Feria del libro en Sevilla

Si tuviéramos que localizar un identificador esencial en Sevilla, un descriptor para localizar su idiosincrasia, seguro que recurriríamos a la palabra “Feria”. Pero si tuviéramos que describir la realidad de la lectura en la ciudad, estaríamos más lejos de los tópicos acuñados a tal efecto. Una feria de libros es una oportunidad de curiosear el estado del arte en la edición actual española, ojear hasta la saciedad e intentar gastar menos en la compra de los libros deseados y deseantes. Ayer estuve en la Feria del Libro, en su nueva edición, con un lema programático “Sevilla, capital de la poesía”, en un marco muy propicio para provocar emociones y sentimientos lectores: el Alcázar, la Giralda, la Catedral, el Archivo de Indias, como testigos activos de la historia de Sevilla que todavía está por escribir.

La verdad es que la concurrencia era escasa, quizá por la hora, las seis y media de la tarde, el calor recurrente en Sevilla y digámoslo claro, porque en Sevilla se crea mucho y se lee poco. Casetas sin apenas visitantes aunque algunas estaban rotuladas especialmente, sin barreras, invitándote a entrar. Y las novedades, sempiternas llamadas de atención de editores interesados en que se lea lo que se demanda según no se sabe qué encuesta de última hora. Quizá influía el calor sofocante que ayer tuvimos la suerte de disfrutar para que no faltara de nada.

En la Plaza del Triunfo estaba desarrollándose la presentación de la colección “E la nave va”. Ya había puesto los motores en marcha la tarde anterior José Saramago, autor de un sugerente “cuento de la isla desconocida”. Había público interesado y aquellos que aprovechaban los bancos de fondo para descansar del calor sofocante. Como en cualquier tarde de los veranos adelantados en Sevilla. Y el trajín de los coches de caballos con su olor identificador, los coches de última generación adornados para las bodas del lugar y un sacristán de la catedral, vestido “ad hoc”  localizando en la caseta en la que estábamos buscando libros de interés personal, al dueño del vehículo que no permitía entrar al coche nupcial en la Plaza Virgen de los Reyes camino de la Puerta de los Palos para celebrar el desposorio que indican los manuales de turno. Sevilla estaba allí, cerca de los libros, en la literatura, pero sin acercarse a ellos, como se ha demostrado en ocasiones históricas a lo largo de los siglos.

También se podía leer el periódico “Mercurio” en una edición especial para la Feria. Lo podías retirar de unos expositores de ADN (¡qué denominación tan sugerente para los preocupados por la inteligencia digital!), añorando la edición mensual en formato revista que tanto aprecio, por la posibilidad que ofrece de conocer el panorama de libros con referencia explícita a Andalucía. Me lo quedé, sin necesidad de pagarlo, en un esfuerzo editor para que no sea tipificado como mercancía. Gracias.  

Y con motivo de la celebración de la Feria, recordaba el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros correspondiente a 2005, elaborado por PRECISA para la Federación de Gremios de Editores de España, concretamente el apartado referente a la compra de libros, intuyendo que sus conclusiones eran una declaración muy importante para conocer mejor la razón de ser y oportunidades que ofrece esta Feria:

♦ Un 56,3% de los entrevistados ha comprado al menos un libro en el último año. La media de libros comprados al año por comprador es de 12, aunque si se considera exclusivamente la compra de libros que no son de texto el promedio es de 8.
♦ Esa tasa supone un incremento respecto al año 2004 cuando fue del 51,4%. ♦ El porcentaje de compradores es del 45,4% si se incluye exclusivamente a  quienes adquieren libros que no son de texto escolar.
♦ El perfil de los que adquieren más libros que no son de texto (6 y más al año) es el siguiente:
• Personas de 25 a 44 años
• Con estudios secundarios o más
• Ocupados
• Residentes en municipios de más de 1.000.000 de habitantes
• De clase social alta – media alta
♦ Se compra principalmente literatura (74,9%) y dentro de ella fundamentalmente novelas y cuentos (67,1%). De las restantes materias destaca humanidades con un 8,7%.
♦ Las novelas más compradas son las de intriga/misterio con un 32,5%, seguidas de las históricas (19,4%) y las de aventuras (13,0%).
♦ El consejo de amigos/conocidos es la principal referencia para decidir la compra de un libro, seguido de lo que se ojea en librerías y quioscos.
♦ La librería es el lugar habitual de compra para un 74,4% de los entrevistados. No obstante, únicamente un 54,3% adquirió allí su último libro. Del resto de canales destacan los clubs del libro (12,3% del último libro comprado) e hipermercados (9,7%). Precisamente este último crece respecto al año anterior pasando de 7,2% a 9,7%.
♦ Los libros de texto se compran principalmente en librería (71,1%). El segundo canal en importancia son los colegios/Ampas/Centros de estudios con un 17,4%.
♦ El 20,9% ha comprado el libro que no es de texto con descuento. El porcentaje para libros de texto es del 64,5%.
♦ En torno a un 10% de la población adquirió fascículos en quioscos en el último año, en tanto que ha comprado algún libro o colección de libros en quioscos un 9,5%.

Y durante el  primer trimestre de 2006, los resultados presentan esta situación:

• Las mujeres jóvenes, universitarias y que viven en grandes ciudades, son las que más leen
• Uno de cada cuatro españoles lee libros todos o casi todos los días
• Las personas entre 25 y 34 años, encabezan la lista de lectores más  frecuentes

De vuelta de la Feria me encuentro esta buena noticia: el porcentaje de personas que leen libros en España, todos o casi todos los días, ha aumentado durante el primer trimestre del año, hasta situarse en un 25,4% de la población mayor de 14 años. Me encantaría que así fuera en Andalucía, que ocupa el puesto 12 entre las Comunidades Autónomas, con un porcentaje del 54% de población lectora de libros, mayor de 14 años, con una cifra inferior a la media nacional (57% de lectores frente al 43% de población que asegura no leer libros nunca o casi nunca), según el citado barómetro de 2005. Es digno de agradecer, por tanto, el esfuerzo de la Asociación Feria del Libro de Sevilla, porque hace falta valor ideológico y cultural, en su sentido primigenio, para montar una Feria con la que está cayendo.

Por la calle Santo Tomás, eran las ocho y media de la tarde, todavía resonaban los silencios de Sevilla. Y algunos poetas celebraban la capitalidad otorgada en esta feria –patio- tan particular, donde uno se acerca y se aleja de las casetas, sin comprar, como en las demás. En casa, me ilusionó conocer las recomendaciones del Consejo Audiovisual de Andalucía sobre la movilización de los medios audiovisuales a favor de la lectura y de la cultura del libro. Un reto inteligente.

Sevilla, 14/V/2006

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