Las plumas de septiembre en el Día Después

Mario Benedetti / Pablo Neruda

Sevilla, 12/IX/2021

Estoy muy agradecido a Chile porque consta para la historia de este país que tuvo un comportamiento ejemplar con los exiliados españoles que participaron en la llamada Misión de Amor (1), un poema que recibió este título del mismo Neruda y del que decía “Que la crítica borre toda mi poesía. Pero este poema [Misión de Amor], que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie”. En el puerto de Valparaíso, tan querido para Neruda, desembarcaron el 3 de setiembre de 1939, más de 2.300 exiliados españoles a bordo del Winnipeg, siendo recibidos por el presidente Aguirre Cerdá y por el jovencísimo y recién nombrado Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social, Salvador Allende: “[…] Al descender las movedizas escalinatas, ante ellos se abría la posibilidad de rehacer sus vidas y de retribuir con su trabajo y esfuerzos la hospitalidad que generosamente les brindaban el pueblo y el Gobierno chilenos. Manos fraternas acogieron a los inmigrantes, rescatados por el humanitario corazón de Neruda, para quienes, a contar de ese momento, la esperanza comenzó a ser una realidad” (2). Salvador Allende estuvo allí y con estas palabras simbolizo en este Día Después el agradecimiento de nuestro país al pueblo chileno, en clave democrática y de respeto a la memoria histórica.

Avanzando en el arduo camino de la vida, pienso mucho en el después de lo acontecido en Chile, en cada Día Después, tal y como lo explicó espléndidamente Mario Benedetti en un poema inédito publicado dos años después de su fallecimiento, El Después, formando parte de un conjunto de poemas seleccionados por el autor en los últimos años de su vida: “El Después nos espera / con las brasas y los brazos abiertos / ah pero mientras tanto / vemos pasar con su cadencia/ la muerte meridiana de los otros / los más queridos y los no queridos” (3).

En este Día después, quiero quedarme con todo lo bueno aprendido de Chile, recordando especialmente a Pablo Neruda en un poema dedicado a este mes de septiembre de infeliz memoria, ahora por lo ocurrido en su país con el golpe de estado y por el golpe mundial a la democracia y a la paz con el atentado de las Torres Gemelas. Estamos tan ocupados con el coronavirus, que casi no apreciamos lo que ocurre a nuestro alrededor, con una experiencia estacional que ya está con nosotros, la llegada de septiembre, el séptimo mes como su propio nombre indicaba en el calendario romano. Acudo una vez más a la poesía y llamo a su puerta, sabiendo que las oscuras golondrinas de Bécquer no volverán por ahora, sobre todo las que aprendieron nuestros nombres en los momentos en los que no conocíamos lo que vendría después. Esa es la razón que me ha llevado a encontrarme de nuevo con Neruda, porque hoy, en el Día Después, necesitaba volar sobre sus queridas alas de septiembre a través de una oda especial, Oda a las alas de septiembre (4), aunque sólo pueda hacerlo en mi imaginario particular y para poder compartir momentos amables con las personas que me acompañan a diario:

He visto entrar a todos los tejados
las tijeras del cielo:
van y vienen y cortan transparencia:
nadie se quedará sin golondrinas.

Aquí era todo
ropa, el aire espeso
como frazada y un vapor de sal
nos empapó el otoño
y nos acurrucó contra la leña.

En la costa del Valparaíso,
hacía el sur de la Planta Ballenera:
allí todo el invierno se sostuvo
intransferible con su cielo amargo.

Hasta que hoy al salir
volaba el vuelo,
no paré mientes al principio, anduve
aún entumido, con dolor de frío,
y allí estaba volando,
allí volvía
la primavera a repartir el cielo.

Golondrinas de agosto y de la costa,
tajantes, disparadas
en el primer azul,
saetas de aroma:
de pronto respiré las acrobacias
y comprendí que aquello
era la luz que volvía a la tierra,
las proezas del polen en el vuelo,
y la velocidad volvía a mi sangre.
Volví a ser piedra de la primavera.

Buenos días, señores golondrinas
o señoritas o alas o tijeras,
buenos días al vuelo del cielo
que volvió a mi tejado:
he comprendido al fin
que las primeras flores
son plumas de septiembre.

Un detalle. Si he elegido de nuevo, hoy, este poema, es porque en el hemisferio sur ha comenzado ahora la primavera -¡que bella realidad y deseo!- y para comprender el curso de la naturaleza si no la alteramos, sabiendo que las primeras flores que vimos en nuestra primavera reglada son plumas ahora en este hemisferio europeo de septiembre, aunque la primavera siempre volverá a nuestras vidas, a nuestras almas. Así una y mil veces. Ahora, las alas de septiembre están de paso hacia África pero nos regalan el vuelo del cielo sobre nuestra existencia, diciéndonos ¡hasta luego, hasta siempre!, recordándonos que la vida sigue y que es fiel a los que la aman si no perturbamos su curso.

María Dolores Pradera y Amaya Uranga, Golondrina presumida

Así lo escuché una vez cantar a María Dolores Pradera, en su “Golondrina presumida”: De allá del mar vendrás, / tienes que regresar / porque tú traes, porque tú traes… / porque tú traes mi vida”. Nuestra vida, en este Día Después de un mes de septiembre alado y tan especial. Lo confirma Benedetti en las estrofas finales del poema citado: no logramos soñar / solo esperamos / que alguien nos sueñe sin puñales / pero también sin melancolías / de segunda o quinta mano / de todos modos preparamos / la boca por si vuela un beso / y si no vuela siempre queda / uno que emerge del olvido.

(1) Neruda, Pablo. Misión de Amor, en Memorial de Isla Negra, 1964. Buenos Aires: Losada.

(2) https://winnipeg70.wordpress.com/a-historia-del-winnipeg/

(3) Benedetti, Mario, en Biografía para encontrarme, 2020. Madrid: Alfaguara.

(4) Neruda, Pablo, en Navegaciones y regresos, 1959. Buenos Aires: Losada.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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