Inteligencia digital (III): cerebros adolescentes y videojuegos (segunda parte)

Cumplo el compromiso, respetando el viejo adagio: promesa hecha, promesa cumplida. Continúo en esta ocasión con el análisis de la relación de los cerebros adolescentes y los videojuegos. Quizá sea el aspecto que más me interesa profundizar en relación con la noticia que presidía la primera parte de este post. La primera pregunta no se hace esperar: ¿Qué es un cerebro adolescente? La primera respuesta es contundente: un proyecto vulnerable en evolución. Es así porque los avances científicos en neuroimagen permiten obtener información de los cambios que se producen en los cerebros adolescentes, en dos áreas transcendentales para la vida presente y posterior de una persona: la corteza prefrontal, de la que ya he hablado en numerosas ocasiones en post específicos de este cuaderno digital, y el sistema límbico que, igualmente, he analizado con profusión de datos en este espacio de la Noosfera.

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Imagen de actividad cerebral, obtenida mediante fMRI (resonancia magnética funcional), durante una sesión de utilización de videojuegos violentos, en la que se aprecia una activación en la corteza prefrontal, zona característica de la actividad cognitiva agresiva (Universidad de Michigan)

He leído recientemente un artículo interesantísimo sobre esta realidad en la revista Apuntes de Psicología, que lleva por título Desarrollo cerebral y asunción de riesgos durante la adolescencia (1), y en él se desarrolla un análisis muy objetivo de la adolescencia como etapa conflictiva, hecho incuestionable tratado por la investigación científica y sobre el que hay muchos puntos de consenso, por ejemplo, en el reconocimiento de que es una etapa en la que aumentan los problemas en tres áreas muy definidas: los conflictos con los padres, la inestabilidad emocional y, sobre todo, las conductas de riesgo.

Probablemente y para el estudio que nos ocupa hoy, estas dos últimas tienen un interés especial, aunque no quiero olvidar el claro objeto de mi deseo científico, es decir, la vinculación de estas dos situaciones con el estado del arte, personal e intransferible, en cada adolescente, de dos estructuras cerebrales en evolución: la corteza prefrontal y el sistema límbico. Es más, frente a las escuelas tradicionales en las que se defendía la supremacía de los sentimientos y emociones gracias a la neurotransmisión de hormonas, hoy se trabaja más a fondo sobre la evolución global de todo el cerebro en esta etapa de la vida, sobre la plasticidad del conjunto de estructuras cerebrales que van modelando la individualidad de cada cerebro humano, aunque con un papel estelar del citado sistema límbico por otras razones de arquitectura cerebral integrada que intentaré desvelar en este post.

Es una verdad científica incuestionable que a través de imágenes obtenidas por resonancia magnética nuclear funcional, es posible constatar el desarrollo o maduración tardía en la corteza prefrontal: “Estos estudios encuentran que en la zona prefrontal la sustancia gris aumenta hasta los 11 años en las chicas y los 12 años en los chicos, para disminuir después, lo que sin duda está reflejando el establecimiento de nuevas sinapsis en esa zona en la etapa inmediatamente anterior a la pubertad y su posterior recorte, en una secuencia que va desde la corteza occipital hasta la frontal (Gogtay et al., 2004) y que afecta principalmente a conexiones de tipo excitatorio (Spear, 2007b)” (2). Esta situación refuerza la teoría de que al ser esta estructura la última en llegar –valga la dura expresión- en la evolución humana, tiene que haber otra estructura, la llamaremos la otra, que tiene un protagonismo esencial en la adolescencia. Y esta es, el sistema límbico, porque es el resultado de la evolución humana a lo largo de millones de años, donde se han dado pasos muy contados en la evolución del cerebro.

Y la estructura última en llegar, la corteza cerebral, necesita aproximadamente veinte años, científicamente hablando, para consolidarse en el cerebro, dejando paso, permanentemente, a la que ha resultado ser la estructura reina de la evolución, la que gobierna desde la pre-concepción y hasta la muerte cerebral, la vida de las personas: el sistema límbico, es decir, el sistema que regula estructuras transcendentales para la vida, en el que destaco (es muy complejo) el papel que juegan en maravillosa sinfonía tres estructuras ya presentadas en este cuaderno digital: la amígdala, el hipocampo y el hipotálamo. Tres estructuras que, con perdón de la frase, campan a sus anchas durante la adolescencia, porque la corteza cerebral completa todavía no es capaz de “gobernar” la inteligencia adolescente por un solo problema: llegó la última en la evolución humana y tarda más en “completarse”, madurar. Por ello, es injusto decir que las adolescentes y los adolescentes son “inmaduros”, porque la inmadurez es una seña de identidad de los seres humanos en determinadas etapas de la vida y la etapa de la adolescencia es una de ellas, quizá no la principal (3), pero sí muy importante.

Es lo que los adultos deben saber en relación con la inteligencia digital relacionada con los videojuegos y las videoconsolas, en cualquier lugar que estén y en cualquier rol que desempeñen: fabricantes, dibujantes, promotores y vendedores natos de videojuegos. La industria del videojuego al fin. Los padres, las madres y los tutores. Las maestras y los maestros. Las profesoras y los profesores. Las amigas y los amigos. Todas y todos. Porque no hay recetas, ni prontuarios, ni guías de uso mágicas para controlar el uso de estas tecnologías, aunque sí actuaciones preventivas preparadas por profesionales (4). Porque hay videojuegos necesarios e innecesarios y porque la idoneidad de uso no la puede marcar solo una etiqueta aunque esté hecha con muy buena voluntad. Un videojuego debe ser una ayuda para el desarrollo de cada cerebro y no vale cualquier videojuego para cualquier cerebro adolescente, porque detrás de este cerebro individual (sabemos ya que no hay dos cerebros iguales) hay millones de años que justifican que tomemos muy en serio el cerebro de cada niña, de cada niño, de cada joven, porque sabemos científicamente que se está formando siempre en una dirección única: la inteligencia está al final de esta aventura humana en la historia de la humanidad, porque ha tenido que vencer antes batallas durísimas contra la violencia y las guerras, contra el hambre y la soledad para llegar hasta aquí. Ahí están las estructuras cerebrales para demostrárnoslo fehacientemente, a pesar de que la industria del videojuego sea cada vez más floreciente. Que me perdonen los dibujantes que participan en esta historia, la industria del videojuego y de las videoconsolas en general, porque ni Bambi (ayer) ni Mortal Kombat deben suplir las necesidades de unos cerebros que necesitan formarse en una realidad que el sistema límbico ha logrado demostrar cuando buscan cualquier arca perdida en la vida: más vale que dos personas caminen juntas porque una sola corre siempre el riesgo de perderse. Porque de lo contrario, sabemos científicamente que, por ejemplo, los videojuegos violentos activan una zona del cerebro, la corteza prefrontal, característica en la actividad cognitiva agresiva: “Los videojuegos violentos han sido acusados muy a menudo de potenciar reacciones, actos y comportamientos violentos. Hemos probado que existe esta relación a nivel neurobiológico” (5). No hay vuelta de hoja.

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El cerebro feliz. Las zonas señaladas en rojo, la corteza cingulada anterior y la amígdala, aparecen con activación importante en la fMRI.

Tampoco se debe hacer un juicio universal a todos los videojuegos, porque se faltaría a la verdad. También pueden ser beneficiosos. ¿Qué hacer, entonces? Informarse, asesorarse mediante profesionales de la educación, de la inteligencia, de la salud mental. Intentar conocer bien el cerebro de las adolescentes, de los adolescentes. Sobre todo, identificar bien sus necesidades, porque están en una fase preciosa de su vida, de expansión de sus neuronas. Huir de las campañas 3×2, como metáfora, de la compra compulsiva de los juegos de última generación, lo último, demostrar que “yo no soy tonta o tonto” porque no compro cualquier videojuego, por muy barato que lo pongan. Porque intento entregar a las adolescentes y a los adolescentes que están cerca de mi vida lo mejor que sé y tengo: la información responsable que me permite emitir juicios bien informados sobre una industria que no es inocente. Gana el cerebro, ganamos todas y todos.

Sevilla, 6/XII/2007

(1) Oliva Delgado, A. (2007). Desarrollo cerebral y asunción de riesgos en la adolescencia. Apuntes de Psicología, 25 (3), 239-254.
(2) Oliva Delgado, A. (2007). Ibídem, 243.
(3) Véase el capítulo dedicado a “Inteligencia digital, gestación y nacimiento” en mi libro (edición digital): Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital , 157-160.
(4) Castellana Rosell, M, Sánchez Carbonell, X., Graner Jordana, C. y Beranuy Fargues, M. (2007). El adolescente ante las tecnologías de la información y comunicación: internet, móvil y videojuegos. Papeles del Psicólogo, 28 (3), 196-204.
(5) Weber, R., Ritterfeld, U. y Mathiak, K. (2006). Does Playing Violent Video Games Induce Aggression? Empirical Evidence of a Functional Magnetic Resonance Imaging Study. Media Psychology, 8 (1), 39-60.

Inteligencia digital (III): cerebros adolescentes y videojuegos (primera parte)

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En esta serie sobre inteligencia digital introduzco hoy una realidad social que pre-ocupa [así, con guión] a muchas familias españolas y andaluzas, por alusión territorial a mi origen, como más adelante verás, en la que voy a demostrar la naturaleza científica de la relación de la teoría de la inteligencia digital y la publicación de la sorprendente cara amable de la presencia de los videojuegos en el mundo de los adolescentes, habiéndome sugerido una reflexión donde se dan tres ingredientes básicos: la plasticidad del cerebro adolescente, femenino y masculino, el consumo de las videoconsolas y su aliado natural, los videojuegos, y la realidad social en España respecto del comercio y tráfico digital de estos objetos digitales.

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PEGI (Pan European Game Information): iconos que especifican el contenido que determina la clasificación del videojuego en la categoría de edad seleccionada

Hablo de cara amable porque la noticia ha sorprendido a la sociedad lectora de estas realidades sociales y a los consumidores de los videojuegos vinculados, por ejemplo, con la empresa Electronics Arts: “Frente a los estudios que apuestan por la teoría de que los videojuegos causan adicción y fomentan la violencia y la insana competitividad, la Universidad de Alcalá de Henares, con financiación de Electronics Arts -compañía líder en software para entretenimiento interactivo- ha editado la guía Aprendiendo con los videojuegos comerciales” (1). Resulta muy chocante la noticia por dos razones: la lectura comprensiva, positiva y casi alentadora sobre la realidad de los videojuegos en el mundo de las niñas y niños, y de jóvenes adolescentes, por una parte, y por otra, que el estudio se haya llevado a cabo con financiación privada de una de las presuntas causantes de todos los males digitales y protagonista indiscutible en la fantasía de sus pequeños mundos reales y virtuales, la empresa Electronics Arts. Y con el síndrome de Sorolla a cuestas, algo tendrá el pescado cuando es tan caro, he profundizado en esta realidad para clarificar científicamente la presunta confusión.

Además, mi único pronunciamiento al respecto, en los últimos años, se había centrado en una realidad incuestionable: el doble uso de las tecnologías, en concreto, de los chips: “El 6 de agosto de 2005 será un día más en la historia de la humanidad. Para los que recordemos lo que ocurrió hace sesenta años en Hiroshima, la bomba “Little boy” (muchachito) será una metáfora al viento sobre el doble uso de las tecnologías. 140.000 muertos siguen pesando como una losa sobre la historia de hombres y mujeres que trabajan en las tecnologías de vanguardia para que la humanidad entera sepa que la inversión económica que se está haciendo en la actualidad sirve también para fabricar chips que se utilizan lo mismo para la consola Play Station que para los misiles Tomahawk, es decir, en el doble uso”. Y lanzaba a los cuatro vientos casi un grito desesperado: “La reacción no se debe hacer esperar. Mientras que la Play Station permite que niños del mundo entero se entrenen a matar, gracias al chip paradójico, no inocente, ingenieros y militares de los cinco continentes siguen diseñando los misiles más mortíferos, con idéntico chip, en un juego tan peligroso como aquél en el que se forma la conciencia; (…) “deberíamos proteger el uso racional de las tecnologías y destruir los arsenales mortíferos que día a día, en cualquier rincón del planeta, pueden ofrecernos la imagen dibujada por Saramago en su obra “Ensayo sobre la ceguera”: permanecer ciegos, simbólicamente, a un mundo de caos y desorden que promociona juegos para matar y vivir” (2). Era una visión dura, pero la lectura del artículo citado anteriormente, en el que se destacaba la cara amable del uso racional de los videojuegos, me lleva a plantear un análisis en torno a la realidad expuesta.

En mi construcción paulatina de la Teoría de la Inteligencia Digital, he definido la misma, en una de sus cinco acepciones, la primera, como “destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella”. Es decir, creo en la bondad intrínseca de las tecnologías de la información y comunicación como oportunidad de desarrollar habilidades cognitivas y conductuales en el cerebro humano, desarrollando una inteligencia específica. Por ello, era imprescindible desarrollar esta realidad digital e intentar alcanzar un punto de encuentro entre las dos visiones que existen en la actualidad al respecto: visión amable versus visión dura, teniendo como denominado común u n protagonista de excepción que siempre está allí: el cerebro.

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Fuente: INE, Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Año 2007

Como punto de partida, he recuperado los últimos datos sobre el consumo de estas tecnologías en España y su correlato obvio con el uso del ordenador e Internet, para aplicar el llamado principio de realidad de mercado y uso de las mismas, aunque los datos más relevantes los proporciona la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento (ADESE), a través de las conclusiones que se recogen a continuación, derivadas del Estudio que han llevado a cabo en relación con los Hábitos y Usos de los Videojuegos – Fase Ómnibus –, elaborado en junio de 2006:
• El número de jugadores de videojuegos apenas ha variado entre el 2004 y 2006, aunque ha alcanzado los 8,8 millones de jugadores en España (20% de la población).
• Este incremento, no obstante, ha sido más fuerte entre los jugadores de teléfono móvil (se considera jugador de teléfono móvil a aquél que juega con juegos descargados, no con lo que vienen incluidos en el dispositivo) que en otras plataformas, con una subida de 4 puntos, situándose en algo más de 3 millones de jugadores con el teléfono móvil (7% de la población).
• También se ha observado un crecimiento de los jugadores que juegan a más de una plataforma, especialmente de los que juegan con el ordenador o la consola, y además también juegan con el móvil.
• El videojuego continúa siendo una cuestión sobre todo masculina (apenas ha cambiado la distribución por género), especialmente la consola, mientras que el mayor equilibrio se encuentra entre los jugadores de móvil (con un 41% de jugadoras).
• La presencia de jugadores es más intensa entre los niños de 11 a 16 años: el 78% de estos niños son jugadores de videojuegos. No obstante, es importante la penetración de jugadores entre los 7 y los 34 años, por lo que se confirma este tramo como el más estratégico, de cara a la siguiente fase de investigación.
• A pesar de que hay un incremento importante de jugadores infantiles, el perfil del jugador no es tan juvenil: 4 de cada 10 jugadores tienen entre 20 y 34 años.
• Así mismo, la consola de videojuegos y el ordenador cada vez están más presentes en hogares de adultos sin niños.
• En 2006 se ha podido realizar un análisis de la presencia de jugadores por comunidad autónoma, de la que se destaca un mayor número de jugadores de Consola en Andalucía y Canarias, y de Móvil en Cataluña.

Esta realidad aflora en un mercado floreciente de los que aporto las siguientes cifras oficiales: la industria del videojuego en España facturó el año pasado 967 millones de euros, con un 12% de incremento sobre el ejercicio anterior. El videojuego lideró todo el sector audiovisual por delante del cine (636 millones), las películas de vídeo (442 millones) o los CD de música (372 millones). En 2006 se comercializaron 2,2 millones de videoconsolas -un 10% más que en 2005- que demandaron el 84,3% de todos los videojuegos vendidos, siendo el mercado del PC el que consumió el resto. España es el cuarto mercado más importante de Europa de videojuegos a pesar de que ocupe el decimoquinto lugar por desarrollos propios de este tipo de programas para el ocio (ADESE). Apenas el 0,1% de los casi 1.000 millones de euros obtenidos en ventas el pasado año provienen de creaciones españolas.

Por la importancia de este análisis y respetando la cultura de este cuaderno de bitácora, mejor de derrota, en argot marinero, nada más, finalizo aquí esta primera parte de la parte contratante, es decir, del contrato social/digital que tengo con las personas que integran la Noosfera y entre los que tú te encuentras, querido navegante, porque te recuerdo que hay estelas en la mar… para hacer camino al navegar. Mañana será otro post (día).

Sevilla, 1/XII/2007

(1) Morales, F. (2007, 28 de noviembre). La cara amable de los videojuegos. Un estudio afirma que eliminan barreras intergeneracionales e interculturales, El País, p. 64.
(2) Véase en: http://www.joseantoniocobena.com/?p=9

Fernando Fernán-Gómez: la muerte de un cómico

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Todavía recuerdo con emoción los planos finales de la película La lengua de las mariposas, donde Fernando interpretaba de forma magistral el papel de D. Gregorio, el maestro entrañable de Moncho (Pardal ó el niño gorrión, tan querido por su creador, Manuel Rivas, a quien tanto admiro), el niño asombrado por la forma en espiral de la lengua de las mariposas, maravillosos seres vivos que van siempre por el mundo volando con trajes de fiesta. Aquella cara con expresión entre admiración e inocencia ante lo que puede aparecer en la vida, aquella figura enroscada, sin tocarse, que el maestro republicano, dibujaba con tiza en la pizarra, todavía está alojada en mi memoria a largo plazo, con la suerte de que sé cómo localizarla y, si me apuran, hasta puedo discernir donde está alojada, quizá para siempre, en mi cerebro de secreto.

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Me gusta seguir recordando al actor que ya ha vuelto a la realidad de lo que somos, polvo somos y en polvo nos hemos de convertir, vanidad de vanidades todo vanidad, en esa interpretación de una parte de la profunda historia de España, al actor controvertido, amable para unos y muy desagradable para otros, aunque yo me permito decir que sabía algunas buenas intimidades de él, en mi adolescencia madrileña, porque conocí a una mujer que había estado cerca de él, vinculada a María Dolores Pradera.

Fernando era un cómico. En mi familia, perteneciente al discreto encanto de la burguesía del barrio de Salamanca y con la que viví en el Madrid de finales de los cincuenta -para que suene mejor, en el siglo pasado-, la palabra cómico levantaba sarpullidos, porque algunas viejas historias que nos emparentaban con una cómica, Carmen Cobeña, no eran bien vistas. No se hablaba normalmente de ella, de ellos, de los cómicos y, si en algún momento surgía la oportunidad por nuestras vinculaciones de amistad, por ejemplo, con los representantes en España de la compañía Mole- Richardson, responsables de la luminotecnia en las películas de la época, se pasaba página con la misma velocidad que Federico Martín Bahamontes bajaba el Galibier ó el Marqués de Portago conducía en la última recta del circuito donde se corrían las 24 horas de Le Mans.

Fernando ha abandonado ya sus viajes vitales a muchas partes, sabiendo de la dureza que suponía ser actor en la vida ordinaria, vivir o malvivir de ello, tragar quina en cualquier Régimen (él lo supo bien por la factura farisaica de todas y todos en relación con su participación en Botón de Ancla y Balarrasa) y superarlo todo con la dignidad que había aprehendido, así, para ser cómico, a pesar de las viejas historias que pesaban sobre ellos.

Estas palabras son un pequeño homenaje al maestro republicano, D. Gregorio, sobre todo al cómico que lo interpretó, que lo dibujó con tiza indeleble en mi memoria de hipocampo, y que simbolizaba una forma de entender el cine de compromiso, el buen cine, el cine de autor, el cine de la vida. Aunque me quedara en aquella sesión de tarde, con la ilusión de que hace tan solo unos días, los que defendemos las utopías y, por tanto, las ideologías, cabíamos en un taxi, ya ni siquiera de torero, es decir, sin trasportín, para los más antiguos del lugar. Pero ocasiones como éstas, las de las mariposas reinterpretadas por cómicos, nos permiten entrever que la utopía es posible, lo que hace que casi sin darse cuenta el cómico que se ha ido, en esta ocasión, nos haya vendido unos billetes hacia alguna parte, hacia la utopía de lo posible. Es lo que el Ché, tan querido para mí, decía siempre: seamos realistas, exijamos lo imposible…

Y, perdonen, llegamos al final. Yo no he querido callarme en esta muerte simbólica, como aquellos lugareños de la película particular que interpretó Fernando, el cómico, presa del terror de la indecencia, ante la cordada. Tengo prisa, porque se agotan los billetes de los autobuses de la utopía de la vida, que salen en esta ocasión de la estación de Andalucía.

Sevilla, 24/XI/2007

La educación del ciudadano: el álbum cívico (II)

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Fotograma de Cinema Paradiso

El 20 de Octubre adquirí el compromiso de traer a este salón virtual la segunda parte de la parte contratante de la educación del ciudadano, en el marco de la serie que a tal efecto he publicado en este cuaderno en once entregas. Respecto de este post decía al finalizar: “Impecable, en su contexto. Aleccionador, hoy, para los timoratos del Reino. Como pasaba al final de las películas de mi época, anuncio que próximamente, en este salón, publicaré el Índice del libro. No tiene desperdicio. Adelanto unas líneas del mismo, a modo de tráiler, como en aquellas épocas… ¡Acomódense bien en sus butacas, porque la palabra admiración ha sido sustituida por perplejidaaaddd!”. Al igual que aquella familia portuguesa, con sus motos voladoras, daba vueltas y vueltas en el cilindro metálico, vertical, sorprendiéndonos en nuestras almas de niñas y niños, ávidos de emociones como las que sentí el día que abrí por primera vez este precioso libro, La Educación del Ciudadano, lo vuelvo a leer una y otra vez, dando vueltas a mi forma de comprender la vida educada, para la ciudadanía, bajándome al mundo real y entregando a la Noosfera el Índice completo de este apasionante tráiler cívico.

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Utilizando una reproducción facsímil, comienzo por la primera página real del Índice, donde la familia, la escuela, la ciudad ó el pueblo y lo que debe el ciudadano a la Comunidad, es una forma de adentrarse en una forma de corresponsabilidad social que nos asombra quizá en la realidad actual.

La siguiente página aborda realidades cotidianas para el bienestar personal y comunitario: la salud, la solidaridad con los más débiles o disminuidos desde la dimensión persona física, psíquica y social, respectivamente. Y la vida espiritual, donde centra la preocupación de la Comunidad (con mayúscula) respecto de la instrucción y educación del ciudadano. Recoge un ejemplo que no deja indiferente en su lectura: la importancia de los Museos: “Además del sistema escolar, la Comunidad contribuye a educar al ciudadano por medio de sus Museos. Y siempre comentando lo que “cuesta” mantener esta estructura educativa. Deliciosas las frases dedicadas a los “maestros” en la Universidad, de los que se reciben “método de trabajo, un ejemplo de conducta y un contagio de entusiasmo científico”. Y se adentra en el análisis de la estructura de la gran Comunidad nacional, estableciendo diferencias sutiles entre Nación y Estado, que haría temblar a las Cámaras actuales si se hiciera en algún momento una operación rescate para quedarnos, evangélicamente hablando, con lo “bueno”. Cito textualmente: “Es tan fuerte el sentimiento de nacionalidad, que es imposible destruirlo por medios materiales, pues resiste a todas las pruebas y resurge muchas veces cuando parecía muerto para siempre. (…) En España mismo podemos leer en la prensa y en folletos cómo algunas regiones formulan claramente sus aspiraciones nacionalistas, habiendo sido ya tratada esta cuestión en el Parlamento”. Es que estamos hablando de un gran reto: conocer e identificarse con la gran Comunidad nacional [sic] y con sus aciertos y debilidades.

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Este salón se está poniendo interesante. Pasen y vean. La página tercera del Índice promete grandes sorpresas: hay que defender los intereses generales contra los apetitos individuales, como una función maestra del Estado español. Y camina en terrenos difíciles definiendo, por ejemplo, la política: arte de gobernar a los pueblos. Define a los políticos, hacer política, estableciendo la diferencia clara y contundente con hablar de política: “Hay individuos que pierden horas y horas sentados en las mesas de los cafés hablando de política, pero que se retraen y no votan llegando el periodo de elecciones, que es cuando el ciudadano puede con su voto influir directamente en la vida pública y hacer política”. Votar es un “sagrado deber cívico”.

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A partir de aquí y para finalizar, comienza el sacrosanto deber contemporáneo de los deberes del ciudadano, destacando la escala gradual de los compromisos al respecto de los niños, los jóvenes y los adultos como ciudadanos con deberes muy concretos. Se define, por ejemplo, “cómo llega un joven a ser un buen ciudadano, con frases tan esclarecedoras que pueden constituir el mejor fotograma final, The End (Fin), de esta película de papel de filigrana ética impresa: “El ciudadano ideal es aquél que vive sobre todo por la sociedad, es aquel que puesto ante el dilema de tener que elegir entre su interés particular y el interés colectivo, sacrifica su interés particular en aras de la Comunidad”. Sobran más palabras y reinterpretaciones. Cuando he finalizado, de nuevo, la lectura de este libro y de determinados pasajes del mismo, me he ido a mi “ambigú” particular al igual que hacía cuando asistía a la sesión continua del cine Tívoli, en Madrid, porque ya sabía que la mejor película de vida ciudadana es la que estaba por venir. Perdón: por poner, por echar. Por vivir. Apasionadamente, con los visos de aquella educación de los años cincuenta, diferente, como ciudadano bajito (sin la locura atribuida por Serrat a los niños de aquellas épocas…) por mis pocos años de existencia.

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Sevilla, 21/XI/2007

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La historia de las células huso (spindle) en el cerebro ó lo que debemos al cerebro de las ballenas jorobadas

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Ha saltado la noticia a los medios de comunicación: Japón reinicia la pesca de ballenas jorobadas tras 34 años de moratoria. No soy persona ávida de la última noticia de Greenpeace, pero ayer escuché atentamente la noticia acerca de la autorización japonesa para que barcos de su flota pesquera zarparan desde el puerto de Shimonoseki, en el sur de Japón, por la mañana, con órdenes de cazar hasta 50 de estos cetáceos que desde hace décadas se encuentran protegidos por la ley internacional. Junto con el desastre ecológico que provocan estas cacerías mortíferas, el posible exterminio de la especie puede tener consecuencias también irreparables para la investigación de unas células que se hallan en su cerebro y que se denominan células spindle por la forma de huso que tienen (especie de tubo alargado que se estrecha en sus extremos). También se denominan neuronas VENs, neuronas Von Economo, nombre que se les otorga por su descubridor, Constantin von Economo (1876-1931).

El interés de la investigación se centra en que estas neuronas podrían estar envueltas en procesos cognitivos, -aprender, recordar y reconocer-, dado que se ha comprobado fehacientemente que estas ballenas tienen sofisticadas habilidades comunicativas, capacidad de formar alianzas, de cooperar, de transmitir cultura, haciendo uso de determinadas aptitudes. Se sabe también que estas capacidades habrían evolucionado en los cetáceos hace unos 30 millones de años, dos veces antes que en hombres y simios. Son células que se encuentran en la corteza cerebral, sede la inteligencia humana elaborada. Así se publicó como noticia de gran alcance en noviembre de 2006, a través de la agencia Reuters, gracias a la publicación científica de los profesores Patrick R. Hof y Estel Van der Gucht, de la Escuela de Medicina Monte Sinaí, en Nueva York, sobre La estructura del córtex cerebral de la ballena jorobada (1). Por tanto, es probable que “algunas de estas capacidades estén relacionadas con la complejidad histológica comparativa en la organización del cerebro, tanto en los cetáceos como en los homínidos».

El cerebro de las ballenas jorobadas es muy valorado en laboratorios de neurociencias. Sus 9 kilos de peso, aproximadamente seis veces el tamaño medio del cerebro humano, permite lograr una disección completa y compleja para analizar la estructura de las neuronas spindle, cuyo papel trascendental ya traté en el post dedicado a las islas de Reil, recogiendo un texto de Sandra Blakeslee que no dejaba lugar a dudas sobre su importancia neuronal: “El lugar que sirve como la estación emocional para toda la información que llega desde los distintos circuitos dedicados a las emociones se encuentra al final de todos esos caminos neuronales en dos conjuntos celulares conocidos como ínsulas. Sin embargo, ha sido en la ínsula derecha frontal donde los científicos han encontrado más actividad emocional. Todas estas regiones están conectadas a través de las enormes células spindles [células directamente involucradas en la producción, organización y manipulación de los sentimientos, las emociones y el sentimiento de moral, ubicadas la mayor parte de ellas en la ínsula derecha frontal] y otros circuitos neuronales que se encargan de reproducir y de percatarse de todo tipo de sentimientos y emociones. Estas células y el área insular derecha controlan y ordenan las emociones, poseen un mapa sentimental de lo que ocurre en el cuerpo internamente y lo que pasa en el mundo externo. La enigmática región se activa cuando miramos al ser que amamos, cuando percibimos injusticias y decepción o cuando sentimos incertidumbre frente a ciertas recompensas. También cuando nos avergonzamos y, si se trata de una madre, cuando escucha a un bebé llorar. En esta área también encontramos otra región en donde se almacenan los recuerdos autobiográficos y donde hacemos conciencia de que somos una persona, un ser humano con nombre y pasado y que nos desplazamos en el espacio-tiempo que caracteriza el universo en que vivimos. La conciencia y la moral se alojan en estos lugares”.

Otra vertiente de sumo interés en la investigación de la función neuronal de las células spindle, se encuentra en estudios científicos sobre su relación con las demencias que causan la pérdida de inhibición en determinadas situaciones sociales. Se ha descubierto en ensayos científicos dirigidos por el profesor que las personas con demencia frontotemporal (FTD) incurren en un comportamiento inapropiado e impulsivo y algunas veces hasta llevan a cabo actos criminales como el hurto en tiendas. Se examinaron los cerebros de 7 pacientes fallecidos con FTD y los compararon con 7 controles que habían muerto de causas no relacionadas con el cerebro, al igual que 5 pacientes diagnosticados con enfermedad de Alzheimer, un tipo de demencia muy diferente que afecta fundamentalmente la memoria. Los investigadores encontraron que uno de las dos áreas del cerebro que contienen VENs, el córtex anterior cingulado, tenía un aspecto muy diferente en pacientes con FTD: había una reducción del 74% en el número de VENs en comparación con los controles. En contraste, los pacientes con Alzheimer tenían solamente una reducción pequeña y no significativa desde el punto de vista estadístico (2).

En la investigación que llevé a cabo en mi Tesis Doctoral sobre las inteligencias sociales, abordé la importancia de esta patología, de la que traigo a colación la siguiente aportación: “Por ser de especial interés para la presente investigación, es conveniente detenerse en el análisis pormenorizado de la inteligencia social expresada mediante las dos inteligencias propias de esta tipología: la intrapersonal y la interpersonal. Comenzamos por la primera: la inteligencia interpersonal. Los orígenes biológicos de esta inteligencia son fácilmente identificables por razones antropológicas y etológicas: Gardner cita la prolongada infancia de los primates, que nos lleva de la mano a la problemática de la separatidad (problemática estudiada con detenimiento por Bowlby, 1978b, con bebés humanos), que demuestra a todas luces que el desarrollo interpersonal corre desde ese momento un serio peligro. Por otra parte, el segundo factor peculiar de la especie humana, es la importancia que para los seres humanos tiene la interacción social. Todas las habilidades de interacción de nuestros antepasados requerían de la interacción, traducida en participación y cooperación, así como necesidad de cohesión, liderazgo, organización y solidaridad. La operación nuclear identificable es la capacidad para sentir distinciones entre los demás: en un primer estadio, los contrastes en los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. En un estadio más avanzado, consistiría en leer las intenciones y deseos de los demás, aunque se hayan ocultado. La máxima expresión de esta habilidad social se da en los líderes religiosos y políticos, en los profesores y maestros, en los terapeutas, en los padres. La investigación cerebral apunta a que los lóbulos frontales desempeñan un papel muy importante en el conocimiento interpersonal. De acuerdo con Gardner, la enfermedad de Pick, una variedad de demencia presenil, implica una rápida pérdida de las habilidades sociales al estar dañados los lóbulos frontales (Holman, Chandak y Garada, 1995). Estos estudios recientes y el apoyo de tecnologías tan importantes y exactas como RNM, TAC y, sobre todo, PET, permitirán ir consolidando la base neurofisiológica de patologías invalidantes para las habilidades sociales por estar dañada la inteligencia social” (3).

La noticia de agencias finalizaba con una frase desgarradora: “Estas ballenas no tienen que morir”, afirmó Junichi Sato, portavoz de Greenpeace, el viernes pasado: “Las jorobadas son ballenas muy sensibles que viven en entornos muy cerrados, por lo que con sólo una muerte se podría provocar un enorme daño”. Entre otras razones porque a ellas debemos sentimientos nobles para investigar el legado que los seres humanos hemos recibido a través de evolución de las especies a lo largo de millones de años: sofisticadas habilidades comunicativas, capacidad de formar alianzas, de cooperar, de transmitir cultura, haciendo uso de determinadas aptitudes, que a los cazadores de hoy los debería dejar, cuando menos, atónitos.

Sevilla, 19/XI/2007

(1) Hof, P. R. y Van der Gucht, E. (2006). Structure of the cerebral cortex of the humpback whale, Megaptera novaeangliae (Cetacea, Mysticeti, Balaenopteridae). The Anatomical Record, Published Online: November 27, 2006. (DOI: 10.1002/ar.a.20407).

(2) Seeley, W. W, Carlin, D. A., Allman, J. M, Macedo, M. N., Bush, C, Miller, B. L. & Dearmond, S. J. (2006). Early frontotemporal dementia targets neurons unique to apes and humans. Annals of Neurology, 60 (6), 660-667.

(3) Cobeña Fernández, J.A. (2001). Las inteligencias sociales. Un modelo conceptual de las habilidades sociales desde el marco de la Psicología de la salud. Tesis Doctoral no publicada, Universidad de Sevilla, p. 49s.

Memorias de hipocampo (I)

Inicio una nueva serie de hojas escritas, en este cuaderno de bitácora, dedicadas a palabras estructuradas y concatenadas en diferentes formatos: artículos, cartas, conferencias, ensayos, presentaciones y reflexiones, que he creado a lo largo de mi vida y que se alojan hoy día en mi hipocampo, como sede declarada de mis diferentes memorias. Es un homenaje anticipado a la belleza de esta estructura cerebral, cuando todavía puedo hacer uso de ella de forma excelente, a la que ya dediqué un post específico y que es, curiosamente, uno de los más leídos por quienes acuden a esta isla desconocida de la Noosfera digital, de acuerdo con las estadísticas de acceso que utilizo.

Comienzo por unas palabras de agradecimiento (antes se decía discurso) que pronuncié en el acto de recepción del Premio Nacional de Informática y Salud 2000, que me entregaron en Madrid, en Enero de 2001, como profesional que por trayectoria y dedicación había colaborado especialmente en la implantación de la informática en el entorno sanitario, y que simbolizaban bien una forma de entender el compromiso con la sociedad de un empleado público que ama su trabajo diario, con unas claves que expuse con sentimiento y pensamiento, en días en los que siempre comenzaba todo

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Fotografía de Bertrand Tavernier, durante el rodaje, con uno de los niños protagonistas de Hoy comienza todo

PREMIOS NACIONALES DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE INFORMÁTICA DE LA SALUD – 2000

MADRID, 18 DE ENERO DE 2001

Buenas noches. No me gustaría convertir estas palabras de agradecimiento en un mero formalismo al uso, sino convertirlas en un canto al reconocimiento social del ser humano que, en definitiva, es lo que deberían perseguir estos premios, si me apuran, cualquier premio. Cuando he asistido a este tipo de actos, siempre he recordado unas palabras de un poeta paisano mío, sevillano y maltratado por la derecha intransigente, un hombre llamado Luis Cernuda, porque refleja la incapacidad que, a veces, tienen las palabras para expresar lo que se siente, se ama o se agradece, como en este caso:

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de
su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.

Exactamente es así: hoy les voy a hablar de mi amor verdadero, que no se llama gloria, fortuna o ambición. Hoy asistimos a la entrega de un premio al mejor profesional de informática… Junto con el agradecimiento sincero del reconocimiento social, deseo, a través de estas palabras, devolverles lo que me han dado como símbolo social de que casi nada nos pertenece sino que, al contrario, se nos confía, porque todo es muy relativo. Yo no pertenezco a la legión de embajadores del tratamiento de la informática como los proclamadores de la buena nueva digital, del evangelio digital, en frase de Hans Magnus Enzensberger, aquellos que declaran a los ciudadanos como ignorantes molestos. No soy tampoco vendedor de cajas de trucos pragmáticas, en expresión del mismo autor. No me gustan las brechas digitales, como nos alertaba un editorial del periódico El País, el pasado día 3 de Enero, al abordar los peligros del analfabetismo informático, afirmando que Internet, como la gran apuesta digital, puede ser una herramienta eficaz para reducir las diferencias en el acceso a la información que es lo que hace verdaderamente libres a los ciudadanos. Lo que he venido haciendo desde que tengo uso de razón es buscar sentido a la vida cualquiera que sea la posición que se ocupa en ese momento en el vivir diario. Pero el sentido de lo relativo es abrumador cuando nos consideramos solidarios, personas comprometidas con su espacio y tiempo, públicos, como es mi caso en la esfera profesional. Si este premio simboliza algo, es el reconocimiento a una Comunidad Autónoma, Andalucía, que me ha permitido ser funcionario público, administrador público y, desde el día 13 de junio de 2000, alto cargo público. Es decir, es la sociedad la que brinda la posibilidad de ser y de ser premiado, como en esta ocasión. Y es la sociedad la que resulta premiada, porque te ha permitido ser y ser premiado. Luego a ella va dirigido este premio.

Desde hace varios años, exactamente desde 1997, la Comunidad Autónoma Andaluza y su Sistema Sanitario Público vienen manifestando una apuesta clara por la revolución digital. Hablo en términos de revolución porque así debe ser. Una revolución centrada en los ciudadanos, a los que ofrezco este premio, ciudadanos andaluces, del sur, que también simbolizan el auténtico concepto de ciudadano que nos viene dado en este país por la Constitución. Y la revolución digital hace patente que junto a sus características de progreso inexorable en las comunicaciones y, por tanto, en la culturización a través de la información, la integración de los sistemas y tecnologías solo tiene sentido cuando se hace y se construye centrándola en los ciudadanos. Y es lo que ha permitido sentar las bases de un nuevo paradigma público sobre el que seguimos trabajando a diario, que contemplando lo que ocurre con el concepto y la praxis de la nueva economía, sabe distanciarse de los conceptos espurios de la revolución digital para poner las cosas en su sitio, entre los conceptos de evangelio digital y manual de supervivencia para personas comprometidas con su futuro. Y tenemos una gran oportunidad por estar en España y en el Sur, como reconocía Nicolás Negroponte en una reciente visita a nuestro país: “Dentro de ese futuro cercano, destaca el potencial de los países mediterráneos en Internet. Ciertas características de la Red y de la mentalidad latina coinciden: carácter abierto, desconfianza hacia la autoridad y fuerte creatividad. (Hoy las webs más visitadas de Estados Unidos están diseñadas por hispanos)”. Sin comentarios.

El premio se hace interesante y fecundo por su rastro, por su huella. Nace un nuevo compromiso en la clave que ofrecí como primicia el día de mi toma de posesión como Secretario General del Servicio Andaluz de Salud, es decir, hoy, con este premio, vuelve a empezar todo. Dominique Sampiero escribió un excelente guión para la película de Bertrand Tavernier, Hoy empieza todo, donde se reflejaba la realidad de los contrapuntos de una gestión directiva extrapolable a toda gestión ideologizada, como es la acción política de un sistema sanitario público. Hace años empezó todo lo que hoy nos rodea en clave de libertad a través de la Constitución donde se definió el papel que juega la Administración en el territorio español y, por extensión, en Andalucía. La ordenación sanitaria del país y de la Comunidad marca el camino de la acción pública de las altas cargas que algunas personas, sobre todo personas, tienen que desarrollar en el desempeño de los cargos. Y los nombramientos pasan, las tomas de posesión, pasan, los premios pasan y la vida de cada uno de los altos cargos que en el mundo nacional y andaluz son y han sido, pasan. Sólo queda la calidad de la percepción personal e intransferible de la cosa pública, en un constante ir y venir en la encrucijada de cada cometido, normalmente expresado en los compromisos de estructura.

Recibir este premio significa algo muy importante: la salud es un compromiso sobre un producto inasible, perecedero, por definición, con una clave extraordinaria que nos la ofrece el concepto de salud positiva, es decir, la salud creadora, ilusionante, proactiva, educadora… Si, además, la acción de salud que a cada uno compete se troca en trabajo comunitario, compartido, solidario, sentido, deseado y deseante, las posibilidades del todo sanitario se hacen más próximas y duraderas.

Cuando Dominique Sampiero explicaba por qué se puso este nombre a la película nos puede dar la clave de este acto que trasciende lo meramente protocolario y compromete en la acción transformadora: Todo lo que va a ocurrir es lo contrario a un cuento de hadas. Lo contrario de Había una vez… ¿Qué les parece si hoy ofreciéramos este titular: Hoy empieza todo… para la SEIS, para cada uno de sus miembros, para los premiados?… Reconozco que es una espada de doble filo. Porque o estamos asistiendo a un momento en que muchos pueden pensar que la sociedad pierde sus valores y creencias en el bienestar social ideologizado y dejamos entonces terreno abonado para el desencanto de los mercaderes, o la acción creadora de salud aprovecha esta ocasión y buscamos entre todos la mejor manera de comenzar todos los días el gran compromiso de servicio a los ciudadanos en lo más íntimo de su propia intimidad, que es el derecho inalienable a la protección de su salud, con el gran instrumento de apoyo que supone la revolución digital.

Hoy empieza todo. Actos como este te hacen ver que el cine no es de cine. Contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este acto en un cuerpo a cuerpo. Un gran corazón late, se alarma, va más despacio, se dirige a ustedes con la convicción de su promesa, su respeto a la autoridad, su compromiso individual y colectivo con la sociedad en general y la andaluza, en particular. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que nos acompañará siempre y nos permitirá conducir esta microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor…

Sevilla, 11/XI/2007

El cerebro feliz

Louis van Gaal, aquél polémico entrenador del Fútbol Club Barcelona, reprendió el 23 de diciembre de 1999 a un periodista holandés con una frase que hizo historia: «Tú, siempre negativo, nunca positivo». Aquel cerebro deportivo hizo diana en una conducta que atormenta al ser humano con una frecuencia inusitada. A menudo, sentimos que no nos encontramos bien, mentalmente hablando. Comenzamos a ver todo oscuro, negro, con una preconcepción de la vida, de las cosas, del trabajo, de la familia y de las amistades, donde no brilla lo positivo de la vida. Proyectamos en todo lo que nos rodea nuestro propio estado de des-ánimo [sic] y comenzamos a verlo todo, siempre, de forma negativa, nunca positiva. Y aquí es donde adquiere carta de naturaleza la inteligencia, el cerebro humano. Porque con independencia del aserto afortunado de Van Gaal, ¿es cierto que algunas personas suelen actuar así de forma habitual?, ¿se puede justificar esta conducta humana?.

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Las zonas señaladas en rojo, la corteza cingulada anterior y la amígdala, aparecen con activación importante en la RMNf (fotografía del experimento citado en Nature)

El pasado 24 de octubre saltó a la Noosfera un mensaje muy esperanzador, porque se ha descubierto cómo funciona el cerebro optimista, posiblemente feliz, habiéndose detectado mediante resonancia magnética nuclear funcional (RMNf) que se puede localizar ya la predisposición a esperar hechos positivos. En un artículo publicado en la revista Nature (1), por la doctora israelí Tali Sharot y colaboradores, pertenecientes al Departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York, se ha demostrado que a través de las imágenes obtenidas mediante la RMNf se puede observar el mecanismo cerebral que subyace al optimismo y las diferencias entre unos individuos y otros. También se ha concluido que este mecanismo está localizado en la amígdala y en la región de la corteza cingulada anterior. También se ha comprobado que estas estructuras son más pequeñas cuando las personas sometidas a este estudio pensaban en situaciones negativas del futuro y cuando se recordaba el pasado. Por el contrario, estas áreas son mayores en los más optimistas.

Elisabeth Phelps, coautora del artículo de referencia y directora del laboratorio donde se ha llevado a cabo la investigación, ha declarado al respecto que «Comprender el optimismo es crítico, ya que se lo relaciona con la salud física y mental. Por otro lado, una visión pesimista está correlacionada con la gravedad de los síntomas de la depresión». La bondad de este tipo de avances científicos es que nos permite vislumbrar los efectos contrarios de los hallazgos, descubriéndose al mismo tiempo que la depresión sabemos también dónde reside, por decirlo de forma metafórica. Tal y como se sabe a través del artículo publicado en Nature, el equipo de Phelps sometió a un grupo de siete hombres y a ocho mujeres, de edades comprendidas entre los 18 y los 36 años, a que pensaran en acontecimientos de su pasado, y que luego imaginaran su futuro durante 14 segundos, mientras sus cerebros eran analizados mediante resonancia magnética funcional, pidiéndoles también que se imaginaran a sí mismos en situaciones futuras como «ganar un premio» o «terminar con una relación amorosa».»Cuando los participantes imaginaban circunstancias positivas, se detectaba una mejora de la activación en el cíngulo anterior y en la amígdala, que son las mismas áreas cerebrales que parecen funcionar mal en la depresión», dijo la doctora Tali Sharot, principal autora del trabajo, que actualmente realiza un posdoctorado en el University College London, en Gran Bretaña. Los participantes más optimistas mostraban una mayor actividad en esta región al imaginar eventos futuros positivos», agregó la doctora Sharot. “Nuestros resultados sugieren que mientras el pasado está cerrado, el futuro está abierto a interpretación, lo que permite a las personas tomar distancia de posibles eventos negativos y acercarse hacia aquellos que son positivos», declaró Phelps por su parte.

En el post que publiqué sobre la estructura de la amígdala en este cuaderno de inteligencia digital, el 25 de febrero de 2007, Cerebro y género: una cuestión de amígdalas, abría unas líneas de investigación muy importantes para conocer bien esta pequeña estructura cerebral: “Desde el punto de vista científico, ya sabemos muchas cosas de la amígdala cerebral. Es una estructura muy pequeña y evolutivamente muy antigua. Dependiendo de su tamaño se puede identificar el carácter de una persona, llegándose a saber que una atrofia de la amígdala llevará a la persona que la sufra a una seria dificultad en el reconocimiento de los peligros, siendo realmente asombrosa la asociación que se puede llegar a dar entre su hipertrofia y la violencia y agresión. Se puede llegar a conocer hoy, a través de técnicas no invasivas de tomografía mediante emisión de positrones (PET), el coeficiente de las emociones en cada lado de la amígdala”. Y así fui adentrándome en el conocimiento de esta maravillosa central emocional y sentimental que tantos quebraderos de cabeza (nunca mejor dicho) suele darnos a lo largo de la vida. Sobre todo porque como finalizaba en ese post, es probable que cambie nuestra actitud ante la vida sabiendo que depende muchas veces de procesos en la neurotransmisión que, si los conocemos bien, podemos autojustificar las reacciones del periodista holandés que no gustaba a Van Gaal: “Tengo la impresión que la próxima vez que nos comamos una almendra, vamos a tener una sensación (¿emoción, sentimiento?) diferente de lo que hacemos. Probablemente, porque la amígdala cerebral de cada una, de cada uno, ha mandado unas señales neurológicas diciendo a la corteza cerebral que ya sabe por qué está sintiendo algo especial. Misión cumplida”.

Hoy, de forma especial, porque ya sé que muchas veces no se puede controlar de forma autónoma la actitud positiva o negativa ante la vida propia ó asociada, maravillándonos de dos pequeñas estructuras, del tamaño de una almendra, las amígdalas cerebrales, que me proporcionan un bien-estar ó un bien-ser (perdón por el neologismo), que el cerebro se encarga de tratarlo para que cada persona sea más inteligente en el acontecer diario, con sus cadaunadas, de cada una, de cada uno, de todos.

Sevilla, 7/XI/2007

(1) Tali Sharot, Alison M. Riccardi, Candace M. Raio & Elizabeth A. Phelps (2007). Neural mechanisms mediating optimism bias. Nature 450, 102-105 (1 November 2007).

Atocha: una verdad incómoda

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Cuando me he despertado esta mañana, la verdad estaba todavía allí (y aquí: en una sentencia ejemplar, en un juicio modélico, en la muerte sin sentido, real, en quienes lucharon por devolver vida a quienes se les escapaba en segundos de terror, en las personas y organizaciones que quisieron saber siempre la verdad machadiana, es decir, aquella que se busca en común, guardándose cada una, cada uno, la propia; en el Estado de Derecho, en aquellas personas afectadas por el atentado, que todavía no comprenden nada del absurdo de las creencias en algunos responsables del más allá que –paradojas del destino- hacen la vida imposible a los del más acá; en los silencios de los dioses a favor de la inteligencia humana, y en la democracia que se construye con las pequeñas acciones y cosas del día a día).

Cuando me he despertado esta mañana, la verdad estaba todavía allí (y aquí: he decidido cuidarla porque he crecido en las contradicciones de un país lleno de oportunidades en los últimos treinta años, que está más cerca de las culturas desconcertadas que de la educación para la ciudadanía).

Cierto.

Cuando me he despertado esta mañana, una verdad incómoda estaba todavía allí.

Sevilla, 4/XI/2007

Blogs y misión científica

Existen malas noticias para los que sólo quieren vivir su vida: si no nos relacionamos con las redes, las redes si se relacionan con nosotros. Mientras queramos seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar, [mientras que queramos trabajar con blogs], tenemos que tratar con la sociedad red. Porque vivimos en la galaxia Internet.

El texto entre corchetes es personal e intransferible, adaptado a una frase excelente del libro de Manuel Castells, La Galaxia Internet

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Leí ayer un artículo muy sencillo pero de amplio calado respecto de la ética de la comunicación científica que me animó a seguir reflexionando sobre la importancia de las diferentes formas de comunicar la ciencia, de divulgarla, de hacerla legible, entendible y asimilable para el común de los normales. Lo escribía en el espacio Tribuna de El País, Mónica Bradford, directora ejecutiva de la revista Science, premio Príncipe de Asturias de Comunicación en 2007. Es una nueva versión del empowerment (empoderamiento), entendido como la transmisión de poder decisorio a la ciudadanía, para retroalimentar la sociedad y que ésta se beneficie de los progresos de la ciencia desde primera hora y no cuando las multinacionales del sector decidan hacerlo público. Decía la autora del artículo que “La comunicación de la ciencia es esencial en un mundo cada vez más complejo (…) La libertad de comunicar abiertamente la ciencia es un derecho que nunca debemos dar por hecho, particularmente en países que están haciendo un gran esfuerzo para atraer más jóvenes a las carreras científicas. Una comunicación científica abierta es doblemente importante cuando las metas de la investigación chocan con valores políticos o religiosos. En EE UU, la información científica relevante para la política de cambio climático y el estudio de la evolución ha tenido que competir con las agendas política y religiosa por la atención del público. Sin buenos comunicadores para ayudar a informar sobre lo que nos dicen los datos científicos, la sociedad sería más vulnerable a tomar decisiones malinformadas” (1).

Estos días lo estamos viviendo directamente con las consecuencias del cambio climático. Es materialmente incalculable le medición de las consecuencias de una ignorancia consentida. Pero en la realidad científica que ahora nos ocupa deseo hacer una manifestación pública de la importancia de este medio, los cuadernos de bitácora (blog), que considero como medio excelente para anunciar, divulgar y hacer accesibles los contenidos científicos de áreas diversas y, sobre todo, las que impliquen un gran calado social por afectación personal y colectiva. Ha sido una constante de este blog desde que nació en diciembre de 2005, especializado en la inteligencia digital sobre la base de un cerebro accesible para todas y todos. Todavía no se ha llegado a vislumbrar el alcance de este medio pero ya hay cifras muy alentadoras de la función social en el ámbito científico porque el saber distribuido a través de la inteligencia conectiva puede alcanzar cotas estimables de equidad en el acceso a los grandes progresos de la ciencia, a la información distribuida, donde será imprescindible saber elegir aquella que gane a pulso la credibilidad social: “La blogosfera continúa creciendo rápidamente. Según el informe publicado por la empresa Technorati, existen más de 70 millones de weblogs en el mundo. Otros hechos significativos que evidencian este fenómeno son los 120.000 nuevos blogs que se crean al día, y que la blogosfera se duplica cada seis meses” (2).

Como alternativa de fundamentos expresados en este post, recojo también un gráfico del Informe publicado por Orange en 2007, que nos puede llevar a una reflexión sobre la “competencia” científica cuando se utilizan una de las puertas de entrada a los blogs: “Con el objeto de determinar cuál es el uso concreto que los internautas españoles hacen de los buscadores se ha considerado oportuno analizar el ranking de términos más utilizados en las búsquedas en Google durante el período que transcurre entre marzo y noviembre de 2006. La principal conclusión que se obtiene de este análisis es que los usuarios de Internet en España emplean los buscadores para buscar información relacionada con el ocio y la diversión. Más concretamente, los términos relacionados con el deporte gozan de gran popularidad”.

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Gráfico recuperado de eEspaña 2007. Informe anual sobre el desarrollo de la sociedad de la información en España. Fundación Orange: Madrid, p.179.

Considero de sumo interés el Informe y lo recomiendo. Hay una llamada de atención a la denominada Web Social, que recojo por su extraordinaria importancia: “Así, en esta edición, vuelve a destacar, con carácter continuista en términos de su consideración como sustrato de una Red de nueva generación, la Web Social. En esta ocasión, a los blogs, wikis, folcsonomías y la siguiente oleada de (servicios de gestión on-line de) redes sociales, hay que añadirle nuevos fenómenos globales de comunicación en la Red, así como evoluciones en los formatos y las formas de interacción que responden, en ciertos casos, a la lógica de la convergencia. Esta primera parte presenta algunas magnitudes del contexto global y particular de España, para luego incidir en dos tendencias claras. Por un lado, la consolidación del universo blog, donde se incluyen no sólo estos modernos cuadernos de bitácora como fenómeno, sino también los wikis –que parecen haberse quedado asociados con las iniciativas enciclopédicas abanderadas por Wikipedia– como paradigma de participación y contenido generado en colaboración por un usuario supuestamente más participativo; para terminar destacando dos vertientes sociales de la utilización de tales instrumentos infotecnológicos, como son la participación ciudadana y la integración en el debate social de los avances tecnocientíficos” (3).

En mi intervención del año pasado (16/XI/2006), en las Jornadas de Blogs, Ciencia y Universidad, celebradas en Sevilla, manifesté públicamente mi posición al respecto: “Es la nueva visión de la democratización del saber, que obliga a adoptar nuevas formas de aprendizaje. Internet es una escuela de alta disponibilidad, no cierra nunca, y aquí no es posible reeditar la famosa frase de Larra. “vuelva usted mañana”, que tanto caracteriza la formación e información trasnochada. Es verdad también que podemos digitalizar el desorden y el caos, en una nueva visión de caos digital, más propio de las tesis de los tecnófobos (…) El conocimiento y su gestión adecuada (?) es tan complejo en sí, tan inabarcable, hablando con humildad existencial, que tratarlo con fórmulas tradicionales es una tarea imposible. El mismo Onfray lo resume de forma espléndida: “Si siguiera trabajando dentro del Ministerio de Educación debería respetar un programa, unos autores, unos conceptos, preparar a los alumnos para superar unos exámenes de acuerdo con unas determinadas fórmulas… todo eso está bien pero hay mucha gente que satisface esa demanda, que se adapta al molde. En el Ministerio te dejan enseñar la filosofía como quieres, pero sólo oficialmente porque hay que hablar de Platón, de Aristóteles, de todos los grandes autores, antiguos y modernos… no queda tiempo para adentrarse en otros terrenos”. Si a esto agregamos la realidad de la Universidad digital/global que es en sí mismo Internet, a la que puedes asistir con pantuflas también, desde tu casa, podemos atisbar que el gran reto del siglo actual es trabajar al servicio de la inteligencia compartida, del cerebro, gran desconocido desde el punto de vista científico”.

También abordé las siguientes cuestiones:

– El siglo XX fue un siglo dedicado al corazón. El actual debería ser el “siglo del cerebro”. Es decir, estamos en pañales respecto del conocimiento humano, de su estructura, de su razón ser, de su enfermedad. Solo nos ha preocupado la locura, pero estar locos por saber ha sido cosa de unos pocos privilegiados. Solo atisbamos que nos desborda en la actualidad.

– El médico, por ejemplo, se sorprende porque el enfermo ha cambiado de rol: cuando se presenta en la consulta puede que lleve las últimas investigaciones sobre el diagnóstico que le comunicó la semana pasada. Los maestros están desbordados porque cuando encargan un trabajo a sus alumnos, rápidamente recurren a Internet, a las enciclopedias digitales, a las galerías de imágenes y les presentan unos trabajos excelentes, ellos dicen que “copiados”, sin que se estimule la inteligencia clásica (que se lo digan a Onfray). Los trabajadores son acusados de “hurto” del tiempo laboral porque envían correos no deseados para la “empresa”, para la “Administración”, chatean, entran en los buscadores, en sus bancos, en sus intereses… durante la jornada laboral. Los hijos más despabilados dejan cautivos y desarmados a los padres de segunda y tercera generación con las capacidades que desarrollan mediante Internet: chats, foros, videoconferencias, mensajería, etc. Y dicen.: “¡si es que yo no sé lo que hace mi hijo con el ordenador, si no sé manejar el Internet ése!”.

– Es decir, estamos ante el mayor espectáculo del mundo y algunos, sin entradas…

Así nació mi intervención mediante este medio, convencido de que los blogs tienen una misión científica cuando así se conciben: Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar). Después de casi dos años sigo plenamente convencido de este compromiso social. Han sido muchas islas desconocidas las que he descubierto, científicamente hablando, también para los demás.

Mi enhorabuena para Science y Nature. Mi agradecimiento y reconocimiento porque también me acompañan habitualmente en esta singladura, en una apasionante misión científica.

Sevilla, 28/X/2007

(1) Bradford, M. (2007, 26 de octubre). Celebremos las historias de la ciencia, El País, p.40.
(2) Fundación Orange (2007). eEspaña 2007. Informe anual sobre el desarrollo de la sociedad de la información en España. Madrid: Fundación Orange.
(3) Fundación Orange (2007).Ibídem, p.207. Se cita el término “folcsonomía” que se define como: “calco del inglés folksonomy es un neologismo que da nombre a la categorización colaborativa por medio de etiquetas simples en un espacio de nombre llano, sin jerarquías ni relaciones de parentesco predeterminadas. Se trata de una práctica que se produce en entornos de software social cuyos mejores exponentes son los sitios compartidos como del.icio.us (enlaces favoritos), Flickr (fotos), Tagzania (lugares), flof (http://flof.com.ar/bin/home/)(lugares) o 43 Things (deseos)”.

Inteligencia africana: una deuda histórica mundial

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Fotograma de la película española “El negro que tenía el alma blanca”, 1927 (dir. Benito Perojo), muda. Fuente: Gubern, Román: Benito Perojo. Pionerismo y supervivencia. Madrid: Filmoteca Española, 1994. Pág. 127.

He leído con atención científica la controversia que ha surgido en torno a las manifestaciones recientes de James Watson, codescubridor de la estructura del ADN y premio Nobel, en The Sunday Times: «Todas nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que su inteligencia [de los africanos] es igual que la nuestra, cuando todas las pruebas indican que realmente no es así». Y sabemos que ante el clamor mundial, se ha disculpado, en esta ocasión, en The Independent diciendo: «No es un debate acerca de la superioridad o inferioridad, sino acerca de la búsqueda y comprensión de las diferencias, de por qué algunos son grandes músicos y otros grandes ingenieros».

Estas palabras se han pronunciado en los prolegómenos de la presentación de su último libro de memorias en el Reino Unido, “Evitar aburrir a la gente: lecciones de una vida de ciencia”, donde se manifiesta en torno a la relación inteligencia-raza y hace un guiño a la célebre conferencia del ex presidente de la Universidad de Harvard, “Larry” Summers, en la que sugería que la escasa presencia femenina en las carreras de ciencias se debía a diferencias innatas entre ambos sexos, algo que Watson califica como “una teoría impopular pero no infundada”. Este hecho lo recogía también, personalmente, en un post que a tal efecto escribí en este cuaderno el 28 de enero de 2007, Cerebro y género: materia blanca contra materia gris, con una interpretación que puede ser de gran interés recuperar en esta ocasión: “Es una verdad histórica, pero no científica que los hombres tienen más materia blanca que las mujeres, porque “ellas” tienen más materia gris. Y eso “los hombres” no lo pueden aguantar: cómovaasereso, todo seguido, como dando más fuerza al grito de desesperación biológica, sobre algo aprendido desde la tierna infancia para gran desconsuelo de la realidad humana de todos los días. Pero, ¿qué se quiere decir con manifestaciones grotescas de la materia gris, algo más conocida, o sobre la supremacía de la materia blanca? Y Lawrence “Larry” Summers, el Presidente de la Universidad de Harvard, vino el 14 de enero de 2005 a reforzar estas ideas, echando leña al fuego, cuando aportó reflexiones científicas en relación con el progreso más lento de las mujeres en las ciencias y las matemáticas, en la conferencia titulada «Remarks at NBER Conference on Diversifying the Science & Engineering Workforce» (1), porque “podría deberse a diferencias innatas entre los sexos”. Vemos que el horno cerebral, en definitiva, no está para bollos.

Y en el mismo post, relacionado en ese momento con la problemática de género, señalaba la importancia también de los contextos sociales que de forma muy pormenorizada trato en mi libro sobre “Inteligencia digital”, en una dialéctica tan radical como establecer comparaciones fuera de contexto del paradigma “nacer blanco ó nacer negro, esa es la cuestión”: “Es muy difícil, en el contexto enunciado, echar culpas a las diferentes sustancias presentes en el cerebro humano, para identificar comportamientos que están cargados muchas veces de meras ideologías. Es verdad que nacemos con determinación sexual y con componentes que están asociados a una configuración corporal derivada de sustancias químicas que llegan a conformar una forma de ser en el mundo. Pero la necesidad de mantener en buen estado el cableado del cerebro es fruto de la conjunción indisoluble e interactiva de la sustancia gris y blanca en cada ser humano, con posibilidades ingentes de que la vida proporcione o no las posibilidades ocultas del carné genético. Y de ello sabemos todavía más bien poco. Ahí radica la belleza de la investigación: porque sabemos que está todo en la sede de la corteza cerebral, aunque todavía no lo hayamos descubierto. Y eso que todavía no hemos explicado la función de una tercera sustancia de funciones atractivas: la sustancia negra. Para algunos, “la que faltaba”, porque sabemos que como parte de la sustancia gris, con aspecto de media luna, contiene melanina, que le proporciona el color oscuro, siendo responsable de neuronas donde juega un papel fundamental un neurotransmisor, la dopamina, cuyo déficit o hiperactividad nos hace enfermar siendo jóvenes ó mayores, a través de la esquizofrenia ó el Parkinson”.

Y ante los interrogantes y justificaciones de Watson para recoger los platos rotos de sus desafortunadas manifestaciones en la prensa británica, sobre el debate que desea plantear acerca de “la búsqueda y comprensión de las diferencias, de por qué algunos son grandes músicos y otros grandes ingenieros», la respuesta no está en el viento: las posibilidades de las inteligencias múltiples son una realidad científica en el cerebro humano, respetando los contextos en los que se crea, desarrolla, vive, sufre y ama un ser humano. He estudiado a fondo la teoría de Howard Gardner, conozco bien sus éxitos y sus limitaciones, pero es muy convincente desde la investigación humana en el laboratorio de la vida, el más complejo. Así lo escribí en mi Tesis Doctoral (no publicada): “Howard Gardner, el precursor de las inteligencias múltiples que nos abre hoy las puertas a un nuevo planteamiento de inteligencia digital, de gran impacto social, hizo una manifestación en su presentación de la teoría científica de las inteligencias múltiples en los siguientes términos: “Es de la máxima importancia que reconozcamos y alimentemos toda la variedad de inteligencias humanas y todas las combinaciones de inteligencias. Somos tan diferentes entre nosotros, en gran parte, porque todos tenemos diferentes combinaciones de inteligencias. Si llegamos a reconocer esto, pienso que, como mínimo, tendremos una oportunidad mejor de enfrentarnos adecuadamente a los muchos problemas que se nos presentan en el mundo. Si podemos movilizar toda la gama de habilidades humanas, no sólo las personas se sentirán más competentes y mejor consigo mismas, sino que incluso es posible que también se sientan más comprometidas y más capaces de colaborar con el resto de la comunidad mundial en la consecución del bien general. Tal vez, si podemos movilizar todas las inteligencias humanas y aliarlas a un sentido ético, podamos ayudar a incrementar la posibilidad de supervivencia en este planeta, e incluso contribuir a nuestro bienestar”.

Mi visión de la inteligencia digital, como “capacidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía”, viene a corroborar esta visión de las inteligencias múltiples del profesor Gardner, que he recogido expresamente en mi libro anteriormente citado: “La teoría de las inteligencias múltiples nace en el contexto de la crisis conceptual, teórica y práctica del uniformismo inteligente y de su correspondiente evaluación. Para Gardner, la inteligencia es un conjunto de habilidades, talentos o capacidades mentales, que se organiza a la luz de los orígenes biológicos de cada capacidad para resolver problemas, en un determinado entorno cultural, con una operación nuclear identificable (sensibilidad para entonar bien, por ejemplo) y que se debe codificar en un sistema simbólico (el lenguaje, la pintura y las matemáticas, entre otros). A través de las investigaciones llevadas a cabo, Gardner propone la taxonomía de ocho inteligencias diferentes (últimamente afirma que ya se debería hablar de ocho inteligencias y media, al incluir la supranatural como la capacidad de los seres humanos de hacer preguntas fundamentales acerca de la existencia. La razón por la cual yo considero que ésta es una media inteligencia es porque aún no tenemos evidencia desde el punto de vista neurológico de su existencia (Gardner, 1996), no aisladas entre sí, trabajando en concierto: musical, cinético-corporal, lógico-matemática, lingüística, espacial, naturalista, la interpersonal e intrapersonal, siendo estas dos últimas las que propongo de un marcado interés para el análisis de las habilidades sociales en el mundo actual: la inteligencia interpersonal es la capacidad para entender a las otras personas: lo que les motiva, cómo trabajan, cómo trabajar con ellos de forma cooperativa… La inteligencia intrapersonal, el séptimo tipo de inteligencia, es una capacidad correlativa, pero orientada hacia dentro. Es la capacidad de formarse un modelo ajustado, verídico, de uno mismo y de ser capaz de usar este modelo para desenvolverse eficazmente en la vida. La inteligencia interpersonal permite comprender y trabajar con los demás, mientras que la inteligencia intrapersonal permite comprenderse y trabajar con uno mismo. No es ajena a esta investigación la problemática derivada de la continua búsqueda de la mejor definición de inteligencia, cuestión que no se puede simplificar y que supone pronunciarse sobre unas formas de entender la investigación y que pueda servir de contexto a este libro. En algo si se está de acuerdo en la comunidad científica ante un término tan complejo: la inteligencia es la capacidad de captar relaciones complejas y de resolver problemas en un contexto útil… Las demás cuestiones relacionadas con ella –sus bases neuronales y de cálculo, su origen, su cuantificación- siguen estando abiertas, son discutibles y en algunos casos tienen ramificaciones incluso políticas (Yam, 1999)” (2)

Hechas estas reflexiones y poniendo a cada persona en su sitio (diversas asociaciones científicas y de derechos humanos ya lo han hecho), quiero manifestar que no me gusta criminalizar las situaciones de debilidad de los seres humanos, como la manifestada por Watson en esta entrevista, a pesar de sus provocaciones históricas, detestables y muy controvertidas. Su inteligencia, compartida con Crick y Wilkins, al recibir el Premio Nóbel en 1962, por sus aportaciones trascendentales sobre el ADN, como larga molécula formada por dos hélices enrolladas sobre sí mismas, en la que moléculas de azúcar y fosfato forman las hélices, y pares de bases nitrogenadas enfrentadas y unidas por dos puentes de hidrógeno mantienen unida la estructura, ha permitido conocer a fondo, también, las bases moleculares de la inteligencia. Y es justo reconocer que su descubrimiento aportó una de las grandes tesis para nuestra investigación compartida con otros científicos: la biología se puede explicar de un modo químico estándar, situando a la biología molecular como el centro en la explicación de los sistemas vivos, es decir, hay que concluir definitivamente en que casi todos los aspectos de la vida están gestionados a nivel molecular: «El ADN es una molécula mucho menos sofisticada que una proteína evolucionada y por esta razón revela sus secretos más fácilmente. No podíamos saberlo por adelantado: sólo fue cuestión de suerte tropezar con una estructura tan bella«. (Qué loco propósito. Francis Crick, 1988).

La inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y doloridos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial: “hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (3).

Sevilla, 22/X/2007

(1) Nota: las siglas NBER corresponden a The National Bureau of Economic Research, con sede en Cambridge, Massachusetts MA.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 115s.
(3) Cobeña Fernández, J.A. (2007), ibídem, p. 15-28.