El mindfulness (la atención plena) no es inocente

Sevilla, 15/VII/2021

En el Gran Mercado del Mundo casi todo se convierte por arte de Bezos (dueño de Amazon) en mercancía. Tampoco escapan de esta situación los movimientos de autoayuda o pseudociencias más o menos admitidas por la sociedad científica, también múltiples publicaciones, teniendo hoy una presencia mundial de gran calado un movimiento ecléctico o no con el pasado religioso que tiene, en torno a la atención plena (mindfulness), con millones de personas que lo siguen de forma bastante ciega, impuesto por multinacionales y organizaciones públicas o privadas, sin que el ejército americano se haya olvidado de programar cursos de iniciación y alta especialización para sus tropas distribuidas por todo el mundo, cuestión no inocente sabiendo todo lo que se mueve en torno al ejército en Estados Unidos y que después se vende al mundo mundial, con una ética de doble uso y de dudosa reputación.

Esto que también se mueve tiene aires de Mindfulness y un profesor de la Universidad de San Francisco (Lam Family College of Business), Ronald Purser, ante esta invasión de su llamada “técnica de atención consciente o plena”, se ha convertido en su azote por “los desafíos y problemas de introducir la atención plena en contextos seculares, particularmente con respecto a su encuentro con la modernidad, el capitalismo de consumo occidental y el individualismo”, en una publicación muy a la americana con un título sorprendente: McMindfulness: Cómo el mindfulness se convirtió en la nueva espiritualidad capitalista, con una reflexión introductoria que hay que saber leer entre líneas: “Mi objetivo es iluminar y, por ende, sacar a la luz un lado oculto que se ha enterrado bajo el bombo mediático [lo que se llama ahora “Hype”] y el sentimiento antiintelectual de gran parte del movimiento mindfulness. Este proceso combate la amnesia social que conduce a la servidumbre de la mindful”. Este planteamiento tampoco es inocente, tal y como lo describió hace ya muchos años Georgy Lukács, en El asalto a la razón, aunque es recomendable su lectura como aviso para mentes todavía no despiertas ante el tsunami reparador que se nos viene encima con múltiples técnicas de apoyo emocional ante la pandemia: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

Llevo tiempo estudiando esta realidad psicosocial y terapéutica en determinados ámbitos de la salud mental, el Mindfulness, por lo que he considerado oportuno expresar mi opinión al respecto, con profundo respeto a quienes llevan a cabo esta actividad, con sus correspondientes programas, si parten de presupuestos éticos profesionales al conocer su verdadero alcance y sus serias limitaciones actuales.

La literatura científica, la de las pseudociencias y la de programación de autoayuda es prolija en este campo y después de una selección canónica desde los comienzos de su difusión e implantación, quiero detenerme hoy en unos análisis de base científica para intentar clarificar su situación actual a modo de aviso para navegantes en la atención plena, en el marco de la salud mental, del que nunca debe salir. En 2018 se publicó un artículo muy interesante, Los limitados efectos prosociales de la meditación: una revisión sistemática y un metanálisis, del que me quedo con su conclusión rotunda porque  considero que acierta en el diagnóstico de la situación actual ante la mindfulness, salvando lo que haya que salvar en las experiencias que se están llevando a cabo en nuestro país, con un marcado interés por los daños colaterales de la pandemia, por ejemplo, en los profesionales sanitarios, que cito textualmente para su consideración plena: “¿Puede la meditación hacer del mundo un lugar mejor? Todas las religiones del mundo prometen que el mundo cambiaría para mejor si las personas siguieran sus reglas y prácticas. La popularización de las técnicas de meditación en un formato secular está ofreciendo la esperanza de un mejor yo y un mundo mejor para muchos. A principios de la década de 1970, la Meditación Trascendental transmitió este mensaje abiertamente, anunciando que el creciente número de personas que practican esta técnica conduciría a la paz mundial a corto plazo. Los psicólogos que utilizan la atención plena u otras técnicas de meditación derivadas del budismo ahora están promoviendo ideas similares sobre los efectos prosociales de la meditación. En el prólogo del informe Mindfulness Initiative UK (2015) presentado en el Parlamento británico, Kabat-Zinn escribió sobre el profundo potencial de la meditación para producir cambios sociales. A pesar de estas grandes esperanzas, nuestro análisis sugiere que es probable que la meditación tenga un efecto positivo, pero aun relativamente limitado, para hacer que las personas se sientan o actúen de una manera sustancialmente más conectada socialmente, o menos agresiva y con prejuicios. En comparación con no realizar ninguna actividad nueva emocionalmente atractiva, podría hacer que uno se sintiera moderadamente más compasivo o empático, pero nuestros hallazgos sugieren que estos efectos pueden ser, al menos en parte, el resultado de debilidades metodológicas, como los prejuicios introducidos por el maestro de meditación, el tipo de grupo de control utilizado y las creencias y expectativas de los participantes sobre el poder de la meditación. Esto, por supuesto, no invalida las afirmaciones del budismo o de otras religiones sobre el valor moral y, eventualmente, el potencial de cambio de vida de sus creencias y prácticas. Sin embargo, la adaptación de las prácticas espirituales al laboratorio adolece de debilidades metodológicas y está parcialmente inmersa en una neblina teórica. Antes de poder realizar una buena investigación sobre los efectos prosociales de la meditación, es necesario abordar estos problemas”.

Si interesante es esta conclusión científica, todavía más lo es el conjunto de conclusiones de otro artículo publicado también en 2018, de vital interés para estas líneas de divulgación científica, Mind The Hype [el sobredimensionamiento de la Mente]: una evaluación crítica y una agenda prescriptiva para la investigación sobre la atención plena y la meditación, a través de cuatro razonamientos, con un peso específico en la crítica constructiva de esta corriente terapéutica, para no volver a sacarla del mundo laico en el que se debe desarrollar, la salud mental, junto a sus profesionales, porque “Los neurocientíficos y científicos psicológicos contemplativos, junto con otros investigadores que estudian los procesos mentales y los mecanismos cerebrales que subyacen a la práctica de la atención plena y los tipos de meditación relacionados, tienen una cantidad considerable de trabajo para lograr un progreso significativo. Debería dedicarse mucho trabajo a mejorar el rigor de los métodos utilizados, junto con la precisión de la publicidad en los medios de comunicación y eliminar los malentendidos públicos causados ​​por el pasado “Mindfulness Hype” indebido. Estos esfuerzos deben llevarse a cabo en varios frentes relacionados, que literalmente son los siguientes:

1º. Deben aclararse los diversos significados posibles de “atención plena”. Para hacer frente a las ambigüedades semánticas inherentes predominantes, los investigadores deben adoptar una terminología más matizada y enfocada con precisión para referirse a los distintos estados mentales y físicos distintos, así como a comportamientos abiertos que a menudo se asocian con menciones de “atención plena”. En la medida en que la investigación futura involucre cuestionarios de autoinforme sobre la atención plena, se deberían desarrollar otros nuevos que incorporen terminología específica. Los modelos teóricos formulados para dar cuenta de los datos también deben considerar estos nuevos términos clave.

2º. Los estudios futuros sobre la atención plena deben ajustarse a las lecciones aprendidas de la actual “crisis de la replicación” en la ciencia psicológica y otras disciplinas científicas relacionadas. Por ejemplo, son deseables los experimentos prerregistrados y las réplicas de la atención plena de ciencia abierta. Se necesita una disciplina adicional especialmente a la luz de la creciente y problemática evidencia metaanalítica de que, al igual que algunos otros temas populares “ostentosos” de investigaciones psicológicas y neuronales, las investigaciones pasadas sobre la atención plena han sucumbido a estas prácticas cuestionables.

3º. Las aplicaciones clínicas futuras que involucren intervenciones basadas en la atención plena deben buscar lograr una mayor uniformidad y un mejor control, especialmente donde aún no se han encontrado respuestas definitivas. Es fundamental que quienes llevan a cabo investigaciones clínicas proporcionen advertencias sobre la medida en que sus hallazgos de investigación se generalizan a la práctica clínica. Además, los investigadores y los médicos deben estar en guardia, educados y alentados a abordar los posibles efectos adversos derivados de las prácticas de atención plena. La investigación sobre la naturaleza y el alcance de los posibles efectos adversos debería recibir más atención y financiación gubernamental, debido a la creciente participación del público en la práctica de la atención plena.

4º. A medida que continúan emergiendo a través de los avances tecnológicos en los métodos de neuroimagen, los nuevos hallazgos de la neurociencia contemplativa sobre los procesos mentales y los mecanismos cerebrales de las prácticas de atención plena deben informarse con la debida modestia. Su importación en protocolos para la práctica clínica futura debe esperar una investigación adecuada de la posible importancia práctica que pueda acompañarlos. Este proceso de investigación tendrá que lidiar con diligencia con los muchos desafíos antes mencionados que aún deben ser superados por la comunidad de la neurociencia contemplativa.

Lo expuesto anteriormente es un serio aviso para navegantes de la llamada “ciencia contemplativa” en la que pretende soportarse la atención plena, el mindfulness. A todo lo expuesto anteriormente, añadiría personalmente la urgente necesidad de que se lleven a cabo evaluaciones formativas del proceso, y sumativas, las finales, de lo que se ha desarrollado en nuestras organizaciones públicas, donde el mindfulness ha entrado como un ciclón salvador, sobre la base de lo dicho anteriormente en los artículos citados, que se deberían contrastar con la atención profesional que merecen, así como en la adopción de medidas evaluadoras de gran calado antes de seguir llevando a cabo más experiencias al respecto, porque evaluar es emitir juicios bien informados. Así lo aprendí de Carol Weiss (2), es decir, asumir la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas. No existe esta cultura en España y a nivel de ciudadanía somos muy tolerantes con este tipo de actividad que es fundamental para ponderar qué se hace en la trastienda de la Administración Pública con sus múltiples programas organizativos, entre los que se pueden encontrar, entre otros muchos, este tipo de actividades expuestas anteriormente. Al exponer la necesidad imperiosa de las evaluaciones de las actividades que se están llevando a cabo en la Administración Pública en relación con el Mindfulness, quiero hablar claramente de sus correlatos obvios, la transparencia pública y la información asociada del gasto público de todo lo que se desarrolla en el sentido expuesto en este artículo, que es la que más me interesa, teniendo en cuenta que la política transparente es aquella que transmite las acciones de gobierno de forma “clara, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”, tal y como define la Real Academia Española la cualidad de transparente, es decir, la transparencia.

Una cosa más. Cuando hablamos de Mindfulness estamos hablando siempre del cerebro humano, una maravillosa estructura que contiene todas las posibilidades para atender plenamente la vida diaria de cada persona. Pero lo más interesante es que el cerebro permite grabar poco a poco la ética de cada vida a través de la inteligencia, que se desarrolla e instala en él a lo largo de la vida; que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, estresantes casi siempre, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, nuestra ética personal e intransferible, lo que he llamado muchas veces en este cuaderno digital la “solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso, que mediante unas páginas de un libro que publiqué en 2014, Origen y futuro de la ética cerebral, pueden ayudar ahora a conocer cómo las estructuras del cerebro justifican nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo con atención y conciencia plena (Mindfulness ético) ante lo que está pasando.

(1) Lukács, G., El asalto a la razón, 1976, Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

(2) Weiss, C.H., Evaluation. Methods for studying programs and policies, 1998, New Jersey: Prentice Hall.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.