Andalucía Pública 2.0 (III): la soberbia digital

FORGES

Hace cuatro años que escribí lo siguiente en un arrebato de conciencia de clase como empleado público: “A Blanca, la protagonista de una novela entrañable de Antonio Muñoz Molina, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido. Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”. Cuando en una ocasión vi aquel chiste de Forges, brillante humorista español, en el que aparecían tres presuntos funcionarios echados hacia atrás en sus sillones, con las manos cruzadas en la nuca y diciendo: “se me abren las carnes cada vez que me dicen que me tengo que ir de vacaciones…”, me pregunté el porqué de estas interpretaciones de la calle. Sin comentarios. Pasados los años, ocupando ahora un puesto de responsabilidad en el ámbito de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación en el ámbito económico-financiero, me gustaría retomar aquellas consideraciones desde la perspectiva de asunción de responsabilidades de un funcionario que no sabe muchas cosas que los ciudadanos y ciudadanas de este país sospechan en la relación con la Administración electrónica andaluza.

En aquella ocasión, utilizaba el siguiente discurso para un compromiso público de base digital, con aplicación de conocimiento público digital: “Como empleado público, he crecido junto a la reiterada referencia a Larra, ¡vuelva usted mañana!, en todos los años de dedicación plena a la función pública: educativa, sanitaria y tributaria, construyendo día a día y, en contrapartida, lo que llamaba “segundos de credibilidad pública”. Me ha pesado mucho la baja autoestima, ¿larriana?, que se percibe en el seno de la Administración Pública por una situación vergonzante que muchas veces no coincide con la realidad, porque desde dentro de la misma Administración hay manifestaciones larvadas, latentes y manifiestas (valga la redundancia) de un “¡hasta aquí hemos llegado!” por parte de empleadas y empleados públicos excelentes, que tienen que convivir a diario con otras empleadas y empleados públicos que reproducen hasta la saciedad a Larra (a veces, digitalizado) y que hacen polvo la imagen auténtica y verdadera que existe también en la trastienda pública. Y muchas empleadas y empleados públicos piensan que la batalla está perdida, unos por la llamada “politización” de la función pública, olvidando por cierto que la responsabilidad sobre la Administración Pública es siempre del Gobierno correspondiente, y otros porque piensan que el actual diseño legislativo de la función pública acusa el paso de los años y que la entrada en tromba de las diferentes Administraciones Públicas de las Comunidades Autónomas, obligan a una difícil convivencia de la legislación sustantiva sobre el particular con las llamadas “peculiaridades” de cada territorio autónomo”.

Es obvio considerar que aplicando el principio de realidad a esta situación, hace tiempo que vengo investigando la quintaesencia del empleo público, es decir, la función pública en sí misma, hoy “función pública digital” en el marco de esta serie, a sabiendas de que es una materia denostada en muchos ambientes sociales por el mal cartel que tiene proclamar a los cuatro vientos la identidad funcionarial, pero de marcado interés social por el impacto en el devenir diario de un Estado, de una Comunidad Autónoma o de una entidad local menor, en su correspondiente responsabilidad pública de carácter digital, hoy preconizada por la entrada en vigor, a veces vergonzante, de la Ley 11/2007, de acceso electrónico de los ciudadanos a los Servicios Públicos. Por eso, es importante hablar hoy de Andalucía Pública 2.0, desde la humildad del trabajo bien hecho, en la clave de las palabras de Cernuda a sus paisanos: el trabajo, con amor hecho, merece siempre la atención de los otros. Con humildad, sin la soberbia que nos caracteriza a los empleados públicos, en muchas ocasiones, asomándonos por la ventanilla ¿digital?, denostada por Larra redivivo, en una reinterpretación nada dudosa en términos digitales: entre (vuelva) Vd. mañana a este Portal o Servicio Web, o no se sabe cuando, porque todavía no se ha “implementado”, utilizando a veces el argot tecnológico ante la ciudadanía, como si lanzáramos contra ellos la División Acorazada Guzmán el Bueno. Escuchando lo que quiere y necesita la ciudadanía desde la perspectiva digital, sabiendo que el legislador ha marcado unas directrices claras y contundentes en la definición de derechos digitales públicos y deberes digitales de la Administración Pública andaluza, para no irnos fuera de nuestro territorio a dar lecciones de ética digital o a buscar en Andalucía ciudadanos que usen servicios públicos (1).

A partir de esta reflexión, solo voy a referirme en esta serie a la función pública digital desde la perspectiva de empleadas y empleados públicos, portadores y generadores de inteligencia digital creadora, también pública, para identificar así a aquellas personas que cumplen el principio constitucional de que el régimen general del empleo público en nuestro país es el funcionarial, también el laboral, como elemento garantista de la propia función pública, mediante empleo público de cualquier naturaleza, también digital, en relación con la ciudadanía, engarzado todo en una nueva economía del conocimiento.

Sevilla, 7/III/2010

(1) http://www.adeces.org/administracion%20electronica%202009.pdf

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