Crónicas de Viena (III): La casa de la música

Es verdad que Viena es una gran casa de la música, entres por donde entres, pero la tarde del día 1 de agosto fuimos a conocer esta interesante experiencia en torno a la didáctica de la música: la Hausdermusik. Y no nos defraudó, aún cuando se aprecia el deterioro por el paso del tiempo en una experiencia que solo tiene siete años. Está situada en el centro histórico de la ciudad, en Seilerstätte 30, en el mismo edificio donde Otto Nicolai (1810-1849) fundó en 1842 la Orquesta Filarmónica de Viena. Comienza la visita con la entrada en el Museo de la citada Orquesta, con la posibilidad de contemplar en una gran pantalla, el último concierto de Año Nuevo, que en esta ocasión nos facilitó el encuentro con Zubin Mehta, director al que profeso gran admiración. También entramos “virtualmente” en la Galería de los Espejos del palacio de Schönbrunn a los compases del bello Danubio Azul. Minutos para disfrutar de una experiencia sentida, de la mano de las primeras figuras de baile del ballet de la Ópera de Viena para esta ocasión, la guipuzcoana Lucía Lacarra y Cyril Pierre. La Filarmónica se recrea allí en sus actuaciones, trofeos y grandes directores. La sentí más próxima en Salzsburgo, cuando estuve también cerca, muy cerca, de la residencia de su director emblemático: Von Karajan.

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También “compuse” un vals, aunque no pude traerme la prueba irrefutable de tal osadía. Y me atreví a dirigir “virtualmente” a la Filarmónica de Viena, en una experiencia interactiva, en la Marcha Radetzky, de Johann Strauss, de la que no salí muy bien parado porque el Director me regañó –virtualmente- por no seguir de forma adecuada el compás, el tiempo y el ritmo, con mi batuta electrónica. Igualmente, lo hicieron algunos músicos. Tampoco estaban los “funcionarios” que podían certificar tal acontecimiento… Inteligencia digital en estado puro.

Después entramos en los espacios museísticos de Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Strauss y Mahler. Una oportunidad para refrescar composiciones, afectos y desencuentros entre virtuosos de la música. Terminaba la exposición musical con espacios destinados a instrumentos y experiencias de sonido multifuncional. También entramos en una sala específica montada por el Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en torno al cerebro y la música, la música entre la actualidad y el futuro, la Brain Opera, que muestra las posibilidades de ser en el presente codiseñador del futuro, ya que los sonidos y el ambiente creados por los movimientos, el tacto y la voz en el juego interactivo con los hiperinstrumentos del Bosque de la Mente se almacenan, mezclándose en el Mezclador de la Música del Futuro con las ideas creativas de otros visitantes para formar nuevos mundos de sonido, una y otra vez.

Gran experiencia, con la sensación de que la música es un medio interactivo aún por descubrir, en mi caso. Con la misma humildad que tenía que aceptar la pequeña admonición del director de la Filarmónica de Viena cuando subido al estrado no era capaz de dirigir a los “profesores” a los que tanto admiro. Comprendí mejor que nunca a mi querido profesor Howard Gardner, creador de la teoría de las inteligencias múltiples: es necesario aceptar que la inteligencia musical también existe.

Y salimos hacia la Kärntnerstrasse, la calle peatonal del discreto encanto de la burguesía vienesa, donde un niño tocaba admirablemente el acordeón para ganarse la vida en su particular casa de la vida.

Sevilla, 17/VIII/2007

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