Mis principios digitales

REVOLUCION DIGITAL

Estos son mis principios: si no le gustan tengo otros

Groucho Marx

Se acerca la nueva campaña electoral y es el momento de recordar a los grandes partidos algunos principios digitales, con carácter indicativo y no exhaustivo, que me gustaría que se tuvieran presentes en sus programas. Soy consciente de que la participación popular es muy limitada en la configuración actual de los partidos políticos en nuestro país, pero estamos obligatoriamente obligados, como ciudadanos, a expresar en la Noosfera los principios digitales que se deberían contemplar en la próxima legislatura.

He estado revisando mis últimas aportaciones en este blog y he decidido recopilarlas en una publicación, Principios de política digital, en una nueva lectura contextualizada en el momento político actual, porque a diferencia de la célebre frase de Groucho Marx que encabeza este post y que ha hecho historia, hoy puedo decir que estos son mis principios digitales y si no les gustan…, no tengo otros. La política de salón y bar es muy cómoda, pero prefiero expresar a los cuatro vientos digitales lo que creo que debería tenerse en cuenta en programas políticos que quieran ser respetuosos con la revolución digital en la que estamos inmersos.

Además, estoy convencido de que las ideologías digitales tampoco son inocentes, como no lo son los bits. Por ello, el hilo conductor de las reflexiones que figuran a continuación demuestra que no todo vale en el mundo digital, porque también tiene un trasfondo ideológico. La separación entre mercancías y derechos/deberes digitales establecen la delgada línea roja para comprender bien los axiomas éticos digitales. El principio de equidad en el acceso a las tecnologías de la información y comunicación, básicamente en los derechos y deberes sociales, es un principio estrella que se debería exigir en cualquier programa político con base digital, pero no todas las organizaciones partidistas lo asumen como elemento garantista fundamental y de cohesión social.

Espero que sirva como una aportación a la situación política actual, junto a otras que invito a leer de nuevo y que hice ya hace unos años en referencia al Gobierno Electrónico, Abierto, en Andalucía, porque es un momento que podemos convertir en apasionante si todos nos comprometemos a construir el país desde el puesto que ocupa cada uno en la sociedad.

Gracias anticipadas por si tú o usted, lector o lectora, pasas/a al compromiso activo digital a través de este mensaje explícito.

Sevilla, 16/V/2016

NOTA: la imagen se recuperó el 26 de abril de 2016 de: http://cik.zonalibre.org/

LICENCIA CC

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Donde acaban los caminos

Soy consciente de que los bits no son entes morales, pero gracias a las TIC he conocido una historia preciosa que deseo compartir con las personas que me acompañan en la búsqueda de islas desconocidas a través de la inteligencia digital, para comprender ejemplos como el que les voy a exponer en el que se hace patente que la inteligencia humana puede cambiar el mundo si nos lo proponemos.

Se trata de la experiencia ejemplar de un joven médico español, Oriol Mitjá, que desde hace seis años está empeñado en erradicar la segunda enfermedad humana que asola determinadas zonas del planeta, el pian, llevando a cabo un trabajo encomiable en la isla de Lihir (Papúa Nueva Guinea), que afecta de forma significativa a la raza negra de cabellos rubios.

Es asombroso descubrir gracias a las tecnologías de la información y comunicación, en tiempo real, que Oriol Mitjá consigue todos los días erradicar esta enfermedad, a un precio módico, es decir, a través de una sola pastilla de un antibiótico asequible, la azitromizina, pero que supone una auténtica aventura encontrar financiación para su suministro en condiciones éticas y no vergonzantes. Con su dinero, Oriol Mitjá consiguió demostrar en 2012, a través de un artículo publicado en la prestigiosa revista The Lancet, que con una sola pastilla de azitromizina, el 96% de los niños estaban curados a los seis meses de iniciarse el tratamiento.

Viven junto a un volcán, Luise, que atesora el mayor depósito de oro del mundo, convirtiéndose diariamente en mercancía de alto standing. ¡Qué contraste! Me he acordado ante esta situación de una pieza de mi solería ética que aprendí hace ya muchos años del profesor Adolfo Sánchez Vázquez, cuando decía que el oro solo tiene valor porque se lo dan las personas, dado que en sí mismo podría pasar desapercibido. Pero lo que califica el valor de las cosas, que no su precio, de acuerdo con la diferencia establecida de forma maravillosa por Antonio Machado, es la visión que las personas pueden llegar a tener de las cosas materiales. Ser o tener, en dialéctica permanente. Mucho más donde acaban los caminos para llegar a los que no tienen nada, sólo dignidad, como los habitantes de una isla desconocida por mi hasta hoy, Lihir, que gracias al mundo digital he descubierto para seguir aprendiendo a ser en el mundo de forma diferente.

Sevilla, 11/V/2016

 

 

Nada es inocente en Palmira

Ayer se celebró un concierto histórico en Palmira (Siria), ciudad que hasta hace solo dos meses estaba bajo el poder del Estado Islámico. Con independencia de las múltiples lecturas políticas de este acto, quiero destacar el simbolismo de la presencia de la música para aunar voluntades de paz a través del amor y el sufrimiento. También, porque la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor, gran principio de la música barroca, en un concierto de la orquesta sinfónica de Maríinsky, en el que han elegido una obra especial, la Chacona, de la Partita 2 de Bach, tocada por el violinista Pável Miliukov, un lamento maravilloso que dedicó a su primera esposa Maria Bárbara Bach, que había muerto en 1720, al no haber podido estar cerca de ella en su muerte. El programa se ha completado con la interpretación de La Cuadrilla (Rodion Shchedrín), a cargo del violonchelista Serguéi Rolduguin y, finalmente, la Sinfonía Clásica de Prokofiev, todo bajo la batuta de Valeri Guérguiev, director del Teatro Maríinsky y de la Filarmónica de San Petersburgo.

Nada es inocente en Palmira, porque las ideologías nunca lo son. A este propósito, me parece muy interesante el análisis que Lukács hizo en los años setenta del siglo pasado sobre la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (1).

He localizado un vídeo completo del concierto, bajo el título de Una oración por Palmira. La música devuelve la vida a sus viejos muros, que lo pongo a disposición de quien quiera hacer la mejor lectura posible de este acto, en la que debe presidir siempre la voluntad humana de construir la paz mundial, tan necesaria ahora en ciudades de Siria, como Alepo, donde el dolor está presente en estos momentos, pero que al escuchar a Bach podemos comprender y sentir con más fuerza que nunca que la música es también medicina para el dolor.

Sevilla, 6/V/2016

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s.

Gobierno progresista y transformación digital

RETINA 2016

http://www.elpaisretina.com/

Decía Herman Hesse que hay una virtud, a la que quería mucho, una sola, que se llama “obstinación”, es decir, obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido”. Es lo que me ocurre cuando quiero seguir trabajando en el hilo conductor de mi vida profesional, en los últimos veinte años: la transformación digital del Gobierno Digital, de la Administración Pública, para que alcancen “su propio sentido”, el servicio al interés general a través de las tecnologías aplicadas de la información y comunicación (TIC).

He reforzado aún más esta posición vital al leer con detalle el programa del próximo encuentro que se va a celebrar en Madrid durante los días 10 y 11 de mayo, Retina, organizado por El País, al observar que solo en una actividad se contempla el abordaje concreto de la transformación digital en la política, bajo la denominación de “POLITICA. Participación y transparencia: tecnología y nueva política”. Es cierto que en el programa aparecen actividades relacionadas con realidades sectoriales que tienen un gran trasfondo político, pero echo de menos el abordaje de una vez por todas del debate ordenado sobre la transformación urgente del Gobierno Atómico actual en Gobierno Digital, para que se puedan aplicar políticas digitales de amplio espectro, tal y como he ido desarrollando a lo largo de los últimos años en este blog.

Sería extraordinario comenzar a tejer tejido crítico en este ámbito digital que tiene razones suficientes de urgencia política en un mundo que cada día se mueve más en torno a la transformación digital de todos los ecosistemas en los que vivimos, estamos y, sobre todo, somos. Creo que se puede comprender mi obstinación, en el más correcto sentido de la palabra y tal como la aprendí hace ya muchos años en un libro precioso de Herman Hesse, Obstinación, en torno a esa excelente virtud.

En torno a esta mesa digital que propongo como iniciativa de carácter público, se deben sentar todos los protagonistas de la transformación digital del Gobierno que nazca ya para la nueva legislatura, que planteo como de necesidad y no por azar, es decir, ciudadanos, profesionales del sector, empresas tecnológicas, autoridades públicas y privadas, representantes políticos, medios de comunicación, organizaciones de usuarios, etc., para que la participación sea de abajo a arriba y no al revés. Por una vez, la ciudadanía dejaría de ser “ignorante molesta” cuando se abordan asuntos de su “propio sentido” digital, en palabras de Hans Magnus Enszerberger, ante una realidad de empoderamiento imprescindible para una transformación digital urgente en la que estamos ya instalados. Podría ser una especie de Retina Pública, obstinada, respetando la idea original en la crónica de este encuentro anunciado.

Sevilla, 3/V/2016

Obligatoriamente obligados a denunciarlo

ALEPO

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

En el mundo digital en el que estamos inmersos y gracias a él, nos llega hoy una foto del bombardeo a un hospital atendido y apoyado por Médicos sin Fronteras en Alepo (Siria). Reconozco que no me ha dejado indiferente, sabiendo que los bits no son entes morales (Negroponte) y que gracias al progreso de las comunicaciones podemos conocer con carácter inmediato la parte más detestable del ser humano.

He vuelto a recordar una canción protesta de un poeta andaluz de antes, Rafael Ballesteros, que está alojada en mi memoria de largo plazo, Ni yo tampoco entiendo, que vuelve a recuperar todo su esplendor. Es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo, vivirlo, sufrirlo, denunciarlo por hechos como los de Alepo, morirlo, si se pudiera expresar así.

Con los medios digitales de los que dispongo, quiero denunciar a los cuatro vientos este hecho deleznable, que no tiene justificación alguna.

Y vuelvo a recordar aquél poema que me ayudó en la transición a creer que a pesar de todo… otro mundo es posible:

El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Sevilla, 28/IV/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de El País: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/04/28/actualidad/1461834915_454919.html

La revolución digital, pendiente, en España

REVOLUCION DIGITAL

He leído hoy un artículo muy interesante, La revolución digital en España se queda sin mano de obra, que aporta reflexiones de gran calado. Su lectura nos lleva a conclusiones que llevo planteando desde hace muchos años: es imprescindible que a nivel de Estado se planteen acciones de Gobierno Digital porque nos encontramos ya inmersos en la llamada cuarta revolución industrial.

Es muy claro el hilo conductor del artículo, pero como no renuncio a lo que es mi leit motiv digital, siempre extrapolo estas reflexiones a la Administración de este país, donde se confunden muchas veces los términos en el equívoco peligroso de creer que la revolución digital de la misma se centra en la Administración electrónica, que es importante, pero que muchas veces muere en el empeño porque no ataca el problema de fondo en la Administración, la revolución pendiente en la trastienda de la misma para llevarla a una revolución digital que permeabilice todas y cada una de las acciones administrativas en todas y cada una de sus manifestaciones posibles.

Me ha llamado la atención la clamorosa situación de déficit del llamado talento digital, constructo equiparable a inteligencia digital aplicada en diferentes sectores administrativos y de negocio, para no mezclar todo sin consideración contextual. ¿El problema es de la gente? No, de las políticas públicas que van desde la educación digital en todos los niveles, hasta su proyección priorizada en políticas públicas de salud, servicios sociales, economía, hacienda, industria y de las estructuras organizativas de la propia Administración.

Una vez más lo afirmo: no hay que confundir Gobierno Digital con Administración Digital, porque el antecedente es el Gobierno no la Administración, que siempre es consecuencia de quien tiene la responsabilidad de administrarla: Gobierno Digital es la continua optimización en la prestación de servicios públicos, acceso a la información pública y participación ciudadana mediante la transformación interna y externa de las relaciones institucionales, personales y sociales, con base en el uso de las TIC, como actitud política sostenida en el tiempo y en programas políticos llevados a cabo por la Administración Pública Digital. La Administración Digital utiliza las Tecnologías de la Información y Comunicación como soporte del Gobierno Digital, como componentes del mismo. Es decir, no existe Administración Digital sin Gobierno Digital, no se deben alterar los términos, porque se da el caso de Administraciones que tienen magníficas infraestructuras digitales sin Gobierno Digital alguno o muy desdibujado.

Y para finalizar esta reflexión sobre talento público digital, nada de lo dicho anteriormente y referido al sector público es posible si la cuarta (?) revolución administrativa no se adapta a la cuarta revolución industrial, planteando y desarrollando una Estrategia Digital acorde con estos principios. Estrategia que se define como el proceso organizativo mediante el cual el Gobierno Digital correspondiente, a través de la Política Digital, incorpora a sus funciones directivas y funcionales los sistemas y las tecnologías digitales de la información y comunicación, como escenario y motor de su progreso, y como modelo de integración tecnológica orientada a la ciudadanía. Formando a funcionarios, cientos de miles, en inteligencia (talento) digital aplicada, que se debe contemplar ya en el acceso a la función pública (gran debate pendiente en términos digitales), si se quieren prestar servicios digitales dignos a la ciudadanía formada ya en inteligencia digital aplicada a las necesidades de cada día, con medios tan accesibles como los teléfonos inteligentes, tabletas y el mando del televisor, que conoce a su dueño cada día más y casi sin darse cuenta a través de la memoria predictiva alojada en un chip que no es inocente y que no vemos por ningún sitio.

Sevilla, 26/IV/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://cik.zonalibre.org/

Gratitud

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

Oliver Sacks, Mi propia vida

En el día internacional del libro he querido simbolizar el homenaje que merece ahora más que nunca el mundo de la letra impresa con un comentario sobre mi última lectura, Gratitud (1), una recopilación breve de las últimas publicaciones de Oliver Sacks antes de su fallecimiento en 2015, autor al que he dedicado ya algunas palabras en este cuaderno de inteligencia digital, en la búsqueda incesante de islas desconocidas no ciegas al color.

Gratitud, según la última versión del Diccionario de la lengua española (RAE, 23.ª ed.), es un sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera. Oliver Sacks, a través de cuatro ensayos breves, desea expresar su agradecimiento a lo que le ha ofrecido su vida apasionante y llena de contrapuntos existenciales, fruto de una ruptura con la tradición judía y la inmersión en la neurología clínica que tanto ha aportado a la humanidad a través de sus libros llenos del encanto didáctico de la locura existencial.

Mercurio, De mi propia vida, Mi tabla periódica y Sabbat, son cuatro reflexiones llenas de sentimientos y emociones, aunque tengo que reconocer que me quedo con la dedicada a su propia vida, en un ejercicio humilde de la memoria que habla, tal y como lo había expresado él mismo en un artículo excelente sobre la dialéctica de la memoria histórica y relativa, cuando seleccionamos, incluso de forma involuntaria, lo que queremos recordar: “Nosotros como seres humanos hemos desarrollado sistemas de memoria que tienen fallos, fragilidades e imperfecciones” […] “La indiferencia sobre las fuentes nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que dicen otros y pensar, escribir y pintar, de una forma tan rica y tan intensa como si fuesen experiencias primarias. Nos permite ver y escuchar con los ojos y los oídos de otros, entrar en la mente de los demás, asimilar el arte y la ciencia y la religión de toda una cultura”.

Muchas veces, cuando me enfrento a la lectura de la vida ordinaria, en días sin celebración especial, estoy tentado de soñar con la acromatopsia (2), la enfermedad maravillosamente descrita por Oliver Sacks en su obra “La isla de los ciegos al color”, aunque tuviera que pasar fragmentos de la película de mi vida en blanco y negro, donde las tonalidades de gris me permitieran soñar que el color es una versión amable de la vida que los seres humanos podemos captar en toda su gama, sin limitaciones. Surge entonces la pregunta del doctor Sacks en su fascinante libro, cuando se refiere a la persona ciega al color: “¿nos consideraría acaso seres singulares, engañados por aspectos irrelevantes o triviales del mundo visual, o insuficientemente sensibles a su verdadera esencia visual?” (3).

Y vuelvo a leer la última frase de su gratitud a la vida, para aprender de él cómo se puede alcanzar la paz con uno mismo cuando se reconoce el auténtico color de la vida en el carpe diem que, a veces, tanto nos abruma: “Me descubro pensando en el Sabbat, el día de descanso, el séptimo día de la semana, y quizá también el séptimo día de la propia vida, cuando tienes la sensación de que tu obra está terminada y de que, con la conciencia tranquila, puedes descansar”.

Sevilla, 23 de abril de 2016, Día Internacional del Libro

(1) Sacks, Oliver (2016). Gratitud. Barcelona: Anagrama.
(2) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999. Ante una realidad tan sugerente, recuperaré la lectura que en su momento me sobrecogió tanto y la proyectaré en este cuaderno que registra ya tantas islas desconocidas: “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.
(3) Sacks, Oliver (1999). La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, p. 22.

Diraya, mejor que Riwaya

Se acerca el decimosexto aniversario de un día mágico en la historia de Andalucía, el próximo 25 de abril, porque ese día se presentó en 2000 el proyecto Diraya por primera vez, en sus primeros pasos como historia de salud del ciudadano en Andalucía, de base digital, para que siempre estuviera disponible, para quien la necesitara recuperar, escribir o estudiar en ella, como ya ocurre en la actualidad. Ha sido un viaje digital muy largo, con muchas personas, profesionales extraordinarios, que han trabajado en este excelente proyecto para que sea una realidad casi mágica hoy día y con un claro beneficio propio y asociado con otros proyectos, como la receta electrónica o la gestión de la cita previa por Internet. Fue en un encuentro de directivos del Servicio Andaluz de Salud, en el Salón de Actos del recién inaugurado Hospital de Antequera, en el que se firmaba también el contrato-programa de aquél año, un formato nacido para la gestión que aún perdura como método incontestable en el Sistema Sanitario Público de Andalucía.

Reconozco que fue un momento emocionante. Era un día especial porque también recordé el aniversario de la revolución de los claveles, con una canción emblemática en clave de revolución, Grândola, Vila Morena, de Jose Zeca Afonso, casi como una premonición de lo que iba a ser Diraya en Andalucía, una auténtica revolución de derechos y deberes sanitarios de la ciudadanía con una base digital incuestionable e imprescindible.

Se presentó el proyecto y el significado de Diraya, “conocimiento” en árabe, porque nos hace más libres, frente a Riwaya que significa “transmisión”, en una dialéctica que debería marcar una impronta en la historia de este grandioso proyecto. ¿Por qué este nombre? En esos días estaba leyendo un libro muy interesante sobre el médico de Cámara cordobés Averroes, junto con otros de clara inspiración informática, en la búsqueda de razones de la razón y del corazón para justificar la implantación de nuevos sistemas digitales en el Sistema Sanitario Público de Andalucía, de amplio espectro y con respeto reverencial al interés general. Y en aquella lectura sobre Averroes, descubrí el valor de la dialéctica en el vuelo de su inteligencia que es el que nos enseña aprender a aprender: es más importante trabajar en el conocimiento (diraya) que progresa, que estar viviendo permanentemente de la tradición (riwaya). Así lo expresaba Dominique Urvoy, en su libro “Averroes”: ”bajo la estabilidad social del cuerpo de los ulemas se manifestaban tensiones, crujidos, que explican la insatisfacción de Averroes ante la orientación ideológica predominante en al-Ándalus durante su juventud, y su opción decisiva a favor de una reforma que, ante todo, se concibe como el resultado del uso de la razón. Tanto más cuanto que, nos dice su biógrafo más próximo a él en el tiempo, Ibn al-Abb¬ar, se sentía más inclinado hacia el conocimiento (diraya) que hacia la simple transmisión (riwaya)” (1).

Fue un momento mágico. Diraya simbolizaba algo trascendental para Andalucía con la ayuda de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), sin las que hubiera sido imposible acometer una aventura tan apasionante. Creímos en ello y el resultado hoy es excelente. Todos los ciudadanos y ciudadanas de Andalucía forman parte de Diraya, como un todo digital. Es lo que deseo seguir manteniendo como llama viva: las TIC pueden ser el instrumento imprescindible para hacer habitable el mundo digital en lo que somos, estamos y existimos. Averroes lo vio claro en al-Ándalus hace ya muchos siglos: el conocimiento (diraya), es decir, la inteligencia digital, es lo único que nos hace libres y es más importante protegerlo en términos de educación permanente y liberadora que seguir creyendo en la pura tradición por transmisión (riwaya). Esa fue su gran lección de progreso y cambio que he querido recordar hoy, como muestra inteligente de que otro Gobierno, digital por supuesto, es posible.

Sevilla, 17/IV/2016

(1) Urvoy, Dominique (1998), Averroes. Madrid: Alianza, pág. 43.

 

Política Digital / 7: Y una cosa más…

ONE MORE THING

Hay un momento mágico en las keynotes de Apple, que hizo célebre Steve Jobs, cuando el CEO correspondiente pronuncia la siguiente frase con fondo de pantalla en negro y azul: «One more thing…» (Y una cosa más…). He recordado estas palabras de gran trasfondo digital al finalizar esta serie con un post dedicado a la ética digital, que también existe. Realidad inexorable que debe estar presente en la Política Digital (sí, sí, con mayúscula), que debería estar muy cerca de la Presidencia del Gobierno correspondiente.

Siempre me ha gustado asimilar la ética a la solería de nuestras casas. Así lo aprendí del profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida: es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida. Indudablemente, a observar también por el Gobierno Digital que corresponda.

Estas reflexiones deberían incorporarse en los programas políticos concretos y factibles de los partidos que deben implantar un Gobierno Digital en los términos que vengo planteando en esta serie, es decir, que como tampoco es inocente, son aquellos que podemos identificar bien porque se comprometen con la ética en todos sus niveles, con la transparencia, porque todos los partidos políticos no son iguales. Quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad, los recortes y abrocharse permanentemente el cinturón, digital por supuesto, defiende normalmente las mercancías en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Es más, no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra en las vidas de los que los diseñan.

El objeto principal de la ética digital de carácter público es respetar el interés general digital de los ciudadanos, distinguiendo “mercancía” de “valores y derechos humanos” digitales, que se instrumenta por el Gobierno Digital y Abierto correspondiente, mediante la Administración, no al revés, con carácter unificado y no estrictamente disperso en los diferentes departamentos ministeriales e instituciones públicas instrumentales. Además, inteligencia y ética digital son indisolubles, porque son las bases humanas para ser y estar en el mundo de una forma diferente gracias a las tecnologías de la información y comunicación. ¿Por qué? Porque la inteligencia digital es la capacidad que tenemos los seres humanos para adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación; capacidad para recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de las TIC; capacidad para resolver problemas o para elaborar productos y servicios que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural y factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través todo ello de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

Una pregunta de ética digital muy importante, que todavía no tiene respuesta pública alguna, es en qué se gasta el dinero público digital en nuestro país, tanto a nivel de Gobierno central como de Comunidades Autónomas. Los presupuestos del Estado y de las Comunidades Autónomas, que contemplan gasto digital de todo tipo y con una dispersión abrumadora, son ya un reflejo de la gestión ética de los poderes públicos y creo que, en general, no estamos muy encima de su elaboración, aprobación y ejecución final. No digamos de su evaluación tanto formativa (a diario) como sumativa (final). ¿No deberíamos conocer exactamente en qué se gasta el dinero público en gestión pública digital?.

La inteligencia pública digital, como ya expliqué en el post Política Digital / 2. Vocabulario propio, que trasciende los actos individuales como consecuencia de las políticas que se ejecutan en la Administración correspondiente, mediante ordenación y organización administrativa de corte digital, necesita la ética como suelo firme que justifique todos sus actos políticos. Tenemos un ejemplo reciente en la publicación de dos Leyes (39/2015 y 40/2015) que ordenan y organizan parcialmente la Administración digital, aunque no sean un ejemplo desde la perspectiva de Gobierno Digital al trocear de nuevo la visión de marco unificado legal que tendría que respetarse desde una perspectiva de política digital de amplio espectro.

Escribo con frecuencia sobre inteligencia digital aplicada. Es lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamaba anteriormente “solería” de nuestra vida, o “lamas de parqué” en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso, que ya desarrollé en mi libro Origen y futuro de la ética cerebral, donde justifico nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio digital y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo.

One more thing…: la ética digital también existe, aunque a diferencia de las sorpresas de Apple, que con todos los respetos son siempre mercancía, no se compra ni se vende, sino que conforma el suelo firme digital de un Gobierno, de su política digital y de la protección y empoderamiento de derechos y deberes digitales de los ciudadanos. Todos somos iguales ante la ley y el derecho, no ante el mercado, afortunadamente. Recordarlo, se convierte en un refuerzo para nuevas creencias, fundamentalmente porque necesitamos la ética digital como una nueva forma de vida, tal y como la definió excelentemente el profesor López-Aranguren en su famoso tratado de Ética, publicado en 1958, “raíz de la que brotan todos los actos humanos”. Ahora, como solería digital, hecha en España y Andalucía, como raíz de la que brotan todos los actos políticos digitales.

Sevilla, 12/IV/2016

 

Política Digital / 6. Como el grafeno, nos cambiará la vida

Es verdad. Si analizáramos en profundidad una correcta política digital, llevada a cabo por el Gobierno Digital y Abierto correspondiente, la vida de hoy y del futuro nos podría cambiar definitivamente integrando las tecnologías de la información y comunicación, obedeciendo a los parámetros enunciados a lo largo de esta serie que inicié el pasado 20 de marzo, dedicada a una forma diferente de ver y hacer una determinada política, pero que está inserta de forma consustancial en el mundo en que vivimos, estamos y somos. Sería necesaria la aplicación de Política Digital en sentido estricto, para salvaguardar sobre todo el principio de equidad en la accesibilidad a los productos y servicios digitales, traspasando fronteras trasnochadas en el mundo actual.

Necesitamos declarar las proposiciones decentes digitales para avanzar en una sociedad más justa para todos. Escuchamos todos los días noticias que reflejan un mundo hecho polvo en búsqueda permanente de paz política e interior. Faltan proposiciones compartidas para aunar esfuerzos y voluntades a través del amor y el sufrimiento, como aquellos habitantes ejemplares de Santa María de Iquique.

Pablo Milanés lo sintetizó muy bien en una canción muy corta, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno: Proposiciones. No hacen falta ya muchas palabras para compartir este empeño de compartir ilusión por cambiar aquello que no nos hace felices, por mucho que el mercado se empeñe en convencernos que la felicidad es tener y no ser. Es más fácil estar atentos a disfrutar esta jornada, sin ir más lejos, inquietando el gusto de los demás a través de los sentidos, compartir mensajes que entusiasmen a los demás, sobre todo a los que están más cerca, lanzándonos por caminos y veredas anunciando que otro mundo digital es posible en España, porque la primavera llega siempre, de forma puntual, haciendo nuestro el crisol de esta morada.

Si estamos atentos a una correcta implantación de políticas digitales que representen un marco unificado y transversal a todas las vertientes de un programa general de gobierno, estamos ofreciendo nuevas posibilidades de que la inteligencia digital, con base científica, ofrezca resultados excelentes a corto, medio y largo plazo, a coste razonable porque se aplican nuevas fórmulas de planificación y programación digital que rompen los modelos actuales sustituyéndolos por nuevos sistemas de información y nuevas plataformas digitales de amplio espectro que superan barreras territoriales sin que por ello sufran las autonomías en tiempo real. El tiempo digital no es el tiempo autonómico, por ejemplo, ni tampoco el político. Una perfecta sincronización en la prestación de servicios digitales interoperables en materias tan sustantivas como la educación, salud o servicios sociales, redundaría en beneficios sociales de amplio espectro y a costes mucho más reducidos que los actuales, en un plazo de tiempo muy razonable por el rápido despliegue que permiten hoy las TIC.

Ya lo he manifestado en el post dedicado a resolver las bases de la dialéctica digital existente entre inversión y gasto. Si lleváramos a cabo en un tiempo record, que se puede hacer, una auditoría digital de la planificación y programación digital existente en el país, en áreas tan sensibles como las enunciadas anteriormente, educación, salud y servicios sociales, sin olvidar la industria en general, así como el gasto que soportan en la actualidad, se produciría una auténtica revolución digital que tendría que liderar el Gobierno Digital y Abierto correspondiente, pero con profunda participación social de científicos, empresas TIC y organizaciones de base digital. Quedaría al descubierto el innecesario y vergonzante gasto digital que está soportando el país, sin horizonte de contención alguna, cuando hay respuestas eficaces y eficientes al respecto, como ya he enumerado en post anteriores.

Es verdad. Una correcta política digital nos puede cambiar la vida. La he comparado hoy como la revolución del grafeno que todavía está por llegar definitivamente. Me ha parecido extraordinario escuchar atentamente al Premio Nobel de Física 2010 Konstantín Novosiólov, porque la construcción del mundo que predice es de corte digital al servicio de la sociedad pero con el apoyo indefectible de la investigación científica, que es la que debe soportar cualquier política digital en su core más profundo. Gracias a las TIC, que han contribuido de forma sustancial al espectacular salto científico del silicio al grafeno, se están construyendo las respuestas próximas a los avances científicos sobre cristales bidimensionales, entre los que se encuentra el grafito, que permitirá llevar a cabo grandes avances sociales.

Lo importante es la actitud política al respecto. No vale solo la buena voluntad advenediza del cortoplacismo. Es importante reflexionar que la política digital es cuestión de muchos esfuerzos que ponen en común un objetivo, con la sabia humildad científica de Novosiólov: construir un mundo digital que sirva al bienestar de la humanidad, sin excepción alguna pero con especial atención a los más débiles, aunque sepamos de antemano que los bits no son entes morales, como nos recordaba Negroponte en sus primeros años de investigación digital: “Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”. Es lo que no debería olvidar nunca un buen político digital. Como si fuéramos a cumplir el último sueño…

Sevilla, 11/IV/2016