El cerebro del escribano añil

No nos llamaremos a engaño. Respeto mucho la profesión de escribano [Persona que por oficio público está autorizada para dar fe de las escrituras y demás actos que pasan ante él], pero en el post de hoy voy a continuar con mi pre-ocupación, es decir, mi ocupación principal ahora desde mi rol de neuropsicólogo instalado en este laboratorio digital, ocupando parte del armario de navegación, de la bitácora de la “Isla Desconocida”. Y voy a abordar una realidad cerebral que he analizado recientemente con ocasión de la lectura de un libro fascinante, El nacimiento de la mente (1), que por segunda vez he vuelto a estudiar en algunos de sus capítulos verdaderamente apasionantes. Y es que la experiencia científica narrada por su autor, Gary Marcus, respecto de las aventuras neuronales de un pajarillo precioso, el escribano añil, no me había dejado indiferente. Verán por qué.

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Escribano añil (Passerina cyanea). Fotografía recuperada de http://www.bsc-eoc.org/avibase/checklist.jsp?lang=EN&region=ca&list=clements&synlang=IS&version=images&p2=22, el 16 de marzo de 2008.

Todo nació con un interrogante que produce fascinación: cuando nacemos ¿venimos ya programados para la vida de cada cual, con un libro de instrucciones (bien traducido…) ó tenemos que aprender todavía a lo largo de “esa” vida porque no todo está atado y bien atado en el dichoso libro? Comprendo que la pregunta tiene “miga”, pero ¡qué le vamos a hacer! Personalmente, me gustan este tipo de preguntas, porque sé que no sé la respuesta de antemano y esto me permite, me obliga a seguir investigando. La escritura de Dios con renglones derechos y torcidos, sobre las historias de cada una y cada uno, es decir, los libros de instrucciones anteriormente citados, tampoco me sirve en estos momentos, aunque respeto las creencias al respecto. ¡Solas y solos ante el peligro! Ó, ¡al fin solas y solos! ¿quién sabe?

Lo que sí se ha demostrado es que nacemos para aprender, es decir, que tenemos que trabajarnos el presente y el futuro. Somos de una determinada forma, irrepetibles por ahora, pero hay dos formas de aprendizaje que marcan nuestras vidas, nuestros cerebros: la asociación y la habituación, demostradas por la etología comparada, aunque no son los únicos patrones de conducta que tenemos que asimilar. Como dice Marcus, “en el nacimiento no está todo”: “los niños nacen con mecanismos mentales altamente desarrollados (naturaleza) que les permiten aprovechar al máximo la información del mundo exterior (cultura)”.

Siendo importante lo expuesto anteriormente, me pareció sorprendente el ejemplo que Marcus utilizaba para describir la complejidad cerebral a la hora de abordar el cerebro humano los aprendizajes a los que estamos obligatoriamente obligados a realizar. Y expone el mecanismo en virtud del cual el escribano añil aprende sobre el cielo nocturno, basado en las experiencias llevadas a cabo por Stephen Emlen con estos pájaros especializados en la contemplación de la rotación del cielo al no “conocer“ la existencia de las brújulas en su imperiosa necesidad de dirigirse siempre a una parte concreta del mundo: “Podemos preguntarnos por qué al escribano le preocupa el cielo. Pues porque este ave quiere saber cómo se va al Sur. Como muchos de sus homólogos humanos pudientes, pasa el verano en el este de los Estados Unidos y el invierno en las Bahamas. Para ir a un sitio desde el otro, el escribano se vale de las estrellas como guía de navegación. Más que memorizar simplemente que la Estrella Polar indica el norte, en realidad estas aves se orientan observando cómo giran las estrellas”. Es más, “dado que las estrellas giran sólo quince grados cada hora, orientarse mirando cómo se mueve el cielo es como observar la pintura mientras se seca. Pero el escribano persevera, y ello se traduce en una herramienta para navegar mucho más sólida que la que habría adquirido si sólo hubiera aprendido dónde se halla una estrella concreta. Al escribano no le molesta que haya nubes aquí y allá –no le hace falta saber dónde está la Estrella Polar-, y el sistema funcionará igual cuando cambie la posición de la tierra con respecto al cielo. El mecanismo incorporado de aprendizaje celeste del escribano es mucho más útil que cualquier edición del Hammond´s Start Atlas susceptible de quedar pronto obsoleta. Se deduce de todo eso que el sistema de navegación del escribano es una mezcla de algo acoplado (un sistema para calibrar mecanismos incorporados según las condiciones locales) y algo aprendido (las condiciones locales concretas)” (2).

Este maravilloso ejemplo provoca una reflexión incuestionable: si la vida humana cuenta con activos genéticos tan importantes y por desarrollar, del que el escribano añil es solo un ejemplo, ¿no podríamos deducir que el lenguaje y su expresión más brillante, la comunicación, es el resultado del aprendizaje más elaborado por el ser humano, es decir, algo acoplado desde el nacimiento a la vida que necesita aprendizajes para despejar la no inocencia del proceso obligado y obligante de las palabras? Porque Marcus, asombrado también con este pequeño pájaro de color índigo, sabe que los seres humanos, a los que les hace falta ahora un GPS para orientarse a diferencia del escribano y que nunca lo van a poder imitar desde la capacidad cerebral humana, cuentan con una capacidad innata de aprendizaje, aún por descubrir en su integridad, “que no parece tener ningún otro animal: el don de adquirir un sistema de comunicación con la riqueza y complejidad del lenguaje, un sistema para comunicar no solo el aquí y ahora sino también el futuro, lo posible y lo soñado”. Sin que por ello tengamos que mirar por encima del hombro al escribano añil, porque los dos sabemos lo que sabemos, es decir, que tenemos algo en común verdaderamente maravilloso como regalo de la evolución de la vida: nacemos para aprender y cada una, cada uno, con su caja de “herramientas” gobernada por el cerebro, para hacerlo lo mejor posible… en un mundo que parece, a veces, diseñado por el enemigo.

Sevilla, 16/III/2008

(1) Marcus, G. (2005). El nacimiento de la mente. Barcelona: Ariel.
(2) Marcus, G., ibídem, p. 30

Sepia, blanco y verde

He sentido una especial emoción cuando preparaba en casa los tres sobres con mi voto. La moviola de la dictadura y de la democracia, me ha recordado muchos años de lucha y de desencuentros con lo divino y lo humano por estabilizar derechos y deberes como ciudadano y para la ciudadanía, en general. ¡Cuántas ilusiones al ganar unas elecciones! ¡Cuántas reflexiones cuando “las perdí”, en el sentido más corporativo de la libertad! Una nueva oportunidad para reforzar derechos y deberes marcados por una determinada forma de interpretar la vida y la muerte, porque todas y todos no vamos en el mismo barco. Ahí radica la diferencia, en momentos en los que hay que definirse en el secreto del voto y en la manifestación pública del día a día normal y corriente, en una Comunidad y País en los que hace mucha falta educación para la ciudadanía.

Sepia, blanco y verde, tres colores que simbolizan una forma de hacer política, no inocentes, aunque esta escala cromática tenga tolerancias y, a veces, tragaderas, para combinar todas las mezclas posibles en momentos en que es urgente llamar las cosas por su nombre y a las actitudes humanas también. Porque no vale todo, porque todas y todos no somos iguales, porque no todo merece la misma pena ó alegría, porque no es lo mismo mirar y compadecerte de los más débiles, en general, incluso de los que conviven con nosotros, diariamente, sin tener que ir más lejos, que pasar de largo. Porque no es lo mismo preocuparnos por el bienestar y bien-ser social, que pasar olímpicamente de ello. Porque no hay que confundir valor y precio. Porque algunos luchamos contracorriente, con la impresión de habernos equivocado de siglo. Porque nos conmueve el sufrimiento y la alegría de las demás personas.

Voy a votar ahora, en un Colegio Público muy querido por mi y mi familia, reforzada mi decisión por el consejo de Sandra Carrasco, la hija mayor de Isaías Carrasco, asesinado el viernes pasado en Mondragón, momentos después de haber compartido minutos de felicidad humana con un buen amigo en el bar Toki Eder (lugar bonito, en euskera), todo un símbolo para este momento crucial, momento bonito, en democracia, de depositar mi voto de tres colores, aunque hoy sean también un refrendo de la existencia de las tres heridas que cantó maravillosamente Miguel Hernández: la del amor, la de la muerte, la de la vida…

Sevilla, 9 de marzo de 2008, un día muy importante para la democracia que tanto amo y defiendo.

La estructura cerebral del talante

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Los cuatro humores: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático. Imagen recuperada de http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Alletemp.jpg, el 2 de marzo de 2008.

Llevo tiempo deseando incorporar una página a este cuaderno de inteligencia digital que trate el traído y llevado “talante”. En estos días de discurso electoral complicado, se exige un buen talante a todas, a todos, candidatos y electores, como muestra de un progreso humano, democrático, pero creo que como modo de ser y actuar es un gran desconocido, asumido además con carácter peyorativo como “cualidad” de un solo candidato, cuando es una posibilidad de ser de todas las personas, de todos los seres humanos. De esta forma, me he puesto manos a la obra, a la palabra, a la investigación y he verificado como punto de partida el lema “talante” en el Diccionario de la Real Academia (Del ár. hisp. ṭál‘a, y este del ár. clás. ṭal‘ah, aspecto, infl. por semblante), encontrándome las siguientes acepciones: 1. m. Modo o manera de ejecutar algo; 2. m. Semblante o disposición personal; 3. m. Estado o calidad de algo y 4. m. Voluntad, deseo, gusto. Es decir, a priori es una cualidad neutra, como disposición ó posibilidad para ejecutar bien o mal algo: una palabra, un gesto, una actitud. Excelente.

Pero mi curiosidad no tiene límites, porque antes que investiguen otros (que diría Unamuno) me gusta investigar a mí. Sobre todo para saber si en el cerebro se aloja la base del talante, lo que me dejaría tranquilo porque se sabría así que es una posibilidad de todos los seres humanos, transmitido genéticamente por nuestros antepasados primates humanos, para no tener que hacer mofa de una posibilidad innata de base cerebral atribuida ahora en esta legislatura a una sola persona y a sus seguidores (pero en segunda fila) y que se desarrolla o no sobre la base de los aprendizajes que se hacen a lo largo de la vida sobre una posibilidad real de manifestarlo como disposición personal. Es más, cuando he consultado el Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio y admiro, por ser la primera vez que se ordenan en España las palabras tal y como se viven, piensan y sienten, me encuentro con unas acepciones rotundas basadas, por ejemplo, en pasajes del Quijote: “para que vuestra grandeza disponga de mí a su talante [voluntad]”, dependiendo, eso sí, de la buena o mala disposición, ánimo o inclinación para hacer o conceder alguna cosa [sic]. Y para cerrar esta búsqueda descubro que el adjetivo “talantoso” es el claro exponente de lo que queremos decir cuando una persona tiene talante, es decir, se asegura que la persona está de buen humor ó semblante. Y aquí es donde quería llegar: al humor ó semblante. Ya lo decía Nebrija y el Padre Alcalá en sus Vocabularios y acertaban en su análisis, porque, al final, de humores se trata cuando hablamos de talante.

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Fragmento de la página facsímil 215,1 del Diccionario de Autoridades, S-Z (RAE A 1739)

Se trata de humor, porque respetando la tradición somos más o menos talantosos en función del humor que tengamos. Si es de “perros”, en una acepción muy coloquial, está garantizado el talante malo. Si es “bueno”, la buena disposición, ánimo ó inclinación para hacer ó conceder una cosa (recuerda esta acepción de la persona talantosa…) está garantizada. Esta visión clásica responde a la teoría de los cuatro humores, “adoptada por los filósofos y físicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los físicos europeos hasta la llegada de la medicina moderna en el siglo XIX. En esencia, esta teoría mantiene que el cuerpo humano está lleno de cuatro sustancias básicas, llamadas humores, cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona. Así, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de estos cuatro humores. Estos fueron identificados como bilis negra, bilis, flema y sangre. Tanto griegos y romanos como el resto de posteriores sociedades de Europa occidental que adoptaron y adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban cada uno de los cuatro humores aumentaba o disminuía en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría de superávit o desequilibrio de líquidos, entonces su personalidad y su salud se veían afectadas”.

Hoy, la situación ha cambiado y sabemos ya dónde está la sede de estos estados de ánimo: en determinadas estructuras del cerebro, formando un conjunto armónico que no se puede separar entre sí, destacando dos sobremanera: la amígdala y el hipotálamo. Más o menos se podría decir ahora, utilizando los ejemplos anteriores, que tener una “humor de perros” supone tener afectada la amígdala correspondiente (tenemos dos en el cerebro), tal y como lo analizaba en un post anterior sobre “cerebro y género: una cuestión de amígdalas”: “Los elementos de contexto en los que vivimos nuestra existencia diaria, ¡cuántas palabras e imágenes, cuantos estados afectivos momentáneos (emociones) y duraderos (sentimientos) se pueden estar desarrollando y elaborando en nuestro interior sin que tomemos plena conciencia de ello!. Es lógico que a veces digamos “no sé lo que me está pasando”. Responsable: la amígdala personal e intransferible y su integración en circuitos más complejos. El binomio miedo-agresión, está asentado en la amígdala. Si el tamaño es mayor en el hombre, por mera determinación anatómica, la correlación es más compleja. Por ello, las salidas de tono virulentas en los hombres tienen una determinación estructural cerebral, más acusada que en las mujeres. Y con una responsabilidad añadida: la corteza prefrontal, esa zona maravillosa de razonamiento neurológico, al intervenir otras muchas entradas de información a esa zona y equilibrar todas las balanzas imaginables de los procesos que se computan en el cerebro, hace que se module la conducta a observar finalmente, creando patrones para la memoria predictiva: si ya me pasó esto en una situación anterior, atención, porque me puede volver a pasar lo que ya sé que va a pasar. Sorprendente. No es el destino biológico preprogramado de hombre y mujer lo que justifica determinadas conductas, sino que los aprendizajes de situaciones que se han repetido en muchas ocasiones de la vida, “modula” una determinada forma de ser en el mundo, desencadenando procesos hormonales y activaciones eléctricas de circuitos neuronales que ya han “aprendido” a desenvolverse así en situaciones similares. Y la amígdala sigue ejecutando siempre su trabajo”.

Y en relación con el hipotálamo, la realidad de una de las sedes del talante es pareja, “situándonos –valga la metáfora- bajo la cama nupcial, la habitación reservada, que así llamábamos al tálamo. Esta estructura cerebral, en su clave etimológica pura, participa en la regulación del sistema neurovegetativo y endocrino. Es otra “tarjeta” neuronal que cuando se estropea (no funciona bien) acarrea muchísimos problemas a las personas. Y lo peor es que no existen todavía recambios de piezas originales, solo tratamientos -“reparaciones”- paliativos. El hipotálamo, del tamaño de una ciruela pequeña (seguimos en la cocina de la inteligencia…), compuesto por diversos núcleos interrelacionados entre sí, es responsable de una central química más alojada en el cerebro, en su zona central. Controla el equilibrio del agua en el cuerpo, provoca la sensación de hambre o de inapetencia, regula la temperatura corporal (sobre todo la emocional), regula el sueño, también las hormonas, casi todas las “reacciones” emocionales asociadas a conductas de hiperexcitación ó de depresión, la expresión de la libido, y lleva a feliz término el largo viaje que necesita el olfato. Una joya, en definitiva. Y nosotras y nosotros, sin saberlo”.

Solo ha sido una aproximación a las personas talantosas, que no talentosas, ¡cuidado! Es maravilloso pensar que el conocimiento nos hace más libres a través del saber. Es posible que con motivo de estas elecciones sepamos ya que tener talante es un examen de nuestras personas de secreto y que la palabra talante no es patrimonio admirado por unos, denostado por otros, mercancía para aquellos ó derecho a ser, para éstos. Sería extraordinario que cada vez que pronunciemos esta palabra manifestemos un gran respeto por la historia de las palabras en nuestro país y, mirando de frente a las personas que están cerca de nosotros descubramos en ellas qué les puede estar pasando en sus amígdalas cerebrales, en su hipotálamo, entre otras maravillosas estructuras cerebrales que intervienen en los procesos diarios para vivir ó para actuar con buen o mal talante. Por qué sus semblantes (componente esencial del talante) representan un estado de ánimo en el rostro acorde con lo que les está pasando en ese momento trascendental ú ordinario de sus vidas. Sería una buena demostración de la necesidad de expresión del talante humano. Compartido en el respeto, sobre todo.

Sevilla, 2/III/2008, analizando de forma responsable la campaña electoral. Participando.

Serrat no insulta: canta

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Desde la proclama de Rajoy el lunes pasado, contra Serrat, como prototipo del artista “untado”, en el debate mediático de la 1, no he dejado de dar vueltas a todo lo que ocurrió, porque su ataque concreto al cantautor, frontal, entre otros muchos, simboliza muy bien cómo se puede mentir con una desfachatez que roza el esperpento y, lo que es peor, ¡no pasa nada! En la amura de babor de mi patera digital quiero manifestar a los cuatro vientos que Serrat -como nombre representativo- no ha insultado a Rajoy ni a diez millones de votantes del Partido Popular, como él se lo atribuyó -corporativamente hablando- ante trece millones de telespectadores (transcripción literal):

“RAJOY: Yo mantengo lo que he dicho: que el señor Zapatero ha agredido a las víctimas del terrorismo. Lo mantengo. Que quede claro. Yo, desde luego, lo que es evidente es que yo no puedo aceptarle a una persona que pide el voto para usted que insulte a los demás. Porque eso es inaceptable. Se llame Serrat, o sea la persona más humilde del mundo. Se llame como se llame. Hay que tener un poco de tolerancia. Un poco de respeto a las personas. Y hay muchas personas que votan al Partido Popular porque quieren y porque les apetece. Y hay que tratarlos con tolerancia, como yo trato también a la gente. Ahora, yo tengo que defender a la gente. Y usted debería haber defendido a aquellas personas que fueron insultadas por todos aquellos que estuvieron en el acto de los artistas. ¿Por qué no defendió a los insultados?

MANUEL CAMPO VIDAL: Tiempo para el señor Zapatero.

ZAPATERO: Señor Rajoy, usted vinculó su declaración de untados al canon digital, intentando hacer demagogia populista, y descalificando a gente de la cultura, a gente como Miquel Barceló, como Joan Manuel Serrat, como Joaquín Sabina, como Pedro Duque, que estaban en ese acto de la plataforma. Creadores que son universales y que llevan la imagen de España al mundo. Mire, aquí dije que iba a haber claramente… que se iba a advertir una diferencia de proyectos políticos. ¿Sabe cuál ha sido la diferencia? Usted apoyó a un grupo de deportistas, algunos de ellos que nos dan una brillante imagen en el mundo, y yo lo respeto. Tienen derecho, me parece bien que le apoyen a ustedes.

Solo ha cometido “el grave error” (según el líder popular, probablemente) de haber suscrito el manifiesto de intelectuales y creadores a favor del canon de copia privada, además de aparecer, no escondiéndose, en un videoclip que pudimos ver por televisión, en el que interpreta junto a conocidas “figuras” (¡untadas…!) de la música, una canción extraordinaria, Defensa de la alegría, cuya letra es de Mario Benedetti, para mayor INRI y que, personalmente, recordaba haberla escuchado en un disco excelente de Joan Manuel Serrat publicado en 1985, El Sur también existe:

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del caos y de las pesadillas
de la ajada miseria y de los miserables
de las ausencias breves y las definitivas

defender la alegría como un atributo
defenderla del pasmo y de las anestesias
de los pocos neutrales y los muchos neutrones
de los graves diagnósticos y de las escopetas

defender la alegría como un estandarte
defenderla del rayo y la melancolía
de los males endémicos y de los académicos
del rufián caballero y del oportunista

defender la alegría como una certidumbre
defenderla a pesar de dios y de la muerte
de los parcos suicidas y de los homicidas
y del dolor de estar absurdamente alegres

defender la alegría como algo inevitable
defenderla del mar y las lágrimas tibias
de las buenas costumbres y de los apellidos
del azar y también, también de la alegría

Leer este texto, sentirlo, es el mejor desagravio ético para Serrat/Tarrés, da igual. El que quiera entender que entienda. Posiblemente moleste a Rajoy tanta alegría, porque en el reino de los tristes no caben trovadores de la libertad que proporcionan alegría como algo inevitable para vivir decentemente… Lo sabemos bien en el Sur, desmuriendo, desviviendo, aprendiendo del dúo Benedetti-Serrat:

Pero aquí abajo, abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur,
que el Sur también existe

Sevilla, 28 de febrero de 2008, precisamente en el día de Andalucía

Del timbo al tambo

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Gabriel García Márquez, mi querido Gabo, me recordó ayer al releer su Prólogo de Doce cuentos peregrinos – obra que recomendaré siempre para las mesillas de noche de las personas que me acompañan en nuestra “Isla Desconocida”-, una obligación ética al escribir palabras que se entregan a los demás, cuando se navega en los mares procelosos de la turbación ignaciana. Hoy, cuando retomo -no sin dificultades anímicas- esta bendita y sacrosanta ob-ligación [sic, con guión], resuenan sus palabras con una fuerza especial: “Aquí está, listo para ser llevado a la mesa después de tanto andar del timbo al tambo peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”.

Es verdad. Aquí está listo el post de hoy, para ser llevado a tu mesa, cuando voy permanentemente de mi corazón a mis asuntos, del timbo al tambo particular, personal e intransferible. Cerebro y corazón, básicamente el cerebro, para los que nos acercamos con tanto respeto a él, que nos recuerda permanentemente su papel estelar en la vida, porque diversas estructuras cerebrales hacen posible la historia jamás contada, de vivir de forma controlada para no ir del timbo al tambo. A ser posible, a los asuntos importantes para la búsqueda de la felicidad. Y estos días que pasan, pero que en algunas y algunos se quedan, estamos viviendo momentos trascendentales para cada persona, para la sociedad, para la ciudadanía, para las familias, para las amigas y amigos a los que queremos, para las compañeras y compañeros de trabajo, con los que estamos obligatoriamente obligados a vivir, estar y, lo más difícil, ser.

Leo los periódicos habituales, escucho ahora mucha radio, la sempiterna onda próxima, veo la televisión que puedo y siempre hay una voz recurrente: la petición de mi voto, variaciones sobre el mismo tema utilizando el símil musical. Pero la partitura no es la misma y buscar esas diferencias es lo que me saca de mi corazón, de mis asuntos y es lo que me lleva a estar ahora “peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”. Como me “recomendaba” ayer Gabo cuando leía, en momentos de silencio, uno a uno sus cuentos peregrinos. Porque entendí muy bien su estructura literaria volcada al mundo mediante sus estructuras cerebrales: somos peregrinos en un camino hacia alguna parte, aunque a veces vayamos del timbo al tambo, como desorientados, para comprender lo que solo se puede alcanzar en una disciplina de silencio y de encuentro con nosotros mismos, para responder a situaciones, preguntas y fracasos humanos y sociales que no alcanzamos a entender nunca.

Por eso doy vueltas a mi voto, a mi corazón, a mis asuntos. Porque no todos vamos en el mismo barco, porque suelo decir que navego casi siempre en patera, al lado de algún barco fletado para orientar a la “Isla Desconocida”, una patera sin quilla pero con Norte. Un barco que ahora podría ser un partido político, unas determinadas siglas, siempre a babor, a su izquierda, en la amura de babor ideológico al que tanto quiero, porque no todos los partidos son iguales, porque tampoco todas y todos somos iguales, porque no me da lo mismo lo que pase el día 9 de marzo, porque la libertad para la igualdad no todos los partidos la defienden de la misma forma, porque me preocupa el Estado del bienestar y todos los recursos públicos, su financiación, la equidad, la integración de los que buscan desde fuera la felicidad básica, las personas que emigran a nuestro país porque creen que esta felicidad –la adecuada legítimamente a sus necesidades y proyecto de vida- se puede tocar aunque sea con la punta de los dedos, la atención a las personas que dependen de los demás si la Administración lo garantiza para no confiarlo a la misericordia divina y humana. Porque no todo es mercancía y mercado. Porque no hay que confundir valor y precio. No es lo mismo, no es lo mismo…

Lleva razón Gabriel García Márquez en su prólogo: el que lea este post (por qué no este cuento) sabrá qué hacer con él. Como me pasa a mí al escribirlo. Porque la perspectiva del tiempo es lo que permite poner cada cosa en su sitio y hacer, de vez en cuando, una parada en la posada más querida. Como peregrino de la felicidad. De la vida.

Sevilla, 24/II/2008

Jane Jacobs ó la inteligencia emergente

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Me encantó conocer la trayectoria humana y profesional de Jane Jacobs, cuando iba de mi corazón a mis asuntos de la inteligencia digital, cuando supe que había fallecido el 25 de abril de 2006, en Toronto (Canadá), a los 89 años, al leer con mucha atención una nota necrológica del periódico habitual, mediante una reseña aleccionadora sobre la verdad verdadera de su vida. Estaba aprendiendo al mismo tiempo grandes lecciones suyas en un libro que me ha supuesto una aportación trascendental en el estudio e investigación de la inteligencia humana y digital: Sistemas emergentes (O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software) (1). Con tal motivo, escribí un post, Las aceras de Jacobs, en el que manifestaba que “leía con cierta desazón la noticia de su muerte que habrá pasado sin pena ni gloria en la vida ordinaria de los planificadores de la vida, sea cual sea su condición, pero que su mención científica era un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Su muerte es una noticia amarga porque deja de estar en el mundo una de sus defensoras acérrimas, en clave positiva, que demostraba como acción posible la de la existencia de un urbanismo humanista, defensora del diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedezca siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía”.

Y volviendo hoy de nuevo a mis asuntos me encuentro con unas palabras muy amables, en un encuentro que agradaría mucho a Jane Jacobs, posibilitado por las nuevas aceras de la Noosfera, de Rosa Colmenarejo, Coordinadora del Proyecto, en el que me comunica que el próximo 6 de marzo se va a celebrar una jornada sobre LA CIUDAD SEGÚN JANE JACOBS (2), en Córdoba, España, el próximo día 6 de marzo de 2008, en el Teatro Cómico Principal, C/ Ambrosio de Morales, 15. Es un encuentro internacional organizado por la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía que cuenta con la colaboración de Casa Árabe, la Universidad de Córdoba, la Empresa Municipal de la Vivienda y el Colegio Oficial de Arquitectos de Córdoba. Y no puedo faltar a esa cita, con una contribución mediante este post en el que quiero hacer un canto a su vida y obra resaltando una estructura que tanto simbolizó mediante su lucha: es posible entender la ciudad como un lugar propicio para la inteligencia emergente. ¿Cómo?

Indudablemente, porque el ser humano, las mujeres y los hombres, las niñas y los niños, tenemos el recurso principal: la inteligencia emergente, como estructura que siempre anda preocupada por organizarse espontáneamente, adaptándose permanentemente mediante retroalimentación positiva a determinadas situaciones propicias o adversas, pero con un fin común: vivir conforme a un plan que permite resolver problemas con un objetivo muy claro: ser felices. Y la ciudad es un patrón excelente para cooperar en esta búsqueda legítima de felicidad. O de infelicidad, por el urbanismo adverso, en la dialéctica vivienda/murienda. Corren tiempos, además, en los que los especuladores están huyendo en desbandada porque ya no les salen las cuentas. Y aquí y ahora, en el escolástico hic et nunc, podemos dar rienda suelta a las tesis de Jane Jacobs, porque cuando el dinero no corre, la inteligencia vuela. Emergente, por supuesto.

Emergente porque se demuestra que lo que ocurre en las ciudades nunca nos es ajeno. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente: “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de oros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (3).

La escala incorrecta es que no somos conscientes de que en ese aquí y ahora en el que nos toca vivir a cada una, a cada uno, se están produciendo movimientos ciegos en nuestras casas, barrios, pueblos y ciudades, ajenos a nuestro control inteligente, pero que están condicionando la vida de los más próximos, quizás hoy lejanos y muy desconocidos, aunque es posible, real, que con las decisiones urbanísticas de hoy, no dejemos vivir a los que queremos por la degradación de un hábitat propicio y que hoy decimos que “disfrutamos” como eslogan aprendido en la cartelería de la usura enladrillada.

La emergencia es la evolución de reglas simples a complejas: las hormigas crean colonias. Ahí están. Las personas que habitan una ciudad crean barrios siempre. Ahí están. El software aprende a reconocer patrones siempre que se le den las instrucciones precisas. La inteligencia está en la base de los cerebros humanos, los que permiten hacer más simple la vida para vivir mejor. Y emergen hacia el exterior, naciendo, saliendo y teniendo principio siempre de otra cosa, en la interpretación que la Real Academia da a estos vocablos construidos de la misma forma. Con la inteligencia creadora de Jane Jacobs: que se respeten planes urbanísticos en los que las manzanas de casas sean más pequeñas, en aceras más vitales, en zonas de uso múltiple por doquier y sistemas de transporte público que siempre piensen en las personas. Para que el viaje de la vida sea siempre a alguna parte.

Sevilla, 21/II/2008

(1) Johnson, S. (2003). Sistemas emergentes, Madrid: Turner-FCE.
(2) laciudadsegunjanejacobs_6marzo2008.pdf
(3) Johnson, S., Ibídem, p. 90.

Los obispos instruyen, la ciudadanía piensa (¡menos mal!)

Me tendrían que fundir de nuevo. Cada vez que la Iglesia oficial española se pronuncia últimamente, representada en su Conferencia Episcopal, y sus cardenales y obispos hablan “como pastores de la Iglesia que tienen la obligación y el derecho de orientar el discernimiento moral que es necesario hacer cuando se toman decisiones que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos y a la promoción del bien común”, como en el caso que nos ocupa hoy en relación con la Nota de la CCVII Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, titulada “Ante las elecciones generales 2008”, de 30 de enero de 2008 y presentada a bombo y platillo por su portavoz, Juan Antonio Martínez Camino, no me quedo tranquilo sin pronunciarme como humilde caminante que hace camino al andar en la vida, clasificado por el CIS probablemente como “no creyente”, tipificado como tal, que respeta todas las opiniones, pero que no se queda impasible ante lo que interpreto como una manipulación burda de asuntos de gran trascendencia para una parte de la población española que, aún declarada católica, deja entrever que algo está pasando en las filas de la Iglesia por su falta de “militancia” activa y abandono progresivo de los sacramentos.

Para hablar así, he verificado en primer lugar los datos del último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (1), de diciembre de 2007, como Avance de Datos, para dejar testimonio de una foto fija de la realidad española tratada científicamente, recogiendo dos preguntas del último cuestionario pasado y en relación con la “materia religiosa” y el cruce de estos datos por variables políticas:

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CRUCES POR VARIABLES POLÍTICAS

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Nunca mejor dicho, una imagen vale más que mil palabras y las cifras son tozudas. Creo que esa debe ser la auténtica preocupación de la jerarquía católica, constatar indefectiblemente, como bien narraba Rafael Alberti en Roma, peligro para caminantes, que algo está pasando en el seno de la Iglesia Católica:

Entro, Señor, en tus iglesias… Dime,
si tienes voz, ¿por qué siempre vacías?
Te lo pregunto por si no sabías
que ya a muy pocos tu pasión redime.

Respóndeme, Señor, si te deprime
decirme lo que a nadie le dirías:
si entre las sombras de esas naves frías
tu corazón anonadado gime.

Confiésalo, Señor. Sólo tus fieles
hoy son esos anónimos tropeles
que en todo ven una lección de arte.

Miran acá, miran allá, asombrados,
ángeles, puertas, cúpulas, dorados…
Y no te encuentran por ninguna parte.

He leído con suma atención el documento de referencia anterior (folio y medio) y el documento marco que lo soporta, denominado “Orientaciones morales ante la situación actual de España”, como Instrucción Pastoral de la LXXXVIII Asamblea Plenaria de la CEE (de 27 páginas), de 23 de noviembre de 2006, al hacer continua referencia al mismo. En este país, instalado en la crónica de la opinión elevada a la máxima categoría ética, muy poco atento a la teoría bien construida y con cimientos ó suelo firme, bases incuestionables de la ética a palo seco, es muy probable que casi nadie haya leído estos dos documentos perfectamente entrelazados ya que es muy difícil entender la última Nota sin acudir sistemáticamente al comentario de texto de la Instrucción Pastoral. Sin embargo se lanzan opiniones y diatribas a diestro y siniestro, sin contextualizar de verdad que es lo que se pretende decir. Y vaya por delante que, como casi todo en la vida, esta Nota no es inocente.

Su lectura rezuma el viejo axioma de la verdad dogmática construida en los diez mandamientos, el mágico número diez de la tradición hebrea (perfección, plenitud). Son, exactamente, diez recomendaciones para orientar el discernimiento moral, para los católicos y para todos aquellos que quieran escucharnos. Los Diez mandamientos del perfecto votante católico y para los de ánimo decaído, que más adelante explicaré. Si es para los católicos, las cifras cantan por sí solas, como he reflejado en las transcripciones literales, fotográficas, del último barómetro del CIS, aunque se aprovecha el rebufo de la catolicidad, por aquello de la universalidad, para hacer el enero, febrero y marzo del año, sobre todo el 9 de marzo, sabiendo como está el patio de su casa, que cuando llueve se moja como el de los demás. Posiblemente, se inunda, a veces. Por no hablar del discernimiento, que como dice la Real Academia, tiene que ver sobre todo con “operaciones de ánimo”. Y el horno no está para bollos, porque el ánimo de la ciudadanía, de la democracia, según ellos y solamente ellos, con acólitos incluidos, “se está hundiendo”.

La segunda “palabra” de la Nota, tiene que ver con el comentario de texto al que aludía anteriormente, las “Orientaciones morales ante la situación actual de España”, donde la Conferencia Episcopal se empleó a fondo en asuntos muy fronterizos para la sociedad en general, más allá de la mera catolicidad: democracia y moral, el servicio al bien común, mejorar la democracia, respeto y promoción de la libertad religiosa, el terrorismo, y los nacionalismos y sus exigencias morales, entre otras “cuestiones” a dilucidar. Todo viene de lejos.

El tercer “mandamiento” es el canto del buen introductor de embajadores: que nadie se sienta ofendido por lo que decimos, pero “¡agárrate que vienen curvas!” en lo que sigue. Diplomacia vaticana en estado puro: “Sólo pedimos libertad y respeto para proponer libremente [la cursiva está así en el texto] nuestra manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás”. ¡Faltaría más! El problema es que los vemos venir…

La cuarta “Instrucción” comienza a emplearse a fondo: no todos estamos en el mismo barco, aunque yo recuerdo que el mensaje cristiano, por excelencia, es que hay que examinarlo todo y quedarse con lo bueno, si es posible en un único barco. Pero examinarlo. Y entra a saco en la cuestión de fondo de la Nota: “es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública (n. 50)”. Esta referencia, n. 50, dice lo siguiente para dejar todo bien claro: “50. En esta participación activa y responsable en la vida pública y política, los católicos actúan bajo su responsabilidad personal, son libres de escoger las instituciones y los medios temporales que les parezcan más adecuados y conformes con los objetivos y valores del bien común, tal como lo perciben con los recursos comunes de la razón y la iluminación que reciben de la revelación de Dios aceptada por la fe. La Doctrina Social de la Iglesia, fundada en la razón, iluminada por la fe y purificada por la caridad, es patrimonio común de todos los cristianos y orienta y enriquece sus actividades, sin imponer la unidad y la coincidencia en los medios y procedimientos estrictamente políticos. Si es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública”. Me encantaría comentar brevemente estas palabras, tales como la decisión de “apoyo a partidos diferentes y militar en ellos”, pero de acuerdo con la “iluminación que reciben de la revelación de Dios”, parece ser que ahora reinterpretada por la Conferencia Episcopal, es muy difícil abordarla en este post. Podría hacerse, “próximamente en este salón virtual”.

En el quinto “mandamiento”, se entra a matar directamente, según el lenguaje taurino. Ya no hacen falta más faenas: “La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas (n. 56). No se debe confundir la condición de aconfesionalidad o laicidad del Estado con la desvinculación moral y la exención de obligaciones morales objetivas. Al decir esto no pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica. Pero sí que se atengan al denominador común de la moral fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo (n. 55)”. ¿Qué quiere decir este juego de palabras? No, pero sí ó sí, pero no. ¿Qué significa atenerse al denominador común de la moral fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo? No conozco un solo programa político en el que se violente la llamada moral (siempre prefiero hablar de ética) fundada en la recta razón, porque, eso sí, puede haber diversas razones que, además, el corazón no entiende de ellas. Y bien que hace, afortunadamente. ¿o es que la razón solo la tiene la Iglesia Católica? Además, la razón histórica de cada pueblo suele recogerse en la Constitución, siendo la nuestra un ejemplo de ello. ¿O es que porque España haya sido durante cuarenta años católica, apostólica y romana, tiene que seguir siéndolo porque sí, por su experiencia histórica? ¡Cuanto circunloquio para la locura que, a veces, registra la historia de los pueblos! De España, sin ir más lejos, durante la dictadura.

Sexta Nota: citando al Papa y recogiendo textualmente su pronunciamiento sobre los peligros que nos acechan en la actualidad: “Es preciso afrontar… con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social” (n. 56)”. Y para que no queden fisuras, el pronunciamiento no entrecomillado se centra en los peligros que acechan a las nuevas formas de entenderse el matrimonio en España: “La legislación debe proteger al matrimonio, empezando por reconocerlo en su ser propio y específico”. Es decir, se dice abiertamente y resolviendo el silogismo escolástico planteado en la Nota (la interpretación es mía y solo mía) que: “La legislación actual española no protege al matrimonio, empezando porque no lo reconoce en su ser propio y específico”. Ya está dicho por la Conferencia Episcopal: ¡ojo, porque la actual legislación en torno al matrimonio y las nuevas figuras que se pueden contemplar, aprobada en un Parlamento y apoyada por la ciudadanía que respalda las mayorías políticas, no lo protegen en la esencia católica!. Y ya sabe la catolicidad recogida por el CIS que quien avisa no es traidor.

Séptima Instrucción/Séptimo mandamiento: aquí ya me afecta personalmente por el conjunto de inexactitudes y mentiras que se explicitan en la misma, en el mismo: “No es justo tratar de construir artificialmente una sociedad sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna (n. 13). En ese sentido parece que apuntan, entre otras cosas, las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de la escuela pública, así como el programa de la nueva asignatura, de carácter obligatorio, denominada “Educación para la ciudadanía” (n.18), que lesiona el derecho de los padres – y de la escuela en colaboración con ellos – a formar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones religiosas y morales. Es necesario promover un gran pacto de Estado sobre la base de la libertad de enseñanza y la educación de calidad para todos”. No es verdad lo que se deja entrever. El debate de la laicidad no es un debate oportunista, ocasional, sino Constitucional. Pero la Iglesia, erre que erre. Se puede decir más alto pero no más claro. Personalmente, me he implicado mucho en el falso debate en torno a la Educación para la Ciudadanía, segunda parte de la parte contratante de esta Nota de la Instrucción, que se puede consultar mediante el buscador de este Cuaderno. Los pactos de Estado tienen siempre formas democráticas y sus escenarios correspondientes de base constitucional. Y la actual legislación no está basada en un fraude de Ley, como algunas veces se ha dicho sin tapujos. Las leyes están para cumplirlas. Todas y todos. Incluida la Conferencia Episcopal que ha hecho una exhibición lamentable de altanería y prepotencia en relación con esta materia.

En relación con el mandamiento 8º, es escalofriante cómo se despacha, con la técnica de la mancha de aceite, en cinco líneas y media, una declaración sobre el terrorismo: “Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político (n. 68)”. Así, sin más, resaltando por cierto lo que parece una obviedad, si no fuera porque hay que saber leer entre líneas. Lo que se quiere decir, claramente, es que en España se está reconociendo explícita e implícitamente a una organización terrorista como representante político y, además, se tiene como interlocutora política. ¡Qué memoria tan frágil tiene la Iglesia Católica española! ¡En que mal lugar han dejado al Obispo Uriarte y a cuantas organizaciones negocian lo indecible para aproximarse a soluciones democráticas, cuando negociaba personalmente y con representación política del Estado con ETA, en la etapa del Gobierno anterior! ¿Por qué se hace esta referencia en un texto que explícitamente dice en su portada como título en mayúsculas: “ANTE LAS ELECCIONES GENERALES 2008”? Sencillamente, impresentable, cuando deberían cuidar algo con sentido común: no echar más leña al fuego.

En el mandamiento noveno, también abordan un asunto muy espinoso que tiene raíces más allá de nuestras fronteras: las problemáticas derivadas de los nacionalismos, para seguir manteniendo viva la hoguera. Otra más. Y de nuevo se recurre a la llamada verdad histórica, que cada vez se sabe menos lo que es con la que está cayendo: “Hay que evitar los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas (n. 74)”. Y aparece el término recurrente de la atención extrema a la manipulación dudando creo de la mayoría de edad de la ciudadanía. Zapatero, a tus zapatos, sin equívoco alguno –por favor- al decirlo en latín: Ne sutor ultra crepidam, emulando al pintor griego Apeles.

Llegamos al final: décimo mandamiento, el totum revolutum, donde entran lo mismo los inmigrantes que los parados, los que están solos, las jóvenes que pueden caer en las redes de la prostitución, las mujeres humilladas y amenazadas por la violencia doméstica, los niños, objeto de explotaciones y de abusos, y quienes no tienen casa ni familia donde acogerse”. Y un guiño a la convocatoria de las elecciones en la Comunidad Autónoma de Andalucía porque se indica que hay “que trabajar también para superar las injustas distancias y diferencias entre las personas y las comunidades autónomas, tratando de resolver los problemas más acuciantes, como son el trabajo, la vivienda accesible, o el disfrute equitativo de la naturaleza, compartiendo dones tan indispensables para la vida como el agua y cuidando con esmero el patrimonio común de la creación (n. 80). En el orden internacional, es necesario atender a la justa colaboración al desarrollo integral de los pueblos”. Un broche que suscribiría cualquier persona de bien, sin ser católica, si no fuera porque la lectura de fondo y forma no es pacífica, con todo lo manifestado anteriormente. Problemas territoriales como el agua, sin ir más lejos, también tienen un trasfondo político de primera línea.

Como todo decálogo que se precie, estos mandamientos se podrían encerrar en dos: hay partidos políticos que son católicos y otros que no lo son. Ama al partido político que su programa es fiel reflejo de lo que aquí se dice (en las Notas), sobre todas las cosas y a determinada derecha de toda la vida, como a ti mismo.

Sevilla, 2/II/2008

(1) CIS. Centro de Investigaciones Sociológicas (2007). Barómetro de Diciembre. Avance de resultados. Estudio nº 2.746. Diciembre 2007.

Veo a mis palomas volar

Tú les recuerdas
que del corazón brota
la paz verídica.

Llorenç Vidal (1991), del libro de poemas “Estels filants”. Haikais.
Mallorca-Cádiz: Nova Arcàdia.

Desde hace una semana vengo observando que las palomas que representaban imágenes importantes de mis reflexiones sobre Educación para la Ciudadanía, están volando en libertad, requeridas por personas a las que no conozco pero que me llena de satisfacción por ser la Noosfera un medio útil para reforzar aquellas ideas que trabajé con tanta dedicación en los meses de agosto y septiembre de 2007, con ocasión de la controvertida asignatura de Educación para la Ciudadanía (recojo el último post, de una serie de diez, escritos específicamente a favor de la impartición de la “asignatura”). Picasso, desde donde quiera que esté, por respeto a cómo a él le gustaba ser y le gustaría estar, estará disfrutando con esta original suelta digital de su paloma mensajera de paz.

paloma-de-la-paz-picasso.jpg
La paloma de la paz. Pablo Picasso, 1949

He pensado que quizá estaría relacionado con trabajos preparatorios del Día Escolar de la No-violencia y la Paz (DENIP), que se celebra cada 30 de Enero (fecha del aniversario de la muerte de Gandhi), que fue declarado por primera vez en 1964. Es conocido también por Día Mundial o Internacional de la No-violencia y la Paz, como una iniciativa pionera, no estatal, no gubernamental, no oficial, independiente, libre y voluntaria de Educación No-violenta y Pacificadora, del profesor mallorquín Llorenç Vidal, practicada ya en escuelas de todo el mundo y en la que están invitados a participar los centros educativos, los educadores y los educandos de todos los niveles y de todos los países. En este día, los colegios y centros que se adhieren libremente se convierten en instrumentos de paz y entendimiento entre personas de distinta formación, raza, cultura y religión (1).

El mensaje básico de este día es: ’Amor universal, No-violencia y Paz. El Amor universal es mejor que el egoísmo, la No-violencia es mejor que la violencia y la Paz es mejor que la guerra’.

Me parece extraordinario que se aproveche cualquier declaración a favor de la no-violencia y la Paz para que estudiantes de este controvertido país –no la asignatura de Educación para la Ciudadanía- hagan un alto en su camino y recojan interpretaciones excelentes que ayuden a implantar una cultura permanente de concordia, tolerancia, solidaridad, respeto a los derechos humanos, no-violencia y paz. Una cultura de educación ciudadana, en las pequeñas cosas y en las relaciones personales de cada día. Todo el esfuerzo es poco, viendo los sucesos que a diario contemplamos en nuestros barrios más cercanos (quizás en nuestras propias casas…) y sin tener que viajar hasta Kenia para rubricar que algo está pasando en nuestros cerebros, que no deja avanzar la inteligencia social para construir la no violencia y la paz en domicilios, aulas, zonas de recreo, de trabajo, calles, aceras, salas de estar y ser. Sí, sí, salas de ser, como una estancia necesaria en la vida. En definitiva, en cualquier lugar donde nacemos, crecemos, habitamos y somos, sin necesidad de tener ó poseer.

Sevilla, 31/I/2008

(1) http://es.geocities.com/ahimsadenip/denip.spanish; http://www.aulaintercultural.org/article.php3?id_article=675

Cerebro y placer musical: endorfinas en la mente

Déjate llevar, por las sensaciones
Que no ocupen en tu “vía”, malas pasiones

Esa pregunta que te haces sin responder
Dentro de ti está la respuesta para saber
Tú eres el que decides el camino a escoger
Hay muchas cosas buenas y malas, elige bien
Que tu futuro se forma a base de decisiones
Y queremos alegrarte con estas canciones

Fragmento de Ahí estas tú, Chambao, en Endorfinas en la Mente, que tantas veces ha promocionado el fondo de Andalucía en un anuncio institucional

Dedicado a una persona muy próxima, a quien tanto quiero…, sabiendo que hoy tengo cuarenta y siete razones para compartir estas experiencias.

Estoy escuchando en este momento el Andantino del Concierto para flauta y arpa (K. 299) de Mozart, ejecutado por la Filarmónica de Viena, bajo la batuta de Karl Böhm ¿En cuantas ocasiones he sentido sensaciones placenteras al entrar la flauta junto a la orquesta en compases que al menos, en mi caso, me producen sensaciones placenteras, auténticas emociones y sentimientos asociados? Y como estudioso del cerebro en un modesto laboratorio digital, me he preguntado muchas veces cómo se producen estas reacciones a un estímulo tan concreto y tan personal e intransferible.

k299-mozart.jpg

Vuelvo a escucharlo otra vez: “El Andantino central es una página maravillosamente melódica, decorativa y sensual, pero no exenta de emoción” (1). Son ocho minutos y quince segundos de sensaciones múltiples, incluso con la casi imperceptible entrada del arpa a los cuatro minutos de esta maravillosa interpretación, los diálogos posteriores entre los dos instrumentos, un minuto después, con una parte final en la que la orquesta da paso de nuevo a la flauta que de forma pausada y con gran virtuosismo deja que la acompañe el arpa en una conjunción que como trinos de pájaros libres deja entrever que el final está próximo, pero sola, inmensamente sola, con acordes de orquesta que rubrican el compás recurrente de esta composición, un encargo para el Duque de Guines (flauta) y su hija (arpa), embajador de Inglaterra en Francia, que Mozart nunca cobró.

Pero, ¿dónde se sitúa el centro neurálgico de estas sensaciones? Ya se sabe desde las ciencias del cerebro que la base de estas relaciones estímulo-respuesta se encuentra en la glándula pituitaria, que es una superestructura del sistema endocrino con responsabilidades directas en la regulación del tráfico de los neurotransmisores directamente relacionados con estas sensaciones derivadas de la música: las endorfinas y la adrenalina, dado que ejerce un control férreo sobre ocho glándulas endocrinas, una de las cuales está directamente implicada en este proceso: la adrenocorticotrópica (ACTH), pero en el contexto de una sinfonía hormonal (nunca mejor dicho) junto a las siete restantes: “Esta glándula [la pituitaria] está unida al hipotálamo a través de fibras nerviosas y está formada por tres secciones: el lóbulo anterior, que representa el 80% del peso de la glándula, el lóbulo intermedio y el lóbulo posterior. El lóbulo anterior produce la hormona de crecimiento, la prolactina, que estimula la producción de leche materna después de dar a luz, la adrenocorticotrópica (ACTH) [objeto de este post], que estimula las glándulas adrenales, la estimulante de la tiroides (TSH), la folículo-estimulante (FSH), que estimula los ovarios y los testículos al igual que la luteinizante (LH), también presente”.

Las endorfinas, también reconocidas como péptidos opioides (pequeñas proteínas), se clasifican en tres familias, encefalinas, dinorfinas y ß-endorfina, siendo este último grupo el de más importancia clínica debido a su gran potencial analgésico, habiéndose demostrado científicamente que de manera natural su producción es más intensa cuando sufrimos dolor. También, porque inhiben temporalmente otras conexiones que probablemente “recuerdan” la falta de placer. Se ha demostrado recientemente en estudios sobre los “escalofríos musicales” que “La liberación asociada de endorfinas –opiáceos internos- potencia, además, la memoria. Nuestro cerebro señala los cambios acústicos importantes en el entorno –posiblemente desde el alba de nuestra evolución-, que producen encogimiento y los graba en la memoria; piénsese en los ruidos de sospechosos de un depredador que se acerca sigiloso. En este escenario comenzaron los hombres más tarde a colocar, como jugando, semejantes estímulos escalofriantes de la música” (2). Es decir, automáticamente, la liberación de endorfinas busca desesperadamente recuerdos en el sistema límbico, en la memoria, para “asociar” efectos placenteros o displacenteros de completud ó incompletud, derivándose sensaciones en uno ú otro sentido. Es normal que en relación con la música volvamos a escuchar insistentemente determinadas composiciones ó fragmentos, de cualquier género, porque nos recuerda momentos transcendentales de nuestra vida, con un objetivo muy claro: buscar y encontrar placer.

Vuelvo a escuchar a Mozart. Probablemente no, realmente, porque lo tengo asociado a momentos de bienestar y bien-ser que se activan en el momento que la flauta y el arpa están acompañándome. ¿Efecto Mozart? Probablemente, efecto cerebral, personal e intransferible de mi central pituitaria. Una maravilla.

Déjate llevar, por las sensaciones
Que no ocupen en tu “vía”, malas pasiones

Esa pregunta que te haces sin responder
Dentro de ti está la respuesta para saber
Tú eres el que decide el camino a escoger
Hay muchas cosas buenas y malas, elige bien
Que tu futuro se forma a base de decisiones
Y queremos alegrarte con estas canciones

Sevilla, 29/I/2008

(1) Reverter, A. (1999, 2ª ed). Mozart. Barcelona: Península, p. 89.
(2) Altenmüller, E, Grewe, O., Nagel, F y Kopiez, R. (2008). Escalofrío musical. Mente y Cerebro, Enero/Febrero, p. 18-23.

Cerebros tóxicos o tosigosos

Dice la Real Academia que tóxico [tósigo], que proviene del griego τοξικόν φάρμακον, es un adjetivo que se define como “perteneciente a un veneno o toxina”. Su origen no es inocente porque “tósigo” es el veneno que emponzoña las flechas. Y para colmo y remate, “tosigoso” es otro adjetivo contundente, obviamente relacionado con el anterior, porque es su fundamento etimológico: envenenado, emponzoñado. Es decir, un cerebro tosigoso es un cerebro envenenado, emponzoñado. ¿A qué viene este comienzo tan bravío en un cuaderno de derrota [solo admitida por mí en el lenguaje marinero] como éste?

tela-de-arana.jpg
Fotografía recuperada de http://img100.imageshack.us/img100/3733/01pg4.jpg, el 25 de enero de 2008

Voy a dar las explicaciones necesarias. Vivimos tiempos en los que es difícil moverse en tareas de identificación de cerebros sanos. Se habla mucho de varios mundos felices, de conquistas exitosas a cualquier precio, de felicidad envasada de mil formas, pero la realidad es que vivimos muy pre-ocupados [sic] con otra realidad bien distinta: proliferan los cerebros malvados y, sobre todo, tóxicos, que nos complican la vida hasta límites insospechados. En el trabajo, jefas y jefes, tosigosos; en la familia, parejas y parientes de diversos grados, también tosigosos; amigas, amigos, aún más tosigosos si cabe y, por proximidad en el calendario electoral, políticos tosigosos. Ante la necesidad de identificarlos de forma correcta y rápida, he pensado que vendría bien hacer un pequeño manual de primeros auxilios para identificar los cerebros tóxicos, las personas tosigosas, que envenenan sus alrededores, dándonos cuenta en la mayor parte de las ocasiones y amargándonos la vida, casi siempre.

1. La tela de araña ó el arte de hacer la vida imposible a los demás

Una característica común, para empezar, es su estrategia querulante: tejen una tela de araña a su alrededor en la que solemos caer atrapados, porque la vida les corresponde vivirla solo a ellos y porque se hacen portavoces de las quejas de los demás para “solucionarlas”. Suelen tener el discreto encanto de la atracción ¿fatal?, porque enmascaran bien sus auténticas intenciones. Sucede cuando vislumbramos que alguna persona, en cualquier rol que ocupe, nos a-tosiga (¿recuerda la etimología de tóxico?): nos envenena paulatinamente. Primer indicador, porque trabajan normalmente a largo plazo, como el trabajo que realizan las arañas en sus telas transparentes y de dibujos insólitos. Pero cuando te quieres dar cuenta, ya estás en el interior de sus cerebros fruto del tósigo, del veneno que emponzoña sus flechas preferidas: palabras, miradas y gestos de cualquier tipo, fabricadas siempre en el interior de sus estructuras cerebrales. Es decir, son enemigos de cuidado. He leído recientemente un artículo sobre psicología laboral, centrado en los “jefes nocivos que irradian malestar” (1), donde entre los estresores más importantes que se identifican en un estudio de gran interés científico, Informe Cisneros VI, la mala calidad de management (jefe) alcanza un porcentaje muy relevante entre los analizados: el 45,70%, solo superado por el clima laboral deteriorado. El paso a la identificación de “mobbing” (acoso laboral de superiores y compañeros, y del “burnout” (síndrome del trabajador carbonizado ó achicharrado) está dado, así como el nacimiento del neomanagement, como forma de dirigir organizaciones y personas mediante la continua destrucción de los recursos humanos, del clima laboral y del entorno organizativo (2).

En la Administración Pública, que conozco de primera mano y en la que trabajo actualmente, también ocurren estos fenómenos y, lógicamente, por extrapolación también está afectada por los estilos tosigosos de dirección: narcisista (siempre busca subordinados que no le hagan sombra), psicópata (luce sus encantos y embauca a los más débiles para destruirlos después, paulatinamente) y paranoide (atento a cualquier movimiento de los subordinados, desconfiando de todo y de todos), que derivan en dos actitudes amenazantes, tosigosas: autoritarismo a ultranza ó consentidores de todo para que nuca se le pueda recriminar nada pero donde el clima laboral se acaba haciendo irrespirable y las consecuencias en relación con la salud mental acaban siendo desastrosas. Las flechas tosigosas del jefe han hecho diana. En general, el 10,4% de los trabajadores considera molesta y preocupante la relación con sus jefes, de acuerdo con los datos obtenidos en la VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo (ENCT) desarrollada en 2007 por el Instituto Nacional de Higiene y Seguridad en el Trabajo, dependiente del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (3) y en la que también se ha trabajado con una muestra de Administración Pública de la Comunidad Autónoma de Andalucía.

2. La negación de la recompensa (a veces, de la existencia)

Nuestro cerebro está preparado para trabajar básicamente en el modo placer, bienestar, bienser (si se pudiera decir así), por decirlo de alguna forma. No va a bien al cerebro trabajar en modo dolor, malestar, malser. Además, nuestros circuitos cerebrales han evolucionado para superar las malas pasadas del cerebro antiguo, el reptiliano, de autodefensa continua con agresividad latente y manifiesta porque no sabemos por donde nos pueden dar un palo. Y claro, ante cerebros tóxicos, tosigosos, reverdecen viejas conductas ancestrales que nos hacen sufrir, y mucho. El cerebro necesita siempre recompensas al tremendo desgaste que sufre cada segundo para tenerlo todo a punto. Y los cerebros de los contrarios, tosigosos, saben de esta debilidad innata en el cerebro humano, también en el suyo. Y las recompensas se sustraen permanentemente para causar dolor crónico. Bastaría hacer un pequeño recorrido por los cerebros de los más próximos en nuestras vidas de diario, para no complicárnosla más, para identificar a aquellos cerebros que nos sustraen el placer de las recompensas por lo que decimos, hacemos y vivimos en cualquier situación humana. Porque, casi siempre, eso es lo único que sabemos hacer, que hemos aprendido mejor o peor y es lo que de verdad proyecta nuestras personas de secreto. Si ni siquiera eso se reconoce, no me extraña nada que mueran mujeres casi a diario, que muchas personas trabajadoras vuelvan a sus casas hechas polvo por sus relaciones laborales con compañeros y jefes, y las amistades se rompan por palabras emponzoñadas porque los que están cerca tienen cerebros tosigosos, que lanzan flechas envenenadas a diario casi sin darnos cuenta. Porque son también narcisistas, psicópatas o paranoides.

3. La negación de la inteligencia (de todas las inteligencias)

Existen también cerebros tóxicos que destrozan la inteligencia en general y la inteligencia social, en particular, aquella que comprende la capacidad de autoconocimiento de quién soy y cómo me relaciono con los demás, configurándonos como zombis reales, de carne y hueso cuando se niega mediante malas artes. Son los peores, porque son los que no paran hasta destruir a sus contrarios definitivamente. Y de esta forma comienza el largo camino de laminación personal. Aparecen los primeros síntomas de libro (somatizaciones, estrés, depresión, ansiedad, abatimiento total, pérdida de autoestima en la representación diaria en el gran teatro del mundo personal y asociado) y comienza el ciclo de la puerta giratoria de centros de salud, centros especializados de salud mental y hospitales, con el gran asociado de ganancia secundaria que se llama “baja laboral”. ¡Conseguido!, dicen estos cerebros de la miseria humana. Menos mal que se conoce muy bien el daño en determinadas estructuras cerebrales que se produce por mor de estas situaciones, donde juegan un papel trascendental el cortisol y la adrenalina, agentes transmisores de carga positiva para el cerebro, sobre los que ya he hablado en varios post de este cuaderno y a los que remito para su lectura atenta. La vida emocional se va al traste porque es muy difícil contrarrestar tanto veneno si no estamos preparados para ello y acompañados sobre todo de un adecuado apoyo social.

4. ¿Qué hacer? (sin acudir a Lenin)

Pensar fríamente que hay que desenmascarar a estos cerebros, donde quiera que estén, con denuncias privadas y públicas, porque es enfermizo que se tengan contemplaciones con ellos. Existen en un Estado de derecho, como el de España, medidas laborales, judiciales e incluso, de salud pública, para erradicar estas situaciones que hacen tanto daño a muchas personas anónimas. Acudir también a profesionales de la salud mental. Sigo defendiendo, por tanto, la teoría de la construcción del cerebro feliz, cuando afirmaba recientemente que “es probable que cambie nuestra actitud ante la vida sabiendo que depende muchas veces de procesos en la neurotransmisión que, si los conocemos bien, podemos autojustificar las reacciones del periodista holandés que no gustaba a Van Gaal [contratóxico: siempre positivo, nunca negativo]: “Tengo la impresión que la próxima vez que nos comamos una almendra, vamos a tener una sensación (¿emoción, sentimiento?) diferente de lo que hacemos. Probablemente, porque la amígdala cerebral de cada una, de cada uno [estructura cerebral con forma de almendra], ha mandado unas señales neurológicas diciendo a la corteza cerebral que ya sabe por qué está sintiendo algo especial. Misión cumplida”. Hoy, de forma especial, porque ya sé que muchas veces no se puede controlar de forma autónoma la actitud positiva o negativa ante la vida propia ó asociada, maravillándonos de dos pequeñas estructuras, del tamaño de una almendra, las amígdalas cerebrales, que me proporcionan un bien-estar ó un bien-ser (perdón por el neologismo), que el cerebro se encarga de tratarlo para que cada persona sea más inteligente en el acontecer diario, con sus cadaunadas, de cada una, de cada uno, de todos”.

En definitiva: sabemos que podemos identificar y desenmascarar los cerebros tosigosos, porque sabemos algo más sobre sus comportamientos. Nos hemos «quedado con sus cerebros» y sabemos dónde y cómo viven. Creo, sinceramente, que hemos dado los primeros pasos para editar un manual, una guía rápida, para identificar y erradicar a los cerebros tosigosos que pululan por nuestros alrededores. Por nuestro (clásico) bien, por nuestra salud mental, por nuestra propia y merecida felicidad personal y social. Por ética social, propagada hoy mediante inteligencia digital. Porque, ¡ya está bien!.

Sevilla, 25/I/2008

(1) Ferrado, M. L. (2007, 12 de enero). Jefes nocivos que irradian malestar. El País, Salud (Mensual de biomedicina y calidad de vida), 1-4.
(2) Piñuel, I. (2004). Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas. Madrid: El País Aguilar.
(3) Se puede obtener la VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (ENCT), en la dirección: http://empleo.mtas.es/insht/statistics/viencuesta.pdf