El día X

En el editorial de un periódico, el 20 de enero de 2006, se hacía la siguiente reflexión: “En una revisión radical y peligrosa de la doctrina nuclear francesa, el presidente y jefe de las Fuerzas Armadas francesas, Jacques Chirac, anunció ayer que Francia podría contestar con un ataque atómico a Estados que utilizaran medios terroristas contra ella o para garantizar “los aprovisionamientos estratégicos y la defensa de los aliados”. Hace años comencé a escribir un cuento, hoy inconcluso, que ya podía tener final. Sobre todo porque lo podría sobreescribir cualquier ciudadana ó ciudadano responsable.

Sevilla, 22/01/06

Nunca se veía la luna. Jugar con ella, en sonrisa o tristeza, no era posible aunque la noche fuera eterna. Las estrellas eran solo un recuerdo de niño asombrado.

– Jorge, ¿dónde estás?

– Mirando esta planta…, es verde y cariñosa, ¡me abraza!

Era verdad. Jorge confundía sus brazos con las hojas de aquellas plantas verdes, impasibles, que junto a su pelo rubio parecían crecer en caricia de madre. Rosa jugaba a ser mujer.

Estos dos niños no necesitan presentación. Su vida anterior casi no cuenta. Una bomba de neutrones acabó con la existencia humana y animal que les rodeaba en Lugaria. Crecían por instinto de conservación. La historia les había escrito, dejándoles huella. Las salidas de aquella planta subterránea habían sido esporádicas. Toda la ciudad estaba tranquila. Comercios eternamente encendidos, con rebajas de Enero que no parecían interesar a nadie. Autobuses y coches en situación estática de maqueta. Puertas siempre abiertas en todas direcciones. Periódicos detenidos en el tiempo, en una insólita fecha:

1 de Febrero de 2006

Silencio absoluto. Sólo el diálogo de Jorge y Rosa rasgaba el vacío existencial de aquella ciudad.

– ¡Mira ese hombre en el escaparate: parece que está hablando!, Mira aquellos niños, podríamos llevarlos a casa…, al menos nos acompañarían por un tiempo. Tú podrías coger un hombre y yo una mujer. Después venimos a por los niños y así formamos una familia. ¿Por qué no jugamos a construir una familia?

– Vale Jorge. Me parece estupendo.

Dicho y hecho. A los pocos minutos, sin vigilantes en las puertas y sin precauciones de ningún tipo, cogieron unos maniquíes vestidos de invierno social y a duras penas los llevaron a casa, aquél subterráneo de silencio permanente con música de “rap” como recuerdo de un día “X”.

– Sienta a tu muñeco aquí, Jorge. Podría ser nuestra madre, ¿verdad? Yo voy a poner a “papá” aquí, en este sillón, leyendo un periódico eterno. Como la televisión ya no sirve, nos va a prestar un servicio como mesa de juego. En esta sala entraremos poco, aunque siempre daremos los “buenos días” y las “buenas noches”. . .

– Rosa, ¿quieres seguir estudiando?

– Sí, ahora es mejor porque ya no hay exámenes. Tú estudias lo que quieras, yo también y al final ponemos en común lo que sabemos. De todas formas, podemos ir al Colegio para leer los temas que se estaban dando el año fatídico. ¡Vamos!.

El camino del Colegio era suficientemente conocido. Pareció este día mas largo, ya que la distancia era grande y el autobús permanecía parado en huelga permanente a la puerta del Centro. No había golosinas. Ni Paco, con su kiosco nuevo, ni el portero Juan. Ni su pequeña radio, a todo volumen, con la publicidad del día.  Entraron en sus respectivas clases y recogieron los útiles necesarios para seguir las clases por radio, en una emisión internacional que provenía de Alfran, país que por conflicto político había lanzado la terrible bomba…

– ¿Rosa, te acuerdas de aquella canción que se llamaba “Mirando al sol”?. Yo la cantaba muchas veces, pero hace tanto tiempo que ya no me acuerdo apenas. Solo recuerdo una parte que decía:

Si miras al sol
No cierres los ojos…
Sería para él enojo
Al darte luz y calor…

Una canción cualquiera que instaba a mantener los ojos bien abiertos ante una realidad que quemaba en su proximidad. La canción era casi un programa futuro que Jorge y Rosa cantaban en inocencia de doce años. La guitarra y la flauta eran compañeros inseparables. 

Muchas horas de rasgueo inseparable suplían una actividad normal añorada. Ni un solo grito de protesta, ni un solo ademán de castigo. Solo quedaba el abrazo a una guitarra o el beso a una flauta que sonaba notas de una canción que se podría llamar “Ave Fénix”.

En Jorge y Rosa existía amor. Para ellos no tenía ningún valor la teoría de los hechos. Ahora, la vivencia diaria tenía que configurar una nueva teoría. El desamor les había llevado a una situación de convivencia donde la necesidad mutua hacía descubrir a ambos la belleza de sus cuerpos desnudos, en un grito de amor que no se sentía por este nombre. Los ojos que se cruzaban en miradas de afecto, simbolizaban una ceguera multisecular.

– Te quiero así, Rosa. Tú y yo podemos construir una nueva casa, una nueva ciudad, una nueva nación, un nuevo mundo. Tú y yo podemos soñar, nadie nos lo prohibirá. Deja que te contemple: no me importaría vivir muchas horas en pensamiento tuyo. Mira a tu alrededor: los relojes ya no limitan ni controlan nada, solo nos recuerdan que el tiempo corre, como nuestras vidas.

Salieron y pasearon hasta un Parque grandioso. La ausencia de niños convertía aquella zona en una selva urbana. Jorge y Rosa decidieron transforrnar aquel jardín y devolverle su belleza en potencia.  Todos los días arreglaban un sector del Parque, hasta que pasados unos meses el paseo ya no era el mismo. La soledad aún gritaba ausencia, pero nadie debía volver a jugar allí hasta que la ciudad estuviera a punto para una convivencia nueva, en plenitud de amor.

Las calles quedaron limpias. Los comercios, con sus puertas abiertas, invitaban a la no especulación, en un ideal de servicio a todo tipo de necesidades en intercambio mínimo. Los Bancos ya no existían. Se convertirían en lugares donde la cultura se daría sin intercambio económico. En sus sueños, Jorge y Rosa, planificaban así su nueva ciudad.

Lo que más preocupaba era el sitio donde albergar las dependencias para un “museo del hombre anterior”. Allí irían todos los trajes de la época, del día “X”, los utensilios de trabajo mas sofisticados, las ideas más “deslumbrantes”, los vehículos mas representativos, la maqueta de un Banco y de edificios públicos donde se gestaron las grandes soluciones a los conflictos permanentes del hombre anterior…, los “planning” de lo que se llamaba Ejército, Policía, Administración, etc. El único oro que se podría utilizar como símbolo sería para realizar las letras que anunciarían la existencia del Museo:

MUSEO DEL HOMBRE ANTERIOR

La ciudad, después de cuatro años, ya no era la misma. Jorge y Rosa, dieciséis años ambos, no habían trabajado en vano. Habían descubierto el valor del amor como única moneda de intercambio a la hora de relacionarse con los otros “tú”, con los animales y con las cosas. Toda la ciudad parecía a punto para recibir al hombre nuevo. La apertura a la naturaleza era total. Ya no había coches. Los que quedaban por las calles morirían definitivamente en sus cementerios. No era posible ya ningún tipo de contaminación, puesto que la Naturaleza respondería a las necesidades del nuevo hombre. La comida ya no estaría adulterada y habría lo necesario para cada uno. El dinero ha perdido su significado. Quizá haya sido el mejor hallazgo de Jorge y Rosa. El trabajo de los nuevos habitantes sería recompensado en elementos necesarios para vivir y emplear equitativamente el tiempo de ocio. La distribución  de viviendas se haría en términos de justicia y los parques y jardines serían todos de dominio público. El cine y los medios de comunicación social se potenciarían en torno a un principio de esperanza y de felicidad. Las cárceles ya no son necesarias.

Muchas cosas quedaban por hacer en la nueva Ciudad, pero los fundamentos eran evidentes. Su fisonomía era especial, algo que siempre habían soñado los dos niños sin historia.

Pasados los años, una noche cualquiera, de luna llena y sonriente, acogió el amor nuevo de Jorge y Rosa. Un nuevo ser era el símbolo del hombre nuevo que en sus mentes y en sus manos habían forjado a lo largo de su vida… Y comenzaron a llegar de todas partes, al amor de una experiencia nueva, en un paraíso urbano que necesitaba escribirse para otros dos mil años de historia…

Y despertaron, descubriendo que su ciudad todavía estaba allí.

Perdona, querido internauta, quien quiera que seas: cualquier parecido con la realidad puede ser que algún día no sea pura coincidencia.

Huelva/Sevilla, 1982-2006

Ética del municipio

No hay que perder segundos en defensa de la democracia. Hace bastantes años, cuando nacía la Andalucía nueva, me comprometí ideológicamente con la colaboración en prensa mediante artículos de opinión, que querían trascender la definición que siempre había conocido sobre este tipo de escritura, en el Diccionario de la Lengua Española: escrito de mayor extensión que se inserta en los periódicos. Viajaban hasta la rotativa con la ilusión de crear estado de opinión en busca de la teoría crítica. Pasados los años, creo que no han perdido frescura y en esta nueva forma de conectar con el mundo de forma celular, busco nuevos espacios de compromiso para hacernos más libres y más inteligentes. En este caso, con mi Ayuntamiento de Sevilla, tan golpeado en los últimos meses…

Sevilla, 21/I/06 

Dicen los principios éticos más ortodoxos, que la «cosa», la plata, por ejemplo, sólo sirve cuando es para el hombre. La plata en sí no es nada, porque el valor se lo ha dado el hombre. En este caso, el voto, el «papel» municipal sólo sirve para el hombre, porque en sí tampoco vale nada. ¿A qué viene ésto? Sencillo. Comenzamos una nueva etapa municipal y no vendría mal adentrarse en un mundo olvidado con frecuencia: la ética municipal.

Las bases éticas nacen en el hombre. En cualquier hombre ciudadano. Las raíces de la conducta no son debidas en principio a unas normas establecidas, sino a la posibilidad de ser persona. Luego partimos del hombre y su conducta. No son las manos las que votan, sino todo un hombre el que vota. Y ese hombre deposita en un papel su persona «votando». Una persona que, en principio, confía (o debe confiar) en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Y esa persona quiere ser escuchada en su silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Sueña con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado.

El problema ético nace cuando se rompen los papeles, nunca mejor dicho. El símbolo de la papelera es el fantasma que recorre las mentes de los que votan. Y el recuerdo de ese acto debe estar presente, de forma cautelar, en las mentes de los elegidos democráticamente. Cada voto representa a una persona eligiendo y elegir es la posibilidad más seria de libertad que podemos gozar. La actitud ética del respeto al voto se constituye condición sin la cual no se puede hacer política municipal.

Otro principio ético municipal es el del respeto a la razón por un sentido de responsabilidad. La razón es humana y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que «ninguna ideología es inocente», como señaló Lukács. Y la ideología simbolizada en programas políticos ha perdido su inocencia de base. Pero eso no es «malo», para que nos entendamos. Perder la inocencia para ser responsable, es «bueno». Y ser responsable conlleva por un lado, conocer la «cosa» política (programa, por ejemplo…), el contenido de la acción y además, ser libre para decidir en nombre de unos votos.

Conocimiento y libertad, se constituyen así en elementos imprescindibles para ejercer el sentido de responsabilidad, es decir, de «respuestabilidad» (valga la expresión) ante situaciones políticas municipales muy puntuales. Arreglar una calle, poner farolas, o estudiar los impuestos, en si no son nada, sino que conocidos que son «para el hombre», para el ciudadano, valen, en el mejor sentido de la palabra.

Por último, el tema de llevar o no razón política: «La razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (1). Lo que pretende la razón municipal es reflejar la situación social de una ciudad, de un pueblo; eso si, teniendo las ideas claras, porque de lo contrario se puede llegar a estropear la construcción de un sentimiento ciudadano de crecimiento, progreso y desarrollo. Tener las ideas claras, también es punto de partida ético imprescindible en la política municipal. ¿Por qué? Sencillamente porque es búsqueda de verdad, criterio ético que a pesar del paso del tiempo, siempre se sitúa como conquista. Y es que la verdad está en la «cosa», como decíamos al principio, en ese papel alargado con nombres y apellidos, que fue mi voto municipal…

(1) LUKACS, G., El asalto a la razón, Grijalbo, Barcelona, 1976, pág. 5.

ODIEL,  Viernes, 27 de mayo de 1983

ALGO PASA

Acabo de leer una noticia de mi ciudad que me sobrecoge y me cuestiona muchas cosas: “Y si vive en Sevilla, piense que el impoluto contenedor de basuras de su calle, quizás reemplaza a alguno de los 20.700 que fueron quemados o rotos en 2004”. La verdad es que me llama la atención que en 20.700 ocasiones se demuestre de forma radical el inconformismo que se genera en la sociedad sin distinción de clases. La persona-mujer, no solo mendiga, que murió en Barcelona, a manos de unos adolescentes bien situados en la sociedad, culmina la paradoja inquietante de que algo pasa en la sociedad mundial para que el divertimento se muestre a través de la violencia.

Llevamos años reflexionando sobre esta situación, pero la realidad es que cada vez más avanzamos de forma inexorable hacia una situación en la que la ausencia de valores mínimos se hace presente por doquier. Y es que necesitamos recuperar la ética de las pequeñas cosas. Ha pasado la época de las conversiones paulinas porque montamos el caballo desbocado de la indeferencia. Por eso es necesario crear una nueva forma  de ser circunscrita a las pequeñas cosas, a lo cotidiano, dedicada a crear una ética de la normalidad, donde el suelo firme de cada uno (la ética que definió admirablemente el profesor Aranguren) se pueda construir con los valores del respeto a uno mismo y a los demás, desde el amanecer hasta la hora de acostarnos, en unas vivencias diarias de convivencia en la base del conocimiento y de la libertad, como piedras angulares de la responsabilidad ó capacidad de dar respuesta a cada segundo de vida.

Conocimiento, como capacidad de desarrollar habilidades sociales para ser en el mundo, neutralizando la presión ambiental en la que solo es importante “tener”. Por otro lado, libertad real para decidir, construida en el seno de personas queridas, cualquiera que sea el formato elegido o impuesto al nacer (acudo al relativismo del eufemismo globalizado de familia…). Libertad aprendida en la educación estructurada, que se pierde en debates interesados y partidistas y que sólo un Estado de bienestar sabe proteger. Libertad asimilada en el crecimiento paulatino, si nos han permitido ser niños y adolescentes respetados por todos.

Es la única forma de ser adulto y no quedarnos igual al saber que detrás de 20.700 contenedores hay mucha desilusión, fracaso afectivo y escándalo farisaico a la hora de juzgar a personas (algo más que gamberros) a las que su vida, probablemente, no les ha permitido aproximarse al cariño…

Sevilla, 15/I/2006

TRAZOM (1756-1791)

Cuando bajaba por la escalerilla del avión en el aeropuerto Leonardo da Vinci, en Roma, en septiembre de 1975, me acordé de un poema personal que me devolvía calor y vida en una aventura que comenzaba hacia alguna parte: “La lectura de Roma al revés, amor me da, algo es…”. Me han gustado siempre los palíndromos. Es un juego de palabras que intenta dar la vuelta a lo cotidiano y salirnos de la rutina. En mi estudio permanente de Mozart, descubri un día que también frecuentaba esta sana costumbre. En sus interesantes cartas de amor y dolor, firmaba con frecuencia Trazom (Mozart al revés), como símbolo de su permanente afrenta a lo que todo el mundo conocía como “lo normal”. Hoy, he llegado al kiosko de Isabel y me han entregado junto al ejemplar de El Pais un disco compacto de la colección dedicada a Mozart con motivo del 250 aniversario de su nacimiento, y he recordado esta firma sincera. Con independencia del folklore mediático que siempre rodea este tipo de festejos, me parece una oportunidad preciosa para conocer a Mozart con base democrática, como le gustaría a él, en una divulgación sin precedente de su obra.

Cuando Mozart utilizó por primera vez Trazom fue en un contexto muy difícil en el que quería salvar su reputación a toda costa. Utilizar su nombre al revés era una clave de autenticidad ante un mundo perverso que en todas partes veía maldad y odio. Incluso en la pensión de Viena donde compuso “El rapto del serallo” (1782), llamada curiosamente “El ojo de Dios”, en cuya habitación privilegiada por su acogida tuvo que dar la clave de su nombre al revés como declaración de amor verdadero a Constanz (Znatsnoc, su nombre al revés), su compañera fiel, tal y como lo escribió en su devocionario. Venía a concluir que las apariencias engañan. En el libreto de esa ópera está la clave de su desafío: perdón, tolerancia y clemencia.

Temporalmente se tiene que vivir a veces al revés, pero al final de los caminos aparece siempre la posibilidad de ser uno mismo. El 27 de enero próximo se cumplirán los 250 años de su nacimiento. Me gustaría que resplandeciera su auténtico nombre, con una declaración de principios suya como reinterpretación de su existencia, que recojo de un estudioso de su obra, Philippe Sollers, en “Misterioso Mozart”: no soy monárquico, ni jacobino, ni republicano, ni demócrata, ni anarquista, ni socialista, ni comunista, ni fascista, ni nazi, ni racista, ni antirracista, ni proglobalización, ni antiglobalización. No soy clásico, ni moderno, ni posmoderno,ni marxista, ni freudiano, ni surrealista, ni existencialista. Como mucho, pueden presentarme como singular universal, es decir, católico en un sentido muy particular, o como francmasón de una manera muy personal, es decir, universal singular. ¿Ven en ello una contradicción? Yo no. En verdad, soy lo que fui: mi música. Seré lo que seré, mi música. Soy únicamente lo que soy: esta música.

Sin doblez, ni engaño, lo firmaría Johannes Chrysostomus Wolfgang Theophilus Mozart Pertl…, es decir, Mozart

 Sevilla, 8/I/o6

Me han dicho que tengo el corazón más grande de lo normal…

La víspera de Reyes me dieron una noticia en la consulta médica, de la medicina pública que tanto aprecio, que me sorprendió gratamente porque eso de ir al médico y salir fortalecido no es muy habitual. Salimos normalmente más tranquilos de estos menesteres, pero con un regalo tan especial, sinceramente, no es normal. El médico, con la radiografía de mi corazón en el negatoscopio, me dijo de forma rotunda:

– Veo un corazón más grande de lo normal. Hay que investigar a qué se debe. En la próxima consulta, con el resultado de todas las pruebas que se han ordenado, podremos emitir un diagnóstico.

No supe qué contestar porque no sé cuál es la causa de esa anormalidad. Salí de la consulta con la cabeza llena de interrogantes sobre la forma de discernir la causa de una presunta anomalía en un órgano tan vital. La verdad es que a mí siempre me ha gustado tratar el corazón. Quizá porque pertenezco a una generación que siempre se ha debatido en términos pascalianos: todo en la vida se mueve en torno al cerebro y al corazón, es decir, siempre hay una dialéctica entre la razón de la razón y la razón del corazón. ¿A qué hay que obedecer?. Si además hemos crecido en la cultura castellana del deber, el conflicto está servido.

Andando en esas cuitas, salí hacia la Avenida de la Cruz del Campo, haciendo como siempre camino al andar, dando vueltas a esa presunta enfermedad (?) que no me parecía tal. Siempre me habían dicho que era bueno tener un gran corazón, de acuerdo con la sabiduría popular.  Y ahora, que había llegado el momento de poder demostrarlo a la humanidad, me dicen que hay que investigar esa imagen tan llamativa.

¿Podría conocer la causa real?. Me puse a cavilar sobre posibles razones y sólo encontré una: no quedaba otra solución que crecer en el interior y el corazón había dicho: “yo mismo lo hago”. Tantos años dedicados al examen del hombre de secreto que llevo dentro, tantos exámenes de conciencia que me han encogido el corazón (lo hacían más pequeño, por paradójico que parezca…) exigen ahora que le de su sitio, una oportunidad. Y no hay otra solución que crecer, crecer y crecer para demostrar al mundo que el primer motor inmóvil, es decir, Dios, necesita situarse en el corazón de las personas que continuamente están en el umbral de la encrucijada vital. ¿Para qué?. Para seguir demostrando al mundo de uno mismo, de los demás y del universo (lo aprendí en alemán hace muchos años: eigenwelt, mitwelt, umwelt), que la razón del corazón hace a las personas más buenas en el sentido pleno de la palabra “bueno”.

Llegué al semáforo de la Gran Plaza. Pensé: pues que crezca, aunque para la medicina sea una oportunidad más para hacerse presente en el corazón de las personas, que permita llegar al diagnóstico certero de que los corazones grandes son necesarios para la supervivencia humana, por duro que parezca.

Estoy deseando que llegue el 23 de enero para explicárselo al especialista. A lo mejor le ayudo a entenderlo en un diagnóstico jamás contado.

Sevilla, 7/1/06

Cruces de cartas digitales

Carta de Marcos con bits de felicidad…

31 diciembre

Feliz 2006

Hola:

Gracias por dedicar unos segundos a leer esto. Sólo quedan unas pocas horas para que termine el año 2005, año que para mi ha significado un cambio radical en mi vida y en la forma de vivir la misma: independizarme, cambiarme de ciudad, nuevas responsabilidades, etc.; pero que ante todo ha supuesto el aprender a valorar mucho más los pequeños detalles que, lejos de lo material, hacen que siga soñando todas las noches con levantarme un nuevo día más…

Quienes me conocéis, sabéis que siempre “juego” con la palabra sueño, que está continuamente en mi mente, que intento plasmarla en cada cosa que hago o pienso, que la persigo sin parar… Me gustaría que ese sentimiento nunca me haya hecho, ni me haga, cambiar mi forma de ser, y que siempre sientas que esté donde esté, tanto en un mundo real como digital, estoy tan cerca de ti como la tecnología sea capaz de acercarnos a los dos.

Mis más sinceros bits de felicidad…

En Sevilla, sólo una parte de Andalucía, a 31 de Diciembre de 2005

Marcos Cobeña

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Querido Marcos:

Siempre he seguido de cerca tus sueños: tus noches de crecimiento, de Reyes, de esperas… Te agradezco que desveles algunas claves en el sueño de tu vivir cotidiano porque en ellos queremos alcanzar lo que la vida real no nos permite realizar en el silencio de la persona de secreto que todos llevamos dentro. Sabes que cada segundo te hemos entregado el regalo de la cercanía física, psíquica y social, porque sabíamos que la salud positiva consiste en ser y no tener (Fromm dixit). Aprendí hace muchos años, la simbología de amor compartido en el rito de los pueblos ribereños y próximos al Iraq actual. ¡Qué paradoja!. Cuando yo crecía en las culturas del Tigris y Eúfrates, tu eras el símbolo de lo que se podía pedir al primer motor inmóvil (Aristóteles) que permitió la creación del hombre y de la mujer. Soñaba con ser cada día más teniendo cada día menos. En la tierra y en el cielo, como decía el padrenuestro de mi colegio en Madrid, donde el cuadro de honor me enseñó dos pasiones: el circo y las carreras de caballos. Ves: los sueños del niño andaluz que en Madrid descubrió la esencia de ser, abandonando dos espectáculos por la realidad cotidiana que muchas veces no era amable, pero que me permitía sonreir a la vida y cabalgar como el llanero solitario ó Errol Flynn saliendo de un peligroso desfiladero lleno de enemigos… como si nada hubiera pasado.

Hoy, te ofrezco interpretar tus sueños. ¿Sabes por qué?. Porque podrás seguir ilusionándote en el oficio que descubrí tarde: encantar pájaros para que alcancen su libertad y conocimiento, bases de la respuestabilidad (responsabilidad), tal y como hacía Papageno, un protagonista de Mozart (ó Trazom, al revés como a él le gustaba juguetear con la vida), en su memorable ópera “La Flauta Mágica”. Homenaje también en el 250 aniversario de su nacimiento que ahora se inicia.

Gracias por soñar despierto. Como compañero y amigo, como padre que está en la tierra.

Sevilla, siendo las 22.10 de 31 de diciembre de 2005, un día cargado de fuga hacia 2006.

Publicado por José Antonio Cobeña – 31 diciembre 2005, 22:11

Olor suave

Cuento escrito al amor del nuevo milenio…

Aquel libro sugería las ausencias sentidas por Christian, aunque ser ciego al color era, en su caso, algo más que una metáfora. La acromatopsia venía a poner sobre la mesa los interrogantes del mundo occidental acerca de los grandes beneficios de la cultura, de la inteligencia social y de los sentimientos que, en palabras de Alberti, siempre se tienen que escuchar mucho más fuerte que el viento.

Eran las veintitrés horas exactas del día 31 de diciembre de 2000. Hace solo un año vivió una experiencia inolvidable, en el espíritu de Kiribati. Todo el mundo estuvo pendiente de esta isla, de su reconocimiento por el diccionario, las enciclopedias, los atlas y las consultas en Internet. Lo que pudiera pasar allí sería una primera lectura intercontinental de lo que podría pasar en el aquí europeo. Era el temido efecto 2000. Y la lectura compulsiva de todo lo que se refería a la cultura de las antiguas Islas Gilbert, ponía sobre la mesa de Christian unos mundos de color que le llevarían hasta la Micronesia, donde las islas de Pongelap y Pohnpei harían su presentación en la sociedad occidental para mostrarnos una cara metafórica de la vida: ser ciegos al color no impide encontrar la felicidad. Así transcurrieron los meses anteriores a las veintitrés horas del día 31 de diciembre de 2000, inmerso en unas contradicciones de cultura y en el marco de grandes interrogantes.

Christian vivía en una gran ciudad del sur de España, donde el color y los olores conviven a diario en un esfuerzo por demostrar al mundo que necesitamos las sensaciones para ser. Aquella lectura de 1999, unos días antes de la memorable fecha del 31 de diciembre, había dejado huella en su quehacer diario. El mundo occidental recibiría un aviso importante para interpretar su futuro, dependiendo de unas pequeñas islas, en Kiribati, donde el color y las sensaciones eran el exponente básico de su supervivencia. Y Christian tenía que reinterpretar en claves digitales lo que no eran más allá que sensaciones en torno al color y al olor, como elementos descriptores de aquella cultura.

Y todo volvía a rememorar aquellas sensaciones, ahora en compañía de Clara, trece años menor que él y con unas cualidades que acortaban espacios y tiempos. No había que perder esta oportunidad. Puso el reloj de arena al revés y así hasta dieciséis veces, el tiempo exacto para hacer pasar la hora que marcaría la entrada en el nuevo año, siglo y milenio, dependiendo de la perspectiva de cada uno. Junto al reloj, un perfume, una fragancia de diccionario, olor suave y delicioso, algo más para los dos que una marca, porque la primera vez que lo intercambiaron supuso una mezcla de encuentro, gozo y pasión, al tocar la piel de ella y hacer reales las sensaciones para los dos. Caja con tonos azules como los ojos de Clara, siempre vigilantes de cada acto de la conciencia, de lo que no se ve pero se siente: sin reparos, con el encanto de un francés aprendido y sentido para la ocasión, donde las yemas de los dedos dibujaban expresiones libres por la rugosidad de sus líneas envolventes.

Así comenzó el rito. Ya había dado la décima vuelta al reloj de arena y todo hacía presagiar que la fragancia podía llenar de recuerdos el contenido del mejor regalo que se podían cruzar.

– Te recuerdo siempre a través del azul del cielo. Es el mejor referente, quizá porque no lo abarco, aunque el juego de mis dedos en la caja de este perfume me sugiere siempre que tú eres así: inabarcable y libre en tus formas, como siempre te sentí y te amé. Y, ¿sabes una cosa?. Sentí unas sensaciones extrañas cuando terminé la lectura del libro que me ha acompañado en las horas previas al sueño durante las últimas semanas, donde los protagonistas eran personas ciegas al color, porque siempre ven todo en blanco y negro o, a lo sumo, en gris. Pensé que la pérdida que sufriría al padecer esta enfermedad, la acromatopsia, me privaría de tus ojos y de los sentimientos que se despiertan en su eterno retorno de sensaciones y emociones.

– Si importante es esta pérdida, porque sé lo que significan los colores para ti, mucho más importante es el mundo de los olores, un universo mucho más intenso y que permite penetrar la piel, los afectos y cultivar la estela de lo que somos. Siempre permanece el recuerdo de cómo olemos y el perfume ha estado unido a las culturas más inteligentes del planeta. ¡Fíjate cómo se valoran los olores en el sur, espacio al que tú y yo pertenecemos!. Y ambos sabemos que aquél perfume de nuestros primeros encuentros, al que has hecho referencia en tu búsqueda del tiempo encontrado a través de la velocidad de la arena, significó mucho sin que tuviéramos que utilizar las palabras. Bastaba unas gotas de este perfume, para comenzar una aventura hacia lo desconocido pero siempre llena de valor humano y de recuerdos, como los de aquellos primeros pobladores ribereños que cuidaban la cultura del intercambio de los regalos prometiéndose fidelidad: el jésed.

Y así se aproximaba el nuevo año, el siglo y el milenio, a través de una experiencia nacida en el regalo y en la realidad de una esencia conocida por los dos sin tener que justificarla por su oportunidad ni en festividades programadas. Cuatro veces más y ya estamos en el rito de las campanadas. No hay tiempo que perder.

– Clara, solo quince minutos nos separan de una experiencia que nunca se volverá a repetir en nuestra existencia. Nuestro azul envolvente debe permanecer en el tiempo que se aproxima y este regalo que ha perdurado en el tiempo debe hoy recobrar especial importancia, sobre todo cuando conocemos la calidad de nuestra existencia, de nuestra cultura al poder valorar los colores y saber de sus interpretaciones en el espectro cromático de los códigos románticos.

– Si el azul ha sido el código de nuestras miradas, el perfume debe ser el hilo conductor de nuestros encuentros. Así, color y olor pueden crear el mejor efecto 2001 sobre nuestras vidas, durante el tiempo que seamos capaces de seguir encontrando sentido a lo que hacemos y, sobre todo, somos. Entenderás así que esta entrada de año, siglo, milenio, te recordarán también Kiribati, Pongelap y Pohnpei en un entorno de reconocimiento inteligente a la vida que nos permitió nacer en el Sur, donde las culturas que crearon nuestros usos y costumbres se embriagaron de perfumes muy sofisticados en su elaboración, porque nacieron de los sentimientos de las personas que todavía se maravillaban de plantas y flores que mezcladas entre sí componían la mejor fragancia para enamorar…

Sevilla, 6/I/01

Gemelos y relojes

Acabo de cerrar el Magazine de 4 de diciembre de 2005. He leído la portada, su contenido interior y la contraportada, provocándome las siguientes reflexiones:

PORTADA: la inteligencia de los gemelos sigue vinculada siempre al patrón genético que permite desarrollar la vida de cada uno. Importará mucho el entorno, pero las posibilidades están marcadas, tal y como se deduce de los últimos avances científicos.

CONTRAPORTADA (anuncio): la leyenda propia de cada uno se tiene que iniciar al comprar un determinado reloj de marca, con proyección en los hijos: se puede confiar a un reloj que se custodia de generación en generación.

Problema de valores. Ser una gran persona es siempre una posibilidad que viene asociada al patrón genético de todos, sin distinción. Desarrollar la inteligencia, también. Es cuestión de suerte, dicen algunos. Y del verdadero patrón económico de cada cual, elevado al grado de valor distintivo en la sociedad actual, dicen otros, los más. ¿Razones?. Se confunde gen, valor y precio.

Enviada a “Magazine”, 4/XII/05

Por si acaso…

En este contexto he preparado unas palabras no improvisadas, como homenaje a las personas con las que comparto tiempo de mi existencia en el acontecer cotidiano. Anoche, repasaba mis palabras sobre el ciudadano Jesús de Nazareth, escritas el 24 de diciembre de 1984, cuando estaba al frente de un periódico y cuidaba siempre las últimas noticias en las páginas de opinión: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero”.

En este contexto, os hago una confidencia: me gustaría que estuvieran cerca, aquí o allá, todas las personas que hacen posible la realidad de la vida que habito, en el humilde día a día, sin celebración alguna, y compartir lo más importante: estar como se es.

Por si acaso, preparé estas palabras. De las pocas cosas que tengo guardadas en la caja de la vida, porque por encima de todo prefiero ser y no atesorar nada.

¿Ha sido todo por si acaso?. No, gracias al ciudadano Jesús de Nazareth.

Sevilla, 21 de diciembre de 2005

Mariposas al aire

Casi sin darme cuenta han entrado hoy unas mariposas en mi habitación de estudio y me han sugerido unas ideas sobre la utopía que me gustaría trasladar a las alas de estos seres vivos, que van por el mundo volando, con trajes de fiesta, para que cuando se manifiesten en todo su esplendor a través de la versión actualizada (en otro cine de barrio más próximo a la realidad social del país) de la película de José Luis Cuerda La lengua de las mariposas (TVE – 19-02-2005), permita a los ciudadanos de este país considerar la posibilidad de que otra Europa es posible, en una nueva visión de utopía de las nuevas ideologías tan maltrechas en los tiempos que corren.

Esta posibilidad se hace más digna y alcanzable desde el momento que las mariposas nos llevan de nuevo a considerar que sólo con la colaboración de los más allegados al Samuel Bronston de hoy, es decir, sólo cambiando los decorados, por desgracia, de la ilusión social, podríamos afirmar que el argumento puede tener paralelismos en la situación actual donde los votos de turno hacen que cada uno tome posiciones y se nos vean las indecencias como a aquél sabio, Aristipo de Cirene, al que se le veía su orgullo a través de los agujeros de su traje. Es sólo cuestión de cambiar los títulos de crédito, aunque deberíamos dejar como intocable, a Pardal, el pequeño niño-gorrión.

Y siguiendo con el nudo de la película, hay protagonistas que no se amilanan ante los acontecimientos, existen voluntarios de todo un país nuevo dando un ejemplo de civismo, con su voto, con la ilusión de que otra Europa es posible y que cada uno lleva un pequeño Lula y Manuel Rivas en su corazón. Lo que ocurre es que muchos callan –no votan- porque la fuerza de la vida de las multinacionales de turno, de cualquier producto o idea, hace su agosto cuando no existen ideologías. Y más con las rebajas actuales, en febreros vergonzantes.

Hace sólo unos días, los que defendemos las utopías y, por tanto, las ideologías, cabíamos en un taxi, ya ni siquiera de torero, es decir, sin trasportín, para los más antiguos del lugar. Pero ocasiones como éstas, las de las mariposas, nos permiten entrever a más de treinta y cuatro millones de personas, que la utopía es posible, lo que hace que casi sin darse cuenta el productor, en esta ocasión, nos haya vendido unos billetes hacia alguna parte, hacia la utopía de lo posible. Es lo que el Ché, tan querido para nosotros, nos decía siempre: seamos realistas, exijamos lo imposible…

Y, perdonen, llegamos al final. Yo no quiero callarme, como aquellos lugareños, presa del terror de la indecencia, ante la cordada. Tengo prisa, porque se agotan los billetes de los autobuses de la utopía de Europa, que salen de la estación de Andalucía.

Enviada a “El Pais”, 19/II/05