En memoria de los fallecidos y heridos hoy, en el accidente de los trenes AVE e Iryo

Sevilla, 28/X/2026 – 20:10 h CET (UTC+2)

Estoy conturbado hoy por la tragedia de los trenes AVE e Iryo, en el trayecto Madrid-Sevilla, en el que las cifras de fallecidos y heridos conmueven nuestras personas de secreto según avanza el día. Es lo que me lleva a dedicar ahora, ante la pantalla en blanco, unas palabras a este luctuoso suceso.

Lo hago porque he recordado a Jean Paul Sartre, autor muy cuidado por mí durante mis años jóvenes, cuando en su autobiografía Les Mots, confesó por qué escribía: “Escribo siempre. Qué más podría hacer? Nulla dies sine linea [Ningún día sin una línea]. Es mi costumbre y, además, mi oficio”. Tengo que afirmar que ahora, en mi cumpledías diario y llegado a una matusalénica edad, que diría Benedetti, procuro escribir todos los días líneas con palabras, cada día unas líneas, motivado por muchas razones que ya he expuesto en diversas ocasiones en este cuaderno digital.

Hoy, lo hago porque es justo y necesario estar cerca de lo ocurrido, del dolor de las familias de fallecidos y heridos, cada uno de la mejor forma que pueda hacerlo o sepa, personalmente, en mi caso, con palabras, que aún me quedan. También, del reconocimiento a todos los servidores públicos que desde el primer momento están prestando sus servicios de forma encomiable.

Si hoy escribo estas líneas es porque considero que cada día es una pregunta sobre nuestra existencia de vida y muerte, sobre todo tres que me acompañan diariamente desde que las conocí y aprendí en el libro Eclesiastés, (3, 1-22), sintiendo profundamente aquellas palabras de aquél ejemplar ciudadano llamado Jesús, “triste está mi alma hasta la muerte”, que me cuesta descifrar en el terco día a día: ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca el hombre de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de él?

A día de hoy, la única respuesta que me sigue pareciendo coherente es la del propio Eclesiastés, un auténtico líder de las asambleas humanas: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida: es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper.

Es lo que deseo recordar a los familiares de las personas fallecidas. También a las personas heridas y a sus familiares, a las que se han salvado pero les quedará siempre grabado el accidente en su memoria.

Ahora, hay que buscar caminar juntos en la vida, porque ante las preguntas citadas es difícil encontrar respuestas. Eclesiastés lo tuvo claro ante el silencio clamoroso de quienes le rodeaban. La mejor respuesta es caminar, haciendo camino al andar en la vida, con un amigo o amiga, con la familia si así se decide, para que nos ayuden a levantarnos si nos caemos por múltiples motivos, la muerte o heridas de las personas a las que queremos, por ejemplo, porque la amistad, yo le agregaría cariño y afecto, es como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de RTVEplay

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