El rey emérito se va «de rositas» y con un traje nuevo

Sevilla, 4/III/2022

No es la primera vez que escribo sobre la trayectoria indigna del rey emérito durante una parte de su reinado en este país y la verdad es que preferiría no haber tenido que hacerlo, siguiendo a Bartleby el escribiente, pero el silencio lo interpreto en determinadas ocasiones como una complicidad que clama al cielo. Además, sigo ahora el consejo del Abate Joseph Antoine Dinouart, en El arte de callar (1): Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio (Principio 1º, necesario para callar). Este es uno de mis principios y a diferencia de Groucho Marx, si a alguien no le gusta, no tengo otro.

Hoy, quiero hacer una reflexión en escritura alta, porque en medio de una guerra que no tiene nombre aunque sí un lugar, Ucrania, la Fiscalía contra la Corrupción y la Criminalidad Organizada, del Tribunal Supremo, ha decidido en estos días archivar mediante dos decretos la investigación contra el rey emérito, sobre las presuntas comisiones millonarias que cobró por su intervención en la adjudicación de las obras del AVE a La Meca, el uso de tarjetas opacas y, finalmente, por su relación con millones ocultos en la isla de Jersey, por dos razones incuestionables para ese órgano judicial, la inviolabilidad y la prescripción. La primera, porque extiende todos sus efectos a todos los actos ejecutados por el Jefe del Estado, sean estos desarrollados con ocasión del ejercicio de funciones regias o al margen de estas y, la prescripción, porque se ciñe al marco temporal en el que se desarrollaron los hechos denunciados y por las fechas en que sucedieron ya han prescrito ante la Ley. Lo verdaderamente sorprendente es que el rey emérito “se va de rositas” de esta investigación que ha durado cuatro años, aun cuando la propia Fiscalía reconoce que se han calificado en esta investigación, como delitos cometidos por el Jefe del Estado, los siguientes: 10 delitos fiscales, dos cohechos impropios y uno de blanqueo de capitales, es decir, una «hoja de servicios” al país que avergüenza sólo al conocerlas, no digamos cuando se entra en el detalle de lo ocurrido o cuando se recuerdan, sin ir más lejos, los sucesivos discursos de navidad en los que nos decía sin mover una pestaña que “Juntos podemos vencer problemas y dificultades si actuamos con realismo, rigor, ética y mucho esfuerzo, anteponiendo siempre el interés general sobre el particular” (¡en 2008!). Sobran comentarios.

Irse “de rositas” es una locución que se conoce muy bien en el país, en los términos que recoge el Diccionario fraseológico documentado del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, donde se da la siguiente definición: de rositas. adv (col) Sin pagar lo que se debe o sin recibir el castigo merecido. Generalmente en la locución «irse de rositas». Efectivamente, el rey emérito se va de la comisión de estos delitos «sin pagar lo que debe» a Hacienda, sólo una multa más que dudosa en su trayectoria y “sin recibir el castigo merecido”, no porque personalmente goce del mal ajeno, sino por la falta de ejemplaridad y ética que se le supone a la Casa Real y, más en concreto, al Jefe del Estado. Lo que verdaderamente me preocupa es que el silencio cómplice pueda ser “marca de la casa”, así como la falta de «alma social», porque lo percibí en el último discurso del actual rey Felipe VI en la Navidad de 2021, según escribí en esas fechas: “Anoche escuché atentamente el Mensaje de Navidad del Rey, un nuevo discurso desnudo en su fondo y forma, porque no hizo una sola referencia a la falta de ejemplaridad ética de la Corona como institución afectada por las noticias que a lo largo del año se han dado en referencia al rey emérito, su padre, que sigue figurando como parte de la Casa Real, por mucho que hiciera una referencia concreta a las instituciones públicas porque «[…] tenemos la mayor responsabilidad. Debemos tener siempre presente los intereses generales y pensar en los ciudadanos, en sus inquietudes, en sus preocupaciones, estar permanentemente a su servicio y atender sus problemas. Debemos estar en el lugar que constitucionalmente nos corresponde; asumir, cada uno, las obligaciones que tenemos encomendadas; respetar y cumplir las leyes y ser ejemplo de integridad pública y moral». En este punto del Mensaje, así como en otros, faltó alma”. Eso es lo que más me preocupa, porque en el discurso de 2020 ocurrió lo mismo.

Por todo lo anterior, recuerdo de nuevo el cuento de Andersen, El traje nuevo del emperador, en sus párrafos finales, donde se menciona un supuesto traje nuevo del emperador que nadie veía aunque nadie decía nada, excepto un niño, recurso que también utilizó Groucho Marx en Sopa de ganso, la sabiduría infantil sin filtro alguno, salvando lo que haya que salvar: “¡Hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“:

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; más pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

El decreto de la Fiscalía por el que se archiva la investigación de hechos cometidos por el rey emérito, trae a colación el cuento de Andersen, porque es un relato hecho realidad ahora, que volverá a tener más interés si cabe cuando se plantee el regreso a España con un «traje nuevo», después de haberse ido «de rositas» gracias al decreto de exoneración emitido por la Fiscalía. En el mes de agosto de 2020 escribí un artículo con motivo de la salida vergonzante del Rey emérito de este país, Agosto 2020 / 4. El traje nuevo del rey, en el que contaba que el Rey emérito ya no estaba en España: “Se ha ido después de haberlo consultado con su espejo. Fue una noticia de un calado excepcional porque comprometió muchas cosas, fundamentalmente la Constitución, al tocar de lleno a la Jefatura del Estado, de la que se debe esperar siempre no heroicidades sino la máxima ejemplaridad en todos los ámbitos de la vida real. Correrán ríos de tinta para analizar todo lo ocurrido, verdaderamente lamentable, pero cada uno tiene una parte en la responsabilidad de analizarlo como es debido”. Han corrido esos ríos que han ido a la mar del desencanto social y ahora escucho con gran asombro a los “tejedores espabilados” que están ya preparando un nuevo traje al rey desnudo.

Esa es la razón de por qué vuelvo a abrir un libro al que tengo especial aprecio, el cuento de Andersen citado, El traje nuevo del emperador, pero interpretado y leído por actores que son amigos de Steven Spielberg (2). Suelo leerlo a menudo, sobre todo para refrescar siempre una recomendación del reconocido director: ¡Cuidado con los tejedores espabilados! (incluidos determinados partidos políticos, periodistas y militares de este país). Hojeándolo de nuevo con atención, he vuelto a leer la interpretación que del mismo hace la actriz Geena Davis, dedicado especialmente al espejo imperial [o real], que en estos momentos reales creo que ha tenido un papel decisivo y refiriéndome en estos momentos al decreto de la Fiscalía y a la preparación de la “operación retorno” del emérito, donde cada uno, cada una, vuelve a desempeñar perfectamente su papel, incluido el del rey ante el espejo real:

“Soy PERFECTO

No bromeo, soy perfectísimo. Reflejo las cosas exactamente como son. Soy incapaz de cometer un error.

Es cierto que el emperador y yo hemos discutido a menudo por unos cuantos kilos o por la progresiva extensión de su calva, pero por lo general termina aceptando mi punto de vista. Por esta razón me había divertido tanto con la farsa de los tejedores. Estaba seguro de que una vez que el emperador se contemplara en mi luna el día de la gran prueba final vería la verdad: los ladrones quedarían en evidencia, y al final todos nos desternillaríamos de risa.

Pero no: el emperador se plantó delante de mí y nos miramos el uno al otro. Con los ojos buscaba el reflejo de su persona, pero no podía dejar de mirar los de sus consejeros, que seguían el “ensayo general” desconcertados. Estoy convencido de que Su Majestad vio lo que yo, sin dejar lugar a dudas, reflejaba: un emperador prácticamente desnudo, enmarcado en un espejo; un par de nerviosos “tejedores”; el transparentemente siniestro primer ministro, y todo el cabeceo aprobatorio de la corte imperial de tontos.

Sin embargo, no dijo esta boca es mía. Nadie dijo una palabra. Yo casi me hago añicos por la frustración. Había creído que el emperador era un hombre sensato.

¡Por mi gloria! ¿Es que no se daba cuenta?

Parece ser que no. Muchas veces, los “tejedores” más próximos [del Rey] son los que menos ayudan a ser uno mismo, por muy perfectos que sean (al buen entendedor en este país con pocas palabras basta, porque de todo hay en esa viña del Señor). Hasta que un día cualquiera, en un momento especial, un niño de Andersen o de Groucho Marx o cualquier persona digna, incluso un juez o un fiscal, da igual que sea mujer u hombre, nos desmontan todos los esquemas de la rutina diaria y salta la posibilidad de que podamos ser otros, porque son los que de verdad denuncian a personas que suelen ir desnudas por el mundo con la obsesión de vivir la perfección apasionadamente, convencidos de que llevan incluso ropa de emperadores, reyes o reinas, cosidos puntada a puntada por modistos o tejedores –supuestamente imparciales– que se refugian en ellos y son incapaces de decir la verdad de lo que está pasando a quienes cosen. Sobre todo, porque son profesionales de la farsa a cualquier precio y de los silencios cómplices.

Así lo leí un día ya lejano y así lo he vuelvo a contar hoy, con un problema serio a diferencia de cómo finalizaban los cuentos en mi infancia: colorín, colorado, este cuento real no se ha acabado. Confío ahora en el niño avispado de Andersen o en el de cuatro años de Groucho Marx, para que nos digan la verdad de una vez por todas y nos interpreten de la mejor forma posible cualquier nuevo discurso desnudo de los reyes. La necesitamos con urgencia, porque en el caso de la Jefatura del Estado constitucional, no se trata, como en el cuento, de «aguantar hasta el fin» como si nada hubiera pasado, yéndose “de rositas” en esta ocasión un rey de nombre Juan Carlos I, sino de abrochar de forma digna, con una revisión de la Constitución sobre la desaparición de la inviolabilidad real, por ejemplo, para poner coto a algo que no se sostiene desde ningún punto de vista ético, razonable, solidario y de dignidad ejemplar que salvaguarde siempre el interés general en beneficio de todos.

(1) Dinouart, A. El arte de callar. Madrid: Siruela, 2003  (4ª ed.).

(2) The Starbright Foundation. El traje nuevo del emperador. Barcelona: Ediciones B, 1998.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

¡No te aturdas, no te aturdas, déjate vivir!

Sevilla, 3/III/2022

Reconozco que cuando llegamos a una determinada edad, la moviola de la vida está casi siempre en pleno funcionamiento. Creo que es lo que siente José Sacristán, con el merecido Goya de Honor 2022, cuando interpreta ahora a diario al protagonista de una obra emblemática de Miguel Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris, porque a sus ochenta y cuatro años se enfrenta a un monólogo abierto y sincero de alguien que ha sufrido una pérdida irreparable, hablemos claro, y sólo le queda el recuerdo de su contexto más vital y esperanzador en un mundo gris por naturaleza.

La sinopsis no da para mucho más, sin leer y ver la obra de Delibes: “Un pintor, con muchos años en el oficio, lleva tiempo sumido en una crisis creativa. Desde que falleció de forma imprevista su mujer, que era todo para él, prácticamente no ha podido volver a pintar. Estamos en el verano y otoño de 1975. La hija mayor de ambos está en la cárcel por sus actividades políticas, y es en esas fechas cuando surgen los primeros síntomas de la enfermedad de su madre que la hija vivirá desde dentro de la prisión. Es otro recuerdo permanente en la vida de su padre, que también ahora revive. Esta obra teatral es el relato de una historia de amor en camino desenfrenado hacia la muerte, que nos sitúa en aquella España con rasgos inequívocos, que nos habla de la felicidad y de su pérdida, y que llega a la intimidad de cada ser humano, y a su emoción, por el camino recto y simple de la verdad”.

En los tiempos que corren es importante identificar a personas que nos enseñan cómo afrontar la fragilidad de vivir: “Para el recién nombrado Goya de Honor 2022, llorar es algo cotidiano, algo que está muy a la orden del día en su vida: “Lloro mucho todos los días haciendo  Señora de rojo sobre fondo gris. Sobre todo, recordando las conversaciones que yo tenía con Miguel Delibes”. Esa es la obra teatral en la que Pepe está inmerso actualmente y que está a punto de cumplir 3 años sobre los escenarios. Han ido a verla todos los familiares del novelista: “La tribu entera, hijos, sobrinos, vecinos… de todo. Es muy emocionanteEl primer día del estreno, uno de los hijos me dijo: ‘Yo me opuse y hoy vengo a darte las gracias’. Para mí, ese es el sentido y la intención con la que yo me aproximo siempre a hacer esta función”.

Quizás es que nos enseñaron en nuestra infancia celtibérica a manejar el pudor hacia lo más intimo de nuestra propia intimidad (intimior intimo meo, según San Agustín), sin dejar que los sentimientos afloren, aunque siempre me acuerdo de Rafael Alberti en aquella reflexión que tantas veces me ha ayudado a desnudar mi persona de secreto: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. O sólo intimidad o pudor mal entendido, sólo eso, porque sin el sentimiento y la emoción no son nada. Es lo que cuenta Miguel Delibes en diciembre de 2008, en una nota a la edición de Señora de rojo sobre un fondo gris dentro de sus Obras Completas: “Lancé este libro discretamente diecisiete años después de morir Ángeles, mi mujer, en la creencia ingenua de que era un homenaje íntimo únicamente conocido por mí. Por eso me sorprendió la primera reseña del libro hablando del buen recuerdo que yo guardaba de ella. Más que de ingenuo había pecado de tonto, pero lo curioso es que aquella alusión, antes que desagradarme, me llevó a la conclusión de que mi recuerdo no tenía nada censurable, por lo que a partir de ese momento, Señora de rojo circuló como un homenaje póstumo a mi mujer y, en esta idea, Pilar Miró me telefoneó pidiéndome autorización para filmarlo. Vacilé, pero creo que en esta coyuntura cometí mi segunda equivocación, ya que después de pensarlo mucho, le respondí que no, que era una cosa muy personal y me dolía comerciar con ella. En todo caso le prometí a Pilar -que se había mostrado interesada, y dada su maestría para tratar estos temas- que sería la encargada de llevarla al cine si algún día cambiaba yo de opinión. Pilar murió impensadamente al poco tiempo y yo me conformé con agradecerle su deferencia, que, en verdad, me conmovió. No obstante, cuando en 2007 Emili Rosales, director de Destino, me pidió, para portada del libro, una fotografía de la auténtica “señora de rojo”, le envié sin reparos el retrato que le había hecho a mi mujer el pintor García Benito [1] y que colgaba de mi despacho. Y entonces sentí la sensación de que mi actitud precautoria inicial, incluso mi injustificada negativa a la gentil oferta de Pilar Miró, quedaban en cierta medida reparada”.

José Sacristán abrocha con esta obra su dilatada carrera como actor, en un monólogo inolvidable y de la mano de Delibes. Ambos son un buen ejemplo para aprehender la vida desde ángulos insospechados de esperanza, aunque siempre con la memoria dentro. Las palabras de Ana, en la adaptación teatral, dirigidas a su esposo, Nicolás, el protagonista de la obra, suenan en mi interior con más fuerza que nunca: ¡No te aturdas, no te aturdas, déjate vivir! A pesar de todo, no lo olvido en tiempos de tanta turbación y mudanzas del alma.

[1]) Sobre la portada del libro: “Señora de rojo es el retrato de Ángeles de Castro [esposa de Miguel Delibes] que pintó Eduardo García Benito en 1962.​ El cuadro, de 130 x 90 cm, retrata precisamente a una señora de rojo sobre un fondo gris, o azul, y de ahí proviene el nombre del libro.​ Ángeles lleva en él un largo vestido rojo; dos guantes blancos hasta el codo, uno puesto y otro sujeto en su mano izquierda; su mano derecha sujeta un bolso de mano negro y lleva un collar de perlas a juego con los pendientes. Este cuadro ha sido restaurado en febrero del 2020 por las hermanas Luca de Tena, Cristina y María Francisca, en Madrid. Estaba en buenas condiciones salvo por algunas gotas de Coca-Cola o café, que el escritor consumía habitualmente, y por las marcas de la silla del propio Delibes. Esto se debe a que el cuadro estaba situado detrás de su escritorio en su casa de Valladolid. El cuadro, ahora con los colores más vivos que nunca, se encuentra en la Sala de Exposiciones de La Pasión, en Valladolid”. ​

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.  

El himno que une a Ucrania

Sevilla, 2/III/2022

He visto durante estos días de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, cómo los ucranianos cantaban en cualquier lugar del país y del mundo, manifestándose o luchando hasta la muerte, el himno de su país con lágrimas en los ojos. He querido conocer qué dice la letra de un canto que los une en sentimientos y emociones.

Aún no ha muerto la gloria ni la libertad de Ucrania,
Aún a nosotros, hermanos compatriotas, nos sonreirá la fortuna.
Se desvanecerán nuestros enemigos, como el rocío bajo el sol.
Gobernaremos nosotros, hermanos, en nuestra propia tierra.

Coro:

El alma y el cuerpo sacrificaremos por nuestra libertad,
Y mostraremos que nosotros, hermanos, somos de la nación cosaca.

Me uno a ellos en lo que puedo comprenderles, aun sabiendo que me falta su memoria histórica, que jamás podré cantar como ellos. Sí, aprender de su unión en la gloria y en la libertad de su país. ¡Ojalá se desvanezca Rusia muy pronto, como el rocío bajo el sol!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las canciones de Mozart son obras de arte popular

Mozart, Das Veilchen (La violeta), K 476. Ruth Ziesak (Soprano), Ulrich Eisenlohr (Piano)

Sevilla, 1/III/2022

La Fundación Juan March hace un gran esfuerzo cultural por acercarnos a la música de Mozart y esta semana, en el Ciclo de los Miércoles y bajo el título La obra maestra desconocida, le dedica una parte del concierto en el que se interpretarán obras quizás poco conocidas, pero no por ello menos importantes, de autores junto a él que nos aproximarán a una realidad que estimo que se debe conocer por su mensaje intrínseco: la música popular puede ser una obra de arte. Serán diversas obras de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791): Der Zauberer (El Mago), K 472, con letra de un poema de Christian Felix Weiße; Das Veilchen (La violeta), K 476, con letra de Goethe; Abendempfindung (Sensación vespertina), K 523, con un texto de Joachim Heinrich Campe y An Chloë (A Cloe), K 524, con letra de Johann Georg Jacobi; Johannes Brahms (1833-1897), Benjamin Britten (1913-1976); Joaquín Rodrigo (1901-1999): Cuatro madrigales amatorios: ¿Con qué la lavaré?, Vos me matasteis, ¿De dónde venís, amore? y De los álamos vengo; Erik Satie (1866-1925), Poldowski (Régine Wieniawski, 1879-1932) y, finalmente, William Walton (1902-1983). Recomiendo, sobre todo, la lectura de la presentación del programa, porque ayuda a comprender en sus palabras finales el objetivo de este concierto, en el que se presentan “[…] una serie de obras maestras infrecuentes en las salas de conciertos, escritas tanto por maestros reconocidos como por otros maestros desconocidos. Hemos seleccionado tres tipos de obras […]. En segundo lugar, se han programado obras maestras que derivan de la cultura popular, sea esta tradicional o de la cultura de masas […]”, como es el que se presenta mañana en Madrid.

Entre las obras que se interpretarán según el programa oficial del concierto, he escogido una, La Violeta (Das Veilchen, K 476), compuesta por Mozart, por su significado y porque fue la única obra de Goethe a la que puso música para canto y piano el genio de Salzburgo, a pesar de que, como se dice en el programa, a Mozart nunca le interesó sobremanera este género (Lied), de cuna germánica. De alguna forma, por su actitud en la vida, quiso acercar la literatura al pueblo, como en este caso y a través de un texto de apariencia sencilla, aunque con una reflexión final muy amarga, ¡La pobre violeta! Era una alegre violeta!, que incorporó como complemento del original de Goethe: “Mozart, a la hora de escribir música para una voz solista, se mantuvo siempre fiel al modelo del aria de ópera. Incluso Das Veilchen, su canción más conocida, y el único poema de Goethe al que puso música Mozart, puede considerarse una escena lírica, como afirmó Alfred Einstein. Lejos del entusiasmo de An Chloë (presidido por un único tema literario y musical, el amoroso), Abendempfindung es una reflexión sobre la muerte, que siempre es la propia. El poema tiene todos los tópicos románticos y, de hecho, en algunos momentos la música parece de Schubert, aunque la tristeza nunca se desborda. De nuevo a modo de contraste, Der Zauberer es una música tan encantadora como el joven aludido en el título, que hechiza a la muchacha como un mago”.

La violeta

Una violeta vivía en el prado,
ensimismada y olvidada;
era una violeta adorable.
Llegó entonces una joven pastorcilla
con paso ligero y espíritu alegre
por aquí y por allá,
paseando por el prado y cantando.

¡Ay!, pensó la violeta, si yo fuera
la más bella flor de la naturaleza,
ay, y no una pequeña violeta,
la amada vendría a mí, me arrancaría
y me apretaría contra su pecho,
¡ay, sólo, ay, sólo
un cuartito de hora!

Pero ¡ay!, llegó la muchacha
y como no reparó en la violeta,
pisó a la pobre violeta.
Aplastada y muerta, pero contenta:
¡Me muero, más voy a morir
por ella, por ella,
bajo sus pies
.

[¡La pobre violeta! Era una alegre violeta!] (1)

Lo he manifestado muchas veces en este cuaderno digital: Mozart siempre quiso estar cerca de las clases populares y alejarse del poder que detentaban en su época la Corona y la iglesia, lo que le supuso muchos quebraderos de cabeza e incluso la ruina personal. Con pequeños gestos como el de la composición de La Violeta, demostró que la llamada música culta también podría tener aire popular. Él, mejor que nadie, lo simbolizó en las notas finales de esta canción: ¡La pobre violeta! Era una alegre violeta!, completando el poema de Goethe, poniéndolo al alcance de cualquiera. Al buen entendedor del pueblo, con pocas palabras bastaba para seguir viviendo a pesar de la indiferencia de la sociedad hacia los más débiles, a pesar de todo.

(1) Estas palabras finales fueron agregadas por Mozart en la partitura, en una coda de dos compases.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El enigma de un andaluz, al trasluz de su nieta cantora

Pepe y su nieta, María José Llergo

Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. / Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. / Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz.

Luis Cernuda, El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947

Sevilla, 28/II/2022, en el Día de Andalucía, como homenaje a cada persona de bien que vive en esta tierra, como «escuchaores» del dolor y quejío de los que menos tienen, pero más son, simbolizado en un abuelo andaluz que con su cante sigue transmitiendo lo que muchos andaluces sufrieron y sufren debajo de su piel.

Se llama Pepe, es de Pozoblanco (Córdoba) y es el abuelo de la cantora María José Llergo, porque de acuerdo con Facundo Cabral, no es lo mismo que cantaora, ya que no sólo tiene el oficio de cantaora, porque puede hacerlo, sino que también debe cantar y no callar lo que le transmitió su abuelo. Él no tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir en la España que tenía helado su corazón en el siglo pasado, pero según su nieta tiene más sabiduría que muchos eruditos, porque “tiene corazón”. Reproduce lo que tantas veces he señalado en este cuaderno digital, al referirme a la tradición oral, cuando en los pueblos ribereños del Tigris y el Éufrates, en la actual Iraq, se transmitía la sabiduría y la cultura ancestral a las nuevas generaciones, de padres a hijos y, sobre todo, de abuelos a nietos, hasta que llegó la palabra. Así durante muchos siglos, hasta descubrir una experiencia relatada recientemente por María José Llergo, cantora andaluza, en una entrevista realizada por María Casado en el programa “Las tres puertas”, en RTVE, el pasado miércoles 22 de febrero.

María José Llergo ha ganado recientemente el Goya a la Mejor canción por Te espera el mar, en la banda sonora de Mediterráneo. Ha sido la oportunidad de que el gran público la conozca por sus señas de identidad reflejadas en su manera de cantar ante la sombra de su abuelo, tal y como lo ha contado a María Casado: “Yo aprendí a hablar con sus canciones, es una persona que ríe todos los días de su vida y para mí es un ejemplo; canta por tangos, serranas, livianas, por peteneras, por soleá y se sabe un montón de cantes que no sabe ni cómo se llaman”; “yo lo único que quiero es ser libre, no canto por ambición o un afán de protagonismo: canto porque si no me muero de pena, es una necesidad, es como si a un pajarillo le quitas su canto, es mi manera de conversar con el momento en el que vivo, con la sociedad en la que vivo, es decir, lo que siento, lo que me duele y lo que me gusta, lo que me hace feliz; a veces parece que si hablas de algo que no te gusta pero que no haces nada por arreglarlo no sirve de nada. Entonces, yo canto para ver si así, entre todos, nos damos cuenta de lo que nos duele y nos sanamos”. A continuación, casi sin respiro después de estas profundas palabras, explicó el contenido de su canción “Tu piel”, que interpretó en directo: la canción “habla de que lo que hay debajo de tu piel no es simple, que las apariencias pueden decir lo que quieran pero que lo que importa en tu esencia, lo que tienes aquí dentro, que las pertenencias van y vienen, pero que lo que hay aquí dentro (señalándose la frente) nadie te lo puede arrebatar”:

Lo quе hay debajo de tu piel no еs simple
Lo quе hay debajo de tu piel no еs simple
Lo que hay debajo
Lo que hay debajo
Lo quе hay debajo de tu piel no еs simple

No
No es simple

Tu corazón vacío y tus bolsillos llenos
Todo el mundo quiere ser rico, nadie quiere ser bueno
No existe nada que compre un corazón sincero
Me da lástima del pobre que solo tiene dinero

Ella confiesa que quiere poner de moda “ser buenos”, porque “al final es lo único que te hace vivir y morir tranquilo”. Su abuelo, sus padres y Andalucía son su inspiración: “mi Andalucía”, a través de la luz y el agua que son «mi vida». Todo ello se llama respeto, gracia, dignidad, “se llama Andalucía”. Ha soñado bonito desde que era niña y se imagina que de aquí en adelante va a cantar siendo feliz junto a los suyos, que le han dado tanto. Quiere llenar el mundo de sensibilidad y alegría y dice algo extraordinario: “que no se nos olvide: el amor es lo que importa al final, porque es lo que queda cuando nos vamos”. Ella lo ejemplifica con un fandango de Pepe, su abuelo: Toda la vida trabajando / trabajando para guardar / pero cuando yo me muera / no me voy a llevar ná.

María José se ha pasado la vida escuchando a su abuelo, porque aprovecha cada segundo cuando lo tiene cerca, porque él tiene cuatro columnas bien alineadas: lo que piensas, lo que dices, lo que sientes y lo que haces: “es la persona más coherente que conozco”. María José nos ha hablado de una esencia del ser andaluz, ser escuchaores de la vida. Un abuelo de Andalucía, Pepe, nos lo ha enseñado a todos y Federico García Lorca lo argumentó de forma especial en la presentación oficial en Granada del Primer Concurso del Cante Jondo, que se celebró el 19 de febrero de 1922, en nombre del Centro Artístico, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío.

He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años. O de las que el miércoles pasado expresó María José Llergo, con el alma de su abuelo dentro: “yo lo único que quiero es ser libre, no canto por ambición o un afán de protagonismo: canto porque si no me muero de pena, es una necesidad, es como si a un pajarillo le quitas su canto, es mi manera de conversar con el momento en el que vivo, con la sociedad en la que vivo, es decir, lo que siento, lo que me duele y lo que me gusta, lo que me hace feliz; a veces parece que si hablas de algo que no te gusta, pero no haces nada por arreglarlo, no sirve de nada. Entonces, yo canto para ver si así, entre todos, nos damos cuenta de lo que nos duele y nos sanamos”.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Con una realidad exasperante, casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, junto con miles de niños viviendo en pobreza severa, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho hoy con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, ni debajo de ella, sino que la modifica para siempre.

María José Llergo, Te espera el mar, Goya 2022 a la mejor canción

Lo que recomiendo hoy, Día de Andalucía, es seguir de cerca a García Lorca, como escuchaores de él y de María José Llergo, acompañados por el alma que entrega ella a su abuelo, a través de cada canto, por el dolor y el quejío que llevan dentro. Un ejemplo de coherencia andaluza por lo que piensa, dice, siente y hace, las cuatro columnas bien alineadas de su abuelo Pepe, de Pozoblanco, en Córdoba, en Andalucía, sin ir más lejos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ucrania representa hoy el miedo global

Sevilla, 26/II/2022

Ustedes que nunca hicieron nada / excepto construir para destruir, / ustedes juegan con mi mundo / como si fuera juguetito de ustedes, / ponen un arma en mi mano / y se esconden de mis ojos / y se dan la vuelta y corren alejándose / cuando vuelan rápidas las balas

Bob Dylan, Masters of War

Lo que está ocurriendo en Ucrania es un aviso para navegantes. Es tan grande el despropósito de Putin, porque tiene nombre y apellidos, que en este contexto he acudido de nuevo a un consultor de cabecera, Eduardo Galeano, a través de un poema dirigido a almas inquietas, El miedo global (1), fundamentalmente porque en él se dice algo verdaderamente sobrecogedor y porque reconozco que lo que está pasando y estamos viendo en Ucrania da miedo, sintetizado en uno de sus versos: Las armas tienen miedo a la falta de guerra, porque la realidad es que estamos viviendo en un mundo al revés:

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones y miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura.
Al tiempo sin relojes.
Al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.
Miedo a la soledad y miedo a la multitud.
Miedo a lo que fue.
Miedo a lo que será.
Miedo de morir.
Miedo de vivir.

El año pasado escribí en una serie dedicada al futuro imperfecto sobre lo que vendría después de la pandemia, que necesitamos ahora más que nunca: seríamos capaces de superar el miedo. Cuando estamos saliendo poco a poco y con mucho sufrimiento de esta cruzada pandémica, decía algo también que hoy rescato en su fondo y forma, cambiando lo que hay que cambiar en referencia a la guerra en Ucrania, porque en este tiempo de miedo existencial, a lo que fue, a lo que será, a lo que ahora mismo está pasando y estamos viendo, creo que Galeano lo resume todo en un futuro imperfecto que supone tomar conciencia del miedo a la libertad de asumir o no lo que será después de esta guerra y a lo que será de y en nuestras vidas, si el espíritu imperialista de Rusia sigue por estos derroteros. En el fondo, es el miedo legítimo a la libertad del día después de un acontecimiento de la magnitud que nos está tocando vivir. He vuelto a buscar razones de la razón humana en la clínica del alma cercana a mí y he leído palabras que tengo grabadas en mi persona de secreto, que también rescato ahora junto a las de Galeano, en un esfuerzo por encontrar sentido a la vida. Cuando leí por primera vez El miedo a la libertad, de Erich Fromm, recuerdo que lo que más me impactó fue su página de presentación anterior al prefacio, que me ha acompañado a lo largo de mi vida, siendo uno de los libros que llevo siempre en mi búsqueda permanente de islas desconocidas viajando en patera, en mar abierto, como tantas veces he descrito en este cuaderno de derrota, en el lenguaje del mar:

No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás —de acuerdo con la decisión de tu voluntad— regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”.

Este texto, presentado bajo el epígrafe de “El discurso de Dios al hombre”, corresponde a la Oratio de hominis dignitate, un texto introductorio de Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) a las 900 Tesis (Conclusiones Filosóficas Cabalistas y Teológicas) que presentó a la Iglesia de Roma en 1486, en las que buscaba una confluencia sincrética entre diversas creencias y postulados religiosos de la época, con una trazabilidad importante de filósofos y teólogos latinos y árabes. Es importante conocer este contexto histórico, que le costó finalmente la excomunión al poner al hombre (como ser humano primigenio) en un puesto muy importante en la vida humana gracias a su libertad. Tras este breve análisis, comprendo mucho mejor por qué Fromm lo eligió como texto introductorio de su libro, de su miedo personal a la libertad y por qué ha pasado a la posteridad como el Manifiesto del Renacimiento.

Repasar palabra a palabra el texto expuesto nos puede dar una idea de lo que se llegó a pensar de la libertad humana en tiempos en los que lo más importante que había que hacer, visto cómo estaba la sociedad en general, era reforzar al ser humano por encima de todas las cosas: Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Se comprende perfectamente que el miedo a la libertad estriba en la decisión de abordar el futuro imperfecto actual como brutos (no hacen falta muchas explicaciones) o hacer “cosas superiores” que nos devuelvan la alegría de vivir despiertos y libres en el nuevo Renacimiento del Mundo, que algunos llaman ahora “Reconstrucción Mundial”, que nadie entiende ahora con guerras como la de Ucrania. Ese es el gran reto para saber qué significa tener miedo a la libertad de querer vivir con dignidad en un mundo que las guerras ponen otra vez al revés, como si no supiéramos lo que son.

(1) Eduardo Galeano (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Prefiero escribir hoy sobre el acoso escolar en un patio del colegio

Sevilla, 25/II/2022

Me he acordado de Bartleby el escribiente cuando a casi cualquier petición respondía su lacónica frase “preferiría no hacerlo”, porque abordar el problema del acoso escolar (bullying) que existe en los patios de los colegios, que sufren muchos niños y niñas, es una cuestión que entristece el alma, que hace daños irreversibles en la mente de quienes lo sufren. Hoy lo hago, es decir, prefiero hacerlo, como acto solidario con miles de niños y niñas de este país que hoy mismo están sufriendo acoso escolar impresentable por parte de compañeros de clase o de escuela o instituto, amparados muchas veces por silencios cómplices colectivos. No olvido el ciberacoso, que también se produce en el patio virtual de internet.

La reflexión anterior la traigo a colación por el estreno en nuestro país de una película, Un pequeño mundo, candidata a los Premios Oscar 2022 por Bélgica, con guion y dirección de Laura Wandel, su primera obra cinematográfica que ya ha sido reconocida a nivel mundial y sobre la que ella explica, de forma muy acertada, el porqué de su argumento: “Escogí el colegio, y sobre todo el patio, porque es una micro-sociedad. El tema de la integración está en las escuelas. Me dediqué a observar patios durante varios meses antes de empezar a rodar y descubrí que existía la noción de territorio. En el patio, todo el mundo intenta ocupar su sitio. La infancia es la época de los primeros descubrimientos, cuando la vida y las relaciones son muy intensas. También es cuando diseñamos y construimos nuestro paisaje interior. Los primeros años de colegio influyen en ese paisaje, que a menudo determina nuestra opinión del mundo cuando somos adultos. Incluso más que aprender a leer y a escribir, exploramos las relaciones con los demás”. Es lo que Laura Wandel ha querido representar de forma excelente en su película y lo ha conseguido con creces a tenor de los reconocimientos recibidos de todo tipo.

Si tuviéramos que concretar el argumento de la película en una sola frase creo que podría servir la que sigue: “el miedo a salir al recreo”, porque ¿qué es lo que pasa por la mente de un niño o niña que se sienten acosados por sus compañeros de clase y de colegio, cuando corren de forma alocada al patio de recreo? Fundamentalmente miedo, a salir, a encontrarse con la burla despiadada, el insulto soez, el señalamiento por alguna singularidad que a los demás les sirve de disculpa para atacarle, por ejemplo unas simples gafas, ataques de palabra y obra sin defensa alguna, ni propia ni asociada, dejándose golpear muchas veces como única defensa para ver si así se cansan. Eso…, no ocurre casi nunca. Luego, nada más que silencios propios y asociados, cómplices, vergonzosos, sobre todo de quienes tienen el deber de proteger a estos niños y niñas zaheridos en su alma infantil. Lo he leído también en una crónica interesante de la película: “En un patio se desatan las relaciones de poder desde la infancia. En un patio hay violencia. Hay opresores y oprimidos. Un patio es, en resumen, una metáfora del mundo de los adultos que ocurre fuera”. Una metáfora del miedo que tiene un alcance desconocido en la vida de quienes sufren el acoso escolar de todo tipo.

La sinopsis oficial de la película es esclarecedora: «Nora entra en primaria cuando descubre el acoso que sufre su hermano mayor, Abel. Nora se debate entre su padre, que la anima a actuar, y su hermano, que le pide que guarde silencio. Un terrible conflicto de lealtad». El argumento es una metáfora del miedo que sufrimos todos los días al salir al patio de la vida, acosados permanentemente por tierra, mar y aire. Eduardo Galeano lo definió muy bien como “miedo global”, porque vivimos “en el tiempo del miedo”: Miedo a la soledad y miedo a la multitud. / Miedo a lo que fue. / Miedo a lo que será. / Miedo de morir. / Miedo de vivir. Lo que ocurre es que todavía es más grave este miedo en un alma infantil, porque el sufrimiento es inabordable por el propio devenir de su desarrollo infantil.

¿Qué hacer? Se nos ocurren siempre muchas respuestas pero la fundamental es no dejar pasar sin pena ni gloria este tipo de actuaciones y acabar de una vez por todas con los silencios cómplices. Denunciar siempre, callar nunca. Sobre todo, hay que trabajar sin descanso en los colegios introduciendo programas específicos para este tipo de acoso escolar. Por esta razón, destaco hoy la Guía Didáctica que proporciona la productora de la película, especialmente dedicada a trabajadores de los centros educativos, para llevar a cabo una experiencia junto a los alumnos en torno al hilo conductor de la película, su lenguaje cinematográfico y la temática en cuestión. Recomiendo su lectura porque es una oportunidad para no dejar pasar mucho tiempo para estar mejor informados y actuar, porque este acoso escolar de patio real y virtual, por el ciberacoso, está más cerca de nosotros de lo que a veces pensamos.

La función social del cine se hace grande y esplendorosa con esta película que se estrena hoy en España. Recuerdo que en 2018 visité una exposición en el espacio Caixaforum de Sevilla, dedicada a Cine y emociones. Un viaje a la infancia, organizada por la prestigiosa Cinémathèque française y la Obra Social “la Caixa”. En aquella ocasión se detallaba que a través del cine “se configura un retrato emocional de la niñez, a través de siete ámbitos que entrelazan películas y materiales de diversa índole para conformar ese retrato emocional”: “Alegría: muestra películas que reflejan el afán de los niños por aprender y por vivir, sus ganas de ser entendidos y protegidos y su capacidad para reinventar el mundo, una virtud que se olvida con el paso del tiempo pero que el cine es capaz de volver a activar. Rabia: explora los instantes de enfado y frustración que se viven durante la infancia, que quedan grabados en la memoria y que se reconocen al verlos en la pantalla. Risa: muestra cómo la risa de los niños en el cine se contagia a los espectadores, no solo por la ternura que provoca sino también por la identificación con la travesura, la situación inesperada o la invención de algo nuevo y disparatado. Lágrimas: la soledad, el abandono o el rechazo son algunos de los sentimientos tratados en este ámbito, como manifestaciones del sufrimiento infantil que generan en el espectador una sensación de dolor compartido. Miedo: explora los momentos de terror durante la infancia. El miedo puede ser producto de una fantasía, pero su efecto es real en estos pequeños y en quienes los miran desde la butaca. Valentía: recuerda que en la infancia se puede ser también el más valiente gracias a una energía que permite superar cada desafío que el camino plantea. Paradójicamente, el valor de los más pequeños enseña a los mayores que sus desafíos a veces no son tan difíciles de afrontar. Ilusión: el cine genera siempre fascinación en los espectadores. ¿Cómo se construye esa ilusión? ¿cómo la viven los niños cuando juegan a ser cineastas?”. Sentimientos y emociones que hay que cuidar siempre, especialmente en la vida infantil.

Es la magia del cine que hoy, con el estreno de Un pequeño mundo, nos invita a escribir una página nueva de solidaridad con los niños y niñas que sufren acoso escolar, para que vuelvan a sentir la alegría de vivir, su “afán por aprender y por vivir, sus ganas de ser entendidos y protegidos y su capacidad para reinventar el mundo, una virtud que se olvida con el paso del tiempo pero que el cine es capaz de volver a activar”. Para que no se olvide en nuestro Estado de derecho, ni siquiera un momento, con la defensa a ultranza de un principio del sistema educativo español, configurado de acuerdo con los valores de la Constitución y asentado en el respeto a los derechos y libertades reconocidos en Ella, según se recoge en la nueva Ley de Educación de nuestro país, entre otros, en su artículo 1. k), un principio que deberíamos grabar con letras de oro en nuestra mente para no olvidarlo jamás:  «la educación para la convivencia, el respeto, la prevención de conflictos y la resolución pacífica de los mismos, así como para la no violencia en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social, y en especial en el del acoso escolar y ciberacoso con el fin de ayudar al alumnado a reconocer toda forma de maltrato, abuso sexual, violencia o discriminación y reaccionar frente a ella».

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Caminamos por valles de desencanto

Ragnar Kjartansson, Desde el Valle del Desencanto del Mundo en British Columbia (VIII), 2011. Acuarela.  30,5 x 40,5. Colección privada.

Sevilla, 24/II/2022 (10:14 CET), horas después de conocer la invasión de Ucrania por parte de Rusia, un hecho que indica una realidad inexorable: caminamos por valles de desencanto mundial en una situación de pandemia en la salud mental, propiciada por nacionalismos exacerbados, autoritarismo, corrupción, limitación de libertades, represión y miedo al daño desconocido.

El pasado 21 de febrero se presentó en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el “museo de todos” según reza su eslogan, en el que se paga anualmente el alquiler de su fondo con “el dinero de todos”, una exposición del artista islandés Ragnar Kjartansson (Reikiavik, 1976), Paisajes emocionales, que muestra “su fascinación por América, por sus paisajes y su música, principalmente el country, el blues y el jazz. En esta nueva colaboración con Thyssen-Bornemisza Art Contemporary se exhiben, por primera vez juntas, cuatro de sus videoinstalaciones más reconocidas internacionalmente: The Visitors (2012), The Man (2010), The End (2009) y God (2007), junto a algunas acuarelas. La exposición, abierta hasta el 26 de junio, cuenta con la colaboración de la Fundación Ecolec”. Precisamente ha sido una de sus performances, The End (2009), la que me ha sugerido una reflexión para compartir en la Noosfera la realidad del desencanto que estamos atravesando al salir titubeantes del túnel de la pandemia. Esta videoinstalación está situada en las Montañas Rocosas canadienses como escenario, un lugar que le sirve a Kjartansson para cuestionar la idea romántica del artista y su conexión con el paisaje. The End contempla “Desde el Valle del Desencanto del Mundo en la Columbia Británica” (From the Valley of World-Weariness in British Columbia (2011), una serie de acuarelas pintadas en el mismo paraje, después de un incendio, que transmite una sensación dramática y de nostalgia desesperanzada. ¿Somos árboles quemados a lo largo de nuestro caminar por los valles de la vida? El autor responde a esta pregunta a través de su obra, contemplando el acontecer diario a través de paisajes emocionales.

Tengo presente en esta reflexión a Max Weber, porque ayudó a sus contemporáneos a comprender qué significaba el desencantamiento del mundo o la sacralización de la razón, tal y como lo analizó en una conferencia paradigmática, La ciencia como vocación, muy actual en su fondo y forma: “La intelectualización y racionalización crecientes no significan, pues, un creciente conocimiento general de las condiciones generales de nuestra vida. Su significado es muy distinto; significan que se sabe o se cree que en cualquier momento en que se quiera se puede llegar a saber que, por tanto, no existen en torno a nuestra vida poderes ocultos o imprevisibles, sino que, por el contrario, todo puede ser dominado mediante el cálculo y la previsión. Pero esto significa el desencantamiento del mundo. A la inversa del salvaje, aún creyente en la existencia de tales poderes, nosotros no tenemos que valernos de medios que obren efectos mágicos para controlar a los espíritus. O incitarlos a la piedad. Esto es algo que se puede lograr por medio de la técnica y la previsión. He ahí, en esencia, el significado de la intelectualización”. Pero plantea una pregunta de difícil respuesta hoy día: “¿Cuál es el sentido actual de la ciencia como vocación? La respuesta más acertada es la de Tolstoi, contenida en las siguientes palabras: La ciencia carece de sentido, puesto que no tiene respuesta para las únicas cuestiones que nos importan, las de qué debemos hacer y cómo debemos vivir. Sería vano discutir el hecho de que, en realidad, la ciencia no responde a tales cuestiones. El meollo del problema está, sin embargo, en que no ofrece ninguna respuesta y en que no contribuye, en definitiva, a plantear adecuadamente tales cuestiones”.

El desencanto merodea por nuestro cerebro y pretende alojarse en él por mucho tiempo. Frente a ello, hoy nos agarramos como a un clavo ardiendo, a Dios, a la naturaleza, a la sociedad o a las personas (las creencias imprescindibles para todo ser humano, según Ferrater Mora), en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, para justificar nuestras acciones, olvidando que nuestra gran máquina de la verdad, nuestro cerebro, la sede de la inteligencia, guarda el secreto ancestral de por qué existe el bien o el mal, por qué actuamos de una forma u otra y por qué caemos en el desencanto de vivir. Maravillosa aventura para dejar de lado, definitivamente, el drama (¡con perdón!) de la serpiente malvada, tal como se recogió en las famosas diez líneas del libro del Génesis, en la tríada serpiente/Adán/Eva, que son “la quintaesencia de una religión que ha dado vueltas al mundo y ha construido patrones de conducta personal y social. Y cuando crecemos en inteligencia y creencias, descubrimos que las serpientes no hablan, pero que su cerebro permanece en el ser humano como primer cerebro, “restos” de un ser anterior que conformó el cerebro actual. Convendría profundizar por qué nuestros antepasados utilizaron este relato “comprometiendo” al más astuto de los animales del campo [en un enfoque básicamente machista de la ética del cerebro humano]. Sabemos que el contexto en el que se escriben estos relatos era cananeo y que en esta cultura la serpiente reunía tres cualidades extraordinarias: “primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacía de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. (…) (1).

Todo lo anterior me ha llevado a recordar a una oboísta nacida también en Islandia, Arngunnur Árnadóttir, sobre la que escribí en los primeros días de la desescalada de la pandemia, en 2020, porque la música me acompañó siempre junto a la palabra, compañera infatigable en tiempos difíciles, a través de la lectura y escritura. También, Mozart. Hoy, junto al mensaje de Ragnar Kjartansson, a través de su performance The End, donde figura la acuarela que preside estas líneas, Desde el Valle del Desencanto del Mundo en la Columbia Británica, vuelvo a reencontrarme con una lectura amable y esperanzadora de la vida desde Islandia, en una orquesta del Norte de Europa, de un país frío, pero con una interpretación impecable del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, de Mozart, en el que el segundo movimiento, Adagio, suena excelentemente bien en el clarinete de una profesora muy joven de la Orquesta Sinfónica de IslandiaArngunnur Árnadóttir, bajo la dirección de Cornelius Meister. También porque me da el calor humano que tanto necesito, descubriendo una vez más el poder de la inteligencia musical de acuerdo con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, a quien tanto tiempo de investigación he dedicado en mi vida personal y profesional. Árnadóttir es también escritora y poeta, es decir, a ella también le queda la palabra.

Mozart componía estas partituras como homenaje siempre a una persona. En este caso, fue dedicada a su amigo Anton Stadler (1753-1812), compañero en la logia masónica a la que pertenecía el compositor y gran virtuoso en la orquesta de Viena por la forma de tocar el clarinete tenor (corno di bassetto), cuyo sonido se ha logrado alcanzar en los que se fabrican en la actualidad por la incorporación de llaves adicionales. Si he elegido de nuevo esta obra maravillosa de Mozart para buscar salidas en el actual valle del desencanto social, compuesta el mismo año de su fallecimiento, cuando tenía 35 años, se debe a una razón que conocí hace tiempo por una referencia de Arturo Reverter en una obra que guardo en mi maleta de libros elegidos (2), que siempre tengo preparada por lo que algún día pudiera ocurrir al viajar hacia una isla desconocida: «El corazón de la obra es el sublime Adagio […], aunque para algunos autores -Massin- lo que prevalece en definitiva es el optimismo: el músico ha salido victorioso de una lucha en la que ha debido vencer, en esta última parte de su vida, numerosos peligros de todo tipo». Toda una declaración de principios musicales.

Si quieren desconectar de la información tóxica que nos invade, aunque tengamos que adentrarnos a veces por los valles del desencanto de la vida, escuchen conmigo el Adagio según la guía de audición que figura más adelante porque creo que comprenderán mejor que nunca que la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor:

Guía de audición del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Harpa Concert Hall, Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

– Allegro 0:27

– Adagio 12:58

– Rondo (Allegro) 20:07

Es difícil añadir palabras a estos momentos mágicos. Solo el consuelo de que en el momento después, el de Benedetti cuando decía «[…] de todos modos preparamos / la boca por si vuela un beso / y si no vuela siempre queda / uno que emerge del olvido» (3), me queda otro guion que hoy quiero seguir al pie de la letra, unas palabras preciosas de Blas de Otero en su poema «En el principio», para pensar en quienes han perdido la vida en la pandemia y hoy sólo son número de las estadísticas. Y en quienes pierden a diario la voz en la maleza, quedándose en la cunetas de los diferentes valles del desencanto que existe en la actualidad, porque me permite comprender mejor a los que sufren la sed, el hambre; también, en lo duro que es pensar que lo que creemos que es nuestro luego resulta ser nada, porque se siegan a menudo las sombras en silencio cuando en estos días de escándalo político casi a diario he abierto muchas veces los ojos para ver el rostro puro y terrible de mi patria, abriendo al mismo tiempo los labios hasta desgarrármelos pidiendo unión y donde confieso que solo he tenido el consuelo de saber que solo me queda la palabra. Y Mozart. Hoy, desde la lejana Islandia, Ragnar Kjartansson y Arngunnur Árnadóttir, localizados en islas desconocidas del consuelo humano a través del arte, que también existen.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Estereotipo machista 4: “¡mujer tenías que ser!”

(2) Reverter, A. Mozart (discografía recomendada y obra completa comentada (2ªed.), (1999). Barcelona: Península, p. 91.

(3) Benedetti, Mario, El Después, en Biografía para encontrarme, 2011. Madrid: Alfaguara.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

María y tú

Miguel Gallardo y María, su hija, en María y yo / RTVE

Sevilla, 23/II/2022

Ayer falleció en Barcelona el dibujante de cómics Miguel Gallardo, al que conocí mejor en 2011, a través de una experiencia inolvidable, su mejor obra gráfica, María y yo, dedicada a su hija María, autista, realizada con una delicadeza y ternura dignas de encomio. Estas palabras son un pequeño homenaje a él, porque para mí forma parte de los “imprescindibles” de Brecht, que tanto necesitamos hoy, fundamentalmente porque luchó para cuidar a su hija toda su vida. Lo mejor que puedo escribir hoy es reproducir las palabras que le dediqué en 2011, María y yo, un gran regalo de Reyes, al descubrir su gran obra gráfica vital y, sobre todo, humana.

Aquél encuentro me permitió comenzar un nuevo año con un mensaje de esperanza y de optimismo ante la adversidad, con el recurso tan cercano de utilizar las pequeñas cosas, los pequeños afectos, los sentimientos, las emociones, para agregar valor a nuestras vidas, las de todos. Por eso no he olvidado a Miguel Gallardo y a su hija, a quienes debo haber descubierto, una vez más, el secreto de amar a pesar de todo.

María y yo, un gran regalo de Reyes

He recibido, gracias a la vida, un regalo precioso: una historia entrañable para personas preocupadas, como yo, por la inteligencia y por su capacidad para resolver problemas. He leido el cómic que lleva por título María y yo (1) y también he visto la película del mismo título con un guión adaptado de la obra de Miguel Gallardo, padre de María, la gran protagonista de esta historia bellísima, y reconocido creador de Makoki, líder en la década de los años ochenta de los mundos underground y contraculturales de nuestro país. El libro es para leerlo con mucha atención, lo que nos permitirá comprender bien un desajuste de estructuras cerebrales que son la base del autismo y cómo se puede abordar con mucha ternura esta realidad que está ahí, en muchos niños y niñas de nuestro país. María es un símbolo real de autosuperación en su persona de secreto que, poco a poco, se va conociendo con más detalle por la neurociencia más activa. Quizá, hoy, por ti, que sigues este blog.

Recomiendo la lectura del libro y la película, por este orden, para comenzar este año con un mensaje de esperanza y de optimismo ante la adversidad, con el recurso tan cercano de utilizar las pequeñas cosas, los pequeños afectos, los sentimientos, las emociones, para agregar valor a nuestras vidas, las de todos. La inteligencia de cada una, de cada uno, seguro, pone el resto, porque es la que nos permite resolver problemas, en la clave que aprendí hace muchos años, de José Antonio Marina: la inteligencia es la que permite, mediante una poderosa conjunción de tenacidad, retórica interior, memoria, razonamiento, invención de fines, imaginación -en una palabra, gracias al juego libre de las facultades-, que veamos una salida cuando todos los indicios muestran que no la hay. Inteligencia es saber pensar, pero, también, tener ganas o valor para ponerse a ello. Consiste en dirigir nuestra actividad mental para ajustarse a la realidad y para desbordarla (2).

Sevilla, 8/I/2011

(1) Gallardo, Miguel (2010). María y yo. Bilbao: Astiberri.
(2) Marina, José Antonio (1993). Teoría de la inteligencia creadora. Barcelona: Anagrama.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La nueva normalidad sigue siendo líquida

Zygmunt Bauman (1925-2017)

Hemos olvidado el amor, la amistad, los sentimientos, el trabajo bien hecho. Lo que se consume, lo que se compra “son solo sedantes morales que tranquilizan tus escrúpulos éticos”.

Zygmunt Bauman

Sevilla, 21/II/2022

Se publica esta semana en España un libro muy interesante sobre el pensador (¡qué bonita palabra y qué ausente en el tiempo actual!) y sociólogo Zygmunt Bauman (1925-2017), Bauman: una biografía, un estudio profundo sobre su vida, dedicada durante muchos años a construir la teoría de la “modernidad líquida” (1) y sobre el que he escrito ya en varias ocasiones en este cuaderno digital, fundamentalmente porque ha sido muy respetado por jóvenes de muchos países, al estar dirigido su discurso a ellos como receptores de la nueva construcción del mundo y su futuro: “la “fluidez” o la “liquidez” son metáforas adecuadas para aprehender la naturaleza de la fase actual -en muchos sentidos nueva– de la historia de la modernidad”. Las grandes preguntas de Bauman giran en torno a qué es lo que se mantiene vivo o muerto después de haber pasado tantos siglos en relación con cinco conceptos fundamentales para la vida: emancipación, individualidad, tiempo/espacio, trabajo y comunidad. Si todo fluye y nada permanece o si nadie se baña dos veces en el mismo río, teorías defendidas hace ya muchos siglos por Heráclito de Éfeso, volvemos a la casilla de la salida de la vida, cada día, cada momento, por mucho que nos esforcemos en vivirlos apasionadamente. Es evidente que los presocráticos vuelven a estar de moda, porque tras la pandemia que nunca acaba, la nueva normalidad casi nadie es capaz de explicarla porque no se sabe lo que es. Si se sabe que falta consistencia, solidez y que vivimos en un tiempo y espacio líquidos. Según Bauman, “lo que define nuestras vidas es, por lo tanto, la precariedad y la incertidumbre constantes”. Tenía razón Heráclito de Éfeso al analizar la inexorable realidad de la vida líquida.

En la sinopsis oficial del libro se dice que “Esta es la primera biografía exhaustiva de la vida y la obra de Bauman. Izabela Wagner regresa a la Polonia natal del autor y nos cuenta la infancia de este en el seno de una familia judía polaca asimilada y sus experiencias en el colegio, muy condicionadas por el antisemitismo. La trayectoria vital de Bauman fue la típica de muchas personas de su generación y su grupo social: huyó con su familia de la ocupación nazi; fue alumno de la enseñanza secundaria soviética; tuvo un idilio con el comunismo; se alistó en el ejército polaco como oficial político; participó en la segunda guerra mundial; apoyó al nuevo régimen surgido en la Polonia de posguerra. Wagner arroja nueva luz sobre ese periodo posterior a la contienda mundial y sobre la actividad de Bauman como oficial del KBW, un cuerpo militar de «seguridad interior» del régimen prosoviético. Su expulsión de las fuerzas armadas en 1953 y su carrera académica reflejan el contexto dinámico de la Polonia de los años cincuenta y sesenta. Su trayectoria profesional en ese país se vio bruscamente abortada en 1968 por las purgas antisemitas de ese año. Bauman se convirtió así de nuevo en un refugiado; salió de Polonia rumbo a Israel y, poco después, en 1971, se instalaría en Leeds, en el Reino Unido. Su trabajo y su producción intelectuales prosperaron en el ambiente académico británico y, tras su jubilación en 1991, inició un periodo de una enorme productividad que lo impulsaría a la escena internacional, donde se convirtió en uno de los pensadores sociales más ampliamente leídos e influyentes de nuestro tiempo. La biografía de Wagner saca a relucir las complejas conexiones entre las experiencias vitales de Bauman y su obra, y nos muestra cómo su trayectoria como una persona «extraña» para su entorno de origen y, posteriormente, también para los de acogida, obligada a exiliarse por las purgas antisemitas en Polonia, ha condicionado su pensamiento a lo largo del tiempo. Sin duda, este cuidado y completo análisis de la vida y la obra de Bauman será la biografía de referencia del pensador polaco durante muchos años”.

Con esta carta de presentación tan extensa, la lectura del libro sobre Bauman es obligada, sobre todo para los que seguimos dando vueltas al pensamiento expresado en su intervención en el documental estrenado en 2016, In the same boat (En el mismo barco), que resumía en su título una idea suya muy brillante: “ya estamos todos en el mismo barco, pero lo que nos falta son los remos y los motores que puedan llevar este barco en la dirección correcta”. Se refería en ese año al ecosistema social de escala mundial en el que se estaba navegando en esos momentos, casi hacia ninguna parte, con un desconcierto mayúsculo y con decisiones de corte democrático, como las elecciones celebradas en Estados Unidos, donde comenzó a temblar el mundo al conocerse los resultados que dieron el triunfo a Trump.

Una vez más recurro a una máxima ignaciana, “en tiempo de turbación no hacer mudanzas”, pero no estoy de acuerdo con este aserto en situaciones tan dramáticas como las que se están experimentando a nivel mundial, con un impacto importante en este país, aunque se quiera ocultar casi a diario. Estamos viviendo en un mundo con una clamorosa ausencia de valores y, sobre todo, de ética, tal y como lo aprendí de un maestro en el pleno sentido de la palabra, el profesor López Aranguren, cuando la definía como el «suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos», que tantas veces he abordado en este blog.

Estas razones nos obligan a dejar los supuestos puertos seguros y comenzar a navegar para intentar descubrir islas desconocidas que nos permitan nuevas formas de ser y estar en el mundo, que he vislumbrado como hilo conductor del documental que trato hoy de forma especial. Lo contrario es obvio y se ve venir porque navegamos en mares procelosos de corrupción y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo expresaba en 2012 en este blog, en un post dedicado a los aforismos, porque en ese momento apreciaba que eran numerosas las deserciones en el barco político de aquella legislatura, siendo testigo directo del abandono apresurado de los que tenían la obligación de mantenerse en el puente de mando de la responsabilidad política que se le había encomendado, arrojándose a un mar repleto de desertores de la dignidad.

Lo que verdaderamente me enerva es contemplar cómo se suelen liquidar estas situaciones tan transcendentales con la consabida frase de que “todos vamos en el mismo barco” y eso no es así ni lo admito con carácter general, porque todos no somos iguales: unos van en magníficos yates y otros, la mayoría, en pateras. En el documental citado, junto a Bauman también intervenía el expresidente de Uruguay José Mujica, a quien tanto admiro. Es probable que a este barco ético y esperanzador no suban nunca quienes no están interesados en que el mundo mejore, porque los poderes fácticos que dirigen y protegen la maquinaria de la guerra en cualquier lugar del mundo, el terrorismo de cualquier cuño, así como los vestidos de negro, deciden desde hace ya mucho tiempo el funcionamiento y los altibajos del ecosistema económico y financiero mundial, desde una torre en Manhattan, a través de portátiles y teléfonos inteligentes. Ellos viajan en barcos privados, en cruceros del mal, que no surcan nunca estos mares, para ellos procelosos. Lo que detesto también es el abandono de la lucha en situaciones difíciles, como las que estamos atravesando ahora, en las que aquellos que estaban a veces con los que deseamos estos cambios urgentes en las políticas mundiales, europeas y nacionales, se arrojan a un mar en el que cada vez hay menos sitio, porque dicen que esto no tiene remedio. Lo paradójico es que cuando se avance en la búsqueda de soluciones surcando mares diferentes que posibiliten otro mundo mejor, falte ya sitio o barco, según se mire, para recoger a los que en tiempos revueltos se tiraron al mar porque nunca quisieron buscar otras alternativas a este mundo que no nos gusta. Queramos o no, estamos todos ya en el mismo barco de la dignidad humana, «La Isla Desconocida» de Saramago quizás, en un viaje esencial para vislumbrar el destino universal que pasa por salir alguna vez de nosotros mismos.

En tiempos de nueva normalidad, líquida, lo que está ocurriendo es que vivimos en una vida líquida (2), teoría que complementa la anterior de Bauman: “¿Qué es la «vida líquida»? La manera habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas. Se caracteriza por no mantener ningún rumbo determinado, puesto que se halla inscrita en una sociedad que, por su carácter líquido, no mantiene por mucho tiempo una misma forma. Lo que define nuestras vidas es, por lo tanto, la precariedad y la incertidumbre constantes. Y el motivo de preocupación que más obstinadamente nos apremia es el temor a que nos sorprendan desprevenidos, a no ser capaces de ponernos al día de unos acontecimientos que se mueven a un ritmo vertiginoso, a pasar por alto las fechas de caducidad y vernos obligados a cargar con bienes u objetos inservibles, a no captar el momento en que se hace perentorio un cambio de enfoque y quedar relegados. Así, dada la velocidad de los cambios, la vida consiste hoy en una serie (posiblemente infinita) de nuevos comienzos… pero también de incesantes finales. Ello explica que en nuestras vidas resulte abrumadora la preocupación por los finales rápidos e indoloros, a falta de los cuales los comienzos serían impensables. Entre las artes del vivir líquido moderno y las habilidades necesarias para ponerlas en práctica, librarse de las cosas cobra prioridad sobre el adquirirlas. Una vez más, Bauman nos brinda un diagnóstico de nuestras sociedades certero, agudo e inmensamente conmovedor”. De ahí mi interés por conocerlo a fondo a través de la biografía que se publica esta semana en nuestro país.

Algo tengo claro en esta vida líquida, llamada ahora nueva normalidad, recordando una vez más a Pablo Neruda (3), como respuesta a una pregunta suya acerca de si nuestra vida es un túnel entre vagas claridades: Con las virtudes que olvidé [en mi vida anterior a la pandemia] ¿me puedo hacer un traje nuevo [para estrenarlo cada día después, en la nueva normalidad? Carpe diem.

(1) Bauman, Zygmunt, Modernidad líquida, 2000. México: Fondo de Cultura Económica.

(2) Bauman, Zygmunt, Vida líquida, 2006. Barcelona: Paidós.

(3) Neruda, Pablo, en el Libro de las preguntas (XXXIV y XXXV), 2018. Barcelona: Seix Barral – Planeta.

 CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.