Luar na Galiza / 3. Como decíamos ayer… 

SALAMANCA

Iniciamos el camino a Galicia, que no a Santiago. Queríamos contemplar en este viaje especial otra cara, laica, de un pueblo desconocido por nosotros en su identidad más pura. Un camino largo que necesitó una parada programada en Salamanca, que nos recibió con un mural muy significativo. Es una ciudad para admirarla, nada más, en el sentido primigenio que dio Aristóteles a la palabra admiración, como palabra que define muy bien a la filosofía, como capacidad que tienen las personas para admirarse de todas las cosas. Pocas horas para contemplarla en sitios escogidos: San Esteban Monumental (Padres Dominicos), las dos catedrales y las Escuelas Mayores. Nada más.

Desde el teso de la feria, hemos contemplado durante noche y día las catedrales de Salamanca con un juego de colores maravilloso, al igual que la iglesia de San Esteban, cuya fachada nos impresionó por su majestuosidad renacentista-plateresca. Era la mirada simbólica del mural. La entrada al claustro sobrecoge por el silencio que experimentamos en él, paseando por sus pasillos peripatéticos, rodeados de arcos renacentistas que dan forma a los maineles con capiteles tallados con grutescos, monstruos, putti, etc.

Visitamos también los dos Capítulos, donde en el antiguo están enterrados dominicos que han aportado saber humano, sobre todo en torno a su Dios, tales como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Pedro de Sotomayor, entre otros. Subimos al claustro superior por la extraordinaria escalera de Soto, que fue quien la pagó, aunque es obra arquitectónica de Rodrigo Gil de Hontañón. Y pasamos a la Iglesia, de estilo gótico tardío, que nos ofreció la gran sorpresa en este viaje: la utilización de grandes espejos para contemplar el cielo de bóvedas, arcos apuntados, nervaduras y cruceros, con un detalle espectacular. Me llamó poderosamente la atención algo que descubrí en el fresco del coro, dedicado a la iglesia militante y triunfante, sobre todo la militante, representada por una mujer vestida de pontifical y subida a una carroza. A su lado está Santo Tomás de Aquino y avanzando junto a ella están las cuatro virtudes cardinales: prudencia, fortaleza, justicia y templanza. Curiosamente, la carroza atropella a los siete pecados capitales representados por animales: el oso (la ira), el avestruz (la gula), el pavo (la soberbia), el lobo (la avaricia), la cabra (la lujuria), el perro (la envidia) y la tortuga (la pereza). Me senté en un banco a reflexionar sobre aquella imagen de mujer triunfante en su militancia. No era para menos, porque cuando salíamos nos sentamos en el confesonario al que acudía Teresa de Jesús para encontrar un sentido a una idea que la perseguía a menudo: “No hay virtud de mujer que no se tenga por sospechosa”.

Nos trasladamos pensativos a las dos catedrales, la vieja y la nueva. Pudimos visitarlas por orden histórico, es decir, comenzando por la vieja, que también escondía sorpresas a estas alturas de mi vida. Espejos por allá, por acullá. Nos sorprendió su valor histórico y que pudiéramos contemplarla nueve siglos después del inicio de sus obras, porque la inteligencia eclesial del siglo XVI decidió mantenerla cuando comenzó la construcción de la catedral nueva. Me pareció maravilloso el cimborrio, datado en el siglo XII, con dos cúpulas distintas, la interior y la exterior, de una complejidad arquitectónica admirable. Nos sentamos a contemplar el retablo mayor, con 53 tablas admirables de la escuela renacentista italiana, atribuida a los hermanos Delli. Vuelve a primar el canto a la mujer representando las citadas tablas el ciclo completo de la vida de la Virgen María y de Jesucristo, desde el Nacimiento de la Virgen hasta el tránsito de la Madre de Cristo, todo acompañado de escenas de la vida de Jesús y rematadas por el magnífico Juicio Final. Se utiliza con frecuencia el color rosa, bajo la influencia de la escuela sienesa y florentina, mezclado con los detalles típicos de la pintura flamenca. Y me causó especial admiración la coronación del retablo con la representación del Juicio Final, en el que Jesucristo separa los buenos de los malos, que tanto ha perdurado hasta nuestros días en la religión católica, haciendo sufrir sin sentido alguno a tantas personas por la asunción del pecado. A la derecha de Cristo aparecen los salvados o buenos, vestidos de blanco y a su izquierda, desnudos, los condenados por ser malos. Lo de siempre, con un aviso para navegantes porque entre los malos, hay algún obispo o Papa. Para que no se olvide.

La catedral nueva se construyó porque la vieja era pequeña y no podía albergar bien los fieles que atraía sobre todo la Universidad. Pasamos a visitarla, contemplando una planta del gótico tardío y con actuaciones propias del barroco, como incrustadas en ella, dada la tardanza en culminar su obra, dos siglos concretamente, desde el XVI al XVIII. Nos recordó mucho la de Sevilla, por su planta y por su grandiosidad. Contemplé con admiración los dos órganos, restaurados en la actualidad, así como las numerosas capillas dedicadas en las naves laterales.

Por último, visitamos las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, con su fachada plateresca en la que destaca un medallón que incluye la imagen de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, acompañados de un texto escrito en griego que simboliza muy bien la presencia regia en la universidad salmantina: “Los Reyes a la Universidad y la Universidad a los Reyes”. Pasamos al interior del claustro, con un interés manifiesto: visitar de nuevo el aula dedicada a Miguel de Unamuno (¡que inventen ellos!, frase sacada de contexto hasta nuestros días), antigua aula de Derecho canónico, sin despreciar las restantes en las que también entramos. El aula de la elocuencia, hoy llamada aula Dorado Montero dedicada al que fue profesor penalista de esta Universidad. También, el aula Francisco Salinas en honor al músico y catedrático contemporáneo de Fray Luis de León, quién le dedico la famosa Oda a Salinas; el aula Fray Luis de León, muy austera y que conserva el mobiliario original, presidida por una cátedra desde la que se dictaban las lecciones, vigas de madera que servían de pupitre y asiento a los estudiantes y unos asientos pegados a la pared que servían para la asistencia a las clases de los doctores o invitados ilustres como Carlos V y que, según dicen, en una ocasión escuchó una lección de Fray Francisco Vitoria.

ESCUELAS MAYORES

En el trayecto interior de las Escuelas Mayores, encontré una pintura realizada en un muro, con el corte clásico de la época, dedicada a Francisco Tomás y Valiente. Lo traigo a colación porque no lo pasé por alto. Me senté junto a una ventana del patio a contemplarlo, durante unos minutos, en la cuna de la sabiduría de este país y agradecerle su dedicación y entrega a la enseñanza universitaria hasta que la intransigencia de unos pocos, al ser asesinado por ETA en 1996, le privó de seguir viviendo apasionadamente, como él lo hacía.

Como decíamos ayer, recordando a Fray Luis de León, fue una parada técnica desde la perspectiva cultural para recobrar sentido a un viaje a Galicia diferente, especial, donde lo importante no era hacer turismo de siempre, sino recuperar el sentido de la vida a través de la naturaleza, es decir, cumplir con la máxima latina “gratia non datur, natura dispensatur” (la gracia nunca presupone lo que no la naturaleza no da), que en Salamanca sonaba aquél día de forma diferente: “quod natura non dat, Salmantica non praestat”. Galicia tampoco.

Sevilla, 27/VIII/2017

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