Penélope Cruz, tejedora de éxitos y sueños

Penélope Cruz en la entrega de la Copa Volpi / Carteles oficiales de Madres paralelas

Sevilla, 13/IX/2021

Nuestro país no suele cuidar a las personas que triunfan porque siempre afloran en estas circunstancias sus sempiternos pecados capitales, entre los que destaca la envidia, entendida como tristeza o pesar del bien ajeno o «dolor concebido en el ánimo del bien y de la prosperidad ajena» (RAE A, 1732), unido al olvido casi inmediato y a los malos pensamientos en una frase tipo: «por algo será…», donde el presagio del «algo» nunca es bueno y cumple su misión como la mancha de aceite. Puede ocurrir ahora con la actriz Penélope Cruz que ha obtenido el máximo galardón en el 78º Festival Internacional de Cine de Venecia, la copa Volpi a la mejor interpretación femenina en la obra presentada por Pedro Almodóvar, Madres paralelas, que merece nuestro respeto por su trayectoria artística, aunque muchos sientan ese pesar malévolo por el mero hecho de triunfar en el mundo del cine. Es la primera vez que una actriz española obtiene este premio: “Es un honor. Aquí estamos, celebrando el cine. Gracias Pedro, esto es 100% tuyo. Tu trabajo impecable, tu dedicación, ¡son tan difíciles de encontrar en estos tiempos! Te adoro”, dedicándolo también a «sus madres paralelas»: «A mi madre, Encarna, los mejores valores, la mejor maestra y mejor amiga; y a mi suegra, Pilar Bardem», que «Hizo muchísimo por los actores y actrices en nuestro país, y su amor y pasión por esta profesión era enorme». El nombre del premio, copa Volpi, fue instituido en honor de Giuseppe Volpi di Misurata (1877-1947), fundador del Festival de Venecia y fue Pilar Bardem la que pronunció estas dos palabras, copa Volpi, poco antes de morir y dirigiéndose a Penélope como una premonición llena de cariño y admiración. Ella, escribió una carta con motivo del fallecimiento de Pilar el 17 de julio de este año, de la que reproduzco algunas líneas impecables: «[…] Gracias por haberte puesto siempre del lado del que más lo necesita. Por alzar tu voz ante las injusticias. Por dejarte la piel luchando por mejorar las condiciones de vida de los miembros más necesitados de nuestro sector, sin esperar nunca nada a cambio. No se puede olvidar que en nuestra profesión muchas cosas han mejorado gracias a tu grandísimo esfuerzo a lo largo de los años, sin rendirte en ningún momento. Eres admirable. Gracias por compartir conmigo todos estos años tu sabiduría. Y tu humor!. Te quiero muchísimo. Siempre te llevaré en mi corazón. Gracias Pilar».

Penélope ha sabido tejer sus éxitos y sus sueños. Este premio se suma a otros anteriores, tales como un Oscar, tres Goyas, un premio de interpretación femenina en Cannes -’ex aequo’- por «Volver», un BAFTA y un premio de la Academia del Cine Europeo. Poco a poco ha conseguido alcanzar una cima de prestigio en el cine mundial y es una carrera que merece la atención de sus compatriotas, en la clave que tantas veces he recordado de mi paisano Luis Cernuda: “el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”. Lo he repetido hasta la saciedad en este cuaderno digital: debemos reconocer todo lo que a diario se hace bien en este país, porque necesitamos esos refuerzos positivos y más en los tiempos que corren. Con este reconocimiento cinematográfico a Penélope Cruz, he recordado las palabras del cardiólogo Valentín Fuster, residente durante muchos años en América, que pronunció en 2013 durante una de sus múltiples visitas a España: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de lo que hace mal este país, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…, si alguien nos representa con dignidad más allá de nuestras fronteras y alegrarnos por ello, rompiendo los silencios cómplices a los que estamos acostumbrados o a desprestigiar a quien tanto lucha por sus ideales y principios. Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas que aparentemente son de otro mundo pero que gracias a una actriz excepcional española como Penélope Cruz contribuimos a dignificar el país en un premio internacional de cine que debería causar la admiración necesaria y justa de todos, sin excepción alguna.

Gracias Penélope, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, que conocí gracias al viaje de Ulises a Ítaca tejiendo mil sueños en su larga espera y a una canción cantada por Serrat que me hizo pensar mucho en las desazones de la vida, sobre todo cuando escuchaba la estrofa final: Le sonrió / Con los ojos / llenitos de ayer / No era así su cara ni su piel / \»Tú no eres quien yo espero\» / Y se quedó / Con el bolso de piel marrón / Y sus zapatitos de tacón / Sentada en la estación”.

El sábado resplandeció su cara cuando sentada en el banco del andén de la vida, la copa Volpi premió su larga espera de reconocimientos cinematográficos que merece por su trabajo con amor hecho. Si por algo reconozco especialmente el trabajo realizado en la película por Penélope en su papel de Janis, es porque la actriz profundiza con su interpretación en unas palabras de Eduardo Galeano, en sus “clases en el mundo al revés” que enmudecen mi corazón: “El derecho de recordar no figura entre los derechos humanos consagrados por las Naciones Unidas, pero hoy es más que nunca necesario reivindicarlo y ponerlo en práctica: no para repetir el pasado, sino para evitar que se repita; no para que los vivos seamos ventrílocuos de los muertos, sino para que seamos capaces de hablar con voces no condenadas al eco perpetuo de la estupidez y la desgracia. Cuando está de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacerla. Más que en los museos, donde la pobre se aburre, la memoria está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira”.

Penélope Cruz, junto al equipo profesional que la ha acompañado en esta aventura tan especial, ha realizado algo que va más allá del premio recibido: ha escrito unas páginas inolvidables para este país y su memoria histórica, que tanto necesitamos respetar y cuidar. De ahí mi humilde reconocimiento y respeto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las plumas de septiembre en el Día Después

Mario Benedetti / Pablo Neruda

Sevilla, 12/IX/2021

Estoy muy agradecido a Chile porque consta para la historia de este país que tuvo un comportamiento ejemplar con los exiliados españoles que participaron en la llamada Misión de Amor (1), un poema que recibió este título del mismo Neruda y del que decía “Que la crítica borre toda mi poesía. Pero este poema [Misión de Amor], que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie”. En el puerto de Valparaíso, tan querido para Neruda, desembarcaron el 3 de setiembre de 1939, más de 2.300 exiliados españoles a bordo del Winnipeg, siendo recibidos por el presidente Aguirre Cerdá y por el jovencísimo y recién nombrado Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social, Salvador Allende: “[…] Al descender las movedizas escalinatas, ante ellos se abría la posibilidad de rehacer sus vidas y de retribuir con su trabajo y esfuerzos la hospitalidad que generosamente les brindaban el pueblo y el Gobierno chilenos. Manos fraternas acogieron a los inmigrantes, rescatados por el humanitario corazón de Neruda, para quienes, a contar de ese momento, la esperanza comenzó a ser una realidad” (2). Salvador Allende estuvo allí y con estas palabras simbolizo en este Día Después el agradecimiento de nuestro país al pueblo chileno, en clave democrática y de respeto a la memoria histórica.

Avanzando en el arduo camino de la vida, pienso mucho en el después de lo acontecido en Chile, en cada Día Después, tal y como lo explicó espléndidamente Mario Benedetti en un poema inédito publicado dos años después de su fallecimiento, El Después, formando parte de un conjunto de poemas seleccionados por el autor en los últimos años de su vida: “El Después nos espera / con las brasas y los brazos abiertos / ah pero mientras tanto / vemos pasar con su cadencia/ la muerte meridiana de los otros / los más queridos y los no queridos” (3).

En este Día después, quiero quedarme con todo lo bueno aprendido de Chile, recordando especialmente a Pablo Neruda en un poema dedicado a este mes de septiembre de infeliz memoria, ahora por lo ocurrido en su país con el golpe de estado y por el golpe mundial a la democracia y a la paz con el atentado de las Torres Gemelas. Estamos tan ocupados con el coronavirus, que casi no apreciamos lo que ocurre a nuestro alrededor, con una experiencia estacional que ya está con nosotros, la llegada de septiembre, el séptimo mes como su propio nombre indicaba en el calendario romano. Acudo una vez más a la poesía y llamo a su puerta, sabiendo que las oscuras golondrinas de Bécquer no volverán por ahora, sobre todo las que aprendieron nuestros nombres en los momentos en los que no conocíamos lo que vendría después. Esa es la razón que me ha llevado a encontrarme de nuevo con Neruda, porque hoy, en el Día Después, necesitaba volar sobre sus queridas alas de septiembre a través de una oda especial, Oda a las alas de septiembre (4), aunque sólo pueda hacerlo en mi imaginario particular y para poder compartir momentos amables con las personas que me acompañan a diario:

He visto entrar a todos los tejados
las tijeras del cielo:
van y vienen y cortan transparencia:
nadie se quedará sin golondrinas.

Aquí era todo
ropa, el aire espeso
como frazada y un vapor de sal
nos empapó el otoño
y nos acurrucó contra la leña.

En la costa del Valparaíso,
hacía el sur de la Planta Ballenera:
allí todo el invierno se sostuvo
intransferible con su cielo amargo.

Hasta que hoy al salir
volaba el vuelo,
no paré mientes al principio, anduve
aún entumido, con dolor de frío,
y allí estaba volando,
allí volvía
la primavera a repartir el cielo.

Golondrinas de agosto y de la costa,
tajantes, disparadas
en el primer azul,
saetas de aroma:
de pronto respiré las acrobacias
y comprendí que aquello
era la luz que volvía a la tierra,
las proezas del polen en el vuelo,
y la velocidad volvía a mi sangre.
Volví a ser piedra de la primavera.

Buenos días, señores golondrinas
o señoritas o alas o tijeras,
buenos días al vuelo del cielo
que volvió a mi tejado:
he comprendido al fin
que las primeras flores
son plumas de septiembre.

Un detalle. Si he elegido de nuevo, hoy, este poema, es porque en el hemisferio sur ha comenzado ahora la primavera -¡que bella realidad y deseo!- y para comprender el curso de la naturaleza si no la alteramos, sabiendo que las primeras flores que vimos en nuestra primavera reglada son plumas ahora en este hemisferio europeo de septiembre, aunque la primavera siempre volverá a nuestras vidas, a nuestras almas. Así una y mil veces. Ahora, las alas de septiembre están de paso hacia África pero nos regalan el vuelo del cielo sobre nuestra existencia, diciéndonos ¡hasta luego, hasta siempre!, recordándonos que la vida sigue y que es fiel a los que la aman si no perturbamos su curso.

María Dolores Pradera y Amaya Uranga, Golondrina presumida

Así lo escuché una vez cantar a María Dolores Pradera, en su “Golondrina presumida”: De allá del mar vendrás, / tienes que regresar / porque tú traes, porque tú traes… / porque tú traes mi vida”. Nuestra vida, en este Día Después de un mes de septiembre alado y tan especial. Lo confirma Benedetti en las estrofas finales del poema citado: no logramos soñar / solo esperamos / que alguien nos sueñe sin puñales / pero también sin melancolías / de segunda o quinta mano / de todos modos preparamos / la boca por si vuela un beso / y si no vuela siempre queda / uno que emerge del olvido.

(1) Neruda, Pablo. Misión de Amor, en Memorial de Isla Negra, 1964. Buenos Aires: Losada.

(2) https://winnipeg70.wordpress.com/a-historia-del-winnipeg/

(3) Benedetti, Mario, en Biografía para encontrarme, 2020. Madrid: Alfaguara.

(4) Neruda, Pablo, en Navegaciones y regresos, 1959. Buenos Aires: Losada.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Sigo sin olvidar a Víctor Jara, en tiempos de silencios cómplices

Sevilla, 11 de septiembre de 2021, en el 48º aniversario del golpe de Estado en Chile

Te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel…

Víctor Jara, Te recuerdo Amanda

Es una cita anual que no olvido, junto a la del sangriento atentado de las Torres Gemelas -cada hecho luctuoso en su tiempo y momento-, porque tengo grabado en mi persona de secreto desde hace 48 años el golpe de Estado en Chile, por parte de un general de cuyo nombre no quiero hoy acordarme. Yo había crecido en aquellos años muy cerca de cantores, no cantantes, de este país y de Latinoamérica (cantante es el que puede cantar, mientras que cantor es el que debe cantar, según Facundo Cabral) y, sobre todo, de un grupo inolvidable, Quilapayún, junto a uno de sus fundadores, Víctor Jara. Su vida me marcó en mi juventud. Su muerte…, me creó un desosiego democrático que todavía perdura en mi alma de secreto, aunque utilizo siempre los mismos principios en relación con lo ocurrido, porque no tengo otros, no quedándome en las trincheras del desafío por frustración, sino saliendo al aire libre y de progreso de la vida, frecuentando el futuro propio y asociado, con el tu puedo y mi quiero de todos.

Hoy especialmente, cuando se cumplen 48 años de aquél día aciago para el pueblo chileno, para la democracia mundial. Lo he dicho en ocasiones anteriores y reitero mis palabras de homenaje perpetuo a la vida y obra de este cantor de la dignidad humana. No le olvido, porque Víctor Jara significó mucho en mi vida de secreto y en la de millones de personas dignas. Todavía hoy lo recuerdo en relatos de mi juventud comprometida con la vida y la muerte, tal y como lo describí en el post que adjunto de nuevo hoy, entre otros, escrito en 2009, cuando lo enterraron de forma digna “en el mismo sitio de 1973, después de que exhumaran su cadáver de nuevo para poder certificar la violencia con la que actuaron los soldados y oficiales de Augusto Pinochet contra sus palabras, su testimonio de vida, su compromiso ético».

El 27 de junio de 2016, una corte federal de Orlando, Estados Unidos, encontró a Pedro Pablo Barrientos Núñez responsable del asesinato de Víctor Jara, debiendo pagar una cantidad millonaria a su familia como compensación. Los cargos fueron de tortura y ejecución extrajudicial. Fue una noticia que sirvió al menos para comprobar que no debemos participar en silencios cómplices cuando la falta de honestidad y ética nos rodea, porque la verdad, al final, nos hace siempre más libres.

Nada más, porque estoy convencido de que el mundo sólo tiene interés cuando va hacia adelante, pero sin olvidar un sólo segundo su memoria histórica. Sé qué papel tan importante jugaron en esta última acción judicial su mujer Joan y su hija Amanda, tan recordada por su padre en una canción que nunca olvido, dedicada al amor de dos obreros, de esos que vemos por las calles, que podían ser sus padres, Amanda y Manuel, porque a veces no nos damos cuenta de lo que existe dentro del alma de las personas. Dos obreros, de cualquier fábrica, en cualquier ciudad, en cualquier lugar del mundo.

También, quiero recordar el trabajo incansable del Centro de Justicia y Responsabilidad por su trabajo encomiable para recuperar dignidad para aquellas personas que sufren violaciones de derechos humanos en todo el mundo, como lo hicieron con Víctor Jara. Solo me queda darles las gracias de nuevo, en esta fecha tan especial, por su ejemplo y porque estoy convencido de que defendiendo la democracia plena hoy es el tiempo que puede ser mañana.

«La sangre para ellos son medallas. La matanza es un acto de heroísmo ¿Es este el mundo que creaste, dios mío?»

Palabras de Víctor Jara dos horas antes de morir

Víctor Jara y mi memoria de hipocampo

Te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel…

Es verdad que recuerdo la muerte de Víctor Jara, cuando yo llevaba un año trabajando en el Hospital Universitario San Pablo, en la antigua Base americana “San Pablo Frontera”, en septiembre de 1973, en unas condiciones difíciles para estar cerca de la vida y de la muerte de las personas que allí se atendían. Con veintiseis años. Fueron días de contradicción interna porque recordaba a Víctor Jara en canciones protesta que me sabía de memoria y no comprendía por qué le habían asesinado de forma tan brutal. Además, con escasa información en un país que agonizaba en su dictadura feroz, que asimilaba personalmente de forma difícil en mis compromisos con la Universidad de Sevilla.

Llevo días leyendo numerosas referencias a la muerte de Víctor Jara, en el Estadio Nacional que nunca olvidaré, gracias a Costa Gavras, en su película desgarradora, Missing, que tantas veces he recordado, como acicate para que no abandone el compromiso con la ética social.

El 16 de septiembre de 1973, lo enterraron de forma humilde y clandestina gracias al aviso de una persona que descubrió su cadáver junto a la tapia del cementerio. Y el pasado 5 de diciembre de 2009, volvió a recibir sepultura digna, en el mismo sitio de 1973, después de que exhumaran su cadáver de nuevo para poder certificar la violencia con la que actuaron los soldados y oficiales de Augusto Pinochet contra sus palabras, su testimonio de vida, su compromiso ético.

Treinta y seis años después, lo he acompañado por las calles de mi memoria de hipocampo, la de secreto, hasta depositarlo de nuevo en el mismo sitio que ha estado en estos treinta y seis años de mi vida, recordando su sonrisa, sus rizos, que tanto enfadaron al soldado que le golpeó brutalmente en el estadio, en una muerte lenta (1), porque era un cantante marxista-leninista (en interpretación celtibérica que tanto resonaba en mis oídos en aquella época y durante la famosa transición):

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial.

Después, he buscado siempre a Víctor Jara a través de Quilapayún, conjunto con el que convivió durante años muy importantes de su vida. Y lo he encontrado hoy, escuchando de nuevo canciones de compromiso para que no olvide nunca mi memoria histórica, a Víctor Jara:

Levántate y mira la montaña
de donde viene el viento, el sol y el agua.
Tú que manejas el curso de los ríos,
tú que sembraste el vuelo de tu alma.

Levántate y mírate las manos
para crecer estréchala a tu hermano.
Juntos iremos unidos en la sangre
hoy es el tiempo que puede ser mañana.

Sevilla, 6/XII/2009

(1) Délano, M. (2009, 6 de diciembre). La muerte lenta de Víctor JaraEl País, Domingo, pág. 12s.

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Un día antes del 11 de septiembre de 2001

Fotograma de la película Chelsea Walls, una escena del videoclip de I’m Real y portada de Time and Again, de Nora Roberts

Sevilla, 10/IX/2021

Hace veinte años el mundo caminaba tal día como hoy por derroteros desconocidos del día después, en el que se produjo un hecho que conmocionó la democracia en el globo terráqueo. En concreto, el 11 de septiembre de 2001, en Estados Unidos, un lunes aparentemente normal bajo la presidencia del republicano George W. Bush, la gente escuchaba en ese país a Jennifer López cantando I’m Real, había comprado entradas para ver Chelsea Walls dirigida por Ethan Hawke y muchas personas leían la novela Time and Again, de Nora Roberts, que ya formaba parte de los best sellers mundiales en esa fecha. Unas horas después, al día siguiente, lo sucedido en la Torres Gemelas marcaría un antes y un después en la democracia mundial y el terrorismo pasó a ocupar todas las cabeceras de los medios de comunicación del globo terráqueo. A partir de ese día, ya nada sería igual y veinte años después seguimos viviendo con dolor y espanto aquellas imágenes irrepetibles del derrumbamiento de las famosas torres y creo que de una forma de ser y estar en el mundo por parte de sus pobladores.

¿Hemos aprendido la lección? Como todo en la vida, depende de cómo queramos ver el vaso, medio lleno o medio vacío, aunque lo sucedido con Afganistán supone un revés que todavía estanos intentando digerir, siendo conscientes de que el mundo aparentemente democrático y solidario ha dejado a sus suerte al pueblo afgano, a sus mujeres y niños. Es un símbolo triste y aleccionador de para qué ha servido la lucha antiterrorista en ese territorio y en otros lugares del mundo entre los que podemos destacar Madrid, París, Siria, Yemen, Libia y otros muchos lugares en los que las guerras y las migraciones, por causa del terror o de ideologías, casi nos dan igual desde el confort democrático que nos ofrece la atalaya ética de cada uno.

He querido detenerme en el día anterior al atentado de las Torres Gemelas. El día después supone veinte años de reconstrucción mundial de la democracia atacada permanentemente por el terrorismo ideológico y económico, que de todo hay en la viña del Señor o en las de los señores de la guerra y de negro. Creo, sinceramente, que no hemos aprobado en dignidad humana, porque a la desorientación mundial y al caos económico que hemos sufrido desde el estallido de la burbuja económica en 2008, unido a la desoladora pandemia que nos invade, junto con los millones de personas que están instaladas en la pobreza severa sin mezcla de dignidad alguna, se ha creado un estado de ánimo de preocupación mundial, más del presente rabioso que del futuro, con un eslogan que da miedo: a mí que no me llamen, porque los responsables son otros, recordando aquella canción de María y Federico de mi juventud en la que se cantaba que “la culpa de todo eso la tiene la gente”.

El 10 de septiembre de 2001, Jennifer López cantaba con éxito mundial I’m Real, ella, que era real como la vida misma: No me preguntes donde he estado / O lo que voy a hacer, / solo sé que estoy aquí contigo / No trates de entender, cariño, no hay misterio, / porque sabes cómo soy. Así una y otra vez hasta que la vida, al día siguiente, dejaba de permitir a millones de personas ser y estar en el mundo como la vida misma. La intranquilidad se convirtió desde ese fatídico día en una compañera inseparable.

Repasando la música de aquél día anterior, quizá tenga mayor sentido recordar una canción que triunfaba en Latinoamérica, Cómo se cura una herida, cantada por Jacy Velázquez, como una auténtica premonición de lo que sólo veinticuatro horas después iba a ocurrir con impacto mundial, algo muy doloroso: Qué triste es despertar y ver la realidad / ver que es mentira, lo que sentías saber / que es el final. / Qué triste es ver caer, esa pared que ayer / me resguardaba y no me dejaba ver, lo que hacías / Cómo se cura una herida / cuando perdonar es tan difícil, / y cuando olvidar no se consigue. / Cómo enfrentarse a la vida / con el corazón hecho pedazos / cuando la desilusión / te quiebra el mundo y pega, el golpe bajo / Nunca imaginé llorar tu engaño.

En ese día anterior, como todos los días, también comenzó todo. Igualmente, en el desdichado día después. Lo aprendí y lo practico a diario desde que conocí en profundidad una película de Bertrand Tavernier, director de cine al que siempre admiré en mi vida por su filmografía excelente y didáctica, que llevaba por título Hoy empieza todo, sobre un guion de Dominique Sampiero que leí completo para comprender bien su hilo argumental. El cine de calidad nunca es inocente, porque es la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Cuando vemos una película contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones. Al fin y al cabo, porque aspiramos siempre a descubrir nuestra mejor historia.

El día después de lo narrado al comienzo de estas líneas, fue una fecha inolvidable, el 11 de septiembre de 2001, el fatídico en el que ocurrió el terrible atentado de las Torres Gemelas. Ya se ha escrito casi todo sobre lo ocurrido y hoy más que nunca tengo que defender que el mundo sólo tiene interés cuando va y mira hacia adelante. Es verdad que la canción de aquél día anterior, Cómo se cura una herida, era un manual de cómo se cura el daño que recibimos cuando se quiebra el amor humano. Quizá venga bien hoy tararear la letra de aquella canción porque a partir del día después de cada día nos damos cuenta de algo que decía el guionista de Hoy empieza todo: aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones. No por repetirlo es malo, que decían nuestros mayores.

Al fin y al cabo, porque aspiramos siempre a descubrir nuestra mejor historia para seguir viviendo, frecuentando hoy el futuro más amable para todos, lejos de atentados, guerras, terrorismo, migraciones imposibles, soledad, pobreza severa y tanto dolor de los nadies de Galeano, recordándolos hoy especialmente y porque están más cerca de nosotros de lo que parece: los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El mundo no está al revés por culpa de una manzana

René Magritte, La chambre d´ecoute, 1958

Sevilla, 9/IX/2021

El Museo Thyssen-Bornemisza inaugura la semana próxima una exposición temporal bajo el título La máquina Magritte, dedicada a este pintor surrealista y al que profeso una profunda admiración, tal y como se puede comprobar en las páginas de este cuaderno digital, en bastantes referencias pictóricas por su contenido y mensajes tan atractivos. Es la “primera retrospectiva de René Magritte (1898-1967) que se celebra en Madrid desde la que le dedicó la Fundación Juan March en 1989. El título La máquina Magritte destaca el componente repetitivo y combinatorio en la obra del gran pintor surrealista, cuyos temas obsesivos vuelven una y otra vez con innumerables variaciones. La muestra se divide en las siguientes secciones: (1) Los poderes del mago (2) Imagen y palabra (3) Figura y fondo (4) Cuadro y ventana (5) Rostro y máscara (6) Mimetismo y (7) Megalomanía. Comisariada por Guillermo Solana, director artístico del museo, la muestra reúne más de 90 pinturas. La exposición se completa con una instalación en la sala balcón mirador, en la primera planta del museo, de una selección de fotografías y películas domésticas realizadas por el pintor, por cortesía de Ludion Publishers”.

Hoy, en un mundo real  que no es el mundo que nos enseñaron en nuestras escuelas de antaño, donde la manzana, ese oscuro objeto de deseo de Magritte, era la única culpable de que el mundo esté así, al revés, recupero su representación simbólica y surrealista en una reflexión que me acompaña desde hace ya muchos años a través de una pintura suya, La chambre d´ecoute, 1958, un clásico de Magritte, en la que nos deja un mensaje críptico para este aquí y ahora, porque el mundo al revés que nos rodea no es el Mundo, ni es el culpable de todos nuestros males en el momento actual. Desentrañar esta reflexión junto a Magritte es el cometido principal de estas líneas. Sabíamos ya que su manzana a secas, no era una manzana y que el bien y el mal no nació por la tentación de una serpiente que estaba cerca de la fruta prohibida.

Llevo muchos años aproximándome a un dilema que nos aprisiona en vida: ¿por qué somos buenos o malos?, o mejor, ¿por qué actuamos bien o mal?, incluso con extrema violencia, o peor todavía ¿por qué cuando queremos hacer las cosas bien, salen mal, y además nos auto inculpamos o lanzamos las responsabilidades hacia los demás, sin com-pasión [sic] alguna? Los que hemos crecido en entornos nacional-católicos, apostólicos y romanos, lo teníamos fácil, en principio. Esas preguntas, que son terrenales para las iglesias, solo tienen una respuesta clara y contundente en la católica y la judía: la responsabilidad de actuar mal, cuando lo tuvimos todo a favor, para actuar bien, es de nuestros antepasados, Adán y Eva, que comieron de una manzana prohibida y desde entonces no hacemos otra cosa que sufrir el mal por todas partes. Así de sencillo (?). La verdad es que hemos crecido desentendiéndonos poco a poco de estos esquemas, sin que Dios, curiosamente, nos recogiera a tiempo…, con escapadas históricas y lógicas hacia otro tipo de razonamientos, como los que Galileo, Darwin, Einstein y tantos otros científicos nos ofrecieron para justificar razones de la razón para comprender mejor nuestra existencia, la ética de nuestro cerebro. Hoy, con la investigación exhaustiva de las estructuras cerebrales, con medios poderosos de laboratorio, nos atrevemos a hacer la pregunta sobre si la ética cerebral es instinto o aprendizaje, dejando la manzana maligna al margen, con el ardor guerrero de intentar encontrar respuestas coherentes con la inteligencia humana, con absoluto respeto a todas las personas que les sigue viniendo bien creer en la irresponsabilidad maldita de Adán y Eva.

El biólogo evolucionista Marc Hauser, que ha trabajado en los últimos veinticinco años sobre esta aproximación científica de la que he hablado anteriormente, sobre el que ya hice alguna presentación en un post de este cuaderno, Ética del cerebro, dice en su libro “La mente moral”, algo apasionante: “hemos desarrollado un instinto moral, una capacidad que surge de manera natural dentro de cada niño, diseñada para generar juicios inmediatos sobre lo que está moralmente bien o mal sobre la base de una gramática inconsciente de la acción. Una parte de esta maquinaria fue diseñada por la mano ciega de la selección darwiniana de años antes de que apareciera nuestra especie; otras partes se añadieron o perfeccionaron a lo largo de nuestra historia evolutiva y son exclusivas de los humanos y de nuestra psicología moral. Estas ideas se basan en lo que nos permite descubrir otro instinto: el lenguaje” (1). Creo, por tanto, que una obligación humana por excelencia es llegar al conocimiento de por qué tenemos que encontrarnos siempre con el gran dilema dialéctico del bien y del mal, así como de las consecuencias de las decisiones que tomamos a diario en las que siempre está presente y del que difícilmente aprendemos por acción o por omisión. Si alguna vez llegáramos a explicar la causa de la decisión u omisión ética de nuestro cerebro, por qué se producen algunas respuestas que no nos agradan o que incluso nos hacen fracasar en un momento o para toda la vida, viviendo un desposorio casi místico con la culpa, haríamos mucho más fácil la vida diaria porque al menos sabríamos a qué atenernos. Hoy, nos agarramos como a un clavo ardiendo, a Dios, a la naturaleza, a la sociedad o a las personas (José Ferrater Mora, El hombre en la encrucijada), en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, para justificar nuestras acciones, olvidando que nuestra gran máquina de la verdad, nuestro cerebro, guarda el secreto ancestral de por qué existe el bien o el mal y de por qué actuamos de una forma u otra, muy lejos de la manzana que, como en el agigantamiento tan característico de Magritte, ha perdurado en el tiempo como causa de todos los males, ocupando nuestra habitación interior, la del alma y la de los secretos.

Maravillosa aventura para dejar de lado, definitivamente, el drama (¡con perdón!) de la serpiente malvada y la fruta prohibida, la manzana, sobre la que la Biblia nunca habla de ella, tal como se recogió en la famosas diez líneas del libro del Génesis, en la tríada serpiente/Adán/Eva (nunca la manzana), que son “la quintaesencia de una religión que ha dado vueltas al mundo y ha construido patrones de conducta personal y social. Y cuando crecemos en inteligencia y creencias, descubrimos que las serpientes no hablan, pero que su cerebro permanece en el ser humano como primer cerebro, “restos” de un ser anterior que conformó el cerebro actual. Convendría profundizar por qué nuestros antepasados utilizaron este relato “comprometiendo” al más astuto de los animales del campo [en un enfoque básicamente machista de la ética del cerebro humano]. Sabemos que el contexto en el que se escriben estos relatos era cananeo y que en esta cultura la serpiente reunía tres cualidades extraordinarias: “primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacía de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. (…) Estas tres características hicieron de la serpiente el símbolo de la sabiduría, la vida eterna y la inmortalidad, no sólo entre los cananeos sino en muchos otros pueblos, como los egipcios, los sumerios y los babilonios, que empleaban la imagen de la serpiente para simbolizar a la divinidad que adoraban, cualquiera sea ella” (2). Queda claro que la manzana fue harina del costal católico, apostólico y romano, por más señas.

El cerebro contiene un instinto básico que nos lleva a actuar bien o mal con patrones construidos hace millones de años. La estructura cerebral reptiliana que todavía permanece en nuestro cerebro guarda un gran misterio de millones años que debemos descubrir. Es probable que de esta forma sufriéramos menos en el difícil día a día de nuestra existencia y comprendiéramos mejor nuestros propios actos sorprendentes y, lógicamente, los de los demás, aprendiendo qué es la com-pasión (el sufrimiento con o junto a los otros). Básicamente en términos de responsabilidad personal y social, sabiendo que “responsabilidad” es la capacidad de dar respuesta individual o colectiva, con conocimiento y libertad como sus dos elementos esenciales, a cualquier situación que se nos presenta en el acontecer diario. Bien o mal, y hasta qué grado de compromiso o consecuencia, es harina de otro costal. Quizá, de un conjunto de estructuras cerebrales en funcionamiento permanente, sin descanso, que todavía no conocemos, bajo el mando del cerebro reptiliano todavía presente en las llamadas respuestas éticas.

Vuelvo al Museo Thyssen-Bornemisza y escucho el hilo conductor de la próxima exposición para intentar comprender mejor la Máquina de Magritte o, si lo prefieren, la Máquina del Tiempo o la de la Verdad. Su manzana, es cierto, no es la manzana pecadora que conocí en mi infancia, como causante de todos los males que nos asolan en la actualidad en un mundo al revés que detesto y que procuro obviarlo a diario. Es verdad también que la manzana no es la responsable de la situación del mundo actual, porque la manzana de Magritte nunca fue una manzana. La de la Biblia, tampoco, porque nunca existió, aunque haya ocupado millones de páginas de nuestra Historia causando un dolor irreparable a millones de personas que lo fiaron todo a una fruta del paraíso.

(1) Hauser, Marc (2008). La mente moral. Barcelona: Paidós Ibérica, pág. 17.

(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Estereotipo machista 4: “¡mujer tenías que ser!”

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los García merecen la atención de sus paisanos

Sevilla, 8/IX/2021

Más el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La desolación de la quimera

Lo dijo Luis Cernuda desde el exilio a sus paisanos de Sevilla, transido de dolor por la falta de respeto hacia la memoria histórica de su país, de su vida y de su obra. Lo he recordado hoy especialmente al conocer con detalle la saga de los García, una familia de profundas raíces sevillanas, de origen humilde, pero que ha aportado al mundo unos valores culturales inolvidables. Un apellido de apariencia muy simple, García, aunque con historia, que representa una saga que hoy estoy interesado en recuperar en este cuaderno digital, porque para mí era una isla desconocida, recuperada gracias a la labor de la Fundación Juan March, que dedica esta semana un homenaje muy completo a esta familia andaluza de proyección internacional. También hay que señalar la publicación en 2018 de un libro dedicado íntegramente a esta saga, Los García, una familia para el canto, escrito por Andrés Moreno Mengíbar, siendo “la primera biografía que trata de esta saga familiar al completo -cuatro generaciones- fundamental en la historia de la ópera y el canto de los siglos XIX y XX; […] hasta el momento existía una muy escasa bibliografía en español de esta familia: apenas la traducción de la biografía de Manuel García de James Radomsky y un par de títulos sobre su hija María Malibrán. La obra cuenta con una presentación a cargo de Teresa Berganza y un emocionante prólogo de la última descendiente de los García, Diana Pauline García.

La sinopsis del libro ayuda a situar la realidad y el deseo de esta familia, siguiendo de cerca el espíritu de Cernuda: “La saga familiar de los García es uno de los cimientos fundamentales de la Historia de la Ópera y del Canto en los siglos XIX y XX. La Escuela García, el método de canto más famoso, ha servido de base para la formación de cantantes durante generaciones. Su origen se sitúa en Sevilla, donde nace en 1775 Manuel García, cantante, compositor, empresario y maestro de canto que llevó la ópera por primera vez a Estados Unidos. Su hijo Manuel Patricio perfeccionó y consolidó científicamente el método de enseñanza de su padre y con él formó a algunas de las más famosas voces del XIX. De Manuel, el sevillano, nacieron también sus hijas María [García] Malibrán, diva romántica por antonomasia, y Pauline [García] Viardot, cantante, maestra, compositora y musa de artistas como Tourgueniev, Saint-Saëns, Berlioz, Massenet, Wagner o Brahms. Una tercera y hasta una cuarta generación se encargaron de transmitir las esencias de las enseñanzas familiares, en una cadena en la que siempre se guardó la añoranza de sus orígenes andaluces y su compromiso”.

Lo que verdaderamente me ha emocionado es leer un artículo precioso sobre esta familia, Cuando los García fundaron… Europa, escrito por Rubén Amón, por lo que supuso de proyección internacional, a través del análisis de un ensayo de Orlando Figes, Los europeos,  que recrea los orígenes de la identidad cultural del continente a partir de la revolución del tren y del impulso de esta familia de cantantes españoles y de raíz andaluza: “Los García revolucionaron Europa. Empezando por el patriarca. Manuel (1775-1832). Compositor. Y cantante superdotado. Le correspondió estrenar en Roma ‘El barbero de Sevilla’, de tal manera que los vaivenes de la ópera de Rossini se convirtieron en la banda sonora del continente europeo y en un insólito argumento aglutinador. Su música se tarareaba en Milán y en San Petersburgo. En Viena y en Madrid. No ya por la amabilidad y luminosidad del repertorio, sino porque Rossini se adhirió a las revoluciones contemporáneas. Ninguna más evidente que la invención del ferrocarril. La abolición del espacio, la victoria del tiempo. Europa se comunicaba. Y entretejía una identidad cultural, cosmopolita, que bien puede contarse desde la perspectiva de los García”.

La biografía del patriarca, Manuel García, es un ejemplo de superación y del trabajo humano y cultural, “con amor hecho”, que también decía Cernuda sobre la consideración que debían tener sus paisanos hacia quien lo merecía: “Manuel García (1775-1832) fue quien llevó la ópera por primera vez a Estados Unidos. Era hijo de un zapatero sevillano del barrio del Arenal que llegó a ser el tenor preferido de Rossini al interpretar el papel de Almaviva en El barbero de Sevilla. García resumía el estilo galante, la música de Haydn, la ópera cómica italiana y el lenguaje castizo de la tonadilla. Fascinó en París con su polo Yo que soy contrabandista, que narraba el mito del bandolero andaluz que tanta influencia tendría en la moda pintoresca por lo español. En Londres fundó una Academia de Canto y allí publica sus Exercises and method for singing. Luego llegaría la oportunidad de llevar la ópera a Estados Unidos y México”.

El próximo 26 de septiembre se estrena en la sede de la Fundación Juan March I tre gobbi (Los tres jorobados), “la única de las cinco óperas de salón que compuso García que hasta ahora no se ha estrenado en España. El montaje cuenta con la dirección escénica de José Luis Arellano y la dirección musical de Rubén Fernández Aguirre. La ópera, que García compuso para sus alumnos de campo, está basada en un entremés de Carlo Goldoni y cuenta la historia de una joven pretendida por tres jorobados”.

Luigi Pedrazzi 1834 c.a. / Retrato de María [García] Malibrán (detalle). Fondo de la colección de del Museo Teatral de la Scala (Milán).

Quizás tengamos el recuerdo muy vivo de esta familia a través de la hija de Manuel García, María García Malibrán (1808-1936), aunque muy poca asociada a su padre porque su nombre artístico era brevemente “la Malibrán”: “Un retrato de la gran María Malibrán cuelga del Museo Carnavalet de París. La cantante posa para la posteridad y su nombre aún resuena en las crónicas de la ópera romántica. María tuvo una vida breve, pero novelesca, y sobre ella hicieron películas Sacha Guitry, Guido Brignone, Werner Schoeter o Michel Jakar. Sin olvidar que la mezzosoprano Cecilia Bartoli ha recuperado recientemente su repertorio. La Malibrán, con su voz de soprano sfogato, fue la gran diva de su tiempo. Debutó en la Ópera de París en Semiramide de Rossini y era tanta su fama que tras las actuaciones el público la seguía fuera del teatro. Se casó muy joven para librarse del yugo de su padre Manuel García, que la obligaba a sesiones interminables de ensayo. De hecho, en una representación de Otelo en la que Manuel García hacía del moro celoso y su hija de la desdichada Desdémona, la escena final del crimen estuvo a punto de suceder de forma real sobre el escenario “ (1).

Para completar la saga hay que recordar brevemente que su hijo Manuel Patricio García, inventor del laringoscopio y mentor principal del tratado de enseñanza del canto elaborado por su padre, Ejercicios para la voz, hasta tal punto que Moreno Mengíbar llega a decir en la publicación suya citada anteriormente que “Manuel Patricio pasa por ser el fundador de la Otorrinolaringología moderna”. También, hay que citar a la tercera hija de Manuel García, Pauline [García] Viardot, que se casó con Louis Viardot, director del Théatre Italien de París, que acabaría manteniendo una relación sentimental con Ivan Tourgueniev: “Fue mezzosoprano y la primera extranjera que cantó el repertorio italiano en Rusia. Pauline estudió piano con Meysenberg y Liszt, y composición con Anton Reicha. Chopin escribió para ella varias composiciones y la autora George Sand, amante del músico, se inspiró en ella para su novela Consuelo, una cantatriz que recorre las cortes europeas. Sin duda, una familia irrepetible”.

He cumplido el mandato amable de Cernuda con el que abría estas palabras. Sólo he pretendido poner atención al trabajo humano y cultural, bien hecho, de unos paisanos sevillanos, andaluces y sobre todo europeos que elevaron la cultura de nuestro país llevándola con gran dignidad artística a Europa y otros países “allende los mares”. Para que no se olvide, porque de acuerdo con el ensayo de Figes, “el ferrocarril, la ópera, el capitalismo, la emancipación de los artistas (y los García) transformaron el continente y predispusieron su propia identidad. No por razones geopolíticas, sino porque la revolución de las nuevas tecnologías -el telégrafo, la fotografía, la impresión industrial…- predispuso el abatimiento de las fronteras y generalizó el trasiego de los artistas” (2).

(1) Los García, la saga andaluza que revolucionó la ópera | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

(2) Libros: Cuando los García fundaron… Europa (elconfidencial.com)

NOTA: la imagen de cabecera es una fotocomposición del autor en la que figuran las portadas de los dos libros citados en el artículo y un dibujo de Manuel García, realizado por F. Gratoy y recuperado de Los García, la saga andaluza que revolucionó la ópera | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Qué es el filo cortante de la existencia?

Sally Rooney

Sevilla, 7/IX/2021

Hace cuarenta y cuatro años publiqué en prensa un artículo en el que hacía referencia explícita a Martin Buber y su reflexión sobre las relaciones humanas: son “el filo cortante de la existencia” […] porque esencialmente nos abrimos al otro, al tú, dejando abierta la habitación interior, manifestando públicamente la existencia de una persona de secreto. Reconocernos ontológicamente inseguros, nos ofrece unas posibilidades óptimas de realización. La conciencia de privación de lo más o menos elemental, nos sitúa en dimensión de indigencia, lo cual, a través de nudos sucesivos, desembocará en el encuentro con un ser que «ofrece» a nivel humano-trascendente o sobrenatural. Cada persona es un proceso que se desarrolla o se niega”.

Cuando en este país se enseñaba educación para la ciudadanía, escribí en este cuaderno digital una reflexión sobre una idea que tengo grabada en mi persona de secreto y que no he olvidado en mi camino vital: las relaciones humanas son el filo cortante de la existencia. La he rescatado al conocer la publicación inminente de la escritora irlandesa Sally Rooney, Dónde estás, mundo bello (Literatura Random House), a través de una entrevista publicada en El País Semanal, que no debería dejar indiferente a nadie. Tengo que decir a modo de declaración de principios que no me gusta la política editorial de mercado de los best seller, pero me he dejado llevar en esta ocasión por el título de la citada entrevista, “Aceptar la intimidad es aceptar la posibilidad de que otra persona nos hiera”, porque siempre me han ocupado y pre-ocupado [sic] las relaciones humanas y porque las manifestaciones de esta escritora son de sumo interés.

Es verdad que en la entrevista habla al final de asuntos eternos que conmueven el alma humana: “Los protagonistas de mi último libro se preguntan qué tenemos para reemplazar las antiguas costumbres porque estas están desapareciendo sin que les hayamos encontrado sustitutas. No quisiera caer en la nostalgia. No defiendo las maneras de vivir que dominaron el siglo XX, pero mis personajes se preguntan cómo vivir sin modelos” Y ante la pregunta de si vivimos una orfandad ideológica, ella responde que “No sabemos qué nos sustenta. En el mundo que hemos dejado atrás había sentido de la comunidad. También mucha represión, claro, pero ahora estamos sin modelos. Y eso sucede también en las relaciones. Solía haber normas no escritas sobre cómo prosperaban y eso se está desmoronando”.

Estas han sido las razones de por qué he vuelto a Martin Buber y su filo cortante de la existencia. En aquel artículo de 2007, analizando contenidos esenciales de aquella asignatura fallida, Educación para la ciudadanía, de feliz memoria histórica en nuestro país, profundicé sobre la importancia de las relaciones entre hombres y mujeres, la familia y sus tipos: “Casi sin respirar existencialmente, los autores introducen una reflexión premonitoria de un mundo deshumanizado, a través de un comentario sobre la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley, poniendo a trabajar a las alumnas y alumnos con preguntas personales e intransferibles, llevándolos a una constatación aparentemente aséptica pero germen de todas las controversias: existe una gran variedad y una gran pluralidad de seres humanos que habitan en este planeta, pero la identidad de cada hombre y de cada mujer es particular de uno mismo. E inmediatamente se ataca un frente menos moderno en los tiempos que corren, el sexo, pero muy actual por las corrientes contrapuestas en un país de contrarios religiosos, familiares, laborales, deportivos y territoriales”.

A partir de aquí reproduzco parcialmente aquél artículo de 2007, porque aunque han pasado ya catorce años, creo que nos ayuda hoy a despejar esa incógnita sobre las relaciones humanas que tanto nos hacen sufrir a diario:

“Desde el primer momento se ponen las cartas boca arriba: algo que bastaría solo constatarlo por la realidad biológica de cada una, de cada uno, “se convierte, sin embargo, en la mayoría de las sociedades, en la irracional justificación para que las mujeres no sean tratadas en condiciones de igualdad” [sic]. Nace así el primer mensaje educativo de la Unidad, dado que las relaciones entre hombres y mujeres están condicionadas por la dimensión sexual y de género.
Quien siga de cerca la lectura de las páginas de este cuaderno de bitácora, sabe que mi planteamiento respecto de las relaciones de las mujeres y de los hombres es diferente, porque mientras que tradicionalmente se arranca de la dimensión sexual y de género, como es el caso de este libro, yo suelo hacerlo desde la inteligencia personal e intransferible de cada mujer y de cada hombre, de cada cerebro humano, porque ahí está la sede de la inteligencia y sus resultados en términos de resolver problemas, algunos tan importantes como el de la convivencia relacional. Luego las proyecciones sexuales y de género son el resultado de lo que “fabrica” el cerebro, gran olvidado en todos los planteamientos que he leído al respecto.

Ya lo comentaba en el post Cerebro y género: ¿diferentes inteligencias?: “Hoy voy a analizar con base científica, al menos así lo pretendo, la realidad de la llamada “inteligencia femenina y masculina”. ¿Existen, realmente? Creo que no. Existe una inteligencia concreta de un ser humano, comprensiva de otras muchas formas de ser inteligentes, que ha sido concebido como hembra, como varón, y que obedece a un patrón genético personal e intransferible, con un programa de vida desconocido que lo va a modelar a lo largo de su existencia. Es verdad que existen unas diferencias anatómicas evidentes, indiscutibles. Pero las capacidades derivadas del carné genético todavía no se conocen, es decir, se desconocen las auténticas posibilidades de ser de cada una, de cada uno, como una limitación de base existencial que nos debería hacer reflexionar hacia la sencillez y humildad del “todavía no sabemos por qué ocurren estas cosas” en el cerebro, en la corteza cerebral sobre todo. Y esta realidad nos afecta a todos, por igual. Somos iguales en el desconocimiento del porqué de nuestras comprensiones, de nuestro desarrollo cognitivo, de nuestra consciencia y, sobre todo, de nuestro devenir particular. No nos engañemos, podemos predecir, pero no sabemos con exactitud de reloj suizo qué es lo que va a suceder en nuestros cerebros en el segundo siguiente. Aquí se parte de la principal igualdad de género. Y esta aventura la contrataron nuestros padres. Así, hasta el infinito”. Verdaderamente apasionante, desde el punto de vista científico.

Sentadas estas bases y en aras de la brevedad que exige este análisis (por cierto, sé que siempre me recuerdan que en un blog los post tienen que ser muy breves…), he elegido la dialéctica de levedad frente a la pesadez y ahí marco las diferencias. Asuntos tan importantes para la vida de cada una y de cada uno, no se pueden tratar de forma frívola y despacharlos con cuatro palabras u opiniones de última hora. Para eso ya tenemos cadenas de televisión donde hay cola para declararse tertuliano o estrella invitada, y cobrar lo indecible por contar a lo largo de dos horas su striptease personal, que a juzgar por las audiencias no son timoratos con los tiempos privados, vicios privados y públicas virtudes de determinada audiencia que arrastra la publicidad que mantiene el programa en cuestión. Por ello, asuntos trascendentales como la interacción de hombres y mujeres, tienen que cuidarse hasta la saciedad. De nuevo, los autores del libro introducen una didáctica pormenorizada sobre la condición sexual de cada persona, para que una vez aprendidas estas cuestiones básicas (reitero las carencias de tratamiento del cerebro sexuado), “descubramos finalmente cuáles son las ideas erróneas que sobre el sexo y la sexualidad se suelen sostener en la sociedad para justificar un trato discriminatorio hacia las mujeres”.

En este sentido vuelvo a insistir en que el enfoque se podría ampliar hacia el análisis de cómo nacen los estereotipos sexistas y machistas, de los que he publicado también algunas versiones que pueden ser de interés. De cara a la información y formación de las mujeres, siento especial predilección por el que dediqué a la mujer lectora, a aquella que se informa y que con esta información puede ser más libre y educarse mejor para la ciudadanía, con gran escándalo de muchos hombres, más cerca de nosotros de lo que algunos [sic] creen. A partir de este abordaje sexual, se introduce a las alumnas y alumnos en el análisis de la condición sexual, la dimensión humana de la misma, sus funciones, tratando por igual el factor de reproducción con el de comunicación, con el desarrollo emocional y afectivo, y como base para la construcción de identidades. También con la mera búsqueda de placer, aunque me ha llamado la atención la “restricción” que plantea al aclarar “pero entendido como sensación general y saludable de bienestar”, olvidando el cerebro reptiliano que todavía trastea en el sistema límbico de las alumnas y alumnos en pleno fragor de la batalla adolescente. Y como aquí no se escapa nadie, de la batalla diaria –ya adulta quizás- de su cerebro, querida lectora, querido lector. Del mío, también.

[…] Si controvertidos son los planeamientos anteriores, el tratamiento de la familia en la sociedad actual no lo es menos, ante la desestructuración (no por ello siempre “mala”) que se produce con amparo legal y que tan frustrante es para parte de la población española, quizá la más reticente para la implantación de esta asignatura. El abordaje que se hace es positivista, claramente posicionados en su defensa de la familia como derecho que “todos los seres humanos poseemos”, en el marco establecido por el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: la familia es “el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”. Pasa de puntillas sobre el análisis de la controversia actual, resaltando los valores tradicionales con la entradilla: “Históricamente, en nuestras sociedades, predomina el modelo de familia heterosexual y monógama, basada en la fidelidad y el amor entre un hombre y una mujer que tienen el propósito de procrear”. Prudentes como serpientes y sencillos como palomas, en términos del evangelista Mateo.

Se desarrolla el estudio de la pluralidad de modelos o tipos de familia, sus funciones y el reconocimiento constitucional español a la familia, tratado de forma extensa en la Unidad 7. Se desemboca en el matrimonio, como modo específico de entender y construir la familia. Aplaudo que recojan, a título informativo, la referencia a la ley que permite a las personas del mismo sexo contraer matrimonio. Y se aprovecha la ocasión -la pintan calva- para aclarar de forma detallada cuál es la posición de la Iglesia al respecto. Sin comentarios. Acaba la exposición de contenidos de la Unidad con las relaciones intergeneracionales. Se trata con mucho candor este asunto e intentan enfocarlo con prudencia benedictina: “tanto tu padre como tú podéis tener una opinión diferente de las cosas” o “piensa que tú puedes interpretar sus normas como un intento de dominación y control, mientras que ellos pueden verlas como una forma de amor y protección. Debes tener claro que ellos se preocupan mucho por ti”. Finaliza la Unidad con la estructura que ya expliqué en el post anterior. Se inician numerosas actividades, con una referencia magnífica a Billy Elliot, el choque de identidades de género en la infancia, la enseñanza de la historia y cómo es la familia de cada una, de cada uno. Se sacan conclusiones generales y se cierra la Unidad con una Anécdota Final escalofriante: las reglas que Albert Einstein estableció para que su esposa Maric las obedeciera cuando vivieran juntos. He seleccionado una de ellas para la reflexión: “Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando estas se requieran por apariencias sociales”.

Me he marchado al saloncito donde tengo el video y me he puesto a curiosear el estuche de la película Billy Elliot. Y a recordar la huella que me dejó en el cerebro su identidad como persona. ¿Saben una cosa?: estoy muy contento con asistir a estas “clases”. Por lo que aprendo, por lo que siento”.

Así finalicé aquellas palabras y el estudio de la asignatura fallida, que desapareció tristemente del sistema educativo público de este país. Vuelvo al libro de Sally Rooney, Dónde estás, mundo bello, que se publica hoy a nivel mundial y me quedo con su sinopsis oficial por ahora: “Dos amigas se acercan a la treintena en ciudades distintas y tras mucho tiempo sin verse. Alice, novelista, conoce a Félix, que trabaja en un almacén, y le pide que la acompañe a Roma para promocionar su último libro. En Dublín, su mejor amiga, Eileen, está superando una ruptura y empieza a flirtear con Simón, un chico al que conoce desde que eran niños. Mientras el verano se acerca, las dos chicas se envían correos electrónicos en los que se ponen al día. Hablan de su amistad, de sus relaciones, de arte, literatura y de un futuro cada vez más incierto. Dicen que quieren verse pronto, pero ¿qué pasará cuando lo hagan? Alice, Félix, Eileen y Simón todavía son jóvenes, pero pronto dejarán de serlo. Se juntan y se separan, se desean y se mienten. Tienen sexo, sufren por amor, por sus amistades y por el mundo en el que viven. ¿Están en la última sala iluminada antes de la oscuridad? ¿Encontrarán una manera de creer en un mundo bello?”.

Por lo que conozco de la autora, la ficción se puede confundir a veces con la realidad y lo que permanece, a pesar de que la vida fluye, es que las relaciones humanas son el filo cortante de la existencia, tal y como lo demuestra la autora con una reflexión preocupante: aceptar la intimidad es aceptar la posibilidad de que otra persona nos hiera. Las respuestas al título del libro, ¿Dónde estás, mundo bello?, están en el viento, como si la vida fuera esa canción protesta de Bob Dylan jamás cantada, a pesar de lo aprendido sobre el amor a través del tiempo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La vida no es como en las películas, es mucho más difícil

Salvatore (Marco Leonardi) y Elena (Agnese Nano), en Cinema Paradiso

Sevilla, 6/IX/2021

He visto de nuevo Cinema Paradiso, con un sentimiento de necesidad sobre la búsqueda de la terca realidad del amor en la vida de cada uno, viviendo muchas veces como personas ciegas al color de la vida, entendiendo que “la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil”, tal y como lo aprendí de Alfredo, un protagonista inolvidable de esta película grabada en mi filmoteca de secreto. Esa fue la razón del corazón para verla de nuevo, aunque la de la razón era también muy clara: escuchar atentamente los diálogos de la película, sus frases inolvidables que me permitieran entender bien su hilo conductor. Recordaba de visionados anteriores unas palabras de Alfredo, el proyeccionista que hablaba muchas veces a solas con Greta Garbo y Tyrone Power, “como un bobo”, en su querida cabina del Paradiso, dirigidas con profundo amor a Salvatore (Totó), su entrañable amigo: «Cada uno de nosotros debe seguir su estrella. Márchate. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo. No encuentras a quien querías encontrar. Debes ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible. Ahora estás más ciego que yo (…) Márchate. Regresa a Roma. Eres joven, el mundo es tuyo. Yo ya soy viejo. No quiero oírte más ni quiero oír hablar de ti».

Su vida se vería alterada por el romance de juventud con Elena, la hija del banquero de Giancaldo (Sicilia). Salvatore seguía dando vueltas al enigma que un día, paseando su amistad con Alfredo, le planteó desde su ceguera:

Te contaré una historia. Sólo para ti, Totó. Sentémonos un momento. Hubo una vez un rey que dio una fiesta. Las más hermosas princesas asistieron. Un soldado de la guardia real vio pasar a la hija de rey. Era la más bella de todas, e inmediatamente el soldado se enamoró. Pero, ¿qué era un simple soldado al lado de la hija de un rey? Un día el soldado se las arregló para verla y le dijo que ya no podía vivir sin estar a su lado. La princesa quedó tan impactada por la profundidad de sus sentimientos que le dijo: “Si puedes esperar por cien días y cien noches bajo mi balcón yo seré tuya”. Dicho esto, el soldado salió y esperó un día, dos… luego diez, veinte. Cada noche la princesa lo buscaba y allí estaba él, sin moverse. Siempre allí, lloviera o relampagueara. Los pájaros se le cagaban encima, las abejas se lo comían vivo, pero él no se movía. Después de 90 noches, estaba tremendamente delgado, pálido. Al pobre le resbalaban las lágrimas de los ojos. Ya no podía contenerlas. No le quedaban ni fuerzas para dormir. Mientras, la princesa seguía observándole. Y, al llegar la noche noventa y nueve… el soldado se incorporó, cogió su silla, ¡y se largó de allí!…

– Totó: ¡No me digas! ¿Al final?

– Justo al final, Totó. No me preguntes qué significa, no lo sé. Si logras descifrarlo, me lo dices.

El microrrelato El mandarín y la cortesana, de Roland Barthes, que aparece en su obra Fragmentos de un discurso amoroso (2004), es una historia que recuerda las palabras de Alfredo pero en una síntesis perfecta: “Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. «Seré tuya», dijo ella, «cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado sobre un banco, en mi jardín, bajo mi ventana». Pero, en la nonagésimo novena noche, el mandarín se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va”.

Creo que ambas reacciones aparentemente inexplicables las aborda José Saramago muy bien en su Cuento de la isla desconocida: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

He buscado siempre respuestas a los grandes interrogantes de la vida en mi persona de secreto y de todos, en mi atlas de islas desconocidas, que es -nada más y nada menos- que el álbum de las personas que no he conocido bien en la vida aunque hayan estado presuntamente muy cerca. También, las que por una razón u otra ocuparon mi corazón por diversos motivos: “Ya me comprometí con esta aventura al iniciar la publicación de este blog, aunque he descubierto hasta ahora que sí es posible publicarlo a través de medios digitales, respetando el hilo conductor que me enseñó Saramago, en su Cuento de la isla desconocida: saber a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás”. Puertas que nos muestra Saramago a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda… Una gran mujer aislada hasta que desembarca en la isla de la persona que admira.

Vuelvo a escuchar frases de Alfredo y creo que descubro lo que significa salir de uno mismo para encontrar la vida y el amor que da sentido a cada día: “el progreso siempre llega tarde”, “elijo a mis amigos por su apariencia, a mis enemigos por su inteligencia. Eres demasiado inteligente para ser mi amigo”, “la vida no es como en las películas, es mucho más difícil”, “fuera de aquí, vuelve a Roma. Eres joven y el mundo es tuyo. Estoy viejo. No quiero seguir oyéndote hablar más. No vuelvas, no pienses en nosotros. No mires hacia atrás, no escribas, no cedas a la nostalgia, olvídanos. Pero si lo haces y regresas, no vengas a verme, no te dejaré entrar en mi casa, ¿lo entiendes?; tarde o temprano llega un momento en que estar callado y hablar es lo mismo; es mejor estar callado”. A Elena le da una clave existencial: “después del fuego del amor vienen cenizas, incluso el amor más grande con el tiempo se esfuma”; vuelve a dirigirse a Salvatore: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”.

Y me quedo con una frase final de Alfredo: “Ahora que he perdido la vista veo mejor”. Cerca de él, al oído, le explico cómo he entendido la parábola del soldado y la hija del rey o la del mandarín y la cortesana, y creo que le ha gustado. Yo también fui a Roma hace ya muchos años y volví a mi Giancaldo particular. Se lo comento también a Salvatore, cuando se seca las lágrimas al visionar la película con las escenas censuradas y que Alfredo había montado para él con tanto cariño. Mi película…, sigue guardada en mi caja de sueños con el convencimiento -a mi matusalénica edad- de que haga lo que haga tengo que amarlo por encima de todo, aunque sé que la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil: una pertinaz espera.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Interpretar el mundo? No, transformarlo

Sevilla, 5/IX/2021

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Julio Numhauser, Cambia todo cambia

Sé el cambio que quieres ver en el mundo

Frase de cabecera de Pierre Chevelle , atribuida a Gandhi

Los que nos hemos educado alrededor de la tesis XI contra Feuerbach, defendida por Karl Marx, aprendida en la España de la dictadura que nos helaba el corazón y que en síntesis decía que «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo», tenemos conciencia de que la praxis transformadora del mundo al revés es la única solución a sus males sempiternos, agudizados ahora por la pandemia, la pobreza severa, las guerras, las migraciones y el cambio climático que, a título indicativo, no exhaustivo, representan los males, dolores e injusticias sociales que acosan al mundo actual.

Después de muchos años de dialéctica marxista de teoría y praxis, hoy comparto la experiencia de un emprendedor francés muy joven, Pierre Chevelle, que tiene la osadía de afirmar que se puede cambiar el mundo “en 2 horas”, en un alarde de praxis total. En una primera impresión, suenan estas palabras como las típicas de un charlatán de feria, pero leyendo el contenido de su proyecto de vida, la realidad terca es que te atrapa hasta límites insospechados. Es autor de una trilogía bajo el mismo título, Cómo cambiar el mundo en dos horas, pero con diversas iniciativas, hasta 10, a modo de micro compromisos como las llama él y de las que entresaco a continuación las cinco primeras.

En un artículo reciente de Anna Argemi, publicado en el diario El País, se dice que “Según Chevelle, existen ya en nuestro planeta muchas micro iniciativas encaminadas, por ejemplo, a mejorar el lugar de la mujer en la sociedad, la calidad de los alimentos o la biodiversidad, por citar algunos ejemplos. Para el autor, el reto hoy en día no consiste tanto en innovar y descubrir el Mediterráneo, sino en dar apoyo a esas soluciones que actúan ya en un marco muy concreto para que sean adoptadas de manera masiva por la sociedad civil. ¿Y si la manera más simple de cambiar el mundo fuera uniéndose a esas personas que ya están manos a la obra en ello? Por todo ello, presenta de manera práctica y dinámica 10 proyectos que quieren cambiar el mundo… Y a cada uno de nosotros de manera que cada lector encuentre la manera que le conviene para contribuir al cambio. Chevelle los ha seleccionado basándose en tres criterios: la innovación social, el impacto y la accesibilidad. En este primer artículo presento los cinco primeros proyectos”. A continuación, aborda estos proyectos con una pregunta definitoria de la quintaesencia de su obra: “¿Y si la manera más simple de cambiar el mundo fuera uniéndose a esas personas que ya están manos a la obra en ello?

A partir de aquí comienza a desgranar cinco proyectos a lo que hice referencia antes y que figuran en el primer tomo, en los siguientes términos, que los mantengo de forma íntegra por su indudable interés y a título informativo:

“1) Microdon.fr. Permite a privados y a empresas redondear salarios o compras para con esa moneda financiar iniciativas solidarias. También puede donarse tiempo en vez de dinero. La web cuenta ya con 12 años a sus espaldas y en este tiempo han apoyado 1.500 asociaciones que han recibido 30 millones de euros. Cuentan en su base de datos con 7.500 trabajadores que donan gratuitamente su tiempo.

2) Letsdoitworld.org. El movimiento de limpieza empezó en el 2008 en Estonia cuando 50.000 personas se dieron cita un mismo día para dejar el país como los chorros del oro en solo cinco horas. Cabe señalar que 50.000 personas representan nada más y nada menos que el 4% de la población total del país báltico. De Estonia al mundo entero, puesto que son los instigadores del World Clean Up Day, que agrupa hoy en día 180 países y más de 50.000 voluntarios con un único objetivo: liberar al planeta de la basura.

3) Wikipedia. ¿Quién no ha recurrido en algún momento a la “enciclopedia de internet” para recabar una información básica sobre personajes o lugares? No muchos son conscientes sin embargo de que esta enciclopedia gratuita y universal puede ser no solo leída sino también editada y modificada por cualquiera que tenga conocimientos para enriquecerla. Modificar un artículo puede ser una buena contribución a la causa.

4) Makesense. Se trata de una comunidad internacional de ciudadanos que ayudan a los emprendedores sociales a resolver sus desafíos. Y lo hacen participando en “atracos de ideas”, es decir, talleres de creatividad donde una decena de personas exponen sus ideas para ayudar al emprendimiento social. Tras 10 años de funcionamiento contabilizan 200.000 ciudadanos movilizados para resolver retos sociales y medioambientales, el acompañamiento de 8.000 proyectos de emprendimiento en siete países y 10.000 colaboradores de empresas y organizaciones comprometidas con la transición.

5) Passerelles et compétences. ¿Por qué no poner en contacto profesional con asociaciones que necesitan ayuda de un experto, sea en el ámbito financiero, tecnológico, de comunicación? Passerelles et compétences nació con la voluntad de establecer un puente entre profesionales que quieren donar su tiempo y sus competencias de manera voluntaria y gratuita a asociaciones de la economía social y solidaria. Desde su fundación en Francia hace 15 años suman 6.600 voluntarios y 3.101 asociaciones que han recibido ayuda de su parte”.

En el segundo tomo de su trilogía trata de sintetizar lo aprendido en el primero sobre determinadas iniciativas, como las expuestas anteriormente, que se pueden convertir en micro compromisos, atendiendo a tres principios:

– Colaborar con asociaciones, sin gastar un céntimo.

– Deconstruir los prejuicios sobre las religiones y actuar inmediatamente tras los ataques que se puedan producir en tal sentido.

– Movilizar a un líder en una causa que esté muy cerca de nuestro corazón.

En el tercer tomo, el autor señala que a través de la lectura del mismo, a modo de una guía práctica, se podrá aprender cómo salvar una vida… en 45 minutos, a financiar a asociaciones sin gastar dinero y cómo iluminar el día de una persona sin hogar en 5 minutos. Todo ello complementado por una actitud para aprender cómo debemos cambiar nosotros primero para poder cambiar el mundo después, aceptarnos como seres imperfectos y hacer que nuestros seres queridos se comprometan en compromisos concretos.

Lo expuesto anteriormente es un botón de muestra de cómo podemos abordar hoy la transformación del mundo con iniciativas solidarias. Quedan atrás las experiencias individuales que son un ejemplo y muchas veces imprescindibles para alentar a esta llamada mundial para la construcción de un mundo nuevo. En pleno confinamiento por la pandemia planteé el año pasado una reflexión sobre la reconstrucción del nuevo orden mundial en los siguientes términos, que reproduzco para finalizar estas líneas dedicadas a la nueva formulación de aquella tesis tan didáctica de Karl Marx contra Feuerbach, centrada en la necesaria transformación del mundo que habitamos en la actualidad. “Necesitamos pensar ya en la Reconstrucción del Mundo para poder reconstruir España. Así de claro y contundente. Es difícil salir de este túnel amargo de la COVID-19 sin una visión estratégica de alcance planetario que siente las bases para establecer un nuevo orden mundial político y económico para salvaguardar la salud pública, económica y democrática del planeta Tierra. Las soluciones que hasta ahora cohesionaban el mundo declarándolo una aldea común ya no valen y los ordenadores portátiles de los hombres de negro han comenzado a cerrarse masivamente sin capacidad de reinicio alguno. Eso sí, habiendo salvado previamente la totalidad del dinero invertido, dejando a millones de ciudadanos y Estados a su “mala” suerte”.

Tengo que reconocer que existe un problema grave consistente en que no existen manuales perfectos o guías didácticas para transformar el mundo, preparar el futuro, el día después, o al menos yo no los conozco, aunque lo expuesto sobre los proyectos del joven emprendedor francés Pierre Chevelle sea una oportunidad para iniciar una metodología nueva, celular, de la transformación del mundo, tan necesaria y benéfica para todos. El problema es de tal magnitud que será necesaria una Reconstrucción del Mundo con un alcance que no se ha conocido jamás por la transformación que debe suponer. Casi todas las respuestas que teníamos para todo lo que se movía en él hace solo un años y medio, desde la fecha del inicio de la pandemia, a modo de interpretaciones, ya no sirven para casi nada y ahora, en medio de una incertidumbre mundial incalculable, tenemos que barajar el cambio masivo de todas las preguntas y respuestas para construir el nuevo futuro a tenor de lo ocurrido, en una macro empresa de transformación mundial en la que deberíamos empeñarnos todos, sin excepción alguna.

Una cosa más. Creo que viendo y escuchando atentamente el vídeo de Julio Numhauser junto a su hijo, cantando “su” canción protesta, Cambia todo cambia, desde su doloroso exilio en Suecia, se comprende bien que me atreva a proponerla como el himno del nuevo orden mundial, de la nueva normalidad, de la Nueva Transformación Mundial. Divulguémosla, porque nos llena el corazón de realidad y esperanza junto a los micro compromisos de Pierre Chevelle.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Pierre Chevelle.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Vidas paralelas

Sevilla, 3/IX/2021

Cuando está de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacerla. Más que en los museos, donde la pobre se aburre, la memoria está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Ocurre con frecuencia que vivimos en paralelo con los demás aunque aparentemente lo hagamos todo juntos pero sin punto de encuentro alguno. El problema es más grave cuando ese paralelismo es con personas próximas y no digamos nada cuando esa realidad se mueve en el terreno de las ideologías, porque está demostrado que éstas, antes o después, demuestran que no son inocentes a lo largo de una vida en común, pasando una factura impagable a los largo de los años. Al igual que en la obra de Plutarco, Vidas paralelas, la comparación entre dos vidas puede ser siempre algo que nos ocurre alguna vez en la vida y que puede despertar nuestro interés, sobre todo cuando llegamos al momento que él nos enseñó, esa «comparación» en la que se pueden resaltar las cualidades de una u otra persona analizada, sabiendo que uno es el mundo de todos y otro el mundo de secreto, debiéndonos librar siempre de una tentación: hacer de cada persona un objeto. Pedro Almodóvar se ha aproximado a esta realidad de la memoria histórica de este país en su última película, Madres paralelas, donde dos mujeres Janis (Penélope Cruz) y Ana (Milena Smit), se mueven en mundos paralelos pero que, en el fondo, si las comparas, nacen del mismo dolor de vida, de la intrahistoria de una guerra civil y sus secuelas a pesar del paso de los años.

Creo que quien sigue de cerca la lectura de este cuaderno digital conoce de sobra mi admiración hacia Eduardo Galeano y su ayuda sempiterna para que logremos entender alguna vez este mundo al revés, asistiendo con frecuencia a las nuevas convocatorias virtuales de su escuela para aprender a convivir con él. Es lo que ha hecho Almodóvar con su película al rescatar unas palabras de Galeano que no dejan indiferente a nadie, respondiendo también a dos preguntas suyas recogidas en el programa de estudios de su escuela del mundo al revés, en el capítulo dedicado a “Las clases magistrales de impunidad”: “¿La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa” (1). Esto deberían leerlo y, mejor, escribirlo hasta cien veces en la pizarra inmoral de sus vidas, los negacionistas de todo y de nada, los que no quieren que hablemos de nuestra historia reciente por muchos años que hayan pasado ya, porque el dolor sigue en muchas cunetas y tapias de cementerios de este país.

Galeano profundiza en esta reflexión con palabras que enmudecen mi corazón: “El derecho de recordar no figura entre los derechos humanos consagrados por las Naciones Unidas, pero hoy es más que nunca necesario reivindicarlo y ponerlo en práctica: no para repetir el pasado, sino para evitar que se repita; no para que los vivos seamos ventrílocuos de los muertos, sino para que seamos capaces de hablar con voces no condenadas al eco perpetuo de la estupidez y la desgracia. Cuando está de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacerla. Más que en los museos, donde la pobre se aburre, la memoria está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira”.

Sólo por estas reflexiones creo que Almodóvar merece nuestro respeto con esta entrega de cine ético, que también existe. Queda perfectamente claro en las palabras de crítica de esta película realizada por Francesc Miró en elDiario.es: “En una escena aparentemente baladí, los personajes de Penélope Cruz y Rossy de Palma llegan al pueblo natal de ambas. Penélope le pregunta a su amiga si está bien, pues se la ve alicaída, callada y pensativa. Rossy de Palma asiente y afirma: «Es solo que tengo muchas ganas de llorar». Uno tiene la sensación, más tras una pandemia como la que hemos vivido, que de eso va todo: de llorar a los muertos. De dejar ir las lágrimas secuestradas durante décadas. Y con esta película, tenemos la esperanza de poder hacerlo”.

Lo he manifestado en ocasiones anteriores cuando he hablado del cine de compromiso social. Existe un determinado cine de calidad que nunca es inocente. No he olvidado cómo me han conmovido determinadas películas que conservo en mi filmoteca cerebral. Recuerdo ahora Hoy empieza todo, excelente película de Bertrand Tavernier, donde pude constatar que el cine, en realidad, no es cine, sino la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones.

Al fin y al cabo, porque aspiramos siempre a descubrir nuestra mejor historia. Por esta razón, caminar en paralelo con la Historia, negándola, es condenarnos en vida a no resurgir de las cenizas y, lo que es peor, a obviar la realidad de que el ave fénix existe. Además, cuando lo hacemos con las personas más próximas, escribimos casi sin darnos cuenta la crónica de una muerte personal y social anunciada. Estamos avisados de nuevo por Almodóvar y por Galeano: la memoria está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira.

(1) Galeano, Eduardo (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI de España.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.