Los últimos migrantes (no olvidemos al Aquarius)

Todo pasa y casi nada queda. Seguimos viviendo todos los días las tragedias de los migrantes que se acercan a España buscando otro mundo posible. Ayer leíamos la frialdad con la que han sido recibidos los 238 migrantes recogidos por el barco alemán Lifeline, en Malta, porque no les ha quedado más remedio a las autoridades de La Valeta y porque varios países europeos se han ofrecido a recibirlos en un reparto a veces inhumano, malgré tous, en todas las conjugaciones y responsabilidades públicas posibles (la tuya, la mía, la suya, la nuestra, la vuestra y la suya; la de todos, en definitiva). Mientras Europa busca fórmulas para resolver un problema que tenemos muy cerca y a diario en nuestras costas andaluzas, el Aquarius zarpó hace unos días, desde Valencia, a seguir cumpliendo una misión, ofrecer puertos seguros a los migrantes, que se olvida por determinados poderes públicos, para atender a los que naufragan en alta mar, muy cerca del Sur de Europa, que todavía existe en la clave de Benedetti.

Comprendo mejor que nunca un poema suyo dedicado a las últimas golondrinas, recordando a un sevillano universal, evocando el cansancio de tanto alarde migratorio, de tanto y tanto cruce sobre el mar, y retórica, y pretextos, y alcores.

Sabes
gustavo adolfo
en cualquier año de éstos
ya no van a volver
las golondrinas
ni aún las pertinaces
las del balcón
las tuyas

es lógico
están hartas
de tanto y tanto alarde
migratorio
de tanto y tanto cruce
sobre el mar y retórica
y pretextos
y alcores

su tiempo ya pasó
lo reconocen
y a mitad de su ida
o de su vuelta
oscuras
cursilíneas
tiernitas de alas largas
se dejarán caer
como buscando
cada una su ola
terminal.

¡Ojalá llegue el día en que su tiempo de tanto sufrimiento pase, que los reconozcamos en su tierra de origen, sin necesidad de volar tan bajo, para que ya no tengamos que reconocerlos a mitad de su ida o de su vuelta, porque ya no desafiarán al mar como buscando de forma desesperada su ola terminal!

Mientras…, no olvidemos al Aquarius y lo que simboliza junto a otros barcos de rescate para dar respuesta a tanto desajuste social a escala mundial.

Sevilla, 29/VI/2018

 

 

Pensemos lo que nadie piensa

Escucho con frecuencia un programa radiofónico excelente en Radio Clásica, Longitud de onda, que finaliza siempre con una frase que pronuncian al unísono los presentadores del mismo, Fernando Blázquez y Yolanda Criado: “Porque la ciencia nos enseña a ver lo que todo el mundo ha visto, pero a pensar lo que nadie ha pensado”. En un mundo tan distraído de lo que de verdad nos debería pre-ocupar [sic], se agradece que la radio pública forme a sus oyentes en un ámbito de relación entre la música y la ciencia de amplio espectro, de forma tan amena y con una calidad divulgativa extraordinaria. Porque este tipo de radio, pública por supuesto, nos hace ser ciudadanos más libres y comprometidos con la vida.

Les invito a entrar en su página oficial y disfrutar de una hora y media de auténtico aprendizaje acompañado por música excelente que nos permitirá pensar en lo que nadie piensa, idea tan querida por el filósofo Schopenhauer. Es un orgullo nacional que el dinero público se invierta en estos menesteres tan beneficiosos para el alma humana. Es cuando se aprecia de verdad que Antonio Machado tenía razón cuando diferenciaba algo no inocente en la vida diaria: todo necio confunde valor y precio.

Comprendo que ponernos a pensar lo que nadie piensa es una tarea apasionante y atrevida en sí misma, pero a pesar de la mediocridad que nos invade deberíamos sacar tiempo para dedicarnos a utilizar la mente humana para producir ideas buenas y amables con la sociedad en la que vivimos, estamos y somos. Acabar con el pensamiento único en todas las ramas del saber no tiene precio, pero quizá nos ayude a descubrir algo en lo que casi nadie cae a diario: el mercado nos distrae continuamente y no nos deja pensar en libertad, el auténtico valor de la dignidad humana. Es verdad: podríamos ver también la otra cara de lo que llamamos ciencia, porque alguna vez podríamos pensar lo que nadie ha pensado.

No olvido lo que una vez le escuché a Enrique Morente en su Soleá de la ciencia: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí. Tenemos un tesoro individual que se llama cerebro, personal e intransferible, donde se puede elaborar el conocimiento gradual a lo largo de la vida a través de la inteligencia creadora, que es la única que nos libera. Tiene un problema, que consiste en que no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”.

Pensar en lo que nadie piensa puede ser una tarea de personas normales y corrientes, más bien de personas singulares, porque es la realidad de lo que somos, dado que no nos repetimos (por ahora…). Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia y la capacidad de hablar, como primeras señas de identidad humana que nos hacen ser personas y de identidad intransferible, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles. Pura mercancía que traspasa los límites de personas corrientes. Hablemos de personas singulares, tal como ya definía el lema singularidad el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida, siendo personas corrientes, es decir, de trato llano y familiar [sic, según la RAE]. Impecable definición, mientras corremos con la vida a cuestas, porque miles de millones de personas somos corrientes y singulares.

Escuchando hoy de nuevo Longitud de onda, con un título apasionante en el programa de hoy, ¿Quién dirige la orquesta del cerebro?, he descubierto los secretos de cómo reacciona el cerebro cuando se afina un instrumento. Nunca lo había pensado, pero hoy la ciencia me ha demostrado que me ha comprendido a mí, como preguntaba Morente, porque lo que hay detrás de una simple nota “la” es algo que ensalza la mente maravillosa de cada ser humano, lo que nos hace singulares a través de la ciencia, cuando pensamos en lo que nadie piensa y aprendemos a escuchar.

Sevilla, 27/VI/2018

Las abejas saben qué es nada

PANAL DE ABEJAS1

Yendo del timbo al tambo, camino intelectual que practicaba en bastantes ocasiones Gabriel García Márquez, ha caído en mis ojos una noticia maravillosa sobre la inteligencia de las abejas. Estaba leyendo con gran interés un artículo reciente de Science cuando, de forma sorprendente, descubro que Manuel Rivas publica hoy un artículo en El País Semanal, La guerra de las abejas, que viene a confirmar la sospecha mundial sobre la mortandad sin paliativos de este ser polinizador de vida, debido a las multinacionales del sector de plaguicidas, fulminando su inteligencia para dar vida a la vida.

Siguiendo con la lectura de la investigación publicada en Science, descubro que “Las abejas melíferas entienden el concepto de cero, al igual que los delfines y las personas. No es solo que estos insectos sean capaces de discernir que «nada» es diferente de «algo»: son también capaces de ubicar el cero en el extremo inferior de una secuencia de números positivos” (1). La síntesis de la investigación se centra en que “para averiguar si las abejas melíferas podían entender el concepto de nada, los investigadores atrajeron a abejas que volaban en libertad hacia una pantalla con tarjetas blancas, cada una de las cuales contenía entre dos y cinco formas oscuras. Algunos animales recibían una gota de agua dulce cada vez que se dirigían a la tarjeta que mostraba el menor número de objetos, mientras que otros eran recompensados cuando elegían la tarjeta que contenía más elementos. Tras un día de entrenamiento, los autores introdujeron tarjetas con un objeto y otras que no mostraban ninguno. Los insectos fueron sistemáticamente capaces de identificar las tarjetas en blanco como aquellas que contenían el menor número de formas. La ejecución de la tarea mejoró aún más cuando las tarjetas en blanco se presentaban junto a otras que incluían cuatro o cinco elementos”.

Queda mucho por saber y por demostrar en esta investigación, pero hoy sabemos más que ayer en la cooperación inteligente de determinados seres vivos para hacernos la vida más feliz. Lo corrobora una acertada expresión de Rivas en su artículo: “Maurice Maeterlinck oteó el peligro de un destino apocalíptico para el ser humano. Pero hoy tendría que escribir el envés catastrófico de esa civilización autora de una arquitectura natural más que admirable: “Ningún ser vivo, ni siquiera el hombre, ha realizado en su esfera lo que la abeja en la suya; y si una inteligencia ajena a nuestro globo viniese a pedir a la Tierra el objeto más perfecto de la lógica de la vida, habría que presentarle el humilde panal de miel”.

Maeterlinck lo dijo en 1901, en su curiosa obra dedicada al mundo de las abejas. Mientras que digiero esta situación tan alarmante y silente, busco el símbolo del panal de miel para entender la lógica de la vida. Y leo a Machado, que sabía bastante de estos diminutos seres inteligentes, de los que hoy sabemos que saben qué es la nada: Anoche cuando dormía / soñé ¡bendita ilusión! / que una colmena tenía / dentro de mi corazón; / y las doradas abejas / iban fabricando en él, / con las amarguras viejas, / blanca cera y dulce miel.

Me tranquiliza saber que hay Universidades, investigadores y escritores que están preocupados en este ir y venir del timbo al tambo de las abejas, como ejemplo de maltrato animal sin contemplaciones. También cuando leo al maestro Rivas: “Los fanáticos del “solucionismo tecnológico” están experimentando con las RoboBee (abejas robot), una especie de drones de 80 gramos de peso, con los que pretenden sustituir a las abejas. Lo que hace falta a la humanidad es el activismo de la polinización. Aprender de las abejas y polinizar la política, el periodismo, la cultura y la ciencia. Más biodiversidad y menos bioperversidad”.

No lo olvidemos: es probable que antes de que apareciera el ser humano en el mundo, las abejas ya estuvieran allí. Antes que nosotros, ya sabían qué es nada. Escalofriante y maravilloso.

Sevilla, 24/VI/2018

(1) https://www.investigacionyciencia.es/noticias/las-abejas-pueden-contar-hasta-cero-16468

Menores solos, no acompañados

 

MARCELINO

En estos días pasados, en los que hemos vivido emociones especiales en torno a las controvertidas peripecias éticas del Aquarius, se ha utilizado de forma machacona una frase que golpea cualquier conciencia: “a bordo viajaban más de cien menores solos, no acompañados”. He reflexionado mucho sobre esta realidad que se hizo patente a la hora de desembarcar en Valencia. La realidad de estos niños y niñas víctimas de su propio destino incierto, ante el silencio cómplice de muchos países y organismos internacionales, supone en sí misma un test de ética mundial.

Con este marco tan poco propicio para veleidades, he tenido la oportunidad de visitar una exposición en el espacio Caixaforum de Sevilla, dedicada a Cine y emociones. Un viaje a la infancia y organizada por la prestigiosa Cinémathèque française y la Obra Social “la Caixa”. Leo el programa con atención reverencial, donde se detalla que en la muestra “se configura un retrato emocional de la niñez, a través de siete ámbitos que entrelazan películas y materiales de diversa índole para conformar un retrato emocional de la niñez”:

  1. Alegría: muestra películas que reflejan el afán de los niños por aprender y por vivir, sus ganas de ser entendidos y protegidos y su capacidad para reinventar el mundo, una virtud que se olvida con el paso del tiempo pero que el cine es capaz de volver a activar.
  2. Rabia: explora los instantes de enfado y frustración que se viven durante la infancia, que quedan grabados en la memoria y que se reconocen al verlos en la pantalla.
  3. Risa: muestra cómo la risa de los niños en el cine se contagia a los espectadores, no solo por la ternura que provoca sino también por la identificación con la travesura, la situación inesperada o la invención de algo nuevo y disparatado.
  4. Lágrimas: la soledad, el abandono o el rechazo son algunos de los sentimientos tratados en este ámbito, como manifestaciones del sufrimiento infantil que generan en el espectador una sensación de dolor compartido.
  5. Miedo: explora los momentos de terror durante la infancia. El miedo puede ser producto de una fantasía, pero su efecto es real en estos pequeños y en quienes los miran desde la butaca.
  6. Valentía: recuerda que en la infancia se puede ser también el más valiente gracias a una energía que permite superar cada desafío que el camino plantea. Paradójicamente, el valor de los más pequeños enseña a los mayores que sus desafíos a veces no son tan difíciles de afrontar.
  7. Ilusión: el cine genera siempre fascinación en los espectadores. ¿Cómo se construye esa ilusión? ¿cómo la viven los niños cuando juegan a ser cineastas?

La cubierta de los tres barcos de la esperanza, Aquarius, Dattilo y Orione ha sido un plató improvisado donde tripulantes y miembros de SOS Méditerranée y Médicos del Mundo, han podido vivir y sentir con estos niños y niñas, ya acompañados, todas las emociones descritas en esta exposición casual, pero de forma amplificada. Y con muchas más.

Lo he recordado y he hecho un ejercicio de niñez rediviva cuando al bajar las escaleras mecánicas para acceder a la exposición, me he encontrado con la mirada de Marcelino o Pablo Calvo, tanto monta, monta tanto, un héroe de mi infancia que me enseñó a comprender qué es la alegría, qué significa la rabia no contenida, cómo podemos reírnos hasta de nuestra sombra, cómo lloran los niños, a diferencia de las niñas, porque yo escucha siempre que “los niños no lloran”…; también, a sentir miedo en un entorno que no era de fantasía, a ser valiente ante los acosos escolares (hoy bullying) de mis compañeros y, sobre todo, a ilusionarme con cualquier cosa.

Aquella soledad acompañada de un niño del Sur en Madrid, la paliaba siempre mi querida maestra, Doña Antonia, a la que nunca olvido. Ella llenaba de afectos y sabiduría infinita (como su paciencia) la sede de la inteligencia de cada niña, de cada niño. También, la mía. Todo, en sus bolsillos, se convertía siempre en caramelos de infinitos colores. Jugábamos juntos, niñas y niños, en el patio trasero, donde en los momentos de aventuras incontroladas, poníamos una escalera de madera apoyada en el muro medianero y nos asomábamos –atemorizados- para escudriñar los rollos de película de la productora que lindaba con el Colegio, tirados en aquél otro patio, de mala manera, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño.

Imaginábamos aventuras muy particulares, como las que ocurrían en los patios de nuestras casas o en las aceras de nuestras calles queridas, hasta que una vez corrió la noticia de que se estaba haciendo el casting para la película “Marcelino, Pan y Vino”. Y mi familia me llevó (¡ay, el discreto encanto de la burguesía!), con mis seis años, a los estudios Chamartín y participé en aquella selección artificial en la que mi abuela me empujaba a la primera fila cuando pasaba la comitiva para la elección del futuro actor que interpretaría a Marcelino. No di la talla (Dios me recogió a tiempo…), pero conocí a Pablito Calvo, a José María Sánchez Silva, a Ladislao Vajda, el director, y todavía recuerdo el día del estreno de la película, subiendo al escenario del cine Coliseum, en la Gran Vía, dándonos un abrazo Pablito y yo y dedicándome José María su cuento, editado de forma muy cuidada. Aplausos. Fue una experiencia sobrecogedora, a mis seis años. A partir de aquel día, siempre busqué un amigo como Manuel, el imaginario compañero de Marcelino, un niño solo y acompañado.

Cuando me retiraba de aquella pantalla panorámica de acceso a la exposición, recordé junto a Marcelino lo que habían vivido recientemente los niños y niñas del Aquarius, Orione y Dattilo, cuando en su soledad sonora y acompañada pensaban que el carpe diem de aquellas escenas de película, en las tres cubiertas salvadoras, era lo más maravilloso que les podía ocurrir en ese momento.

Sevilla, 23/VI/2018

¿Qué comen los pobres en España?

MUJER Y GENERO

En la novela de Caballero Bonald, Dos días de setiembre, el señorito Don Andrés pregunta al tendero Ayuso si le podía decir qué comen los pobres, porque quiere organizar una comida de caridad a favor de ellos. Pero distinguiendo, “un poner: a este se le avisa para que vaya a la comida, a este no, y así. Porque pobres, lo que se dice pobres, vaya usted a saber”. Me pregunto hoy día, casi sesenta años después, qué ocurre en este país con las personas que siguen en riesgo de pobreza, donde la realidad cruda y dura de no poder comer carne, pollo o pescado al menos cada dos días, se ha convertido en un dato europeo para medir el indicador AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion) de riesgo de pobreza o exclusión social (según la estrategia Europa 2020). ¿Qué comen entonces los pobres en este país, si es que algo nos preocupa en este sentido? Porque hoy día conocemos bien la situación que atraviesan. Lo sabemos.

Todo esto lo traigo simbólicamente a colación porque hoy ha publicado el Instituto Nacional de Estadística la Encuesta de condiciones de vida (ECV) 2018, con datos tratados en 2017 y que se realiza desde 2004. Según el organismo oficial está basada en criterios armonizados para todos los países de la Unión Europea y su objetivo fundamental es disponer de una fuente de referencia sobre estadísticas comparativas de la distribución de ingresos y la exclusión social en el ámbito europeo. Asimismo, la realización de la ECV permite poner a disposición de la Comisión Europea un instrumento estadístico de primer orden para el estudio de la pobreza y desigualdad, el seguimiento de la cohesión social en el territorio de su ámbito, el estudio de las necesidades de la población y del impacto de las políticas sociales y económicas sobre los hogares y las personas, así como para el diseño de nuevas políticas.

Los datos que contiene el informe siguen siendo muy preocupantes, con un hilo conductor muy revelador de la situación real que atraviesa el país: el porcentaje de población en riesgo de pobreza se situó en el 21,6% (con datos de ingresos de 2016), frente al 22,3% del año anterior (con datos de ingresos de 2015). Es muy alarmante el grado de afectación de este dato en la población menor de 16 años.

TASA DE POBREZA ECV2017

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Por otra parte, la situación económica de los hogares es otro dato relevante para considerar las condiciones reales de vida de la población española: “El 9,3% de los hogares españoles manifestó llegar a fin de mes con “mucha dificultad” en 2017. Este porcentaje fue 6,0 puntos inferior al registrado el año anterior. Por su parte, el 37,3% de los hogares no tuvo capacidad para afrontar gastos imprevistos, frente al 38,1% del año 2016. El 34,4% de los hogares no se pudo permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Este porcentaje fue 5,1 puntos inferior al registrado en 2016.

ECV2018-INE1

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Otro dato alarmante es el referido a la actividad, donde el 44,6% de los parados estaba en riesgo de pobreza, frente al 13,1% de los jubilados.

ECV2018-INE2

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Las condiciones de vida por Comunidades Autónomas es otro dato para tener en cuenta que muestra objetivamente el estado del arte en relación con los ingresos medios anuales, donde los más elevados (en 2016) se dieron en País Vasco (14.397 euros por persona), Comunidad Foral de Navarra (13.583) y Comunidad de Madrid (13.099). En sentido contrario, los ingresos medios anuales más bajos se registraron en Extremadura (8.250 euros por persona), Región de Murcia (8.702) y Canarias (8.863). Me duele especialmente la situación de Andalucía, que ocupa el 13º puesto de este ranking tan evidente de la situación que atraviesa la comunidad.

ECV2018-INE3

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Estos datos hay que correlacionarlos con los de tasas de riesgo de pobreza, donde las más elevadas se dieron en Extremadura (38,8%), Andalucía (31,0%) y Canarias (30,5%). Por su parte, Comunidad Foral de Navarra (8,3%), País Vasco (9,7%) y La Rioja (9,7%) presentaron las tasas de riesgo de pobreza más bajas. Vemos que Andalucía ocupa el segundo lugar de España, dato que deberíamos analizar en profundidad para que se plantearan políticas prioritarias en relación con el empleo, azote implacable en esta Comunidad.

ECV2018-INE4

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Por último, he entresacado también un gráfico por sí solo demostrativo de la situación de Andalucía en comparación con el resto del país, de sus condiciones de ¿vida? Está construido sobre datos de las llamadas dificultades económicas diarias, mensuales y anuales de los hogares en nuestra comunidad. Sobran comentarios y solo queda no seguir participando de silencios cómplices y divulgar estos datos a través de las redes sociales para que tome nota quien corresponda en este momento arbitrar las mejores soluciones posibles, porque todas las políticas no son iguales ni inocentes, ni los políticos tampoco.

ECV2018-INE5

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

He procurado sintetizar mucho los resultados de esta encuesta, pero es conveniente conocerlos en profundidad para objetivar nuestras reivindicaciones y para que las políticas económicas y sociales en nuestro país sea más justas. No debemos seguir preguntándonos simbólicamente, hoy día, sin hacer nada, qué es lo que comen los pobres en este país ante situaciones como estas. Porque las dudas de Don Andrés, uno de los protagonistas de la novela de Caballero Bonald, han dejado de existir hace ya mucho tiempo para quienes deseamos abordar esta situación de pobreza en España de forma digna y comprometernos con ella.

Sevilla, 21/VI/2018

NOTA: la imagen se recuperó el 11/X/2015 de: http://blogs.elpais.com/cosas-que-importan/2014/03/lo-que-queda-del-esp%C3%ADritu-del-45.html

Las bibliotecas pueden ser clínicas del alma

MANGUEL 1

He finalizado la lectura de un libro precioso de Alberto Manguel (1), Mientras embalo mi biblioteca, que pasa a formar parte de mis libros queridos. Sugiere muchas reflexiones de un calado excepcional, pero hoy quiero destacar una referencia concreta sobre el descubrimiento del arte de la lectura, que cobra especial relevancia en su puesto actual de director de la Biblioteca Nacional de Argentina: “El descubrimiento del arte de la lectura es íntimo, oscuro, secreto, casi imposible de explicar, semejante al enamoramiento, si me perdonan la comparación sentimental. Lo adquiere uno solo, por su cuenta, como una especia de epifanía, o tal vez por contagio, al confrontarse con otros lectores”.

La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.

En ese momento transcendental de descubrir el llamado “arte de leer”, es cuando cita Alberto Manguel la visita a Egipto del historiador Diodoro Sículo, en el siglo I a.C., en la que vio, en la entrada de las ruinas de una antigua biblioteca, la siguiente inscripción: “Clínica del alma”. Es verdad y como dice el autor, “tal vez esa pueda ser la aspiración definitiva de una biblioteca”. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a ellas (o a la nuestra); salvando lo que haya que salvar…, como cuando vamos al médico.

Sevilla, 19/VI/2018

(1) Manguel, Alberto (2017). Mientras embalo mi biblioteca. Madrid: Alianza Editorial.

Valencia, hoy, es Ítaca

AQUARIUS VALENCIA

Llegada del buque ‘Aquarius’ al puerto de Valencia. Mónica Torres EL PAÍS

Con este post quiero dejar constancia del agradecimiento a mi país, como ciudadano español, porque ha acogido a los migrantes que fueron rescatados del mar por la tripulación del Aquarius, por razones humanitarias. En estos días, tanto la tripulación como el personal sanitario a bordo que lo hicieron posible, han sido héroes anónimos en la narración de este duro relato, pero merecen mi reconocimiento público. También el de los tripulantes de los barcos salvadores y rescatadores en general, en el mar y en los puertos de Andalucía, que solo en un día han atendido a casi 1.000 migrantes rescatados en nuestras costas y sin tanto alcance mediático como el que ha tenido el Aquarius.

Y a los que lo seguirán haciendo…, ante un problema de Europa, del mal llamado Primer Mundo.

Estoy viendo las imágenes de la llegada, al puerto de Valencia, de la flotilla de la dignidad compuesta por tres barcos, Aquarius, Orione y Dattilo, que han trasladado a los 630 migrantes recogidos en el Mediterráneo en busca de cada Ítaca particular. Aquí recibirán el respeto a la dignidad humana con independencia de creencia, raza o religión. Vuelvo a leer el poema de Kavafis, Ítaca, y salvando lo que hay que salvar, comprendo mejor que nunca el viaje ilusionado de los 630 Ulises que viajan a bordo, cada uno, cada una, con su sueño particular tan legítimo como el de los demás:

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues – ¡con qué placer y alegría! – a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas.

Hoy, Valencia es Ítaca y todos los migrantes a bordo del Aquarius, aunque su largo viaje no termine aquí, habrán comprendido que deben seguir teniendo a su Ítaca particular en la mente, no apresurando nunca el viaje para atracar donde la vida les brinde la mejor forma de ser y estar en el mundo. Porque entenderán que en la vida hay muchas Ítacas. Cuando estos migrantes sean mayores, atracaran en su mejor isla, ricos en dignidad humana sin tener que esperar que un nuevo puerto como el de Valencia o Ítaca hoy, les tenga que dar ya algo que han ganado con su propio esfuerzo personal e intransferible.

Sevilla, 17/VI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://elpais.com/elpais/2018/06/17/album/1529229602_032148.html#foto_gal_1

La parábola del Aquarius

RESCATE DEL AQUARIUS

Rescate del Aquarius

Leyendo la triste historia de Mohamed, un niño a bordo del Aquarius de tan solo once años, nacido en Darfur (Sudán), he recordado cómo la solidaridad de determinadas personas permite que hoy se pueda escribir una nueva parábola digna sobre la atención a decenas de niños y niñas no acompañados, que navegan hacia España como tierra de acogida. En el Aquarius, han dado de beber a los sedientos, han vestido a centenares de inmigrantes, más de cien niños y niñas de todas las edades, con ropa necesaria, aunque los eritreos no hayan podido tomar su comida preferida, ziguiní, un ragut picante que hace mucho tiempo que no pueden llevarse a la boca. Han atendido a los enfermos y han hecho lo indecible por llamar a todos por su nombre, identificándolos como personas dignas, más allá de las pulseras de control.

Salvando lo que haya que salvar, escribí en 2006 un artículo sobre una acción solidaria de unos pescadores españoles que recogieron a unos migrantes eritreos, salvándoles de una muerte segura. He vuelto a leerlo y ha resonado de nuevo en mi interior el hilo conductor de aquellas palabras sobre una acción muy parecida a la que nos sobrecoge estos días en relación con el Aquarius.

El artículo llevaba un título programático, La parábola de los eritreos y solo hay que cambiar algunas palabras del texto, porque… el contexto de lo ocurrido es idéntico. Una lección de humanidad inolvidable para quien quiera conocer lo que ocurre todos los días en el Mediterráneo más severo con los que buscan vivir de forma digna en un mundo diferente al que conocen. Europa tiene que reaccionar ya, sin demora alguna, para fijar una política de cooperación ante un drama de estas características. Creo que en estos momentos no hacen falta ya más palabras.

Sevilla, 16/VI/2018

La parábola de los eritreos

Dedicado a los diez hombres buenos del pesquero “Francisco y Catalina”, así como a todas aquellas personas, cualquiera que haya sido su posición de compromiso (político, social, humanitario, solidario, comprensivo) en este conflicto, que han creído en que las actitudes de los diez tripulantes del barco salvador hacen más visible la realidad de la inteligencia social del ser humano.

Eran 51 personas embarcadas con rumbo a una isla desconocida. Se hicieron a la mar en una patera desvencijada, pero pintada con la dignidad de la esperanza, aprovechando la sabiduría de los expertos mayores de Eritrea que suelen mirar al mar con la nostalgia de los olvidados. Su navegación exquisita, inteligente, los dejaba a veces en el desamparo del mar abierto. Pasaban los días y no avistaban rastros humanos de supervivencia. Todo se agotaba. Hasta lo fundamental: la creencia en el otro más próximo. Cuando la desesperación era evidente, apareció un barco de bandera española, andaluza por más señas, acostumbrado a la pesca en caladeros ricos en desesperanza, alternativos, como salvadores de alta mar en los que la duda de hacerlo los sumergía en un mar de preguntas sobre lo complicado que va siendo ser buenos.

No lo pensaron mil veces, aunque sí novecientas noventa y nueve. ¡Los recogemos! ¡Nos llevaremos también la patera como ejemplo de la ética de arrastre de la vida, como símbolo de la miseria transportada a los mejores mundos posibles, con los cabos de la duda! Para que figure en el museo de la intolerancia. Y se lo comunicaremos a nuestros mayores en todos los sentidos. Y todos decían: ¿cómo os habéis complicado la vida de esta forma, si casi nadie se hubiera enterado?, o ¿no sabéis que hay traficantes de marineros que cierran sus operaciones en alta mar?, ¡en menudo lío nos habéis metido!, con un plural mayestático que podía alcanzar hasta el Vaticano. Todas las voces, a una, empezaron a buscar razones para abordar el problema que venía desde Malta, porque en un acto solidario donde los haya, las autoridades decían desde esa “isla conocida”, a los cuatro vientos y sin mucho escrúpulo, que “no podían admitir la entrada ilegal de 51 personas encontradas en alta mar”. Y los marineros, diez hombres buenos, comenzaron a llamar a todas partes, hasta que la conciencia se remueve y a nivel de Estado, el símbolo del puerto de Carboneras (Almería) actúa como revulsivo de una matrícula de decencia representada por diez personas, profesionales del mar que no dudaron en comprometerse con la vida.

Los eritreos, que eran mayoría, todos, subieron al barco. Fueron atendidos como personas, alimentados, admitidos como compañeros de un viaje a alguna parte. El Gobierno de España comenzó su tarea de atención diplomática porque Malta seguía en sus trece: “de quedarse aquí, nada de nada, porque la caridad bien entendida empieza por uno mismo”. Y comenzó el reparto: yo me quedo con doce, tú con cinco, aquél con otros cinco, aquellos otros con la mayoría, 29, respectivamente. La mercancía estaba adjudicada. Ya todos tranquilos, medallas por aquí y por allá y los eritreos preguntándose todavía qué Dios existe para que siendo tan visible su bondad, representada por los marineros del Francisco y Catalina, los tuvieran que separar, empaquetados, para vivir en el mundo mejor que soñaban cuando salieron de su país en busca de maravillas desconocidas. La gran enseñanza que nos han transmitido radica en su docilidad para ser transportados a un mundo ideal, a cualquier precio, porque seguir viviendo en el que lo hacían cotidianamente solo los llevaba a una muerte segura en vida. Esperando siempre que alguien, fundamentalmente bueno, los recoja y los atienda con caridad bien entendida. En tierra, mar ó aire. Eso sí, con una etiqueta en la espalda de cada uno: “¡Atención, mercancía muy frágil!”, que les asegure seguir viviendo en esta sociedad del bienestar ó malestar y de lectura sencillamente imposible.

Sevilla, 22/VII/2006

Nos “españamos” con las cosas que suceden en España

EL GRITO-MUNCH1
El grito

Sé que no existe ese verbo, “españarse”, en el Diccionario de la Lengua Española, pero habría que rescatarlo algún día. No es la primera vez que escribo sobre su significado y ante lo que ocurre a diario en este país, no cabe duda de que se justifica de forma sobrada la operación rescate para su uso cotidiano en nuestro lenguaje, porque es un verbo que tiene una larga historia fuera de nuestras fronteras y en referencia a este sacrosanto país. Conocí este verbo italiano, spagnarsi (espantarse, españarse en sentido literal), equivalente del verbo italiano spaventarsi, a través de un amigo calabrés, que me dio todo tipo de detalles sobre la utilización actual del mismo en la conversación ordinaria de su región, junto a otras palabras derivadas del español de uso común en la actualidad tales como addirizzari (aderezar), angarijari (haraganear), granatu (granado), posata (posada), scupetta (escopeta), entre otras. Spagnarsi (Españarse, literalmente, llenarse de España, de espanto) significa tener miedo, temer, espantarse y se atribuye al dominio español en el sur de Italia desde finales del siglo XV hasta principios del XIX.

La reacción contraria de un amplio sector de dirigentes políticos y de algún sector de la población en redes sociales, ante la acogida por razones humanitarias de los migrantes que viajan a bordo del Aquarius y de dos barcos de apoyo italianos, no es para quedarse impasibles como si no ocurriera nada en nuestro país, porque es para españarse. Sé que hoy entramos en un nirvana de ensueño con la inauguración del mundial de fútbol, que no se hablará durante un mes de otra cosa, pero la nave va en este país y tenemos que sacarlo adelante entre todos. También, lo ocurrido con el entrenador de la selección nacional es un ejemplo de cómo el mercado interfiere la sociedad y la controla a diario con su dinero y mercancías del todo vale. Y para terminar el día horribilis de ayer, la dimisión del ministro de cultura y deporte, que deja un poso de amargura ante la picaresca individual y coleciva que reflejó de forma extraordinaria Cervantes en su obra escrita y que perdura hasta nuestros días. Escaparse de las mal llamadas garras de Hacienda es un deporte nacional y el reconocimiento social del defraudador de impuestos, desde todas las escalas sociales imaginables, permeabiliza muchas capas también sociales. El que paga los impuestos es un tonto redomado y el que se escapa de ellos es un listo con todos los honores. Por si faltaba algo a esta desazón, sobrevuela también estos días la entrada inmediata en prisión de un exmiembro de la familia real, Iñaki Urdangarin, el consorte que no recordaba nada de lo que hizo mal, como si todo le fuera ajeno desde la ética personal y pública de la que debía haber hecho gala en todo momento.

Españarse, no es una ocurrencia de última hora. Volví a encontrarme con esta palabra en un libro autobiográfico que recoge estas vivencias italianas sobre España, Los hijos, de Gay Talese (1), en el que se cita expresamente este verbo, spagnarsi, y su contexto histórico en la voz de Don Achille, maestro y director de una escuela del sur de Italia, muy didáctico pero con un recuerdo pésimo de Fernando el Católico: “No debéis olvidar nunca -añadió- que nuestras antepasados de esta parte de Italia vivieron durante casi tres siglos y medio bajo gobernantes vinculados a la corona española. Exceptuando el breve reinado de la realeza austriaca a principios del siglo XVIII, e incluso el reinado más breve de los parientes de Napoleón Bonaparte en Nápoles a principios del siglo XIX, el sur de Italia estuvo gobernado por virreyes que eran miembros de las familias más nobles de España, casi todos los cuales habían venido a Nápoles después de haber servido en Roma como embajadores españoles ante el Papa. Esas autoridades españolas eran tan crueles que incluso nuestra palabra spagnarsi, que significa “tener miedo”, guarda relación con los españoles”.

Lo siento, pero en situaciones como las descritas anteriormente, me españo y me reafirmo en la urgencia de regenerar la ética multidimensional y aplicada en este país, para recuperar el suelo firme individual y colectivo que nos permita caminar por él, como raíz honrada que justifique la dignidad de todos los actos humanos. Tarea urgente del Gobierno de este país y de cada ciudadano y ciudadana en particular, de forma personal e intransferible, para no acabar españándonos todos con todos.

Sevilla, 14/VI/2018

(1) Talese, Gay (2014). Los hijos. Madrid: Alfaguara.

Aquarius, un barco que derrama lágrimas

A BORDO DEL AQUARIUS

Aquarius es un símbolo de las injusticias y desequilibrios sociales de la humanidad. Como le ocurría a Acuario, el héroe de la mitología griega, “las estrellas de la constelación de Acuario pueden conectarse de una forma alternativa, la cual muestra gráficamente un portador de agua corriendo mientras carga una vasija de la cual derrama agua”. En este caso tan sangrante, el barco fletado por Médicos sin Fronteras y SOS Mediterranée, con 629 migrantes a bordo (muchos enfermos, siete embarazadas, una decena de bebés y 123 niños y niñas no acompañados), derrama lágrimas de dolor ante la situación que está viviendo en su interior. Reconozco que al ver las imágenes que nos llegan del barco, se me han caído unas lágrimas, como le ocurriría a María Celeste, el mascarón de proa preferido de Neruda, que lloraba cada vez que el calor del fuego que ardía en la chimenea de su casa, en la Isla Negra, condensaba el vapor en sus ojos de cristal. Porque ante la indignidad y la vergüenza todo llora y nada permanece insensible y quieto.

Me alegra conocer la noticia de que el gobierno de España ha ofrecido un puerto seguro para que desembarquen estas personas con todas las garantías, por razones humanitarias, después del espectáculo ofrecido por Italia y Malta, así como por el silencio cómplice de Europa en general, sin disculpa alguna. Evidentemente, la acogida de migrantes es un problema de hondo calado político, porque todos los países que componen esta realidad que se llama Europa, están mirando de lado a esta situación que ha estallado ahora con la realidad del Aquarius.

En abril escribí un artículo en este cuaderno digital, Refugiados y migrantes, viajeros de la desesperación humana, un título que identifica perfectamente la situación de este barco que derrama hoy lágrimas en el Mediterráneo. Hacía una referencia a un informe magnífico elaborado por UNHCR, Desperate journeys, que recogía la situación actual más próxima a 31 de marzo de 2018, en la que se aprecia que España, junto a Italia y Grecia, es el país al que llegan un gran número de migrantes todavía, a través del Mediterráneo, con especial relevancia y por países de origen (por este orden), desde Marruecos, Argelia, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Gambia, Siria, Camerún, Mali, otras nacionalidades subsaharianas y Guinea- Bissau. Hacen un total, desde enero de 2018, de 5.000 personas, 3.385 por mar y 1.615 por tierra, con una distribución proyectada (según datos de 2017) del 14% de niños, 9% de mujeres y 77% de hombres, no disponiéndose en la actualidad de un dato estremecedor en referencia a niños no acompañados y separados de sus padres.

Agregaba en aquella ocasión que los refugiados y migrantes son dos realidades sangrantes para nuestro país, con bases legales de atención diferentes, pero que confluyen en la capacidad de España para atender situaciones inhumanas que claman al cielo. Creo que no somos conscientes del sufrimiento que generan estos viajes desesperados hacia una realidad humana y social diferente, donde se pueda compartir segundos de vida digna. Para tranquilizar sus almas. Vivimos muy ajenos a estas situaciones reales y muy próximas, que utilizan un mar que cantamos históricamente como hermoso y tranquilo, en una contradicción memorable, que ha llevado a Joan Manel Serrat a cantar “Mediterráneo” con sumo cuidado y respeto reverencial a los migrantes y refugiados que pierden con frecuencia su vida en él, porque ese mar maravilloso se ha convertido en la sepultura de miles y miles de personas dignas que escapan también de sus países de origen, en un auténtico sinsentido. Además, porque los que mueren a cientos en ese mar ya no serán desgraciadamente caminos para nadie y tampoco le darán verde a los pinos ni amarillo a la genista.

No debemos olvidar a las personas que viajan en el Aquarius, ni siquiera un momento, en nuestra alma profunda y oscura, porque al conocer esta realidad tenemos ya en nuestra piel el sabor amargo del llanto eterno; las lágrimas de un barco que simboliza el mito de Acuario, que ahora viaja hacia alguna parte de este país, porque ha ofrecido un puerto seguro para acoger a las personas que viajan en él.

Sevilla, 12/VI/2018

NOTA: la imagen, que muestra a un rescatador del Aquarius con un bebé, se ha recuperado hoy de https://politica.elpais.com/politica/2018/06/12/actualidad/1528778012_823509.html