Leyenda en Cantabria

El hombre pez, en Liérganes – Escudo oficial de Cantabria – Fuente en Limpias, presidida por el Lábaro Cántabro

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.

José Hierro, en Alegría

Sevilla, 27/VIII/2022

Inicio hoy una serie dedicada a mi última singladura cerca del mar Cantábrico, en busca de islas desconocidas de una Comunidad Autónoma de cuyo nombre quiero acordarme hoy: Cantabria. La he titulado “Leyenda en Cantabria”, respetando el significado de la palabra “leyenda” que se mantuvo durante siglos en España, la “acción de leer”, porque he querido leer con objetividad plena la historia de una Comunidad que aprecio por diversas razones que explico más adelante. También, obviamente, porque existen leyendas en ella, según la acepción de esta palabra que se introdujo por primera vez en el Diccionario de la lengua castellana de la Real Academia Española, en su duodécima edición, en 1884: “relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos”, siendo la historia apasionante del Lábarus Cántabrus, la del Cristo de Limpias, las de sus innumerables cuevas con sus historias dentro, la Virgen de la Bien Aparecida, en Ampuero, o la del hombre pez de Liérganes, muestras objetivas de esta acepción, entre otras, de indudable interés en la Comunidad, algunas de ellas muy vinculadas con Andalucía.

Además, existen motivos en mi vida más que suficientes para acometer esta tarea de reflejar en palabras los sentimientos y emociones que he vivido a lo largo de mi estancia allí. La primera razón estriba en mi apellido, porque Cobeña es una localidad cántabra que conozco, cerca de Potes, que demuestra que la toponimia tiene mucho que decir sobre mis orígenes. En esa tarea estoy, en una investigación en marcha sobre la genealogía de un apellido que tiene algo diferencial, la “ñ”, tan común en esta Comunidad, algo que facilita el trabajo científico por la formas en que esa letra llegó a consolidarse en el abecedario castellano, agradeciéndole una vez más a Gabriel García Márquez su ardiente defensa ante una polémica decisión de la Comunidad Económica Europea en la década de 1990, que afortunadamente nunca llegó a mal término: “Es escandaloso, por decir lo menos, que la Comunidad Económica Europea se haya atrevido a proponer a España la eliminación de la letra eñe de nuestro alfabeto, y peor aún, sólo por consideraciones de comodidad comercial. Los autores de semejante abuso y de tamaña arrogancia deberían saber que la eñe no es una antigualla arqueológica, sino todo lo contrario: un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otras lenguas romances sigue expresándose todavía con dos letras. Por consiguiente, lo lógico no es que España tenga que renunciar a nada menos que a una de las letras de su propio nombre, sino que otras lenguas del paraíso europeo se modernicen con la adopción de la eñe”. Cantabria presume a diario de incorporar en su toponimia numerosas localidades que tiene la letra “ñ” dentro. Entre sus localidades, Cobeña, cerca de Potes, muy cerca de Lebeña, sin olvidar a Oreña.

Otra razón importante para justificar esta singladura literaria es descubrir a fondo el motivo de por qué está tan unida Cantabria con Andalucía y, concretamente, con mi ciudad natal, Sevilla. El escudo oficial, aprobado por la Ley 9, de 22 de diciembre de 1984, del Escudo de la Comunidad Autónoma de Cantabria, según normas heráldicas, muy controvertidas en la actualidad por la defensa de la identidad de la Comunidad a través del lábaro cántabro, recoge en su primer cuartel “la común tradición del emblema de la conquista de Sevilla, símbolo de ocho siglos de la actividad mejor definidora de la Cantabria marítima”. Asimismo, en la norma reguladora se expone que “El escudo de Cantabria es de forma cuadrilonga, con la punta redondeada de estilo español y el campo cortado. En campo de azur, torre de oro almenada y mazonada, aclarada de azur, diestrada de una nave natural que con la proa ha roto una cadena que va desde la torre al flanco derecho del escudo. En punta, ondas de mar de plata y azur”. En definitiva, la torre almenada representa la Torre del Oro, con una nave que rompe una cadena, reproduciendo el emblema de la conquista de Sevilla por marinos cántabros al servicio del rey Fernando III de Castilla en 1248. Simboliza la gesta militar llevada a cabo el 3 de agosto de ese año por la armada de la Hermandad de las Cuatro Villas al mando del almirante Ramón de Bonifaz, cuyas naves lograron romper la gruesa cadena que cerraba el paso por el río Guadalquivir y que dejó expedita la incursión al resto de la flota cristiana en busca ya del puente de barcas que unía Sevilla y Triana, que también se fracturó ese mismo día”.​ Tengo que decir que me interesaba conocer a fondo esa historia, porque mi apellido estaba en juego, sabiendo hoy como sé, después de mi investigación, que ese rey de Castilla fue el que conquistó también Córdoba en 1235, hecho en el que hubo un protagonista destacado, Álvaro Colodro, natural de Cobeña (en Madrid, en la actualidad), la localidad homónima a la de Cantabria, en proceso también de estudio y que me ha llevado a confirmar la hipótesis de que descendientes de Álvaro Colodro de Cobeña se asentaron por regalías en la provincia de Córdoba, a partir del siglo XIII y concretamente en Cabra, a comienzos del siglo XVI, donde he documentado la existencia de mis antepasados, estando en proceso de obtención de datos anteriores de mi apellido allí en los siglos XIV y XV, emparentados con la familia Colodro y Colodrero.

La tercera razón estaba vinculada con Castro Urdiales porque quería estar cerca de Ataúlfo Argenta, director de orquesta natural de aquella tierra y al que admiro desde mi infancia, recordando todavía como si fuera ayer el día que conocí su fallecimiento cerca de Madrid, ciudad en la que yo vivía en aquellos años de mi infancia. Le he seguido de cerca durante muchos años y todavía resuena en mi alma de secreto la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor, que tuvo el valor de dirigir el día de su estreno en París, en 1953, en plena dictadura. Se lo agradecí personalmente al pie de su estatua.

En este contexto, inicié mi incursión de leyenda en una pequeña localidad, Limpias, en la zona oriental de la Comunidad Cántabra. Probablemente, con el sentir de un soneto de José Hierro, Alegría, porque amaba a Santander aunque no fue su cuna, pero si su dolor eterno por ideología.

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era la alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía.)

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

La imagen de cabecera simboliza algo que me ha interesado descubrir leyendo a Cantabria: el hombre pez, en Liérganes y el escudo oficial de Cantabria, dos realidades que unen Andalucía con Cantabria, cada una en su tiempo y en su momento, Cádiz y Sevilla, respectivamente. También, un manantial de Limpias, presidido por el Lábaro Cántabro, que se reivindica desde hace tiempo como la identidad real de esta Comunidad. Tres realidades que tienen una “leyenda” dentro. Sobre todo, una “acción de leer”, digna y en su sentido primigenio, de una tierra preciosa.

NOTA: las imágenes han sido tomadas por el autor.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Avisos del hambre: si me ves, llora

Si mes ves, entonces lloraInscripción en la piedra del hambre de Tetschen-Děčín, República Checa

Sevilla, 26/VIII/2022

Una de las formas en las que naturaleza expresa sus quejas y avisos en silencio es a través de las llamadas “piedras del hambre”, como las que han aparecido en las orillas y algún fondo del Rin y del Elba, en Alemania y República Checa, respectivamente, en las que figuran en algunos casos los nombres de las personas y años en los que las depositaron en un determinado momento por la sequía que azotaba diferentes zonas de esos países. Como signo de respeto a una tradición multisecular ante estos fenómenos atmosféricos, Greenpeace, hace tan solo cuatro años, colocó una piedra del hambre en el lecho del río Elba, concretamente en agosto de 2018, en el extremo sur del Domfelsen, una formación rocosa cerca de la catedral de Magdeburgo, con la siguiente traducción del inglés: “Si me ves, es que la crisis climática ha llegado”.

Sabemos que no hay nada nuevo bajo el sol y estas denuncias de lo que puede pasar con las sequías, por ejemplo, ya se daban hace bastantes siglos en Europa central: “En Těchlovice, una localidad del distrito de Děčín al norte de la República Checa, en 1892, apareció en el lecho del río una piedra que fue leída por los barqueros que a su vez lo reportaron a los ciudadanos. La piedra tenía la siguiente inscripción a modo de oráculo: “Quien una vez me vio, lloró”. Otras piedras del hambre, tienen frases similares: “Han llorado, lloramos y llorarás”“Quienquiera que me vea ahora, llorará”, “Cuando me veas, llora” o “Si me ves llora”. Quizás sea la Inscripción en la piedra del hambre de Tetschen-Děčín, la que simboliza históricamente el mensaje propio y aleccionador de estas piedras: Cuando me veas, entonces [llora]. Otro dato importante es que la inscripción más legible en este lugar data de 1616. El problema no es nuevo, aunque las causas han cambiado profundamente.

La sequía que estamos atravesando en el país, donde los pantanos y embalses nos dejan contemplar los pueblos y sus edificios más representativos que fueron anegados por las aguas, descubren estas piedras aunque no contengan los mensajes indicados. Son una metáfora de la vida, porque no significan nada bueno. Los datos en la primera semana de agosto confirman las peores previsiones: España está instalada oficialmente en la sequía: “La reserva de agua de España ha caído esta semana al 39,2%, el nivel más bajo en estas fechas desde 1995, año en que se impusieron severas restricciones al consumo humano y se desplomó la agricultura. La situación es más grave en Galicia, Castilla y León, Extremadura, Andalucía, Cataluña y Navarra por la escasez de recursos hídricos, pero también han entrado en un escenario de emergencia zonas de las cuencas del Duero y del Ebro, al tiempo que los cortes de agua se extienden. Y no hay perspectiva de mejora: va a seguir haciendo calor como corresponde en verano, no se avizora que vaya a llover con la intensidad suficiente en el trimestre que viene y los embalses bajan a gran velocidad porque hay mucho turismo y los regadíos agrícolas están disparados, precisamente para intentar que no se pierdan las cosechas. Ante este panorama, los expertos hacen dos advertencias. La del Ministerio de Transición Ecológica es que se van a ver muy afectados los regadíos y los “sistemas menores” de abastecimiento humano, aunque “no es previsible que existan grandes problemas para mantener el suministro” en las grandes ciudades. Y la de Greenpeace es que la situación va a empeorar, porque de algunos embalses ya no se puede sacar el agua que almacenan. Están muertos”.

Personalmente, la inscripción en la República Checa me lleva a una reflexión más profunda: si vemos la desnudez y sequia éticas de la sociedad, a veces no nos queda otra que llorar de rabia cuando vemos no piedras sino personas en las colas del hambre. Sé que nada hay nuevo bajo el sol, pero el cambio climático se está produciendo por la intervención humana descontrolada y suicida en la Naturaleza, es decir, si estamos viendo cómo la naturaleza sufre con la sequía y los incendios devastadores de este verano, entonces deberíamos llorar porque son avisos del hambre que está ya aquí para millones de personas. Por ejemplo, con las colas de personas que lo atestiguan, que necesitan alimentos y que están muy cerca de nosotros.

El creacionismo nos formó en una cosmovisión desalentadora, pero ya he escrito muchas veces en este blog que no hay nada peor que el conformismo ante lo que ocurre. Lo decía ayer a propósito de una fórmula de cuna inglesa: “espera lo mejor y prepárate para lo peor”. Creo que ha llegado el momento de elegir la mejor información posible sobre lo que está pasando, también sobre el cambio climático, sobre las sequías, porque nada es inocente. Un ejemplo claro es constatar, por ejemplo, los datos oficiales que facilita semanalmente el Boletín Hidrológico Peninsular, que nos permite disponer de la información de una manera más visual, sencilla y comprensible, sobre datos de reserva hídrica, energía, caudales medios semanales y pluviometría acumulada semanal, con datos facilitados en este último caso por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Reitero que voy a respetar en mi vida el aserto inglés citado como introducción a un manual de supervivencia en tiempos difíciles. La aplicación del principio de realidad social en nuestras vidas, el más terco de los principios que las sustentan, hará el resto, sabiendo que el principio de realidad es uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental. Forma un par con el principio del placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, la búsqueda de la satisfacción ya no se efectúa por los caminos más cortos, sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior. Probablemente, en este tiempo tan complejo, lo que necesito es completar la citada fórmula con la expresión que utilizaba en su vida y obra la filósofa alemana Hannah Arendt: “Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga”, sin conformismo alguno, sólo aplicando el principio de realidad que, al final, es el que me permite seguir luchando por alcanzar el necesario principio del placer que tanto necesitamos para seguir viviendo dignamente. Lo que no podemos negar es que estamos avisados por las piedras del hambre. piedras que advierten también de que cualquier tiempo pasado no fue mejor.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Espera lo mejor, prepárate para lo peor

Hannah Arendt: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

Sevilla, 25/VIII/2022

Vuelvo de mi corazón viajero a mis asuntos más terrenales con una locución inglesa que he escuchado y leído estos días de forma reiterada: espera lo mejor, prepárate para lo peor. Si tiene ahora un especial sentido en mi vida es porque lo he escuchado directamente de Josep Borrell, alto representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, a quien admiro desde hace muchos años por su forma de entender el deber político de cada ciudadano en su vida ordinaria y porque creo que algo sabe de lo que está pasando en el mundo. Tolo lo que se avecina, según los agoreros mayores del Reino, no es bueno. Es más, nos dicen que lo que está por venir es un conjunto de males sin mezcla de bien alguno, con fecha impresa: el mes de septiembre próximo. En este contexto, Borrell ha abordado en una entrevista reciente los males que acosan la realidad europea y mundial en estos momentos y cree que hay una fórmula para enfrentarse a ellos: esperar lo mejor, pero preparándose al mismo tiempo para lo peor.

En la citada entrevista, Borrell analizaba tres grandes incertidumbres globales: “Ucrania, el estrecho de Formosa [entre Taiwán y China] y el avispero de Oriente Próximo”, donde la guerra ocupa un espacio importante por su impacto real y agresivo con Europa: “Pregunta.La vuelta del verano va a ser delicada, con una inflación del 10% y una enorme incertidumbre. Si Rusia cierra la llave del gas, ¿resistirá la unidad europea? Respuesta.Nadie sabe qué va a hacer [Vladímir] Putin, pero lo racional es prepararse para lo peor. Si quiere usar la energía como arma, no esperará a que rellenemos nuestros stocks en invierno”. Así de contundente a lo largo de la entrevista, con análisis premonitorios que no olvido: “Putin piensa que las democracias son sistemas vulnerables porque tienen opiniones públicas que pueden expresarse. Eso no ocurre en Rusia. Si, además, hay cambios políticos en algún país que inclinen de su lado a futuros gobiernos, mejor para él. Hay que explicar a nuestros ciudadanos que la de Ucrania no es una guerra de los demás. Nos va mucho en ello: la ciudadanía tiene que estar dispuesta a pagar un precio para mantener el apoyo a Ucrania y la unidad de la UE. Estamos en guerra: esas cosas no son gratis, aunque sí hay que tratar de repartir los esfuerzos de forma equitativa. Pero repito: esta guerra nos afecta directamente, aunque nuestros soldados no mueran allí”.

Reitero que la entrevista es muy interesante para estar informados, lo que nos permite emitir juicios correctos y ajustados al principio de realidad. Ante la pregunta de cómo ve lo que ocurrirá en España en el próximo otoño, Borrell responde: “España tiene ventajas: no somos tan dependientes del gas ruso. El mercado laboral está funcionando. Y tenemos el colchón amortiguador de 70.000 millones de fondos europeos. Estas ventajas hacen que este no sea el momento de poner peros: no podíamos pedir la solidaridad europea hace meses, cuando estábamos más afectados por el virus, y ahora ponernos de perfil cuando otros se ven más afectados por la dependencia del gas. Y no lo estamos haciendo. Estamos siendo solidarios de la forma más eficiente posible”. Es indudable que no comparte el diagnóstico apocalíptico actual de partes interesadas en perpetuar los conflictos y luchar para que cuanto todo sea peor, mejor: “No tengo dotes de adivino. No sé lo que va a pasar. Pero tengo una fórmula: espera lo mejor y prepárate para lo peor”.

Creo que ha llegado el momento de elegir la mejor información posible sobre lo que está pasando, porque nada es inocente. En principio, voy a respetar en mi vida el aserto inglés escogido por Borrell como introducción a un manual de supervivencia en tiempos difíciles. La aplicación del principio de realidad social en nuestras vidas, el más terco de los principios que las sustentan, hará el resto, sabiendo que el principio de realidad es uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental. Forma un par con el principio del placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, la búsqueda de la satisfacción ya no se efectúa por los caminos más cortos, sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior (1). Todo ello, sin llegar al absurdo de Groucho Marx: “¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?”. Quizás, lo que necesito en este presente tan complejo es completar la fórmula de Borrell con la expresión que utilizaba en su vida y obra la filósofa alemana Hannah Arendt: “Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga”, sin conformismo alguno, sólo aplicando el principio de realidad que, al final, es el que me permite seguir luchando por alcanzar el necesario principio del placer que tanto necesitamos para seguir viviendo dignamente.

(1) Laplanche, J. y Pontalis, J.B. Diccionario de Psicoanálisis, 1996. Barcelona: Paidós, págs. 296-299.

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Agosto nos puede despertar la curiosidad sana, insaciable

Sevilla, 7/VIII/2022

Quien siga de cerca las páginas de este cuaderno digital, habrá podido observar que soy un apasionado de la curiosidad en su vertiente sana, que decía el diccionario de Covarrubias en el siglo XVII, es decir, que soy capaz de admirarme de casi todo y de casi todas las personas, en su versión aristotélica, escudriñando lo más íntimo de la propia intimidad de las personas y de las cosas. Es como si se prolongara la vida en una eterna pregunta de niño marxiano de cuatro años, que siempre pregunta en bucle el porqué de todo lo que se mueve porque, dicho sea de paso, alguien o algo tuvo la responsabilidad hace millones de años de poner en marcha el universo. De ahí las eternas preguntas de los creacionistas y evolucionistas: averiguar quién fue o cómo era el “primer motor inmóvil” que puso en marcha todo, como curioseaba Aristóteles de forma insaciable en sus obras.

La curiosidad es una habilidad que a veces confundimos con el cotilleo, incluso científico, que de todo hay en la viña del Señor. A modo de declaración de principios, no dedico ahora muchas líneas a tratar de las personas cotillas o cotilleras, como personas amigas de chismes y cuentos, definición que se ha mantenido hasta la última edición del Diccionario de la RAE. Los sucesivos diccionarios de la Real Academia son implacables desde el siglo XVIII con los chismes y con las personas chismosas, como identificador de este rasgo tan peculiar: persona que es cuentista, enredadora y que se ocupa en meter cizaña entre amigos y parientes y persona que es pesquisidora de cuanto pasa, y aún de lo que no pasa, inventora, parlera y chismosa (RAE A 1729, 325,1). Este rasgo de personalidad es muy frecuente en nuestras vidas, relacionado sobre todo con las personas tóxicas o tosigosas y mediocres por definición. En la edición de 1992 del Diccionario (RAE), se consagró el lema “cotilla” como segunda acepción de la palabra “cotillero”, introducida en 1937, como persona amiga de chismes y cuentos. Les puedo asegurar, desde ya mismo y como aviso para navegantes en este blog, que no confundo la persona curiosa con la cotilla, porque no tienen nada que ver una con otra. Verán por qué, a favor exclusivamente de las personas que mantienen en su vida una curiosidad insaciable.

Siempre he sentido curiosidad por todo, en un mundo plagado de cotilleo y cotillas, aunque bautizado últimamente como el universo del entretenimiento donde todo cabe y en el que la cultura digna brilla por su ausencia. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, por muy intranscendente que sea, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que la curiosidad sigue siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

Cuando solo tenía diez años iba al campo de La Campana con mis amigos, en Madrid, justo donde ha crecido el famoso Pirulí y el barrio de La Elipa. La razón era maravillosa: lanzar un cohete “habitado o tripulado” utilizando una funda de aluminio de puro habano, en la que introducíamos una mosca viva en la zona redondeada final, dentro de una cápsula de plástico. En la parte de la tapa enroscable abríamos un agujero central para colocar una mecha en contacto con pólvora mezclada artesanalmente en nuestras casas con los componentes que comprábamos en la droguería de nuestro barrio “Salamanca”, sede del discreto encanto de la burguesía: carbón vegetal, azufre y clorato potásico. Montábamos un trípode de lanzamiento con piezas metálicas del Mecano de casa y encendíamos la mecha en un momento mágico para probar a qué altura éramos capaces de hacer volar aquel artefacto y, cuando caía a tierra, comprobar si la mosca seguía viva. Fueron muchos intentos fallidos, alguno con escaso éxito, otros un auténtico fracaso, pero lo que constato hoy al recordar esta breve historia es que teníamos una curiosidad insaciable, porque si la perra “Laika” (ladradora en ruso) lo había hecho viajando en el Sputnik 2, por qué nuestra mosca querida no podía alcanzar una altura considerable. En cualquier caso, queda acreditado que nos interesaba más aquello que la perra Marilín, de Herta Frankel, famosa en aquellos tiempos. O la mula Francis.

Ante un escenario como el actual, tan atractivo para descubrir islas desconocidas y curiosas del conocimiento, acudo con frecuencia a mi manual de cabecera, Una historia natural de la curiosidad, donde Alberto Manguel explica en sus 541 páginas aspectos mágicos de esta realidad humana que tantas respuestas da a la vida, incluso en momentos de pandemia. Ser curiosos eleva el espíritu y eso me basta. Así lo sugería Cicerón, según aparece en una copia realizada en el siglo IX de un texto suyo en el que, al final de una frase, aparecía un signo de pregunta que se representaba por una escalera ascendente hacia la parte superior derecha de la línea de texto, «en una serpenteante línea diagonal que nace en la parte inferior izquierda” (1). Cuando se publicó este libro excelente, leí un artículo extraordinario que sintetizaba muy bien su obra. Así lo recogí en un post del que entresaco una pregunta y respuesta de Manguel que me sobrecoge siempre que la leo porque comprendo perfectamente la depreciación de la curiosidad en estos tiempos modernos: “¿Para qué la sociedad y el poder arrinconan la curiosidad? Si haces una caja cuadrada, debes crear elementos con ángulos rectos para que entren en ella. Si crean una sociedad de consumo deben crear consumidores, si no, no funciona. El sistema tiene que impedir que te hagas preguntas esenciales porque si te las haces no hay más consumo. Por eso la sociedad no alienta la reflexión. Es un sistema depredador que busca el beneficio en una estructura productiva”.

Curiosidad de curiosidades todo es curiosidad y no placer inútil, como me enseñó hace poco el profesor Nuccio Ordine en su preciosa obra La utilidad de lo inútil. El placer de la curiosidad sabia no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas curiosas la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada.

También recurro en este mes de agosto y para despertar mi curiosidad de nuevo, a un libro que guardo entre mis preferentes, Una curiosidad insaciable. Los años de formación de un científico en África y Oxford, escrito por Richard Dawkins. Tengo que confesar que este autor ha marcado también mi vida por publicaciones extraordinarias desde la perspectiva evolucionista, habiendo sido un auténtico azote de los creacionistas. Crecí en esta última escuela, sin posibilidad de redención temporal alguna por el contexto del régimen en que me tocó vivir, pero tengo que reconocer que Dawkins ha aportado datos científicos que hacen pensar que otro origen del mundo es posible. Su primer libro, El gen egoísta, que empezó a escribir en 1973, fue un revulsivo mundial en defensa de las tesis alojadas en la teoría crítica de Darwin.

Javier Sampedro, un gran divulgador científico al que respeto y sigo de cerca desde hace ya muchos años y así lo demuestra este blog, manifestó en 2014 que el autor era un “zoólogo anacrónico en la era de la biología molecular, látigo de herejes en materia evolutiva, divulgador afamado y ateo militante que no ha hecho aportaciones primarias a la ciencia, sino solo a su popularización. ¿Qué ha llevado entonces a Dawkins a contar su vida? Seguramente la mejor de las razones: que es un gran escritor, y lo sabe. Esto es justo lo que le ha convertido en uno de los divulgadores científicos más leídos del mundo, y también lo que convierte ahora su vida en una obra literaria” (2). No hay lugar a dudas: tenemos que leerlo, sobre todo los que seguimos luchando día a día por reforzar las tesis evolucionistas en clave de Teilhard de Chardin, como tantas veces he escrito en este blog, con preguntas sin respuesta que es lo que las hace todavía más atractivas y con un hilo conductor: el mundo sólo tiene interés hacia adelante, el hilo conductor, declarado, de este blog.

Pero lo que me llamó poderosamente la atención sobre este autor fue una respuesta suya en una entrevista publicada en el diario El País (Babelia), que no nos deja indiferentes, a la pregunta que le hizo Ricardo de Querol, Redactor Jefe del periódico, en los siguientes términos: “Usted no es un agnóstico, sino un ateo militante. ¿Por qué es necesario movilizarse contra la religión? Dawkins, después de haber explicado su proceso de “conversión darwiniana”, dijo lo siguiente: “Eso depende de su definición. Agnóstico significa “no sé”. Una definición que yo apoyo dice que es quien no tiene creencias positivas en un dios. El ateo siente una creencia positiva de que no hay Dios. Yo no tengo esa creencia. Lo que tengo es una ausencia de cualquier razón para creer en Dios, como tampoco en las hadas. Como científico, me conmueve la belleza del mundo y del universo. Como educador, veo perverso que a los niños se les eduque en falsedades cuando la verdad es tan hermosa”.

Lo expuesto anteriormente me ha hecho reflexionar sobre varios pasajes de mi vida, en el discreto encanto que dibujó Buñuel en mi infancia, comprendiendo ahora muy bien que educar de forma monolítica en Dios o las hadas, es limitar las grandes preguntas de nuestro origen, a las que a algunas ya ha dado respuesta la ciencia. Creo que así se comprende mejor por qué en 2009 se contrató publicidad en los autobuses de Londres con el lema: “Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Probablemente, buscando justificaciones posibles para ser felices, que es tan legítimo.

Los locos bajitos, a los que cantaba maravillosamente Joan Manel Serrat, también éramos curiosos incorregibles, como se pudo comprobar en aquel Cabo Cañaveral improvisado en el campo La Campana de mi niñez rediviva en Madrid. Esa es la razón de por qué hoy sigo pensando que otro mundo es posible, porque el que aprendimos a vivir con justificaciones creacionistas se agota por horas. Y eso que nos encantaba Peter Pan, aquel defensor acérrimo del mundo de nunca jamás. O Jesús de Nazaret, siempre presente en la educación creacionista, cuando se dormía en el cabezal del barco por lo cansado que estaba…, no por sus milagros, tal y como nos lo comentaba en directo el joven periodista Marcos, sino porque era una persona corriente, singular. O Rafael Alberti, que me ha recordado siempre a lo largo de mi vida que cuando se abre el debate de pensamiento y sentimiento, hay que escuchar siempre el corazón, sencillamente porque es más fuerte que el viento. Es verdad: si la curiosidad no tiene sentimiento…, solo es eso, curiosidad.

(1) Manguel, Alberto, Una historia natural de la curiosidad, 2015. Madrid: Alianza Editorial, p. 17.

(2) Sampedro, Javier (2014, 18 de septiembre). Vida de un buen escritor. El País.com. Babelia.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto nos regala tiempo para leer

Dedicado a las personas que están cerca de la librería Caótica, de su proyecto cultural global, como homenaje a su trabajo bien hecho, que debe ser respetado por todos para que sigan ofreciendo el amor a los libros y a la lectura, algo que nos enseñó de forma admirable un gran escritor, Stefan Zweig, a quien tanto admiro. Para que el proyecto Caótica no se cierre, porque la niña-buzo que preside esta historia tan bella sabemos que no se rinde y porque tenemos que luchar sin descanso para que Sevilla sea presentada ante el mundo, también, como una ciudad de librerías, no sólo de bares. Zweig dijo que “en Sevilla se puede ser feliz”. Me gustaría recordarlo también hoy porque, completando su frase, en esta ciudad se puede ser feliz si las librerías siguen cumpliendo su función principal: ofrecernos interpretaciones escritas de la realidad y de la ficción, para que cada persona pueda ser más libre en el compromiso de cada día con la vida. Juan Ramón Jiménez lo expresó maravillosamente en un aforismo que no olvido: cada día, una vida o, lo que es lo mismo: cada libro, una vida.

Sevilla, 6/VIII/2022

Cuando asociamos este mes a las vacaciones, casi por definición, es legítimo afirmar que nos regala también tiempo para leer, una oportunidad maravillosa para reencontrarnos con los libros. Lo he escrito ya en páginas de este cuaderno digital y me reafirmo de nuevo en ello: los libros pusieron fin al trágico confinamiento de las vivencias y de la experiencia en el alma individual desde el momento de su aparición en este mundo imperfecto. Acudo de nuevo a un clásico en mi clínica del alma, mi biblioteca, Encuentros con libros (1), de Stefan Zweig, donde vuelvo a sentir sus palabras como un bálsamo en este mundo al revés, porque “desde que existe el libro nadie está ya completamente solo, sin otra perspectiva que la que le ofrece su propio punto de vista, pues tiene al alcance de su mano el presente y el pasado, el pensar y el sentir de toda la humanidad. En nuestro mundo de hoy, cualquier movimiento intelectual viene respaldado por un libro; de hecho, esas convenciones que nos elevan por encima de lo material, a las que llamamos cultura, serían impensables sin su presencia”. Maravillosa reflexión en estos momentos cruciales de incertidumbre global que estamos viviendo a escala mundial.

Cuenta Stefan Zweig que viajaba en un barco italiano, recorriendo el mar Mediterráneo, de Génova a Nápoles, de Nápoles a Túnez y de allí a Argel. En ese espacio conversaba a menudo con un joven italiano que formaba parte de la tripulación, “un mozo que ni siquiera tenía el rango de camarero, pues se ocupaba de barrer los camarotes, de fregar la cubierta y de realizar otras tareas menores, que la gente, por regla general, no valora”. Canta sus dotes de todo tipo, llegando incluso a “tenerle cariño”, en palabras textuales suyas, hasta tratarse “con la camaradería propia de dos amigos”. A partir de ese momento surgió lo inesperado: “Entonces, de la noche a la mañana, un muro invisible se alzó entre él y yo. Habíamos recalado en Nápoles, el barco se había llenado de carbón, de pasajeros, de hortalizas y de correo, su dieta habitual en cada puerto, y luego se había hecho de nuevo a la mar. […] Entonces se presentó de repente, con una sonrisa de oreja a oreja, se plantó delante de mí y me mostró orgulloso una carta arrugada que acababa de recibir, pidiéndome que la leyera. No dejaba de darle vueltas a lo que acababa de ocurrir. Por primera vez me había encontrado cara a cara con un analfabeto, con uno europeo además, una persona que me había parecido inteligente y con la que había hablado como con un amigo. ¿Cómo se reflejaba el mundo en un cerebro como el suyo, que desconocía la escritura? Al principio me costó entender lo que quería de mí. Pensé que Giovanni había recibido una carta en un idioma que no entendía, francés o alemán, seguramente de una muchacha—era obvio que debía de tener mucho éxito entre las chicas—, y que había venido a buscarme para que se la tradujera. Pero no, la carta estaba escrita en italiano. ¿Qué quería entonces? ¿Que me la leyera? Nada de eso. Lo que quería es que se la leyera, tenía que saber qué decía aquella carta. Y, de pronto, comprendí lo que estaba pasando: aquel muchacho inteligente, de una belleza escultural, dotado de gracia y de auténtico talento para el trato humano, formaba parte de ese siete u ocho por ciento de italianos que, según las estadísticas, no saben leer: era analfabeto”.

A partir de aquí, Stefan Zweig reflexiona de forma admirable sobre el poder de la lectura, a través de dos preguntas muy concisas y claras: “¿Cómo se reflejaba el mundo en un cerebro como el suyo [el mozo del barco], que desconocía la escritura? Traté de imaginarme la situación. ¿Cómo sería el no saber leer?” A partir de aquí desgrana múltiples aseveraciones sobre el encanto de la lectura que recomiendo de principio a fin porque nos alegrará conocerlo en estos días del ferragosto español, sobre todo, salvando lo que haya que salvar, imaginándonos qué es la lectura para personas que no siendo analfabetas no han leído un libro en su vida o no lo hacen habitualmente. Y es verdad que se reproducen de nuevo sus sensaciones ante aquella experiencia que también puede ser lo que ocurre ahora en las personas que detestan los libros y la lectura: “Por un momento me puse en el lugar de aquel muchacho. Coge un periódico y no lo entiende. Coge un libro, lo sostiene en sus manos, nota que es algo más ligero que la madera o que el hierro, tiene forma rectangular, toca sus cantos, sus esquinas, observa su color, pero nada de eso tiene que ver con su propósito, así que vuelve a dejarlo, porque no sabe qué hacer con él. Se detiene ante el escaparate de una librería y se queda mirando los hermosos ejemplares, amarillos, verdes, rojos, blancos, todos rectangulares, todos con estampaciones de oro sobre el lomo, pero es como si se encontrara ante un bodegón cuyos frutos no puede disfrutar, ante frascos de perfume bien cerrados cuyo aroma queda confinado dentro del cristal”.

Y reflexiona a partir de este momento sobre qué sería su vida sin los libros, algo que no era posible porque “[…] cualquier objeto, cualquier elemento que me parase a considerar estaba unido a recuerdos y experiencias que tenían que ver de una forma u otra con los libros, cualquier palabra despertaba innumerables asociaciones que me remitían a algo que había leído o aprendido”. Lo que de verdad me impacta de nuevo es su reflexión sobre la presumible desaparición del libro, “el tiempo del libro ha acabado”, ante la llegada de la técnica, como una premonición preocupante: […] el gramófono, el cinematógrafo, la radio son más prácticos y más eficaces a la hora de transmitir la palabra y el pensamiento, y de hecho comienzan a arrinconar el libro, por lo que su misión histórica y cultural no tardará en formar parte del pasado”. Stefan Zweig no temía esta irrupción de las tecnologías en el mundo, porque estaba convencido de que “la luz de una lámpara eléctrica no puede compararse con la que irradia un pequeño volumen de unas pocas páginas, no existe ninguna fuente de energía que pueda compararse con la potencia con que la palabra impresa alimenta el alma. […] A medida que crece nuestra intimidad con los libros, vamos profundizando también en los distintos aspectos de la vida, que se multiplican fabulosamente, pues ya no los vemos sólo con nuestros propios ojos, sino con una mirada en la que confluyen multitud de almas, una mirada amorosa que nos ayuda a penetrar en el mundo con una agudeza soberbia”.

Nos quedan las palabras en los libros. En estos momentos tan delicados para la humanidad por los múltiples problemas que nos acucian a diario, tenemos la obligación ética de hacer una operación rescate de placeres útiles como el de la lectura, proclamándola como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer cuando vamos siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer, ni hay un compromiso de Estado para que España lea: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (2).

(1) Zweig, Stefan. Encuentros con libros. Barcelona: Acantilado, 2020.

(2) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No le toquéis ya más, que así es Cinema Paradiso

Imagen de Cinema Paradiso, en la que figuran Totó (dcha.) y Alfredo (izqda.), el proyeccionista

Melodía principal de Cinema Paradiso

Sevilla, 5/VIII/2022

Ha saltado a los medios de comunicación social de todo el planeta, la noticia de que se está trabajando en la producción y rodaje de una miniserie que ampliará el guion de Cinema Paradiso, a cargo del director de la misma, Giuseppe Tornatore, como guionista también, que constará de seis capítulos y que tiene previsto su estreno en 2023. Inmediatamente, he recordado un breve poema de Juan Ramón Jiménez, que muchas veces se ha escrito mal, cambiando el género de la primera parte del verso (en negrita, correcto): No le toquéis ya más, que así es la rosa (en Piedra y cielo, 1919). Creo que es un error histórico porque el valor de la película persiste en el tiempo, con un reconocimiento continuo tal y como permanece en la mente de todas las personas que amamos el cine. Siguiendo al poeta de Moguer, no hay que tocar la película más, porque ya se hizo antes del estreno, reduciendo el metraje de la misma para contentar al mundo comercial del cine, consiguiendo finalmente que se la reconociera como una auténtica obra de arte, un capolavoro, dicho en un perfecto italiano.

Cinema Paradiso es la rosa que cita Juan Ramón, en su desnudez extrema, para simbolizar el valor de la poesía, tal y como se fijó finalmente en la entrega al mundo para su disfrute. Desconozco las razones de fondo que tiene Tornatore para acometer esta empresa de ampliación de contenidos sobre la película original, habiendo manifestado Marco Belardi, el nuevo productor de la serie, que “Será la misma historia que la película pero de una forma extendida y con varios hilos narrativos diferentes”. Presumo que el mercado cinematográfico está detrás y lo probable es que se esté confundiendo ya el valor y el precio de la película, que probablemente será una oferta más, una mercancía, en las plataformas streaming a nivel mundial, sólo eso.

Treinta y cuatro años después de su estreno, no conocemos todavía los guiones que está preparando Giuseppe Tornatore. Personalmente, creo que hay que seguir el patrón de Juan Ramón Jiménez, pero aplicado a la película: No le toquéis ya más, que así es Cinema Paradiso. En tal sentido, Ricardo Gullón, fiscal, crítico literario, novelista y gran amigo del poeta, decía en un comentario a este poema precioso de Juan Ramón Jiménez que “[…] se desconoce que el propio poeta, comentando sus versos, aclaró que si tal decía, era «después de haber tocado el poema hasta la rosa». Sin duda, quiso expresar con estas palabras su aspiración difícil a la «perfección viva», a la perfección conseguida sin forzar las cosas, arduamente, más sin llegar al punto de frialdad que delata lo yerto, lo agotado y sin vida. En el empeño por conseguir una poesía perfectamente desnuda, Juan Ramón ha ido renunciando tanto al soporte sentimental como al artificio retórico. A propósito de su obras, es sobremanera adecuado el término desnudez: progresivamente fue despojándola de los usuales ropajes, mitificando su concepto, y también identificándose apasionadamente con ella”. Esta reflexión de Gullón se puede aplicar perfectamente a Cinema Paradiso, porque la película, tal y como se conoce actualmente, ha tocado “hasta la rosa”, en su “perfección viva”, en sus mensajes, tantas veces recogidos en este cuaderno digital; sin forzar el guion, tocando la sensibilidad de cada espectador hasta extremos insospechados. Cada vez que veo la película descubro nuevas palabras, nuevos planos que me conmueven y conturban. Es una película desnuda, cuando se la descubre tal y como es la rosa que contiene.

Ante lo expuesto anteriormente, he escogido un artículo, He vuelto a entrar en el Cinema Paradiso, entre los veintidós que he dedicado a Cinema Paradiso y su universo emocionente [sic] a lo largo de la vida de este cuaderno digital, porque dejándolo como está, sin tocarlo, descubro hoy de nuevo que así es su rosa íntima, la del mensaje que entregó al mundo en 1988 su director Giuseppe Tornatore y que supuso tanto para mí, en mi persona de secreto, desde que la vi y sentí por primera vez. Insisto por ello que no lo toquen ya más, que así es Cinema Paradiso.

He vuelto a entrar en el Cinema Paradiso

Sevilla, 6/VIII/2021

En septiembre de 2019 cambié la imagen de cabecera de este cuaderno digital por un fragmento de la escultura de Canova, Las Tres Gracias, porque siempre me ha impactado su belleza sobre mármol de Carrara, con una expresión de encanto y alegría entre las tres cárites mitológicas griegas, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente hoy: EufrósineAglaya y Thalia o lo que es lo mismo: Alegría, Belleza y Abundancia, respectivamente, porque las necesitamos tener presentes en nuestras vidas. Dos años después, que no han sido anónimos, cambio de nuevo la imagen que representa temporalmente el blog, recurriendo a una que ya ha estado presidiendo estas palabras en años anteriores, la sonrisa de asombro de Totó junto al proyeccionista, Alfredo, una pareja que nunca he olvidado en la película de mi vida y como homenaje a una que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Entro decidido para contemplar en este mes de agosto las proyecciones mejores de mi existencia.

Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en Cinema Paradiso de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados en papel, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda, iluminados por una bombilla incandescente. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que he recogido en la imagen que preside estas líneas. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía al niño que amaba tanto el cine, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento homónimo, “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

Tampoco he olvidado, nunca, el Cinema Ideal de mi infancia, un cine de verano situado en la calle Jesús del Gran Poder, aquí en Sevilla, del que solo escuchaba las bandas sonoras de las películas desde el balcón de la casa donde nací, que daba a la calle Becas, en el que, entre barrotes, imaginaba historias preciosas con sólo cuatro años. Pasado el tiempo, he comprendido muy bien el consejo de Alfredo, porque siempre he procurado amar todo lo que he hecho. Ahora, pienso también en los momentos difíciles que he vivido en esta larga vida, quizá por la especial sensibilidad que se ha creado por la pandemia creando anticuerpos para el dolor y la aflicción. Como contrapunto, mi amor al cine me devuelve también a mi Cinema Ideal tan particular, un recuerdo de películas inolvidables de Spielberg, entre las que destaco por su lección histórica nacida en su corazón y en su alma judía, La lista de Schindler. Aunque parezca mentira, no me quiero quedar con el dolor de su argumento de fondo, sino con el tema principal de la banda sonora de la misma, compuesta por John Williams, de la que inserto hoy en este post una interpretación memorable, al violín, de su gran amigo de vida y creencias, Itzhak Perlman, uno de los mejores violinistas de la historia de la música que aún comparte vida con nosotros. Escucharlo y sentirlo al mismo tiempo nos permite comprender que, efectivamente, el hombre, si quiere, no es un lobo para el hombre, porque todo lo humano no nos es ajeno (Terencio), es más, nos pertenece.

Les confieso que hablar de Cinema Paradiso y La lista de Schindler es, en el fondo de estas palabras, un homenaje a su obra musical en el mundo del cine, a través de dos bandas sonoras memorables compuestas por Ennio Morricone y John Williams, respectivamente. El pasado año recibieron el Premio Princesa de Asturias de las Artes y el acta del jurado decía textualmente que “[…] Dotados de una inconfundible personalidad, entre sus obras se encuentran algunas de las composiciones musicales más icónicas del séptimo arte, que ya forman parte del imaginario colectivo. Williams y Morricone muestran un dominio absoluto tanto de la composición como de la narrativa, aunando emoción, tensión y lirismo al servicio de las imágenes cinematográficas. Sus creaciones llegan incluso a transformarlas y trascenderlas, sosteniéndose por sí mismas como magníficas obras sinfónicas que se encuentran entre el repertorio habitual de las grandes orquestas. Todo ello los convierte en dos de los compositores vivos más venerados en todo el mundo”. Morricone falleció el 7 de julio de 2020 y sus obras mantuvieron y expresaron siempre su dignidad personal y profesional. Ahora, estoy seguro que seguirá poniendo música inolvidable a su cielo particular.

Cuando salgo de mi imaginario Cinema Ideal y entro hoy en el auténtico y renovado Cinema Paradiso, no olvido las palabras de Alfredo a Totó, porque nos pueden ayudar en este mes de agosto para salir de la zona de dolor, que no confort, por la pandemia y sus daños colaterales, cada uno con los suyos, de la forma más digna posible: hagamos lo que hagamos, amémoslo porque el viaje de la reconstrucción personal, de nuestras familias, del país, de nuestras ciudades y barrios es ahora tarea de todos, para amarlo sin excepción alguna y sin dejar a nadie atrás.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Prohibido pintar grafitis (¿o no?)

KE PAZA KILLA

Sevilla, 4/VII/2022

Sabemos que en el Imperio Romano abundaban los grafitis en sus calles, tiendas y servicios públicos, conocidos estos últimos como latrinae y foricae, váteres individuales y colectivos, respectivamente, donde se han encontrado pintadas en Pompeya con el siguiente texto: “Cacator cave malum”, “Cagador, ándate con cuidado”, que advertía del mal oculto que podría encontrarse la persona que no utilizara de forma correcta las letrinas, palabras que nos suenan como algo familiar cuando recordamos el célebre “cave canem”, “cuidado con el perro”, menos escatológico que la citada pintada de Pompeya. El aviso era para navegantes porque al parecer los ciudadanos del Imperio no eran muy cuidadosos con sus necesidades, solos o acompañados. Mucho menos, con los “utensilios de aseo”, cañas con esponjas para limpiarse que se compartían sin miramiento alguno, aspectos que se han estudiado a fondo desde la perspectiva de salud pública por la historiadora Mary Beard, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, en sus investigaciones llevadas a cabo en Ostia Antica (Roma), lugar del que guardo un recuerdo imborrable, en una visita al yacimiento arqueológico en 1976, que se conserva en algunos lugares intacto, con la huella indeleble de su pasado.

La historiadora Mary Beard describe los váteres colectivos, descubiertos en Ostia Antica (Roma)

La realidad es que esta afición grafitera ya se conocía en 2020 por el descubrimiento en las ruinas de Pompeya de un termopolio, una casa de comida rápida y caliente, también de bebidas, que ya existía en el año 79 (siglo I), año de la erupción del Vesubio, en excelente estado de conservación. La representación de una pintura de Nereida a caballo, descubierta en 2019, abrió el camino para excavar completamente una casa de comidas, habituales en Pompeya donde se solía comer frecuentemente fuera de casa en casi ochenta locales de este tipo, en la que destacan en su decoración de la época, a título de reclamo publicitario, detalles de naturaleza muerta, descubriéndose también restos de alimentos, huesos de animales y de víctimas humanas de la erupción, quizás los de su propietario. Lo sorprendente es que se han encontrado en el interior de las vasijas perfectamente alineadas en el mostrador, restos de comidas preparadas con los animales que aparecen en las pinturas publicitarias del mismo, tales como ánades reales expuestos boca abajo, listos para ser preparados y comidos, un gallo y un perro con correa, éste a modo de advertencia sobre la vigilancia del lugar (Cave Canem) o algo más que se explica a continuación, un detalle curioso que se encuentra en el marco de la pintura del perro, en el que se puede leer un grafiti de la época con la siguiente inscripción:  “Nicia cineadecacator”: Nicia (probablemente un liberto de Grecia) ¡Cacatore, invertido!, que  “probablemente lo dejó un bromista que quería burlarse del dueño o de alguien que trabajaba en el termopolio”.

Grafiti sobre la pintura de un perro en el termopolio de Pompeya: Nicia, ¡invertido!

Este descubrimiento fascinante nos lleva a pensar que hay muy pocas cosas nuevas bajo el sol que nos puedan sorprender más que vivir dignamente, ser más que tener, porque siempre tenemos tiempo de seguir aprendiendo de la historia. Hoy, de Pompeya. El símbolo del descubrimiento del termopolio nos muestra que algo que nos parecía tan moderno, como los establecimientos de comida rápida, las casas de comidas de toda la vida, los McDonald´s y Burger King de hoy, entre otros lugares de cuyo nombre no quiero acordarme, ya existieron hace nada menos que dos mil años. También, los grafitis, una realidad que también se convierten en determinadas ocasiones como auténticas obras de arte o de expresión artística de sentimientos y emociones. Varias veces he comentado en este cuaderno digital la obra ingente y de compromiso social de Banksy, recordando hoy uno de sus grafitis, pintado en un mural en Nicholas Everitt Park, Lowestoft (Suffolk), en la que aparecen tres niños de pie en un bote y con un gorro de papel, con un mensaje sobre una pared sobre el que he escrito también aquí, en bastantes ocasiones, aunque con un sentido contrario: “Todos estamos en el mismo barco”.

Podemos probar para ver qué nos queda por vivir y experimentar si atendemos lo ocurrido en la casa de comidas calientes de Pompeya, en sus váteres individuales y colectivos, así como por los mensajes de los grafitis distribuidos por las paredes de esta maravillosa ciudad oculta por la lava. Un día, todo desaparece y muchos siglos después descubrimos que hubo tiempo de todo, incluso de cruzarse entre las calles de las Bodas de Plata y la de los Balcones de una Pompeya rediviva, para comprar una comida rápida y caliente antes de que la lava los borrara de la vida casi sin darse cuenta. También, de que ocultara los insultos hacia los diferentes, que es importante resaltar porque, veintiún siglos después, ya sabemos que la intolerancia era una flor que adornaba también a los romanos de pro, los poderosos, los que despreciaban a sus congéneres amparando la burla, la esclavitud y el odio a la singularidad.

Visto lo visto desde la antigüedad, sabemos hoy que en El Puerto de Santa María (Cádiz) se han detectado 17 grafitis, recientemente, cuya autora ha sido descubierta finalmente y en los que únicamente quería expresar el amor hacia una persona que quería recuperar en su vida con frases inolvidables del tipo “Te quiero a jierro”; “te echo de menos, te pienso de más”; “me flipan tus ojos marrones”, firmadas siempre como KE PAZA KILLA, “artistilla de ½ pelo” (en su perfil), en un esfuerzo encomiable por salvaguardar la escritura y fonética andaluzas, cuidando al máximo la tipografía al utilizar la fuente que se utiliza todavía hoy en la señalización de las calles más antiguas de Sevilla, una bella historia de Pickman y Cía, la fábrica de cerámica de la Cartuja, en esta ciudad, que comenzó su actividad en 1830. Al haber sido descubierta, se ha arrepentido de la “acción” grafitera y los ha tapado uno a uno como un acto de contrición. Creo que esta acción es fronteriza entre la expresión artística y la utilización indebida de espacios públicos y privados. Ahí está el debate.

Una cosa más, que diría Steve Jobs. Lo que no he olvidado jamás fue la pintada que describí en un artículo publicado en 1977, Un profeta para una pintada, en el que abordaba una realidad clamorosa, la desaparición de los “nuevos profetas”: “Y su ausencia se nota. El grupo, el equipo, el partido, la confesión religiosa y así sucesivamente, sacrificando a menudo a los profetas, incluso a sus profetas, por un prurito de nombre, de clase, grupo o ideología compacta. Este ha sido el «milagro español» durante muchos años: fuga de cerebros, y por qué no, fuga de profetas, fuga de inteligencia y de voluntad, de corazón. Y el país lo nota. No hace muchos días, vi una pintada en una calle céntrica de Sevilla que me recordó esta ausencia. Decía más o menos así: «A los de vida destrozada, ¿quién los reivindica?». Es verdad. Durante la última oleada electoral este grito hecho partido no se ha escuchado, porque los de «vida destrozada» comprenden un grupo amplísimo de mujeres y hombres que combaten diariamente a vida o muerte por la existencia. Es una neurosis de conflicto crónica y crítica, donde no hay tiempo para organizarse, porque la desconfianza en el propio ser humano es su mejor bandera”.

Aquel artículo finalizaba de una forma que puedo asumir hoy plenamente: “Hubo ya un rabino jasidista, Bunam de Przysucha, que intuyó la dificultad de escribir algo sobre el hombre que fuera convincente y tuviera fronteras. Al calibrar la «locura» de su empresa dijo: «Pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo». Quizá sea ésta una razón metafórica inconsciente para no atender al interrogante de la pintada, porque indudablemente el parafraseado cuestiona la esencia humana y puede «amargar la existencia» a más de uno: «pensé un día reivindicar y decidí no hacerlo». Es el momento álgido: o profecía, o silencio culpable. Sin comentarios. Afortunadamente, la ciudad va quedando más limpia. Pero, por favor, esta pintada que no se borre. Puede ser que algún profeta se haga presente y se quede entre nosotros…”.

Las paredes de El Puerto de Santa María, con un significado profundo para una historia de amor de la grafitera desconocida, ya han quedado «más limpias», pero sus mensajes, que eran una obra de arte con alma dentro, han desaparecido para siempre. O no, porque depende de cómo se hayan quedado o se lean todavía en el alma de cada uno. Así, hasta la posteridad, como en Pompeya.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Caótica es una niña buzo imprescindible

Mas el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros…

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La realidad y el deseo

Sevilla, 3/VIII/2022

He leído con tristeza la carta abierta a los lectores que la librería Caótica ha publicado en su página web y de la que se han hecho eco los medios de comunicación social, explicando la difícil situación que está atravesando el proyecto cultural que nació hace ya muchos años en esta ciudad, que siempre lo ha necesitado, porque sabemos que Sevilla es más de bares que de librerías. De esta carta entresaco algunos párrafos que explican bien la delicada situación que están atravesando y que merece el apoyo de todas las personas que amamos el mundo del libro: «Nacimos como proyecto cultural cooperativo, sin ánimo de lucro, con una clara vocación de fomento a la lectura, para calar en todas las edades, y una idea fija: el activismo cultural. No dudamos en crear un proyecto de cultura del libro más generoso, amplio y enriquecedor para nuestra ciudad. Y, para ello, era necesario un local de mayores dimensiones, para ofrecer mayor fondo, mayor número de secciones, más espacio para deambular entre libros, para inculcar que “leer importa” y más aforo para actividades culturales, las grandes protagonistas. Un espacio que no fuera, tan sólo, un almacén de libros. […] Desafortunadamente, además de retrasos en el pago, hemos sido incapaces de pagar los últimos tres meses. Por lo que hemos recibido, de parte de la propiedad, una demanda de desahucio. A pesar de haber estado obligados a mantener la vigencia de un aval bancario por toda la duración del contrato del alquiler que cubra esta situación, la propiedad ha optado por la medida drástica del desahucio, entendiendo que no confía en nuestra permanencia ni nuestra solvencia, pero sobre todo privándonos de nuestro derecho a disfrutar del resto de vigencia de nuestro contrato por cinco años más, en los que amortizaríamos la fuerte inversión inicial realizada en el local y en los que cumpliríamos con nuestro plan de negocio para cumplir el ciclo del proyecto que iniciamos en 2017, el proyecto por el que tanto hemos trabajado los libreros y libreras de Caótica. Nos priva de ese derecho. Nos desahucia».

Como muestra de solidaridad con el proyecto y junto a la divulgación de la necesaria participación económica en la campaña que han lanzado por todos los medios de comunicación posibles, vuelvo a publicar el artículo que vio la luz en este cuaderno digital el 17 de febrero de 2020, Caótica, una librería singular, pocos días antes de que se declarara la pandemia de la COVID-19 que, de forma brutal, tanto daño ha hecho a la cultura en general y a las librerías en particular.

Siguiendo a Cernuda, Caótica, un gran trabajo humano, merece la atención de las personas que amamos la cultura y el precioso mundo de los libros.

Caótica, una librería singular

Sevilla, 17/II/2020

La extravagancia de Caótica, una librería que está muy cerca del kilómetro 0 de Sevilla, en la calle José Gestoso, se muestra en espacio cultural con una singularidad especial, tal como ya definía el lema singularidad el Diccionario de Autoridades en 1739 (RAE), con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida.

Ya he manifestado en diversas ocasiones , en este cuaderno digital, que Sevilla no es una ciudad de librerías sino de bares. Lo curioso es que Caótica ha incorporado en su zona de usos múltiples, un bar con una visión diferente, en el que cualquier cosa que tomes te sabe diferente al leer el mensaje que preside la barra más larga del mismo: “Somos el resultado de los libros que leemos, los viajes que hacemos y las personas que amamos”.

Es muy interesante conocer la experiencia diaria de esta librería, sus proyectos, el mundo de la cooperativa hecho realidad cultural en sus diversas formas de participar en el proyecto. Cuando entro en ella, no olvido los tres sueños de Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella: distinguir el norte del sur (que también existe); leer a Schopenhauer, por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida y, en tercer lugar, abrir una librería. De todo hizo un arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones en relación con lo que nuestro cerebro lee.

En Caótica te envuelven los libros y regalos en papel negro. Allí hay una persona anónima que pone orden al caos del mercado habitual en la compraventa de libros, dibujando con colores llamativos múltiples dibujos a los que acompaña siempre el nombre con el que desees llevarte el recuerdo principal de esa librería singular. Y la bolsa de papel ecológico en la que depositas unos regalos especiales llamados libros, lleva la imagen de una niña-buzo, imagen que preside la librería: “una obra realizada por el artista Alejandro Vicuña que encierra una simbología en sintonía con el origen —renacer— de Caótica. La ‘niña-buzo’ está coronada por el azul del cielo de la ciudad y bañada en el amarillo que la rodea, un color que para Caótica representa la reinvención. Es una niña desprotegida en medio del asfalto pero que no teme a nada, una niña valiente que se enfrenta a la jungla urbana y al conflicto para bucear por el océano cultural, y hacer del caos un lugar luminoso. Unas gafas, unas aletas y un tubo de respiración son su único equipaje para explorar el mundo que la rodea y para navegar entre libros sin miedo a la aventura”.

En el relato de la Creación, se dice que la tierra estaba “hueca y vacía”, es decir, era un caos total. Lo maravilloso es constatar que durante muchos siglos abuelas y abuelos, madres y padres, contaban, recordando a sus antepasados en los pueblos ribereños del Tigris y Éufrates, que Dios vio ese caos, que todo era caótico, insuflando el ruaj, el espíritu, cerniéndose sobre la haz de las aguas. A partir de aquel acontecimiento, se creó todo pero, especialmente, a la mujer y al hombre. Si todo era bueno, en riguroso hebreo, cuando creó al ser humano vio Dios que “era muy bueno”. Un adjetivo, muy (meod), que desde entonces ha impregnado de esperanza de vida a este loco mundo, dando una respuesta magistral para poner orden en una situación caótica el universo, de la materia: la llegada del ser humano, la aparición del habla, de la palabra. Algo muy bueno, evolución en estado puro y lo más importante: es un relato que todavía se puede encontrar en la más pequeña librería del mundo.

Caótica tiene orden y sentido. Comprar un libro en ella, todavía más, porque demuestra singularidad: sirve con el talento, no imita otros, sino que beneficia el que ya le dio el cielo azul de Sevilla, la ciudad de la niña-buzo, su imagen más querida y perfecta.

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://caotica.es/caotica/

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Valldemossa y el más allá de un encuentro real

Lang Lang , Preludio en Re mayor, Op. 28: No. 15, Gota de Lluvia, interpretado en un piano Steinway & Sons Spirio, el 28 de agosto de 2019

… y la experiencia de la vida nos enseña que allí donde no se puede vivir en paz con nuestros semejantes, no existe admiración poética ni goces artísticos capaces de llenar el abismo que se abre en el fondo de nuestra alma.

George Sand, Un invierno en Mallorca

Sevilla, 2/VIII/2022

Uno de los privilegios que me ha ofrecido la vida es conocer un pueblo mallorquín, Valldemossa, un claro objeto de deseo cultural que vi cumplido en el verano de 2016. Ayer volví a ver algunas de sus calles con motivo de la visita de la familia real, con el Rey Felipe VI a la cabeza, recordándome cada plano del reportaje vivencias inolvidables de rincones con encanto de ese pequeño municipio, una antigua alquería en el Valle de Muza (de ahí su nombre), conocido mundialmente por haber albergado en el siglo XIX al compositor polaco Fréderic Chopin y a su pareja de entonces, George Sand (seudónimo de su auténtico nombre y género, Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant), pero muy volcado hoy al turismo sacrificando su silencio de día para recibir el ruido del mundo, tan contradictorio con el espíritu monástico del que hacen gala sus habitantes a través de Chopin. George Sand vivió junto a Chopin una arriesgada aventura de amor en Mallorca en las postrimerías del siglo XIX, concretamente desde el 15 de diciembre de 1838 al 11 de febrero de 1839, unos años después de la desamortización de la Cartuja de Valldemossa, donde finalmente se hospedaron. 

En aquella visita anunciada de 2016 y antes de asistir al concierto programado en el homenaje anual a Chopin, estando cerca del lugar donde vivió días muy difíciles, recogidos en una obra de George Sand, que recomiendo especialmente, Un invierno en Mallorca (1), visitamos la Fundación Cultural Coll Bardolet, donde se exponen pinturas del pintor catalán que da nombre a la entidad, Josep Coll Bardolet, que cedió a Valldemossa, lugar donde vivió más de 60 años. Su obra es un canto permanente a la naturaleza, la tradición y el amor a la vida. Aquella noche musical, el protagonista era un pianista coreano de fama internacional, Kung-Woo Paik (Seúl, 1946), reconocido intérprete de la obra de Chopin y que pude corroborarlo durante el concierto que ofreció en la Cartuja, junto a la celda donde el compositor polaco escribió diversas obras, ya citadas en la serie que escribí sobre aquel viaje hacia una isla desconocida para mí y que se puede leer de nuevo en este cuaderno digital. El ambiente para componer el maravilloso Scherzo número 3, entre otras obras suyas, que interpretó Paik con manos maestras de setenta años, lo imaginé en el contexto de su duro invierno de 1883-1884 en aquella Cartuja tan fría, desamortizada, que le prestó acogida después de haber sido expulsado de mala manera de su residencia anterior.

Paik salió de la celda de Chopin, convertida en un camerino muy especial con motivo del concierto, para subir al pequeño estrado que habían habilitado junto a ella y después de los aplausos de bienvenida se situó a duras penas ante el piano Steinway & Sons preparado para la ocasión, que tocaría maravillosamente segundos después, con una iluminación muy doméstica, porque a petición del intérprete tuvieron que localizar en la casa aledaña a la Cartuja unas lámparas de pie para iluminar su teclado, en una imagen que se comenta por sí sola y que Paik no entendía por mucho que los organizadores del concierto se esforzaran en solucionarlo de forma artesanal y doméstica, poco profesional. Aquí en este país, resolvemos siempre estas situaciones diciendo que “son cosas del directo” o “caprichos de artistas” [literal, aquel día], pero fue una situación lamentable. Sobre todo, porque conservaba en mi mente el relato de George Sand, la pareja sentimental de Chopin, sobre la celda que habitaron y donde “el enfermo”, que nunca fue citado por su nombre, buscaba en la composición diaria la comprensión de su mundo de secreto tan singular, donde unas gotas de lluvia podía elevarlas a los cielos de la música, como ocurrió en un Preludio muy conocido, homónimo (op. 28, 15). Sentí la soledad en aquel ambiente monástico y comprendí cómo Frédéric y George podían considerar la compañía que les ofrecieron desde el primer momento el boticario, el sacristán y María Antonia, una especie de ama de llaves que solo quería reconocimiento por su asistencia, sin interés económico alguno.

Las palabras anteriores son recuerdos de Valldemossa, más allá del paseo real de ayer tarde, en una estancia plebeya, pero que fue para nosotros de un encanto especial, aunque al finalizar aquella jornada nos devolviera este pueblo-alquería al principio de realidad de cada día, con preguntas que leí en el libro de Sand antes de viajar a Mallorca: “¿Por qué viajar cuando no se está obligado a hacerlo? […] Es que no se trata tanto de viajar como de partir. ¿Quién de nosotros no tiene algún dolor que olvidar o algún yugo que sacudir?”. Efectivamente, un viaje siempre es un punto de partida para vivir nuevas experiencias, ir hacia alguna parte…, a un lugar escondido en el alma. Y esta razón de partir fue la que me impulsó a buscar aquel año en Mallorca algo más que viajar a cualquier precio, su valor intrínseco, algo que Chopin, junto a George Sand encontró en aquella isla, en aquella Cartuja, entregando al mundo obras inolvidables compuestas en su pianino Pleyel, “llegado en el mejor estado posible a pesar del mar y del mal tiempo, y de la aduana de Palma…”, que “llenaba la bóveda elevada y resonante de la celda con un sonido magnífico”, tales como algunos de sus Preludios entre los que destaca el llamado “Gota de Lluvia” (op. 28, No. 15), la segunda Balada en fa mayor op. 38, el tercer Scherzo en do sostenido menor op. 39 y una de las Polonesas, la op. 40. En cuanto al preludio Gota de Lluvia, Sand escribió sobre el compositor: “[…] Mientras tocaba el piano tuvo un sueño en el que se vio a sí mismo ahogado en un lago y grandes gotas de agua helada caían de forma regular sobre su pecho. Cuando le hice escuchar el sonido de las gotas de lluvia que, de verdad, estaban cayendo desde el tejado, rítmicamente, negó haberlas oído. Se enfadó mucho de que yo lo interpretara como la muestra de un sonido imitativo. Protestó con toda su fuerza -y tenía razón- contra la puerilidad de dicha imitación auditiva. Su genio estaba lleno de misteriosos sonidos de la naturaleza, pero transformados en sublimes equivalencias musicales en su pensamiento pero no a través de imitaciones sin originalidad de los sonidos reales».

Mas allá del paseo real de ayer, que como la música militar nunca me sabe levantar, recordé palmo a palmo el que realizamos aquella tarde por el pueblo-alquería, acompañados en cada puerta por un azulejo distinto dedicado a Santa María Thomàs, con textos que exaltan siempre la protección de cada casa y de cada familia. Después del concierto, salimos de aquella Cartuja tan lúgubre pero con el buen sabor de boca de las obras interpretadas por Paik, encontrándonos con una experiencia desoladora, porque el pueblo entero estaba cerrado, solo había calles solas y en completo silencio, sin posibilidad alguna de poder comentar en algún sitio acogedor la gran interpretación de Paik, con el que me hubiera gustado compartir su estancia en la celda de Chopin, más allá del actual reclamo turístico, sobre todo en un lugar que le ofreció una digna estancia en tiempos revueltos y cómo se había sentido al tocar los aspergios continuos del Scherzo 3, que según todas las fuentes oficiales fue compuesto en 1839 por Chopin en el “pianino” Pleyel [sic, en el libro original de Sand] que tanto trabajo había costado trasladar desde París hasta aquél lugar tan inhóspito en aquellos años del siglo XIX y … en aquel verano en Mallorca, en 2016.

Me imagino que cuando anoche desapareciera de aquel entorno maravilloso la caravana real, el preludio de Chopin Gota de Lluvia sonaría en sus calles para quien quisiera escucharlo, porque él todavía estaba allí para recordarnos que, cuando no se puede vivir en paz con nuestros semejantes, hay que saber llenar los abismos en nuestras almas mediante la admiración poética y los goces artísticos. Palabras de la plebeya George Sand junto a Chopin, en Valldemossa, más allá de una visita real.

(1) Sand, George, Un invierno en Mallorca, 1975. Palma de Mallorca: Ediciones La Cartuja.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto es Beñesmer

Rafael Alberti y Nuria Espert, Lanzarote 1979

Sevilla, 1/VIII/2022

Cuando comienza este mes siempre lo recuerdo, desde hace ya bastantes años, con la denominación «Beñesmer», con una traducción preciosa, «Luna de Agosto», como se conocía en la cultura guanche, porque «era la festividad más importante de los aborígenes guanches (Islas Canarias). Era la fiesta de la cosecha y el día central del año de magos. En él, los guanches ordenaban los asuntos materiales, y festejaban y veneraban las tradiciones culturales y espirituales. Era considerada como el «Año Nuevo Guanche», que coincidía con la recogida de la cosecha». Me parece extraordinaria esta celebración, porque crea una identidad del tiempo en una cultura muy desconocida, teniendo en cuenta que el Imperio Romano apartó todas las culturas existentes en el mundo y el emperador Augusto hizo una de las suyas estableciendo este mes con su nombre y dedicado a él. La Historia es implacable y como buscador de islas descononocidas, en las que suceden historias con minúsculas que engrandecen el alma humana, vuelvo a publicar el contenido que dediqué en 2020 a esta palabra guanche que tiene hoy un sentido pleno en momentos difíciles para el mundo en general. Espero que esta «luz de luna llena» de agosto no se apague en los días y meses venideros, porque el mundo necesita salir del túnel actual y emprender un nuevo camino con ilusiones temporales que lleven la luz de luna dentro.

Agosto 2020 / 1. Beñesmer

En la cultura guanche el mes de agosto se conocía como Beñesmer (Luna de Agosto). Dejamos por un momento la romanización del calendario, al haber dedicado este mes al emperador Octavio Augusto, que hizo lo indecible para que agosto no tuviera menos días que su antecesor, Julio, dedicado al emperador Julio César, porque entre emperadores estaba el juego, mejor dicho, el prestigio. Soy una persona enamorada de aquella tierra, Canarias, especialmente de Lanzarote, donde muchos veranos he recuperado su belleza lunar, su mar y su malpaís, algo tan contradictorio pero que César Manrique lo convirtió en algo muy bello. Recuerdo cómo Rafael Alberti expresó su impresión personal al describir aquella isla en una intervención inolvidable que hizo en 1979, en un acto cultural junto a Nuria Espert, en Los Jameos del Agua. Allí leyó un poema dedicado a César Manrique, que reproduzco íntegro por su belleza:

Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979) 

A César Manrique,
pastor de vientos y volcanes

Vuelvo a encontrar mi azul,
mi azul y el viento,
mi resplandor,
la luz indestructible
que yo siempre soñé para mi vida.

Aquí están mis rumores,
mis músicas dejadas,
mis palabras primeras mecidas de la espuma,
mi corazón naciendo antes de sus historias,
tranquilo mar, mar pura sin abismos.

Yo quisiera tal vez morir, morirme,
que es vivir más, en andas de este viento,
fortificar su azul, errante, con el hálito
de mi canción no dicha todavía.

Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia,
y puedo serlo aún, aunque sangrando,
profundamente, vivamente herido,
lleno de tantos muertos que quisieran
revivir en mi voz, acompañándome.

Más no quiero morir, morir aunque lo diga,
porque no muere el mar, aunque se muera.
Mi voz, mi canto, debe acompañaros
más allá de las edades.

He venido a vosotros para hablaros y veros,
arenales y costas sin fin que no conozco,
dunas de lavas negras,
palmares combatidos, hombres solos,
abrazados de mar y de volcanes.

Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.
Siento que va a habitarme el fuego que os habita.

En 2014 publiqué un libro en este cuaderno digital,  La Tegala de Saramago, dedicado al premio Nobel portugués, que vivió hasta su fallecimiento en Tías (Lanzarote), en un lugar que visité días después de su ausencia definitiva de esa tierra volcánica en 2010. Saramago, desde su tegala particular, nos ha dejado un legado de compromiso literario inolvidable. ¿Por qué la tegala de Saramago? Sencillamente, porque a él le gustaba incardinarse en la tierra que le acogió en 1993, en cualquier tierra que le respetara, y la tegala es un lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro.

MESA DE TRABAJO SARAMAGO 2010
Mesa de trabajo de José Saramago, Tías (Lanzarote), agosto de 2010 / JA COBEÑA

Recuerdo como si fuera ayer la estancia en su biblioteca personal, que amablemente nos dejaron visitar. Su sencilla mesa de trabajo, unos libros con páginas marcadas por Pilar del Río, la manta roja de Ikea reposando en el brazo izquierdo del sillón que tantas veces lo acogió, diccionarios, bolígrafos, mapas, las mesas con correspondencia pendiente de responder, las estanterías llenas de escritura impresa facilitada por Saramago, traducida por Pilar del Río, en ese esfuerzo por entregarnos sus palabras a todas horas, para que todos lo comprendiéramos muy bien, levantándonos de cada suelo particular, en la interpretación de la ética que hizo en su momento López Aranguren, entendiendo la ética como el suelo firme en que se basan todas nuestras actitudes, la “solería” que vamos poniendo en nuestras personas de secreto a lo largo de la vida. Elefantes, libros, revistas, ediciones maravillosas de uno de mis libros preferidos: El cuento de la isla desconocida, que tantas veces regalo, incluso como ideario para familiares, amigos y funcionarios que compartieron responsabilidades públicas en mi vida profesional.

En este beñesmer recuerdo los que he vivido durante bastantes años en aquella tierra tan acogedora que no olvido. Hoy he unido dos mensajes esclarecedores de Alberti y Saramago en referencia a la cultura guanche respetada hasta nuestros días. También, la obra ciclópea de César Manrique que siempre respetó la trazabilidad histórica del pueblo guanche que le permitió hacer su beñesmer tan particular. He leído muchos cuadernos de Saramago, en formato atómico y digital. Mi aprecio por la isla de Lanzarote me ha llevado siempre a buscar en cada página escrita en ellos, lugares y menciones específicas a una isla que tanto respeto por la vida y obra de César Manrique, pastor de vientos y volcanes, omnipresente en cada paso que das por sus dunas de lava negra, en la acertada expresión que le regaló Rafael Alberti, en una visita que hizo a Manrique en su casa, hoy Museo, de Taro de Tahiche: He venido a vosotros para hablaros y veros, / arenales y costas sin fin que no conozco, / dunas de lavas negras, / palmares combatidos, hombres solos, / abrazados de mar y de volcanes.

NOTA: la imagen de Rafael Alberti y Nuria Espert se recuperó el 1 de agosto de 2020 de https://biosferadigital.com/noticia/pastor-de-vientos-y-volcanes-el-rastro-de-alberti

UCRANIA, ‘Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.