Curso de verano para entender el mundo al revés / 2. Las condiciones de vida

Eduardo Galeano

Sevilla, 18/VII/2021

La esperanza es lo último que se perdió (pintada anónima en una ciudad desconocida)

Comenzó ayer el Curso con un ritual muy sencillo pero aleccionador. Presidía el aula virtual una imagen de Eduardo Galeano y todos los matriculados en libertad, sin burocracia alguna, leímos en silencio un poema muy querido por él para comprender mejor la realidad de la condiciones de vida de muchas personas que habitan en el mundo al revés, un lugar común de los nadies:

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Los asistentes a esta escuela lo tenemos claro, en palabras de Galeano, como alumnos de una contraescuela necesaria: “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos”. Después, nos han dicho que es condición indispensable para participar en este Curso leer Patas arriba. La escuela del mundo al revés, porque si no será muy difícil comprender el hilo conductor de todos los asuntos que vamos a tratar, fundamentalmente porque cualquier dato a tener en cuenta antes, durante y después de cada clase, deberá evocar siempre alguna página del libro, sobre todo algún contenido del plan de estudios en sus diferentes epígrafes: educando con el ejemplo, los alumnos, curso básico de injusticia, curso básico de racismo y de machismo, cátedras del miedo: la enseñanza del miedo, la industria del miedo y clases de corte y confección: cómo elaborar enemigos a medida. Seminario de ética, con trabajos prácticos: cómo triunfar en la vida y ganar amigos, así como lecciones contra los vicios inútiles. Clases magistrales de impunidad y modelos para estudiar: la impunidad de los cazadores de gente, la de los exterminadores del planeta y la impunidad del sagrado motor. Pedagogía de la soledad: lecciones de la sociedad de consumo y curso intensivo de incomunicación, para terminar con la contraescuela, que también existe: traición y promesa del milenio y el derecho al delirio.

Inmediatamente después nos pusimos manos a la obra y siguiendo las indicaciones del tutor, debíamos escoger entre todos la noticia del día o de la semana que más nos hubiera impactado desde la perspectiva del mundo al revés, debiendo tener especial cuidado en su vertiente aplicada a nuestro país. Hubo inmediatamente un acuerdo unánime sobre la noticia a tratar: el porcentaje de población española en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) aumentó al 26,4%, desde el 25,3% de 2019, encontrándose el 7,0% de la población en situación de carencia material severa, frente al 4,7% del año anterior, con una clara influencia de la COVID–19, de acuerdo con lo publicado sobre la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), del INE, correspondiente a 2020. Había que trabajar básicamente sobre la Nota de Prensa oficial del INE, diez páginas, señalando aquellos aspectos que después se debían resaltar en este Curso. Este trabajo personal es el que quiero compartir hoy, facilitando obviamente el documento oficial completo que se debe enriquecer con las consultas técnicas que se consideren oportunas. Por mi parte, dado el contexto estival en el que nos encontramos, señalo a continuación unos datos que reflejan la situación de dificultad económica actual de los hogares españoles, con cifras que sobrecogen, especialmente cuando me detengo a analizar algunos resultados en mi Comunidad Autónoma, Andalucía, siempre por encima de la media y ocupando el segundo o tercer puesto del ranking, junto a Canarias, Ceuta y Melilla, punto del debate del grupo de la clase virtual porque participamos (imaginariamente) alumnos y alumnas de diversa Comunidades:

Si sorprendente es este dato, lo es más comprobar la constante de nuestra Comunidad en la trazabilidad durante diez años (2011-2020) en la mayor parte de los indicadores siguientes:

1. Tasa AROPE (1). Población incluida en al menos uno de los tres criterios del riesgo de pobreza o exclusión social por componentes.

2. Tasa AROPE. Población incluida en al menos uno de los tres criterios del riesgo de pobreza o exclusión social por grupos de edad

3. Ingresos medios por persona

4. Renta mediana y umbral de riesgo de pobreza

5. Población en riesgo de pobreza por grupos de edad

6. Población en situación de carencia material severa. Evolución de la carencia material severa y de algunos de sus componentes

Se considera que una persona está en situación de carencia material severa si vive en un hogar que declara tener carencia en al menos cuatro elementos de los nueve de la lista siguiente que se preguntan en la encuesta:

1. No puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año.

2. No puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.

3. No puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada.

4. No tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos (de 750 euros)3.

5. Ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad…) o en compras a plazos en los últimos 12 meses.

6. No puede permitirse disponer de un automóvil.

7. No puede permitirse disponer de teléfono.

8. No puede permitirse disponer de un televisor.

9. No puede permitirse disponer de una lavadora

8. Riesgo de pobreza o exclusión social (Tasa AROPE) por nivel de formación alcanzado (personas de 16 y más años). ECV-2020 (ingresos de 2019). Porcentajes

9. Riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) por tipo de hogar. ECV-2020 (ingresos de 2019). Porcentajes.

10. Riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) por relación con la actividad (personas de 16 y más años). ECV-2020 (ingresos de 2019). Porcentajes.

11. Riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) por nacionalidad (personas de 16 y más años). ECV-2020 (ingresos de 2019). Porcentajes.

12. Ingresos medios, tasa AROPE y tasa de riesgo de pobreza por CCAA. ECV-2020 (ingresos de 2019)

Visto lo visto, volví ayer al libro de Galeano que nos sirve de guía y propuse la siguiente referencia para el trabajo de hoy, porque cuando nos enfrentamos a esta cruda realidad de nuestros compatriotas o mis paisanos andaluces, como ciudadanos más desfavorecidos en el país, sus palabras introductorias a la asistencia a este Curso de verano son inolvidables y rasgan el alma humana: “Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia. ¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela”.

Es la que busco hoy habiéndome matriculado en este Curso, a modo de contraescuela, que espero me ayude a seguir soñando que otro mundo al derecho es posible. Me quedo ahora con una frase preciosa de Galeano en mis primeros apuntes en este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, en una singladura diaria para comprender qué significa un posible mundo al derecho: “Lo mejor que el mundo [al derecho] tiene está en los muchos mundos que el mundo [al derecho] contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Respetarlo todo es nuestra gran tarea de aprendizaje actual para vivir y construir diariamente un mundo al derecho, en el que cabemos todos, sin excepción alguna, por mucho que los diseñadores diarios del mundo al revés se empeñen en evitarlo.

Ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país. Personalmente, lo tengo claro: compartir, con datos, que sólo con un gobierno pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, que dicte leyes con urgencia para solucionar esta situación transformando la sociedad española, podremos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida expuestas anteriormente, que afectan a millones de ciudadanos en este país, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies. Lo decía hace un año en este cuaderno digital con motivo de la aprobación del Ingreso Mínimo Vital (IMV): “ […] viene a dar respuesta constitucional a derechos fundamentales en términos de equidad en el acceso a un ingreso económico para determinadas personas y familias que permitirá atender la pobreza estructural del país como itinerario de reconocimiento del conjunto de derechos y deberes constitucionales que ayuden a la población a salir de esta situación con un trabajo digno y bien remunerado: “El Ingreso Mínimo Vital es toda una política social que se engarza alrededor de una prestación, de forma que, más allá de la ayuda monetaria incluye estrategias de inclusión, en coordinación con las comunidades autónomas y los ayuntamientos, que permitan a las personas en vulnerabilidad transitar a una situación mejor. Los beneficiarios contarán con incentivos a la contratación y también se creará un “Sello Social” para las empresas que les ofrezcan formación y empleo”. La palabra “itinerario” me parece excelente porque este reconocimiento es un kilómetro cero para ayudar a salir de la situación de pobreza y no para instalarse en ella en régimen permanente de subsidio. Ese es su gran reto […] porque el ingreso mínimo vital es, fundamentalmente, un ingreso para permitir, a toda la población española, alcanzar la entrada en el itinerario de la dignidad constitucional expresada en sus derechos fundamentales y, concretamente en el recogido en el artículo 35 de la Carta Magna: 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Queda claro que el mundo al revés no es inocente y debemos denunciarlo para construir uno nuevo, porque nuestra fuerza es la esperanza, que debe regarse todos los días con rocío, el del conocimiento y la libertad, como respuesta firme a lo que fue en su momento una pregunta inquietante de Neruda.

(1) La tasa de riesgo de pobreza o exclusión social AROPE (acrónimo de sus siglas en inglés, At Risk Of Poverty or social Exclusion) se creó en 2010 a efectos de medir la pobreza relativa en Europa ampliando el concepto de la tasa de riesgo de pobreza, que solo contempla los ingresos. La tasa AROPE se construye con la población que se encuentra en riesgo de pobreza, o con carencias materiales o con baja intensidad en el empleo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Curso de verano para entender el mundo al revés / 1. Introducción

Sevilla, 17/VII/2021

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

En el mes de marzo pasado me dijeron que estaba abierta la matrícula de la Escuela del Mundo al Revés y sin pensármelo dos veces decidí matricularme a mi matusalénica edad, que diría Benedetti, porque tal y como estaba la “cosa” en ese momento estaba convencido de que no entendía casi nada de lo que estaba pasando, aunque muchos me advertían que lo que pasaba era que no sabíamos en el fondo lo que nos pasa y que me tengo que convencer de que “estoy obligatoriamente obligado a entenderlo”, como aprendí en mis años jóvenes del poeta malagueño Rafael Ballesteros. La verdad es que ese aserto no me solucionó nada, probablemente porque soy un inconformista de cuidado. En el acto de la matrícula (gratuita, por cierto) me indicaron que íbamos a utilizar un libro de texto muy interesante, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, de Eduardo Galeano, autor que siempre he admirado por sus lecciones de ética mundana. Me dijeron que era imprescindible llevarlo siempre encima para comprender bien el sentido de cada clase. ¿Se convertiría en un libro de cabecera?

Dicho y hecho. Abrí el libro por su primer capítulo, para ir calentando motores, leyendo sin pestañear su primer apartado: Educando con el ejemplo: “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos”. La verdad es que para empezar no estaba mal el discurso, porque tengo que confesar que algo así me pasa casi todos los días, porque el mundo está trastocado y en permanente mudanza por tierra, mar y aire, desoyendo a San Ignacio sobre lo que se debe hacer en tiempos de turbación.

A continuación, abordaba varios epígrafes de marcado interés: los modelos de éxito, los alumnos y un curso básico de injusticia. Eran tres maniobras de aproximación al mundo al revés, a título de ejemplo, que una vez leídas me sobresaltaron aún más, quizá sea por aquello del inconformismo crónico que padezco. Sobre los modelos de éxito arrancaba su análisis con una introducción contundente: “El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria”.

Cuando trataba el epígrafe de los alumnos, otra vez volvía a la carga para describir cómo es el mundo de muchos niños de hoy, es decir, su mundo al revés: “Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”. La verdad es que esta visión descarnada me servía para darme cuenta de que hay personas en el mundo que siguen pre-ocupadas (así, con guion) con lo que pasa en el mundo o en mi barrio más próximo. Describía, uno tras otro, ejemplos de lo que pasa a los niños del mundo, que puede ser hoy lo que les ocurre a muchos niños y niñas aquí en Sevilla, en la barriada del Vacie o en las Tres Mil Viviendas, en el Polígono Sur, en Amate y en Los Pajaritos: “Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de clase media. Que te dejen ser o que no te dejen ser: ésa es la cuestión, supo decir Chumy Chúmez, humorista español. A estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden mientras genera el desorden”.

El tercer epígrafe, dedicado al curso básico de injusticia, me conmovió en una de sus primeras líneas: “La dictadura de la sociedad de consumo ejerce un totalitarismo simétrico al de su hermana gemela, la dictadura de la organización desigual del mundo. La maquinaria de la igualación compulsiva actúa contra la más linda energía del género humano, que se reconoce en sus diferencias y desde ellas se vincula. Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Lo que más me sorprendió en aquella lectura iniciática fue la clamorosa diferencia que exponía entre ser o tener, dialéctica que ya aprendí a identificar con Erich Fromm y que intenté rescatar entonces en las palabras de Galeano: “Quien no tiene, no es: quien no tiene auto, quien no usa calzado de marca o perfumes importados, está simulando existir. Economía de importación, cultura de impostación: en el reino de la tilinguería [los tontos, bobos y simples], estamos todos obligados a embarcarnos en el crucero del consumo, que surca las agitadas aguas del mercado. La mayoría de los navegantes está condenada al naufragio, pero la deuda externa paga, por cuenta de todos, los pasajes de los que pueden viajar. Los préstamos, que permiten atiborrar con nuevas cosas inútiles a la minoría consumidora, actúan al servicio del purapintismo [actitud de aparentar] de nuestras clases medias y de la copianditis de nuestras clases altas; y la televisión se encarga de convertir en necesidades reales, a los ojos de todos, las demandas artificiales que el norte del mundo inventa sin descanso y, exitosamente, proyecta sobre el sur. (Norte y sur, dicho sea de paso, son términos que en este libro designan el reparto de la torta mundial, y no siempre coinciden con la geografía)“. Una anécdota que cuenta Galeano en este epígrafe me pareció de un simbolismo práctico como la vida misma: “Existe un solo lugar donde el norte y el sur del mundo se enfrentan en igualdad de condiciones: es una cancha de fútbol de Brasil, en la desembocadura del río Amazonas. La línea del ecuador corta por la mitad el estadio Zerâo, en Amapá, de modo que cada equipo juega un tiempo en el sur y otro en el norte”.

Hechas estas lecturas apresuradas por mi urgencia vital en ese momento, pero que viví de forma muy especial, tomé en consideración que el mundo al revés que vivimos se entiende mejor cuando tomamos conciencia de que tenemos un problema económico muy grave en el país, que viene de antiguo, la irrupción brutal de la COVID-19 y sus daños colaterales en el tiempo, el paro galopante, el mal comportamiento de los políticos, así como los problemas derivados de esta situación que son muchos; la sanidad pública cada vez más asfixiada en profesionales, la inversión y dotación económica insuficiente para casi todo lo que se mueve, problemas de pobreza severa y otros de variada índole social; la situación de los jóvenes cuya horquilla de fracaso social es cada vez más alarmante; también, la falta de conciencia ciudadana ante lo que está ocurriendo y, por último, la realidad alarmante de la eterna dialéctica entre educación pública y concertada, con gran menoscabo de la primera, cuando invertir en educación es la garantía de nuestro futuro.

Aquél día me quedé en un silencio íntimo sepulcral después de aproximarme a aquella matrícula de urgencia vital, aunque reconocía que el Curso era muy difícil de entender y asimilar, sobre todo porque estaba de acuerdo con la descripción del mundo al revés que hacía Galeano, aunque en aquél momento no atisbaba muchas salidas a la situación descrita. Fundamentalmente, porque ya lo había comentado en este cuaderno digital el año pasado, cuando personalmente decía que él “nos invitó hace ya veintidós años a entrar en la escuela de ese mundo tan opresivo para personas que buscan otra forma de ser y estar en el mundo de todos y lo sintetizó en unas palabras, Si Alicia volviera,  que no olvido: “Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies” (1).

Ha pasado el tiempo y vuelvo a tener la necesidad de acudir a una formación reglada en este ámbito, porque todos los días asisto al gran teatro del mundo al revés por doquier que, sinceramente, me cuesta mucho entender y además con la sensación de que cabemos en un taxi los que vivimos esta realidad y no queremos hacer una huida ciega hacia adelante. La única forma de hacerlo es acudir ahora a un Curso de verano sobre esta realidad y no perder una sola clase. Hoy, como en marzo pasado, me he vuelto a asomar a la ventana de Alicia y me he dado cuenta de que lo que veo y siento es el mundo al revés en su aquí y ahora en el que me ha tocado vivir. Reconozco que entenderlo es harina de otro costal, porque casi todo está patas arriba. Esa es la razón por la cual he buscado en la oferta veraniega de formación a distancia y virtual un Curso de verano para entender el mundo al revés. Lo necesito y deseo compartir la asistencia. Sé que la dignidad humana que lleva a la libertad personal y colectiva del mundo al derecho, es un camino a recorrer durante toda la vida y ahora, en este verano, en este Curso anunciado. Esa es la cuestión, como le pasaba al protagonista de la famosa obra de teatro de Fernando Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano, salvando lo que haya que salvar, aunque no podamos a veces tenerlas en este mundo al revés (cada uno que imagine la suya en el decorado que viva…), porque las guerras, las faltas de acuerdo, la pandemia, la desafección ideológica y política, el paro galopante, la pobreza severa de muchas personas, el desencanto estructural del país y la ausencia clamorosa de valores, no nos permiten comprarlas y disfrutarlas en el momento deseado y deseante que tanto añoraba Luisito, el protagonista de aquella hermosa película de igual nombre. Incluso para ir, cada día y de forma imaginaria, a las clases anunciadas en este interesante Curso de Verano, que todavía tiene algunas plazas libres.

(1) Eduardo Galeano (1998). Si Alicia volviera, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Nuestro futuro es la esperanza

Vuestra fuerza es la esperanza

Sevilla, 16/VII/2021

Ayer se celebró en Madrid un acto de Homenaje de Estado a las víctimas de la pandemia de la covid-19 y de reconocimiento al personal sanitario, que tuvo lugar en la Plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid, al que personalmente me sumo hoy desde este cuaderno digital, dedicando unas breves palabras al contenido del acto y a la música que sonó de fondo a lo largo del emotivo encuentro. Hay que recordar que 102 profesionales sanitarios han fallecido en la pandemia y cerca de 130.000 se han contagiado, habiendo mostrado un comportamiento ejemplar y modélico, incluso con la entrega de sus vidas, tal y como he resaltado en muchas ocasiones, durante la pandemia, en este blog.

Hubo un hilo conductor en el homenaje, el principio esperanza, que se expresó en un vídeo conmemorativo, dando paso a la intervención del Rey con tres momentos que resalto ahora especialmente y que así ha hecho también su Casa Real, con unas palabras en las que puso de manifiesto que debemos honrar «…en este día la memoria de quienes no sobrevivieron a este tiempo, conservando intacto lo que toda crisis nos desvela, individual y colectivamente. Sigamos construyendo en su ausencia, pero con su recuerdo, un país mejor para las próximas generaciones…, subrayando que “…hoy regresamos a este lugar porque necesitamos y debemos recordar a todos aquellos que —hasta entonces y desde entonces— no están con nosotros. Y mostrar del modo más solemne nuestro profundo respeto, reconocimiento y admiración al personal sanitario que, desde los inicios de esta crisis, trabajó sin descanso, con determinación y total entrega tratando de contener una enfermedad para la que, en esos momentos, no se disponía de tratamientos ni vacunas…”. Asimismo, resaltó “…el reconocimiento a nuestros sanitarios y a quienes desempeñaron funciones esenciales en los momentos más duros. A todos —mujeres y hombres— que, en los días más sombríos, antepusieron su deber a su seguridad, actuaron de acuerdo con su conciencia cívica y solidaria, y dieron lo mejor de sí mismos, aportando como profesionales todo lo que sabían y, humanamente, todo el coraje y la voluntad que pudieron…”.

La música que acompañó diversas fases del acto oficial fue el “Intermezzo” de Pietro Mascagni, a cargo de la Orquesta de Radio Televisión Española, el “Hallelujah” de Leonard Cohen, a cargo del Orfeón Pamplonés y la canción “Por eso estamos juntos” [original: Por esto cantamos juntos] de Josu Elberdín, a cargo de la ya citada Orquesta de Radio Televisión Española y, de nuevo, el Orfeón Pamplonés. Destaco por ser más desconocida esta última, cuya letra resalto especialmente, porque “merece la pena vivir” y cantar cada mañana a la vida.  

Por la luz del amanecer cielo y tierra,
Por el olor a salitre de la brisa que acaricia el mar, que acaricia el mar
Por la luz del cielo y tierra, por el juego de los niños, y reír y saltar contigo, juntos, unidos y disfrutar de ser niños.
Por esto cantamos juntos, unidos hoy aquí
Por esto, por todo esto, merece la pena vivir
Por el tacto de tu mano, un beso,
siempre estás tan cerca de mí
Gracias por tenerte a mi lado
Por esto, por las mañanas cantamos a la vida.

Ahora, no quiero olvidar tampoco a Cohen, ni su Aleluya, cuya letra se desconoce por casi todo el mundo, porque sólo sabemos decir ¡Aleluya!, sin que alcancemos a comprender los momentos anímicos del cantor, de los que sólo recojo una estrofa: Oh, gente, yo ya he estado aquí antes, / he visto esta habitación y he caminado sobre este suelo. / Sabes, solía vivir solo antes de conocerte, / y he visto tu bandera sobre el arco de mármol, / pero escucha amor, / el amor no es ninguna clase de marcha militar victoriosa. / Es un frío y muy solitario «aleluya» / Aleluya, aleluya. / Aleluya, aleluya. Él nos ha acompañado durante muchos años, sobre todo a los que valoramos la belleza de las palabras cantadas, incluso cundo suenan a testamento vital que se declara a los cuatro vientos, llevadas en las alas del pequeño colibrí que tanto amaba, para quien lo quiera leer o contar, porque lo importante es saber disfrutar de los viajes cortos como a veces son los momentos bellos de la vida, en los que disfrutamos tanto. Seguirlo de cerca, volando por encima del coronavirus y sus circunstancias, es otra cosa, porque nos falta su alma, su preciosa vida. La del colibrí, la de Cohen cantando en su último disco, You want it darker (Lo quieres más oscuro), a modo de testamento vital: Escucha al colibrí / Cuyas alas no ves / Escucha al colibrí / No a mí. ¡Qué lección tan bella!, porque el colibrí sigue viviendo con su alma pequeña pero con un corazón que es el más grande del mundo. Como el que intento albergar en mi cuerpo acompañando a las personas que fallecieron durante la pandemia, a los profesionales sanitarios que entregaron todo, a los otros profesionales en general que nunca olvido y que nos prestaron tantos servicios (lo siguen haciendo…), a los que volaron hasta su cielo sin habernos podido decir a veces ni siquiera adiós. A todas sus familias y amigos, a los que se les ofreció un homenaje ayer, pensando siempre que nuestro futuro, ahora, se llama “esperanza” que, siendo fiel a Neruda, debe “regarse todos los días con Rocío”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El mindfulness (la atención plena) no es inocente

Sevilla, 15/VII/2021

En el Gran Mercado del Mundo casi todo se convierte por arte de Bezos (dueño de Amazon) en mercancía. Tampoco escapan de esta situación los movimientos de autoayuda o pseudociencias más o menos admitidas por la sociedad científica, también múltiples publicaciones, teniendo hoy una presencia mundial de gran calado un movimiento ecléctico o no con el pasado religioso que tiene, en torno a la atención plena (mindfulness), con millones de personas que lo siguen de forma bastante ciega, impuesto por multinacionales y organizaciones públicas o privadas, sin que el ejército americano se haya olvidado de programar cursos de iniciación y alta especialización para sus tropas distribuidas por todo el mundo, cuestión no inocente sabiendo todo lo que se mueve en torno al ejército en Estados Unidos y que después se vende al mundo mundial, con una ética de doble uso y de dudosa reputación.

Esto que también se mueve tiene aires de Mindfulness y un profesor de la Universidad de San Francisco (Lam Family College of Business), Ronald Purser, ante esta invasión de su llamada “técnica de atención consciente o plena”, se ha convertido en su azote por “los desafíos y problemas de introducir la atención plena en contextos seculares, particularmente con respecto a su encuentro con la modernidad, el capitalismo de consumo occidental y el individualismo”, en una publicación muy a la americana con un título sorprendente: McMindfulness: Cómo el mindfulness se convirtió en la nueva espiritualidad capitalista, con una reflexión introductoria que hay que saber leer entre líneas: “Mi objetivo es iluminar y, por ende, sacar a la luz un lado oculto que se ha enterrado bajo el bombo mediático [lo que se llama ahora “Hype”] y el sentimiento antiintelectual de gran parte del movimiento mindfulness. Este proceso combate la amnesia social que conduce a la servidumbre de la mindful”. Este planteamiento tampoco es inocente, tal y como lo describió hace ya muchos años Georgy Lukács, en El asalto a la razón, aunque es recomendable su lectura como aviso para mentes todavía no despiertas ante el tsunami reparador que se nos viene encima con múltiples técnicas de apoyo emocional ante la pandemia: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

Llevo tiempo estudiando esta realidad psicosocial y terapéutica en determinados ámbitos de la salud mental, el Mindfulness, por lo que he considerado oportuno expresar mi opinión al respecto, con profundo respeto a quienes llevan a cabo esta actividad, con sus correspondientes programas, si parten de presupuestos éticos profesionales al conocer su verdadero alcance y sus serias limitaciones actuales.

La literatura científica, la de las pseudociencias y la de programación de autoayuda es prolija en este campo y después de una selección canónica desde los comienzos de su difusión e implantación, quiero detenerme hoy en unos análisis de base científica para intentar clarificar su situación actual a modo de aviso para navegantes en la atención plena, en el marco de la salud mental, del que nunca debe salir. En 2018 se publicó un artículo muy interesante, Los limitados efectos prosociales de la meditación: una revisión sistemática y un metanálisis, del que me quedo con su conclusión rotunda porque  considero que acierta en el diagnóstico de la situación actual ante la mindfulness, salvando lo que haya que salvar en las experiencias que se están llevando a cabo en nuestro país, con un marcado interés por los daños colaterales de la pandemia, por ejemplo, en los profesionales sanitarios, que cito textualmente para su consideración plena: “¿Puede la meditación hacer del mundo un lugar mejor? Todas las religiones del mundo prometen que el mundo cambiaría para mejor si las personas siguieran sus reglas y prácticas. La popularización de las técnicas de meditación en un formato secular está ofreciendo la esperanza de un mejor yo y un mundo mejor para muchos. A principios de la década de 1970, la Meditación Trascendental transmitió este mensaje abiertamente, anunciando que el creciente número de personas que practican esta técnica conduciría a la paz mundial a corto plazo. Los psicólogos que utilizan la atención plena u otras técnicas de meditación derivadas del budismo ahora están promoviendo ideas similares sobre los efectos prosociales de la meditación. En el prólogo del informe Mindfulness Initiative UK (2015) presentado en el Parlamento británico, Kabat-Zinn escribió sobre el profundo potencial de la meditación para producir cambios sociales. A pesar de estas grandes esperanzas, nuestro análisis sugiere que es probable que la meditación tenga un efecto positivo, pero aun relativamente limitado, para hacer que las personas se sientan o actúen de una manera sustancialmente más conectada socialmente, o menos agresiva y con prejuicios. En comparación con no realizar ninguna actividad nueva emocionalmente atractiva, podría hacer que uno se sintiera moderadamente más compasivo o empático, pero nuestros hallazgos sugieren que estos efectos pueden ser, al menos en parte, el resultado de debilidades metodológicas, como los prejuicios introducidos por el maestro de meditación, el tipo de grupo de control utilizado y las creencias y expectativas de los participantes sobre el poder de la meditación. Esto, por supuesto, no invalida las afirmaciones del budismo o de otras religiones sobre el valor moral y, eventualmente, el potencial de cambio de vida de sus creencias y prácticas. Sin embargo, la adaptación de las prácticas espirituales al laboratorio adolece de debilidades metodológicas y está parcialmente inmersa en una neblina teórica. Antes de poder realizar una buena investigación sobre los efectos prosociales de la meditación, es necesario abordar estos problemas”.

Si interesante es esta conclusión científica, todavía más lo es el conjunto de conclusiones de otro artículo publicado también en 2018, de vital interés para estas líneas de divulgación científica, Mind The Hype [el sobredimensionamiento de la Mente]: una evaluación crítica y una agenda prescriptiva para la investigación sobre la atención plena y la meditación, a través de cuatro razonamientos, con un peso específico en la crítica constructiva de esta corriente terapéutica, para no volver a sacarla del mundo laico en el que se debe desarrollar, la salud mental, junto a sus profesionales, porque “Los neurocientíficos y científicos psicológicos contemplativos, junto con otros investigadores que estudian los procesos mentales y los mecanismos cerebrales que subyacen a la práctica de la atención plena y los tipos de meditación relacionados, tienen una cantidad considerable de trabajo para lograr un progreso significativo. Debería dedicarse mucho trabajo a mejorar el rigor de los métodos utilizados, junto con la precisión de la publicidad en los medios de comunicación y eliminar los malentendidos públicos causados ​​por el pasado «Mindfulness Hype» indebido. Estos esfuerzos deben llevarse a cabo en varios frentes relacionados, que literalmente son los siguientes:

1º. Deben aclararse los diversos significados posibles de «atención plena». Para hacer frente a las ambigüedades semánticas inherentes predominantes, los investigadores deben adoptar una terminología más matizada y enfocada con precisión para referirse a los distintos estados mentales y físicos distintos, así como a comportamientos abiertos que a menudo se asocian con menciones de «atención plena». En la medida en que la investigación futura involucre cuestionarios de autoinforme sobre la atención plena, se deberían desarrollar otros nuevos que incorporen terminología específica. Los modelos teóricos formulados para dar cuenta de los datos también deben considerar estos nuevos términos clave.

2º. Los estudios futuros sobre la atención plena deben ajustarse a las lecciones aprendidas de la actual «crisis de la replicación» en la ciencia psicológica y otras disciplinas científicas relacionadas. Por ejemplo, son deseables los experimentos prerregistrados y las réplicas de la atención plena de ciencia abierta. Se necesita una disciplina adicional especialmente a la luz de la creciente y problemática evidencia metaanalítica de que, al igual que algunos otros temas populares “ostentosos” de investigaciones psicológicas y neuronales, las investigaciones pasadas sobre la atención plena han sucumbido a estas prácticas cuestionables.

3º. Las aplicaciones clínicas futuras que involucren intervenciones basadas en la atención plena deben buscar lograr una mayor uniformidad y un mejor control, especialmente donde aún no se han encontrado respuestas definitivas. Es fundamental que quienes llevan a cabo investigaciones clínicas proporcionen advertencias sobre la medida en que sus hallazgos de investigación se generalizan a la práctica clínica. Además, los investigadores y los médicos deben estar en guardia, educados y alentados a abordar los posibles efectos adversos derivados de las prácticas de atención plena. La investigación sobre la naturaleza y el alcance de los posibles efectos adversos debería recibir más atención y financiación gubernamental, debido a la creciente participación del público en la práctica de la atención plena.

4º. A medida que continúan emergiendo a través de los avances tecnológicos en los métodos de neuroimagen, los nuevos hallazgos de la neurociencia contemplativa sobre los procesos mentales y los mecanismos cerebrales de las prácticas de atención plena deben informarse con la debida modestia. Su importación en protocolos para la práctica clínica futura debe esperar una investigación adecuada de la posible importancia práctica que pueda acompañarlos. Este proceso de investigación tendrá que lidiar con diligencia con los muchos desafíos antes mencionados que aún deben ser superados por la comunidad de la neurociencia contemplativa.

Lo expuesto anteriormente es un serio aviso para navegantes de la llamada “ciencia contemplativa” en la que pretende soportarse la atención plena, el mindfulness. A todo lo expuesto anteriormente, añadiría personalmente la urgente necesidad de que se lleven a cabo evaluaciones formativas del proceso, y sumativas, las finales, de lo que se ha desarrollado en nuestras organizaciones públicas, donde el mindfulness ha entrado como un ciclón salvador, sobre la base de lo dicho anteriormente en los artículos citados, que se deberían contrastar con la atención profesional que merecen, así como en la adopción de medidas evaluadoras de gran calado antes de seguir llevando a cabo más experiencias al respecto, porque evaluar es emitir juicios bien informados. Así lo aprendí de Carol Weiss (2), es decir, asumir la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas. No existe esta cultura en España y a nivel de ciudadanía somos muy tolerantes con este tipo de actividad que es fundamental para ponderar qué se hace en la trastienda de la Administración Pública con sus múltiples programas organizativos, entre los que se pueden encontrar, entre otros muchos, este tipo de actividades expuestas anteriormente. Al exponer la necesidad imperiosa de las evaluaciones de las actividades que se están llevando a cabo en la Administración Pública en relación con el Mindfulness, quiero hablar claramente de sus correlatos obvios, la transparencia pública y la información asociada del gasto público de todo lo que se desarrolla en el sentido expuesto en este artículo, que es la que más me interesa, teniendo en cuenta que la política transparente es aquella que transmite las acciones de gobierno de forma “clara, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”, tal y como define la Real Academia Española la cualidad de transparente, es decir, la transparencia.

Una cosa más. Cuando hablamos de Mindfulness estamos hablando siempre del cerebro humano, una maravillosa estructura que contiene todas las posibilidades para atender plenamente la vida diaria de cada persona. Pero lo más interesante es que el cerebro permite grabar poco a poco la ética de cada vida a través de la inteligencia, que se desarrolla e instala en él a lo largo de la vida; que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, estresantes casi siempre, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, nuestra ética personal e intransferible, lo que he llamado muchas veces en este cuaderno digital la “solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso, que mediante unas páginas de un libro que publiqué en 2014, Origen y futuro de la ética cerebral, pueden ayudar ahora a conocer cómo las estructuras del cerebro justifican nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo con atención y conciencia plena (Mindfulness ético) ante lo que está pasando.

(1) Lukács, G., El asalto a la razón, 1976, Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

(2) Weiss, C.H., Evaluation. Methods for studying programs and policies, 1998, New Jersey: Prentice Hall.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Sólo Federico

Ilu Ros junto a Federico, su obra

Sevilla, 14/VII/2021

Decía el poeta ítalo-argentino  Antonio Porchia (1885-1968) que se sabe lo que se entrega, pero no lo que se recibe: sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido. Recientemente, me han regalado un libro precioso, Federico, una biografía del gran poeta granadino, de cuyo nombre, sólo su nombre, quiero acordarme ahora expresamente, ilustrada por Ilu Ros y editada por Lumen (1), con un claro objeto de deseo: expresar en palabras lo que he sentido al recibirlo como regalo. Agradecimiento eterno, por encima de todo. Es una edición muy cuidada, una aventura atrevida, aunque Federico es siempre una garantía de que cualquier viaje que iniciemos con él siempre será hacia alguna parte. Es un libro didáctico, sobre todo, que demuestra la importancia que tiene saber divulgar en nuestro aquí y ahora tan particular, una vida ilustrada de Federico como alma de nuestra memoria histórica como país.

Ilu Ros ha hecho un trabajo extraordinario al dibujar la vida del poeta granadino teniendo en cuenta fuentes solventes y donde se refleja siempre la forma de ser y estar Federico en el mundo. He leído varias entrevistas de la autora porque quería conocer el proceso de elaboración del libro desde que le ofrecieron la posibilidad de dibujar una historia tan compleja y rica a la vez, sus miedos iniciales, sus dudas, su elección del color según se mire por el cristal de la vida del poeta, en definitiva el respeto reverencial a su palabra en todos los formatos posibles y la elección del título que ya era un compromiso desde que se concibió la forma de llevar a cabo este proyecto. Basta leer la introducción para comprender lo que esta maravilla encierra: “Federico solo hay uno” o algo que expresó en una entrevista reciente y muy interesante, en la que resumía en breves palabras su verdadero sentir en su bella obra ante una pregunta inquietante:

– “Y por último, Federico, ¿sólo hay uno?

– Hay más, pero está claro que cuando suena ese nombre él es de los primeros que se nos vienen a la mente. No hay sólo uno, pero ese uno sí que es eterno”.

Respuesta inteligente para abordar, página a página, esta biografía sentida y sintiente, aunque la sinopsis oficial del libro no deja tampoco lugar a dudas: “Federico solo hay uno. No le hacen falta apellidos. Un nombre que reconocen tanto niños como adultos, que suena a duende, a cante jondo y a romance popular, pero también a la vanguardia más rompedora. Un nombre que encarna la alegría y las sombras de España, la época más brillante de nuestra cultura desde la Edad de Oro, pero también la guerra y la vergüenza de un pueblo que nunca podrá perdonarse la muerte del poeta que más lo representaba. En este libro escuchamos las voces de aquellos que lo conocieron, desde su familia cercana hasta la legión de amigos y amigas que lo frecuentaron en sus años granadinos, en las juergas líricas de la Residencia de Estudiantes o a lo largo de su intensa vida literaria. Y, por supuesto, la suya propia: la del poeta, la del dramaturgo, la del conferenciante, con la claridad de unas ideas que hoy tienen la misma fuerza, y, por fin, la voz desnuda del hijo, del hermano y del amante enamorado. Ilu Ros fusiona voces y palabras con sus ilustraciones, que nos arrastran como la magnética personalidad de Federico García Lorca: icono de generaciones pasadas, presentes y futuras”.

Son 350 páginas bellas, muy bellas, que una a una siempre aguarda la siguiente para descubrir el caleidoscopio vital de Federico, como si deseara que nunca acabara la necesidad de conocer mejor a este poeta eterno. Sus retratos, múltiples, reflejan casi siempre un rictus de tristeza o melancolía, porque su alma, perfectamente captada por Ilu Ros, sufría cada momento que latía junto al corazón del niño que siempre fue y que descubrí en la interpretación reciente que he leído sobre su niñez rediviva, que también anoté en este cuaderno en el pasado mes de febrero. En esos días leí apasionadamente “Las cosas de Federico (2), una obra delicada y aleccionadora escrita por Mónica Rodríguez sobre el niño que Federico García Lorca siempre llevaba dentro, con ilustraciones que transmiten su alma: “Los cuentos y la imaginación nos permiten no solo ser más felices, también avanzar y crear, ponernos en la piel de otros, en este caso del pequeño Lorca, e incluso para cambiar las cosas y tener un mundo más justo”. Como en aquella ocasión, al presentar hoy la obra de Ilu Ros, Federico, tengo que manifestar alto y claro, a diferencia de los llamados “cazadores” de tesoros que los buscan para introducirlos en el tráfico mercantil, confundiendo siempre valor y precio, que disfruto más compartiéndolos sin más interés que seguir participando en la construcción de un mundo más feliz y digno para todos, como lo deseaba construir Federico, a través de la lectura necesaria de estas obras tan aleccionadoras y bellas.

No quiero finalizar estas palabras sin recordar las que he leído sobre ella en la editorial del libro (3), cuando narra una semblanza del año en el que realizó esta obra: “[…] se encerró a vivir un año con Federico García Lorca. Ahora, abre la puerta sonriente y nos invita a pasar a “Federico”, su nuevo libro, no sin antes avisar: “Los españoles tenemos una mancha de nacimiento en la frente que es el tiro que a él le pegaron”. Leer esta bella obra, contribuye a restañar sólo una parte de una terrible herida que aún perdura en nuestras almas y con un sólo nombre eterno, Federico.

(1) Ros, Ilu, Federico, 2021, Barcelona: Lumen.

(2) Rodríguez, Mónica, Las cosas de Federico, 2021, Lérida: Milenio.

(3) Ilu Ros (penguinlibros.com)

NOTA: la imagen de Ilu Ros en la fotocomposición de cabecera, se ha recuperado hoy de Ilu Ros (autor de Cosas nuestras) – Babelio

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Un cuento para un martes y trece

Sevilla, 13/VII/2021, martes

¡Cuénteme la verdad! En esta frase está encerrado un bello relato de la escritora Diane Setterfield, El cuento número trece, que nace en las primeras páginas de la novela cuando la afamada escritora inglesa Vida Winter escribe una carta a Margaret Lea, persona muy vinculada a una librería de su padre que ha trasteado desde que era pequeña, biógrafa de “perdedores” no de personajes de gran relumbrón y “cuidadora” de libros, pidiéndole que vaya a su casa para hacer algo que siempre está dando vueltas en su cabeza desde que un avispado periodista del Banbury Herald le solicitó en una entrevista que le contara la verdad: “Señorita Winter, cuénteme la verdad”. Ella tenía su propio criterio sobre la verdad con mayúscula y minúscula y así lo manifiesta en la carta citada: “Mi queja no va dirigida a los amantes de la verdad, sino a la Verdad misma. ¿Qué auxilio, qué consuelo brinda la Verdad en comparación con un relato? ¿Qué tiene de bueno la Verdad a medianoche, en la oscuridad, cuando el viento ruge como un oso en la chimenea? ¿Cuándo los relámpagos proyectan sombras en la pared del dormitorio y la lluvia repiquetea en los cristales con sus largas uñas? Nada. Cuando el miedo y el frío hacen de ti una estatua en tu propia cama, no ansíes que la Verdad pura y dura acuda en tu auxilio. Lo que necesitas es el mullido consuelo de un relato, la protección balsámica, adormecedora, de una mentira”.

La carta finaliza comunicando a Margaret Lea que ha llegado ese ansiado momento de contar la verdad, citándola para ese primer encuentro un lunes, en un lugar determinado y a una hora concreta. Lo que viene después hay que trabajarlo con la mente, los sentimientos y las emociones, hasta llegar a descubrir cuál es el cuento número trece, camino que no voy a desvelar hoy por razones obvias. ¿Por qué esta referencia de esta novela en un día como hoy? Fundamentalmente, porque es una fecha y un día de calendario que tiene mala fama, que casi todo el mundo conoce, sobre todo las personas que fijan bodas y cruceros, por el evidente riesgo popular que corren. Conocer la verdad de por qué esta mala fama, es una búsqueda de la verdad con minúscula que tiene múltiples interpretaciones aunque las más arraigadas culturalmente son las vinculadas con el valor simbólico de los números, donde el doce ocupa un lugar estelar y porque el uno y el tres, cada uno por separado, han jugado un papel muy importante en la historia de la humanidad. La elección de esta novela es un guiño al poder de la literatura para convertir algo aparentemente inútil en una muestra de nueva interpretación de la vida, de sus secretos más allá de los números queridos u odiados por sí mismos.

El título refleja el traído y llevado número trece que tanto intriga a personas y personajes de variado origen: “El título del libro deriva de una colección de historias cortas escritas por Vida Winter tituladas Thirteen Tales of Change and Desperation [Cuentos de cambio y desesperación]; esta colección, la cual debía haber tenido trece historias fue acortada a doce a la hora de publicarse. Aunque su título fue modificado apropiadamente y su cubierta se imprimió para leer Tales of Change and Desperation, un pequeño número de ejemplares fueron impresos con el título original y las doce historias. Esta pequeña tirada de prensa se convirtió en un objeto de colección (uno de los cuales tiene el padre de Lea). Muchos de los fanes de Winter consideraron la omisión de la decimotercera historia como un misterio encantador, queriendo todos una respuesta para ello. Durante el transcurso de la historia, a Lea se le pregunta más de una vez qué sabe sobre el cuento perdido y por qué nunca se escribió. Al concluir la novela, Lea recibe el tan esperado cuento número trece como un regalo de despedida de Vida Winter” (1).

El secreto de la distinción entre la verdad y la mentira del número trece lo refleja muy bien Vida Winter en la primera página de la novela, como cita premonitoria y a modo de dedicatoria, que aparece como referencia de sus cuentos famosos: “Todos los niños mitifican su nacimiento. Es un rasgo universal. ¿Quieres conocer a alguien? ¿Su corazón, su mente, su alma? Pídele que te hable de cuando nació. Lo que te cuente no será la verdad: será una historia. Y nada es tan revelador como una historia” (Cuentos de cambio y desesperación).

Hoy, cuando nos hemos despertado, este cuento sobre el día trece y martes sigue con nosotros, esperando su lectura y la mejor interpretación posible de la Verdad. Probablemente, podría ser tu historia, la mía o la nuestra jamás contadas, llenas de verdad, revelación y misterio en un día de calendario normal, según se mire.

(1) El cuento número trece – Wikipedia, la enciclopedia libre

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¡Qué difícil es querer y no poder!

Sevilla, 12/VII/2021

No hay mucho más que decir sobre esta frase, como hilo conductor que la ONG Educo ha escogido para dar a conocer su Campaña de Comedores Escolares de Verano, tan necesarios e imprescindibles en nuestro país: “EL VERANO NO ES IGUAL PARA TODOS. Con el fin del curso escolar, miles de niños y niñas se quedan sin beca comedor. Debido a la pandemia, muchas familias están viviendo bajo mínimos y, a pesar de no tener recursos suficientes, no reciben ninguna ayuda por parte de las administraciones públicas, o reciben una cantidad insuficiente. Más de 700.000 niños y niñas se van a quedar sin un apoyo económico para su alimentación este verano. ¿Qué va a pasar con ellos?

Tenemos la palabra y la obra. Que estos miles de niños y niñas de este país, en situación de pobreza y vulnerabilidad extremas, puedan comer una vez al día de forma equilibrada y saludable es cosa de todos y de cada uno. Este año, EDUCO repartirá “a más de 2.000 niños y niñas alrededor de 115.000 comidas entre junio y septiembre, en colaboración con 65 entidades que organizan distintas modalidades de campamentos. Además de garantizar la comida del mediodía, en muchas ocasiones también se da el desayuno y la merienda. No solo eso, sino que el programa también ofrecerá actividades educativas y de ocio, formación sobre el uso seguro de Internet y las redes sociales, o talleres de educación emocional. Los niños y las niñas tienen derecho a tener unas vacaciones y disfrutar del tiempo libre. Es algo básico si queremos asegurar su bienestar emocional”.

La campaña de este año lleva un denominador común claro, Madre, que narra “la jornada laboral de una madre con tres hijos en sus múltiples trabajos precarios. Así, la podemos ver al principio de limpiadora, para después marcharse a una casa a cuidar de un hombre mayor. Después, en vez de ir a su casa directamente, pasa por el piso de su casera, a la que, una vez más, le paga tarde el alquiler. La mujer le pide perdón, pero su interlocutora le advierte que no va a tolerar que suceda una cuarta vez. La última parada es su casa, donde la esperan sus hijos. Estos le preguntan si ha llevado comida y ella se queda totalmente muda, sin saber qué contestar. Avergonzada, agacha la mirada y los anima a que vayan todos a la cocina a preparar lo que haya. Los niños pasan el día solos, sin apenas distracciones y sin poder tener una comida completa al día. «Colabora hoy con las Becas Comedor Verano», reza el anuncio”.

Para que no se olvide este principio de realidad, porque ¡qué difícil es para una madre o padre querer alimentar dignamente a sus hijos y no poder! Aunque siempre tenemos a Benedetti y Luis Pastor para recordarnos que podemos hacer muchas cosas con el «tu puedo y mi quiero» de todos los días. Sobre todo, si vamos juntos, compañeros.

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Luis Pastor, Vamos juntos

NOTA: el anuncio está realizado por la Agencia Sra. Rushmore, con la productora: 37 Films, dirigido por Ana Lambarri y con la producción musical de Toni M. Mir – Trafalgar13 Music House. Quiero destacar la composición y voz de María Rodés en la canción de fondo.

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Mohamed Katir o de la Nada al Olimpo

Sevilla, 11/VII/2021

En tiempos de superestrellas del deporte, de sueldos millonarios y hasta casi insultantes, de apuestas deportivas con publicidad no controlada, de jugadores de todo tipo que se convierten en mercancía pura y dura en el gran Mercado del Deporte, hablar de un deportista de élite, Mohamed Katir (Alcazarquivir, 1998), hijo de emigrantes -su madre marroquí y su padre egipcio, de los nadies desde hace muchos años-, es un deber ciudadano al compartir su seña de identidad de este país (está nacionalizado como español desde 2019), que tanto los maltratan en determinadas esferas políticas, sociales y laborales para vergüenza y sonrojo de muchos. Sus padres llegaron en patera hace ya muchos años y tuvieron una vida muy difícil de integración social en este país.

Él mismo lo ha manifestado con una frase rotunda: vengo de la nada. Es verdad, porque su vida no ha sido fácil desde que llegó a España a la edad de cinco años. Ha corrido mucho para llegar donde está ahora, aunque su acceso a la élite deportiva no llegó hasta los 18 años, con un reconocimiento mundial en estos momentos y que se refrendará con su participación en la próxima Olimpiada de Tokio, representando oficialmente a España en la modalidad de 5.000 metros. Su nombre ha saltado a los medios de comunicación al haber obtenido el pasado viernes 9 de julio, en Mónaco, el récord nacional de los 1.500 metros en pista al aire libre, bajando el crono que mantenía Fermín Cacho desde 1997.

Ha vivido en Huesca y desde hace muchos años en Mulas (Murcia), sintiéndose siempre representante de ese pequeño pueblo porque se lo ha dado todo, fundamentalmente por su acogida a él y a su familia para vivir dignamente. Se siente muy feliz allí, aunque en relación con su especialidad de atletismo las condiciones que tiene en ese pueblo no son las adecuadas. Es una realidad que no tienen pista de atletismo y habitualmente ha entrenado en un descampado de tierra, subiendo hacia el monte, a la sierra de Espuña, junto a las oportunidades de los últimos tiempos al poder entrenar ya en los Centros de Alto Rendimiento (C.A.R.) del deporte español, con estancias en el CAR de Sierra Morena en Granada.

Katir corre siempre con un calcetín de cada color y con zapatillas de una prestigiosa marca de color rosa, con placa de carbono, espumas superreactivas y mini garras de grafeno en la suela en lugar de clavos. Lo mejor de lo mejor para alguien que viene de la nada, que lee y escribe preferentemente poesía, que sabe cuáles son sus orígenes y que prefiere tener los pies en el suelo antes que sentirse una estrella. Está demostrando con su tenacidad y esfuerzo que puede pasar en unos días de la Nada al Olimpo. Un ejemplo que observo y comparto con respeto, para no olvidar en la carrera diaria de la vida de todos, de cada uno.

Lo manifestado anteriormente me ha traído a mi memoria de hipocampo la historia paradójica de lo narrado hoy con lo ocurrido en 2012 a Samia Yusuf Omar, la atleta somalí que corrió entre todos los infiernos, que me ayudó a conocerla mejor, aunque era una experiencia desgarradora leer su joven trayectoria inhumana. Me imagino cómo le sonarían los aplausos en su carrera en los Juegos Olímpicos de Pekín (2008), a pesar de llegar la última y diez segundos después que sus competidoras. La verdad es que desconocía su existencia. Pero la noticia de su muerte en el mar, dada oficialmente en aquellos días como desaparecida al zozobrar el cayuco en el que viajaba desde Libia a Italia hacia una parte soñada, que buscaba Occidente para alcanzar una vida diferente, no me dejó tranquilo.

No era ni la más rápida, alta, ni la más fuerte, es decir, corría por las antípodas del espíritu olímpico en estado puro (Citius, altius, fortius). Pero demostró que el afán de superación es capaz de permitirte participar en muchas carreras de la vida, aunque llegues tarde. Y triunfar, finalmente, aunque en este caso es estremecedor leer e interiorizar lo ocurrido. Por eso sigo luchando para construir otro mundo, que es posible, aunque a veces llegue también tarde en determinadas carreras existenciales que otros preparan mejor. Se lo agradecí en ese momento a Samia por su ejemplo, impresionante, demoledor, con un sentimiento de culpa si no hacemos, no hago, todos los días algo más por los emigrantes en nuestro país o aquí en Sevilla, sin ir más lejos, que también sueñan en alcanzar orillas legítimas, en la clave que escribí un día como top mente.

No la he olvidado al escribir hoy sobre la bella historia de Mohamed Katir, porque tengo el deber de interiorizar el espíritu de lucha sin descanso y superar la carrera en la calle que me corresponda correr en mi mundo público, de todos, y en el de secreto. Con espíritu olímpico, aunque la verdad sea que no siempre somos los más rápidos, los más altos, ni los más fuertes en la Olimpiada de la Vida. Conviene que no olvidemos, con humildad, que muchos venimos de la Nada, como Katir. De ahí su gran ejemplo.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Mohamed Katir bate el histórico récord de España de Fermín Cacho (eldesmarque.com)

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Futuro imperfecto / y 10. ¡Venceremos!

Sevilla, 10/VII/2021

No debía finalizar, de otra forma, esta serie sobre el futuro imperfecto en nuestras vidas. La palabra ¡Venceremos! resuena en mis oídos como un himno a la resistencia ante acontecimientos no deseados, que podemos modular en cada tiempo presente y futuro, con una misión posible: vencer al enemigo que acecha en cada momento y lugar, representado por injusticias, miedos, pobreza, paro, represión de todo tipo y, ahora, un virus mortífero que ha sido un aviso para navegantes confiados de cuyo nombre ahora no quiero acordarme.

Cincuenta y un años después de conocerse la primera versión de ¡Venceremos!, en 1970, compuesta por Sergio Ortega, que fue interpretada por la Orquesta Sinfónica Popular de Chile, dirigida por Eduardo Moubarak, junto a Quilapayún en la formación en la que figuraban en ese momento Eduardo Carrasco, Carlos Quezada, Willy Oddó, Hernán Gómez, Rodolfo Parada y Rubén Escudero, deseo rescatarla hoy para reinterpretarla en un momento delicado para nuestro país. He consultado la carátula de aquél disco prohibido en una España que tenía una parte con el corazón helado, que me ha vuelto a emocionar, fundamentalmente por su significado en los años siguientes y porque en el rostro del niño que figura como reclamo del contenido revolucionario que había en la música y letra anunciada en esta grabación de estudio, se notaba un rictus de futuro imperfecto aunque acompañado de verde esperanza, que desembocaría sólo unos años después en el golpe de estado que sumió a Chile en un destino muy triste y desolador.  Además, he elegido hoy en este pequeño homenaje a una palabra que me conmueve siempre que la recuerdo, la versión 2ª con letra de Víctor Jara, a quien tampoco olvido, porque frente a la primera versión de Claudio Iturra, incorpora matices inolvidables que envuelven palabras que la engrandecen todavía más cuando lo recordamos cincuenta años después, con un respeto intacto a su trayectoria vital: campesinos, estudiantes, obreros, compañeros, mujeres que se unen a la causa o cómo “el pueblo” se sabrá levantar.

Con el respeto profundo que deseo manifestar una y mil veces al contenido de estas letras, ajustadas en el caso de la versión de la letra de Víctor Jara a la situación contextual de Chile a través de la Unidad Popular, hoy quiero resaltar el hilo conductor de la primera versión, porque creo que es necesario rescatar el hondo crisol de lo que entendemos por patria para que no se manipule por intereses bastardos y torticeros, el sentido del clamor popular que tan necesario es en sus manifestaciones de calle y la imperiosa necesidad de creer en una nueva alborada donde toda España pueda cantar. Recordando a las personas dignas y valientes, con ejemplos que las hacen imborrables en nuestra mente, motivándonos para no traicionar nunca lo que es lo mejor y bueno para todos, desterrando la idea de que cuanto peor sea la situación para todos, mejor.

Entonces, surgirá la necesidad de recordar, cantando, como personas nuevas, al estilo de Alberti (creemos el hombre nuevo cantando, el hombre nuevo de España cantando, el hombre nuevo del mundo cantando), el estribillo que nos unirá a todos, porque estará grabado en nuestra mente y en nuestros corazones: venceremos, venceremos, mil cadenas habrá que romper, venceremos, venceremos, la miseria sabremos vencer. Cada uno sabrá qué nombre poner a su actual miseria y a la de todos, coronavirus, pobreza severa, miedo, paro, desencanto total, desafección política, fracaso social, violencias gratuitas de género y de convivencia diaria, gobierno de mediocres, política impresentable y el terrible olvido de los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida.

Me retiro ahora a mi clínica del alma, mi biblioteca, donde guardo también las banda sonora de mi vida, con una elección para este momento muy clara, la versión de Quilapayún de ¡Venceremos! en su verdadero sentido de cuerpo y alma, la que siempre recuerdo como si fuera ayer en mi permanente futuro imperfecto.

NOTA: la imagen de cabecera se ha obtenido de la página oficial de Quilapayún, a quienes profeso respeto y agradecimiento por su trayectoria histórica y compromiso político a lo largo de los años: Quilapayún – Sitio oficial (quilapayun.com). El gráfico con las dos versiones de la letra de ¡Venceremos!, se ha realizado con las letras publicadas en el sitio web anterior. Reitero mi agradecimiento por esta disponibilidad pública.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Futuro imperfecto / 9. ¿Qué será, será…?

[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos.

Mario Benedetti, en Testigo de uno mismo

Sevilla, 8/VII/2021

Como se decía antiguamente en los programas de radio al escuchar los discos solicitados, las palabras que siguen están “dedicadas” especialmente a una persona que me lee a diario…, que me estará “leyendo”. También, a los miembros del Club Virtual de las Personas Dignas, porque necesitamos reconocernos en estos momentos. Aunando voluntades, sabemos que el futuro es nuestro.

Cuando era niño acudía con frecuencia al cine, porque era una de mis pasiones infantiles. Había uno en Madrid, el Vergara, local refrigerado por más señas, que estrenaba una película que no he olvidado a lo largo de los años, El hombre que sabía demasiado (1956), protagonizada por dos grandes maestros del cine americano, Doris Day y James Stewart. Tampoco, la canción de su banda sonora, ¿Qué será, será…?, cantada por Doris Day y que contenía una clave de “suspense”, que se decía entonces, junto a un estribillo que no comparto como persona de mente y alma inquietas, “Qué será, será / Lo que tenga que ser será / El futuro no es nuestro para que podamos ver / Qué será, será / Lo que tenga que ser será”. Un fatalismo dulce de los redomados pesimistas, es decir, optimistas bien informados.

En esta búsqueda de futuros imperfectos que he iniciado hace unos días, hoy quiero hacer referencia expresa a algo que ya figura en este cuaderno digital, en artículos anteriores en su fondo y forma: no acepto el conformismo, ni me conformo con la respuesta de Doris Day a qué será, será de nuestro futuro como personas, en un país tan dual y cainita como el nuestro, porque no es verdad que lo que tenga que ser, será, porque el futuro es nuestro para ver lo que queremos que sea España, que lleva dentro nuestras vida propia y familiar, sin más espera, con ardiente impaciencia. Dice Mario Benedetti más adelante en el soneto que cito en el encabezamiento de estas palabras que “la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío”. Es verdad, porque el conformismo lleva a un electroencefalograma plano de la inteligencia que inhibe para tomar conciencia de que el Sur también existe, como nos pasa con el conformismo en esta tierra de maría santísima, donde nos acaba dando igual el calor que el frío. Lo que ocurre es que cuando se decide salir del conformismo que nos invade, el pensamiento, acostumbrado al vacío, huye de ángeles y tahúres y busca desesperadamente la noche, para pensar en esta tierra…, a troche y moche, porque […] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos.

Hoy, recordando la famosa canción de Doris Day, no me conformo con aceptar el fatalismo del mundo en general que se anuncia casi a diario, con la desafección asociada de miles de personas a todo lo que se mueve en cualquier orden de la vida. Como ocurre en la película con su hijo en la ficción, escucho ahora atentamente un silbido de las personas que quiero, como llamándome la atención para no quedarme quieto ante esta situación extraordinaria en este país, derivada de la pandemia y sus daños colaterales, instalándome en el conformismo más absoluto.

Como la cultura es aleccionadora siempre, también a través del cine, he recordado también una película, El conformista, que me marcó mucho durante mi estancia en Italia en los años setenta del siglo pasado, aunque suene ya como muy lejano. Cada vez que escucho o leo algún texto sobre el conformismo, vuelve a mi filmoteca vital esencial aquella película excelente de Bernardo Bertolucci, porque aprendí a luchar -salvando lo que haya que salvar- con el personaje conformista que a veces llevamos todos dentro en el rincón del confort. Leyendo ahora las últimas noticias sobre el coronavirus en este país, he recordado también a Mario Benedetti, porque escribió en Testigo de uno mismo (1) un soneto del pensamiento, precioso, que me ha pre-ocupado (así, con guion), sobre todo por la segunda estrofa: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos. Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa? lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Norte o del Sur, que también existe.

Me preocupa mucho la situación de conformismo activo y desafección de valores universales que se detecta por tierra, mar y aire en este país y que se extiende como una mancha de aceite. El conformismo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, anula de un plumazo el futuro, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa o la de casi todos? La cosa es la vida misma, más allá del coronavirus, con su parafernalia personal e intransferible en cada persona que vive rodeada de cosas que cosifican, es decir, a la corta, más que a la larga, reducen a la condición de cosa a las personas. Porque ahí radica su peligro extremo: reducen a las personas a una cosificación inaceptable por medio del conformismo brutal que nos invade y que suele diseñarse muy bien por el enemigo, un artista de la mercancía política en hipermercados de la indignidad y de su economía propia y asociada. Muchas veces he ensalzado la figura de Papageno, el protagonista de la ópera de Mozart, La flauta mágica, porque su profesión es un modelo a seguir en muchas ocasiones para los inconformistas de cuna: encantador de pájaros, aunque no sepamos casi nunca a qué tipo de pájaros, con perdón, tenemos que encantar. Cada uno que lo aplique a quien corresponda.

En el imaginario social de nuestro tiempo moderno, el Club de las Personas Tibias tiene colas para inscribirse en él e incluso están obligando a sus directivos a plantearse crear listas de espera. El problema radica en que un subgénero muy numeroso en la actualidad, el de las Personas Tristes y Mediocres, sin Futuro, están ávidas de formar parte de este Club que se prodiga por doquier. Incluso hacerse con el poder sin escrúpulo alguno. La realidad es que están más cerca de nosotros de lo que a veces pensamos. Siempre he contrapuesto este Club al de las Personas Dignas, que poco a poco va incrementando su número de afiliados, afortunadamente, probablemente porque según el movimiento pendular de la historia, que ya preconizó en su momento Schopenhauer, lo necesitemos más que nunca. El Club de las Personas Tibias ignora que hay una cita memorable y de fácil recuerdo, del libro del Apocalipsis, que coincide con el número pi (3, 14-16), en la que Dios los abomina sin contemplaciones: “conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca”.

Estoy muy preocupado con la perpetuidad de este Club de las Personas Tibias, Tristes y Mediocres, desde tiempos del Apocalipsis. He escrito con frecuencia en este cuaderno sobre esta realidad y un compromiso de los que pertenecemos al Club Virtual de las Personas Dignas es desenmascararlos con prisa existencial y de supervivencia: “Estamos instalados en el reino de la mediocridad. Hay que desenmascarar a los mediocres, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión” (2).

¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida y el futuro a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados líderes políticos de los que hoy no quiero acordarme, pero que representan la denominada derecha cerril y carpetovetónica de este país, vuelvo a repetir, tan dual y cainita. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además sin futuro alguno, triste y tibio. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.

No hay duda alguna: el futuro será, será…, lo que nosotros, entre todos, con nuestro amor y sufrimiento, queramos que sea. Aunando voluntades y frecuentándolo con la dignidad necesaria.

(1) Benedetti, Mario (2014, 2º ed.). Testigo de uno mismo. Madrid: Visor Libros, pág. 122.

(2) https://joseantoniocobena.com/2015/02/17/hay-que-desenmascarar-a-los-mediocres/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.