Sinfonía de una sorpresa

La Sinfonía nº 94, en sol mayor, llamada “de la Sorpresa”, es una obra fantástica de Haydn, muy conocida sobre todo por su segundo movimiento, Andante, con un golpe de timbal sorprendente al finalizar una de sus frases que conmueve al auditorio. Es lo que necesitaba al finalizar una semana especialmente dura para el país. Estoy aprendiendo a tocar en el violín este maravilloso movimiento y tengo el encargo de mi profesora de que procure memorizarlo y, sobre todo, sentirlo en todos sus matices.

Puestas las manos en el violín y en el arco, detecto la dificultad de pasar del piano al mezzo forte para volver “a tempo” y finalizar la primera frase disminuyendo el sonido en las notas finales. Contemplo varias veces a Mariss Jansons dirigiendo la Filarmónica de Berlín en una interpretación especial de este movimiento. Me fijo una y mil veces en los primeros violines, en su spiccato continuo (golpes saltarines del arco sobre las cuerdas) de las primeras notas, muy suaves, medio piano (mezzo piano), para finalizar en el compás 8 de mi partitura en el que no se recoge el famoso golpe de timbal. Cuando lo toco, traduzco en mi mente, como si de una losa se tratara, lo que ha ocurrido en la vida ordinaria de esta semana: comenzamos el lunes con la rutina diaria de un país que vive momentos difíciles, para finalizar el jueves con la sentencia de Pamplona que nos ha despertado a todos de un largo letargo de ciudadanía responsable.

Vuelvo a tocar este movimiento varias veces hasta perfeccionar algo especial en música, los matices, no dejando de pensar en los que tiene la desdichadamente famosa sentencia, que he leído detenidamente en sus más de trescientas páginas. Me duelen decenas de ellas que jamás se deberían haber escrito y con un final, a mi parecer, muy injusto. Me encantaría, como miembro de una sociedad activa, que sirviera esta realidad tan cercana para despertar las conciencias durmientes de este país, como si del timbal sorprendente de Haydn se tratara, porque necesitamos cambios urgentes en la educación para ser mejores ciudadanos responsables de la ética individual y colectiva que justifica todos los actos humanos, mediante valores que son el suelo firme de nuestra existencia, a modo de solería de nuestras conciencias. Porque otra España es posible.

Sevilla, 29/IV/2018

La trastienda de la doble moral de Hollywood

Siempre me ha llamado la atención la trastienda ética de Hollywood. He crecido con el glamur de las grandes producciones rodadas en la meca del cine americano durante décadas inolvidables del siglo pasado, en un país como España donde nunca se hablaba de la que se cocía de verdad entre bambalinas americanas, aunque fueran secretos a voces. Traigo a colación esta reflexión a pocos días del estreno en España de una película paradigmática, Las estrellas americanas no mueren en Liverpool, porque representa muy bien la doble moral de Hollywood y su atracción fatal hasta la muerte. Lo que ocurre es que una gran actriz americana, protagonista de la película, Gloria Grahame, la ganadora del Oscar por “Cautivos del mal”, lanza un mensaje en la película contradictorio, poniendo a Hollywood en su sitio al final de su vida, porque su auténtico amor no estaba finalmente allí.

Ha estado recientemente en Madrid, el protagonista de esta historia real, Peter Turner, que en 1978 “era un actor de Liverpool de 26 años que intentaba ganarse la vida en Londres con muy poco éxito. En la pensión en la que vivía llegó un día una actriz veterana estadounidense de 54 años, que había sido repudiada de Hollywood, y se había pasado al teatro. “Recuerdo la primera vez que la vi. Yo ocupaba una de las habitaciones superiores y ella el apartamento principal de abajo”, rememora Turner en Madrid. “Un segundo que lo visualizo”. Para un momento. “No era como yo me la esperaba. Me habían hablado de una estrella de Hollywood, y recuerdo que abrió la puerta como escondiéndose, con pinta de haber llegado cinco minutos antes”. Ella necesitaba 4 libras y 75 peniques; él se los prestó. “Nunca supe para qué, pero me lo devolvió en un cheque que aún conservo”. Un par de días después se pusieron a bailar juntos en la casa Saturday Night Fever, y semanas más tarde se hicieron amantes” (1).

Llevo semanas experimentando algo especial en relación con el cine, porque casi todo lo que veo no es pura coincidencia con la cruda realidad. ¿Tendré el síndrome Turner, es decir, lo que se cuenta en algunas películas es lo que a mí me pasa realmente? Es probable, porque lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa y el cine se encarga de recordárnoslo al rodarlo en vivo y en directo. Esa es su magia, casi en un perenne dejá vu. Da igual, amor en directo, vida en directo y muerte en directo, aquella película legendaria rodada por Bertrand Tavernier, protagonizada por Romy Schneider y que todavía me conmueve al recordarla.

GLORIA GRAHAME

De verdad, esa es la magia del cine de compromiso, no cualquier cine. Admiro a las actrices y actores americanos que se enfrentaron al mundo mafioso de Hollywood durante décadas y se siguen enfrentando en nuestros días, cuando estalló recientemente el escándalo del productor Weinstein. Esa es la razón por la que deseo ensalzar el discreto encanto de esta excelente actriz, Gloria Grahame, que iniciando su exilio interior y exterior en Liverpool y con solo una petición humilde de 4 libras y 75 peniques a un chico desconocido que se alojaba en su pensión, 28 años más joven que ella, escribió realmente las páginas más bellas de su vida y la de la persona con la que compartió las postrimerías de un viaje hacia una parte importante de su alma de secreto. Aunque a nadie le dijera la razón de por qué no quería morir en Liverpool, donde encontró su razón de existir y, paradójicamente, pidiera regresar a Hollywood que tanto le había negado en su azarosa vida. Con esta decisión final, creo que ganó el Oscar a la actriz más digna de Hollywood.

Y llega el fin, aquel famoso The End de las películas de mi infancia. Sé que Peter Turner rodó hace ya bastantes años un documental, I Used to Be in Pictures, que me interesa mucho verlo y que estoy buscando desesperadamente. ¿Saben por qué? Porque creo que ha encontrado muchas y sorprendentes razones del comportamiento de los actores y actrices de Hollywood, en su trastienda, con un identificador común: todos y todas protagonizaron el cine mudo y ahora compartían los últimos días de su vida en un Asilo de la Academia del Cine en Hollywood. Eran lo que se veía. No hablaban en aquellas películas, pero nos enseñaban a sentir su pasión por aquello que hacían con una dignidad absoluta. Con sus noventa años contaron a Turner, en voz baja, cómo funcionaba la trastienda de Hollywood y, quizá, cómo era el alma auténtica de Gloria Grahame. Maravilloso.

Sevilla, 28/IV/2018

(1) https://elpais.com/cultura/2018/04/26/actualidad/1524744847_367894.htm

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.filmlinc.org/series/gloria-grahame-blonde-ambition/

Contra determinados hechos reales no valen determinados argumentos legales

PROTESTA EN PAMPLONA

Concentración de este viernes ante el Palacio de Justicia de Pamplona

Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio
Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar.

Hoy no me callo. Lo aprendí en latín: contra facta non valent argumenta, contra hechos no valen argumentos, pero hasta un cierto punto (placet, iuxta modum). En un Estado de Derecho, el poder judicial tiene un espacio sagrado que le confiere la Constitución española, aunque no le libra de la discrepancia democrática en su forma de proceder cada día. La sentencia última emitida ayer por la Audiencia Provincial de Navarra (me niego a ponerle el sobrenombre de los culpables directamente implicados), demuestra que hay unos hechos que se juzgan y que, por razones estrictamente jurídicas, se tipifican de una forma que no se comprende por la ciudadanía, porque contra determinados hechos ocurridos, tal y como se han podido ver, no valen determinados argumentos jurídicos. No se falta al respeto de la sentencia si se discrepa de ella o ¿es que ha enloquecido la ciudadanía al estimar de forma masiva que la sentencia tiene un error craso de interpretación de lo ocurrido?

Ante estas situaciones en las que explota el poder popular y se echa a la calle como recurso urgente contra lo que se aprecia como manifiestamente injusto, hay que reflexionar en la medida de lo posible y considerar que la única vía que queda para abordar esta cuestión tan lacerante, la valoración de una sentencia como manifiestamente injusta, es armarse de valores democráticos y ejercer el rol de ciudadanos y ciudadanas hasta las últimas consecuencias. Contra sentencias vividas como injustas, más democracia.

¿Qué hacer ante estas situaciones? Primero, protestar hasta la saciedad, no permanecer callados en silencios cómplices, ocupando espacios públicos de todo tipo, sin más violencia que la de la palabra herida, porque contra determinados hechos reales no valen determinados argumentos legales. Es muy difícil recurrir solo a la técnica jurídica del ámbito penal para hacer distinciones nada sutiles de orfebrería jurídica entre abuso, agresión y violación, porque lo malo de todo esto no es solo lo que se ve en minutos de vídeo, sino lo que hay detrás de todas las secuencias, una violencia ilegítima de hombres mal-educados [sic] para ser ciudadanos, en el sentido más profundo del término educación (la mala, hasta límites insospechados de consentimiento familiar y social, con el aplauso inclusive de muchas personas que jalean estas conductas impresentables), contra una mujer que en una noche de fiesta se adentra con ellos en un portal con un reparto desproporcionado de roles. Es sorprendente que sea ahora la víctima casi la culpable de la “normalidad” de lo allí ocurrido, porque como no hay escenas llamativas de legítima defensa, lo lógico es pensar que aquello se consintió, con resultados -eso sí- desproporcionados y de ahí la leve condena, porque al final “no era para tanto”. Lamentable y de ahí la indignación popular.

En segundo lugar, creo que hay que poner en marcha la división acorazada de la democracia que consiste en desplegar todos los recursos jurídicos disponibles en el Estado de Derecho actual para que instancias superiores valoren de nuevo lo que ocurrió esa fatídica noche de julio de 2016. Contra aquellos hechos no valen solo unos argumentos que, hoy, son solo parciales y eso me reconforta porque mi Estado de Derecho, lo afirmo de nuevo, permite que la sentencia se recurra ante todas las instancias posibles hasta que se llegue al final que siempre se sueña cuando somos demócratas: que se imparta justicia hasta las últimas consecuencias y que se proteja hasta el final al más débil, que en este caso es una chica de dieciocho años, con nombre y apellidos, ciudadana que merece todo nuestro respeto y a la que debemos amparar mañana, tarde y noche de cada día, porque representa a millones de mujeres españolas que desean vivir y caminar por la calle sin temor alguno a sufrir abusos, a ser agredidas o, desgraciadamente, violadas sin consideración alguna a su No.

En tercer lugar, hay que cambiar muchas cosas en este país, para que los hechos sujetos a sentencia no se repitan con la facilidad que ocurre ahora. Me refiero a que se debe firmar un Pacto de Estado para que la educación para la ciudadanía vuelva a las aulas de las que nunca tenía que haber salido. ¡Qué fracaso en democracia desalojar de las aulas la educación en valores humanos, en el comportamiento sexuado, en la relación limpia entre niños y niñas, adolescentes, jóvenes y así, sucesivamente, hasta el final del ciclo vital humano!

Necesitamos también, leyes urgentes que amparen hasta la saciedad la tipificación penal a favor de las víctimas de estos hechos y si hay que cambiarlas, que el Congreso de los Diputados se ponga a la tarea sin dilación alguna. Sin más espera, porque la víctima de estos hechos lamentables de Pamplona, en representación de todas las mujeres que sufren a diario cualquier tipo de abuso, agresión o violación, lo merece.

Sevilla, 27/IV/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.diariodenavarra.es/multimedia/galerias-imagenes/navarra/2018/04/27/concentracion-este-viernes-ante-palacio-justicia-pamplona-inigo-gonzalez.html

 

 

 

Vicios privados, públicas virtudes: el mito del eterno retorno

PANAL DE ABEJAS1

La Presidenta de la Comunidad de Madrid ha dimitido. Buscamos ejemplaridad a marchas forzadas. Hace tanto daño público la política corrupta ejercida por personas conocidas y anónimas, que acusamos cansancio ético porque estamos rodeados. Hace ocho años escribí el post que sigue, con un título aparentemente cinematográfico, Vicios privados, públicas virtudes, aunque ya advierto que en este caso cualquier parecido con la realidad de lo allí expuesto y hoy vivido y sentido, no es pura coincidencia. Cuando vivía en Roma, ciudad que siempre es un peligro para caminantes sensatos, vi durante muchos meses el cartel de la película con este título y no lo he olvidado. Tal cual.

El hartazgo de determinadas actitudes políticas hace estragos en democracia y no me resisto a seguir defendiendo a capa y espada la honradez de miles de personas que ejercen la política dignamente, aunque la condición humana, que no me es ajena, se aproxima con demasiada frecuencia a estos precipicios de indignidad. Todas las personas que ejercen la política, no son iguales. No hace falta dar nombres, porque nos hemos quedado con la cara de los que ocupan el desgraciado ranking de la indignidad. Pero necesitamos protegernos de este maremoto político con olas de corrupción que nos sobrepasan en el acontecer diario.

Vuelvo a publicar aquellas palabras, a las que no quito punto o coma de la época en que se escribió, porque es también lo que sucede en la actual, salvando lo que haya que salvar. La última frase, mezcla de enigma y desasosiego social, sigue teniendo gran valor en el momento actual: “Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Bernardo de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado“.

Al fin y al cabo, muchas personas acaban mirando sin pestañear a la mujer del César.

Sevilla, 25/IV/2018

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VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES

Para los que pertenecemos a la generación en la que sabemos que todavía, en tiempo de crisis, nos queda la palabra, escribo este post como microacto solidario para romper silencios cómplices, conformistas, acerca de personas y situaciones que sufren en democracia: niños amenazados por la larga sombra de la pederastia en la Iglesia y fuera de ella, personas que ejercen la política y son honrados, porque no todos son iguales, jueces dignos como Garzón y otros muchos como él preocupados para que no que pase sin pena ni gloria el dolor que perdura por los efectos de la Guerra Civil, y mujeres al borde de la muerte física, psíquica y social porque existen hombres e instituciones que no aceptan que desarrollen su inteligencia en libertad.

Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
mas que gozaba fama por sus leyes
y numerosos enjambres precoces,
estaba considerado el gran vivero
de las ciencias y la industria.

Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones

Desde la ventana del autobús 881, en Roma, veía en 1976 el cartel de la película de Miklós Jancsó que llevaba este título. El cine que la proyectaba estaba a solo unos metros de la Ciudad del Vaticano (¡qué paradoja!) y, una y otra vez, la he recuperado en mi memoria de hipocampo en estos últimos días de desasosiego ético nacional e internacional, con las noticias de la pederastia en la Iglesia, la trama de corrupción Gürtel, el proceso abierto contra el juez Garzón y el azote de la violencia de género, por poner ejemplos reales. La tentación inmediata es agregarnos inmediatamente al grupo de opinión mayoritaria de este país alejado de la teoría crítica constructiva y ver siempre en los otros lo que no somos capaces de integrar como una realidad de la condición humana que hay que saber enjuiciar con frialdad para no cometer errores dogmáticos e inquisidores, y para no caer, obviamente, en el determinismo cruel del mal y del bien necesarios, propugnado ya en el siglo XVIII por Bernardo de Mandeville, en un poema “anónimo” que publicó en 1714 (1), que formaba parte de un libro titulado The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits (La fábula de las abejas: Vicios Privados, Públicos Beneficios):

… empeñados por millones en satisfacerse
mutuamente la lujuria y vanidad.
… Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
… Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
… Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
… Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
… El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.

Este espectáculo, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma. No nos engañemos. Mientras que la preocupación social más extendida del triunfo a toda costa y la exigencia de la felicidad como derecho constitucional siga campando en el terreno de la violencia reactiva, porque la llamada crisis de valores, de la que todo el mundo habla pero que casi nadie concreta, no acaba de analizarse con el rigor y urgencia que necesita, es muy difícil exigir de los demás la ejemplaridad, sin que empiece la auténtica conversión por uno mismo.

Vicios privados y públicas virtudes, es una expresión que va más allá del título de una película, porque la trasciende y recoge una realidad notoria en la sociedad actual. En un Estado de derecho debemos confiar siempre en la Justicia para abordar los delitos privados y públicos. Pero la solución está también y, básicamente, en otro ámbito: en la generación de responsabilidades públicas y privadas, individuales y colectivas, basadas en dos grandes principios, el del conocimiento y el de la libertad. Conocimiento, para saber por qué ocurren las cosas, por qué debemos recurrir siempre a la inteligencia para resolver conflictos, con su gran carga de sentimientos y emociones a la que siempre está ligada. Y, por supuesto, la libertad para educarla en el sentido más pleno del término. Educación y saber ser y estar en clave de ciudadanía, son dos grandes principios que necesitan ser reforzados y blindados a marchas forzadas en nuestro país, en todos los niveles sociales posibles. De esta forma, sabremos analizar mejor, con humildad, por qué el ser humano es capaz de practicar la violencia con los niños, robar dinero público, quitar legitimidad a un juez o hacer daño a una mujer, de muchas formas, sin caer tampoco en el diseño de un mundo feliz que no existe de forma global, aunque sí individual para quien se lo propone, sin necesidad de dioses o de la fatal aceptación del mal como “semilla” necesaria del bien, volviendo a Mandeville, al intervenir esos dioses salvadores (de cualquier tipología) que citaba anteriormente, para poner orden en un mundo tan enloquecido:

Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
… Quienes no tenían razón enmudecieron,
… con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
… La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
Abrían el séquito los herreros con cerrojos y rejas,
luego los carceleros, torneros y guardianes.
… Todos los ineptos, o quienes sabían
que sus servicios no eran indispensables se marcharon;
no había ya ocupación para tantos.
… ¡Contemplad ahora el glorioso panal, y ved
cómo concuerdan honradez y comercio!

Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

Sevilla, 11/IV/2010

(1) García-Trevijano, Carmen (1994). El reverso de la utopía. Actualidad de «la fabula de las abejas» de Bernardo de Mandeville. Psicología Política, 9, 7-20.

NOTA: La imagen utilizada en este post fue recuperada el 10 de abril de 2010 de: http://www.infoagro.com/noticias/2008/5/1458_agricultura_abre_plazo_solicitar_ayudas_al_fomento.asp

25 de abril: en cada esquina, un amigo y en cada rostro, igualdad

Cuando llega el 25 de abril de cada año, no olvido estas palabras de Grândola, Vila Morena, cantada por Zeca (Jose) Afonso. Recuerdo como si fuese ayer la revolución de los claveles en Portugal. Es un día muy importante en mi agenda personal de asuntos importantes, que año tras año he explicado en este cuaderno especial. Necesito leer con atención reverencial esta reflexión junto a otro hecho importante en mi vida, porque también se celebra hoy la festividad de San Marcos, aunque siempre he preferido bajarlo de la peana y hablar de él como un joven atrevido en tiempos de cólera. Para mí, un excelente periodista, Marcos, que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”.

Abro unas páginas especiales de este cuaderno digital, cerca de Marcos y Jose Afonso, para compartir la lectura de palabras llenas de compromiso activo en mi alma:

Cada año vivo este día de forma especial. En primer lugar, porque celebramos el santo de nuestro hijo Marcos, no tanto por el olor de la santidad de su nombre sino porque su nombre programático, que ya he explicado otras veces en este cuaderno digital, me activa la memoria de hipocampo para recordar que poner el nombre no debe ser nunca una tarea inocente, sino un programa de vida que hay que cumplir. Marcos, un avezado “periodista” en tiempos de Jesús de Nazareth, hizo un trabajo encomiable: preparar las buenas noticias de un tal Jesús a pesar de hacer una maravillosa crónica de una muerte anunciada (lo que luego se llamó “evangelio”), de que el mundo podía cambiar, de que podemos ser diferentes, más siendo que teniendo: “Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares”. Marcos fue el intérprete directo y sincero de las historias que contaba Pedro sobre la amistad que tuvo con Jesús de Nazaret, y que le sobrecogió de tal forma que decidió grabarlas en su cerebro y transmitirlas boca a boca a toda aquella persona que quisiera escucharle, tal como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39).

En segundo lugar, porque tal día como hoy, hace ya cuarenta y cuatro años, aprendimos de la revolución de los claveles que era verdad, que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Y que las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones: “En 1974, tal día como hoy, 25 de abril, festividad de San Marcos, muchos portugueses pensaron en sus corazones que otro mundo era posible en su país y surgió la revolución de los claveles, con expresiones cantadas por Jose Afonso (Grândola, Vila Morena) de forma admirable:

 “en cada esquina, un amigo
en cada rostro, igualdad…”

No es una fecha inocente, como le ocurre siempre a las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el tu quiero y mi puedo que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. El pueblo es quien más ordena, Marcos, otra estrofa preciosa de la canción cantada por Zeca. Lo recuerdo hoy porque yo lo aprendí de Marcos, del siglo I, en Galilea y de Jose Afonso, del siglo XX, en su pequeño rincón de Grândola.

Así lo viví, vivo y viviré; así lo cuento.

Sevilla, 25/IV/2018

Día del Libro en Cataluña, una calle hermosa de encuentros

GARCIA LORCA1
Federico e Isabel Garcia Lorca (Granada, 1914)

Porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida.

Federico García Lorca (1931), Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros

Lo escribí en momentos difíciles para el Estado, para Cataluña, en el mes de octubre de 2017. Recordé en aquellos días el discurso dedicado a las floristas de La Rambla de Barcelona, que Federico García Lorca leyó en una cena en el hotel Majestic de esa ciudad, el 22 de diciembre de 1935. Lorca estaba en Barcelona porque se estaba representando allí su obra Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, junto a la compañía de Margarita Xirgú.

Hoy, festividad de Sant Jordi, vuelvo a leer a García Lorca cantando las excelencias de aquella tierra, de la que debemos aprender cómo celebran el Día Internacional del Libro, donde los libros y las rosas simbolizan una forma especial de expresar la cultura catalana de la palabra escrita.

Desde Andalucía, sueño de nuevo con el paralelismo de las palabras de Lorca, pero haciéndolas extensivas a Cataluña, porque en la quintaesencia de La Rambla (Las Ramblas) está una Comunidad a la que apreciamos mucho desde Andalucía y que no queremos que se separe del mosaico español. Todo es un símbolo, pero tomando en un día como hoy las palabras de Lorca, se me antoja necesario pensar en Cataluña como una calle rodeada de flores, que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros y antigua de sangre. ¡Qué mejor reconocimiento a una extraordinaria Comunidad, con palabras de un andaluz universal que supo cantar la quintaesencia de un pueblo al que tanto amamos!

Comparto hoy estas palabras como un transeúnte desconocido por las calles imaginarias y reales de Cataluña, para aprender de ellas cómo puede persistir el espíritu propio de una Comunidad, aunque ahora sea con una rosa de pena y palabras…, que aún nos quedan.

Salud.

Sevilla, 23/IV/2018, Día Internacional del Libro

ROSA Y LIBRO

A las floristas de La Rambla de Barcelona

Federico García Lorca

Señoras y señores:

Esta noche, mi hija más pequeña y querida, Rosita la soltera, señorita Rosita, doña Rosita, sobre el mármol y entre cipreses doña Rosa, ha querido trabajar para las simpáticas floristas de la Rambla, y soy yo quien tiene el honor de dedicar la fiesta a estas mujeres de risa franca y manos mojadas, donde tiembla de cuando en cuando el diminuto rubí causado por la espina.

La rosa mudable, encerrada en la melancolía del Carmen granadino, ha querido agitarse en su rama al borde del estanque para que la vean las flores de la calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona.

Como una balanza, la Rambla tiene su fiel y su equilibrio en el mercado de las flores donde la ciudad acude para cantar bautizos y bodas sobre ramos frescos de esperanza y donde acude agitando lágrimas y cintas en las coronas para sus muertos. Estos puestos de alegría entre los árboles ciudadanos son el regalo del ramblista y su recreo y aunque de noche aparezcan solos, casi como catafalcos de hierro, tienen un aire señor y delicado que parece decir al noctámbulo: “Levántate mañana para vernos, nosotros somos el día”. Nadie que visite Barcelona puede olvidar esta calle que las flores convierten en insospechado invernadero, ni dejarse de sorprender por la locura mozartiana de estos pájaros, que, si bien se vengan a veces del transeúnte de modo un poquito incorrecto, dan en cambio a la Rambla un aire acribillado de plata y hacen caer sobre sus amigos una lluvia adormecedora de invisibles lentejuelas que colman nuestro corazón.

Se dice, y es verdad, que ningún barcelonés puede dormir tranquilo si no ha paseado por la Rambla por lo menos una vez, y a mí me ocurre otro tanto estos días que vivo en vuestra hermosísima ciudad.

Toda la esencia de la gran Barcelona, de la perenne, la insobornable, está en esta calle que tiene un ala gótica donde se oyen fuentes romanas y laúdes del quince y otra ala abigarrada, cruel, increíble, donde se oyen los acordeones de todos los marineros del mundo y hay un vuelo nocturno de labios pintados y carcajadas al amanecer.

Yo también tengo que pasar todos los días por esta calle para aprender de ella cómo puede persistir el espíritu propio de una ciudad.

Amigas floristas, [con] el cariño con que os saludo bajo los árboles, como transeúnte desconocido, os saludo esta noche aquí como poeta, y os ofrezco, con franco ademán andaluz, esta rosa de pena y palabras: es la granadina Rosita la soltera.

Salud.

NOTA: la imagen del libro y la rosa se ha recuperado hoy de: http://www.portalrosas.com/

Pájaros que anidan en mi cabeza

DIA DEL LIBRO F 2018

Cuando era niño y hacía las cosas de niño, me decían en casa que a veces tenía la cabeza “llena de pájaros”. No entendía qué me querían decir, pero por la cara que ponían creo que no presagiaban nada bueno. Mi futuro estaba en juego y yo me escondía en lecturas tan dispares como Cuchifritín (el hermano de Celia) y Paquito, de Elena Fortún, junto a uno de Emilio Salgari, El rey de los cangrejos, que todavía conservo.

Los libros son como pájaros perdidos que se conservan en el alma de quien los lee con la atención debida y allí los encontraremos siempre. Mañana se celebra el Día Internacional del Libro y he elegido una imagen representativa que simboliza una idea preciosa, los libros son pájaros, porque anidan en la cabeza por siempre jamás. Es un lugar seguro para conservarlos de por vida.

DIA DEL LIBRO F1 2018También he visto otra imagen que representa esta efeméride con un mensaje alentador: La lectura es mi soledad acompañada, según Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2018. Es verdad, porque leer un libro suele ser una opción personal e intransferible. Entre soledades y pájaros anda el juego este año, situaciones y seres animados que me conmueven en el acto de leer, tal y como contemplo muchas veces a Benedetti en su mecedora de lectura que tanto amaba.

mario-benedetti

Esta semana he leído un libro que he buscado con ilusión de niño con la cabeza llena de pájaros, porque los sigo llevando dentro (uccellaci o uccellini, los famosos pajarracos o pajarillos de Pier Paolo Pasolini). Está dedicado a Antonio Machado, a sus dolorosas soledades, según su hermano José, un gran desconocido en este país. Me ha afectado mucho su lectura porque el título es real como la vida misma, Últimas soledades del poeta Antonio Machado. Recuerdos de su hermano José (1). Cuenta en estas páginas que unos días antes de morir en el pueblo del destierro, le pidió ver el mar: “Esta fue su primera y última salida. Nos encaminamos a la playa. Allí nos sentamos en una de las barcas que reposaban sobre la arena. El sol de mediodía no daba casi calor. Era en ese momento único en que se diría que el cuerpo entierra su sombra bajo los pies. […] Así permaneció absorto, silencioso, ante el constante ir y venir de las olas que, incansables, se agitaban como bajo una maldición que no las dejara reposar. Al cabo de un largo rato de contemplación me dijo señalando a una de las humildes casitas de los pescadores: “Quién pudiera vivir ahí tras una de esas ventanas, libre ya de toda preocupación” Y volvió al hotel, sumido en el más profundo silencio. Una soledad acompañada, recordando una idea de su infancia sobre ella: Sí, yo era niño y tú mi compañera. Seguro que en esta soledad sonora recordó el último verso de su retrato con alma: Y cuando llegue el día del último viaje / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar. Al leerlo otra vez con el calor que da la impecable dignidad de la que hizo gala siempre, se me han caído unas lágrimas, como le ocurría a María Celeste, el mascarón de proa preferido de Neruda, que lloraba cada vez que el calor del fuego que ardía en la chimenea de su casa, en la Isla Negra, condensaba el vapor en sus ojos de cristal. Porque ante la dignidad y la vergüenza todo llora y nada permanece insensible y quieto.

Es verdad, los libros son como pájaros. He buscado en mi biblioteca cerebral un pájaro perdido de Tagore y lo he encontrado allí tan vivo y coleando como siempre: A mis amados les dejo las cosas pequeñas; las cosas grandes son para todos. Estas palabras hoy son cosas pequeñas, que mañana, en la celebración del Día del Libro, serán grandes, porque volarán sin que ni siquiera me dé cuenta de ello. Ahora, que soy mayor y he dejado las cosas de niño, soy consciente de que sigo teniendo la cabeza llena de pájaros-libros, porque gracias a otro hermano pájaro perdido de Tagore, el 130, he aprendido que no hay que cerrar la puerta a todos los errores que me achacaban de niño por tener tantos nidos en la cabeza, porque corremos el grave peligro de dejar fuera la verdad que personalmente he encontrado siempre en los libros de mi infancia en una casa de Sevilla; de mi juventud, once años en tierra de Castilla; de mi historia, incluso por algunos casos que recordarlos hoy no quiero. Todo ocurrió porque un día se me llenó la cabeza de pájaros de Antonio Machado. Así lo viví, lo vivo y lo viviré; y así lo cuento.

Sevilla, 22/IV/2018

(1) Machado, José (1999).  Últimas soledades del poeta Antonio Machado. Recuerdos de su hermano José. Madrid: Ediciones de la Torre, pág. 141s.

Contra Todo Esto, solo nos queda la Dignidad y la Vergüenza Activa

CONTRA TODO ESTO1

Cada día que pasa suelo hacer la lista de la indignidad cercana, la que me rodea sin contemplaciones. Es una lista de Todo Esto, que recuerda a Todo Aquello, porque de aquellos polvos vienen ahora estos lodos. Sufro mucho con esta situación porque viví en la época de la no Transición del Régimen Anterior, es decir, Todo Aquello, sintiendo algo más que desasosiego, porque ahora tengo que poner nombre a Todo Esto que me rodea, que tengo que identificar bien, avanzando en desfiladeros existenciales en zona comanche permanente, sin la valentía e intrepidez aprendidas en mi niñez rediviva del General Custer o Errol Flynn (tanto monta, monta tanto), en los que de manera arrogante y sin despeinarse avanzaba con su Séptimo de Caballería para deshacerse de Caballo Loco o Víctor Mature (otra vez, tanto monta, monta tanto). La vida es una película que forma parte de la filmoteca particular, que nunca tiene problema de espacio de almacenamiento gracias al maravilloso cerebro. Gratis total. Es lo que nos diferencia del mercantilismo de los necios, porque no confundimos valor y precio.

Estando en estas cuitas, me he acordado de nuevo de un amigo virtual, de nombre Manuel (Rivas), a modo del que yo descubrí cuando era niño a través de Marcelino, Pan y Vino o Pablito Calvo (nada, que no hay manera, tanto monta o monta tanto), también de nombre Manuel, cuando de forma especial hablaba con él: “En sus juegos, Marcelino siempre contaba con un personaje invisible. Este personaje era el primer niño que él había visto en su vida. Ocurrió una vez que una familia que se trasladaba de un pueblo a otro fue autorizada por el padre Superior a acampar cerca del convento para poder suministrarse de agua y otras cosas que necesitaba. lba con la familia el menor de sus hijos, que se llamaba Manuel, y allí conoció por primera vez Marcelino a un semejante suyo de parecida edad. No había vuelto a olvidar a aquel niño con el que apenas si había cambiado algunas palabras durante el juego. Desde entonces, Manuel estaba siempre a su lado en la imaginación y era tal la realidad con que Marcelino le veía, con su flequillo rubio sobre los ojos y las respingadas naricillas nada limpias, que llegaba a decirle: Bueno, Manuel, quítate de ahí; ¿no ves que me estás estorbando?”

He vuelto a encontrar en mi vida real a Manuel (Rivas), a través de su última obra, Contra Todo Esto. Un manifiesto rebelde, que he comenzado a leer con ilusión para encontrar respuesta a Todo Esto que nos Rodea. A él le debo esta reflexión de hoy, porque la dignidad ya no debe esperar más ante Todo lo que está ocurriendo. Él lo explica muy bien y en esa tarea estoy. Me ha dicho que “en la Oficina de Todo Esto, un concierto de manos muy visibles, hábiles en lo suyo como croupiers en el casino de Todo Esto, componen la gran mano invisible que mueve los hilos y toca teclas para mantener Todo Esto”.

Y repaso la lista de Todo Esto que me deja por unos minutos con cierto sigilo, hasta que pueda leerla con el detalle y compromiso que me anima a seguir perteneciendo al Club de las Personas Dignas y con Vergüenza Activa. También, para que la difunda a todos sus miembros porque es una tarea urgente, porque “la vergüenza, me dice, “abre paso a la esperanza, porque no se espera y hay que arrancársela de los brazos al conformismo”:

Todo Esto es descivilización.
Todo Esto es retroceso y rearme.
Todo Esto es la producción de miedo para poner en cuarentena derechos y libertades.
Todo Esto es la sustracción de la democracia.
Todo Esto es la producción de grietas de desigualdad.
Todo Esto es el desmantelamiento de los espacios comunes.
Todo Esto es la producción del odio hacia el otro, al diferente.
Todo Esto es el machismo como sistema.
Todo Esto es la guerra contra la naturaleza y la caza de los ecologistas.
Todo Esto es la domesticación intelectual.
Todo Esto es la indiferencia y el cinismo.
Todo Esto es paraísos fiscales, corrupción sistémica, una mezcla de la economía gris y la criminal.
Todo Esto es la creciente mercantilización y burocratización de la enseñanza.
Todo Esto es desmemoria, o peor aún, contramemoria.

Me siento en un rincón del Club de las Personas Dignas (y con Vergüenza) y comienzo a leer su libro, un manual necesario en Tiempos de Crisis, porque la dignidad y la vergüenza me ayudan a comprender que una transformación de Todo Esto es posible. Gracias a Manuel Rivas, mi amigo visible, dándole vueltas a la cabeza y al alma porque no olvido algo que escribí hace ya unos años en mi cuaderno de secreto: una persona digna es un ejemplo siempre de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, manifiesta pureza, honestidad y recato; se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente.

Sevilla, 21/IV/2018

 

Refugiados y migrantes, viajeros de la desesperación humana

UNHCR

Como pequeño homenaje a los tripulantes del barco de Proactiva Open Arms retenido en Sicilia durante días y ya liberado, así como a los voluntarios de Andalucía que en su momento fueron detenidos por actuar solidariamente en Lesbos, con acusaciones graves de delitos de organización criminal a personas y ONG´s, a las que solo les ha preocupado recoger en el mar a las personas que buscan una vida digna que no pueden encontrar en sus países de origen. Para que no mueran en el Mediterráneo, en estos viajes desesperados, a veces, a ninguna parte.

El jueves pasado me impactó una imagen reveladora e íntima de un grafiti, Personas refugiadas, ¡Bienvenidas!, en una acera de la Sevilla vieja, recordando las de Jane Jacobs, que me devolvió al principio de realidad de migrantes y refugiados, por sus viajes desesperados a alguna parte: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1). Me pre-ocupó [sic] de nuevo, aunque es noticia diaria en los informativos del primer mundo. Hoy, he querido conocer a fondo la situación actual en nuestro entorno, obteniendo datos objetivos y contrastados como paso fundamental para emitir juicios bien informados.

REFUGIADOS

Sevilla, 12 Abril 2018 / Grafiti con plancha troquelada, junto a la muralla de la Macarena / JA COBEÑA

He localizado un informe magnífico elaborado por UNHCR, Desperate journeys, que recoge la situación actual más próxima a 31 de marzo de 2018, en la que podemos apreciar que España, junto a Italia y Grecia, es el país al que llegan un gran número de migrantes todavía, a través del Mediterráneo, con especial relevancia y por países de origen (por este orden), desde Marruecos, Argelia, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Gambia, Siria, Camerún, Mali, otras nacionalidades subsaharianas y Guinea- Bissau. Hacen un total, desde enero de 2018, de 5.000 personas, 3.385 por mar y 1.615 por tierra, con una distribución proyectada (según datos de 2017) del 14% de niños, 9% de mujeres y 77% de hombres, no disponiéndose en la actualidad de un dato estremecedor en referencia a niños no acompañados y separados de sus padres.

Son dos realidades sangrantes para nuestro país, la de los migrantes y la de los refugiados, con bases legales de atención diferentes, pero que confluyen en la capacidad de este país para atender situaciones inhumanas que claman al cielo. Creo que no somos conscientes del sufrimiento que generan estos viajes desesperados hacia una realidad humana y social diferente, donde se pueda compartir segundos de vida digna. Para tranquilizar sus almas. Vivimos muy ajenos a estas situaciones reales y muy próximas, que utilizan un mar que cantamos históricamente como hermoso y tranquilo, en una contradicción memorable, que llevó a Joan Manel Serrat a cantar “Mediterráneo”, desde la tragedia de Alepo en Siria, con sumo cuidado y respeto reverencial a los migrantes y refugiados que pierden con frecuencia su vida en él, porque ese mar maravilloso se ha convertido en la sepultura de miles y miles de refugiados que escapan también de sus países de origen, en un auténtico sinsentido. Además, porque los que mueren a cientos en ese mar ya no serán desgraciadamente caminos para nadie, tampoco le darán verde a los pinos ni amarillo a la genista.

Lo dije en 2016, en un artículo solidario con la tragedia de Alepo, que vuelvo a reivindicar hoy con la misma fuerza: “Quizá solo nos queden unas palabras, que nos permitan recordar una estrofa de la canción [Mediterráneo] que todavía me estremece pensando en Alepo, dejándonos solos con nosotros mismos y como asumiendo en el “yo” mayestático una cierta responsabilidad sobre lo que está pasando en esta guerra [en Siria] tan absurda: “Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno / que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul / para que pintes de azul sus largas noches de invierno. / A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura”. Como la de la madre e hija, eritreas, que figuran en la portada del informe de la Agencia para los Refugiados de Naciones Unidas, citado anteriormente y que encabeza este artículo, que miran con profunda tristeza su realidad tan cercana y tan viva. Para que no los olvidemos, ni siquiera un momento, en nuestra alma profunda y oscura, porque al conocer esta realidad tenemos en nuestra piel el sabor amargo del llanto eterno.

Sevilla, 19/IV/2018

(1) Jacobs, Jane (1961), Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, Nueva York: Vintage, pág. 50.

Robert Capa, el fotógrafo del pensamiento en blanco y negro, en color…

ROBERT CAPA

Robert Capa, Collette Laurent, del proyecto GEN X, en las Carreras, Chantilly, Francia, 1952 © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos

Sus fotografías no son accidentes y la emoción que reside en ellas no es azarosa. Capa podía fotografiar el movimiento, la felicidad, el desengaño. Podía fotografiar el pensamiento.

John Steinbeck

En la magnífica exposición abierta en la actualidad en Caixaforum Sevilla, bajo el título Robert Capa en color, se puede descubrir el mundo apasionado del color en un fotógrafo que conocíamos en este país como el maestro del blanco y negro en movimiento, por la célebre foto del soldado republicano, imagen tomada por pura casualidad porque estaba en una trinchera con la cámara alzada sin ver exactamente qué estaba fotografiando en ese momento. Le escuché ayer a él contando cómo tuvo lugar esa secuencia mágica y trágica al mismo tiempo, que ha pasado a la posteridad como una imagen representativa del sinsentido de las guerras.

Su azarosa vida tuvo un final trágico al pisar una mina cuando estaba haciendo un reportaje en la guerra de Indochina. Murió muy joven, con 41 años, pero el recorrido de la exposición me permitió vislumbrar una etapa de su vida abierta al color después de una experiencia crucial en retratarla en blanco y negro. Es como si hubiera superado la acromatopsia vital, para pasar a una interpretación bellísima del pensamiento de los que no nos miran, pero conviven con nosotros. Esta es la razón por la que siempre llevaba dos cámaras: una, para el blanco y negro, otra para el color, porque así es la vida.

La acromatopsia es una enfermedad real que provoca ceguera del color, porque no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris, a lo sumo en blanco y negro. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo siempre la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999. Ante una realidad tan sugerente por la transición fotográfica de Robert Capa, recupero de nuevo la lectura que en su momento me sobrecogió tanto, insertándola ahora en este cuaderno que registra ya tantas islas desconocidas: “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

Me impresionaron varias imágenes de la exposición, sobre todo una dedicada a la Generación X (la que nació antes de la segunda guerra mundial), la que recoge un momento mágico de Colette Laurent, en el hipódromo de Chantilly (1952). Fijándonos bien en ella, parece que podemos adivinar su pensamiento, respirando aires de libertad, fumando con boquilla, mirando de forma profunda a un horizonte imaginario. Es paradójico todo porque he leído recientemente que su biógrafo decía que aquella fotografía era contradictoria, porque esa chica francesa, con todo su glamur, era un autorretrato de aquel momento de la vida de Capa: “Su vida es superficial, artificial en la superficie, y no alcanza ninguna de las cosas buenas de la vida, excepto las materiales”. Grandes paradojas de la vida, de su vida. Es decir, la dialéctica viva del paso blanco y negro rutinario al color.

Era una época en la que las revistas americanas pagaban cantidades asombrosas por la obtención de fotografías deslumbrantes, llenas de vida, para contrarrestar los momentos tristes de guerras sempiternas, para contentar a sus lectores ávidos de noticias y fotografías llenas de glamur francés, sobre todo. Robert Capa conocía bien esta trastienda humana porque había estado en casi todas las guerras, pero siempre nos transmitió las secuencias de personas que siempre están detrás de cada acontecimiento vital en momentos penosos como los que nos entregó.

ROBERT CAPA MUERTE MILICIANO

Robert Capa, Muerte de un miliciano leal, Frente de Córdoba, 1936 © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos

La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises. Porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida en libertad, sin dejar ninguno atrás, como reflexionaba en un post que escribí en 2009, Nuevas sonrisas, nuevas lágrimas, dedicado al fotógrafo Erick Lessing: la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo, en definitiva, en la filmación en color jamás contada.

Salí de la exposición con una sensación agridulce de lo que había visto. Todavía retengo en mi retina diversas imágenes que me conmovieron, tales como la del tripulante sueco que hacía señales a otro barco de un convoy aliado, la regata en las Islas Lofoten en Noruega, Ava Gadner en el rodaje de La condesa descalza; la de Capucine, modelo y actriz francesa, en un balcón, en Roma y, por último, la de Pablo Picasso jugando en el agua con su hijo Claude. Inolvidables en un día como hoy de homenaje a la República, que algo de color tiene, porque la imagen del miliciano leal, también presente en la exposición, recuperó ayer mi moviola de secreto en blanco y negro, guardada en la memoria de hipocampo que tanto cuido.

Sevilla, 14/IV/2018

NOTA: recomiendo el acceso a la información extraordinaria que ofrece el International Center of Photography, sobre un hallazgo que ha permitido conocer mejor la obra de Robert Capa: la maleta mejicana.