Política Digital / 7: Y una cosa más…

ONE MORE THING

Hay un momento mágico en las keynotes de Apple, que hizo célebre Steve Jobs, cuando el CEO correspondiente pronuncia la siguiente frase con fondo de pantalla en negro y azul: “One more thing…” (Y una cosa más…). He recordado estas palabras de gran trasfondo digital al finalizar esta serie con un post dedicado a la ética digital, que también existe. Realidad inexorable que debe estar presente en la Política Digital (sí, sí, con mayúscula), que debería estar muy cerca de la Presidencia del Gobierno correspondiente.

Siempre me ha gustado asimilar la ética a la solería de nuestras casas. Así lo aprendí del profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida: es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida. Indudablemente, a observar también por el Gobierno Digital que corresponda.

Estas reflexiones deberían incorporarse en los programas políticos concretos y factibles de los partidos que deben implantar un Gobierno Digital en los términos que vengo planteando en esta serie, es decir, que como tampoco es inocente, son aquellos que podemos identificar bien porque se comprometen con la ética en todos sus niveles, con la transparencia, porque todos los partidos políticos no son iguales. Quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad, los recortes y abrocharse permanentemente el cinturón, digital por supuesto, defiende normalmente las mercancías en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Es más, no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra en las vidas de los que los diseñan.

El objeto principal de la ética digital de carácter público es respetar el interés general digital de los ciudadanos, distinguiendo “mercancía” de “valores y derechos humanos” digitales, que se instrumenta por el Gobierno Digital y Abierto correspondiente, mediante la Administración, no al revés, con carácter unificado y no estrictamente disperso en los diferentes departamentos ministeriales e instituciones públicas instrumentales. Además, inteligencia y ética digital son indisolubles, porque son las bases humanas para ser y estar en el mundo de una forma diferente gracias a las tecnologías de la información y comunicación. ¿Por qué? Porque la inteligencia digital es la capacidad que tenemos los seres humanos para adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación; capacidad para recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de las TIC; capacidad para resolver problemas o para elaborar productos y servicios que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural y factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través todo ello de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

Una pregunta de ética digital muy importante, que todavía no tiene respuesta pública alguna, es en qué se gasta el dinero público digital en nuestro país, tanto a nivel de Gobierno central como de Comunidades Autónomas. Los presupuestos del Estado y de las Comunidades Autónomas, que contemplan gasto digital de todo tipo y con una dispersión abrumadora, son ya un reflejo de la gestión ética de los poderes públicos y creo que, en general, no estamos muy encima de su elaboración, aprobación y ejecución final. No digamos de su evaluación tanto formativa (a diario) como sumativa (final). ¿No deberíamos conocer exactamente en qué se gasta el dinero público en gestión pública digital?.

La inteligencia pública digital, como ya expliqué en el post Política Digital / 2. Vocabulario propio, que trasciende los actos individuales como consecuencia de las políticas que se ejecutan en la Administración correspondiente, mediante ordenación y organización administrativa de corte digital, necesita la ética como suelo firme que justifique todos sus actos políticos. Tenemos un ejemplo reciente en la publicación de dos Leyes (39/2015 y 40/2015) que ordenan y organizan parcialmente la Administración digital, aunque no sean un ejemplo desde la perspectiva de Gobierno Digital al trocear de nuevo la visión de marco unificado legal que tendría que respetarse desde una perspectiva de política digital de amplio espectro.

Escribo con frecuencia sobre inteligencia digital aplicada. Es lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamaba anteriormente “solería” de nuestra vida, o “lamas de parqué” en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso, que ya desarrollé en mi libro Origen y futuro de la ética cerebral, donde justifico nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio digital y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo.

One more thing…: la ética digital también existe, aunque a diferencia de las sorpresas de Apple, que con todos los respetos son siempre mercancía, no se compra ni se vende, sino que conforma el suelo firme digital de un Gobierno, de su política digital y de la protección y empoderamiento de derechos y deberes digitales de los ciudadanos. Todos somos iguales ante la ley y el derecho, no ante el mercado, afortunadamente. Recordarlo, se convierte en un refuerzo para nuevas creencias, fundamentalmente porque necesitamos la ética digital como una nueva forma de vida, tal y como la definió excelentemente el profesor López-Aranguren en su famoso tratado de Ética, publicado en 1958, “raíz de la que brotan todos los actos humanos”. Ahora, como solería digital, hecha en España y Andalucía, como raíz de la que brotan todos los actos políticos digitales.

Sevilla, 12/IV/2016

 

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