
Solo con imaginación no cambiamos la realidad, pero sin imaginación corremos el riesgo de quedar presos en el conformismo.
Lula da Silva en Tengo un sueño, 2003
Sevilla, 26/X/2026 – 09:54 h CET ( UTC+2)
En la segunda vuelta, Lula, el padre de los pobres de su país, como millones de personas le atribuyen este título de tanta honra y dignidad humana, ha ganado las elecciones presidenciales en Brasil, un país complejo que necesita redistribuir cada día su riqueza, donde los nadies, entre 214 millones de habitantes que lo pueblan, necesitan este triunfo para garantizar su supervivencia digna, para dejar de pasar hambre y dignificar sus vidas. Vuelve el presidente con una idea fija: incluir a los pobres en el presupuesto y que todos los brasileños hagan tres comidas al día.

La historia personal de Lula es un auténtico tratado de militancia y resistencia, recordando los 580 días que estuvo detenido de forma injusta y arbitraria en la prisión de Curitiba, desde 2018, donde nunca le faltó el calor humano de la calle, de las personas que sabían cómo había sido su tiempo presidencial, a través de programas como “Hambre 0” y “Bolsa Familia!”, mediante los que se garantizaban tres comidas al día de la población más desfavorecida, con especial preferencia sobre los niños y niñas en pobreza severa, en un país con tantas desigualdades sociales, tan rico en recursos pero tan pobre por los millones de nadies explotados días a día por una sociedad derechizada hasta extremos insoportables, injusta y despiadada.

Siempre he creído en las políticas implementadas por Lula en su larga carrera política y presidencial. Un botón de muestra puede ser el artículo que publiqué en 2008 en este cuaderno digital, No es una persona más que otra…, en el que recogía un fragmento del discurso de agradecimiento que pronunció el Presidente de Brasil, Lula da Silva, en la ceremonia de entrega del Premio Internacional «Don Quijote de La Mancha”, en Toledo, el 13 de octubre de 2008:
En una época carente de valores, como la actual, el Quijote debe verse como una metáfora relevante. En el mundo en transición en el que vivió, luchó por ideales que consideraba vigentes y nobles. Su idealismo, por distante que estuviese de la realidad, acabó, sin embargo, por transformarlo en una referencia fundamental para la cultura mundial en estos últimos siglos. Don Quijote pone de relieve, con su aparente locura, la importancia de la audacia y de la imaginación en la construcción de otro mundo.
En el ciado artículo recordaba que el 11 de octubre de ese año había leído un texto premonitorio, en un anuncio con motivo de la entrega del Premio Internacional Don Quijote de la Mancha, a dos personas a las que admiraba y respetaba mucho: Lula da Silva y Carlos Fuentes: no es un hombre más que otro sino [sic] hace mas que otro. Es una frase cervantina, que sugiere muchas reflexiones si no se la saca de su contexto. Veamos. El texto original de Cervantes dice exactamente: “sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro sino [sic] hace mas que otro”, en una expresión llena de sentimiento y esperanza por parte de Don Quijote, en un gesto lleno de ternura hacia Sancho porque “todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo, y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables…”. Extraordinaria construcción de la didáctica humana de la comprensión en el alcance que se expresa con la solidaridad ante situaciones que son personales e intransferibles y que por mucho que se quieran cooptar, en auténtica com-pasión [sic], se demuestra que el sufrimiento no es delegable, ni asumible por los demás en su justa medida, porque las personas no son más que otras si no hacen más que otras.

Pero es una realidad inquebrantable que sí hay personas que hacen más que otras, yendo más allá del reclamo del anuncio. Y por ello, son más importantes en la sociedad, desde una perspectiva ética, unas determinadas personas que otras. En el caso de los personas premiadas, Lula da Silva y Carlos Fuentes, existían sobradas razones para alinearse tanto con Sancho como con Don Quijote, en el reconocimiento del Premio, porque ante ellos es fácil que nos pudiéramos poner “de pechos” sobre nuestras cabalgaduras vitales “con la mano en la mejilla en guisa de personas pensativas”, intentando solidarizarnos con ellos por tanta tristeza que en algunos momentos nos han trasladado, aunque convengamos con Don Quijote que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas.
Así lo aprendí de Lula da Silva cuando leí en 2003, con pasión, el libro de recopilación de sus cinco propuestas para cambiar la historia, con un título que sobrecoge todavía hoy con su nueva victoria electoral, “Lula. Tengo un sueño” (1): “Obstinadamente me digo todo el santo día: tengo que realizar un sueño, que no es sólo mío, sino el sueño de todos vosotros; llegará un día que en este país ninguna criatura se irá a dormir sin un plato de comida, y ninguna criatura se despertará sin ningún desayuno (…) Llegará un día en que la gente tendrá conciencia de que este país que sueño y que vosotros soñáis puede ser construido. Depende de nuestra disposición para realizarlo. Depende de nuestro coraje. Depende de nuestra disposición”.
Utilizando el símil del idealismo de Don Quijote, Lula nos dejó en aquél acto de 2022 un mensaje para “cabalgantes”: «Solo con imaginación no cambiamos la realidad, pero sin imaginación corremos el riesgo de quedar presos en el conformismo». Depende de nuestra disposición, como afirmó Carlos Fuentes en aquel acto, con un mensaje aleccionador para los que hacen más que otros: «tenemos un porvenir que desear y un pasado que recordar, pero sólo deseamos y recordamos en el presente. Toda gran obra es un llamado a la acción». Depende de nuestra disposición.
En este contexto quijotesco, el presidente Lula demuestra una vez más que es una persona imprescindible en este mundo al revés, porque se enfrenta a diario a molinos de viento que no son imaginarios, a su estilo, a su aire cervantino, a través de las palabras que le quedan, porque sabe que en su compromiso vital actual no es posible que el mal ni el bien sean durables…
Evidentemente, todo depende de nuestra disposición, porque las personas no son más que otras sino hacen más que otras. Como Lula.
(1) Luiz Inácio Lula da Silva (2003). Tengo un sueño. Barcelona: Península, p. 52s.
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