secretaría de Estado de Política Digital, dependiente de la Presidencia del Gobierno, que establezca una estructura a nivel de Estado que fijara una estrategia pública digital, más allá de la estrictamente necesaria para el cumplimiento de la Agenda Digital de Europa que, por supuesto, integraría, pero como una responsabilidad pública más y no exclusiva, como ocurre en la actualidad, para llevar a cabo políticas digitales en el corto, medio y largo plazo, con visión más allá de una legislatura. Todo el tiempo que pase sin abordarse esta cuestión significará una pérdida de tiempo lamentable para salvaguardar el interés general de la ciudadanía en el ámbito digital, que es a quien debe servir. Además, porque mantener esta situación es un despilfarro de dinero público que no se debería permitir por más tiempo. Lo grave no es el gasto, que no inversión, en infraestructuras digitales para mantener el desorden digital existente, sino el tiempo perdido y que difícilmente se podrá recuperar, teniendo al alcance de la mano la posibilidad que ofrece una política adecuada en el tratamiento de los datos públicos masivos, que es lo que abordo ahora con carácter especial.

El ecosistema público digital está en peligro si no se toman medidas con carácter urgente y sin más dilación. Lo he dicho en múltiples ocasiones: no confundamos gasto con inversión pública al respecto. El problema actual no es que no haya dinero público para abordar estas cuestiones, el problema real es que no hay liderazgo político para coger el toro por los cuernos de una vez y llamar a esta realidad por su nombre: dejación política en un acción tan sentida y percibida por la ciudadanía, como es la realidad digital, al estar viviendo todos en un ecosistema digital que nos ofrece posibilidades extraordinarias para construir un mundo diferente, a pesar de los detractores del mismo, que también existen. Lo que no es tolerable es contemplar que el Estado es el primer artífice de este desastre en el tratamiento de los datos públicos masivos, al no ordenar y organizar política y legalmente esta actividad, teniendo muestras en el ámbito internacional donde ya se han tomado medidas serias al respecto.

Al igual que en el cambio climático, hay que convencer a los descreídos y distraídos que no acaban de convencerse de que el establecimiento de estas políticas digitales es imprescindible para el progreso de este país, donde la economía del conocimiento que puede ofrecer el ecosistema público digital puede ser una fuerza tractora extraordinaria como primer motor inmóvil (que decía Aristóteles) para obtener resultados alentadores para la ciudadanía y empresas emergentes. Porque urge salvar el ecosistema público digital.

Con esta serie, que finaliza hoy, cumplo otro sueño: llegar a ser, en un día no muy lejano, miembro del ecosistema público digital de este país, escribiendo hoy con palabras de compromiso activo que sirvan para los demás, aunque reconozco que ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, siendo consciente de que genera en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Pero son solo proposiciones, tal y como lo aprendí un día ya lejano de Pablo Milanés, porque las ideologías digitales, ya saben, tampoco son inocentes: Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin, tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño.

Sevilla, 2/XII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.mintic.gov.co/portal/604/w3-propertyvalue-634.html

El tiempo, según Eduardo Mendoza

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Ayer se otorgó el Premio Cervantes 2016, máximo galardón de las letras españolas, al escritor Eduardo Mendoza. Me alegró especialmente, porque lo relacioné inmediatamente con una experiencia personal del pasado mes de septiembre, leyendo un artículo suyo de despedida en la colaboración mensual de sus publicaciones en la última página de la revista ICON (Septiembre, 2016), publicada por la editora del diario El País. Lo envié a las personas que quiero, porque estimé que abordaba una cuestión transcendental en la vida que siempre me ha llamado la atención existencial: amar el tiempo propio y el de los demás. Llevaba por título “Tiempo de despedida” (1), una reflexión preciosa sobre la forma de estar en el mundo, sentarse en él (sitz in leben), teniendo en cuenta el factor tiempo, relativizando la forma de ser cada persona en su forma de comprenderlo, sentirlo y expresarlo.

Es verdad que en bastantes ocasiones he tratado en este cuaderno digital la relación humana con el tiempo, porque me preocupa apasionadamente. Decía Mendoza en su artículo que “Si me voy es porque me gusta hacer la mudanza de tanto en tanto, sin ton ni son. Por lo demás, el tiempo es relativo. Es un lugar común, pero en el fondo, no lo creemos. Vivimos pendientes del tiempo y nos cuesta imaginar cómo sería la vida sin un calendario y sin un reloj”. Es lo que aprendí hace ya muchos años del Eclesiastés, en su maravilloso capítulo 3, que nunca olvido, porque leyéndolo con atención siempre podemos reflexionar sobre momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno, en cada ecosistema temporal, sabiendo que todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: tiempo de nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Casi sin darnos tiempo para recuperarnos, aborda también una cuestión enigmática de profundo calado: “lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es”, resolviéndola con una solución teísta: “Y Dios restaura lo pasado”. ¿Qué Dios, en un mundo descreído?

Con motivo de la proclamación de este premio, he recordado también un dicho turco que me emocionó al conocer su profundo sentido: “Todo al final es como quien cava un pozo con una aguja”, donde el tiempo marca las diferencias para ser y estar en el mundo. Aprendí su significado en el universo extraordinario de la literatura que libera, leyendo el discurso que leyó Orhan Pamuk en el acto de entrega del Premio Nobel de Literatura en 2006, publicado después con un título muy sugerente, tanto como las palabras escritas en su dilatada vida: La maleta de mi padre. Es verdad que la vida de un escritor se hace poco a poco, como la de Mendoza, horadando la persona de secreto que todos llevamos dentro, aunque no todos lo descubran, es decir, cavando el pozo del alma con una aguja virtual. Esa es la razón de que existan pocos escritores que aporten al mundo sus pozos con agua, porque es su misión, no la de estar secos.

Es lo que a lo largo de su producción literaria nos ha entregado Eduardo Mendoza. Aunque haya ido muchas veces del timbo al tambo, haciendo mudanzas, como él dice, “sin ton ni son”, pero escribiendo con el alma, como lo escuché una vez en una experiencia contada por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas… Hoy, sobre la forma en que Eduardo Mendoza escribe para entender su tiempo de recibir premios.

Sevilla, 1/XII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www-livreshebdo-fr.sargasses.biblio.msh-paris.fr/article/eduardo-mendoza-recoit-le-prix-franz-kafka-2015

(1) Sólo conservo una imagen del artículo, que adjunto, pidiendo disculpas por la dificultad probable de su lectura:

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Nada hay más indigno que la posverdad

Los atenienses contemporáneos de Platón corrían todos los días hacia el areópago, ávidos siempre de la última noticia, aunque tenían un principio de confianza, envidiable hoy, que consistía en que sabían a ciencia cierta que todo lo que allí se anunciaba y comentaba era verdad (alétheia, en estado puro). Habían aprendido de Parménides, a distinguir la verdad de la simple opinión. Recuerdo esta lección histórica y de corte presocrático en los momentos actuales, en los que cualquier noticia se propaga de forma viral, aunque sea el mayor de los bulos o la mayor de las mentiras jamás contada. Basta que se programe en los robots de Facebook o Twitter el seguimiento jerárquico de determinadas tendencias en rabioso tiempo real, trending topics, para convertirlas en el mantra de credibilidad mundial para un mundo descreído, que se manifiesta incluso en solo 140 caracteres que pueden hundir el mundo si seguimos por estos derroteros.

Es lo que se conoce actualmente como la posverdad, palabra que ya figura en el Diccionario de Oxford bajo el lema Post-truth y que ya ha anunciado el pasado 16 de noviembre como la palabra del año: relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales. Es verdad, aunque nos cueste trabajo reconocerlo. Basta que cualquier persona lance a la red social correspondiente una afirmación exenta de todo rigor objetivo para que millones de personas comiencen a divulgarla y a elevarla a los altares, aunque haya víctimas detrás que pueden ser personas, instituciones, gobiernos, políticos o cualquier cosa que se mueva y que ya no saldrán más en la foto fija de la verdad.

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Atravesamos momentos de desconcierto mundial, verdaderamente lamentables, porque quienes propagan estas noticias, a diferencia de los atenienses que comentaba al principio, están convencidos de antemano que poseen la verdad absoluta desde su móvil inteligente y les importa un bledo el gran aserto de Machado sobre la búsqueda ávida de la misma en el areópago de la vida: ¿Tú verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela. No digamos el de Parménides: Es justo que lo aprendas todo, tanto el corazón imperturbable de la persuasiva verdad como las opiniones de los mortales, en las cuales no hay creencia verdadera (Sobre la Naturaleza).

Sevilla, 29/XI/2016

Alma de colibrí

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Dirige tu camino a través de las ruinas del altar y el centro comercial, dirige tu camino a través de las fábulas de la Creación y la Caída, dirige tu camino más allá de los Palacios y elévate por encima de la podredumbre, año tras año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento.

Leonard Cohen, Steer Your Way

Mucho se ha escrito sobre el viaje final de Leonard Cohen, buscando la mano tendida de la mujer a la que quiso tanto, Marianne: “Bueno, Marianne, somos realmente viejos y nuestros cuerpos se están deshaciendo. Creo que te seguiré pronto. Has de saber que estoy tan cerca de ti que, si estiras la mano, podrás coger la mía. Sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría, pero no hace falta que añada nada porque tú de sobras lo sabes. Ahora solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Te envío mi amor infinito. Nos veremos pronto en el camino”.

Leonard Cohen amaba este país. Lo contó de forma magistral en el discurso que pronunció en el acto de entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2011. Unas palabras sobrecogedoras, porque seis acordes de guitarra, aprendidos en años de juventud de un joven español anónimo, han servido para que Cohen siga entusiasmando al mundo con sus canciones, volando con alma de colibrí.

La lectura de un artículo precioso en el suplemento Babelia, del diario El País (1), me ha recordado la belleza del colibrí, un pájaro muy pequeño que se localiza en Sudamérica (ha sabido elegir una sabia cuna…), con una especial presencia en Colombia, como nos lo demuestra un lugar asombroso, El jardín encantado, aunque viajan sin cesar porque saben que su vida es muy corta: “El lunes 7 de noviembre, el alma de Leonard ascendió hacia los brazos de Marianne. En el disco, vemos un colibrí que sale volando desde una luminosa ventana hacia la oscuridad: “Escucha al colibrí / Cuyas alas no ves / Escucha al colibrí / No a mí”.

El colibrí es el ave más pequeña del mundo. ¡Qué maravilla de la naturaleza! Mueve sus alas entre 60 y 90 veces por segundo y su gran corazón late entre 500 y 1.200 veces por minuto, aunque por la noche sus latidos son mucho más lentos. En proporción a su tamaño, posee el cerebro y el corazón más grande del mundo. No puede caminar, solo posarse. De su alma sabemos poco, pero nos da señales de ella todos los días, volando siempre, que para él es su caminar diario.

Leonard Cohen ha acompañado durante muchos años a los que valoramos la belleza de las palabras cantadas, incluso cundo suenan a testamento vital que se declara a los cuatro vientos, llevadas en las alas del pequeño colibrí para quien lo quiera leer o contar, porque lo importante es saber disfrutar de los viajes cortos como a veces son los momentos bellos de la vida, en los que disfrutamos tanto. Seguirlo…, volando por encima de la podredumbre, es otra cosa, porque nos falta su alma, su preciosa vida. La del colibrí, la de Cohen.

Sevilla, 28/XI/2016

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de: http://www.jardinencantado.net/#fotos

(1) Manzano, Alberto (2016, 22 de noviembre). Escucha al colibrí. Babelia (El País.com).

Casi todo es preludio en la vida

Estoy ensayando en el piano el Preludio número 7 del conjunto que escribió Chopin en el periodo transcurrido entre 1835 y 1839, probablemente compuesto durante su estancia en Valldemossa (Islas Baleares) y que hoy figura en su catálogo como Opus 28, 7. Es una partitura preciosa de escasos compases, 16 exactamente, pero que muestra la maestría del compositor polaco en toda su extensión. El andantino, primera parte de esta partitura que se ejecuta con movimiento lento pero vivo, ayuda a introducir sentimiento en esta obra, equiparada en su conjunto con la que Bach publicó bajo el título de El clave bien temperado.

¿Por qué traigo a colación esta reflexión sobre este preludio? Básicamente porque casi todo en la vida es una introducción, un preludio, a situaciones que se desconocen cómo transcurrirán con el tiempo por derroteros insospechados, porque todo tiene su tiempo y su momento. Pero tienen una belleza especial, sobre todo cuando lo concebimos con el arte de empezar algo en la vida, el momento mágico de la página en blanco en la realidad de cada día, en la que puede ocurrir de todo pero en la que tenemos la gran oportunidad de darle un sentido especial. En definitiva, es la combinación histórica del lema preludio en sus dos acepciones principales según la Real Academia Española de la Lengua: aquello que precede y sirve de entrada, preparación o principio a algo y también, por analogía en este caso, la composición musical de corto desarrollo y libertad de forma, generalmente destinada a preceder la ejecución de otras obras.

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Chopin, F, Preludio, Op.28,7 (fragmento)

Lo breve, si bueno, dos veces bueno. Chopin lo sabía y así lo dejó escrito en esta obra magna, Preludios, de la música clásica. Vuelvo a tocar el número 7 con su pasión característica, cuidando el andantino para dar sentido a la entrada tranquila que merece toda experiencia que comienza cada día para vivir dignamente y a la que, en esta ocasión, pongo música para enriquecer la banda sonora de mi vida.

Sevilla, 27/XI/2016

En el mismo barco

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El pasado 18 de noviembre se estrenó en cines el documental In the same boat (En el mismo barco), que resume en su título una idea muy brillante del sociólogo Zygmunt Bauman: “ya estamos todos en el mismo barco, pero lo que nos falta son los remos y los motores que puedan llevar este barco en la dirección correcta”. Se refiere al ecosistema social de escala mundial en el que navegamos en estos momentos casi hacia ninguna parte, con un desconcierto mayúsculo y con decisiones de corte democrático, como las elecciones últimas en Estados Unidos, donde tiembla el mundo al conocerse los resultados.

No he visto todavía la película y es difícil emitir juicios bien informados sobre su hilo conductor, pero me resulta muy atractiva la información que dispongo sobre ella hasta este momento, aunque hay incursiones en el análisis de las aportaciones revolucionarias de la tecnología del último siglo y éste que parecen inquietantes. En tiempo de crisis siempre se ha dicho que no es conveniente hacer mudanzas, pero no estoy de acuerdo con este aserto ignaciano en situaciones tan dramáticas como las que se están experimentando a nivel mundial, con un impacto importante en este país, aunque se quiera ocultar casi a diario. Estamos viviendo en un mundo con una clamorosa ausencia de valores y, sobre todo, de ética, tal y como lo aprendí de un maestro en el pleno sentido de la palabra, el profesor López Aranguren, cuando la definía como el «suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos», que tantas veces he abordado en este blog.

Estas razones nos obligan a dejar los supuestos puertos seguros y comenzar a navegar para intentar descubrir islas desconocidas que nos permitan nuevas formas de ser y estar en el mundo, que he vislumbrado como hilo conductor del documental que trato hoy de forma especial. Lo contrario es obvio y se ve venir porque navegamos en mares procelosos de corrupción y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo expresaba en 2012 en este blog, en un post dedicado a los aforismos, porque en ese momento apreciaba que eran numerosas las deserciones en el barco político de aquella legislatura, siendo testigo directo del abandono apresurado de los que tenían la obligación de mantenerse en el puente de mando de la responsabilidad política que se le había encomendado, arrojándose a un mar repleto de desertores de la dignidad.

Lo que verdaderamente me enerva es contemplar cómo se suelen liquidar estas situaciones tan transcendentales con la consabida frase de que “todos vamos en el mismo barco” y eso no es así ni lo admito con carácter general, porque todos no somos iguales: un os van en magníficos yates y otros, la mayoría, en pateras. Por esta situación de fondo y forma estoy interesado en ver este documental, para lograr identificar quien está enrolado en el barco que citan y explican, quizá con la debilidad personal que siento por escuchar las palabras del expresidente José Mujica, a quien tanto admiro.

Es probable que a este barco ético y esperanzador no suban nunca quienes no están interesados en que el mundo mejore, porque los poderes fácticos que dirigen y protegen la maquinaria de la guerra en cualquier lugar del mundo, el terrorismo de cualquier cuño, así como los vestidos de negro, deciden desde hace ya mucho tiempo el funcionamiento y los altibajos del ecosistema económico y financiero mundial, desde una torre en Manhattan, a través de portátiles y teléfonos inteligentes. Ellos viajan en barcos privados, en cruceros del mal, que no surcan nunca estos mares, para ellos procelosos. Lo que detesto también es el abandono de la lucha en situaciones difíciles, como las que estamos atravesando ahora, en las que aquellos que estaban a veces con los que deseamos estos cambios urgentes en las políticas mundiales, europeas y nacionales, se arrojan a un mar en el que cada vez hay menos sitio, porque dicen que esto no tiene remedio. Lo paradójico es que cuando se avance en la búsqueda de soluciones surcando mares diferentes que posibiliten otro mundo mejor, falte ya sitio o barco, según se mire, para recoger a los que en tiempos revueltos se tiraron al mar porque nunca quisieron buscar otras alternativas a este mundo que no nos gusta.

Una muestra de lo que expongo anteriormente, lo he encontrado en los párrafos finales del artículo publicado en El Diario.es al respecto (1): “La intervención de los expertos en el documental se completa con testimonios de gente en mitad de las calles de Rusia, España, Nigeria o Argentina, que teorizan sobre cómo sería el mundo sin trabajar, o trabajando menos. «Seríamos gordos», dicen en el continente africano. «Con dos días de fiesta a la semana, yo estaría contenta», apunta una ciudadana rusa. «Yo estoy ahora mismo en el paro y si te soy sincero, estoy como Dios», sentencia un español”. Sin comentarios.

Estas razones expuestas anteriormente son las que me animan a ver este documental y escuchar atentamente a personas tan interesantes como Zygmunt Bauman, Jose Mujica, Erik Brynjolfsson, Serge Latouche, Mauro Gallegati y Tony Atkinson, que intervienen en él con aportaciones extraordinarias y cargadas de sentido, con la apreciación de que, queramos o no, estamos todos ya en el mismo barco de la dignidad humana, «La Isla Desconocida» de Saramago quizás, en un viaje esencial para vislumbrar el destino universal que pasa por salir alguna vez de nosotros mismos.

Sevilla, 25/XI/2016

(1) Sarabia, David (2016, 11 de noviembre). “In the same boat”: remar para evitar el abismo del sistema actual. El Diario.es.

Alalá de Sevilla: para que no se olvide

La semana pasada publiqué un post con este título, dedicado a Alalá, un largometraje documental que tuve la oportunidad de verlo, sentirlo y disfrutarlo en la presentación mundial que se hizo aquí en Sevilla, durante la Bienal de Flamenco de este año. Mañana es el día en que podemos compartir de nuevo su contenido precioso en los Cines Nervión (Sala 14), donde se podrá constatar que otro cine es posible cuando se tiene ojo crítico de la realidad social adversa que está a veces tan cerca de nosotros y que no debe pasar por alto. Sobre todo, porque nos deja el mensaje esperanzador de que el amor y el sufrimiento pueden aunar también las voluntades. Con tu quiero y mi puedo.

Por estas razones, no debemos faltar a esta cita tan especial. Lo decía en el post de ayer, Cuando nos salimos del cuadro de la vida: «Ahora viene el viernes negro (black friday), importación conductual de consumo que saludamos todos juntos y en unión como Pepe Isbert a Míster Marshall, en una película celtibérica que aún permanece vigente en su mensaje a pesar de haber pasado por el túnel del tiempo. Prefiero ir el jueves próximo (24/XI) a ver el documental cinematográfico Alalá (alegría, en caló), saliéndome del cuadro de todos los días, para intentar comprender que el mundo de los niños de la barriada de las Tres Mil Viviendas, en Sevilla, contado maravillosamente en esta película, nos permite vislumbrar que otro mundo es posible y muy diferente al que nos pintan a diario, porque Groucho ya lo dijo metafóricamente: que busquen a esos niños de cuatro años y más, en las Tres Ml Viviendas, por ejemplo, que lo saben todo. Es lógico que, como ellos, queramos huir hacia otro mundo donde el arte de vivir no se compra ni se vende en el supermercado del consumo, ni en museos vivientes no inocentes. Sin más marco que el de la dignidad humana, que da la felicidad auténtica cuando se entra en él y del que, hoy por hoy, no me gustaría salir. A pesar de todo, porque en la gran exposición del mundo en que vivimos, que podría llevar por título «Metavida», tenemos que plantearnos alguna vez que la vida digna hay que interpretarla alguna vez sobre la propia vida, saliéndonos todas las veces que haga falta de los marcos que nos impone a diario la sociedad y que no nos gustan».

No se la pierdan, porque la historia, junto a las palabras que nos quedan, nos ha enseñado que nadie se baña dos veces en el mismo y gran río (guadalquivir, en árabe al-wādi al-kabīr, «el río grande») de la alegría (alalá, en caló), felicidad y dignidad humanas.

Sevilla, 23/XI/2016

ALALÁ DE SEVILLA

El próximo jueves, 24 de noviembre, se proyecta en los Cines Nervión de Sevilla, en la Sala 14 y a las 20:15 horas, la película Alalá (alegría, en caló), un largometraje documental, excelente, sobre la realidad de transformación social y cultural de un barrio complejo en Sevilla, las Tres Mil Viviendas, gracias a una modesta escuela de flamenco, en la que los auténticos protagonistas, como estrellas invitadas de esta película, son los niños y niñas que allí viven y comparten muchos momentos de cada día con el flamenco y con personas que se acercan a esta realidad para enseñarles y transmitirles su arte.

Con motivo de esta proyección, he recordado la experiencia del cine transformador en Giancaldo, el pueblo en el que vivía Salvatore, el niño protagonista de Cinema Paradiso, sobre todo por una frase de Alfredo, el proyeccionista, que me emociona siempre cada vez que veo esta película maravillosa y que dirige a Totó, Salvatore cuando decide descubrir un nuevo mundo de ciudad: “hagas lo que hagas, ámalo”. Es lo que diría a estos niños y niñas de las Tres Mil Viviendas. También al equipo técnico de la película y a su directora, Remedios Malvárez, que ve las cosas que pasan de forma muy diferente a los demás, no inocente: hagáis lo que hagáis, amadlo. Con alalá.

Este día puede ser una oportunidad excelente para ir a los Cines Nervión como acto solidario con estos protagonistas excelentes y con los creadores de este largometraje documental. También, porque “os van a encandilar los niños artistas de nuestro barrio”, como decía recientemente la Comisionada del Polígono Sur (@poligono­­_sur) en un tuit lleno de sentimiento y dignidad. Allí nos podemos unir para construir un espacio de tejido crítico en esta ciudad que necesita aproximarse cada día más a la realidad social de este barrio, que nos enseña tantas cosas buenas y tanta alalá (alegría) para el tedioso día a día en el que a veces estamos instalados casi sin darnos cuenta. Para que aprendamos también, que otra Sevilla, en las Tres Mil Viviendas, es posible.

Sevilla, 15/XI/2016

Cuando nos salimos del cuadro de la vida

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Pere Borrell y del Caso, Huyendo de la crítica (1874).

El Museo del Prado ha preparado una exposición sorprendente y de gran calidad artística, con una denominación muy sugerente, Metapintura. Un viaje a la idea del arte (Museo Nacional del Prado 15/11/2016 – 19/02/2017), que recoge un hecho transcendental en el mundo del arte: la pintura es necesario interpretarla alguna vez sobre la propia pintura. Entre los cuadros expuestos, proveniente de galerías y museos internacionales, así como de colecciones públicas y privadas, me ha llamado la atención uno en particular. Se titula, Huyendo de la crítica, y es un trampantojo del pintor catalán Pere Borrell y del Caso, pintado en 1874.

Creo que la representación de lo que nos sucede en determinados momentos de la vida, tan próximos en estos días por el macrocosmos político y social que nos rodea, se puede expresar muy bien examinando con detenimiento esta pintura. Todos, sin excepción, vivimos en el cuadro que nos pinta la vida a diario. Así nos ven y así lo cuentan a los demás. Así nos vemos y así figuramos ante los otros, con dificultades notorias para salirnos del marco familiar, laboral y social establecido.

Groucho Marx, a quien acudo tantas veces para comprender la vida, como su famoso niño de cuatro años, me lo recuerda muchas veces: que se pare el mundo que me bajo. Ahora, contemplando este cuadro tan extraordinario, podría decir sin sonrojo alguno: que pare la exposición permanente de mi vida, que me salgo del cuadro que me imponen.

Es verdad. Alguna vez hay que tomar esta decisión para no seguir “exponiéndonos” sin sentido alguno en este mundo diseñado por el enemigo. Es una imagen preciosa, en la que este niño quiere acabar con una ceremonia de confusión que no tiene sentido alguno, en un mundo con una falta clamorosa de valores, donde agradecemos cualquier detalle de calidad humana porque nos parece extraordinario cuando debería ser una experiencia cotidiana. Basta recordar las últimas imágenes de los niños sirios víctimas de una guerra cruel y sin sentido alguno: ¡No puedo aguantarlo más!

Ahora viene el viernes negro (black friday), importación conductual de consumo que saludamos todos juntos y en unión como Pepe Isbert a Míster Marshall, en una película celtibérica que aún permanece vigente en su mensaje a pesar de haber pasado por el túnel del tiempo. Prefiero ir el jueves próximo (24/XI) a ver el documental cinematográfico Alalá (alegría, en caló), saliéndome del cuadro de todos los días, para intentar comprender que el mundo de los niños de la barriada de las Tres Mil Viviendas, en Sevilla, contado maravillosamente en esta película, nos permite vislumbrar que otro mundo es posible y muy diferente al que nos pintan a diario, porque Groucho ya lo dijo metafóricamente: que busquen a esos niños de cuatro años y más, en las Tres Ml Viviendas, por ejemplo, que lo saben todo. Es lógico que, como ellos, queramos huir hacia otro mundo donde el arte de vivir no se compra ni se vende en el supermercado del consumo, ni en museos vivientes no inocentes. Sin más marco que el de la dignidad humana, que da la felicidad auténtica cuando se entra en él y del que, hoy por hoy, no me gustaría salir. A pesar de todo, porque en la gran exposición del mundo en que vivimos, que podría llevar por título «Metavida», tenemos que plantearnos alguna vez que la vida digna hay que interpretarla alguna vez sobre la propia vida, saliéndonos todas las veces que haga falta de los marcos que nos impone a diario la sociedad y que no nos gustan.

Sevilla, 22/XI/2016

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 5. ¿Inteligencia de negocio o de interés general?

EL CUARTO PODER
Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901). El Cuarto Estado.

La respuesta planteada en el título de este post no está en el viento (Bob Dylan, dijo), porque las dos estrategias digitales pueden convivir perfectamente, si son rigurosas, objetivas y evaluables. En tal sentido he pensado siempre que la propiedad de la información pública debería ser como la del campo, para quien la trabaja, salvando lo que haya que salvar y sería un motivo de orgullo público que se entregara a la ciudadanía por la Administración, perfectamente trabajada con visión de interés general y disponibilidad plena para salvar la equidad en la accesibilidad a la misma. Mi experiencia en el sector público avala esta respuesta, aunque voy a tratar de desarrollarla en claves estratégicas para ambas partes interesadas, la Administración Pública y el sector empresarial. Es probable que esta música suene solo cuando se trata de la inteligencia de negocio (business intelligence) en su estricto sentido y casi siempre con soluciones externas a la propia Administración. Más que a esta vertiente tradicional, quiero referirme ahora al movimiento que hace el camino contrario, es decir, la inteligencia de interés general, que se trata con la inteligencia pública digital (digital public intelligence) mediante políticas que llevan a cabo estrategias públicas digitales y que ya he definido en anteriores artículos, que es la que trata internamente la información, los datos públicos masivos, para ponerlos a disposición de la sociedad que es de donde se nutre, junto con la acción administrativa, llamada también función pública, que es la que caracteriza legalmente ese tratamiento.

Es muy importante este punto de partida porque los datos públicos masivos existen. El problema radica en cómo están alojados en los servidores públicos y cómo se almacena y trata esa información, en ámbitos sensibles y no sensibles, tales como salud, educación, justicia, servicios sociales, empleo, etc. Sin política digital adecuada es muy difícil tratar con la calidad científica que se necesita los datos públicos digitales, porque aparecerán dispersos y en un estado de muy difícil generación de informes solventes y de gran rigor técnico. Que sean útiles para la reutilización de ámbito público que necesita la sociedad en sus múltiples manifestaciones y aplicaciones posibles, así como las personas individualmente, las organizaciones públicas y privadas, empresas, instituciones científicas, medios de comunicación social, etc., que deberían confíar en las fuentes públicas de datos masivos.

Los datos públicos masivos nunca deben ser mercancías, sino derechos y deberes de carácter público puestos al servicio de la sociedad en su conjunto, garantizando en alta disponibilidad la equidad en la accesibilidad digita a los mismos. Es en este ámbito donde creo que existen unos nichos, minas verdes de datos que explicaba en un artículo anterior, donde las empresas emergentes y consolidadas, públicas y privadas, pueden disponer de una información ingente para buscar respuestas al tratamiento que se considere más adecuado sobre los datos que se pueden obtener de la Administración, como objeto declarativo de derechos y deberes públicos, sin más cortapisa que el respeto escrupuloso a la protección identidad de personas y acciones públicas que tengan que mantener la confidencialidad, sujeta a la ley y al derecho correspondiente, nada más, pero no defenderse desde la Administración en la empalizada de la protección de datos, como si se hablara de la División Acorazada Guzmán el Bueno, para entendernos, para no facilitar información en alta disponibilidad, que es consustancial con la necesidad de la sociedad de conocer qué pasa a diario en la función pública de cualquier Administración, en sus instituciones y servicios públicos de toda índole y que son inherentes a su razón de ser y existir.

Es obvio que ambas interpretaciones de tratamiento de la inteligencia digital, la pública y la privada (en relación con los datos públicos masivos), pueden coexistir, pero sin mezclarse en un todo revuelto donde a veces no se sabe dónde empieza una y acaba la otra. Es importante abrir este debate en la sociedad en foros públicos, con transparencia total, porque es una forma de abrir las grandes alamedas donde encontremos Administraciones Públicas que disponen de unos datos públicos masivos que pertenecen a la sociedad que es de donde emanan, de acuerdo con los grandes principios constitucionales que rigen en la forma de entender la Administración en este país: “La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho (Constitución Española, Art. 103.1.).

Es una gran oportunidad, legítima y fascinante, para todo el sector público y privado del país, que necesita trabajar en clave de predicción individual y social al servicio de los habitantes del mismo en sus múltiples actividades diarias. Y el secreto está en esos datos públicos masivos, que deben entregarse a quienes los trabajan, la propia Administración, cuando se convence de ello y pone medios de política digital aplicada en este ámbito, y la sociedad que los necesita para su propio interés general. Sin ninguna duda, los datos públicos masivos, como cuando se habla de la propiedad del campo, es decir, la información derivada de la disponibilidad de los datos públicos masivos debe ser para quienes la trabajan, que pueden ser la propia Administración, como depositaria de la misma con visión de entrega y transferencia inmediata y, sobre todo, los ciudadanos y organizaciones públicas y privadas, interesados en ello. De esta forma, no sería necesario tener que esperar a la noche del domingo correspondiente, para enterarnos de qué pasa en la Administración Pública, a nivel de Estado y de las Autonomías a través del programa El Objetivo (La Sexta), con su maldita hemeroteca, pruebas de verificación, sé lo que hicisteis con el último contrato y otras secciones de marcado interés público, como lo demuestra cada vez que interviene en el mismo el presidente de la Fundación Civio, por ejemplo. Aparece siempre la Administración a remolque de lo que se necesita conocer y comprobar, nunca delante, cuando con una actitud predictiva en el tratamiento de los datos públicos masivos, podría adelantarse a estos y otros acontecimientos mucho más importantes para el interés general.

Debería ser la propia Administración Pública la que a través de la televisión pública ofreciera programas de divulgación sobre esta área tan sensible para la población. Todos ganaríamos en credibilidad y respeto hacia la función pública, objetiva, de ética contrastable y razonable, porque cree y divulga la alta disponibilidad de los datos públicos masivos, mucho más allá de los Portales de Transparencia que son un esfuerzo en sí reconocible, pero que no se pueden quedar solo ahí por razones más que obvias. Constitucionales, sin lugar a dudas y con carácter preferente, que también existen, por cierto.

Un matiz, para finalizar. Verán que no hemos hablado hasta ahora de tecnología de inteligencia de negocio o pública digital, porque doy por hecho que existe tecnología más que suficiente para aplicar las claves estratégicas expuestas anteriormente en éste y en anteriores artículos de esta serie. El problema no está ahí, porque la Administración puede utilizar en su caso el mejor software y hardware existente y su resultado ser la digitalización del desorden, nada más. El software y las máquinas inteligentes para tratar los datos públicos masivos de la Administración deben ser la consecuencia de una decisión anterior de política digital de carácter estratégico, no al revés. Disponer o no, previamente, de política digital específica en este ámbito de actuación pública con rango de Estado, esa es la cuestión, porque se necesita su ordenación desde el ámbito legal sustantivo, respetándose posteriormente su desarrollo y cuidando las peculiaridades de cada Comunidad Autónoma en su aplicación también legal, real y efectiva. Luchemos por ello.

Sevilla, 21/XI/2016

“No puedo aguantarlo más…”

alepo-hoy

http://www.telecinco.es/_87d79eea

La he escuchado en el informativo de las 21:00 horas y no logro borrar estas palabras de mi mente. ¡Qué paradoja, en la celebración hoy del día universal del niño! Reproduzco de forma íntegra la noticia que figura en Informativos Telecinco. Merece leerlas con atención, para que nos sirva en la lucha diaria por defender la vida digna de los demás, en cualquier sitio, porque es urgente recuperar credibilidad en la solidaridad humana todos los días del año, no solo hoy, tan trágicamente irreal:

“Zona este de Alepo. El periodista Amro Halabi, de Al Jazeera, graba un reportaje en este hospital infantil, uno de los pocos que quedan en pie a este lado, aun habiendo sufrido múltiples daños por la guerra. El reportero se centra en los problemas respiratorios de un padre y sus hijos, entre lágrimas, víctimas de un ataque reciente de la aviación del régimen sirio y el ejército ruso. Situación angustiosa, hasta que la oscuridad anuncia lo peor. El centro acaba de ser bombardeado, entre los gritos y el polvo, madres y padres buscan una salida con sus hijos en brazos. A unos metros está la unidad de neonatos. Dos enfermeras tratan de recoger a los bebés de las incubadoras. Rompen en llanto y se funden en un abrazo. Instantes después se improvisa una nueva sala de atención a los prematuros, en el suelo, entre mantas. Ha ocurrido este fin de semana. Lo mismo que este bombardeo este domingo en una escuela al oeste de la ciudad, bajo control de las tropas de Al-Assad. Aquí han muerto al menos siete niños. Entre los menores supervivientes, esta niña, que confiesa ante la cámara que ya no aguanta más porque le han matado a todo el mundo “No puedo aguantarlo más. ¿Cómo podría? Mataron a todo el mundo. Mataron a todo el mundo. ¿No basta con lo que han matado hasta ahora?” En el este, otro ataque con gases tóxicos en las últimas horas, ha matado a otros cuatro niños de una misma familia. Niños conscientes de la tragedia y otros que con dos meses de vida acaban rompiendo una de sus primeras sonrisas ante su padre antes del sobresalto por una bomba cercana. Menores en una guerra, a punto de cumplir seis años, que se ha cobrado ya la vida de casi medio millón de personas, unos 12.000 de ellos niños. Con casi 8 millones y medio de menores afectados por el conflicto, tanto dentro como fuera del país”.

La verdad es que no tengo palabras para comentar algo más. Solo quedarme en el rincón de pensar qué hacer en este sinsentido que necesita atención mundial sin dilación alguna.

Sevilla, 20/XI/2016