El ejemplo de una paloma equivocada

Sevilla, 19/VIII/2020

Facebook me ha vuelto a recordar hoy que hace exactamente seis años publiqué por primera vez un post que llevaba este título, en el marco de una serie en la que proponía que hiciéramos ese año un agosto diferente para dar otro sentido más humano y cercano a la expresión popular referida a este mes. De nuevo, comparto estas palabras porque siguen teniendo actualidad plena en este agosto tan especial. La situación del coronavirus en este país sigue demostrando que las palomas también se equivocan, en la clave del dilema eterno de la paloma de Alberti y su significado para las personas dignas que lo quieran entender, porque hay que «buscar los roles que nos corresponden y ser consecuentes con nuestra persona de secreto, pero sin renunciar a lo que cada uno tiene que hacer en la vida, para no equivocarnos. Es probable que si crecemos en valores, el mar siga siendo mar y la noche…, noche, aunque a veces tengamos que dormir en orillas que no nos corresponden, porque otros se han ido por las ramas».

Sigue teniendo vigencia plena.

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo,
que la noche la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama).

Rafael Alberti, La paloma. Entre el clavel y la espada (1941)

Acabo de leer las noticias del día y he recordado este maravilloso poema de Rafael Alberti, Se equivocó la paloma, en una interpretación para hoy mismo. Lo que ocurre a diario muestra un mundo en permanente confusión, aquí y allá, con daños y duelos diferentes, pero siempre con los interrogantes de una paloma confundida. Para personas que muchas veces pensamos que nos hemos equivocado de siglo al nacer e intentar vivir en otro mundo posible, no el del nunca jamás de Peter Pan, volver a leer pausadamente el poema de Alberti y escuchar la versión tan querida para mí de Serrat, sobre la primitiva del compositor argentino Carlos Guastavino, nos llena de interrogantes positivos que debemos despejar.

Por ejemplo, buscar los roles que nos corresponden y ser consecuentes con nuestra persona de secreto, pero sin renunciar a lo que cada uno tiene que hacer en la vida, para no equivocarnos. Es probable que si crecemos en valores, el mar seguirá siendo mar y la noche…, noche, aunque a veces tengamos que dormir en orillas que no nos corresponden, porque otros se han ido por las ramas.

El problema radica en que estamos viviendo momentos muy difíciles para hacer distinciones tan finas y al final…, mucha gente cree que todos somos iguales. Pero no es así. Todavía hay personas que son capaces de hacer reflexiones como las de Alberti y componer partituras para despejar esa confusión tan vigente hoy.

Es probable que haya palomas que ya no se equivocan, porque han aprendido de sus propios errores. Son las que vuelan alto y son capaces de estar por encima de lo que no conviene a los seres humanos, aunque todo lo humano nos pertenezca. A cada uno lo suyo, aunque creo que todos estamos convencidos de que las palomas son el símbolo de la paz para las personas de bien, que somos multitud a pesar de que algunos se encarguen de ignorarlo y de que, a veces, solemos remontar con dignidad el vuelo que nos consuela y pertenece. Aunque a veces se equivoquen y confundan -desgraciadamente para Andalucía- el sur con el norte, tan frío él, en la clave que un día aprendí de Benedetti, porque «… aquí abajo abajo / cerca de las raíces / es donde la memoria / ningún recuerdo omite / y hay quienes se desmueren / y hay quienes se desviven / y así entre todos logran / lo que era un imposible / que todo el mundo sepa / que el sur también existe.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Nos queda la palabra de García Lorca

PALABRA DE LORCA

Sevilla, 18/VIII/2020

Hoy se cumplen 84 años de un día del que no quiero acordarme, el asesinato de Federico García Lorca. Siempre está cerca de mi memoria de secreto y algunas veces, como hoy, en la de todos. He visitado de nuevo mi clínica del alma, mi biblioteca, para abrir un libro muy querido, negro y rojo, con un título programático: Palabra de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas (1). Ya comenté su llegada a mi casa en enero de 2018, cuando comencé a leerlo «con ilusión y respeto a la recopilación excelsa de palabras íntimas de Lorca, que no amaba este tipo de intervenciones públicas y privadas». Sigo aprendiendo de él a través de su lectura, porque en estos tiempos, tan aparentemente modernos, puedo conocer mejor a Federico, en días tan dolorosos como el de hoy, por su huella indeleble en las personas que lo siguen respetando por su vida y por su obra excelsa. A continuación, cito algunos párrafos de aquella primera impresión al acercarme con respeto reverencial a las palabras de Lorca, casi siempre últimas y que aún nos quedan.

«He localizado en mi biblioteca la edición que guardo, como oro en paño, de las Obras completas de Federico García Lorca en su edición de 1975, a cargo de la editorial Aguilar, buscando el capítulo dedicado en aquella edición a las entrevistas y declaraciones, sumando un total de treinta y nueve. Es una forma de contrastar un hecho representativo del conocimiento en este país de García Lorca en el año de la muerte de Franco, con la sorprendente edición actual en la que aparecen un total de ciento treinta y tres textos, entre declaraciones y entrevistas completas, algunas de ellas sorprendentes y sobrecogedoras, entre las que destaco la que se considera como última en sentido cronológico, publicada en 1978 por primera vez por su protagonista y amigo íntimo de Federico, Rafael Martínez Nadal, que narra su último encuentro en Madrid antes de que García Lorca partiera en tren hacia Granada, en un viaje que supuso su dolorosa ausencia hasta hoy. Conviene leerla varias veces para comprender bien la personalidad de Lorca y su presagio de lo que iba a ocurrir en fechas posteriores en aquellas calles de Madrid: “Rafael, estos campos se van a llenar de muertos”. Lo dijo exactamente el 16 de julio de 1936, un mes antes de su terrible asesinato.

Abro de nuevo el libro negro y rojo para seguir leyendo palabras de Lorca, con la sensación de que llegué a él, a su obra, “tarde, pero a tiempo”, como justificaba con sencillez extraña y andaluza su demora en las citas de declaraciones y entrevistas con personas que le buscaban desesperadamente para comprender qué significaba en España la libertad, sin ira, libertad. Son más de seiscientas páginas de sus palabras que, afortunadamente, se han encontrado para quedarse entre nosotros, en los rincones del alma».

(1) Inglada, Rafael (2017). Palabra de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas. Barcelona: Malpaso Ediciones.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

 

Sin ellas nada hubiera sido lo mismo

MERCEDES Y GABO

Sevilla, 16/VIII/2020

A Mercedes la conocí en Sucre, un pueblo del interior de la costa Caribe, donde vivieron nuestras familias durante varios años, y donde ella y yo pasábamos nuestras vacaciones. Su padre y el mío eran amigos desde la juventud. Un día, en un baile de estudiantes, y cuando ella tenía solo trece años, le pedí sin más vueltas que se casara conmigo. Pienso ahora que la proposición era una metáfora para saltar por encima de todas las vueltas y revueltas que había que hacer en aquella época para conseguir novia. Ella debió entenderlo así, porque seguimos viéndonos de un modo esporádico y siempre casual, y creo que ambos sabíamos sin ninguna duda que tarde o temprano la metáfora se iba a volver verdad. Como se volvió, en efecto, unos diez años después de inventada, y sin que nunca hubiéramos sido novios de verdad, sino una pareja que esperaba sin prisa y sin angustias algo que se sabía inevitable. Ahora estamos a punto de cumplir veinticinco años de casados, y en ningún momento hemos tenido una controversia grave. Creo que el secreto está en que hemos seguido entendiendo las cosas como las entendíamos antes de casarnos. Es decir, que el matrimonio, como la vida entera, es algo terriblemente difícil que hay que volver a empezar desde el principio todos los días, y todos los días de nuestra vida. El esfuerzo es constante, e inclusive agotador muchas veces, pero vale la pena. Un personaje de alguna novela mía lo dice de un modo más crudo: «También el amor se aprende» (1).

Los medios de comunicación se han hecho eco del fallecimiento ayer de Mercedes Barcha, conocida cariñosamente como la Gaba, la que fuera compañera inseparable de Gabriel García Márquez, después de haber compartido con él 56 años de sus vidas. La historia se repite y es justo reconocer hoy el papel que desempeñó en la vida literaria del escritor colombiano, no sólo como fuente de inspiración reconocida por todo el mundo en Cien años de soledad, como Mercedes la boticaria, sino la que siempre llevó la administración de la casa hasta límites insospechados, como empeñar bienes propios, calentador, secador de pelo y la batidora, para poder pagar el envío postal de su excelsa obra a una editorial para su posible publicación, porque no tenían dinero para hacerlo en su totalidad de páginas en el primer envío, truncado por la mitad, hasta donde les llegó el dinero. Esta es la parte material de su vida en común, pero ella fue mucho más: la que siempre estaba allí donde Gabo la necesitaba, en un sempiterno segundo plano de su realismo mágico personal. Así, cincuenta y seis años ininterrumpidos desde aquél precioso encuentro en Sucre.

He recordado inmediatamente el papel que jugó también en la vida de otro premio Nobel, Juan Ramón Jiménez, su compañera ejemplar, Zenobia Camprubí Aymar. La conocí por sus excelentes traducciones de Rabindranath Tagore cuando era niño (Pájaros perdidos) y también en la adolescencia inquieta: Zenobia Camprubí, la excelente compañera de vida de Juan Ramón, la enamorada impenitente de una persona extraordinaria en su realidad existencial, difícil, desaforada, extraña, alejada de un siglo en el que estaban obligatoriamente obligados a vivir y entenderse.

Zenobia Camprubí Aymar, mujer ejemplar en etapas de la vida “nacional” que nunca se tendrían que haber escrito, ha representado a la inteligencia creadora y comprometida de las mujeres del segundo plano, de aquellas que han dejado todo, en el pleno sentido de la palabra, para acompañar el éxito de sus parejas masculinas, en el que la retroalimentación ha sido en el mayor número de ocasiones un auténtico calvario de vaciamiento existencial. Y creo que la conocí mucho mejor en mis múltiples visitas a la Casa Municipal de Cultura “Zenobia y Juan Ramón”, en Moguer (Huelva), pueblo en el que viví algunos años (1976-1978) por temporadas, en el Hotel Fuentepiña, edificio desaparecido hoy en su función hotelera y recuperado para el pueblo, afortunadamente. En aquella Casa de Zenobia y Juan Ramón, el guía que la atendía con dedicación y primor, Pepito, siempre repetía las mismas frases de ternura hacia Zenobia, cuando subíamos a la primera planta y entrábamos en su habitación dormitorio: “qué guapa, verdad, siempre se dedicó a atender a Juan Ramón, porque él creía que siempre estaba enfermo”. Allí había un cuadro, con una fotografía de esta excelente mujer y para ella eran las palabras más cálidas de la visita. Tengo que reconocer que allí empezó mi interés por conocer su apasionante vida. Gracias a Pepito, enamorado de la obra y vida del matrimonio Jiménez-Camprubí, que en una de mis últimas visitas a Moguer, me enseñó con gran orgullo el perejil de plata que le habían entregado en la excelente Fundación Juan Ramón Jiménez, y que muchas veces me había sellado los libros que compraba en ediciones que casi nadie quería, pero de un valor incalculable por ser primeras ediciones, con las firmas autógrafas de Zenobia Camprubí de Jiménez y Juan Ramón Jiménez.

Zenobia vivió con dedicación plena a Juan Ramón, como Mercedes lo hizo durante 56 años con Gabriel García Márquez. Recuerdo de nuevo unas palabras que Andrés Trapiello dedicó en 2006 a Zenobia, con motivo de la publicación del tercer tomo de su Diario: “estamos ante una obra donde no cabe mayor seriedad: han sido dictados por la consciencia y por la paciencia, es decir, por un pensar y un padecer únicos y muy hondos”. Es una gran desconocida para el gran público porque todos los honores se los llevó siempre Juan Ramón, pero la lectura de su obra diaria permitirá recuperar la autenticidad y grandiosidad de esta mujer culta, inteligente, sensible, compañera, amiga y enfermera sempiterna de “su único hijo, Juan Ramón”, en un amor correspondido a su manera y que se traduce con exactitud existencial en su dedicatoria a los diarios: “A Zenobia de mi alma, que la adoró como la mujer más completa del mundo, y no pudo hacerla feliz”.

María Teresa León, la musa de Rafael Alberti, manifestó en un determinado momento de su vida que ella se había convertido en una cola de cometa, porque admiraba a Rafael y pensaba que era un genio absoluto, poniéndose detrás de él. Si había que priorizar una carrera, fue la de él, algo que sucedió a muchas mujeres en una de las dos Españas que en el siglo pasado nos helaba siempre el corazón. Al buen entendedor de olvidos, con pocas palabras basta. Ellas, hoy, lo merecen todo, en letra grande, con emoción política y con la dignidad de la memoria histórica que merecen. Con melancolía.

Ahí está la clave del éxito de Gabo, Juan Ramón Jiménez y Alberti, como ejemplos del papel que desempeñaron sus compañeras de viaje literario: sin ellas, nada hubiera sido lo mismo. En el caso de Gabo, porque su auténtica musa tenía un nombre sugerente siempre: Mercedes. Una metáfora de amor que duró mucho tiempo porque desde sus años jóvenes compartieron una lección de vida que no olvidaron en su largo caminar: el amor también se aprende.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.elsoldemexico.com.mx/cultura/gabriel-garcia-marquez-mercedes-barcha-anecdota-cien-anos-de-soledad-5630800.html

(1) Las palabras que encabezan este artículo narran la historia de amor entre Gabo y su esposa Mercedes Barcha, contada por el propio escritor colombiano en “El olor de la guayaba”, en una entrevista concedida al periodista Plinio Apuleyo Mendoza: https://fundaciongabo.org/es/noticias/articulo/una-metafora-de-amor-que-se-convirtio-en-realidad-la-historia-de-gabriel-garcia

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Stefan Zweig se enamoró de Sevilla

Sevilla, 15/VIII/2020

Hoy es un día grande en Sevilla, sobre todo para los que aman a esta ciudad más allá de sus típicos tópicos, convirtiéndola en una sacrosanta ciudad cuando la verdad es que vive en una perpetua alegría laica, amante de sus aceras de libertad, como tantas veces he escrito en páginas de este cuaderno digital.

Como estoy frecuentando el futuro, al igual que Pereira, protagonista de una obra espléndida de Tabucchi, Sostiene Pereira, siguiendo la recomendación del Dr. Cardoso en su visita a la clínica talasoterápica de Parede (Cascáis), siempre pienso en esta ciudad y su desarrollo social para dejar atrás sus cifras dolorosas de paro y pobreza extrema, que las tenemos más cerca de lo que muchos piensan. En este sentido vuelvo a leer a Stefan Zweig, porque él se enamoró de esta ciudad en la visita que hizo en 1905, pensando que “aquí se puede ser feliz” a pesar de todo.

En medio de tanta tristeza por el virus que acecha en muchos frentes, quiero recordar hoy, en un día muy importante para la Sevilla de toda la vida, porque celebra el gran día de su patrona, esas palabras tan amables de Zweig, dedicadas a esta ciudad en un libro suyo muy interesante, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (1), escritas por un joven de veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen. También he elegido para este momento mágico de enfrentarme ante la página en blanco de Calvino (Ítalo), un “momento estelar de la humanidad” que sobrecogió a Zweig, la resurrección de Händel a través de su obra magna “El Mesías”, que escucho con atención reverencial en una presentación didáctica de Radio Clásica (RTVE), que tanto aprecio. Quizá me ayude a comprender bien y en toda su extensión esa frase rotunda de Zweig, «aquí [en Sevilla] se puede ser feliz», tras una experiencia de juventud en esta ciudad.

Hace ciento quince años, comenzaba el autor austriaco sus apuntes sobre esta sacrosanta ciudad con una expresión que probablemente mantenga todavía hoy su vigencia: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así”. Y nos une a Salzburgo, a Mozart, declarando a ambas «ciudades gemelas». Cuando avanza en este hermanamiento (que alguna vez habría que honrar), aborda una cuestión dolorosa en la historia de Sevilla: “La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí se puede ser feliz”. Una reflexión que bordea los típicos tópicos de esta ciudad pero que resuena todavía en agosto de 2020, cuando sabemos que Andalucía es una de las regiones españolas que está entre las diez con mayor paro en la Unión Europea.

Después de una incursión sobre las dos Españas, de Norte y Sur, que no tiene desperdicio, Zweig se adentra en lo que sabe que le une en Sevilla a su alma mozartiana: “Vamos primero en busca de la jovial barbería de Fígaro, suspirando por identificar, entre las numerosísimas casitas centelleantes, aquella en la que tuvo Don Juan esa encantadora y enrevesada aventura que nos relata Lord Byron en su poema. Aquí entona Fígaro sus cancioncillas, se oye a Carmen tararear sus habaneras, el arte ha repartido por estas calles sus símbolos más alegres, calles por las que ya trotó en su día el ingenioso hidalgo Don Quijote a lomos de su dócil Rocinante […] Sevilla no es el símbolo de España, pero sí su sonrisa”. ¡Qué hermosa definición de esta ciudad!

Recuerda también el paso por la civilización árabe en Andalucía, en esta ciudad, de la que aprendimos “el arte de vivir”. Más allá de los grandes edificios, Zweig se detiene a detallar una realidad del legado árabe: las casas y su distribución exterior e interior, con la incorporación sevillana de ventanas y balcones “rompiendo las paredes cerradas de los árabes”, llenando de luz las estancias. Fachadas de colores claros, puertas (abiertas, a falta de recelo y desconfianza), pasillos con azulejos, patios, flores, fuentes, “incluso en la judería», cerca de la casa natal de Murillo. Se adentra en un análisis de las mujeres en fiestas de primavera en Sevilla, que como las flores tienen algo así como su belleza efímera, deslumbrado por la gracia en la forma de bailar flamenco: “El baile es aquí lo que siempre ha de ser: un arte que surge de forma natural de la gracilidad del cuerpo, de sus movimientos, de sus gestos de deseo, de la excitación que produce el ritmo; no es un arte limitado al juego de piernas, sino que busca el placer y la alegría de ir trazando líneas, la flexibilidad y el cimbreo, un arte que trata de desarrollar todas las formas de belleza a que puede aspirar el cuerpo humano”.

Finaliza su semblanza recordando que, junto a este ambiente festivo, Sevilla, como sonrisa de España, esconde un pasado lleno de sobriedad y grandeza. Habla de forma breve de su Semana Santa y dedica unas palabras hermosas a la panorámica que ofrece la ciudad desde lo alto de la Giralda: “Al contemplar tamaña riqueza cromática se entiende bien que Velázquez y Murillo sean hijos de esta ciudad, pregoneros eternos de su belleza, de la misma manera que los dramas de Lope de Vega han dado testimonio de su historia, y los músicos han sabido expresar su jovialidad”.

Hoy, en un día importante para Sevilla, es justo dedicar de nuevo este pequeño homenaje a Zweig y agradecerle simbólicamente sus visitas a Sevilla, pasando por el túnel del tiempo de ciento quince años encerrados en siglos tan diferentes, porque para él era una ciudad que ofrecía muchas cosas: “el disfrute de una vida llena de colorido, el ritmo vivo que marca los acontecimientos y ese allegro que revela una felicidad profunda”. Él comprende también la vanidad de Sevilla, porque quien no la ha visto, no ha visto lo maravillosa que es y no es capaz de reprochársela porque: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?».

Entendiendo así la persona de secreto de Zweig en Salzburgo y Sevilla, ¡ojalá pudiéramos decir -hoy y siempre- lo mismo de Europa, a la que tanto quiso y a la que un día ya lejano en el tiempo le tuvo que decir adiós!, dejando atrás entre otras esta amable experiencia en su vida, en una ciudad en la que se puede ser feliz, porque enseña el arte de vivir y es la sonrisa de España y del rostro de la vida. Palabra de Zweig.

NOTA: el vídeo que encabeza este post es la presentación de un documental, Alalá (alegría, en caló), que me emociona siempre que lo veo, porque es la otra Sevilla la que se refleja en él, la que más sufre por todo, la que también busca la felicidad legítima y a la que no deberíamos olvidar nunca.

(1) Zweig, Stefan (2015). De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto 2020 / y 10. La nueva ruta comercial de la “nueva seda”

NUEVA RUTA DE LA SEDA
 

Sevilla, 14/VIII/2020

Desde hace un mes y medio estoy esperando un regalo desde China que viaja en el tren transcontinental, desconociendo en la actualidad y con exactitud su punto de partida, -¿quizás la antigua Quinsai visitada por Marco Polo, hoy Hangzhou?-, el 19 de junio pasado, siguiendo un itinerario sorprendente, la nueva ruta de la seda. Hasta el momento en el que escribo estas líneas, sigo en situación de espera y muy atento a cómo va a continuar su viaje, pendiente de que se decida su salida en el International Hub de Duisburgo (Alemania), donde llegó el pasado 5 de agosto, habiendo recorrido varios países y estaciones concretas tales como Alataw Pass o  Puerta de Zungaria, un puerto de montaña fronterizo localizado entre la República Popular China al este y la República de Kazajistán al oeste, Rusia, Malasevic (Lublin, Polonia) y la llegada descrita a Duisburgo después de atravesar Bielorrusia.

Han transcurrido curiosamente 55 días desde que adquirí el regalo, que afortunadamente no está en Pekín, sino en un contenedor hermético rotulado en mandarín y viajando hacia Europa como los gusanos de seda (Bombyx mori) del siglo primero antes de Cristo. Para sobrellevar este largo viaje, instructivo por otra parte, repaso el atlas de mi infancia en una longitud de casi nueve mil kilómetros, subido a ese tren imaginario que avanza por trazados casi imposibles y con la ardiente impaciencia de saber por dónde va el susodicho regalo. Inmediatamente acudo a un clásico de viajes, como si fuera un Marco Polo redivivo, para intentar comprender la importancia de la seda desde su descubrimiento en China, unos mil quinientos años antes de Cristo y por qué se dio tanta importancia a esta fibra tan deseada por los detentadores de grandes poderes en la historia, civiles y religiosos sobre todo.

En esta larga espera he buscado en mi biblioteca Los viajes de Marco Polo o Libro de las maravillas, para comprender bien cuál es el atractivo de estos largos viajes por China y por su cultura, en la que el protagonismo del comerciante veneciano encuentra acomodo en los relatos que dictó a un amanuense, Rustichello de Pisa, que le acompañó durante su encarcelamiento en Génova en los años 1298 y 1299. De todas formas, he comprendido bien que el libro era más bien un tratado para mercaderes, puro y duro, sin muchas contemplaciones (aunque dicho en italiano suena como más elegante: Pratica della mercatura), porque con ocasión de la razón de mercado los viajes eran una forma de distraer la atención del auténtico sentido de su larga estancia en China. Sabemos por él que el papel para convertirlo en dinero era extraído de la corteza de la morera (morus alba). De ahí es probable que surgiera el nombre primitivo de su libro, El Millón, no los que conocemos hoy. Tres nombres y un origen o destino.

Marco Polo asombró al mundo con las maravillas que había contemplado, por ejemplo en China: “Quinsai, la moderna Hangzhou, la antigua capital de la vencida dinastía Song en Mangi (nombre que los mongoles daban a la China meridional), se reveló al veneciano como un lugar de maravilla absoluta que no dudó en definir como «un paraíso». En aquella época, la ciudad contaba con más de un millón de habitantes y sus dimensiones eran enormes. Todas las cantidades se cuentan por miles: 12.000 puentes, 100.000 guardias, 4.000 baños públicos, 30.000 soldados, banquetes con 10.000 comensales, palacios de 1.000 habitaciones, 1.600 millares de edificios, 50.000 personas en la plaza del mercado… Tanta es la admiración por este monstruo urbanístico y su comarca que le es difícil expresarla en palabras: “Es verdaderamente muy costoso describir la gran nobleza de esta provincia y, por lo tanto, callaré” (1).

Ensimismado en la lectura del comerciante veneciano, sigo sentado en la estación imaginaria de Duisburgo, paseando virtualmente, de vez en cuando, por esta ciudad, que se ha reconvertido en el nudo más importante de Alemania en relación con el tráfico ferroviario internacional, después de una larga crisis por la reconversión minera, atento a que en cualquier momento me avise el móvil de que el regalo citado sigue su largo viaje para completar una nueva ruta comercial de la nueva “seda” china. Dos mil quinientos años después, se repite la historia y espero con ardiente impaciencia la llegada a puerto, aeropuerto o estación, del regalo que viene de China, como si se tratara de la seda más bella del mundo, la “nueva seda”.

 
NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://es.wikipedia.org/wiki/Nueva_Ruta_de_la_Seda

(1) https://historia.nationalgeographic.com.es/a/marco-polo-y-maravillas-oriente_7469/6

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto 2020 / 9. El discreto encanto de un negativo

BLOWUP1

Sevilla, 13/VIII/2020

Los que nacimos en blanco y negro, y poco a poco pasamos al color por tecnicolor, conocemos bien el discreto encanto de los negativos. Cuando era niño me asombraba lo que ocurría con los carretes de una vieja máquina Agfa que rodaba por casa. El asombro fue mucho mayor cuando pasamos al color, porque era sorprendente obtener unas copias que reproducían fielmente lo que verdaderamente pasó en el momento de fotografiar a personas, paisajes o cosas. Era el realismo mágico de la vida que siempre tenía su valor porque veíamos finalmente el positivo después de una espera inquietante por el revelado que permitía finalmente ordenar y guardar las fotografías seleccionadas, cosa que difícilmente ocurre ahora con la revolución digital.

También me acuerdo, siguiendo la concatenación de los “me acuerdo” de Joe Brainard (1), del patio de mi colegio en Madrid, de aquella escalera mágica de madera que nos permitía contemplar a través del muro medianero que separaba el colegio de la distribuidora de películas contigua, los miles de fotogramas tirados al suelo, de forma desordenada, que podíamos recuperar con mil artimañas de niñez para intentar montar una película imposible, uniendo fotograma con fotograma al trasluz, como suele pasar en la vida real. De alguna forma, queríamos escudriñar los rollos de película de la productora, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos de forma imaginaria en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño. Yo me convertía en Totó durante ese tiempo, el protagonista maravilloso de Cinema Paradiso, contemplando los cortes obtenidos de la censura y señalados en el visionado con trozos de papel que insertaba en el rollo y que le dejaba ver el proyeccionista una vez cortados, su gran amigo Alfredo.

Lo que me ha pasado por la cabeza en estos momentos mágicos, lo explicaba muy bien Guillermo Altares comentando el libro de Brainard, Me acuerdo, como si fuesen los diferentes “negativos” de la vida: “Algunos Me acuerdo son pedazos inocentes de memoria, otros escarban en las partes ocultas de nuestras vidas, algunos tienen sabor, olor, luz, algunos son crepúsculos dorados y otros amaneceres tristes, muchos ni siquiera sabemos dónde han estado escondidos, los hay que son como las magdalenas proustianas y aparecen a borbotones. (¿En el fondo qué es En busca del tiempo perdido si no un gigantesco Me acuerdo?), pero todos ellos son importantes, todos ellos son nosotros. Los Me acuerdo son algo que tenemos que tal vez hayamos perdido, pero que hemos recuperado” (2).

Todo lo anterior viene a cuento porque estoy abriendo con profundo respeto una de mis cajas de sueños, numeradas, donde me encuentro con centenares de negativos de la gran película de mi vida, una historia jamás contada. Los negativos me impiden ver en directo lo que guardan y estoy en el proceso de “descubrir” este tesoro que tiene todo el encanto -a modo de pecio- de ser, quizás, páginas importantes de mi vida. En esta fase, he recordado una película de Michelangelo Antonioni (¡ay, el cine!), Blow-up, o Deseo de una mañana de verano (1966), como puede ser el de esta mañana de agosto, que en el año de su estreno, en plena juventud, me impresionó mucho dejándome la huella de preguntas inquietantes.

La película está basada en el relato de Julio Cortázar, Las babas del diablo, publicado en Las armas secretas, inspirado también por una experiencia parisina que le cuenta el excelente fotógrafo chileno Sergio Larraín a Cortázar y que Antonioni convirtió finalmente en el guion de la película; “En las redacciones periodísticas europeas se codean cuando ven entrar a Larraín: “Ese es el chileno de la Magnum, el fotógrafo de Blow-up”. Los fotógrafos de la agencia Magnum (la legendaria cooperativa fundada por Robert Capa y Henri Cartier-Bresson) no eran coquetos fotógrafos de moda, como el de la película de Antonioni. Eran los que mostraban al mundo lo que era imprescindible ver: las guerras, la miseria, la otra cara de la noticia. Pero eran épocas de leyendas, y la historia de Larraín daba de sobra para la leyenda” (3).

El hilo conductor de la película se desarrolla en la ampliación de una fotografía obtenida por un fotógrafo profesional en el Maryon Park de Londres, una escena impactante y una trama por descubrir de muchas formas posibles, cuya trazabilidad se puede analizar de forma detallada en un artículo, Blow UP – Michelangelo Antonioni (Análisis en profundidad), que desgrana el argumento antecedente y consecuente de la película y que recomiendo en una atenta lectura, para no descubrir ahora, nunca mejor dicho, el discreto encanto de un revelado de película y de sus sucesivas ampliaciones (blow-up en estado puro).

Vuelvo a mi caja de sueños que contiene centenares de negativos -que pronto serán positivos- para repasar una vida llena de blanco y negro en mi infancia y de un inmenso color después, fundamentalmente porque nunca quise ser ciego al color, como pasaba a los habitantes de las dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, que nos dio a conocer Oliver Sacks en un libro precioso, La isla de los ciegos al color. La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises, porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida sin dejar ninguno atrás, la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a veces a una fotografía o película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, recuperando esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Hasta que un día revelamos los negativos de nuestra vida, guardados con esmero en una caja de sueños, devolviéndoles la vida real que contienen en su discreto encanto del color o del blanco y negro, según la luz del momento, sabiendo en nuestra persona de secreto que tienen el tiempo dentro.

(1) Brainard, Joe (2009). Me acuerdo. Madrid: Sexto piso.

(2) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo), Cuando un recuerdo es algo que tenemosEl País (Babelia), p. 8.

(3) https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-187760-2012-02-17.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto 2020 / 8. Pasolini y Modugno o cuando no todo es volar 

Sevilla, 11/VIII/2020

Domenico Modugno no sólo cantó Volare, oh, oh, / cantare, oh, oh, oh, oh, envuelta en su melancolía característica, volviendo a nuestras casas casi todo los veranos. La verdad es que siempre me sorprendió la relación del cantautor italiano Domenico Modugno y Pier Paolo Pasolini, que muchas personas desconocen. Ocurrió con motivo de la letra de una canción, ¿Qué son las nubes?, que el cineasta italiano escribió y utilizó en la banda sonora de una de las seis historias de la película Capricho a la italiana (1968), que tenía el nombre de la canción, dirigida por Pasolini y cantada por Modugno, sirviendo de fondo a las escenas finales de su relato de apenas veinte minutos en las que Totó (en el papel de Yago) y Ninetto Davoli (en el de Otelo), dos actores muy apreciados por Pasolini, dan vida a los protagonistas de Otelo, el moro de Venecia, la excelente obra de Shakespeare, siendo arrojados finalmente a un basurero como títeres de la vida. Allí es donde Otelo se hace la gran pregunta, ¿Qué son las nubes? Antes, Modugno, conduciendo el camión que va a este basurero de la vida, canta la canción escrita por Pasolini, de la que entresaco unas estrofas shakesperianas, aunque suenan mejor en italiano:  “Al que roban que sonríe, roba algo al ladrón. Pero al que roban, cuando llora, se roba algo a sí mismo. Por eso os digo que sonreiré siempre y así nunca te perderé”. El estribillo nos daba claras señas de identidad de lo que la letra quería decirnos: “Todo mi loco amor por ti lo insufla el cielo, lo insufla el cielo. Es así”. El que está por encima de las nubes. Es así.

La película no fue bien vista en nuestro país, porque algunos de los directores de las seis historias, entre los que se encontraba Pasolini, eran “comunistas redomados”, a pesar de que el propio Pasolini filmara una de las mejores versiones de la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según San Mateo, que nunca se comprendió en su justo sentido, así como Teorema, con un hilo conductor apasionante: un visitante de una familia burguesa italiana que al final seduce a todos. La Iglesia, a través de la Oficina Católica Internacional del Cine (OCIC) la premió, confundida, porque asimiló el visitante al Espíritu Santo. Sin comentarios. Al poco tiempo, cuando comprendió su justo sentido, le retiró el premio, causando bastante tristeza a Pasolini que devolvió el premio que había recibido en 1964, también de la OCIC, por su película sobre el evangelio de San Mateo. El argumento de ¿Qué son las nubes? es de una actualidad apabullante porque trata sutilmente de la violencia de género en el contexto histórico de 1968, con una reinterpretación asombrosa de Otelo y la muerte de Desdémona. El público asistente asalta el escenario y se pone de lado de Desdémona y Casio, en un ataque frontal a Otelo y Yago, en sus artimañas para matar a Desdémona por celos, como cantaba Modugno, el basurero: “Estas palabras son solo palabras / Y nunca he oído que un corazón / un corazón roto / se cure. / El único y todo mi loco amor por ti lo insufla el cielo, lo insufla el cielo. Es así”.

Es importante resaltar también el fenómeno de la cuarta pared (aunque Pasolini lo represente todo en un local cerrado, aparentemente sin puertas), el público que interviene en el argumento, utilizando el director en los primeros planos de la película un cuadro de Velázquez, Las Meninas, en el que aparece el autorretrato del autor, como antesala de lo que allí va a ocurrir. Se plantea la dialéctica de un basurero y un títere, pero con un papel estelar para el público en general que presencia la representación de Otelo: “Cuando la platea inicia una rebelión subiéndose al escenario y alterando el curso de la historia (¿la Historia?) queda a cargo del asistente a la película la actitud a tomar. De la misma manera que Velázquez se incluía pintando dentro de los límites de su ya mencionado cuadro célebre, Pasolini se incluye dentro de su trabajo de corta duración dejando al descubierto no sólo cómo se construye una representación, sino también cómo ésta crea diversos tipos de espectadores. Acá éstos no son el Rey y la Reina, ausentes del campo y encarcelados en un reflejo, sino que pueden también constituirse como actores” (1). Todos podemos ser marionetas de la vida, sujetos a hilos que desconocemos, que nos mueven al antojo de otros y que nunca podemos romper.

¿Qué son las nubes? es algo mucho más profundo que una pregunta: “El movimiento popular destroza a Yago y a Otelo, pero Pasolini no olvida que son nada más que títeres que deben decir, so pena de ser dados de baja, un texto que no les pertenece. Y entonces les concede uno de esos maravillosos arrebatos líricos, de esas epifanías en las que es tan pródiga su filmografía. Ya arrojados por el sepulturero (el estercolero cantor) a un basural, desde allí, y sólo desde allí, desde su agonía, convertidos en hombres porque ya no sirven más para títeres, observan la naturaleza. El más joven dice: “Y eso ¿qué es?”. El más viejo le responde: “Aquellas son…son las nubes”. “¿Y qué son las nubes?”. “Quién sabe”. “¡Qué hermosas son! ¡Qué hermosas!”. “¡Dolorosa, maravillosa belleza de lo creado!”. La imagen congelada de las nubes recortándose en el cielo cierra el film”. Los títeres sólo han leído un argumento de Otelo pero no saben lo que quiere decir. Han pasado de largo por la vida.

A veces, la vida no nos permite tener altura de miras y valorar lo más próximo como la historia más maravillosa que nos puede ocurrir y que jamás será contada. O sí. El mensaje es claro: no sólo podemos volar y cantar, que también, sino que es necesario valorar siempre lo más próximo, que está muy cerca con todos sus valores pero que desconocemos. Como aquellos jóvenes de la famosa parábola de David Foster Wallace que recogió en un discurso que pronunció en 2005 en la ceremonia de graduación de los alumnos del Kenyon College (Ohio): “Van dos peces nadando por el mar y se encuentran con un pez más viejo que viene nadando en dirección contraria. El pez mayor los saluda y les dice, “Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?”. Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, “¿Qué demonios es el agua?”. Hoy, la pregunta se ha referido escuetamente a otra maravilla de la vida, las nubes, que a veces nos impiden ver el cielo o lo que es lo mismo, ¿Qué demonios son las nubes?

(1) https://emiliotoibero.blogspot.com/2014/06/que-son-las-nubes-de-p-p-pasolini.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El piano de Hiroshima sigue teniendo alma

Sevilla, 10/VIII/2020

El pasado 6 de agosto se celebró el aniversario del ataque nuclear a Hiroshima en 1945. En Nagasaki se repitió el ataque el día 9. Setenta y cinco años después recupero hoy las palabras que escribí en 2017 recordando un hecho insólito, la recuperación de un piano que fue testigo de aquella tragedia, entregándonos metafóricamente su alma, como la de los violines cuando nos entregan también su esencia a través de ella, como pieza clave de ese bello y frágil instrumento.

En estos momentos difíciles por la pandemia mundial de la COVID-19, vuelvo a escucharlo con una canción de fondo muy querida por el pueblo japonés, Furusato (el pueblo donde nací), porque nos recuerda que debemos volver cada día a nuestro rincón de paz. El piano, la intérprete, los niños y niñas que cantan y la propia canción tienen alma. Y ¿qué es el alma? No hace mucho tiempo, descubrí una respuesta a través de la literatura, en un libro precioso escrito por Mario Satz, El alfabeto alado: “Entre el alma humana y las mariposas existe un estrecho parentesco: lo que en una es oscilación y ascenso en las otras es aleteo y color. Aristóteles fue el primero en acuñar la palabra «psique» para designar ese nexo, y, tras él, poetas y pintores representaron el alma alada, frágil e inasible pero hermosa». Lo asombroso es que el piano de Hiroshima también tiene alma: oscilación y ascenso en sus notas, pero también aleteo y color.

El piano de Hiroshima

Hay noticias que pasan sin pena ni gloria a pesar de su trascendencia. El pasado domingo se entregó en Oslo el premio Nobel de la Paz a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares. El día siguiente, se celebró un concierto en honor de los ganadores del premio Nobel en el que hubo un protagonista especial, un piano Yamaha superviviente del ataque nuclear de Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Me parece un homenaje con música a un hecho vergonzante para la humanidad y que pervive en la mente del pueblo japonés a pesar del tiempo transcurrido. Como testigo de cargo, el piano todavía mantiene niveles bajos de radiación y se observan en su lacado negro restos de cristales que saltaron por la onda expansiva de la bomba al estar en su radio de acción.

Creo que es una imagen preciosa para recordarnos algo que pervive a través de los siglos, como expresión de paz en momentos de sufrimiento para las personas: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor. Lo sigue siendo en ambos mensajes porque ese piano, testigo vivo de una historia que no se debería haber contado jamás, nos entrega alegría a través de composiciones interpretadas por manos maestras. Al mismo tiempo, es medicina para el dolor de la memoria no olvidada.

Mitsunori Yagawa (65 años) ha manifestado recientemente (1) que «Durante el bombardeo de Hiroshima, todo lo que había en los dos kilómetros de la zona cero fue quemado y destruido. Este piano estaba dentro de este límite y sobrevivió milagrosamente». Él ha restaurado el piano y ha tocado en innumerables conciertos por la paz.

El piano tiene un nombre propio: Hibaku piano (el piano bombardeado). Para que no lo olvidemos, aunque se esfuerza, en los conciertos actuales, en entregarnos algo que siempre lleva dentro desde su fabricación en 1938. Los supervivientes que estaban cerca del piano callan todavía hoy porque no quieren hablar de aquella desolación. Entre ellos, el padre de Mitsunori Yagawa. Pero él nos muestra a través de la música la otra cara del horror, con objeto de que no se repita esa página tan triste en la historia de la humanidad.

En el vídeo que encabeza este post, se interpretan en el piano Hibaku tres obras breves de Chopin y Teiichi Okano. Me he detenido en la última porque es una canción que todos los niños y niñas japoneses aprenden en la escuela pública. Se llama Furusato (el pueblo donde nací) y es sobrecogedor cómo las personas asistentes a este concierto acompañan a la pianista Aimi Kobayashi con una letra de recuerdos especiales para todos, cantando al mundo cómo debemos volver cada día a nuestro rincón de paz:

Perseguía conejos en aquella montaña.
Pescaba pececillos en aquel río.
Aún hoy retornan aquellos sueños.
No puedo olvidar mi pueblo natal.

Padre, madre, ¿se encuentran bien?
¿Estarán bien mis viejos amigos?
Hasta cuando la lluvia cae y el viento sopla,
afloran los recuerdos de mi pueblo natal.

Algún día, cuando haya hecho realidad mis sueños,
volveré.
Donde las montañas son verdes, a mi pueblo natal.
Donde las aguas son claras, a mi pueblo natal.

Sevilla, 14/XII/2017

(1) https://www.clarin.com/mundo/piano-sobrevivio-bomba-atomica-hiroshima-sonara-manana-oslo_0_SyFTk65ZM.html

 

A Pedro Casaldáliga, con profundo respeto

PEDRO CASALDALIGA

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano, en Los nadies

 
Sevilla, 9/VIII/2020

Ayer leí una frase en un obituario singular dedicado por Juan Arias a Pedro Casaldáliga, un obispo español casi desconocido pero que era reconocido y apreciado por los nadies de su pueblo querido en Brasil donde vivió con ellos como uno más, que me sobrecogió profundamente al conocer la noticia de su fallecimiento: “Si Casaldáliga era el obispo de los olvidados, de los sin nombre, también decía que su corazón estaba lleno de nombres. “Al final de la vida me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres”. A pesar de haber sido nombrado obispo de São Félix do Araguaia, en el Matto Grosso, un territorio del Amazonas tan extenso como Grecia y hasta su fallecimiento a los 92 años, siempre estuvo lejos de la Iglesia oficial romana y cerca de los que menos tenían en esa región selvática desde que llegó allí en 1968. Comentaba con sus amigos que había recorrido esa gran extensión de tierra a caballo, porque no quería diferenciarse de las personas a las que tanto amaba. Era el profeta de los olvidados, de los sin nombre, de los nadies de Galeano en Brasil.

Hablo hoy de Pedro (“Llamadme Pedro a secas”, decía) porque fue un guía para mí en mis años de juventud. Hablo de hace más de cincuenta años, cuando los dos éramos jóvenes, yo bastante más que él. Eran años muy difíciles de la dictadura en este país y los jóvenes buscábamos alternativas a una forma de vivir que no nos gustaba y porque creíamos que teníamos que comprometernos con la liberación del pueblo, unos a través del sindicalismo y de la política, movimientos clandestinos ambos; otros, como era mi caso, a través del cristianismo de base, donde la teología de la liberación que empezaba a emerger en Latinoamérica nos parecía un modelo muy honrado y comprometido para encarnarnos con la realidad de los que menos tenían en este país. Nombres como Helder Cámara, Camilo Torres, Paulo Freire, Pedro Casaldáliga, Monseñor Romero y Ernesto Cardenal, entre otros líderes anónimos, eran referentes para muchas personas que queríamos transformar este país desde el compromiso social activo y revolucionario.

Pedro amaba la poesía. Conservo un libro escrito por él, Todavía estas palabras, donde tengo marcada una página con un poema, Te llamarán poeta, que comparto hoy con la Noosfera:

Te llamarán poeta
para reírse de tus razones
que desentonan de su razón;
para zafarse de tu Evangelio
que les cuestiona a su propio Dios.

Te llamarán profeta
para exigirte lo que no son,
para llevarte hasta la muerte,
y darte un póster en su salón.

Pedro forma parte de la galería de los imprescindibles de Bertolt Brecht. Recomiendo conocer su obra profética en São Félix a través de dos páginas web que recogen su obra escrita de forma muy completa: https://casaldaliga-causas.org/es/ y http://www.servicioskoinonia.org/Casaldaliga/.

En la primera, una sola frase resume excelentemente su obra prodigiosa de dignificación de la vida humana: “En 1968, Pedro Casaldáliga llegó al Araguaia, una tierra olvidada en la Amazonía brasileña, donde la única “ley era la de 38”. Entonces, abierta y radicalmente, optó por los peones y los indígenas que eran explotados por grandes terratenientes. Cincuenta años después, más de 15 comunidades rurales se han “conquistado” al latifundio y cientos de campesinos sin tierra e indígenas han recuperado sus tradiciones. El trabajo de Casaldáliga y su equipo ha sido crucial para que hoy el tejido social de Brasil sea activo y comprometido”.

Junto a las dos direcciones anteriores, para quien esté interesado en conocer la obra de Pedro, recomiendo también una tercera referencia, porque tengo en ella una parte de mi corazón, al poder compartir también en este cuaderno digital una publicación en una revista de compromiso activo, Misión Abierta, dedicada completamente a Pedro, en 1973, que subrayé casi en su totalidad, porque era un resumen concienzudo de lo que estaba pasando en esa región amazónica a la que Pedro quería llevar la libertad del alma humana, de sus habitantes, para alejarlos del poderoso caballero don dinero, el de los terratenientes para los que los olvidados, los sin nombre, los nadies, no eran nada. Me ha emocionado volver a leer muchas de sus páginas, porque he puesto en funcionamiento la moviola de mi vida y he recuperado mis ilusiones por cambiar el mundo, primero en este país que estaba bajo una dictadura sin compasión y para llevar a la sociedad un mensaje de libertad y transformación social para compartir la dignidad básica que todo el mundo merece por el mero hecho de ser personas. Sobre todo, la de los nadies en tiempos de la dictadura que con tanta facilidad olvidamos en este país.

Hoy sólo me queda dar las gracias a Pedro, con profundo respeto y gran admiración dondequiera que esté, porque en un momento importante de mi vida me ayudó a ser mejor persona. Sólo eso y no lo olvido.

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado hoy de https://casaldaliga-causas.org/es/

(1) https://elpais.com/internacional/2020-08-08/pedro-casaldaliga-el-obispo-de-los-olvidados.html

 
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto 2020 / 7. Principios de realidad y confianza ante la COVID-19

Sevilla, 8/VIII/2020

Si aplicamos el principio de realidad a lo que está ocurriendo en nuestro país, nos enfrentamos hoy a noticias cada vez más alarmantes, de las que entresaco una que produce bastante desasosiego: España es ya el país que acumula más contagios en Europa. Para aplicar el principio de realidad ante esta situación, es obligado tomar como referencia el último informe del Ministerio de Sanidad realizado el 6 de agosto de 2020 a las 14:00h, basado en “el análisis de los casos de COVID-19 notificados a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE) a partir del 11 de mayo de 2020, debido a la entrada en vigor de la nueva Estrategia de Vigilancia y Control en la fase de transición de la pandemia de COVID-19, a través de la plataforma SiViES (Sistema para la Vigilancia en España), que gestiona el Centro Nacional de Epidemiología conforme a los criterios establecidos en el protocolo de vigilancia en cada momento. Este informe refleja la información suministrada por las CCAA a la RENAVE”.

En este análisis se constatan 17 hallazgos, de los que destaco 14 que considero personalmente de mayor interés general:

  1. En el análisis de los casos notificados a la RENAVE con fecha de inicio de síntomas y fecha de diagnóstico posterior al 10 de mayo, y hasta las 14:00 h del 6 de agosto de 2020, se identifican 75.146 casos de COVID-19 en España. Un 5,4 % de los casos han sido hospitalizados, un 0,4% han sido admitidos en UCI y un 0,4% han fallecido.
  2. La mayor proporción de casos de COVID-19 se producen en el grupo de 15 a 59 años (69% del total).
  3. A nivel nacional, la incidencia acumulada de COVID-19 ha experimentado un aumento significativo del 24% desde la semana 29 (13-19 julio) a la semana 30 (20-26 julio) y del 17% desde ésta a la semana 31 (27 julio -2 agosto). El incremento se observa en todos los grupos de edad, y es relativamente mayor, entre las semanas 30 y 29, en los menores de 15 años, y en las dos últimas semanas, en los mayores de 69 años y en los menores de 15 años.
  4. Por CCAA, se observan una mayor razón de tasa acumulada en Asturias, Baleares, Madrid y Murcia, entre las semanas 30 y 29, y en Asturias, Cantabria, Castilla y León, Extremadura, Madrid y Melilla, entre las semanas 31 y 30.
  5. La evolución diaria de los casos y las hospitalizaciones de COVID-19 muestra una tendencia descendente hasta el 14-15 de junio. Desde mediados de junio, se aprecia un aumento en el número de casos, en las hospitalizaciones a partir de primeros de julio, y en los ingresos en UCI y defunciones a partir de la última semana de julio.
  6. El 49% de los casos de COVID-19 son mujeres y la mediana de edad de los casos es de 38 años, siendo mayor en mujeres que en hombres (39 vs 38 años).
  7. Con respecto a la distribución por sexo y edad de la población española, los casos de COVID-19, están sobrerrepresentados en las mujeres de 15-39 años y en las mayores de 84 años. La presentación de casos de COVID-19 en menores de 15 años de ambos sexos es relativamente baja.
  8. El 98% de los diagnósticos se realizaron con técnicas de PCR.
  9. Un 40% no refería contacto conocido con un caso diagnosticado de COVID-19. https://joseantoniocobena.com/2007/10/28/blogs-y-mision-cientifica/
  10. El ámbito más frecuente de exposición se da en el entorno del domicilio (30%).
  11. Un 7% de los casos son personal sanitario o sociosanitario. siendo significativamente mayor este porcentaje entre las mujeres que entre los hombres (10% vs 4%). El 71% del personal sanitario con COVID-19 notificado desde el 11 de mayo son mujeres.
  12. El porcentaje de casos importados es de 1,7%.
  13. En el análisis del tiempo transcurrido entre los distintos eventos, se observa que la mediana de tiempo entre el inicio de síntomas y el primer contacto con el sistema sanitario es de 2 días (RIC: 1-5 días), hasta el diagnóstico es de 3 (RIC: 1-5) y hasta el aislamiento de 1 días (RIC 0-3).
  14. Se estima una mediana de 3 contactos (RIC 1-5) identificados por caso.

De los datos anteriores se deduce que estamos ante una escalada importante en los rebrotes identificados, de los que se deduce que la población juvenil está seriamente representada, con una incidencia cada vez más alta según los datos de las dos últimas semanas en la población de menores de 15 años. Hasta el 14-15 de junio hubo una incidencia a la baja en todo el país, invirtiéndose esta realidad en las hospitalizaciones a partir de primeros de julio, y en los ingresos en UCI y defunciones a partir de la última semana de julio.

En relación a la afectación actual de los rebrotes de la pandemia por sexo y edad, llama la atención el dato de que los casos de COVID-19, están sobrerrepresentados en las mujeres de 15-39 años y en las mayores de 84 años.

Es importante resaltar que un porcentaje ya muy alto, 98%, los diagnósticos se realizan ya con técnicas de PCR. Es preocupante, por otra parte, que hay un hallazgo que crea bastante desconcierto porque el rastreo se complica, abriendo paso a la transmisión comunitaria: un 40% no refería contacto conocido con un caso diagnosticado de COVID-19.

Es importante resaltar también el dato de que el ámbito más importante de transmisión es el domicilio de las personas analizadas, es decir, el retorno de los lugares en los que probablemente se ha infectado cada persona transmisora abre la puerta a la transmisión familiar y comunitaria. Este dato debería llevar a una reflexión profunda de los jóvenes que frecuentan más las salidas y la movilidad diaria, volviendo luego a sus casas y transmitiendo comunitariamente el virus.

Por último, en este análisis ultrarrápido de divulgación de los hallazgos más importantes, hay que señalar el escaso impacto de los casos importados que alcanza la cifra de 1,7.

Reflejado este principio de realidad, me queda rescatar de nuevo el principio de confianza que debemos depositar en la información oficial que se puede verificar a diario en el portal específico del Ministerio de Sanidad en este ámbito de pandemia. Me ratifico en lo que ya escribí en la antesala de la declaración del estado de alarma el 14 de marzo de este año, en un post específico sobre este amargo asunto, Defendamos el principio de confianza en la sanidad pública: Es imprescindible en estos días estar atentos a lo que se nos comunica sobre el brote de coronavirus en el país. Recuerdo en estos momentos unas palabras de Mónica Bradford, directora ejecutiva de la revista Science, premio Príncipe de Asturias de Comunicación en 2007, sobre el papel que debe desempeñar la ciencia a la hora de transmitir datos científicos, que me enseñó en un determinado momento la importancia de saber comunicarlos a través de un blog como éste: “[…] Sin buenos comunicadores para ayudar a informar sobre lo que nos dicen los datos científicos, la sociedad sería más vulnerable a tomar decisiones malinformadas” (1). De ahí la responsabilidad de los poderes públicos al respecto o de espacios de divulgación social como son hoy los medios de comunicación social, blogs y redes sociales”.

Como decía entonces y sólo han transcurrido casi seis meses, quiero defender, una vez más, el principio de confianza en la sanidad pública. A pesar de los males que sigue sufriendo desde tiempo atrás, es innegable lo que hacen todos los días sus profesionales para atender a la población que la elige como principal recurso de atención a su salud. Fundamentalmente, la de aquellos que menos tienen y que gracias a un Sistema Público tienen garantizada la atención en cualquier caso. Ahora es cuando debemos defender de forma coordinada la importancia de nuestra contribución con impuestos al sostenimiento de estos servicios públicos y a la denuncia sin compasión alguna de la economía sumergida que pasa de largo en este tipo de contribución constitucional, legal y obligada”.

Después de la tempestad ha venido una relativa calma, llamada “nueva normalidad” que, por lo que estamos viendo a diario, está durando muy poco en determinados lugares de este país. Ahora toca trabajar sin descanso en unión y acatando las pautas de comportamiento social responsable ante una pandemia que nos afecta a todos, sin excepción alguna, sin olvidar que miles de profesionales del Sistema Nacional de Salud están siempre dispuestos a entregar lo mejor que tienen, conocimiento, aptitudes y actitudes, de forma heroica y con una generosidad extrema en muchas ocasiones, para mitigar un virus desbordante y del que todavía se sigue sabiendo más bien poco, para atacarlo con la rotundidad que todos esperamos que se alcance, en su fase actual y futura, en el menor plazo de tiempo posible.

El principio de realidad y de confianza, juntos, nos obligan a ser responsables de forma individual y comunitaria a tenor de lo que a cada uno le toca responder ante esta pandemia. Ya no valdrán aplausos a los profesionales, en los que decimos a boca llena  que confiamos pero no respetamos, sino sólo y exclusivamente pedir perdón y asumir la culpa que a cada uno corresponda de forma vergonzante si volvemos a las andadas. Seguimos confundidos muchos si creemos que la solución a esta pandemia es cuestión sólo del Gobierno correspondiente.

Quiero destacar por último que me adhiero a la «evaluación independiente e imparcial, por un panel de expertos internacionales y nacionales», sobre la gestión del coronavirus en España, que ha propuesto un grupo de prestigiosos científicos e investigadores españoles, según una carta publicada el pasado 6 de agosto en la prestigiosa revista The Lancet. Esta investigación debe centrarse «en las actividades del Gobierno central y de los gobiernos de las 17 comunidades autónomas», y debe incluir «tres áreas: gobernanza y toma de decisiones, asesoramiento científico y técnico, y capacidad operativa». Una evaluación objetiva y veraz permite siempre emitir juicios bien informados en beneficio del interés general. Fundamentalmente, para reforzar también el principio de confianza en las decisiones públicas gubernamentales que se toman en estos momentos difíciles de rebrotes de la COVID-19.

(1) https://joseantoniocobena.com/2007/10/28/blogs-y-mision-cientifica/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.