La magia del iterbio

ITERBIO

Las palabras que siguen son un pequeño regalo a las personas que a lo largo de casi doce años hojean este cuaderno digital, con casi 900 reflexiones, porque el próximo siete de junio cumplo setenta años. Hay una anécdota en mi vida que justifica que prepare y entregue hoy este regalo, porque desde que tengo uso de razón siempre lo he celebrado el cuatro de junio, hasta que un día ya lejano pude comprobar en mi partida de nacimiento que la fecha oficial era el siete. Todos en mi casa lo sabían, pero guardaban este desfase como un homenaje a lo que verdaderamente ocurrió un cuatro de junio de 1947 en la calle Jesús del Gran Poder, 111, en Sevilla. Lo que justificó luego el día siete solo lo sabía mi abuelo y los dos testigos que contaron al oficial del registro civil lo que verdaderamente había ocurrido aquél día cuatro, sin resultado legal alguno, aunque tengo que reconocer que me ha permitido siempre disfrutar de casi una octava de celebración. Un afortunado de la vida adelantada. Se veía venir.

Cuenta el neurólogo inglés Oliver Sacks en un libro precioso, Gratitud, la importancia que ha tenido la tabla periódica en su vida, desde que a los seis años los números se convirtieron en sus amigos del alma, en la dura estancia del internado al que le llevaron en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Viviendo siempre con la compañía de metales y minerales “pequeños emblemas de eternidad”, porque ahí siguen después de millones de años y como si nunca hubiera pasado nada a su alrededor hasta que un día un ser humano lo descubre y piensa para que pueden ser útiles a la humanidad.

Lo he recordado en estos días previos a mi cumpleaños, setenta años, para ser exactos. Y he descubierto que al igual que Sacks, el número periódico setenta corresponde al iterbio, un elemento metálico plateado blando y como elemento químico de la tabla periódica tiene el símbolo Yb y el número atómico 70. Según Wikipedia, “El iterbio (de Ytterby, una ciudad de Suecia) fue descubierto por el químico suizo Jean Charles Galissard de Marignac en 1878. Marignac encontró un nuevo componente en la tierra entonces llamada erbia, y lo llamó iterbia (por Ytterby, la ciudad sueca en la que encontró dicho componente). Él sospechaba que la iterbia era un compuesto de un nuevo elemento que bautizó iterbio (que era de hecho la primera tierra rara en ser descubierta)”. Me consta que se ha avanzado en el uso racional del iterbio para su aplicación al mundo digital, todo un símbolo mirando siempre hacia adelante, como componente de los cables de fibra óptica, mediante una aleación con acero inoxidable, mejorando las propiedades mecánicas de los cables. También en la electromedicina, dado que algunos isótopos de iterbio resultan útiles como fuentes de radiación para máquinas de rayos x, encontrándose todavía en fase de desarrollo.

El miércoles próximo dejo atrás el Tulio, con su número atómico 69, también vinculado a la medicina. Tomo conciencia de que a partir de ese día va a ser el año de Iterbio, mirando siempre hacia adelante, frecuentando el futuro, como le pidió el Dr. Cardoso, médico de la clínica talasoterápìca de Parede al Señor Pereira, tal y como lo comenta Tabucchi en un libro que me ha marcado mucho en la vida de todos y en la de secreto, Sostiene Pereira. También sé que tengo que prepárame para recibir al Lutecio, el 71, un metal trivalente, de color blanco plateado, resistente a la corrosión y, en presencia de aire, relativamente estable. De todas las tierras raras es el elemento más pesado y duro, que también está siendo estudiado para su utilización racional en la medicina nuclear.

Los tres provienen de la clasificación de tierras raras, plateadas, una curiosidad común que me plantea algún que otro interrogante, porque quizá me da una explicación a mi convencimiento personal de haberme equivocado de siglo al nacer cuando constato que éste y el actual están, a veces, diseñados por el enemigo porque me hacen sufrir. Vuelvo a leer las páginas escritas por Oliver Sacks contemplando su colección de minerales y cuando mira al otro lado de la mesa donde conservaba su tabla periódica personal, observando con detalle una pieza hermosamente torneada de Berilio (el elemento 4 de la tabla periódica) porque le recordaba su infancia y los muchos años transcurridos hasta cumplir 82 años.

Soy consciente de que cuando cumplimos años debemos recordar el niño que siempre fuimos y dejarnos llevar por él como nos aconsejaba Jose Saramago en su libro inventado sobre ellos (los consejos): «Me interesa conocer mi relación con ese niño que fui. Ese niño está en mí, siempre ha estado y siempre lo estará. En muchas ocasiones, es muy bueno dejarse llevar por el niño que hemos sido y nunca olvidarnos de su existencia». Es verdad porque, en mi caso, entre berilio e iterbio está también el juego.

Sevilla, 4/VI/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://mx.depositphotos.com/6285325/stock-photo-ytterbium-form-periodic-table-of.html

PORQUE NO QUIERO OLVIDARLO, NI SIQUIERA UN MOMENTO…

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