El alma del cerebro

DICK SWAAB
Dick Swaab

Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)

Este cuaderno de inteligencia digital tiene un hilo conductor claro: aproximarnos al conocimiento del cerebro, divulgar sus estructuras y la raíz de muchos comportamientos humanos, por complejos que sean. Sin lugar a dudas, gracias a este siglo esperanzador, al que he llamado “el siglo del cerebro”, que ya presentaba como tal en 2006 en un post dedicado a esta realidad tan próxima, acabaremos descubriéndolo en su sentido más profundo: “Por eso insisto en que este siglo va a ser muy importante para la historia de la humanidad. La inteligencia se va a abrir paso en un mundo hostil que, por ahora, no le interesa mucho descubrir la magia del cerebro, porque dejaría al descubierto la gran mentira de los desajustes sociales, de la indecencia de la pobreza sublime que, por mucho que lo neguemos, la tenemos más cerca de lo que parece. Pobreza mental, sin ir más lejos”.

El siglo XX dedicó todos sus esfuerzos científicos a descubrir el corazón hasta terrenos insospechados, como mantenerlo vivo fuera del cuerpo en intervenciones quirúrgicas específicas, pero en la actualidad estamos muy cerca de conocer la quintaesencia del funcionamiento de las estructuras del cerebro, grandes desconocidas todavía. He recopilado recientemente en una publicación electrónica, Origen y futuro de la ética cerebral, la razón de ser del cerebro, basada en la configuración de las estructuras cerebrales que nos permiten adquirir conocimiento y proyectarlo mediante sentimientos y emociones que justifican todos los actos humanos, la ética real y objetiva.

Hoy he leído un reportaje, Esculpir el propio cerebro (1), centrado en ese “órgano de pensar”, que suscita tanto interés científico, en el que me ha impresionado la síntesis que presenta sobre una publicación reciente de Dick Swaab (2): “La mente es el resultado del funcionamiento de nuestros cien mil millones de neuronas, y el alma, un malentendido. El uso universal del concepto de alma parece estar basado solamente en el temor que el ser humano tiene a la muerte, el deseo de volver a ver a los seres queridos y la errónea y arrogante idea de que somos tan importantes que algo de nosotros debe quedar a nuestra muerte”.

Creo que estamos ante una situación excepcional para descubrir día a día cómo funciona el cerebro, el nuestro y el de las personas más próximas a nosotros, para que un día no muy lejano podamos comprender cómo hemos montado poco a poco el suelo firme (la ética) de nuestra vida, la raíz de la que brotan todos los actos humanos y los justifica. En el cerebro, ya sin lugar a duda alguna, porque como dice Dick Swaab, el alma es solo un malentendido. Y lo dice una persona como yo, que intenta todos los días poner el alma en su sitio, no sobrenatural por supuesto, sobre todo cuando escribo: “Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y, a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión” (3).

En definitiva, hablo del alma de mi cerebro, tal como yo lo entiendo y siento mientras lo esculpo cada día…

Sevilla, 29/VI/2014

(1) Calvo Boy, Antonio (2014, 29 de junio). Esculpir el propio cerebro, El País (Babelia), p. 12-13.
(2) Swaab, Dick (2014). Somos nuestro cerebro. Cómo pensamos, sufrimos y amamos. Barcelona: Plataforma.
(3) Escribir con el alma: https://joseantoniocobena.com/2014/03/26/escribir-con-el-alma/.

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