Preguntas de Mayo / 8. ¿Me puede contestar alguien qué vine a hacer en este mundo?

Pausa – IZALSonia Lafuente, patinadora olímpica

Sevilla, 29/V/2021

¿A quién le puedo preguntar
qué vine a hacer en este mundo?
¿Por qué me muevo sin querer,
por qué no puedo estar inmóvil?
¿Por qué voy rodando sin ruedas,
volando sin alas ni plumas,
y qué me dio por transmigrar
si viven en Chile mis huesos?

Pablo Neruda, El libro de las preguntas, XXXI

Estamos desconcertados en nuestra vida porque caminamos en un mundo sin respuestas a cuestiones fundamentales de nuestro acontecer diario, siendo conscientes desde hace ya mucho tiempo de algo que aprendí de Mario Benedetti en mis años jóvenes: cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas. La pregunta de Neruda que he escogido hoy es de una carga de profundidad inmensa: ¿A quién le puedo preguntar /  qué vine a hacer en este mundo?, obligándonos a hacer una pausa en la búsqueda incesante de islas y respuestas desconocidas.Recientemente, creo que encontré un camino, entre otros, en el difícil mundo de las respuestas para todo escuchando una canción de Rozalén con un título sugerente “Y Busqué”, cuya sinopsis nos la presenta ella misma como aviso afectuoso para navegantes en los mares procelosos de las preguntas: “es una subida al templo Tepozteco, en México, una subida a la cima de cualquier montaña. Una metáfora. El camino que nos toca andar… Es un viaje interior, un intento de búsqueda de respuestas al sentido de las cosas, de la Vida, un “porqué estoy yo aquí”. Al final la respuesta se hace clara en soledad. Siempre buscamos fuera lo que nace dentro…”.

Invito a escucharla y seguir la letra de esta hermosa canción, palabra a palabra, porque todas juntas nos dan una solución muy inteligente: las respuestas a lo que está pasando, entre las que se encuentran las de Neruda, están en nuestro interior, es decir, en nuestra inteligencia individual, emocional y sentimental, porque es la única que nos guía en la resolución de cada problema diario: Y busqué, y busqué, y busqué / hasta la cima. / Y no hallé, y no hallé, y no hallé / el sentido a mis días. / Y busqué, y busqué, y busqué / hasta el fin. / La respuesta estaba dentro de mí. Cada estrofa de la canción es una página de vida y del alma. Aplicarlas en nuestra situación concreta es el desafío ante las grandes preguntas de la Vida, con mayúscula, como la canta Rozalén agregando siempre a sus notas las metáforas y el lenguaje de signos, aunque a veces tengamos el alma en los huesos. Junto a Neruda, creo que podemos descubrir una nueva forma de buscar respuestas a los grandes interrogantes de la vida gracias a un gran descubrimiento: la respuesta está dentro de mí. En este camino tan complejo de búsqueda de respuestas, siempre he creído en la importancia de la ética de situación, que me ha acompañado siempre como complemento extraordinario de la ética (a palo seco) que he asumido siempre, la que aprendí hace muchos años, una nueva forma de vida, tal y como la definió excelentemente el profesor López-Aranguren en su famoso tratado de Ética, publicado en 1958, como raíz de la que brotan todos los actos humanos. Ahora, como solería hecha en nuestras vidas, que justifica nuestras respuestas ante tantas preguntas de cada existencia humana.

En mis años jóvenes descubrí que era imprescindible abordar la ética de situación como guía y camino para el discernimiento humano más digno, de la que me enamoré para siempre, frente al dogmatismo de la Iglesia Católica que hacía estragos en este país y, sobre todo, en la dictadura que me tocó vivir amargamente. Aquellas clases del Profesor Häring [del que fui alumno durante un Curso impartido por él durante nueve meses en una Universidad romana] me abrieron los ojos definitivamente sobre la importancia de hacer uso de la libertad en momentos transcendentales de la existencia, tanto en la vida como en la muerte. Me lo explicaba Häring en las clases y, personalmente, en su humilde habitación del Alfonsianum en Roma, porque había prestado servicios en la aviación alemana de Hitler, como capellán y en Rusia, donde aprendió que tenía que atender siempre a cualquier ser humano aplicando la ética de situación, fuera amigo o enemigo, actitud que le acarreó serios disgustos y la separación final de aquellos servicios militares por ser considerado persona non grata para el ejército alemán. El problema radicaba en que había contemplado mucha muerte indigna en directo y había tenido que ayudar a muchas personas a vivir y a morir alejado del dogma católico que había aprendido y enseñado en su proceso de evolución ética. Häring sufrió mucho por sus actitudes éticas sobre la vida y la muerte hasta su fallecimiento, sobre todo por el trato recibido por la iglesia oficial, a la que recordó que cuando era citado en Roma para justificar su doctrina de libertades ante el dicasterio eclesial, le recordaba algo tan grave como estar presente ante Hitler en un juicio sumarísimo. Häring me enseñó a defender la vida digna, en cualquier circunstancia, sin más limitación que la aplicación de la ética de situación en su defensa plena y con el amparo de la ley correspondiente.

La ética de las respuestas a las Preguntas de la Vida no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, tal y como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida. Vuelvo a comprender perfectamente que las respuestas a las preguntas de Neruda en su capítulo XXXI (31) tienen todo su sentido en la aplicación de la ética de situación de cada uno, entendida como una nueva forma de vida, como la raíz de la que brotan todos los actos humanos, como una solería sobre la que pisa nuestra vida y que justifica nuestras respuestas personales e intransferibles ante las preguntas de cada existencia humana, en cada aquí y ahora. Es lo que Benedetti llamaba “baldosas” en su poema Pausa: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades. En el fondo, esto que estamos haciendo hoy a través de estas palabras es navegar sin prisa, con pausas, buscando con ética personal y de situación la Ítaca que todos tenemos derecho a soñar y con un deseo confesable: que no esté lejos alcanzarla en la distancia y en el tiempo que cada uno, cada una, vive en su devenir diario.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.