Gitánjali Rao, niña del año

Sevilla, 7/XII/2020

Recibo con gran ilusión una noticia conmovedora: Gitánjali Rao, una niña de 15 años americana y de origen indio, ha sido nominada por la revista Time como Niña del Año, por sus trabajos de investigación llevados a cabo en Michigan desde bastantes años atrás. Rápidamente he recordado una obra leída en mi juventud, escrita por Rabindranath Tagore, que recupero inmediatamente en mi biblioteca del alma, con su nombre, Gitánjali, una colección de 103 poemas, perfectamente enlazados y con un hilo conductor: estoy aquí para cantarte canciones, atendiendo a la traducción de Gitánjali del bengalí: ofrenda de canciones.

Todos los medios de comunicación, a escala mundial, se han hecho eco de la noticia. Aquí, en España, se puede leer una detallada descripción biográfica de esta niña del año, para conocerla en su perfil más mediático, en la revista citada y que ha hecho el preciado reconocimiento. También se puede leer un artículo descriptivo sobre la vida de esta niña, en una revista del periódico El País, que recoge los hitos más interesantes de su ingeniosa investigación. Su corta vida está llena de reconocimientos y premios por sus descubrimientos científicos, entre los que se encuentran el de la científica más joven en América con tan sólo 11 años, por su invención de un instrumento para la detección del agua contaminada o su inclusión en la revista Forbes, en 2017, como una de las 30 jóvenes más influyentes del mundo, por debajo de los 30 años.

Es probable que el poema 15 de Gitánjali, simbolice su vida a través de su nombre, aunque tengamos que pensar por un momento lo necesario que es buscar un rincón de pensar para ofrecer canciones a un mundo que necesita oírlas y comprenderlas, para crecer en un mundo nuevo gracias a la capacidad científica de esta niña admirable que compone inventos con su alma bengalí, junto a millones de niñas anónimas de cada día, también en India, que viven en las más extrema pobreza y son imprescindibles, cada segundo, en la vida de sus familias, por su inteligencia creadora para seguir viviendo:

Estoy aquí para cantarte. Mi rinconcito está en este salón tuyo.

Nada tengo que hacer en este mundo tuyo; mi vida inútil no sabe más que saltar en melodías sin razón. Cuando en el oscuro templo de la medianoche dé la hora de adorarte en silencio, ¡mándame que te venga a cantar, maestro mío!

Cuando el arpa de oro esté afinada en el aire matutino, ¡hónrame tú ordenando mi presencia!  

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.