Meryl Streep y Nuccio Ordine, personas imprescindibles según Bertolt Brecht

Meryl Streep (Summit, EE. UU.), 22 de junio de 1949)

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 20/X/2023

Necesitamos, ahora más que nunca, recibir refuerzos positivos para caminar siempre hacia adelante y una vía abierta de ética útil entre tanta realidad triste e inútil, puede ser acercarnos a dos personas imprescindibles, Meryl Streep (Summit, Nueva Jersey, 1949) y Nuccio Ordine (Diamante, Cosenza – Calabria, 1958 – Cosenza, Calabria, 2023), porque junto a otras personalidades del mundo de las artes, comunicación y humanidades, ciencias sociales, deportes, letras, cooperación internacional, investigación científica y técnica, así como de concordia, que merecen por igual mi reconocimiento y respeto, recibirán hoy también, junto a ellos, los premios Princesa de Asturias de 2023, de las Artes y el de Comunicación y Humanidades, respectivamente, teniendo el de Ordine un sentido especial por su fallecimiento el pasado 10 de junio y al que dediqué unas palabras sentidas en mi persona de secreto, ese día, en este cuaderno digital. He elegido hoy, en una fecha especial también, voluntariamente, a estas dos personas, imprescindibles para mí en el sentido que aprendí hace ya muchos años de Bertolt Brecht y como homenaje especial a los dos por lo que han aportado al mundo y al correcto tratamiento de la vida digna para todos, sobre todo con un interés especial en atender con sus obras a los que menos tienen, en cualquiera de las proyecciones humanas posibles.

En el caso de Meryl Streep, el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2023 se le otorgó el pasado 26 de abril, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”. Resumí mi reconocimiento personal de este premio a Meryl Street en un artículo publicado también, en este cuaderno digital, El cine es el semblante de Meryl Streep, que he vuelto a releer hoy, en el que destacaba que emulando humildemente al gran director americano John Ford, ídolo de mi infancia, cuando respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?, contestó, “es ver caminar a Henry Fonda”, se podría decir ahora, también, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da a ese lema, semblante: “La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). 

En relación con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023 otorgado a Nuccio Ordine el pasado 4 de junio, destaqué en otro artículo, Las personas no somos islas inútiles, la satisfacción personal por este reconocimiento, en su calidad de filósofo, escritor y gran conocedor del pensamiento y la literatura renacentista, al que he dedicado bastantes páginas de respeto intelectual en este cuaderno digital. Me consta el compromiso activo en su obra, en relación con la educación como derecho y no como mercancía, tal y como se recogió en el acta del jurado sobre la concesión de este Premio, otorgado “por su defensa de las humanidades y su compromiso con la educación y los valores enraizados en el pensamiento europeo más universal. Ordine establece un diálogo con la sociedad contemporánea para transmitir, en especial a los más jóvenes, que la importancia del saber se encuentra en el proceso mismo del aprendizaje. La utilidad de la educación se ha de entender en términos de pasión por la búsqueda del conocimiento y de lo mejor de cada persona, sin circunscribirse a un interés económico. Su trabajo académico, centrado en figuras relevantes del Renacimiento, destaca la necesidad de recuperar la riqueza del humanismo para las nuevas generaciones”.

Destaco, igualmente, dos reflexiones sobre ambos “imprescindibles”. Respecto de Meryl Streep, dije en aquella reflexión escrita que me quedaré siempre con “el semblante de Meryl Streep a través de sus películas, porque define a la perfección qué es el cine. Indudablemente, con su rostro lleno de expresión, en silencio, como lo supo interpretar aquél fotógrafo [en Los puentes de Madison] que un día paró en la puerta de su casa para preguntar por un puente famoso, Roseman, para hacer unas fotos. Nos transmitió de forma simbólica algo importante: todo acabó donde había empezado, en ese puente, cumpliéndose el deseo de Francesca al esparcir sus hijos sus cenizas en sus alrededores. Es la maravilla del cine, una historia breve pero que al ser buena se convierte en dos veces buena. Un poema de Lord Byron, muy querido por Robert, estaba “dentro” de la vasija funeraria y se quedó con ella volando hacia el aire que quisieron respirar juntos en aquellos cuatro días mágicos, inolvidables: Hay un placer en los bosques sin senderos, / hay un éxtasis en la costa solitaria, / hay compañía, allí donde nadie se hace presente, / al lado del mar profundo, y música en su rugido. / No amo menos al hombre, sino más a la naturaleza, / a partir de nuestros encuentros, / a los que asisto sigiloso, / a partir de todo lo que puedo ser, / o que he visto antes, / para fundirme con el universo y sentir, / lo que nunca puedo expresar aunque me sea imposible ocultar.

En relación con Nuccio Ordine, dije en el artículo citado que “vivimos instalados en una sociedad utilitarista, presidida por el imperio del mercado y sus mercancías. Los que tenemos la sensación de habernos equivocado de siglo lo pasamos muy mal, lejos del Renacimiento, porque estamos convencidos del placer de lo inútil. La lectura del libro de Ordine, La utilidad de lo inútil (1), me refresca siempre estos conceptos y considero que es una buena recomendación para espíritus inquietos que priman el valor del conocimiento y de la admiración por todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Imprescindible para militantes de mi querido Club de las Personas Dignas. Son 172 páginas útiles para comprender el oxímoron (2) “utilidad de lo inútil”, pero se despeja inmediatamente cualquier duda al explicar el autor que la referencia a la utilidad se centra solo en aquellos saberes “cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista”. Es útil todo aquello que nos ayuda a ser mejores y decir esto en una sociedad de mercado puro y duro es para obtener matrícula de honor en la Universidad de las grandes avenidas digitales del mundo actual, a las que se asiste a clases llamadas “útiles” en zapatillas (pantuflas), como explicaba muy bien en su momento el profesor libertario Michel Onfray.

Ordine merece ser recordado especialmente por su ausencia. Todo un símbolo ante unas palabras de reconocimiento del jurado cuando le otorgó el premio, que me lleva hoy a tenerlo muy presente en mi clínica del alma, mi biblioteca y en mi escritura diaria. Hoy, más orgulloso que nunca porque me alegró que le concedieron este reconocimiento por su obra, en un mundo diseñado por el enemigo, sobre todo, el capital, en este país tan dual y cainita. Soy consciente de que no somos islas, como él se preocupó de mostrarnos en su última publicación (3) y que la mejor actitud humana es salir de nosotros mismos para conocernos mejor y compartir la vida con las personas que elegimos y queremos, en el camino diario para vivir, tal y como me lo enseñó también José Saramago en su precioso Cuento de la isla desconocida, cuando una gran protagonista, una mujer muy sencilla al servicio del rey, una limpiadora y zurcidora, me ofreció la mejor respuesta a los interrogantes de la soledad humana y del aislamiento social: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

(1) Ordine, Nuccio,  La utilidad de lo inútil. Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2017, 17ª ed.

(2) Oxímoron (RAE. Diccionario usual): combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.

(3) Ordine, Nuccio, Los hombres no son islas, Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

El triunfo de la mediocracia, del ´todo vale´, asola el mundo al revés

La rebelión de los maniquíes | Love Valencia

Lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud.

Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir.

Jorge WagensbergAforismos

Sevilla, 17/X/2023

Lo estamos viviendo de forma directa, porque está pasando y lo estamos viendo con la guerra en Gaza entre Israel y Hamás. Una vez más, comenzó todo con la justificación de la reacción de Israel, por parte de bastantes lideres mundiales, incluso de la Unión Europea, por su legítima defensa ante el ataque sorpresivo de Hamás y, poco a poco, ´vuelven las aguas a su cauce´, con denuncias taimadas y de autoblanqueo, de esos ´defensores primarios´, de violación por parte de Israel de elementales normas de derecho internacional por el trato que está dando a la población inocente que vive en Gaza. Determinados medios de comunicación social, todos no son iguales en nuestro país, están acompañando también a esta ceremonia de confusión ética, con sus editoriales y artículos de opinión basados en este principio mediocre del ´todo vale´, no inocente, como reflejo de lo que está pasando en la sociedad, caiga quien caiga o cueste lo que cueste incluso en términos éticos. Ya no estamos para muchas contemplaciones filosóficas del tipo que formularon sobre esta frase hace ya algunos años, Paul Feyerabend o Karl Popper, por elegir algunos exponentes claros de esta teoría, incluso si me perdonan esta elección, en la afirmación inconmensurable de Groucho Marx cuando afirmaba que “Estos son mis principios: si no le gustan tengo otros”.

Un ejemplo claro lo tenemos en las televisiones maestras del entretenimiento -todas tampoco son iguales- de este país, donde el problema del “todo vale” radica en que hemos elevado al santoral digital, una palabra inglesa, el rating o audiencia, donde sumar y aumentar dígitos es el Santo Grial de los medios de comunicación y, sobre todo, de las televisiones por lo que significa en ingresos por publicidad, caiga quien caiga y cueste lo que cueste en términos éticos. ¿Sabemos quienes son las grandes protagonistas del “todo vale” en el plató del gran teatro del mundo? Personalmente, lo tengo claro: las personas mediocres que están muy cerca de cada uno de nosotros y que difunden este principio como si fuera el bálsamo de Fierabrás para tiempos modernos, porque se erigen en detentadores de esta falacia engañosa del todo vale, neutralizando y destruyendo mediante silencios cómplices a posibles competidores de la dignidad ética. La mediocridad centrada en el discurso de la ignorancia elevada a categoría suprema y omnisciente me sigue preocupando mucho y cada día que pasa y vemos lo que nos rodea, más todavía por la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social y lo seguiré haciendo sin descanso alguno, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey del “todo vale”. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia.

Lo repito hoy de nuevo y no me cansaré de hacerlo hasta la saciedad en este tiempo de guerras sin fin de todo tipo: mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad, sobre todo para que tomemos conciencia de a qué nos enfrentamos en este país y con una investidura en marcha, visto lo visto, con el resultado de nuestros votos. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Ahora, su octubre. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna. Se erigen en reyes del “todo vale”, porque así tienen gregarios que nunca discuten nada. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social de la mediocridad y sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Me reafirmo en la siguiente actitud proactiva contra la mediocridad: busquemos la nueva linterna de Diógenes para poder encontrar personas dignas, aunque hay que tener claro que no está en los catálogos del mercado, porque no es mercancía, sino en nuestra conciencia individual y social de pertenencia a una ideología de clase, no inocente, que luche por un mundo que merezca la pena vivirlo y compartirlo de la forma más digna posible. Vuelvo a leer ahora un libro que me ayuda a comprender lo que está ocurriendo con esta plaga tan peligrosaMediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, una reflexión seria y fundamentada sobre esta plaga del siglo XXI, que se ha hecho fuerte y pretende tomar el gobierno universal de todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Su autor es Alain Deneault, filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y director del programa del Collège international de philosophie de París. El libro es recomendable para almas inquietas y que estén saturadas de la mediocridad que ha instalado sus bases en nuestros entornos más cercanos. La sinopsis del libro nos aclara su hilo conductor: “Si los de arriba no cuestionan ni imaginan nada, ¿a qué podemos aspirar? El político ambivalente afín a progresistas y conservadores; el profesor de universidad que ya no investiga, sino que rellena formularios burocráticos; el reportero que encubre los escándalos fiscales y hace ruido en la prensa amarillista o el artista revolucionario, pero subvencionado… El rigor y la exigencia han dejado paso al esquema carente de referentes que inspira esta crítica mordaz. Da igual si es el ámbito político, académico, jurídico, cultural o mediático: se mire por donde se mire, se constata el triunfo de lo mediocre. El autor analiza con un estilo ingenioso cómo las aspiraciones mediocres que invaden la sociedad dan como resultado ciudadanos también mediocres”. Todo muy medido, donde las personas somos a veces maniquíes que como el rey del cuento de Andersen vamos desnudos ante la intemperie de la mediocridad imperante, mucho más cerca de nosotros de lo que realmente pensamos. Estamos avisados.

Fundamentalmente, porque todo no vale y porque tengo unos principios que, si no gustan, lo siento: no tengo otros. A los reyes y a las reinas del ´todo vale´, mediocres por definición, los definió de forma magistral Jorge Wagensberg, en un aforismo que abre hoy estas palabras y que no olvido, pero que reconozco que me da miedo: “lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”: a los demás, a un país que desea tener un Gobierno legítimo, progresista y no “mediocre» por definición, a la audiencia, a la familia, a los compañeros y compañeras del trabajo, a cualquiera que se acerca a sus principios del “todo vale”. Lo dicho: estamos avisados.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Ochubre, ochubrio, ochubro, otubre, octubre

Detalle del Retrato de don Juan Manuel. Retablo de la Virgen de la Leche. Catedral de Murcia.

A la piadosa luz de octubre vuelvo / y entre la tibia cuenca de mis manos / como un niño dormido mi corazón levanto. / Vivir es retornar a cada Octubre / para sentirse el corazón dorado.

Leopoldo de Luis, Poema de Octubre

Sevilla, 16/X/2023

Damos la razón al Quijote para comprender la razón de ser de este mes, en el que somos y estamos: ¡con la iglesia hemos dado, Sancho! Significante y significado están en juego, porque siempre hablamos de “estar en el mes de octubre”, sin deparar que la palabra ´octubre´ tiene una historia laica, como tantas otras, cuyo significado en roman paladino era muy claro: ochubre era el octavo mes del calendario romano, que comenzaba en marzo. La evolución en el tiempo, es decir siglos, sobre todo por el respeto al latín español consonántico por parte de los cuidadores de los cultismos en el Siglo de Oro, ha llevado a que hoy se sigan reconociendo las tres variaciones sobre el mismo lema, ochubre, otubre y octubre, aunque los dos primeros, según el propio diccionario de la lengua española (RAE), están en desuso, manteniéndose hoy sólo como de uso correcto el tercer lema ´octubre´: Del lat. Octōber, -ris, derivado de octo ‘ocho’. Décimo mes del año, que tiene 31 días, sin más explicación histórica en sus raíces romanas. En relación con la acepción “otubre´, la Real Academia dice lo siguiente. “Se recomienda evitar su uso. La variante antigua otubre —en el diccionario desde 1803— hoy se considera vulgar (impropia del habla culta) y está marcada en el DLE como desusada”. Más interesante es revisar la utilización del lema ´ochubre” en el tesoro lexicográfico español, donde aparece en primer lugar en 1846, junto a dos lemas más, ´ochubrio´y ´ochubro´, con la misma acepción: Octubre, en el Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas […]. París, publicado por Vicente Salvá. Posteriormente y hasta llegar al diccionario de la Academia Usual, de 1992, última aparición de este lema en el diccionario de la lengua española de la RAE (según el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española), se mantuvo en los diccionarios de 1885, de Gaspar y Roig; de 1869, de Ramón Joaquín Domínguez; de 1970, del Suplemento del diccionario de la lengua española (RAE) y de 1984, en el diccionario Usual, también de la Real Academia Española de la Lengua. Finalmente y con este largo camino histórico y lexicográfico, octubre, hoy día, es el ´décimo´ mes del año, no el octavo, como su nombre indica, por la modificación que se introdujo en el llamado calendario gregoriano, promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII que, a su vez, modificó el existente hasta entonces, denominado calendario juliano, que introdujo Julio César en el año 46 a.C.

En este contexto, el infante de Castilla, don Juan Manuel (1282-1348), sobrino del rey Alfonso X el Sabio, que mandó escribir la Estoria de España, comenta en el capítulo ciento veinticuatro (CXXIIII) de la Crónica abreviada, una de sus versiones de la citada Estoria, transcribiendo de forma clara y concisa el origen e intrahistoria de la palabra ‘ochubreen el primitivo calendario: “por que los rromanos, quando conquerieron toda la tierra, pusieron le nombre ‘agosto’, que quier tanto dezir commo acrescentador; e al otro, setienbre, porque hera seteno del mes de março; e al otro ochubre por que hera ochauo; e noviembre por que era noveno; e al otro dezienbre por que hera dezeno del mes de março en que solian començar el anno segunt auedes oydo”. La justificación que narra el infante Juan Manuel de por qué el calendario romano constaba de diez meses, tiene un marcado interés de respeto a la naturaleza, porque en marzo se sale de un tiempo de mucho frío (la grant friura del ynvernio) y entra el calor (la grant calentura del verano). Bajo esta premisa, va desgranando posteriormente uno a uno la interpretación de cada mes, que en algunos casos es asombrosa, hasta llegar a octubre, vinculado estrictamente al mero orden cronológico del calendario romano, ´por que era ochavo´.

Procuro ser muy cuidadoso con las palabras que pienso y traslado al papel o a la pantalla en blanco, sobre todo cuando quiero decir algo ´especial´, recordando a Ítalo Calvino, en su arte de saber empezar y acabar en el momento mágico de escribir palabras, precisamente en la semana en la que se cumple el centenario de su nacimiento. No olvido tampoco que el 3 de octubre de 1714, “el rey Felipe V de España, sucesor del último monarca de la Casa de Austria y primer monarca Borbón en el trono español, firmó la cédula real para la constitución de la Real Academia Española (RAE) con una dotación de 60.000 reales anuales para la publicación de obras. El objetivo, recogido en el Estatuto Único, era “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua Castellana, defenestrando los errores que, en sus vocablos, en sus formas de hablar o en su construcción, ha introducido la ignorancia”. Si recuerdo bien esta cita es porque propició que se editara por primera vez mi querido Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio y aplico: “Entre 1726 y 1739, la RAE publica seis volúmenes en el que se recogen más de 69.000 acepciones. La diferencia respecto a otros diccionarios es la utilización de nombres relevantes de la literatura castellana (sobre todo del Siglo de Oro) para avalar las diferentes descripciones. Por ello, recibe el nombre de “Diccionario de Autoridades”. “Se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”, recoge el Prólogo del Tomo I del Diccionario. Lope de Vega, Luis de Bávia, Luis de Góngora, Santa Teresa de Jesús… son algunas de las firmas que, a través de ejemplos, referenció la RAE para explicar el significado de los más de 69.000 términos recopilados entre los seis volúmenes”. Extraordinario trabajo, que hoy disfrutamos las personas que amamos nuestra lengua.

Hoy, sólo he pretendido limpiar, fijar y dar esplendor a una palabra, octubre, tan aparentemente neutra, aunque no inocente, porque en estos momentos vivimos en ella y porque sólo me queda ella, la palabra en este aquí y en este ahora, en octubre, para expresar lo que pienso, siento y escribo, siguiendo muy de cerca a Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra.

Lo que está ocurriendo en este octubre tan especial, hoy mismo, sobre todo con la guerra de Israel y el brazo armado de Hamás en Gaza, pero que lo están sufriendo centenares de miles de personas inocentes, trae a mi alma de secreto una sola palabra: ´paz´, porque en Andalucía somos escuchaores de esta palabra, nunca ´guerra´, que sólo pronunciarla o escribirla produce en sí misma un dolor inmenso. Es nuestra obligación ética en relación con la palabra ´paz´: fijarla, limpiarla y devolverle todo su esplendor. Este es hoy, en octubre, mi mensaje especial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Luisa Carnés, una mujer obrera en ´La Moderna´

Sevilla, 15/X/2023

He leído con cierta preocupación un artículo en elDiario.es sobre la serie La Moderna que se está proyectando en la televisión pública de este país, Cómo desactivar políticamente ‘Tea rooms’, la novela obrera y revolucionaria de Luisa Carnés, para adaptarla a televisión. El modo en que se está produciendo la recuperación de esta obra literaria aleja, y en ocasiones neutraliza, el sentido político de la novela de Carnés. Junto con la recomendación de su atenta lectura, creo que aborda un asunto de sumo interés en las adaptaciones de obras literarias que se llevan al cine o a la televisión. Una frase de ese artículo aporta una inquietante reflexión sobre la producción de esta serie basada en la obra de Luisa Carnés: “Seguir leyendo a Carnés como la ‘escritora olvidada de la generación del 27’ supone situarla en un lugar equivocado y negarle las condiciones de legibilidad que harían posible entender su obra como una literatura otra, pensada y construida desde un lugar otro, distinto al lugar desde donde siempre se ha escrito la literatura: la ideología y la cultura burguesa. La recuperación por sí misma no vale nada: no solo hay que recuperar el texto sino restituir las condiciones de legibilidad que le dan sentido. Esto es lo que no está ocurriendo. Tampoco con la adaptación televisiva de Tea rooms, o al menos esa es la conclusión que podemos provisionalmente extraer una vez vistos los primeros capítulos emitidos”. De ahí la importancia de conocer esta obra de Carnés y saber contextualizarla en su tiempo y en su momento para no confundir a los telespectadores, menos aún -si cabe- en la televisión pública, porque una de las protagonistas de La Moderna es ella. Para que no se olvide.

En este contexto recomiendo, como siempre, acudir a las fuentes, en este caso literarias, sobre Luisa Carnés, para no llamarnos a engaño y, lo que es peor, confundirnos ideológicamente con lo que nos dicen que pasó y estamos viendo, cuando no es así acudiendo a la intrahistoria de esta novela. Para comenzar, les cuento mis maniobras de aproximación a esta escritora. Hace tan sólo unos años, localicé en una de mis singladuras hacia islas desconocidas, una pequeña editorial independiente, Hoja de Lata, con señas de identidad propias, sensibles a determinadas letras, porque todas no son iguales ante el mercado, ideológicamente hablando. Hoja de Lata, que como dicen en su sinopsis oficial sobre quiénes son publican “libros en papel de narrativa y no ficción. Pretendemos llegar a ese público lector habitual que sabe lo que quiere y que se deja asesorar por su librero de confianza. Aspiramos a construir un catálogo de cuidados «artefactos narrativos», al estilo de los entrañables juguetes de hojalata que tuvimos en nuestra infancia. Nuestra colección de ficción, SENSIBLES A LAS LETRAS, se propone publicar narrativa de calidad incontestable, un equilibrio entre grandes voces contemporáneas y nuevos autores que sorprendan por su sensibilidad al hablarnos de este mundo o de otros mundos posibles. Buscamos y escogemos con mimo nuestros títulos, tratando de descubrir nuevos nombres y propuestas a los lectores; tratando también de que cada uno de ellos sea el libro que a nosotros mismos nos gustaría encontrar en la librería. Defendemos con especial ahínco las historias que no pasan de moda, las ópticas constructivas del mundo y las voces valientes, de opinión no necesariamente mayoritaria”.

Aquella localización de la editorial como isla desconocida me llevó a conocer a Luisa Carnés, gracias a un artículo precioso, Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida (1), que me pareció en su momento fascinante, porque dejaba al descubierto la ignorancia que tenemos en este país sobre la pléyade de mujeres escritoras que fueron silenciadas durante el régimen franquista. Me emocionó conocer esa operación rescate de mujeres que escribieron maravillosamente bien, pero desde el exilio en el mayor número de casos. Luisa Carnés escribió dos obras señeras, de alto voltaje político, Tea Rooms y Trece cuentos, que por lo narrado en el artículo parecen apasionantes. Leerlas es el mejor homenaje a esta mujer, olvidada durante tantos años de desidia y desprecio a las mujeres escritoras de este país durante la posguerra y pertenecientes también a la denominada Generación del 27, con matices, porque la esencia republicana de Luisa Carnés, por ejemplo, tiene elementos diferenciadores cuando se la vincula a esta generación.

Posteriormente, en 2018, compré en la Feria del Libro celebrada en esta ciudad una obra de Luisa Carnés, Rojo y Gris, una primera recopilación de sus cuentos completos publicada por la excelente editorial Renacimiento, que leí con la ilusión de un niño que dejó de ser Cuchifritín (el hermano de la inolvidable Celia, personajes creados por Elena Fortún), de feliz memoria de izquierdas también. También, en ese año, leí un cuento suyo, La chivata, que lo encontré como un regalo ideológico en la página web de la editora Hoja de lata, de su libro ejemplar, Trece cuentos (1931-1963), que recogí en un post que dediqué en 2017 a las mujeres en su tarea imprescindible de escribir. Lo publiqué entonces, como homenaje a una mujer extraordinaria que ha escrito páginas memorables de la España profunda, que tanto cuesta olvidar. Pero no a ella, ejemplo de ayer, hoy y siempre, porque estoy convencido de que son imprescindibles las mujeres que escriben. Por último, traje a colación en la Navidad de 2019, con una interpretación laica, un cuento suyo, Sin brújula (Trece cuentos),en el que un grupo de mujeres embarcan hacia el exilio durante la guerra civil con sus hijos y con lo puesto, dejando a sus maridos en la retaguardia del país, en la costa que cada vez está más lejos o más cerca, según se mire, para intentar llegar a Francia y escapar de la tragedia de la guerra civil en España. Durante el trayecto, contemplan la soledad acusadora de Benitín, un niño solo que enferma a los pies del capitán, del que dudan en un determinado momento porque no saben que el barco no tiene brújula y, finalmente, desean que el niño, enfermo, desaparezca de sus vidas por temor al contagio de una enfermedad que intuyen como letal. Hasta que una buena mujer sola se acerca al niño y lo toma en su regazo para que deje este mundo en la paz de un Dios desconocido.

Mujeres escritoras, como Zenobia Camprubí, María Teresa León, Simone de Beauvoir y Luisa Carnés, entre otras muchas, merecen nuestro aprecio y respeto todos los días, porque sencillamente lo reconocemos a través de sus libros. Baste un ejemplo final de lo que escribí en 1976 sobre una mujer escritora, Simone de Beauvoir, después de un análisis de su magnífica obra El segundo sexo, ignorada en España en los años de autos por su texto y contexto: “Es indudable que el análisis de Simone de Beauvoir sobre la infancia, no pasa de ser un análisis monocolor de su infancia, que era también la infancia de la época, década de los años diez y veinte del Siglo XX. Paradójicamente, acepto que muchas reflexiones de ella podrían aplicarse a décadas posteriores, donde la educación sexual (no olvidemos que es su preocupación fundamental en esta obra) ha brillado por su ausencia. Hoy, asistimos a un momento diferente, donde los jóvenes han hecho periclitar el edificio clásico de las inhibiciones y frustraciones sexuales. Bastaría citar el fenómeno registrado en Italia, con la publicación del libro “Porci con le ali”, donde Rocco y Antonia viven una experiencia sexo-política muy similar y donde el vocabulario utilizado para sus expresiones dialécticas, desde el principio y hasta el fin del libro, darían que pensar incluso a Simone. Junto a esta realidad, la formación real hoy es una formación de la calle, de los diferentes clubes, de la filmografía, donde el lenguaje desenfadado manifiesta un epifenómeno muy curioso: la insatisfacción por saturación (…). El problema radicó en que la lectura de “El segundo sexo”, a escondidas, por ser manzana prohibida, facilitó un curso acelerado de formación y de satisfacción de curiosidad, con todos los problemas que podría acarrear a las mujeres lectoras. Hoy, su obra, aporta datos de interés a nivel histórico, pero cualquier manual o revista “avanzada” abre ya los ojos a muchas realidades. Aun así, hay que reconocer la valiente realización de Simone de Beauvoir, su desesperada lucha por encontrar su libertad…” (2). También, lo que aportó a los hombres y mujeres de muchas épocas, lectores y lectoras de relatos basados en la libertad intelectual, como tantas escritoras de su tiempo y experiencias vitales, olvidadas por la memoria no democrática en este país. Como ha ocurrido, por ejemplo, con Luisa Carnés, sin ir más lejos. Ahora, podemos y debemos recuperar su vida y su obra en su justo sentido.

(1) Franch, Ignasi (2017, 28 de mayo). Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida.

(2) Cobeña, J.A. (1976). La personalidad frustrada de Simone de Beauvoir. Trabajo de doctorado realizado en mayo de 1976, en Roma (sin publicar).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

En memoria de Louise Glück, premio Nobel por su poesía austera

Sevilla, 14/X/2023

Hace tres años, en plena pandemia, escribí unas palabras de homenaje a Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020 “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”, según constaba en el acta del jurado que valoró ese año el premio que otorga anualmente la Academia Sueca. Antes de este premio de excelencia poética, la autora recibió entre otros galardones importantes, el Premio PEN/Martha Albrand, el Premio Nacional de la Crítica por The Triumph of Achilles, el Premio Pulitzer por The Wild Iris (El iris salvaje), el primer Premio otorgado por los lectores del New Yorker, además del Premio Bollingen, por Vita Nova. Junto a ellos recibió también el Premio Nacional Bobbit otorgado por la Biblioteca del Congreso, el Premio William Carlos Williams otorgado por la Asociación de Poetas de Estados Unidos, el Premio Fundación Lannan y el Premio Ambassador otorgado por la Unión de Hablantes de lengua inglesa.

Ayer conocimos su fallecimiento a los 80 años en su residencia de Cambridge (Massachusetts). Como reconocimiento a su vida poética, muy próxima al yo existencial que busca comprender la vida como un largo viaje que perdura en el tiempo de vivir, publico de nuevo aquellas palabras escritas en un momento crucial en este país, donde navegábamos en un mar abierto de dudas por los efectos de una terrible pandemia y en busca de una “nueva normalidad”.

Junto a la lectura de Glück, en ´La decisión de Odiseo´, no olvido a Kavafis, a quien tanto admiro, interpretando ese largo viaje y esa mar de tantos recuerdos personales y vivos, porque cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo, lo que nos permite pensar que esta dura etapa que estamos atravesando de ocaso de valores, en múltiples proyecciones de la vida diaria, como ciudadanos y ciudadanas de a pie, debería ser sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo, sabiendo que el mar de Glück ´sólo sabe avanzar´: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. / Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado./ Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas (Konstantinos Kavafis, Ítaca).

Como aviso para navegantes en los mares procelosos actuales, tampoco olvido hoy a mi admirado Ángel González, en un poema revelador de su alma inquieta y viajera: ´Los ilusos de Ulises´: Siempre, después de un viaje, / una mirada terca se aferra a lo que busca, / y es un hueco sombrío, una luz pavorosa / tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve. // Fidelidad, afán inútil. / ¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte? / Nadie ha sido capaz / -ni aun los que han muerto- / de destejer la trama / de los días´.

Es verdad, porque en esa trama seguimos viviendo, en el presente y en el después de cada día.

Louise Glück, premio Nobel por su voz austera

Un poema hermoso, La decisión de Odiseo, me ha introducido en la lectura de Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020 “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”, según consta en el acta del jurado que ha valorado este año este premio que otorga anualmente la Academia Sueca. Es justo resaltar que junto a Olga Tokarczuk, Svetlana Alexiévich y Alice Munro, es la cuarta mujer en la última década que recibe este premio y la decimosexta de su larga historia. Tengo que reconocer que no había entrado en el mundo de secreto y de todos de esta poeta americana, aunque contamos en España con publicaciones muy importantes en la magnífica editorial Pre-Textos. Ahora la he recordado por una fotografía junto a Obama con motivo de la entrega en 2016 de la medalla nacional de Humanidades, porque nada humano me es ajeno y como buscador incansable de islas desconocidas, empezando por mí mismo, tal y como recomendó en una ocasión la mujer de la limpieza en el palacio del rey, gran protagonista de La isla desconocida, la carabela imaginaria de Saramago en El cuento de la isla desconocida.

En La decisión de Odiseo, publicado en su libro Praderas (1), se produce un fenómeno inverso en relación con la llegada del protagonista a la isla después de un azaroso y largo viaje:

El gran hombre le da la espalda a la isla.
Su muerte no sucederá ya en el paraíso
ni volverá a oír
los laudes del paraíso entre los olivos,
junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses.

Da comienzo ahora el tiempo en el que oye otra vez
ese latido que es la narración
del mar, al alba cuando su atracción es más fuerte.
Lo que nos trajo hasta aquí
nos sacará de aquí; nuestra nave
se mece en el agua teñida del puerto.

Ahora el hechizo ha concluido.
Devuélvele su vida,
mar que sólo sabes avanzar.

Creo que se comprende bien el motivo de mi admiración por esta interpretación tan bella de la experiencia de Odiseo, tan amante ella de la mitología griega, con una clave que es hilo conductor en mi vida: el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Es curioso constatar en su obra las continuas referencias al mundo de ayer, a la historia de las mitologías y a la Biblia, aunque se comprende por su genealogía judía, concretamente húngara y que lo simboliza con el nombre de su hijo, Noé. En este sentido bíblico me ha llamado la atención el título de una obra suya, Ararat -Tierra Santa, en hebreo-, porque así se llamaba el país bíblico que hoy es probablemente Armenia, en el que se posó el Arca de Noé una vez finalizado el diluvio universal. ¿Coincidencia o búsqueda del mundo interior?

Su poemario está transido de dolor sentido real de cualquier pérdida y en relación con la férrea tutela de su madre y por el acoso escolar, tan antiguo, tan actual. Me ha llamado la atención que haya manifestado en alguna ocasión que ha escrito a veces como venganza y defensa ante las circunstancias difíciles que han rodeado su vida, volcada en una obra corta, sólo doce poemarios y algún ensayo, haciendo verdadero el aserto de Gracián: lo breve si bueno, dos veces bueno. Es curioso constatar que su trayectoria está trufada de trabajos profesionales destacados y premios: profesora en la Universidad de Yale, Poeta Laureada de los Estados Unidos en 2003, Pulitzer por El iris salvaje (1992), el National Book Award por Faithful and Virtuous Night (2014) y, recientemente, en febrero de este año, el Premio Tranströmer, promovido en memoria del último Nobel sueco, fallecido en 2015.

Finalizo por ahora, pendiente de una lectura reposada de su obra más representativa, con un poema de Ararat (2), Amante de las flores, porque esta enigmática palabra hebrea también significa suelo santo donde incluso pueden florecer las amapolas, cuya principal virtud es entregar belleza en grupo, cuidándose y muriendo solas, casi siempre en la misma tierra santa que las vio nacer:

En nuestra familia, todos aman las flores.
Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas:
sin flores, sólo herméticas fincas de hierba
con placas de granito en el centro:
las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras
llena de mugre algunas veces…
Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta:
una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre
a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de ladrillo.
Cada primavera, espera las flores.
Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende
que es mi madre quien paga; después de todo,
es su jardín y cada flor
es para mi padre. Ambas ven
la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island.
El verano es, a veces, muy caluroso,
y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.
Así murieron las amapolas, en un día tan sólo,
eran tan frágiles…

(1) Glück, Louise, Praderas. Valencia: Pre-Textos, 2017.

(2) Glück, Louise, Ararat. Valencia: Pre-Textos, 2008.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Reconocimiento especial a Ítalo Calvino, en el centenario de su nacimiento

Ella [la escritura] sólo producirá el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; confiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu.

Platón, Fedro, 274c-277ª.

Sevilla, 9/X/2023

El próximo 15 de octubre se cumple el centenario del nacimiento del escritor italiano Ítalo Calvino (Santiago de las Vegas (Cuba), 15 de octubre de 1923 – Siena (Italia), 19 de septiembre de 1985), al que profeso un profundo respeto y admiración, como se puede vislumbrar con sólo leer algunas páginas de este cuaderno digital dedicadas a él y a su forma de escribir sobre la vida imaginaria y real, citándolo en 69 artículos. Hoy mismo, que hará el número 70, he sentido de nuevo lo que tantas veces he explicado a la hora de acercarme a la página en blanco de mi ordenador. Así figuraba en la declaración de principios de este blog, que publiqué cuando nació, el 11 de diciembre de 2005: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago [en su Cuento de la isla desconocida] será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma «Seis propuestas para el próximo milenio»: «…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial» (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”. Creo que se comprende bien que hoy escriba estas palabras de cercanía a la vida y obra de Ítalo Calvino.

Aunque nació en Cuba, por estrictas razones profesionales de su padre, a los dos años regresó a Italia junto a su familia para instalarse en San Remo (Liguria). Como se lee en la editorial que lo acogió desde hace ya mucho tiempo en España, Siruela, “publicó su primera novela animado por Cesare Pavese, quien le introdujo en la prestigiosa editorial Einaudi. Allí desempeñaría una importante labor como editor. De 1967 a 1980 vivió en París. Murió en 1985 en Siena, cerca de su casa de vacaciones, mientras escribía Seis propuestas para el próximo milenio. Con la lúcida mirada que le convirtió en uno de los escritores más destacados del siglo XX, Calvino indaga en el presente a través de sus propias experiencias en la Resistencia, en la posguerra o desde una observación incisiva del mundo contemporáneo; trata el pasado como una genealogía fabulada del hombre actual y convierte en espacios narrativos la literatura, la ciencia y la utopía”. Una biografía breve, si buena, es dos veces buena.

Este cuaderno digital que está hojeando en este momento de lectura, deja constancia de mi recorrido vital y virtual en el que he caminado sólo hacia adelante, transmitido también mediante palabras a la Noosferala piel digital pensante que descubrí en mi juventud a través de Pierre Teilhard de Chardin. Esa fue la razón de elegir el título de este blog, el mundo sólo tiene interés hacia adelante, junto con un canto al fenómeno de la soledad sonora y creadora ante la página o pantalla en blanco, tan queridas por el arte de empezar y el arte de acabar preconizados por Ítalo Calvino. Tampoco olvido que en este camino, sólo hacia adelante, también hice un contrato social con Jose Saramago en aquél 10 de diciembre de 2005, cuando acompañado por mi hijo Marcos elegí el dominio que me abría el cuaderno digital al universo entero. Fundamentalmente, porque no quería que fuera inocente, como no lo es ideología alguna de este mundo en danza perpetua, deseoso de seguir buscando islas desconocidas, una vez tomada la decisión de acudir solamente a las puertas de las decisiones, no a las de regalos o a las de peticiones, que me permitieran como al protagonista de su cuento de la isla desconocida, descubrir junto a la sencillez de una mujer de la limpieza qué significado tiene salir de nosotros mismos para encontrarnos. Sólo…, para vivir dignamente y, siguiendo a Calvino, escribir para compartir la esencialidad de lo que nos ocurre a diario en la cadaunada vital.

El secreto está en el arte de empezar y acabar cualquier camino deseado: podemos ir hacia muchos sitios, hacer cualquier cosa, pero lo importante es hacerlo de forma especial. Pero, ¿qué es el arte? El problema actual es que ese arte de empezar y acabar se convierte en muchas ocasiones en pura mercancía en el Gran Mercado del Mundo al Revés. Cuando comprendo el arte según la tercera acepción recogida actualmente en el Diccionario de la Real Academia Española, conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo, es imprescindible recurrir al conocimiento, aptitudes y actitudes personales para tenerlo presente en cada decisión a la hora de hacer camino al andar en cualquier ámbito de la vida, porque los preceptos y las reglas para hacer bien algo o de forma especial no se improvisan. El arte así entendido, como pasa con el campo, es para quien lo trabaja. Ese es el momento mágico de Calvino a través de sus obras, páginas en blanco para escribir en este centenario palabras especiales para nuestra vida, la de todos y, sobre todo, la de secreto, que a veces comienza y acaba cada día, sin que tengamos que esperar especialmente el compromiso al que obliga en determinadas ocasiones el calendario gregoriano. Con arte.

Si quien lee estas páginas quiere conocer a fondo a Ítalo Calvino, le recomiendo que se acerque a él leyendo su autobiografía que, aunque publicada con carácter póstumo en una obra muy significativa, Ermitaño en París, refleja perfectamente lo que él entendía como perfil biográfico, tal y como figuraba en una carpeta que se descubrió en su escritorio que llevaba ese título programático, Páginas autobiográficas: “La publicación de estas páginas autobiográficas inéditas aclara y precisa muchos de los aspectos más importantes de la vida y la personalidad de Ítalo Calvino: su infancia, su lucha partisana durante la Segunda Guerra Mundial, su militancia política en el comunismo, luego su alejamiento y decepción, las relaciones con los escritores de su época y el camino que le llevó a la literatura. La primera parte del libro pertenece a una carpeta guardada hasta ahora y que, con el título Páginas autobiográficas, llega hasta 1980. Lo completan dos textos entrañables y reveladores: Ermitaño en París y Diario norteamericano (1959-1960). El primero es una delicada dedicatoria llena de amor a París, ciudad de la que no se apartaría a lo largo de toda su vida, y de la que se iría apropiando a través de la lectura de muchos libros inolvidables: Los tres mosqueteros, Los miserables, Baudelaire, Balzac, Proust… Aparentemente el Diario norteamericano es una serie de cartas enviadas a un amigo sobre las impresiones y experiencias de su viaje. Pero no es sólo eso: la curiosidad, la sensibilidad, la ironía, el análisis ilustrado, benévolo y severo a la vez, se vuelcan en la mirada lúcida de Calvino sobre aquella sociedad de hace más de treinta años, ofreciendo al lector un fresco divertido, crítico y, en muchos aspectos, muy actual de una sociedad tan variada y contradictoria como era –y es– la norteamericana”. Posteriormente, puede adentrarse en las preferencias literarias de su extensa obra, que la editorial Siruela ha recogido en una Biblioteca que lleva su nombre, Biblioteca Calvino, con 36 obras propias del autor o estudios sobre su extensa bibliografía.

Una última reflexión en estas palabras de reconocimiento a Calvino. Guardo en mi persona de secreto, en un lugar privilegiado de mi clínica del alma, mi biblioteca, una obra preciosa de él que me acompaña desde hace muchos años, ¿Por qué leer los clásicos?, en la que ofrece catorce razones para leer a estos autores, que deben ser leídas sin dejar ninguna atrás. Lo recomiendo “encarecidamente”, como se decía en mi casa ante misiones culturales aparentemente imposibles e inútiles, atendiendo hoy de forma destacada la tercera razón, una vez llegado este momento de frecuentar el futuro imperfecto de nuestra vida: “Debe haber, por tanto, un momento en la vida adulta dedicada a revisar los libros más importantes de nuestra juventud. Hay grandes clásicos que ejercen una influencia tan particular en nosotros que se niegan a ser erradicados de la mente escondiéndose en los pliegues de la memoria, camuflándose como el inconsciente colectivo o individual. Es por ello por lo que deben releerse una vez alcanzamos la madurez. Incluso si los libros siguen siendo los mismos (aunque ellos no cambian, a la luz de una perspectiva histórica alterada), sin duda nosotros sí hemos cambiado, y nuestro encuentro con esa misma lectura será una cosa totalmente nueva. En realidad podríamos decir: 4 [cuarta razón]. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera”.

Hoy, con más razón que nunca, releer a Ítalo Calvino en las fechas próximas al centenario de su nacimiento, puede que sea una lectura de redescubrimiento de su obra, como si fuera la primera vez que nos acercáramos a él. Para mí, siempre ha sido un clásico, muy popular por cierto. A estas alturas de mi vida es fácil colegir que amo a los clásicos, es más, a las personas que aprecio las invito a leer a los clásicos como si fuera un acto social en mi vida ordinaria. Tengo que confesar que llevo ya varios meses frecuentando este pasado del pensamiento humano, a diferencia de lo que le recomendaba el Dr. Cardoso a Pereira en Sostiene Pereira, la extraordinaria obra de Tabucchi: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”. Tabucchi sabría perdonarme siempre, probablemente porque algo le indicaría en este sentido Ítalo Calvino en su cielo particular, por su inmenso amor a ellos, los clásicos de siempre, maestros de vida, de la oralidad, más que de la escritura, tal y como nos lo transmitió Platón en Fedro. Para cuidar la memoria, para que no se olvide.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Homo viator o la necesidad de salir de nosotros mismos

Sevilla, 7/X/2023

Cada vez que salgo de mí, descubro nuevas experiencias, como es el caso de un buen libro, Homo viator, escrito por Pepe Pérez-Muelas y publicado hace tan sólo unos días por la editorial Siruela, que tanto aprecio. Su sinopsis oficial nos orienta el camino a seguir a través de su lectura: “El ser humano se hizo viajero para sobrevivir. Lleva impreso en su genética el movimiento, la necesidad de ir más allá de lo que alcanza su vista. Homo viator trata sobre esos hombres y mujeres que lo dejaron todo en pos de lo desconocido, en un tiempo en el que los mapas no representaban la verdad de la geografía; narra la historia de la humanidad a través de sus viajes, desde la cotidianidad de las crónicas hasta las heroicas gestas, un continuado trasvase entre culturas y civilizaciones, un diálogo en presente con las grandes rutas del ayer. De la mano de Urbano Monti —geógrafo del siglo XVI y artífice de un visionario planisferio—, no solo cruzaremos los más salvajes y exóticos territorios, sino que visitaremos también las salas de los principales museos y bibliotecas, guardianes de la memoria literaria y cartográfica de las expediciones que, a lo largo de los siglos, han ido ampliando nuestro horizonte, expandiendo nuestra representación del mundo. Seguiremos los avatares de cientos de exploradores, de Marco Polo a Ibn Battuta, de Colón el navegante al astronauta Gagarin… Nómadas incurables, gloriosos descubridores y malhadados aventureros que se perdieron sin alcanzar jamás su destino, pero cuyas derrotas, sin embargo, condensan el más puro anhelo de conocimiento y superación. Porque somos los lugares en los que hemos estado, porque no hay nada más humano que viajar”.

Viajar es algo humano que también me pertenece, siguiendo al pie de la letra a Terencio, gracias a mis antepasados, porque hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos han aportado datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy se sabe que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin”. Empezó la aventura de una mente maravillosa que sigue siéndolo en nuestros días y que ya alcanza la cima de ocho mil millones de mentes pensantes.

En la carabela virtual de Saramago, me enrolé cuando leí su Cuento de la isla desconocida, hace ya muchos años, del que aprendí algo esencial a través de la mujer limpiadora y zurcidora del palacio real: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. He seguido esta lección impecable y anoto día a día, en este cuaderno digital o de derrota, en lenguaje marino, los acontecimientos de esta singladura tan especial.

Excelente obra la del profesor Pérez-Muelas, Homo viator, que casualmente ejerce su docencia en Sevilla, ciudad “en la que se puede ser feliz” descubriéndola como destino, que no es poco, tal y como lo expresó Stefan Zweig, un experto homo viator, cuando visitó esta ciudad en 1905 con tan sólo veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por una obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así […] La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí se puede ser feliz (1)”.

Excelente ejemplo como homo viator, haciendo cada día camino al… viajar, porque “es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

(1) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur, 2015.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¡Por favor, no disparen al pianista!

Sevilla, 6/X/2023

En tiempos tan convulsos como los que estamos viviendo en la actualidad, de turbación y continuas mudanzas del alma, desoyendo los consejos ignacianos, doy la razón a Óscar Wilde cuando afirmó en su visita a Leadsville (Colorado) en 1882, que allí “la mortalidad de los pianistas era asombrosa”, por la belicosidad que reinaba en aquel medio ambiente. ¿Por qué esta referencia ahora, en un país en el que solemos responsabilizar de todo lo que ocurre al que menos culpa o responsabilidad tiene, “pianistas virtuales”, en cualquier vertiente que analicemos la vida, a modo de pecado capital español que habría que agregar a los siete ya citados en la obra homónima de Fernando Díaz-Plaja? Creo que Óscar Wilde nos ofreció una orientación clave en un testimonio inolvidable de su azaroso viaje por Estados Unidos, reflejado posteriormente en su publicación, Impresiones de América, en un pasaje que se ha hecho famoso para la posteridad: “Desde Salt Lake City puede uno viajar por las grandes llanuras del Colorado y se sube a las Montañas Rocosas, en cuya cima está Leadville, la ciudad más rica del mundo. Tiene también fama de ser la más peligrosa, y todos los habitantes llevan encima un arma. Me habían dicho que si iba a ella me matarían o matarían a mi director de tournée. Escribí allí diciéndoles que nada de lo que pudieran hacer a mi director de tournée me intimidaría. La población está compuesta de mineros y de hombres que trabajan en las fundiciones; por eso les hablé de la ética del Arte. Les leí trozos escogidos de la autobiografía de Benvenuto Cellini y parecieron encantados. Me reprocharon que no lo hubiese llevado allí conmigo. Les expliqué que había muerto hacía algún tiempo, lo cual hizo que me preguntasen: “¿Y quién le pegó el tiro?” Después me llevaron a un salón de baile, donde vi el único sistema coherente de crítica de arte. Encima del piano aparecía impreso el siguiente aviso:

¡POR FAVOR, NO DISPAREN AL PIANISTA. ESTÁ TOCANDO LO MEJOR QUE PUEDE!

La mortalidad entre los pianistas en ese lugar es asombrosa. Luego me invitaron a cenar y, habiendo aceptado, tuve que bajar una mina a un cubículo muy estrecho, en el que era imposible estar a gusto. Habiendo llegado al corazón de la montaña cené, siendo el primer plato whisky, el segundo whisky y el tercero whisky. Fui al teatro a dar una conferencia y me informaron que justo antes de ir allí habían detenido a dos hombres por haber cometido un asesinato, y en ese teatro los habían subido al escenario a las ocho de la tarde, y luego y allí juzgado y ejecutado ante una audiencia abarrotada. Pero encontré a estos mineros muy encantadores y nada rudos. Entre los habitantes más ancianos del Sur encontré una melancólica tendencia a fechar cada acontecimiento de importancia en el final de la guerra. “Qué hermosa es la luna por la noche”, le comenté una vez a un caballero que estaba a mi lado. “Sí”, fue su respuesta, “pero deberías haberlo visto antes de la guerra”. Tan infinitesimal me pareció el conocimiento del arte, al oeste de las Montañas Rocosas, que un mecenas del arte (uno que en su época había sido minero) llegó a demandar a la compañía ferroviaria por daños y perjuicios porque el molde de yeso de la Venus de Milo, que había importado de París, había sido entregado sin los brazos. Y, lo que es aún más sorprendente, ganó el caso y la indemnización por daños y perjuicios. Pensilvania, con sus gargantas rocosas y sus paisajes boscosos, me recordó a Suiza. La pradera me recordó a un trozo de papel secante. Los españoles y los franceses han dejado tras de sí recuerdos en la belleza de sus nombres. Todas las ciudades que tienen bonitos nombres se lo deben a los españoles o franceses. Los ingleses dan nombres intensamente feos a los lugares. […] Recorriendo América, ve uno que la pobreza no va unida necesariamente a la civilización. En todo caso, aquél es un país donde no hay ornato ni ostentación, ni ceremonias pomposas. No vi allí más que dos desfiles: uno, el de los bomberos, precedidos por la Policía, y otro, el de la Policía, precedida por los bomberos. Cualquier ciudadano, cuando llega a la edad de veintiún años, se le permite votar y, por lo tanto, adquiere inmediatamente su educación política. Los estadounidenses son las personas con mejor educación política del mundo. Bien vale la pena ir a un país que pueda enseñarnos la belleza de la palabra LIBERTAD [FREEDOM, en el original] y el valor real de lo que significa [LIBERTY, en el original también]”.

Si he traído a colación esta referencia extensa es para reflexionar que junto a la semblanza anecdótica, no sin un contrapunto de ironía extrema, junto a la realidad de la violencia sin control de un pueblo armado hasta los dientes, en América desde siempre, está también la posibilidad de analizar todo lo que ocurre en cualquier momento en este país, mucho más en estos momentos de investidura presidencial, en los que se debe procurar “no matar a los pianistas que correspondan”, errando el tiro de los juicios precipitados y sin control, cuando también existen otras realidades personales y sociales como las que él quiso retratar en su famoso viaje: cultura diferente, valores diferentes y singulares, todo bajo el prisma de la “educación política” basada en la LIBERTAD y en todo lo que significa esta bella palabra. Al fin y al cabo, lo mismo que pensó Óscar Wilde en su visita a Leadsville, cuando afirmó que el cartel sobre el piano, con una frase para ese presente y para la posteridad, era la mejor y la más coherente «crítica de arte». También, para una crítica del Arte de la Política verdadera en nuestro aquí y ahora. Para que no se olvide.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Noam Chomsky y Pepe Mujica sobreviven en un mundo al revés

Sevilla, 28/IX/2023

Siempre busco alternativas de salida en este mundo al revés y en esta ocasión he encontrado una interpretación de búsqueda de sentido vital y esperanza en un mundo mejor a través de la reciente publicación de un libro muy recomendable, Chomsky y Mujica. Sobreviviendo al siglo XXI, en un encuentro personal en la casa del expresidente uruguayo, donde los dos entablan una conversación transcrita posteriormente por el documentalista mejicano Saúl Alvídrez. Las teorías de Chomsky sobre significante y significado tuve que estudiarlas a fondo en mis años jóvenes, después enseñé sus teorías en la Universidad oficial y en la de la calle y, más tarde, las asumí en mi persona de secreto y en la de todos, en pocas palabras, integré su eterna dialéctica en mi vida, hasta que comprendí bien aquel ejemplo fantástico de que “una pipa no es una pipa” (de Magritte) sólo por el mero hecho de verla. Por otra parte, me preocupa desde mis años jóvenes algo que Michel Foucault tradujo en una reflexión impecable: “La razón política no está al lado del poder, sino en su límite, en su borde” o lo que es lo mismo, el poder no se posee sino que se ejerce y la política no es solo una cuestión de poder, sino también de resistencia y lucha contra el poder. Esta es la razón principal de por qué Mujica, sobre todo, está muy presente en estas páginas y, también, por qué leo y escucho siempre sus palabras, porque expresan qué significan poder y política en el siglo XXI, en un auténtico mundo al revés, el que expuso magistralmente Eduardo Galeano en sus clases virtuales de la escuela de este mundo tan inhóspito.

La sinopsis oficial del libro deja abiertas las puertas de la esperanza para muchas personas, jóvenes sobre todo, que la buscan desesperadamente: “Dos referentes mundiales del pensamiento contemporáneo se reúnen en este libro para conversar acerca de temas trascendentales que afectan a la humanidad y debatir alternativas de cara al futuro. Por un lado, José Pepe Mujica, un expresidente y exguerrillero que ha logrado una enorme popularidad internacional por su mensaje de austeridad, sabiduría y sentido común. Por otro lado, Noam Chomsky, el intelectual que revolucionó la lingüística para luego abordar una amplia gama de temas humanísticos y filosóficos de profunda actualidad. El documentalista mexicano Saúl Alvídrez logró reunirlos y generar el clima propicio para el intercambio fecundo de ideas. Del encuentro de estas voces surgen reflexiones que permiten un acercamiento a los grandes temas que el mundo actual está afrontando: las consecuencias del cambio climático, los males de la política, la corrupción, los populismos, la crisis del capitalismo y sus sucesivas mutaciones, la lógica de la economía de mercado y los problemas de la producción, entre muchos otros. Frente a la amenaza de un colapso civilizatorio, y ante las contradicciones de las alternativas de izquierda, Chomsky y Mujica apuntan a los valores que deben tenerse en cuenta para avanzar hacia un cambio sostenible. La democracia, la libertad, la vida con propósito, el amor y la amistad, como pilares desde los que construir un nuevo rumbo. Convencido de que las generaciones millennial y centennial han heredado una civilización ecológica, económica, política y socialmente insostenible, Alvídrez afirma que su misión es intentar amplificar la conversación pública entre los jóvenes y enfocarla a la solución de problemas globales”.

En el ánimo de que esta referencia sirva exclusivamente para leer el libro, sin adelantar por mi parte más contenido que el expuesto por la editora, cumpliendo una norma ética de protección intelectual de todos los participantes en la citada publicación, comparto con la Noosfera mi pensamiento sobre la estrecha relación entre razón y política, expuesta ya por mi parte en estas páginas, pero que no me pertenecen sólo a mí desde la perspectiva de conocimiento compartido. Esto es así porque determinados mensajes éticos se pueden descubrir en la Universidad de la Calle. En un viaje que hice en 2010 a la sierra de Cádiz, descubrí en un pueblo muy querido por mí la preciosa frase de Foucault, LA RAZÓN POLÍTIKA NO ESTÁ AL LADO DEL PODER [así, con K], en una pintada mural, sobre la que sentí en esas fechas la necesidad de escribir desde la perspectiva de la ética de la razón política, que hoy rescato en su fondo y forma a la hora de enfrentarme a la lectura de la conversación entre Chomsky y Mujica. ¿Qué quiso expresar el autor o autora de la pintada, en la vertiente de significantes y significados en este aquí y ahora, de ambos protagonistas de la historia, supervivientes de este siglo XXI? Me pareció muy sugerente el planteamiento reflejado en aquella tapia de la Universidad de la Calle, con unas reflexiones que escribí en los siguientes términos y que, hoy, trece años después, comparto de nuevo porque creo que no han perdido su valor:

– La razón es una oportunidad para el poder, no para cualquier poder, pero a veces éste huye de ella, porque poder y razón son contrarios que están obligatoriamente obligados a entenderse en determinadas ideologías. A desentenderse, en otras, cuando el poder está fundado en la manipulación del conocimiento, de la ciencia, de la política y de la religión. En la sinrazón (Chomsky).

– La razón política suele vivir desesperadamente junto al poder autoritario, porque es irreconciliable para determinadas poderes fácticos con gran ausencia de valores (a pesar de que ostenten el poder).

– La razón política de determinados ciudadanos hace crisis con determinados poderes. Es cuestión de principios y de valores, porque no todo vale.

– La democracia suele estar muy atenta a la razón política, pero no a cualquiera. Esta es la razón de los partidos. Y por qué hay que elegir a uno en concreto (todos no son iguales).

– La inteligencia política es la capacidad de ser ciudadanos aun estando rodeados del poder.

– La auténtica razón política puede hacer libres a las personas que no buscan estrictamente cualquier poder, porque sabe que es mal consejero en determinadas ideologías, dado que ninguna es inocente, afortunadamente (pero no todas son iguales, afortunadamente).

– La auténtica razón política suele viajar en patera, al lado de los yates en los que suelen viajar siempre los que dicen que todas y todos viajamos en el mismo barco.

– El poder es necesario para cambiar la sociedad forjada en valores humanos y sociales, construidos de forma responsable con razones políticas.

Hace tan sólo cinco meses recordé a José Pepe Mujica en este cuaderno digital, a través de unas palabras escogidas del discurso que pronunció en la entrega del título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina), el 10 de abril de 2023: “La vida es hermosa porque es la aventura, pero como es algo cotidiano no le damos valor y no nos hacemos la pregunta de si la vida tiene un sentido y si debemos vivir detrás de un sueño o si debemos vegetar, dejando que el mercado la maneje. La disyuntiva de las almas jóvenes es elegir o no un rumbo. Y esa es una decisión”. Por esta razón y por muchas más estoy atento siempre a la relación de razón política y poder que transmite en cada una de sus palabras el expresidente de Uruguay. Excelente maestro que, junto a Chomsky, nos aseguran reflexiones en este libro preparado por Saúl Alvídrez, que no nos dejarán indiferentes en este mundo al revés que hay que transformar sin dilación alguna, navegando a diario por mares procelosos y cada uno con su razón política, su poder, en yate o en patera y que, afortunadamente, no es lo mismo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Josephine Nivison retrató su soledad junto a Edward Hopper

Sevilla, 27/IX/2023

Es frecuente encontrar en este cuaderno digital páginas dedicadas a las compañeras de vida de grandes artistas, varones por más señas, que vivieron eclipsadas por múltiples motivos a la sombra de ellos, pasando a ser colas de cometas, como llamaba a esta situación María Teresa León, la compañera fiel de Rafael Alberti. Es el caso de Josephine Nivison, más conocida desgraciadamente como Josephine Hopper, también como Jo, a secas, modelo sempiterno de amante, compañera y esposa del pintor Edward Hopper, a quien una obra publicada recientemente en la emblemática editorial francesa Gallimard, Un pas de deux, escrita por Javier Santiso, le devuelve su sitio histórico de forma digna, así como el brillo y esplendor que nunca se le reconoció en su vida y obra junto al pintor. La sinopsis oficial, presentada por el autor de esta obra, no deja lugar a dudas: “Esta novela retrata la vida y obra de Edward Hopper a través de los ojos de su esposa, también artista. Josephine constata así sin concesiones una existencia amurallada a la sombra de un hombre por el que sacrificó su talento y su aspiración a la felicidad. Este amante, que nunca dejó de alejarse, sólo lo retuvo convirtiéndose en su modelo y, al final, en todas las mujeres a la vez, a falta de ser suya. La magnífica y cruel historia de esta pareja en la mano devoradora de la creación es llevada por un lenguaje lírico y habitado que explora la profundidad de los sentimientos, desde la esperanza de los comienzos hasta la inmensa pena por lo que se perdió inexorablemente en la noche”.

En la citada sinopsis de la editora figura también una frase del libro que recuerda los sentimientos cruzados de la pintora sobre Hopper: «A veces sueño que me veo dando pinceladas, la sangre sube a mis ojos, recupero el pelo de la bestia, destruyo los verdes, dejo caer diferentes capas de azules en el lienzo. Estoy entonces como un ángel en medio de los tubos, sorteando los charcos de colores, y el hombre que está a mi lado, sin estar allí, se convierte en nada más que un recuerdo lejano, un fuego loco, un grito en las vetas del lienzo”. Me he detenido en la portada del libro, un cuadro muy famoso de Hopper, Sol de la mañana (1952), en el que aparece su esposa Josephine (Jo), con 69 años, porque tiene un significado especial, que resumo en palabras ya publicadas en este cuaderno durante la pandemia del COVID-19: “Él abordaba con frecuencia la realidad de la espera en muchos cuadros con ventanas y puertas que suponen un respiro en la soledad de cada protagonista y en situaciones personales, familiares, de pareja, a modo de juego existencial en las que cada uno tenemos que buscar la mejor salida al conflicto de vivir confinados con virus o sin él. Los óleos representan muy bien nuestra situación actual, porque son retratos anticipados. Estamos muchas veces solos ante el peligro, en silencio y permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar, reflexionar y pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Estamos viviendo todavía, durante el estado de alarma, en espacios cerrados frente al enemigo único, atrincherados, aunque siempre nos quedan ventanas amplias o pequeñas, desnudas, como invitando a saltar a través de ellas observando los cuadros de Hopper, porque no tienen limitación alguna, solo el vértigo existencial legítimo para trascenderlas y volver a la vida para recorrer las grandes alamedas de la desescalada en libertad”.

Josephine Nivison, Obituary, s.d. Whitney Museum of American Art

Lo que nunca pudo pintar Hopper fue el pensamiento de Josephine en su soledad sonora, que ahora nos lo retrata en formato de novela Javier Santiso. Estoy muy interesado en leerla en su francés nativo, porque podré conocer sentimientos y emociones que harán brillar la vida y obra de Josephine. Sobre todo para acompañarla en ese sentimiento de soledad que tan admirablemente retrató siempre Hopper a Jo, su mujer, compañera , amante y, sobre todo, modelo permanente de inspiración en su presente vital y artístico. También, para comprenderla como cola de cometa en la vida del pintor. En esa clave están escritas estas palabras, algo que sucedió también a muchas mujeres en este país, sobre todo en una de las dos Españas que nos helaba siempre el corazón. Al buen entendedor de olvidos, con pocas palabras basta. Ellas, hoy, también Josephine Nivison, lo merecen todo, en letra grande, con emoción política y con la dignidad de la memoria histórica que merecen. Con melancolía.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!