PALABRAS DEL AMANECER / 6. Es hora de construir pasiones

CONSTRUYE
“Una amistad, el compromiso social, una conciencia crítica, la capacidad de esfuerzo y autocontrol o incluso una afición por la que madrugar un sábado por la mañana. Elementos todos ellos que pueden enriquecer la vida de un joven, ayudarle a desarrollarse como persona, y hacerle menos vulnerable frente a los consumos de drogas”.
Campaña de sensibilización de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción

Esta mañana encontré este mensaje cuando ya se asentaba el amanecer temprano de una ciudad apasionada en todo lo que vive y transmite. Precioso el eslogan de FAD, en una campaña publicitaria que está en la calle, nunca mejor dicho. Un hashtag, #CONSTRUYE, que puede ser viral si nos lo proponemos, pero en todos los órdenes de la vida: “Cuantas más cosas construyas en tu vida, menos espacio dejarás a las drogas”, cuyo objetivo es sensibilizar a los jóvenes españoles de 14 a 25 años acerca de la importancia de que se formen como personas –“que llenen su vida”- para ser menos vulnerables a los consumos de drogas.

Las elecciones del pasado domingo han abierto las puertas del campo de la pasión, desde todas las perspectivas posibles. Indiscutiblemente, #CONSTRUYE es un mensaje aleccionador y positivo para cuidar el peligroso mundo de las drogas, cualquiera de las que existen en su universo maligno, duras y menos duras, pero letales. Como es el mundo tenebroso de la corrupción con dinero público, una droga no novedosa por cierto. Y ya sabemos que el dinero es un poderoso caballero, corrupto a veces, habiendo tocado fondo político en la sociedad española.

Estamos viviendo momentos apasionantes. Como pertenezco al Club de las Personas Dignas, la pasión es una obligación para practicarla en todo lo que hacemos a diario cuantas personas estamos afiliadas a esta organización virtual, muy numerosa por cierto. La pasión implica sufrimiento, en su acepción etimológica más pura y necesariamente exige un esfuerzo suplementario ante la mediocridad que nos invade por tierra, mar y aire. Aun siendo una verdad incuestionable, se presenta ahora una oportunidad de cambio social, una ob-ligación [sic] apasionada que se ha vislumbrado en las urnas para desalojar el diletantismo y la pasividad no inocente, la tristeza y el desencanto ambiental por tanta miseria humana, tanta corrupción universal, aunque el trabajo de zapa de los de siempre, en nombre de los demás sin que la gran mayoría silenciosa o ruidosa se lo haya confiado, sigue haciendo de las suyas, practicando todavía sin compasión alguna aquello de “ande yo caliente, ríase la gente”. Porque les molesta la pasión de los que creemos que otro mundo, otra Europa, otra Andalucía, otra sociedad y otra política de todos y para todos, en definitiva, ahora es posible.

Sin tener que recurrir al dinero, al mercado, a las mercancías políticas de los que pretenden con sus actos robarnos diariamente a manos llenas la pasión de nuestra persona de secreto y la de todos. Es muy lógico el mensaje de FAD para los jóvenes, pero podría estar dirigido también a todos los que deseamos vivir apasionadamente, con deseo vehemente, porque una amistad, el compromiso social, una conciencia crítica, la capacidad de esfuerzo y autocontrol o incluso una afición por la que madrugar un sábado por la mañana, son elementos todos ellos que pueden enriquecer la vida de todos, sin excepción y retirarnos de la droga del desencanto humano que tanto daño nos hace. Sería una forma maravillosa de solidarizarnos de forma proactiva con la campaña. Cada uno con su cadaunada. Sólo son proposiciones desde la pasión que cantaba Pablo Milanés: Propongo compartir lo que es mi empeño y el empeño de muchos que se afanan. Propongo, en fin tu entrega apasionada, cual si fuera a cumplir mi último sueño.

Sevilla, 28/V/2015

Una inteligencia maravillosa


Una mente maravillosa. Discurso final

La comunidad científica está triste porque ha muerto John Forbes Nash, premio Nobel de Economía de 1994, un ejemplo de superación personal y social que nos ha conmovido desde que conocimos su experiencia de vida en un mundo dual llamado esquizofrenia, del que salió tras un esfuerzo encomiable y que pudimos valorar de forma privilegiada a través de una película que ha marcado la existencia de muchas personas.
No he olvidado nunca las palabras que pronunció Nash en el discurso de recepción del premio Nobel, que también se recoge en los planos finales de la película, con una interpretación extraordinaria de Russel Crowe:

“¡Gracias! Siempre he creído en los números. En las ecuaciones y la lógica que llevan a la razón. Pero, después de una vida de búsqueda me digo, ¿Qué es la lógica? ¿Quién decide la razón? He buscado a través de lo físico, lo metafísico, lo delirante,…y vuelta a empezar. Y he hecho el descubrimiento más importante de mi carrera, el más importante de mi vida. Sólo en las misteriosas ecuaciones del amor puede encontrarse alguna lógica. Estoy aquí esta noche gracias a ti. Tú eres mi única razón de ser. Eres todas mis razones. ¡Gracias!”.

Escribí en 2009 una carta sobre El equilibrio de Nash, tras la lectura de un reportaje de la revista dominical Magazine, de 13 de septiembre de ese año, porque hacía tiempo que no constataba de forma tan directa el nuevo elogio de la inteligencia genial que es también algunas veces, para la ciencia y la literatura, de la locura. El apasionante retorno de John Forbes Nash a la cordura no conformista, lo dejaba bien claro: la locura es un sueño del que se puede despertar. Su visión sobre el conocimiento humano no dejaba resquicio a la desesperanza en sus palabras. Todo el reportaje era un canto al interés de que el mundo solo tiene interés cuando se va hacia adelante en la vida, en cualquier plano y, sobre todo, en el del conocimiento. No sobraba una línea del mismo, todas sus palabras se cruzaban con perspectivas saludables, en clave de constante pensamiento racional frente a cualquier irracionalidad de viejo o nuevo cuño. Además, aconsejaba a los jóvenes estudiantes, tras su viaje de ida y vuelta a la estereotipada normalidad, como un canto a la vida racional creativa, que la felicidad no depende de resultados académicos, que necesitamos el riesgo, que hay que asumir los propios fracasos y atreverse a abordar la maravillosa creatividad haciendo cosas que nos diferencian de los demás, pensar por sí mismos. En definitiva, vivir en permanente equilibrio, según su paradigma, sabiendo que la locura de vivir es una estrategia para que todos podamos ganar al despertar de sueños reales.

Sé de lo que hablaba Nash, porque cuando se produce la muerte de alguien a quien quieres o admiras o te mueres por dentro cuando te clasifican como loco o loca, es difícil encontrar respuestas. Creo que solo queda una muy concreta, la de la amistad, la del amor que comentaba Nash, porque cuando te caes o tropiezas en las piedras de la vida cuerda o loca, siempre estará alguien cerca para ayudarte, levantarte y seguir haciendo camino al andar. Es lo que le pasó a un hombre de asamblea, de “comunidad” que se llama hoy, de nombre Eclesiastés, que no tenía respuestas para la muerte o la locura en vida, pero en cierta ocasión le habían contado en su círculo más cercano que la amistad o el amor, tanto monta-monta tanto, es como la cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y así lo han dejado hablado y escrito el Eclesiastés y John Forbes Nash. Maravillosa inteligencia.

Sevilla, 25/V/2015

Bella con alma

MARIA ANGELES NARVAEZ BELLA
Yo bailo en silencio… como si oyese mi propia música interior, o mejor aún: mi corazón. Pero también el tuyo.
María Ángeles Narváez

Fue una presentación en sociedad de un espectáculo de pensamiento y sentimiento, Bella, con un corazón que se escuchó mucho más fuerte que el viento, en palabras de Rafael Alberti, porque si un baile flamenco no tiene sentimiento es solo eso, un baile. Anoche volvió a manifestarse en el escenario del Teatro Alameda, en Sevilla, la persona de secreto de María Ángeles Narváez Anguita, conocida artísticamente como “La niña de los cupones”, que con una sencillez extrema pronunció palabras que nos llegaron al alma de todos, las bailó una vez traducidas a su lenguaje corporal, transmitiéndonos a través de su silencio interior unas sensaciones especiales muy difíciles de explicar, en un teatro lleno de personas sensibles con un movimiento cultural, Escena Mobile, que presentó ayer dos espectáculos de cultura de inclusión, Bella y Bailo, luego existo, que pretenden aunar arte e integración social. Excelentes.

María Ángeles, que ayer fue María del Silencio, nos enseñó el arte de hablar a través del baile flamenco, con un movimiento en el escenario que se centraba en sus manos y en sus pies, traduciendo a lenguaje de signos lo que en ese momento estaba sintiendo como necesidad de comunicar su visión del arte a todas las personas presentes. Nos señaló muchas veces su mente, su corazón y habló de forma sobrecogedora sobre la necesidad de la expresión corporal, como detalla en la presentación de su espectáculo: “El baile es la fuerza que grita en mi cuerpo, desde la chispa de una idea que ha incendiado mi espíritu. También escucho el ritmo de otros cuerpos y me contagian… ¡me conmueven! Puedes ver lo que hace mi cuerpo, pero no puedes saber lo que ocurre en mi cabeza. Soy la señora de mi reino y lo creo a mi manera. Puedo cambiarlo todo, el mundo imagino al revés… pero eso no hace daño a nadie. Contar tantas cosas con mi cuerpo que no se pueden decir con las palabras… El baile es la fuerza que grita en mi cuerpo desde la chispa de una idea. Yo bailo en silencio… como si oyese mi propia música interior, o mejor aún: mi corazón. Pero también el tuyo.”

En una jornada de reflexión ciudadana, María Ángeles nos contó algo especial junto a su grupo artístico, lejos del mensaje de la factoría Disney: se puede ser bella durmiente de los sonidos. En ese mundo mágico tan especial, tan suyo, nos invita a participar siempre para que comprendamos que el ser humano es capaz de integrar el arte de bailar para expresar aquello que trasciende el mundo de los silencios. Nos recordó que la vida es bella, cuando somos capaces de integrarnos en el mundo de los que están atentos y despiertos ante estas realidades artísticas que, en su caso, no necesitan nada más que una voluntad férrea para superar limitaciones que la vida les entregó un día. Un ejemplo a seguir y divulgar a los cuatro vientos para que ella pueda montar a corto plazo el mejor espectáculo de su silencio interior en un mundo desorientado y falto de valores que necesita con urgencia conocer estos ejemplos de superación y belleza con alma.

Sevilla, 24/V/2015

Obligatoriamente obligados a votar


AGUAVIVA, Ni yo tampoco entiendo

… el tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo

Ante la situación que atraviesa el país, donde hay un sentimiento generalizado de desencanto hacia la política y quienes la ejercen de forma directa, es imprescindible ejercer el derecho a votar por la opción política que mejor responda a intereses generales en los que cada persona se vea reflejada. Lo peor que podría pasar sería engrosar la lista de abstencionistas o de voto en blanco, bajo la excusa de que quien así actúa es porque no es político o política, recurso tan simple como dañino para un país democrático.

Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversa razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo votado. La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado del ser humano, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista de La vida es bella, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo o entre mis amigos.

Estamos obligatoriamente obligados a entender así el voto, aunque muchas veces no sepamos por qué en el día a día político el tema 83, la democracia, el ácido sulfúrico, los ceros, el tacón, las hambres y el casamiento orgánico, no acabemos de entenderlos. Porque de lo que pasa en este mundo político casi todos sabemos a veces poco. Y sin embargo, estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo.

Sevilla, 22/V/2015

Hay que votar a personas y programas decentes

ELECCIONES LOCALES 2015
http://locales2015.mir.es/web/locales2015

El próximo domingo volvemos a depositar nuestros votos en las urnas. Un nuevo proceso para un tiempo nuevo en el que la decencia, tal y como lo explicaba ayer Emilio Lledó, en el día en el que recibía el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, tiene que ocupar un lugar destacado en todo el proceso que se inicia: “Ojalá este domingo regrese la decencia” (1).

En esta convocatoria vuelvo a recordar siempre lo que escribí hace ya casi treinta y dos años, cuando publiqué un artículo en el diario ODIEL, en Huelva, que llevaba por título “Ética del Municipio” (viernes, 27 de mayo de 1983). Hoy recupero aquellas palabras, en un contexto diferente, pero he leído entrelíneas lo que desearía reafirmar de nuevo de forma sencilla, a unos días de las elecciones municipales de 2015, donde como ciudadano que va a votar, con creencias, cambiaría muy poco aquellas palabras escritas con pensamiento y sentimiento con mucha más fuerza que el viento, en la clave de Rafael Alberti, a quien tanto leía y seguía en aquellos días.

Esta nueva lectura, actualizada, va a consistir en poner en cursiva las palabras cambiadas. Solo las que respetan la perspectiva de género. En aquellos años se utilizaba siempre el vocablo “hombre”, para caracterizar una representación del ser humano. Nada más.

Sevilla, 21/V/2015

(1) Ruiz Mantilla, Jesús (2015, 20 de mayo). “Emilio Lledó: “Ojalá este domingo regrese la decencia”. El País.com.

Ética del municipio

Dicen los principios éticos más ortodoxos, que la «cosa», la plata, por ejemplo, sólo sirve cuando es para las personas. La plata en sí no es nada, porque el valor se lo ha dado el ser humano. En este caso, el voto, el «papel» municipal sólo sirve para la persona, porque en sí tampoco vale nada. ¿A qué viene esto? Sencillo. Comenzamos una nueva etapa municipal y no vendría mal adentrarse en un mundo olvidado con frecuencia: la ética municipal.

Las bases éticas nacen en cada persona. En cualquier persona en su condición, ahora, de ciudadana. Las raíces de la conducta no son debidas en principio a unas normas establecidas, sino a la posibilidad de ser persona. Luego partimos del ser humano y su conducta. No son las manos las que votan, sino toda la persona la que vota. Y ese ciudadano deposita en un papel su persona «votando». Una persona que, en principio, confía (o debe confiar) en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Y esa persona quiere ser escuchada en su silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Sueña con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado.

El problema ético nace cuando se rompen los papeles, nunca mejor dicho. El símbolo de la papelera es el fantasma que recorre las mentes de los que votan. Y el recuerdo de ese acto debe estar presente, de forma cautelar, en las mentes de los elegidos democráticamente. Cada voto representa a una persona eligiendo y elegir es la posibilidad más seria de libertad que podemos gozar. La actitud ética del respeto al voto se constituye condición sin la cual no se puede hacer política municipal.

Otro principio ético municipal es el del respeto a la razón por un sentido de responsabilidad. La razón es humana y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que «ninguna ideología es inocente», como señaló Lukács. Y la ideología simbolizada en programas políticos ha perdido su inocencia de base. Pero eso no es «malo», para que nos entendamos. Perder la inocencia para ser responsable, es «bueno». Y ser responsable conlleva por un lado, conocer la «cosa» política (programa, por ejemplo…), el contenido de la acción y además, ser libre para decidir en nombre de unos votos.

Conocimiento y libertad, se constituyen así en elementos imprescindibles para ejercer el sentido de responsabilidad, es decir, de «respuestabilidad» (valga la expresión) ante situaciones políticas municipales muy puntuales. Arreglar una calle, poner farolas, o estudiar los impuestos, en si no son nada, sino que conocidos que son «para cada persona», para el ciudadano, valen, en el mejor sentido de la palabra.

Por último, el tema de llevar o no razón política: «La razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (1). Lo que pretende la razón municipal es reflejar la situación social de una ciudad, de un pueblo; eso sí, teniendo las ideas claras, porque de lo contrario se puede llegar a estropear la construcción de un sentimiento ciudadano de crecimiento, progreso y desarrollo. Tener las ideas claras, también es punto de partida ético imprescindible en la política municipal. ¿Por qué? Sencillamente porque es búsqueda de verdad, criterio ético que a pesar del paso del tiempo, siempre se sitúa como conquista. Y es que la verdad está en la «cosa», como decíamos al principio, en ese papel alargado con nombres y apellidos, que es mi voto municipal…

Huelva, 27 de mayo de 1983

(1) LUKACS, G (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

PALABRAS DEL AMANECER / 5. Sevilla no es de librerías

RAGAZZI DI VITA

Esta mañana lo he comprobado de nuevo: Sevilla no es de librerías, sino de bares. Mi camino del amanecer tenía hoy un objetivo concreto: entrar en las benditas librerías de la ruta escogida que, al igual que las iglesias vacías del poema Entro Señor en tus iglesias, de Rafael Alberti, estaban llenas del arte de enhebrar palabras, pero a los presuntos compradores no se les veía por ningún sitio. Y mi corazón anonadado ha gemido durante unos minutos, en una auténtica soledad sonora.

He saludado a autores muy queridos: Pasolini, Galeano, Enzensberger, Cobos Wilkins, García Márquez, Muñoz Molina, Pamuk, entre otros. Allí estaban, en columnas de a diez, de a veinte, esperando ser elegidos por un lector de la verdad posible, mezclados en todas las especialidades que el mundo de la letra impresa permite manifestar la palabra escrita que todavía queda en soporte papel, el que tanto defiende Vargas Llosa, entre otros. Puedo asegurar que no he pasado de largo en el recorrido por estanterías y mesas de novedades, aunque me hubiera gustado acompañarles más tiempo para que no se sintieran tan solos.

Y he ojeado con curiosidad una reedición del primer libro que escribió Pasolini, Ragazzi di vita (1955), con una traducción del título casi imposible: Chavales del arroyo, secuestrando la riqueza del lenguaje pasoliniano extraído de las borgate (suburbios) de Roma, un auténtico peligro para caminantes ingenuos. La moviola alojada en mi memoria de hipocampo ha comenzado una proyección de pase privado en mi cerebro y he recordado a Pasolini en el Cinema Farnese de Roma en noviembre de 1976, un año después de su muerte en la playa de Ostia, cuando le dedicaron una semana completa a su compleja cinematografía, que pude conocer al detalle. El evangelio según San Mateo y Teorema me marcaron para siempre, aunque tengo que confesar que Saló, con una entrada casi clandestina al cine que se atrevió a proyectarla sin publicidad exterior, supuso un revulsivo sobre la debilidad de la carne y de la mente humana, que me hizo dejar de creer en el que he llamado desde entonces “cine innecesario”, por fuerte que suene. Cine doloroso, casi cruel para el alma humana.

PAN Y CIELO

He vuelto a casa y he retomado Pan y cielo, de Juan Cobos Wilkins, a quien considero un amigo, porque creo que la amistad es como la cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper en el gran paseo de la vida. Y he recordado otro poema de Alberti, Di Jesucristo por qué…, cuando he visto desfilar en sus páginas al patrón de Trigueros, tan magníficamente retratado por Juan, quizá con la misma impresión de San Pedro sentado en la Basílica de San Pedro, en broce inmovilizado, deseando bajar al río, para volver a ser pescador, “que es lo mío”, cansado de que todos los días le besen sus pies gastados, “como ves”, pidiéndoselo a un Jesucristo diferente y comprometido con los que menos tienen. O la de San Antonio Abad, que desearía volver a vivir con los pobres, en silencio, que es lo suyo.

Sevilla, 20/V/2015

PALABRAS DEL AMANECER / 4. Donde Luis Cernuda nació…

CASA LUIS CERNUDA 1
Casa natal de Luis Cernuda, en calle Acetres, 6 (Sevilla) – JA COBEÑA

Mas no todos igual trato me dais,
Que amigos tengo aún entre vosotros,
Doblemente queridos por esa desusada
Simpatía y atención entre la indiferencia.

Luis Cernuda, A sus paisanos

No me hubiera gustado descubrir esta situación en paseos matutinos por la ciudad de sus sueños, porque donde hoy habita el olvido de Sevilla es en la casa donde nació Luis Cernuda, que está en venta al mejor postor, sin que se atisbe el rescate digno por parte de organizaciones públicas de su ciudad natal. Soy consciente de que la cultura es la pariente pobre de la situación económica actual y la que está sobrellevando como puede la crisis económica y, sobre todo, de ideas, en la ciudad de sus paisanos.

He recordado una y mil veces las palabras que nos dedicó hace muchos años, transidas de dolor por el trato recibido por parte de los sevillanos de pro y que las tengo grabadas a fuego en mi persona de secreto:

Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros.

He visitado recientemente la cristalería “Valeriano Díaz”, que finaliza su estancia desde 1917 en la casa de Cernuda, llena de cachivaches arriba y abajo, pero que conserva en sus muros, en su patio, en su galería interior, un sabor de realidades y deseos de supervivencia en lo más profundo del ser humano sensible con la cultura y con el patrimonio literario de uno de sus hijos que nunca pudo ser pródigo en su tierra. Al entrar, cerré los ojos y vi la vela echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. También, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, que estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Y el sonido del agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá, en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento.

Aunque me consta que hablar de estas realidades no es políticamente correcto en tiempos de turbación, tan revueltos, me gustaría hacer llegar a cuantas personas quieren a este poeta universal un llamamiento para unirnos en un frente cultural, como le gustaría a él nombrarlo, para intentar buscar una solución de mercado, pero sin tratamiento de mercancía pura y dura, a esta venta de un lugar que debería habilitarse como sede permanente, sobre todo sencilla y digna, de su obra y vida.

Porque siguiendo la estela de sus palabras, la casa donde nació Luis Cernuda, con amor tratada por sus paisanos, merece ahora la atención de Sevilla.

Sevilla, 18/V/2015

Los ciudadanos no son ignorantes molestos

ENZENSBERGER

En 2001 ya lo expuse en un momento especial en mi vida profesional: “No pertenezco a la legión de embajadores del tratamiento de la informática como los proclamadores de la buena nueva digital, del evangelio digital, en frase de Hans Magnus Enzensberger, aquellos que declaran a los ciudadanos como ignorantes molestos. No soy tampoco vendedor de cajas de trucos pragmáticas, en expresión del mismo autor. No me gustan las brechas digitales… Lo que he venido haciendo desde que tengo uso de razón es buscar sentido a la vida cualquiera que sea la posición que se ocupa en ese momento en el vivir diario”.

Hoy, he vuelto a encontrarme con Enzensberger, en una entrevista realizada por el maestro Juan Cruz, que he leído varias veces porque me ha vuelto a sorprender su frescura mental cuando ya ha alcanzado 87 años de experiencia vital, en el marco temporal de la publicación de su último libro, Reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes.

Han pasado catorce años y he recordado de forma entrañable un artículo suyo publicado en Revista de Occidente, El evangelio digital, que me conmocionó en momentos transcendentales de mi carrera pública digital, fundamentalmente porque hacía una defensa de la ciudadanía tildada presuntamente de “ignorante”, que ha vuelto a rescatar en el libro citado, sobre todo por las precauciones que hay que tomar en la llamada sociedad de la información y del conocimiento, así como por lo que fabrican algunos intelectuales a través de los departamentos de tonterías [sic], que incluso algunas pueden ser digitales por el uso y abuso desordenado de medios electrónicos (teléfonos inteligentes, tabletas, televisión, etc.): “Sí, en ese sentido hay una parte reaccionaria del señor Z. Naturalmente estos aparatos no le gustan: no tiene móvil, lo rechaza, por tanto no tiene Twitter, ¡no, por favor, qué horror! En él hay todos los aspectos: el sabio, pero también el provocador, el gurú, el payaso… ¡Sí, está entre Sócrates y Jeff Koons! [risas]. Y sí, esta es una enciclopedia que alerta contra la estupidez humana. Pero tengo la cortesía de escribir libros breves; creo que es más amable que imponerle al público libros de mil páginas”.

Indiscutiblemente, hay que leer entre líneas estas afirmaciones sin darles patente de corso, porque es indudable que no dice tonterías de intelectual de tres al cuarto. Me ha preocupado siempre su reflexión acerca de que a veces digitalizamos tantos procesos humanos que se llega a considerar a los ciudadanos como ignorantes molestos por el mundo analógico en el que creemos que están instalados, pasando a formar parte del macromundo de torpes digitales. En todo se debe marcar siempre una delgada línea roja, sobre todo cuando la equidad digital sigue siendo una quimera en la sociedad actual donde se están tomando decisiones desde determinados centros de poder digital, por personas que caben en un taxi (digital, por supuesto) y que pueden llegar a afectar a la quintaesencia del ser humano (1).

Juan Cruz aborda con delicadeza una cuestión esencial para una persona de tan dilatada vida intelectual, con la prevención digital que tanto lo ha caracterizado. Su protagonista, el señor Z, “dice que la avalancha de información se evaporará. Y añade que “existe vida más allá de los medios”. Ante esta observación, Enzensberger se muestra en estado puro: “Yo también digo que en este momento todos los medios hablan de la digitalización y predicen que todo ha de ser digital. ¡Abajo con el papel, es demasiado analógico! No estoy de acuerdo: yo como analógicamente, duermo analógicamente… Este es un sistema analógico. La rodilla es analógica, la lengua no es un ordenador. ¡No hay que exagerar con lo digital, no es la solución de todo! Los industriales dicen que hay que digitalizar lo más posible, porque hay capacidad de reducir el tamaño de las máquinas… ¿No te parece que se muere también analógicamente, no digitalmente?”.

Con esta reflexión, he vuelto a pensar en el maravilloso avance de la sociedad digital, aquél mundo que preconizó Negroponte y que ha aportado a la humanidad avances tan espectaculares. Pero voy a leer con intención sana este nuevo libro de un autor que hace casi quince años me creó una inquietud razonable sobre el progreso digital, porque lo que verdaderamente me preocupa es que todo esté tan maravillosamente bien planificado desde la revolución digital, superando incluso a la industrial, que lo único que sobra realmente es la persona “ignorante molesta” a la que no se le suelen ocurrir las tonterías de los intelectuales altaneros a los que critica Enzensberger.

Sevilla, 17/V/2015

(1) Morozov, Evgeny (2015, 16 de mayo). Siervos y señores de Internet, El País.com. Artículo extraordinario que demuestra que Internet tampoco es inocente.

PALABRAS DEL AMANECER / 3. Alfombras del jacarandá

JACARANDA0
Jacarandá – JA COBEÑA

El hombre tardó en comprender que Dios había sentido misericordia de los enamorados y había convertido a Mbareté en ese árbol, y que los ojos de su hija lo miraban desde todas y cada una de las azules flores del jacarandá.
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AA.VV. (1998). Cuentos y leyendas de la Argentina

Sevilla se llena de alfombras dos veces al año gracias a las flores del jacarandá, árbol traído desde América a través del Río Grande. Estos días hay que pasear con cuidado para no estropear estas obras de arte de la naturaleza en el amanecer precioso, cuando se ponen las aceras, de una ciudad diseñada por personas que fueron respetuosas a través de su historia con la naturaleza, la sociedad, sus habitantes y… Dios, cuatro creencias necesarias según Ferrater Mora cuando estamos atravesando cualquier encrucijada de la vida.

Por aquí y por allá se llenan las aceras de un manto de flores azules con tonos violáceos, acampanadas, que nos obligan a ser cuidadosos para no estropearlas al pisarlas, después de que se ofrezcan a millares como un regalo fuera de la dinámica de los mercados, porque todavía no la han convertido en mercancía. Cualquiera puede recogerlas del suelo y preparar un ramillete de libre composición donde lo único que cuenta es la sensibilidad del respeto a un bien entregado por la propia naturaleza, que sabe lo que entrega aunque es probable que ella dude de qué es lo que se recibe.

Disputa su posición en la ciudad con las buganvillas ante miles de ojos buscadores de otra forma de admirarse y ver como transcurre la cotidianidad de la vida vestida con vistosos colores, porque saben que Antonio Machado recomendó cómo utilizar el campo de la visión personal e intransferible: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve.”. Con él he paseado esta mañana por aceras-alfombra de jacarandá, buscando el sentido de un acertijo ético que escribió junto a su manera de ver a las otras personas, a la vida: Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa. Adivínala. Y buscando la mejor respuesta la he encontrado también en él: el despertar a nuevas sensaciones en tiempos revueltos, de turbación, donde a diferencia de la recomendación de Ignacio de Loyola, procuro hacer alguna mudanza cuando voy de mi corazón a mis asuntos: “Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar”.

Sorteando un campo de flores, he sabido que ha llegado la hora de mi corazón: la hora de una esperanza y una desesperación. Hoy he salido a pasear de nuevo con Antonio Machado, un gran amigo de Sevilla, aunque fuera su hermano quien mejor la definiría como ciudad que a veces te deja sin palabras. Ella, Sevilla, se vale por sí sola, aunque hoy necesite las alfombras del jacarandá para recordarnos que en nuestro andar de soledad vemos cosas muy claras que no son verdad.

Sevilla, 15/05/2015

PALABRAS DEL AMANECER / 2. El arte de vender silencios

SILENCIO
Fotograma del cortometraje Silencio

Hoy ha sido un paseo especial. De forma inesperada he saludado personalmente en su escenario-kiosko de la ONCE a María Ángeles Narváez Anguita, conocida también por el nombre artístico de “La niña de los cupones”. Hemos cruzado unas palabras llenas de emociones y sentimientos, como si fuera un reencuentro después de un paréntesis vital. En la persona de secreto de la artista vive una luchadora por la dignidad a todos los niveles, como trabajadora de la suerte y del arte de bailar, con las incomprensiones que rodean a veces nuestras vidas. Sobre todo, por la mediocridad de personas e instituciones que nos embargan la cuenta de la felicidad y de la vida, sin que se nos haya pedido permiso para ello.

Me ha hablado de sus proyectos, de centrarse en su vida artística y dedicarse a ella por completo. Deberíamos acompañarla a todos los niveles en esta aventura vital tan apasionante, cuando nos ha dado muestras de una calidad humana y profesional fuera de lo común. Basta recordar algunas palabras suyas en el cortometraje “Silencio”, tan premiado, para explicar cómo una persona sorda es capaz de bailar con un sentimiento especial: “Yo siento el compás a través de los poros de la piel y a través de la vista me fijo mucho para guiarme con la música. Como hago con el cante, que me aprendo de memoria las letras. Una vez que me aprendo la letra, me aprendo el sonido que entra de la letra. Ya la canto y cuando canto la letra ya me ha llegado al alma, ya la sensibilidad está a flor de piel y ahora es cuando viene el arte. Pero el arte lo pones tú, el arte no se enseña”. Y baila las canciones aprendidas de esta forma tan magistral, con ese arte inconfundible que tanto emociona. Con su arte.

Cuando me he despedido, era consciente de que volvía de mi corazón a mis asuntos, recordando al caminar por las aceras de Sevilla que cualquier persona de bien puede construir el mundo que algunas personas consideran el primero, el suyo, el de secreto, que afortunadamente está todavía fuera de los circuitos institucionales y financieros que niegan el crédito existencial para vivir dignamente. Porque ese mundo tan digno es el de María Ángeles Narváez Anguita, una mujer que hoy estaba vendiendo cupones en una calle de Sevilla, escuchando atentamente los pasos de personas que caminan hacia otro mundo posible en una acera de todos. Conoce mejor que nadie el arte de callar y… bailar porque, sobre todo, sabe escuchar y mirar apasionadamente.

Sevilla, 14/V/2015