La Palma y las dunas de lava negra

Sevilla, 21/IX/2021

Veo con dolor las consecuencias de la erupción del volcán Cumbre Vieja en la isla de la Palma, que recorrí de norte a sur y de este a oeste hace ya muchos años, donde hice una parada muy cerca de esa cumbre que ahora arroja magma incendiario y de color negro, concretamente en Los Llanos de Aridane, donde mujeres a la luz del día bordaban rosas rojas de forma artesanal y bella. Compré una, a una señora que la había bordado a mano y que conservo en mi cuarto de ser y estar, a la que estos días tan especiales observo con respeto y admiración. Inmediatamente, he recordado también a Rafael Alberti y a César Manrique, amigos en Lanzarote y compañeros de vida en la casa de Taro de Tahiche, hoy Fundación, así como la presencia del poeta gaditano en los Jameos del Agua, donde recitó un poema que suena hoy de una forma especial en torno a un fenómeno que pronto ocurrirá, cuando esa lava lenta y arrolladora llegue al mar formando dunas de lava negra, expresión que escuché decir en su momento a Rafael Alberti, cuando en el acto indicado, celebrado el 2 de junio de 1979, leyó este poema que compuso el 31 de mayo de ese año, en la casa de Manrique, en Taro de Tahiche.

Lanzarote. Primera estrofa

A César Manrique,
pastor de vientos y volcanes

Vuelvo a encontrar mi azul,
mi azul y el viento,
mi resplandor,
la luz indestructible
que yo siempre soñé para mi vida.
Aquí están mis rumores,
mis músicas dejadas,
mis palabras primeras mecidas de la espuma,
mi corazón naciendo antes de sus historias,
tranquilo mar, mar pura sin abismos.
Yo quisiera tal vez morir, morirme,
que es vivir más, en andas de este viento,
fortificar su azul, errante, con el hálito
de mi canción no dicha todavía.
Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia,
y puedo serlo aún, aunque sangrando,
profundamente, vivamente herido,
lleno de tantos muertos que quisieran
revivir en mi voz, acompañándome.
Más no quiero morir, morir aunque lo diga,
porque no muere el mar, aunque se muera.
Mi voz, mi canto, debe acompañaros
más allá de las edades.
He venido a vosotros para hablaros y veros,
arenales y costas sin fin que no conozco,
dunas de lavas negras,
palmares combatidos, hombres solos,
abrazados de mar y de volcanes.
Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.
Siento que va a habitarme el fuego que os habita
.

César Manrique, pastor de vientos y volcanes, desde su cielo particular, contemplará asombrado y con dolor esta erupción tan cercana a su vida y a su obra, a la que Alberti puso palabras que hoy resuenan mucho más fuerte que el rugido del volcán Cumbre Vieja, que acabará en dunas de lava negra, palmares, plantaciones y casas combatidas, personas solas, abrazadas sólo por el mar y sus volcanes. Siento también al contemplar las imágenes de la erupción, en palabras de Alberti, un subterráneo temblor que irrumpe hacia el cielo, como si entrara ya en mi interior el fuego y el calor que habita a las personas de aquella isla bonita, preciosa, abrazada ahora a la queja de la Naturaleza que siempre está viva. Pero volverán pronto el azul y el viento, el resplandor, la luz indestructible, las rosas rojas, la esencia de la vida en la que siempre sueñan los lugareños de La Palma para sus vidas.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de La lava se acerca al mar y el contacto con el agua elevará el riesgo de gases tóxicos (msn.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.