«¡Arriba Tutto!» nos muestra que la vida puede ser bella

¿Dónde está el niño que yo fui, / sigue adentro de mí o se fue? / ¿Sabe que no lo quise nunca / y tampoco me quería? / ¿Por qué anduvimos tanto tiempo / creciendo para separarnos? / ¿Por qué no morimos los dos / cuando mi infancia se murió? / ¿Y si el alma se me cayó / por qué me sigue el esqueleto?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, capítulo 44 (XLIV) – 14:22 h CET (UTC+1)

Sevilla, 25/X/2026

Ayer fui al cine, un lugar que amo desde mi infancia en Madrid, a modo de cinema paradiso permanente en mi vida, para ver una película, ¡Arriba Tutto!, que me interesó desde que la presentaron en el último Festival de San Sebastián, por las manifestaciones que hizo en aquél espacio su guionista, director e intérprete principal, José Mota y porque sobrevolaba en mi mente el recuerdo extraordinario de La vida es bella. Las publicó la Academia de Cine y para no tergiversar el fondo y forma de la película, las recojo en este artículo, al que sólo voy a agregar algunas consideraciones sobre mi interpretación de un visionado atento a cada plano, a sus diálogos, a su banda sonora, por mí sentido e interiorizado en mi persona de secreto, que mediante estas palabras pasan a ser a mi persona de todos, como diría Ortega y Gasset. Tengo que hacer en este momento una declaración de mi admiración por este tipo de películas, que transmiten mensajes muy positivos para hacer camino al andar en la vida, con sus contrariedades permanentes, con risas y lágrimas, sin olvidar nunca al niño o niña que todos llevamos dentro.

A continuación, me remito ahora a las palabras pronunciadas por José Mota, en la presentación citada de la película en el Festival de San Sebastián de este año: «Llegar al Festival de San Sebastián con Arriba Tutto, de la mano de Televisión Española, supone para mí mucho más que presentar una película. Es la culminación de un sueño largamente acariciado y la emoción de compartir, en uno de los grandes templos de nuestro cine, una historia nacida de una convicción profundamente personal: que el humor no es únicamente una forma de entretenimiento, sino también una manera de mirar el mundo, de comprender al otro y de resistir frente a la adversidad. Arriba Tutto nos traslada a 1905 para contarnos la historia de un cómico ambulante que cree en una hermosa utopía: que la comedia puede cambiar el mundo. En una época marcada por las desigualdades sociales, los odios y las amenazas de guerra, este hombre defiende el humor como un arma pacífica capaz de unir a quienes piensan, sienten o viven de manera diferente. Esa forma luminosa de entender la existencia se la transmite a su hijo Michi, un niño de siete años fascinado por la mirada de su padre. Él le concede el más alto título al que, según sus principios, puede aspirar un ser humano: el de caballero de la comedia. Y le hace prometer que, allí donde la vida lo lleve, defenderá el humor, la ternura y la capacidad de hacer reír como una forma de dignidad. Pero la tragedia irrumpe cuando su padre muere tratando de salvar de las llamas su legado: una obra titulada El caballero de la comedia, donde había reunido todo cuanto pensaba sobre el humor y la vida. Con el paso de los años, Michi se aleja de aquella promesa y se convierte en un hombre oscuro, herido y desconectado de su propia esencia. Será entonces cuando el niño que fue regrese para acudir en su ayuda. Ese niño interior, todavía puro, valiente y fiel a la palabra dada, intentará rescatar al adulto en el que se ha convertido y recordarle quién era antes de que el dolor, el miedo y la decepción le hicieran olvidarse de sí mismo. Esta película nace de una pregunta que, de un modo u otro, todos nos hacemos alguna vez: ¿qué queda de nosotros cuando perdemos el vínculo con el niño que fuimos? Creo profundamente que en esa infancia permanecen nuestra verdad, nuestra capacidad de asombro y aquello que un día prometimos ser. Volver a ella no significa vivir en el pasado, sino encontrar una tabla de salvación cuando la vida nos acerca al abismo. Presentar Arriba Tutto en San Sebastián es compartir una declaración de amor al humor, al cine y a quienes todavía creen que una sonrisa puede derribar muros. Gracias a Televisión Española por acompañarnos en esta aventura y al Festival por permitir que aquel sueño de un cómico ambulante encuentre hoy una pantalla desde la que seguir defendiendo su utopía».

Me emociona leer una y otra vez estas palabras, en un momento muy delicado que atraviesa este país ante el gran día de la democracia por la posibilidad de emitir nuestros votos en las urnas, en las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. Hoy, en el que el Club Virtual de los Tibios, Tristes y Mediocres, donde siempre hay largas colas para inscribirse, frente a las del Club Virtual de las Personas Dignas, con cientos de miles de personas que sueñan inscribirse en él, resuenan con fuerza las palabras de José Mota: «el humor no es únicamente una forma de entretenimiento, sino también una manera de mirar el mundo, de comprender al otro y de resistir frente a la adversidad». Ideología al fin y al cabo, con el adoctrinamiento que lleva dentro en su justa medida de expresión libre, porque todo es política, mostrando dos realidades que la derecha extrema con piel de cordero y la ultraderecha quieren eliminar en nuestro país a través de un plumazo, Boletín Oficial del Estado incluido, si hace falta cuando lleguen al poder, tan magníficamente tratado y criticado en la película desde un humor satírico, por supuesto, a pesar de que a muchos no les guste que recurra a las páginas negras de la memoria histórica y triste de la guerra civil en nuestro país.

José Mota muestra de forma no inocente en la película que el Humorismo puede salvar a la Humanidad, porque la vida merece ser vivida de forma amable, con risas si hace falta en algún momento de tensión, porque no están reñidas estas realidades vitales, dolor y humor, como contrapuntos diario. También nos muestra una hermosa utopía, que la comedia puede salvar el mundo: «En una época marcada por las desigualdades sociales, los odios y las amenazas de guerra, este hombre defiende el humor como un arma pacífica capaz de unir a quienes piensan, sienten o viven de manera diferente». Y el ejemplo de vida de un cómico ambulante hasta la muerte, es el mejor regalo que se puede hacer a un hijo, de nombre Michi, que en una ceremonia inolvidable, le nombra «caballero de la comedia». Todo lo que viene después hay que ir al cine para descubrirlo y guardarlo en el corazón.

Me he puesto a leer de forma imaginaria el libro tan querido para padre e hijo en la película, El caballero de la comedia, porque en este mundo tan cercano a guerras y conflictos, insultos a la vida y a la muerte, guerras fratricidas para ver quien es el mejor postor político ante el pueblo desconcertado, olvidando siempre que un día fuimos niños y sólo sabíamos jugar a las guerras con espadas de madera y pistolas de plástico, deberíamos recuperar los niños y niñas que fuimos y que aún tienen un sitio especial en nuestro cerebro, porque al final de cada día pensábamos siempre en la utopía necesaria de descubrir, poco a poco, que que la vida era, es y será tan bella como queramos construirla a diario y en beneficio de todos. Como decía José Mota, utilizando el argumento de la película, «ese niño interior, todavía puro, valiente y fiel a la palabra dada, intentará rescatar al adulto en el que se ha convertido y recordarle quién era antes de que el dolor, el miedo y la decepción le hicieran olvidarse de sí mismo».

Es verdad que esta película nace de una pregunta que, de un modo u otro, todos nos hacemos alguna vez en nuestra vida: ¿qué queda de nosotros cuando perdemos el vínculo con el niño que fuimos? Para que no se olvide, ni siquiera un momento, Pablo Neruda nos ayuda hoy a recordarlo: ¿Dónde está el niño que yo fui, / sigue adentro de mí o se fue? //¿Por qué anduvimos tanto tiempo / creciendo para separarnos? / ¿Por qué no morimos los dos / cuando mi infancia se murió? / ¿Y si el alma se me cayó / por qué me sigue el esqueleto?

Una vez leídos con atención los títulos finales de crédito, acompañado por una canción preciosa cantada por Rozalén, Canto de los que quedan, que forma parte de la banda sonora excelente de esta película, salí del cine en un silencio atronador, convencido de que tengo que alzar la voz para decir la verdad de lo que está pasando y estamos viendo, como me grita a voces mi niño de secreto. Inolvidable la letra, música y voz de esta canción.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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