Luz López y Mario Benedetti / Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez / Waldo Leyva
Sevilla, 7 de junio de 2022
Hoy cumplo setenta y cinco años, mucho tiempo si lo convierto en cumpledías, aunque prefiero esta última expresión siguiendo de cerca a Mario Benedetti en su poema “Como siempre”, en su fondo y forma, sentándome junto a él y sintiendo al mismo tiempo la influencia de Luz López, su compañera de vida, recordándome también que ya he recorrido un camino vital de novecientos meses en mi cumpledías vital, más de media vida con María José, aplicando las palabras de su poema en primera persona, porque así lo he leído una y otra vez en lo más íntimo de mi propia intimidad agustiniana, adaptándolo a mi yo y mis circunstancias, que diría Ortega y Gasset. Es verdad, porque esta matusalénica edad que alcanzo hoy “no se me nota cuando en el instante en que vencen los crueles entro a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria”. También vuelvo a tener presente a Juan Ramón Jiménez, tan próximo, el poeta con el que compartí su casa de juventud en Moguer durante algún tiempo, que escribió unas palabras hace más de cien años que rescato hoy en la celebración de mi cumplevidas, concretamente en una bella introducción a su querido diario (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!-, porque resumen perfectamente la atención que debemos prestar a cada día, espacio y tiempo en el que se desarrolla la vida personal e intransferible de cada uno y las compañeras de vida, por ejemplo Luz, Zenobia, Margarita y María José:
¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.
El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!
En este contexto he recordado hoy también al poeta cubano Waldo Leyva, porque cuando cumplió setenta y cinco años intervino en Ciudad de México, el 13 de septiembre de 2018, en un encuentro cultural bajo la denominación Setenta y cinco años de perseguir el sueño, leyendo poemas escogidos de su espléndida obra poética, de la que destaco El rumbo de los días (2), que ganó en 2010 el X Premio Casa de América de Poesía Americana y de la que escribió el poeta brasileño Ledo Ivo la siguiente semblanza a modo de sinopsis del libro: “La mirada de Waldo Leyva (Cuba, 1943) no sólo contempla. Es una mirada que escucha los rumores de la vida y del mundo. Al mismo tiempo que alcanza las noches estrelladas y los días radiantes de Cuba, se extiende más allá de la frontera insular habitada por el eterno martilleo del mar. Un sentimiento amoroso del mundo, fundado en la solidaridad y en la fraternidad guía los pasos de este gran poeta viajero. Su poesía es ora clara como el agua más lípida, ora teñida de esa oscuridad que marca al ser nocturno y solitario. Sus secretos y misterios, sus sueños y deslumbramientos jamás lo separan de los otros hombres y de los otros paisajes, de la materialidad y la trascendencia que rigen el transcurrir de la vida. ¿Quién es este Waldo Leyva, con su poesía que torna espléndidos los seres y las cosas más simples, humildes y cotidianas, pan puesto en la mesa y aura permanente de amor? Es un amigo del mundo”.
Leyendo bastantes poemas de su trayectoria vital, he escogido uno que me ha tocado el alma que sueña, titulado Contra la desmemoria, dedicado a José Omar Torres, hermano:
Cantemos la canción de los soñadores, que no nos detengan las espaldas que se alejan ni los oídos que sólo quieren escuchar el repetido canto de las sirenas; por muy sólo que se anuncie el camino, cantemos siempre la canción de los soñadores, que el canto nos acompañe con su melodía incorruptible. El fin no es tocarlo sino perseguir el sueño. Y si algún día, no quiero pensarlo, nadie canta la canción de los soñadores si alguna vez, no quiero imaginarlo, sólo se escucha el alarido de las sirenas, entonces yo, contra esa desmemoria, seguiré cantando con mi torpe voz y estoy seguro, eso quiero creer, que alguien, cuyo recuerdo ignoro todavía, se levantará de las aguas para sumarse al coro y descubrir conmigo la canción de los soñadores.
En este cumpleaños, cumpledías y cumplevidas, sólo sé que he perseguido sueños que hoy no quiero olvidarlos, ni siquiera un momento, porque no quiero dejarme apesadumbrar por la desmemoria. Leo una y otra vez el poema de Waldo Leyva, precioso, porque no quiero dejar de soñar despierto como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Hoy, cuando cumplo setenta y cinco años persiguiendo sueños, quiero cantar la canción de los soñadores (Leyva), entrando a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores (Benedetti), porque sé que el día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Por esas razones, sueños en definitiva, sé que lo que aprendí un día ya lejano de Juan Ramón Jiménez, ¡Cuida bien, pues, este día!, es lo que me permite seguir viviendo, porque un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Sé que el fin no es tocarlos sino perseguir los sueños.
(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916-1917), 2011. Madrid: Visor Libros.
(2) Leyva, Waldo, El rumbo de los días, 2010, Madrid: Visor Libros.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla, […] escribo para ser feliz.
Orhan Pamuk, en el discurso del acto de entrega del Premio Nobel de Literatura 2006
De vez en cuando miro por el retrovisor de este cuaderno digital y tomo conciencia de que llevo casi diecisiete años escribiendo artículos en él, con paciencia turca, unos detrás de otros, habiendo alcanzado hace tan solo unos días los dos mil, a veces copiando lo que ya he dicho, a modo de reafirmación de mi pensamiento circular que lo envuelve todo. En este contexto, siempre vuelven a mi inteligencia particular unas palabras de Orhan Pamuk en el acto de entrega del Premio Nobel de Literatura en 2006, publicadas después con un título muy sugerente, La maleta de mi padre (1), cuando nos explicó qué significaba en su vida un dicho de su tierra con un valor especial: “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, expresión fantástica a la que dediqué un artículo en este cuaderno digital con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro en el año 2017. Es verdad que la vida de un escritor se hace poco a poco, horadando la persona de secreto que todos llevamos dentro, aunque no todos lo descubran, es decir, cavando el pozo del alma con una aguja virtual a imagen y semejanza de cada uno. Esa es la razón de que existan pocos escritores que aporten al mundo sus pozos con agua, porque es su misión, no la de estar secos clamando solos en su desierto personal. Y sigo buscando cada día las razones de Orhan Pamuk cuando hablaba de la maleta que un día le entregó su padre y que reflejaba lo que había aprendido de él y de una premonición hecha hacia él después de un abrazo de silencio: “…me dijo de repente y como si tal cosa que algún día me darían el premio [Nobel de Literatura] que hoy recibo con gran alegría”.
En aquella ocasión dediqué aquellas palabras a las personas que desde que comencé a escribir por primera vez las páginas de este blog, en diciembre de 2005, se acercan cada día a este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, a cuantos sienten el placer de leer libros y palabras unidas en otros formatos, que dan sentido a sus vidas; a quienes descubren el sentido de la existencia a través de autores concretos, a las personas que se sienten acompañadas por libros de cabecera que nunca les abandonan, a quienes confían en que quienes escriben tienen la paciencia turca de cavar pozos con una aguja, porque solo desean transformar la realidad poco a poco para poder soportarla. Hoy, sigue teniendo el mismo valor esta dedicatoria, que reafirmo en todos sus términos.
Después de muchos años de oficio vital, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”.
Con el hilo conductor de transmitir una idea circular en este blog desde su primer día de vida literaria, vuelvo a utilizar aquellas palabras, salvando lo que debo salvar simplemente por la actualización temporal, aspecto de forma que no de fondo, recordando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE, cuando dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. En esta ocasión, lo hago copiando de mí mismo, porque estos siguen siendo mis principios y, si no gustan, no tengo otros, separándome por un momento de mi admirado Groucho Marx. En un tiempo en el que se arrojan valores por la ventana desde nuestro vehículo vital, vuelvo a hacer una declaración de principios sobre por qué escribo en este blog, en una etapa de jubilación en la que sigo asumiendo, cada día que pasa, que lo nuestro es pasar, con ardiente impaciencia personal y social, sabiendo que ahora tengo un compromiso intelectual con la sociedad en la que vivo. Explico a continuación esta declaración de principios, como suelo hacer una vez al año, para que no se olvide, ni siquiera un momento. A veces, siguiendo tan solo la ruta de un pájaro herido, leyendo de nuevo a Pamuk para no sentirme así, por no vivir así, perdido. Gracias anticipadas si está interesado o interesada en leer unas palabras necesarias en mi vida, casi imprescindibles para seguir escribiendo.
Pamuk, en ese delicioso discurso de recepción del premio Nobel, confesó por qué escribía y hoy lo recuerdo de nuevo: “¡Escribo porque quiero hacerlo, con toda el alma! Escribo porque a diferencia de otros, no me siento a gusto con un trabajo común y corriente. Escribo para que libros como los míos sean escritos y para poderlos leer. Escribo porque estoy molesto con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me complace enormemente sentarme en un cuarto a escribir sin descanso. Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla. Escribo para que el mundo entero sepa cómo yo, cómo nosotros en Estambul y en Turquía hemos vivido y vivimos. Escribo porque amo el olor del papel, de la pluma y de la tinta. Escribo porque creo más en la literatura, en el arte de la novela, que en cualquier otra cosa. Escribo porque es un hábito, una pasión. Escribo porque tengo miedo de ser olvidado. Escribo porque me gusta la celebridad y toda la notoriedad que el escribir conlleva. Escribo para estar solo. Escribo en la esperanza de entender por qué estoy furioso con ustedes, con todos. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para terminar de una vez por todas esta novela, este texto, esta página que en algún momento comencé a escribir. Escribo porque todos esperan que escriba. Escribo porque tengo una fe infantil en la inmortalidad de las bibliotecas y en el lugar que mis libros tendrán en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo es increíblemente bello y maravilloso. Escribo porque gozo traduciendo en palabras toda la belleza y la opulencia de la vida. Escribo, no para contar historias sino para construir historias. Escribo para liberarme del sentimiento de que siempre existe un lugar al que -como en una pesadilla- jamás podré llegar. Escribo porque nunca he conseguido ser feliz. Escribo para ser feliz”.
Otro día, yendo del timbo al tambo de la vida, en expresión muy querida por Gabriel García Márquez, me atreví a responder también a esa pregunta, ¿por qué escribo?, que reproduzco a continuación como justificación personal e intransferible de por qué lo hago, siendo consciente de que tengo que volver a leer las palabras de Pamuk para aprender de él cómo se cava, con una aguja, un pozo literario de secreto en mi alma. Lo hago porque es una pregunta a la que todavía no había dado respuesta, como a tantas preguntas de mi vida, sobre todo tres que superan con creces a ésta (Eclesiastés, 3, 1-22), a veces sintiendo profundamente aquellas palabras de aquél ejemplar ciudadano llamado Jesús, “triste está mi alma hasta la muerte”, que me cuesta descifrar en el terco día a día: ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca el hombre de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de él? A día de hoy, la única respuesta que me sigue pareciendo coherente es la del propio Eclesiastés, un auténtico líder de las asambleas: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida: es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper.
¿Por qué escribo, hoy, por ejemplo? En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Cada vez que me enfrento a esta realidad, recuerdo algo que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).
En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea como privilegiada zona de confort y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, en segundo lugar, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que he llamado a veces “uso de razón científica”, nos pasamos toda la vida “decidiendo”. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora. La de los nadies organizados, también.
En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero si le falta alma, no es nada: Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión.
José Manuel Blecua, ex director de la RAE, dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja.
(1) Pamuk, Orhan (1997). La maleta de mi padre. Barcelona: Random House Mondadori.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
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En el último artículo de esta serie parto de un principio de realidad: estamos instalados en las falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada. Ante la próxima campaña electoral en Andalucía, acudo a una de mis preguntas habituales en este cuaderno digital que busca encontrar islas desconocidas en la política verdadera: ¿los programas políticos tendrían que incorporar en sus índices, la llamada de atención sobre la ficción que encierran en sí mismos? Vuelvo a leer una obra de Vargas Llosa que leí en 2016, La verdad de las mentiras, para comprobar si a través de la palabra literaria puedo encontrar la verdad que no encuentro en la realidad política actual: la ficción literaria, dice él, es por sí sola “una acusación terrible contra la existencia bajo cualquier régimen o ideología: un testimonio llameante de sus insuficiencias, de su ineptitud para colmarnos. Y, por lo tanto, un corrosivo permanente de todos los poderes, que quisieran tener a los hombres satisfechos y conformes. Las mentiras de la literatura, si germinan en libertad, nos prueban que eso nunca fue cierto. Y ellas son una conspiración permanente para que tampoco lo sea en el futuro”. No es que Vargas Llosa sea santo de mi devoción, pero suelo separar en mi vida la paja del heno sin demonizar a nadie, porque nada humano me es ajeno. Incluso el neoliberalismo, para analizarlo y denunciar sus pies de barro cuando tiene poco que ofrecer a los que menos tienen.
“Si nos dijeran la verdad mentirían”, escribí después de las elecciones generales en España en diciembre de 2015 y finalizaba con una reflexión sobre la que vuelvo a hacer hoy una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.
Necesitamos leer programas que contengan verdad verdadera que emerja sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política y elaboran programas electorales, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan” y sus programas, en campaña electoral, dan buena fe de ello. Es una realidad flagrante, que solo se puede combatir si el poder político en todas sus escalas se instala de una vez por todas en la verdad, teniendo una clave machadiana contundente al respecto: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. La izquierda lo sabe y en la próxima campaña debería dar ejemplo segundo a segundo de que se instala definitivamente en la verdad política, en la credibilidad, no en la ficción política, meramente literaria, de la que hablábamos anteriormente y que también existe.
En el contexto expuesto anteriormente y para que se aplique el principio de realidad sobre las verdades políticas, adjunto los programas de los cinco partidos y una coalición con más posibilidades de obtener escaños en el Parlamento de Andalucía para gobernar en la próxima legislatura, sin interpretación alguna por mi parte para no contaminar a quien lea estas reflexiones “políticas”, figurando por estricto orden alfabético de su denominación o siglas: Adelante Andalucía, Ciudadanos, Por Andalucía, Partido Popular, PSOE-A y VOX, aunque conviene recordar que todavía quedan por conocer bien los programas de los restantes partidos federaciones y coaliciones, veintidós, que suman en total veintisiete candidaturas electorales, con diferente presencia en las ocho provincias andaluzas. De todas formas, me van a permitir que exprese algo muy claro en relación con mis principios porque, de verdad, no tengo otros, a diferencia del eufemismo de Groucho Marx: todos los programas no son iguales, ni todos respetan el interés general, con especial atención al Estado de Bienestar o, dicho de forma más cercana, a la Comunidad Andaluza del Bienestar. Por tanto, creo que es una obligación ética leerlos en todas y cada una de sus páginas para poder emitir un voto bien informado. Las razones múltiples que me llevan a esta reflexión final están expuestas en los nueve artículos anteriores.
Gracias sinceras por haber llegado hasta aquí. Leídos por mi parte los programas citados, algunos en muy pocos minutos por su escasa consistencia, me reafirmo en algo que he manifestado ya en esta serie: los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan y escriben sobre ellos, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 19 de junio, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Andalucía. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje hacia alguna parte de la nueva política, que espero con la ardiente paciencia de Neruda a pesar de su fragilidad extrema.
ELECCIONES AL PARLAMENTO DE ANDALUCÍA 2022 (Serie)
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Instalados en el mundo de la complejidad líquida, donde todo cambia en segundos, incluso el pensamiento crítico, es conveniente rescatar la teoría de la navaja de Ockham (Guillermo de Ockham, (ca. 1280/1288-1349), aplicada en este momento al voto político en las próximas elecciones en Andalucía, porque hay que rasurar las barbas de la indecencia política que nos invade, al igual que hizo Ockham con las de Platón y su complejo mundo. La formulación sencilla de esta teoría proclama que la solución más simple sobre lo que está pasando en política es la correcta, es decir, se sabe que se están cometiendo errores concretos sobre la sana política y éstos son los que hay que erradicar, porque sabemos quiénes los cometen y, además, nos hemos quedado con la cara de sus representantes. ¿Quién lo debe hacer? Aplicando la navaja de Ockham, el partido que erradique en su programa las prácticas destructivas de la correcta política, en la que ocupa un papel estelar la corrupción. Es verdad que cualquier elector puede pensar que todos los partidos son iguales y sus representantes también, pero las hipótesis de creencias para decidir sobre la elección más justa, debe ser la más simple: votar a aquellos que practican continuamente la verdad política, porque existen, salvaguardando el interés general. Llegados a este punto, habría que seguir de cerca a Einstein sobre su posicionamiento ante la navaja de Ockham, puesto que elegir lo más simple en política no significa que haya que emitir juicios no bien informados a través del voto: “A duras penas se puede negar que el objetivo supremo de toda teoría es convertir los elementos básicos en simples y tan pocos como sea posible, pero sin tener que rendirse a la adecuada representación de un solo dato de la experiencia. Simple, pero no más simple” (1).
La situación descrita anteriormente la conocemos bien y la describí en el segundo artículo de esta serie, dedicado a las ideologías, donde afirmaba que lo que verdaderamente es un clamor popular, como analizaba recientemente a tenor de los últimos resultados del Barómetro del CIS en abril de este año, es que hay un denominador común de desconcierto ciudadano ante el desencanto por hechos irrefutables de corrupción política y por el paro galopante que sigue sufriendo esta Comunidad y que sobre todo afecta a los jóvenes. Ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 19 de junio de 2022. Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog al acudir a lo manifestado en tal sentido por Georg Lukács. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual. Las ideologías son soportadas por las creencias, algo simple, pero no más simple, siguiendo a Einstein.
En este contexto, el último barómetro elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente al mes de abril, ha contemplado una pregunta que considero de sumo interés para su análisis y toma de consideración por quien corresponda a la hora de aplicar la navaja de Ockham en política. La formulación era la siguiente: ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero?(RESPUESTA ESPONTÁNEA). (MULTIRRESPUESTA). He tomado en consideración sólo las diez primeras respuestas de un total de 71, porque creo que representan bien el estado anímico de la Nación y porque porcentualmente hablando son muy significativas. Queda claro que un gran problema es el de la política actual, no sólo la crisis económica o el paro, porque de las diez respuestas, tres de ellas, referidas a asuntos políticos, suman un total del 42,9%, es decir, ocuparían el segundo puesto en esta clasificación estadística al darles un tratamiento homogéneo. Es muy significativo el resultado porque en política en este país no se salva nadie, ni el Gobierno y partidos o políticos concretos/as, ni los problemas políticos en general y, tampoco, el mal comportamiento de los/as políticos/as. La verdad es que es un resultado lamentable, que debería hacernos reflexionar ante las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, concretamente el 19 de junio.
Todo, al final, es cuestión de principios, como he manifestado en ocasiones anteriores al respecto. A diferencia de la famosa frase atribuida dudosamente a Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, siempre escribo y no me escondo sobre mis principios éticos para vivir dignamente, interpretando la política e intentando transformar la sociedad salvando siempre el interés general. Si estos principios ideológicos no gustan a los demás, no tengo otros. Así de simple, pero no más simple. Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo, conciencia y sentimiento de clase no nos importaba sentirnos parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de nuestras «utopías», como la de los ideólogos de siempre, porque para tranquilizar sus conciencias han llamado y siguen llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, la de los “comunistas”, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general, de los nadies de Eduardo Galeano, de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero). Esa ideología es la que hay que recuperar en beneficio de todos, la que permita devolver el interés de vivir a los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida. Si se consigue con una ideología concreta, porque todas no son iguales, podremos ser felices por nuestra responsabilidad electoral llevada a feliz término a través del voto. Aplicando la teoría de la navaja e Ockham, es decir, decidiendo de forma responsable sobre la elección más justa el próximo 19 de junio, que debe ser la más simple: votar a aquellos que practican continuamente la verdad política, porque existen, salvaguardando el interés general en beneficio de todos. Así de simple.
(1) Einstein, A. (1934), On the Method of Theoretical Physics. Philosophy of Science, 1, 163-169.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Sigo muy de cerca la evolución de la salud mental en este país. En estos días he tenido la oportunidad de conocer con detalle la contribución social de una cantora, Rozalén, a través de una canción, Agarrarte a la vida, que explica en un reportaje reciente en el diario El País y que deberíamos leer y escuchar todos en sus explicaciones rotundas sobre el comportamiento humano ante el suicidio, porque estoy convencido de que como ciudadana cantora escribe y compone esta canción porque debe hacerlo, no sólo porque puede llevarlo a cabo como actividad principal de su vida, tal y como lo definía el cantor argentino de mi juventud Facundo Cabral, porque no es lo mismo poder que deber hacerlo. Creo que sus canciones nunca son inocentes, porque siempre se compromete con la vida de los que sufren y menos tienen. Un botón de muestra también es que siempre actúa acompañada de una profesional del lenguaje de signos para transmitir a personas discapacitadas los mensajes profundos que envuelven sus canciones.
En el caso que nos ocupa hoy, en sus últimas pre-ocupaciones como cantora, está el tema del suicidio, del que no se habla apenas en este país, cuando la realidad terca, que ya expuse en un artículo reciente, Namasté Victoria, es que el suicidio sigue siendo en España la primera causa externa de mortalidad, con cerca de cuatro mil fallecimientos al año, con una media de diez personas al día, lo que demuestra que algo grave está pasando en nuestro mundo más próximo cuando miles de personas se prohíben vivir a pesar de todo. En este contexto, conviene recordar que en el acto de presentación del Plan de Acción 2021-2024 Salud Mental y COVID-19, por parte del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la ministra de Sanidad, Carolina Darias, el pasado 9 de octubre, celebrado en La Moncloa con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, el presidente afirmó que de acuerdo con la OMS “tener salud mental es tener un estado completo de bienestar físico, mental y social, y aquí es cuando te surgen las preguntas. ¿Cuántas personas a nuestro alrededor poseen ese estado de plenitud? ¿Cuántas veces a lo largo de nuestra vida nos sentimos en plenitud? En el día a día, incluso, ¿cuántas veces nos sentimos así y durante cuánto tiempo? Yo creo que ese bienestar está claro que no es fácil de conseguir y, por desgracia, para algunas personas es casi imposible y, sin embargo, es a lo que todos y todas debíamos de aspirar, también desde los poderes públicos, y es a construir una felicidad individual y también una felicidad colectiva”. Agregó también, en el contexto de la pandemia, «Que el 10,8% de la población española haya consumido tranquilizantes, relajantes o pastillas para dormir y el 4,5% haya tomado antidepresivos o estimulantes en los últimos días dice mucho del estado de salud de nuestra sociedad y de sus problemas estructurales» ha destacado. «Tenemos que analizarlos y hacerles frente con toda la responsabilidad y el poder que tiene el Estado, y también con el apoyo de las sociedades científicas. Nuestra responsabilidad es actuar».
Hizo una referencia muy próxima a la realidad vital de Verónica Forqué, cuando citó a la escritora Almudena Sánchez “en un libro publicado recientemente [Fármaco] sobre su depresión, y en el que decía lo siguiente: «es hora de que la fragilidad salga al escenario». Y aquí también habéis hecho referencia a la necesidad de visibilizar esta realidad. Y así es. Yo creo que es importante pasar del silencio al debate y del debate tenemos que pasar a la acción porque lo que es evidente es que no podemos normalizar que tantas personas necesiten pastillas para poder dormir o para poder levantarse y vivir. Tampoco podemos normalizar que el trabajo produzca ansiedad, no podemos normalizar que el sufrimiento se viva en soledad y tampoco que los cuidadores y cuidadoras de las personas que sufren también se sientan solos”.
Creo que junto a lo expresado de forma excelente y muy didáctica por Rozalén, a la que admiro, hace falta un gran debate de Estado sobre la salud mental, en el que se dé prioridad absoluta a la participación ciudadana y profesional vinculada a esta actividad de atención prioritaria de Estado, en todas sus manifestaciones posibles. Las primeras palabras de la escritora Almudena Sánchez traducen de forma espléndida lo que sentimos con la ausencia de Verónica Forqué y la catarata de preguntas que surgieron a raíz de su ausencia ¿voluntaria?, después de haber sufrido una depresión profunda: “El suicidio es un momento de no pensar. Es un acto que se hace con el corazón en agua hirviendo, como las langostas. No eres consciente hasta que ya no estás con los pies en la tierra, porque morirse es no estar. Es no participar. Hablarán de ti y no podrás intervenir. Verás a un niño con los ojos brillantes y no lo podrás abrazar. No puedes nada. Suicidarse es prohibirse”.
Hoy, me acerco de nuevo, en silencio, a la realidad del suicidio en este país, sobre todo de personas jóvenes, algunas muy cerca de nosotros, aunque la mayoría de los por qué en torno a la vida y muerte sigan sin respuesta en nuestro loco mundo de todos los días y a la espera, con la ardiente impaciencia de Neruda de que se atienda la salud mental como una emergencia nacional, de amplio espectro. Creo, firmemente, que “de Estado”. La fragilidad de vivir está muy presente en nuestras vidas, porque vuelvo a recordar el dato que me sobrecoge cada vez que lo escribo: el suicidio sigue siendo en España la primera causa externa de mortalidad, con cerca de cuatro mil fallecimientos al año, con una media de diez personas al día, lo que demuestra que acciones como las de Rozalén, con su compromiso como cantora de la vida, nos permiten pensar en que la ilusión de vivir puede volver en el difícil día a día, agarrándonos a la vida de la mejor forma que sabemos hacerlo, sin olvidar que “en esta orilla / Hay un ejército que lucha con amor / Sin juicios, ni culpas, ni reproches / Llevan por escudo un corazón.
Porque la ilusión puede volver / distinta, pero puede volver, incluso para los familiares y amigos de quienes un día jugaron a ser dios.
Sé de los fantasmas que habitan en ti Del pozo frío y oscuro del que no logras salir De los cristales atravesando tu garganta gris Y ya sólo contemplas una forma de dejar de sufrir Pero también guardo en la memoria Todos los momentos en los que te vi feliz El brillo que emanaban tus ojos Tu inconfundible forma de reír Pero también sé que, tras la tormenta Todas las nubes logran desaparecer Y que tus flores heladas y marchitas Vuelven nuevamente a florecer La ilusión puede volver Distinta, pero puede volver
Lo que daría por agarrarte a la vida Conduciría a todos tus monstruos hacia el paredón Lo que daría por agarrarte a la vida Pero sólo tú, sólo tú puedes jugar a ser dios
Ven junto a este árbol Cerremos los ojos al sol Quiero que sientas cerca mis manos Háblame de tu dolor Aunque no entienda, me quedo a tu lado Y apago la voz A veces, la simple presencia Es la mayor comprensión Pero sé bien de esa escalera Con la que sueñas, que te lleva hacia una luz Y amarra fuerte a la tierra Toda esta amarga esclavitud Acuérdate de que en esta orilla Hay un ejército que lucha con amor Sin juicios, ni culpas, ni reproches Llevan por escudo un corazón La ilusión puede volver Distinta, pero puede volver
Lo que daría por agarrarte a la vida Conduciría a todos tus monstruos hacia el paredón Lo que daría por agarrarte a la vida Pero sólo tú, sólo tú puedes jugar a ser dios
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Saramago, megáfono en mano, se dirige a un grupo de manifestantes encerrados en 2001 en el patio de la Universidad de Sevilla en protesta por la Ley de Extranjería / EFE
Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden.
José Saramago, en un discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998
Sevilla, 30/V/2022
Desde la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, han pasado 73 años de reivindicación permanente de derechos humanos, pero muy poco se ha hecho en relación con los deberes asociados a ellos como lo más íntimo de su propia intimidad, que también existen. Cuando se aproximan las elecciones generales al Parlamento de Andalucía, que se celebrarán el próximo 19 de junio, creo que también hay que tomar conciencia de nuestros deberes políticos como ciudadanos del mundo y de esta Comunidad, en los términos propuestos de fondo y forma en la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas que se expone a continuación, porque todo lo político, en el sentido más puro del término, también nos pertenece, al ser una dimensión humana primordial como miembros de la aldea global en la que vivimos, somos y estamos cada día de nuestra vida.
José Saramago manifestó en uno de los discursos pronunciados con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998, refiriéndose al 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo siguiente: “Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden. El primer deber será exigir que esos derechos sean no sólo reconocidos sino también respetados y satisfechos. No es de esperar que los Gobiernos realicen en los próximos cincuenta años lo que no han hecho en estos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra y la iniciativa. Con la misma vehemencia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo comience a ser un poco mejor”.
La propuesta formulada en 2016 por la Universidad Nacional Autónoma de México, la Fundación José Saramago y la World Future Society (Capítulo México) señaló, entre otras cuestiones que se pueden consultar en el documento que recoge la propuesta de aprobarse a escala mundial una Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, una serie de preguntas cruciales que necesitan urgente respuesta política de Estado y de cada ciudadano en particular, cada uno en su nivel de responsabilidades: “¿A qué estamos obligados para con nosotros mismos y con quienes nos sobrevendrán, los sujetos y organizaciones de nuestro tiempo? ¿Qué deben hacer además de afirmar sus innegables derechos, los grupos económico empresariales, las asociaciones civiles, las comunidades religiosas, los medios de comunicación, los partidos políticos o los individuos concretos que habitan la tierra? Más allá de desesperanzas y posibilidades particulares de realización, ¿a qué debiéramos estar obligados cada uno de nosotros, en función de nuestras circunstancias, capacidades y posibilidades, para con nosotros mismos, con los demás, con nuestra comunidad, con nuestro sistema de gobierno o con el espacio que habitamos? Que alguien o muchos lo sepan, no es suficiente para lograr acciones en la dirección correcta. Es necesario decirlo, postularlo, comprometerlo, para que las cosas empiecen a marchar en tal sentido. Así como desde hace años se viene pregonando la necesidad de que cada cual se asuma como sujeto pleno de derechos y sea capaz de entenderlos y ejercerlos, así también se hace necesario, a través de un ejercicio de educación cívica, hablar de los deberes y las obligaciones que tales titularidades imponen. Este es, finalmente, el objeto de esta propuesta: ayudarnos a tomar consciencia de que nuestra condición humana pasa, desde luego, por la plena titularidad de los derechos que hemos admitido como innatos a todos los seres humanos, pero también por la aceptación de deberes, obligaciones y responsabilidades para con nosotros mismos y para con los demás”.
En este contexto, expongo a continuación el contenido del Preámbulo de la citada Carta, a título de marco reflexivo, con objeto de que se considere en la totalidad de sus veintitrés declaraciones a la hora de introducir el voto en la urna de la próximas elecciones generales al Parlamento de Andalucía, porque el voto debe llevar dentro una parte muy importante de responsabilidad política ciudadana, como deberes que son propios y no sólo responsabilidad política del Gobierno correspondiente. La razón es humana, personal e intransferible en su esencia y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y se aloja en personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que “ninguna ideología es inocente”, como señaló Lukács y tantas veces he citado en este cuaderno digital. Y la ideología simbolizada en programas políticos ha perdido su inocencia de base. Pero eso no es “malo”, para que nos entendamos. Perder la inocencia para ser responsable, es “bueno”. Y ser responsable conlleva, por un lado, conocer la “cosa” política (programa, por ejemplo…), en su doble proyección de derechos y deberes, es decir, el contenido auténtico y ético de la acción y, además, ser libre para decidir a través de unos votos y asumir “deberes políticos” como ciudadanos que cuidan la cosa pública (res publica).
Personalmente, suscribo la Carta en todos y cada uno de sus términos, con la ardiente paciencia de Neruda en la espera a que esta Carta tenga el respaldo legal suficiente para que nos comprometa a todos, después de un recorrido iniciado en 2018, cuando a través de la iniciativa descrita anteriormente, inspirada por Saramago en su discurso del premio Nobel, fue presentada al Secretario General de la ONU, António Guterres, a la Comisión de Derechos Humanos y debatida con los embajadores iberoamericanos ante la ONU, recibiendo desde entonces adhesiones internacionales de todo tipo.
Considerando que los derechos humanos son la mayor conquista jurídica y social de nuestro tiempo para garantizar la dignidad de todas las personas sin distinción alguna de sus condiciones individuales, sociales o culturales,
Considerando la necesidad de reconocer la emergencia de nuevos derechos así como de realizar una lectura actualizada, intergeneracional, relacional y solidaria de los mismos que enfatice debidamente su función social,
Reiterando que los principales obligados al cumplimiento de los derechos humanos son los Estados nacionales y los organismos internacionales y regionales,
Subrayando la importancia de que todos los individuos y las organizaciones cumplan también con tales derechos,
Atendiendo a las crecientes desigualdades y violaciones a los derechos humanos y a las dificultades de alcanzar las metas planteadas para lograr el desarrollo armónico de la humanidad en su conjunto,
Entendiendo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos dispone en su artículo 29 que todas las personas deben cumplir con sus deberes jurídicos respecto a sus comunidades,
Asumiendo que en el cumplimiento de los deberes jurídicos no se agotan las posibilidades de alcanzar el pleno desarrollo de las personas, siendo las obligaciones éticas igualmente indispensables para el sostenimiento de las instituciones democráticas y el Estado de derecho,
Admitiendo la necesidad de que la totalidad de los individuos y organizaciones sociales en que éstos decidan participar deben cumplir sus deberes jurídicos y obligaciones éticas, sin que en ningún caso su incumplimiento pueda servir de pretexto para que el Estado se exima de sus propias obligaciones,
Reconociendo que las personas y los distintos actores sociales pueden tener por su poder, capacidad o función social, diferentes grados de responsabilidad en su contribución a las condiciones de garantía del disfrute de derechos por parte de todos.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Sigo muy pre-ocupado (así, con guion) con las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía. En este contexto, recurro habitualmente a mi clínica del alma, es decir, a mi biblioteca, para intentar reabsorber lo que detesto, y cada día más, como corrupción de la mente y su impacto en la democracia actual. Entre mis libros más queridos en la actualidad está uno del filósofo y paisano Emilio Lledó, Sobre la educación, en el que figura un artículo precioso, Juan de Mairena, una educación para democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre la corrupción de la mente: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta” (1).
El daño al denominado principio de confianza debida en democracia representativa, es un ejemplo muy clarificador de la corrupción mental por la manipulación informativa que se pueda recoger en letra impresa en los programas políticos y en las intervenciones públicas de sus líderes en mítines, tertulias, comparecencias en ruedas de prensa y en mensajes explícitos en redes sociales, como podemos constatar ya en la etapa preelectoral en la que estamos inmersos. La manipulación permanente mediante compromisos falsos acaba “distorsionando, desorientando y dislocando” las creencias de los votantes. Es por lo que en pleno retiro voluntario pido, con profundo respeto ciudadano, que se ponga una especial atención a no corromper la mente de las personas que pertenecemos al club ciudadano de las personas dignas, que somos millones en este país. Estamos acostumbrados a votar sin conocer con detalle el contenido de los programas políticos y luego vienen los escándalos farisaicos cuando denunciamos que no se cumplen determinados aspectos de los mismos, porque lo que allí se prometía no era verdad, se falseaba su auténtica razón de ser y estar en el programa político correspondiente. Es imprescindible conocerlos al detalle con anterioridad al voto, para conocer la posibilidad real de cumplimiento de su verdad o mentira intrínseca, pero también acusan un desgaste en su formulación, porque la participación real e identitaria en la redacción de los mismos, casi siempre es delegada en las siglas y en representantes que desconocemos. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben y pueden tener ahora un papel fundamental en estas formulaciones, es decir, en la participación real y efectiva de los militantes y de los llamados “simpatizantes” o personas en general con creencias en la redacción de los programas políticos correspondientes.
En el marco de lo expuesto anteriormente sobre corrupción de la mente, hago de nuevo una llamada de atención a los partidos de izquierda sobre todo, pero también a todos los que participen en los próximos comicios, que lo harán gracias a la democracia, porque hasta que cambien las leyes actuales hay que blindar la defensa constitucional actual de la democracia representativa que la participación de la ciudadanía debe cuidar hasta extremos insospechados. Para ello, es necesaria la educación en valores ciudadanos, que no se improvisan sino que son el resultado de una educación personal, familiar y social, constantes en el tiempo. Por extensión, educación política. La participación ciudadana, organizada, es la respuesta, pero dejando abierta la posibilidad de generar liderazgos que arrastren conciencias humanas bien informadas, a veces en minorías o mayorías silenciosas o ruidosas, que después se llamarán votos. La educación política es la única fuerza capaz de contener la corrupción política de la mente.
Comprendo muy bien por qué Emilio Lledó adjunta una referencia de Juan de Mairena, el heterónimo de Antonio Machado, al texto recogido al comienzo de estas palabras: “Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una capa más honda de nuestro espíritu. Hay personas [hombres, en el original] tan profundamente divididas consigo mismo, que creen lo contrario de lo que piensan. Y casi -me atrevería a decir- es ello lo más frecuente. Esto debieran tener en cuenta los políticos. Porque lo que ellos llaman opinión es más complejo y más incierto de lo que parece. En los momentos de los grandes choques que conmueven fuertemente la conciencia de los pueblos se producen fenómenos extraños de difícil y equívoca interpretación: súbitas conversiones, que se atribuyen a interés personal, cambios inopinados de pareceres, que se reputan insinceros, posiciones inexplicables, etc. Y es que la opinión muestra en su superficie muchas prendas que estaban en el baúl de las conciencias”.
En los momentos que vivimos de tanta corrupción mental, nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (2).
El contrato social de cada ciudadano con la política que impera nos recuerda la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe. Comprendo mejor que nunca la reflexión de Emilio Lledó que abre estas palabras y que tampoco olvido: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento deentrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario, por tanto, comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. Ya lo dijo el torero El Guerra: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.
Todo lo expuesto anteriormente es válido cuando estamos convencidos de que lo más importante en la sociedad es perseguir el interés general frente al individual y que la corrupción política es el enemigo público número uno a combatir, porque cuando entra en la sociedad no deja títere con cabeza, todo se corrompe y nos lleva a un conformismo terrible. La tentación es huir hacia adelante, hacia ninguna parte, pero hay que vencerla, porque queramos o no, necesitamos defender la democracia como la mejor forma de compartir la vida. Ante la decepción por lo que ocurre con la situación política actual en el país en determinados partidos políticos de ultraderecha o liberales extremos, con sus representantes incluidos obviamente, es posible que caigamos en la tentación de acudir a Góngora para que nos explique hoy esta situación a través de su famosa letrilla rediviva, «Ándeme yo caliente, ríase la gente»: Cuando cubra las montañas / De blanca nieve el enero, / Tenga yo lleno el brasero / De bellotas y castañas, / Y quien las dulces patrañas / Del Rey que rabió me cuente, / Y ríase la gente. […] Busque muy en hora buena / El mercader nuevos soles; / Yo conchas y caracoles / Entre la menuda arena, / Escuchando a Filomena (1) / Sobre el chopo de la fuente, / Y ríase la gente. Porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, por mucho que ante la falta de ética personal y colectiva, con su poso político correspondiente, determinados partidos políticos quieran normalizar lo indeseable en términos individuales y sociales, para convertirlo todo en un barrizal y en un auténtico mundo al revés sin contrato social alguno, que lleva irremisiblemente al ocaso de la democracia, sin mezcla de bien común o interés general alguno.
(1) Lledó, Emilio (2018). Sobre la educación. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, p. 127.
(2) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.
(3) “Filomena” era la denominación de “la hembra del ruiseñor” en tiempos de Góngora (ver el Diccionario de Francisco Sobrino (1705), en el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa. Bruselas: Francisco Foppens, p. 182,3).
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros como el agua, la piedra y la raíz. Cada uno de nosotros es en este momento la vida. Que eso nos baste.
José Saramago, En la isla a veces habitada
Sevilla, 27/V/2022
Ayer tuve un encuentro especial con Saramago, en un acto organizado por la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras y la Fundación Cajasol, enmarcado en unas Jornadas en torno a su figura, bajo la denominación de Saramago. Las huellas de la literatura, de sus obras, de su vida, como dejaron constancia de ello las cuatro personas que intervinieron en la mesa redonda convocada a tal efecto. Moderó la Mesa, con una introducción excelente, la escritora y directora del Centro Andaluz de las Letras, Eva Díaz, junto a Pilar del Río, viuda del escritor y presidenta de la Fundación José Saramago, Mercedes de Pablos, escritora y periodista, y Juan Pinilla, periodista, escritor y cantor, que cerró el acto con un poema que cantó y sirvió de hilo conductor en el acto, En la isla a veces habitada (1), citado por todos los componentes de la mesa en diferentes variaciones sobre el mismo poema:
En la isla a veces habitada de lo que somos, hay noches, mañanas y madrugadas en que no necesitamos morir. En ese momento sabemos todo lo que fue y será. El mundo se nos aparece explicado definitivamente y entra en nosotros una gran serenidad, y se dicen las palabras que la significan. Levantamos un puñado de tierra y la apretamos en las manos. Con dulzura.
Allí está toda la verdad soportable: el contorno, la voluntad y los límites. Podemos en ese momento decir que somos libres, con la paz y con la sonrisa de quien se reconoce y viajó alrededor del mundo infatigable, porque mordió el alma hasta sus huesos. Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros como el agua, la piedra y la raíz. Cada uno de nosotros es en este momento la vida. Que eso nos baste.
Pilar del Río, presentó su nuevo libro, La intuición de la isla. Los días de José Saramago en Lanzarote, del que ya hice una referencia expresa en mi artículo del pasado miércoles, Intuición desde la tegala de Saramago, a modo de presentación del libro de Pilar del Río y que ya he empezado a leer apasionadamente. A continuación hizo su presentación Mercedes de Pablos, sobre un libro que recogerá un retrato más íntimo sobre el escritor, fruto de su conocimiento personal a lo largo de los años, y que llevará por título, Saramago, la altura del hombre, de publicación inminente. Finalmente, Juan Pinilla, con un gracejo especial de deslumbramiento por la vida y obra del premio Nobel, desde su niñez rediviva, contó cómo lo descubrió y por qué le dedica páginas especiales de la conjunción del su pensamiento y sentimiento, envueltos en palabras desde el corazón, en su libro publicación próxima, El Nobel de lo imposible.
Afortunadamente, la organización de estas jornadas ha proporcionado la retransmisión directa del encuentro citado y animo a contemplarlo y escucharlo para no contaminar nada de lo que allí ocurrió, con momentos mágicos como el cierre del encuentro con el cantor y miembro de la mesa, Juan Pinilla, que abrochó el acto con el cante de las palabras de Saramago en su precioso poema, que nos conmovió a todos y que supuso una bocanada de aire fresco y esperanza ante la situación maltrecha de este país en su deriva actual hacia mares procelosos de ocaso e indignidad democrática.
(1) Saramago, José, en Provavelmente alegría, 2014, 7ª ed., Lisboa: Fundación José Saramago.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
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“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”
En estos días he vuelto a leer una publicación que hice en 2019 bajo el título BREVIARIO DE ELECCIONES GENERALES 2019, una recopilación de artículos escritos en este cuaderno digital en referencia a un evento transcendental, la primera campaña de elecciones generales en ese año, para un país tan desordenado actualmente como el nuestro. El Prólogo del mismo lo traigo a colación hoy de nuevo porque nos ayudará en la antesala de las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, el próximo 19 de junio, para comprender en su fondo y forma la justificación de entrega a la Noosfera de estas palabras escritas con alma y porque, salvando lo que haya que salvar del texto y su contexto actual, tiene un objetivo muy claro: que el tejido crítico pre-electoral, tan dañado en la actualidad, crezca en razonamientos para participar activamente en esta campaña electoral y en su momento transcendental que es el depósito del voto responsable en la urna correspondiente. El principio de confianza que otorga cada persona a través del voto es muy importante, como le decía Quinto Tulio Cicerón, a su hermano Marco, en Breviario de campaña electoral: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”.
Gracias anticipadas por comprender este mensaje y por navegar conmigo en la amura de babor (no inocente) de «La isla desconocida», el barco imaginario de Saramago que nos ayuda siempre a salir de nosotros mismos para compartir la vida con los demás, sabiendo que nada humano y político nos es ajeno.
Hace más de dos mil años, Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis) (1), en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las elecciones generales de 2019. Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos tan modernos, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”.
En este marco histórico, actualizado, he recopilado unas consideraciones (en el sentido etimológico de breviario, epítome o consideraciones breves) ya publicadas en mi blog, El mundo sólo tiene interés hacia adelante, bajo el epígrafe de “Elecciones generales 2019”, una serie de once artículos publicados entre febrero y marzo de 2019, en el que he tratado a modo de breviario de campaña electoral, asuntos muy relevantes a tener en cuenta por los partidos políticos en liza y por sus líderes, con un hilo conductor ideológico y de creencia situado en la izquierda, no inocente, en la amura de babor de la embarcación imaginaria de Saramago en su Cuento de la isla desconocida. El breviario de campaña electoral que público recoge los siguientes principios: la construcción de grandes alamedas de libertad para que puedan pasear por ellas las personas libres, la dignidad de la izquierda por encima de todo y la elaboración de programas ajustados al principio de realidad; el aviso claro de que el Partido Abstencionista prepara ya su campaña, la defensa del sufragio de las personas discapacitadas y la imprescindible austeridad del gasto en las campañas electorales; la presencia en las mismas de los jóvenes como claro objeto de deseo electoral, la verdad política en los programas electorales y el aviso sobre un enemigo político que acecha siempre: la corrupción de la mente; la declaración prioritaria de políticas sociales y la ética del voto que, como la palabra, siempre nos queda.
Animo a leer estas reflexiones, a modo de breviario urgente para una campaña electoral transcendental para nuestro país, para que vuelva a normalizarse la vida “política” en el sentido más puro del término. Lo necesitamos como agua de abril, para recuperar serenidad suficiente que nos permita vivir con la libertad a la que aspiran las personas dignas. Esta es la razón que puede llevar a muchas personas indecisas a votar, como acto supremo en democracia, confiando en candidaturas dignas, porque todas no son iguales. Así lo decía Quinto a su hermano mayor Marco Tulio Cicerón en el breviario de referencia: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Porque los ciudadanos responsables, es verdad, importamos mucho.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
… el sueño es un prestidigitador hábil, muda las proporciones de las cosas y sus distancias, separa a las personas y ellas están juntas, las reúne, y casi no se ven una a otra…
José Saramago, El cuento de la isla desconocida
Se están celebrando estos días en Sevilla unas jornadas organizadas por la Academia de Buenas Letras y la Fundación Cajasol, Saramago. Las huellas de la literatura, que tratarán de varias facetas del Premio Nobel y en las que se presentarán publicaciones recientes sobre el escritor, todo ello enmarcado en los actos conmemorativos del centenario de su nacimiento, en Azinhaga, el 16 de noviembre de 1922, hecho que he recordado en muchas ocasiones a través de una obra suya preciosa, Las pequeñas memorias, en las que cuenta que nació en una calle estrecha, en Azinhaga, si atendemos a la etimología árabe de esta aldea: as-zinaik, siendo en sí mismo una contradicción porque su auténtico significado es “vereda” y una calle no es una vereda. Con su gracejo tan particular, arranca su historia de las tentaciones del niño que fue con estas reflexiones de una casa, de una calle junto a una vereda que a pesar de su traslado a Lisboa a los dos años, marcaría tan profundamente los caminos de su apasionante y dilatada vida. Es obvio considerar que la presencia del escritor portugués es permanente en este cuaderno digital, desde el primer post en Internet, publicado para la Noosfera en diciembre de 2005, cuando en la declaración de principios tomé de él una idea que es el hilo conductor de mi vida, es decir, caminar siempre hacia adelante, porque de esta forma el mundo sólo tiene interés si se descubre así, navegando a veces también por mares procelosos en busca de islas desconocidas: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago en El cuento de la isla desconocida, será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma «Seis propuestas para el próximo milenio»: «…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial» (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”.
Sé que Pilar del Río, su compañera inseparable, acaba de publicar una obra, La intuición de la isla. Los días de José Saramago en Lanzarote, que leeré inmediatamente, porque me sentiré muy cerca de ellos en A Casa, su Casa, situada en Tías (Lanzarote), que conozco y donde estuve disfrutando de su biblioteca y zona de creación literaria del premio Nobel, tan sólo unas semanas después de su fallecimiento en 2010, momentos que recogí en mi publicación La tegala de Saramago, cuyo prólogo vuelvo a publicar a continuación, porque el título escogido por Pilar del Río en su nueva obra responde perfectamente a lo que José Saramago me ha ofrecido en todas y cada de sus obras, desde su tegala especial, una intuición permanente para ser más libre y confiar en la dignidad del ser humano, sin lugar a dudas. Me sumo así, humildemente, a los actos conmemorativos de su nacimiento en su querida Azinhaga, lugar que he recordado en diversas ocasiones especiales en este blog: Siempre he tenido muy presente a este autor en mi quehacer diario. Las personas que me aprecian, saben bien que ha sido un regalo constante en sus vidas, porque las páginas de aquél pequeño cuento, todavía me siguen ofreciendo oportunidades de reinterpretarlas todos los días desde la tegala de Saramago como “lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro…
Me gusta mucho la palabra “intuición”, en dos acepciones actuales del Diccionario de la Lengua Española (RAE): facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento y, desde un punto de vista coloquial, presentimiento, aunque Saramago creo que prefirió siempre el pre-sentimiento (con guion) humano en defensa de los más débiles, quizás en el sentido que lo expresó Rafael Alberti en un poema precioso: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. La intuición alcanzó con el paso de los siglos su significado actual laico, porque el Diccionario de Autoridades explicaba que su significado, extraído de la Teología, era “tener vista y conocimiento claro de alguna cosa, especialmente de Dios”, lo que se adjetivó después de una forma rotunda en el mundo ordinario como lo “intuitivo”: “lo que es perteneciente u propio de la intuición o conocimiento claro o como quien mira a una cosa como es en sí o cara a cara”.
Necesitamos salir de nosotros mismos. Este aserto lo aprendí de José Saramago, cuando tuve la gran oportunidad de leer su cuento maravilloso, muy breve, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña desde 1998 en mi vida de todos y en la de secreto. Si a esta realidad ética le uno el descubrimiento de Teilhard en 1962, dejándome una huella indeleble, en su declaración de que el mundo solo tiene interés hacia adelante, es fácil comprender la quintaesencia de este nuevo libro, que recopila determinados posts que escribí en los últimos años a la sombra de la tegala de Saramago.
Siempre he tenido muy presente a este autor en mi quehacer diario. Las personas que me aprecian, saben bien que ha sido un regalo constante en sus vidas, porque las páginas de aquél pequeño cuento, todavía me siguen ofreciendo oportunidades de reinterpretarlas todos los días desde la tegala de Saramago como “lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro…
Escribiendo y leyendo de nuevo las páginas que siguen, que ya fueron escritas en su momento, que también puede ser en el hoy mío y en el de cada lector o lectora de esta nueva entrega a la Noosfera, doy un paso más en conocer ese niño que cada uno lleva dentro, el mío, el tuyo, el de todos y todas, desde el compromiso adquirido un día para navegar en “La Isla desconocida”, aunque Groucho Marx, con su especial gracejo, interpretó esta necesidad suplicando que lo buscaran inmediatamente [al niño], cuando el comentario general es que la torpeza de estar y ser en la vida, su razón de ser, se conoce y se sufre a veces desde que somos pequeños:
“- ¡Hasta un niño de cinco años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cinco años, a mí me parece chino“
Estoy muy agradecido a Saramago, por su testimonio permanente, que resalto especialmente en la última entrega de la serie que le dediqué en torno a su tegala particular, cuando probablemente observa desde no se sabe qué sitio del Cielo, cómo desde Roma se reinterpreta su vida y su obra, sin com-pasión [sic] alguna.
Prefiero quedarme con un mensaje del cuento tanta veces citado, donde pone en boca de una persona muy humilde, la limpiadora del palacio del rey, un gran secreto para ser más felices cada día, todos los días: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.
Sevilla, 10 de marzo de 2014
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.