Valencia, hoy, es Ítaca

AQUARIUS VALENCIA

Llegada del buque ‘Aquarius’ al puerto de Valencia. Mónica Torres EL PAÍS

Con este post quiero dejar constancia del agradecimiento a mi país, como ciudadano español, porque ha acogido a los migrantes que fueron rescatados del mar por la tripulación del Aquarius, por razones humanitarias. En estos días, tanto la tripulación como el personal sanitario a bordo que lo hicieron posible, han sido héroes anónimos en la narración de este duro relato, pero merecen mi reconocimiento público. También el de los tripulantes de los barcos salvadores y rescatadores en general, en el mar y en los puertos de Andalucía, que solo en un día han atendido a casi 1.000 migrantes rescatados en nuestras costas y sin tanto alcance mediático como el que ha tenido el Aquarius.

Y a los que lo seguirán haciendo…, ante un problema de Europa, del mal llamado Primer Mundo.

Estoy viendo las imágenes de la llegada, al puerto de Valencia, de la flotilla de la dignidad compuesta por tres barcos, Aquarius, Orione y Dattilo, que han trasladado a los 630 migrantes recogidos en el Mediterráneo en busca de cada Ítaca particular. Aquí recibirán el respeto a la dignidad humana con independencia de creencia, raza o religión. Vuelvo a leer el poema de Kavafis, Ítaca, y salvando lo que hay que salvar, comprendo mejor que nunca el viaje ilusionado de los 630 Ulises que viajan a bordo, cada uno, cada una, con su sueño particular tan legítimo como el de los demás:

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues – ¡con qué placer y alegría! – a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas.

Hoy, Valencia es Ítaca y todos los migrantes a bordo del Aquarius, aunque su largo viaje no termine aquí, habrán comprendido que deben seguir teniendo a su Ítaca particular en la mente, no apresurando nunca el viaje para atracar donde la vida les brinde la mejor forma de ser y estar en el mundo. Porque entenderán que en la vida hay muchas Ítacas. Cuando estos migrantes sean mayores, atracaran en su mejor isla, ricos en dignidad humana sin tener que esperar que un nuevo puerto como el de Valencia o Ítaca hoy, les tenga que dar ya algo que han ganado con su propio esfuerzo personal e intransferible.

Sevilla, 17/VI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://elpais.com/elpais/2018/06/17/album/1529229602_032148.html#foto_gal_1