¿Qué vida es esta?

EL ROTO EL PAIS 20052018

El Roto tiene una especialidad en la que marca diferencias: una viñeta suya puede alojar un tratado de filosofía. La de hoy en el diario El País, no tiene desperdicio, aunque considero que la pregunta es un clásico popular ante el continuo fluir de las cosas. Estoy de acuerdo desde hace ya muchos años con Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977, cuando defendía que estamos instalados en la inestabilidad, afirmación derivada de su actividad científica. Ya lo vaticinó también Heráclito de Éfeso, muchos siglos antes, en su clásico discurso sobre “todo fluye, nada permanece”, pero sin que todavía se hubiera impregnado del magma de la miseria social, cuando la ausencia de democracia tomó el control férreo del rumbo social de la humanidad. Por cierto, sin enterarse la Iglesia a lo largo de los siglos de lo que en realidad le pasaba al mundo inestable, al interpretar que aquello era la constatación más plena de que hay tiempo de todo en la existencia y que la precariedad de precariedades es solo precariedad total. O lo que es lo mismo, vanidad de vanidades, todo es vanidad.

¿Qué vida es esta? Precariedad de precariedades, todo es precariedad. La precariedad es la anti-dignidad en estado puro, porque no se tiene nada por la vía del derecho o del deber, sino como préstamo y a voluntad de la autoridad competente (sin suponer que tenga por ahora tics militares). Estoy convencido de que falta la autoridad ética suficiente en quienes tienen que ejercerla y se legisla de una forma que no es tolerable para muchas personas de este país, refiriéndome en concreto y para que se entienda bien, como un ejemplo entre otros, a la situación de paro y trabajos en precario que asolan el país. Cualquier respeto a la política está también en precario, porque casi nadie se fía del orden y poder político establecido, porque lo único a lo que se puede acceder, salvo honrosas excepciones, es a un trabajo que no tiene correspondencia casi nunca con los conocimientos o títulos universitarios que se posean y por tolerancia de una legislación complaciente. Lo que ocurre con el trabajo precario es solo una manifestación de la precariedad que se extiende como una gota de agua o un mar en el que falta “majestad ética ejemplar” para exigir la obediencia debida en todos los órdenes de la vida. Ya lo decía anteriormente: precariedad de precariedades, todo es precariedad. Falta ejemplaridad política y eso es lo que nos pasa, como siglos atrás pasaba con la falta de Majestad de los Reyes, como analiza el Diccionario de Autoridades el término “precariedad”, tal y como se entendía en el siglo XVIII en este país: ““Que el respeto de los Consejos se apoya en la Majestad de los Reyes, y es el espíritu que los anima, que cuando esta falta, como sucedía en aquella ocasión, era precaria cualquier obediencia”.

De ahí a la obediencia precaria universal en todo lo que se mueve, solo hay un paso. El que quiera entender que entienda. Estamos avisados por la Historia. Y por El Roto.

Sevilla, 20/V/2018

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