Seis propuestas para este agosto / 5. El arte de dignificar

Necesitamos dignificar cada segundo de nuestra vida, hacer digno o presentar como tal a alguien o algo. Hablamos con frecuencia de dignidad, pero creo que no conocemos bien su significado real, su recorrido histórico en España desde el siglo XVIII, primera realidad de fijación histórica, limpieza de miras y ofrecimiento de todo su esplendor a través de los significados otorgados por las personas, en el argot del lema de la Real Academia Española. Vivimos una constante frivolidad y mediocridad en un mundo global donde la dignidad sufre un acoso y derribo por parte de intereses espurios controlados siempre por el poderoso caballero don dinero. Las personas son las principales afectadas por su contrario, la indignidad, por la falta de respeto, de educación, así como del nulo reconocimiento de derechos y deberes fundamentales de quienes la sufren, tanto en la familia, como en el trabajo y en las relaciones sociales. Ausencia de reconocimiento humano, de respeto integral, mucho más cerca de nosotros de lo que parece.

Después de más de dos siglos de andadura en el lenguaje de nuestro país que figura en los diccionarios, podemos fijar bien la palabra dignidad, sin adulterarla ni contaminarla, respetando su propia historia social, aceptando que es una palabra muy apreciada, compartiendo su raíz histórica y de arraigo popular. Una persona digna es un ejemplo siempre de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, manifiesta pureza, honestidad y recato; se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente. El arte de dignificar a personas, situaciones y objetos es la gran tarea que podríamos proponer de aquí en adelante, contrarrestando la indignidad galopante que nos rodea.

Nos necesitamos y juntos podemos hacer camino al andar, dignificando a las personas que queremos, a las creencias políticas que nos siguen pidiendo que no abandonemos a los sin voz, a los que menos tienen, a los que llamamos torpes, a las personas pobres de todo: de espíritu y carne, de dinero, del tener y ser; a las personas que ejercen una política digna, a los que defienden que todos no somos iguales, a las personas que aun equivocándose están dispuestas a rectificar, a los que les preocupa el silencio de las minorías; a los que defendemos la sociedad del bienestar social, a los que quieren y desean dejar de estar intranquilos porque pierden ilusiones, dinero y puestos de trabajo, a los que tienen muy claro desde el punto de vista político que no es lo mismo trabajar por la defensa de derechos y deberes, que por la mera mercancía…

He escrito muchas veces sobre la dignidad. El arte de dignificar, tal y como se ha explicado anteriormente, exige unas condiciones muy estrictas para pertenecer en este mes de agosto al Club de las Personas Dignas. En cada aquí y ahora, con ayuda de Declaraciones Internacionales, Constituciones y Estatutos de Autonomía, debiendo ser nuestro empeño al creer en el significado de esa maravillosa palabra, dignidad, trabajando denodadamente para recuperar su auténtico significado activo, no impreso, y quedarnos con ella, tal y como lo aprendí -un día ya muy lejano- de Blas de Otero, en momentos difíciles de España.

Hablamos de propuestas, proposiciones dignas, como también aprendí de Pablo Milanés, de las suyas, tal y como él las cantaba. No hacen falta ya muchas palabras para compartir este empeño de compartir ilusión por cambiar aquello que no nos hace felices, por mucho que el mercado se empeñe en convencernos que la felicidad es tener y no ser. Es más fácil estar atentos a disfrutar esta jornada de agosto, sin ir más lejos, inquietando el gusto de los demás a través de los sentidos, compartir mensajes y propuestas que entusiasmen a los demás, sobre todo a los que están más cerca, lanzándonos por caminos y veredas anunciando que otro mundo es posible, porque la primavera llega siempre, de forma puntual, haciendo nuestro el crisol de esta morada, como si fuéramos a cumplir nuestro último sueño. Con arte.

Sevilla, 7/VIII/2015

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s