La izquierda digna, unida, jamás será vencida

Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no importaba sentirse parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de sus «utopías», como los de siempre, para tranquilizar sus conciencias, han llamado y quieren seguir llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).

El resultado de la sesión de investidura de ayer mostró la necesidad de gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y sobre todo a millones de personas que malviven por el paro y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, en la resaca del acto fallido de ayer,  deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna (#IzquierdaJamásVencida, como ejemplo de hashtag, entre otros), publicar artículos en blogs y mensajes cortos en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice al 31 de octubre. Es imprescindible la movilidad social y las redes sociales son esenciales para organizarnos y encontrarnos en lugares abiertos, en la Noosfera (la piel pensante que envuelve el mundo), para demostrar que otro país es posible.

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

(Si te preocupa la situación actual de este país y crees en la izquierda digna, pasa estas palabras a quien creas que le pueden interesar, porque hoy es el tiempo que puede ser mañana. Estamos en la cuenta atrás para luchar por la gobernabilidad de este país, ante la incapacidad demostrada por nuestros representantes políticos hasta hoy)

Sevilla, 3/IX/2016

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de: https://www.youtube.com/watch?v=LWlkWPXfvXc

Necesitamos recompensar los descubrimientos políticos de utilidad general

EUREKA

Estoy muy pre-ocupado [sic] con la situación política actual en este país. Todo tiene su tiempo y cada tiempo su momento, pero mi condición actual -ordenada administrativamente- de estar siempre en estado de júbilo (con perdón), no justifica que no siga comprometido intelectualmente con la cosa política que nos ocupa en estos tiempos revueltos. Por ello he recordado una curiosa experiencia política que conocí hace ya muchos años a través de Aristóteles, en su extraordinaria obra dedicada íntegramente a la política, que sería muy interesante importar con carácter inmediato, salvando lo que haya que salvar, ante el desconcierto que estamos viviendo en esta etapa de investidura política. Por si fuera útil para alguien, algunos o todos los que viven de forma especial la cosa política que tanto nos concierne.

Me refiero concretamente a una parte de la Constitución ideada por Hipódamo de Mileto, hijo de Eurifón, “inventor de la división de las ciudades en calles que aplicó al Pireo, y que por otra parte mostraba en su manera de vivir una excesiva vanidad, complaciéndose en arrostrar la opinión pública que le censuraba por la compostura de su cabellera y la elegancia de su vestido, usando lo mismo en verano que en invierno trajes a la vez ligeros y de abrigo, hombre que tenía la pretensión de no ignorar nada de cuanto existía en la naturaleza, es también el primero que, sin haberse ocupado nunca de los negocios públicos, se aventuró a publicar algo sobre la mejor forma de gobierno. Su república se componía de diez mil ciudadanos, distribuidos en tres clases: artesanos, labradores, y defensores de la ciudad, que eran los que hacían uso de las armas. Dividía el territorio en tres partes: una sagrada, otra pública, y la tercera poseída individualmente”. Pero lo que he recordado hoy especialmente es que “garantizaba también por medio de la ley las recompensas debidas a los descubrimientos políticos de utilidad general”. Genial.

En estos tiempos de mediocridad galopante y de enrocamiento de los partidos que teóricamente deberían defender el interés general, observamos el agotamiento y desencanto que transmiten en general como si la cosa política estuviera agotada, afectando muy seriamente a los principios de la democracia. Sería necesario rescatar también a Mozart para aprender de un protagonista de su ópera La Flauta Mágica, Papageno, ante la necesidad urgente de buscar con él encantadores de pájaros (ya sabemos que sin aclararnos qué tipos de pájaros son imposibles de encantar), que fueran capaces de desmantelar los negocios de Reinas y Reyes de la Noche que corresponda y que cada uno sabrá interpretar con ejemplos de hoy.

Volvamos a Hipódamo de Mileto. Decía Aristóteles en el comentario a esta experiencia tan atrevida, que “En cuanto a las recompensas que se conceden a los que hacen algunos descubrimientos útiles para la ciudad, es una ley seductora en la apariencia, pero peligrosa. Será origen de muchas intrigas y quizá causa de revoluciones. Hipódamo toca aquí una cuestión sobre un objeto bien diferente: ¿están o no interesados los Estados en cambiar sus instituciones antiguas en el caso de poderlas reemplazar con otras mejores? Si se decide que tienen interés en no cambiarlas, no podría admitirse sin un maduro examen el proyecto de Hipódamo, porque un ciudadano podría proponer el trastorno de las leyes y de la constitución como un beneficio público”. Es verdad, pero estamos asistiendo a un espectáculo de agotamiento político por las fórmulas encorsetadas en las que transcurren los debates y la forma de abordarlos en el Palacio de la verdad democrática, el Congreso, así como de la propia representación política con el sistema electoral actual, que urge introducir cambios a marchas forzadas, maximis itineribus que decía Aristóteles.

En cualquier caso, es imprescindible que en política se hable de futuro y de una forma diferente de hacer las cosas políticas, con arte. Es una delicia seguir leyendo a Aristóteles cuando analiza, eso sí sin emitir juicios personales sobre la experiencia que narra, el modelo político de Hipódamo de Mileto: “La innovación ha sido provechosa en todas las ciencias, en la medicina, que ha prescindido de sus viejas prácticas, en la gimnástica, y en general, en todas las artes en que se ejercitan las facultades humanas; y como la política debe ocupar también un lugar entre las ciencias, es claro que es necesariamente aplicable a ella el mismo principio. Podría añadirse que los hechos mismos vienen en apoyo de esta aserción. […] La humanidad en general debe ir en busca, no de lo que es antiguo, sino de lo que es bueno. Nuestros primeros padres, ya hayan salido del seno de la tierra, ya hayan sobrevivido a alguna gran catástrofe, se parecen probablemente al vulgo y a los ignorantes de nuestros días; por lo menos, esta es la idea que la tradición nos da de los gigantes hijos de la tierra; y sería un solemne absurdo atenerse a la opinión de semejantes gentes. Además la razón nos dice, que las leyes escritas no deben conservarse siempre inmutables. La política, y lo mismo pasa con las demás ciencias, no puede precisar todos los pormenores. La ley debe en absoluto disponer de un modo general, mientras que los actos humanos recaen todos sobre casos particulares. La consecuencia necesaria de esto es, que en ciertas épocas es preciso modificar determinadas leyes”.

Sin comentarios ante estas últimas palabras. No nos queda duda alguna: necesitamos recompensar los descubrimientos políticos de utilidad general. Salgamos como Diógenes a buscarlos por las calles, que son de todos, que preconizó en su día este arquitecto de la política tan singular, Hipódamo de Mileto, a quien se las debemos hoy día. Hagámoslos públicos, porque el museo de innovación política tiene desgraciadamente las estanterías vacías.

Sevilla, 2/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://latam.askmen.com/noticias-poder-dinero/2344/article/como-sucede-un-momento-eureka

Las fotografías nunca son inocentes

MARC RIBOUD

Como ocurre con las ideologías, las fotografías nunca son inocentes porque siempre hay un ojo humano detrás que ordena. Hoy hemos conocido el fallecimiento del fotógrafo francés Marc Riboud, que muchas personas recordarán por su famosa fotografía de la chica con la flor, por cierto, no inocente. He conocido el hilo conductor de su profesión, una frase de un especialista en los cuidados del ojo, del siglo XIII, Pietro Spanno, que llegó a ser Papa bajo el nombre de Juan XXI: “El ojo es un miembro noble, redondo y radiante. Ver es el paraíso del alma”. Ese es el secreto y la magia del ojo humano cuando ordena el clic que fija momentos especiales de la vida para la posteridad. Igual que cuando se fotografía el dolor o la muerte, muchas veces con alto riesgo personal de profesionales excelentes, comprometidos, facilitando imágenes recientes que desgraciadamente ya son habituales para el procesamiento de nuestra retina y que tanto nos hacen pensar, cumpliendo su función.

Deseo hacer un reconocimiento al trabajo desarrollado por Riboud a lo largo de su dilatada vida, fotografiándola e incorporándola a su paraíso particular, que simboliza un homenaje a fotógrafas y fotógrafos de todo el mundo, no inocentes por su ideología, que nos siguen aportando a diario imágenes para no olvidar que un día tuvimos que salir de un paraíso en el que muchos nacimos por tradición y creencia, para volver diariamente a él, aprendiendo de otro fotógrafo excepcional, Sebastião Salgado, que salió a buscarlo en 2005 para “emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Hay fotógrafos y fotógrafas que retratan almas especiales, en blanco y negro, como Riboud o Salgado, porque muchas veces estamos ciegos ante el color que dio al mundo la creación transcendental del hombre y la mujer, que tuvieron la oportunidad de ver durante un tiempo el paraíso de sus almas. Gracias, hoy, a Marc Riboud, a Salgado y a tantos profesionales anónimos que aun jugándose a diario la vida nos aportan tanta verdad a través de sus ojos, como aprendimos un día de Machado, ya que no son ojos porque los veamos, sino que son ojos porque a través de sus fotografías nos ayudan a ver.

Sevilla, 31/VIII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/31/actualidad/1472636848_761527.html

Sé lo que entrego, no lo que se recibe

BLAS DE OTERO

Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido
Antonio Porchia (1885-1968)

Ante el fenómeno de la hoja en blanco, con el que me encuentro cada día que escribo en este blog, recuerdo siempre esta frase del poeta ítalo-argentino Antonio Porchia, que me parece extraordinaria y llena de sentido en un momento crucial para los que apreciamos el arte de escribir. Puedo decir todo o nada en lo que doy, pero existe para mí el compromiso ético de decir siempre algo especial, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de mi admirado Ítalo Calvino. En definitiva, se trata de respetar el arte de empezar y acabar un artículo, un post, sobre todo porque deseamos transmitir a los demás la magia que rodea siempre a las palabras.

Suponiendo que digo algo especial cada día, siempre queda el escenario desconocido de cómo se reciben estas palabras que todavía me quedan. Lo que entrego lo conozco bien, lo he vivido casi siempre y, sobre todo, lo he sentido como especial. Lo que desconozco es qué significan para quien lo lee y lo interioriza o simplemente pasa de puntillas sobre ellas.

La duda de Porchia es hoy la mía, pero tengo clara una razón para escribir y entregar palabras especiales a los demás. Verán. Escribir en este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero, si le falta alma, no es nada (1): “Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo”. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma”.

Miro muchas veces hacia atrás, como aprendí en una ocasión de una experiencia contada por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que había atendido tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, aunque nunca lleguemos a saber lo que los demás han entendido sobre aquello que se entrega mediante algo maravilloso que nos queda: la palabra.

Sevilla, 29/VIII/2016

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=3776

Todo aquél que es alguien…

Así se promocionó la última película de Woody Allen en el Festival de Cannes de este año: todo aquél que es alguien estará en… Café Society, jugando con su hilo conductor, tal y como se explicaba en el documento distribuido oficialmente a la prensa como notas de producción. El constructo “Café Society” se refiere al ambiente de aristócratas, artistas y personalidades que frecuentaban los cafés y los restaurantes de moda en Nueva York, París y Londres al final del XIX y principios del XX. Esta denominación estuvo en boga en Nueva York en los años 30, donde existían docenas de clubes, que incluso en algún caso contaban con orquestas sinfónicas. Cada noche, frecuentaban los clubes de jazz de Greenwich Village, el Morocco de Midtown, así como el célebre Cotton Club situado en la calle 124 de Harlem.

El guionista y director de la película, lo afirma con gran rotundidad: «Esa época siempre me ha fascinado. Es uno de los períodos más emocionantes en la historia de la ciudad, donde la emoción reinaba todas las noches porque el Distrito de Manhattan vibraba al ritmo de sus teatros, cafeterías y restaurantes elegantes y con estilo».

Anoche, sin ser afortunadamente alguien del estilo preconizado en la película, estuve… en Café Society y tengo que reconocer que me causó muy buena impresión, aunque ese, definitivamente, no sea mi espacio vital habitual. La voz en off de Woody Allen me introdujo en ese fascinante mundo y comprendí muy bien el hilo conductor de la película, a través de diálogos memorables que, desgraciadamente, no pude retenerlos todos en mi mente. Recuerdo algunos de especial interés, como por ejemplo el referido a la vida que “es una comedia, escrita por un comediógrafo sádico “, “el amor no correspondido provoca más muertes al año que la tuberculosis”, “los sueños son siempre eso, sueños” (como broche final de la vida, no solo de la película) o “ante las preguntas sin respuesta la mejor respuesta es la que no existe”. También, los referidos al sarcasmo de la dialéctica de judaísmo y cristianismo en los últimos momentos antes de la ejecución del gánster de la familia o los planos electrizantes del reencuentro en Nueva York de los dos protagonistas de la película, Bobby (Jesse Eisenberg) y Vonnie (Kristen Stewart), cada uno ya en su microcosmos forzado o, mejor, creado a pesar de ellos mismos, negando ambos el principio de realidad cuando el amor planta cara ante cualquier persona que lo aprecia y vive. Que, además, siempre vuelve, sin que se necesite ser alguien en esta vida para triunfar en ella.

CAFE SOCIETY

Gran película de Allen, al que siempre he manifestado mi aprecio y respeto en el mundo del cine. Sus ochenta años reflejan una forma de ser y estar en el mundo que necesita soñar todos los días para poner el color que su gran amigo y director de fotografía, Vittorio Storaro, le ha ofrecido por primera vez utilizando una cámara digital. Sencillamente porque los grises de Nueva York y su mundo sórdido no tienen nada que ver con el color de California, Hollywood y, sobre todo, Beverly Hills. Es lo que nos quiere decir cuando se abre el primer plano de la película, en una piscina donde reina el color blanco, el de la casa que había pertenecido en la vida real a Dolores del Rio y que el responsable de decorados consideró perfecta para utilizarla en esta ocasión, porque en los clubes de Nueva York predominaba siempre el negro, el blanco y el rojo, mientras que esta casa de la actriz mexicana tenía una piscina blanca con fondo azul, todas las paredes blancas, una terraza con predominio del césped verde y un mobiliario magnífico, en colores plata y turquesa de la época.

Después sigue una aventura romántica, coral, porque todos los protagonistas se necesitan entre sí en una historia entrelazada de contrapuntos éticos, donde no solo destacan los más jóvenes e inexpertos, Bobby y Vonnie, que brillan por sí mismos, sino también y, sobre todo, la voz del autor que desea explicarla con sus propias palabras, para que nada ni nadie las contaminen con el paso del tiempo.

Salí de aquél Café con la reafirmación sobre el poder de los sueños, con una nueva lección aprendida, por dolorosa que era. En estos momentos de contexto complejo para todos, sin excepción, hay que mirar la vida con atención preferente y aprender a cerrar los ojos ante aquello que no nos proporciona bienestar alguno, buscar un rincón de paz en la vida particular de cada uno y soñar de forma consciente, sin esperar al sueño de la noche, que casi siempre se queda en el olvido. Y una última reflexión: es conveniente soñar junto a la persona o personas que queremos, porque la felicidad es mayor, al trenzarse el amor como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y estos días de tanta mercancía ofrecida a cualquier postor, podemos probarlo. Es lo que tiene no confundir en agosto, como todo necio, el valor y precio de cada sueño. Incluido éste, precioso, de Woody Allen.

Sevilla, 27/VIII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.hollywoodreporter.com/review/cafe-society-cannes-review-892693

En política, ¿quién engaña a quién?

PENELOPE

Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas

Leí hace ya bastantes años una fábula preciosa de Augusto Monterroso, a quien tanto admiro por su amor a la brevedad y levedad de las cosas importantes de la vida, con un título sugerente, La tela de Penélope o quién engaña a quién, que recobra para mí, ahora, un sentido especial:

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

Hoy escuchaba y leía las últimas negociaciones entre el PP y Ciudadanos, así como el silencio sonoro y cómplice de la denostada izquierda (a la que tanto respeto y quiero), impasibles todos en su ademán, y he recordado esta fábula. Sobre todo el momento final, grandioso, porque dormimos como ciudadanos mientras otros viajan, tejen y diseñan nuestras vidas sin darnos cuenta, desgraciadamente, de casi nada de lo que está pasando ahora tan cerca de nosotros mismos.

Sevilla, 24/VIII/2016

NOTA: imagen recuperada hoy de: http://odiseodisea.blogspot.com.es/2013_01_01_archive.html

Las islas humanas, las más inaccesibles y desconocidas

TRES HOMBRES QUE CAMINANAlberto Giacometti, Tres hombres que caminan (1948)

Es un asunto que me interesa mucho y que motivó el comienzo del viaje con esta bitácora, que ha cumplido ya diez años en la Noosfera. Me lo ha vuelto a recordar un artículo muy interesante publicado hoy de nuevo en el diario El País, Las 10 islas habitadas más inaccesibles del mundo, que ya había leído en 2014, con la curiosidad que siempre me despierta el mundo de las islas, sobre todo si son desconocidas e inaccesibles.

He buscado siempre en mi persona de secreto y de todos, en mi atlas de islas desconocidas, que es -nada más y nada menos- que el álbum de las personas que no he conocido bien en la vida aunque hayan estado presuntamente muy cerca: “Ya me comprometí con esta aventura al iniciar la publicación de este blog, aunque he descubierto hasta ahora que sí es posible publicarlo a través de medios digitales, respetando el hilo conductor que me enseñó Saramago, en su Cuento de la isla desconocida: saber a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás” (1). Puertas que nos muestra Saramago a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda… Una gran mujer aislada hasta que desembarca en la isla de la persona que admira.

De todas las experiencias que conozco la que más me apasiona es la de las islas humanas, casi siempre inaccesibles y desconocidas, la auténtica realidad de lo que somos como personas cada día en el mundo. Desde que leí el cuento de la isla desconocida, escrito de forma magistral por Saramago, que tantas veces he comentado y recomendado en este cuaderno digital, no he abandonado el mensaje que transmite: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Y aquella respuesta tan hermosa no la olvido: es necesario conocer bien la isla que somos, saliendo de nosotros de vez en cuando para comprender las otras islas que forman el archipiélago humano de la vida, por inaccesibles y desconocidas que parezcan y aunque muchas veces estemos a muchos kilómetros de distancia unos de otros. O de nosotros mismos.

Sevilla, 23/VIII/2016

(1) https://joseantoniocobena.com/2014/02/12/islas-conocidas-desconocidas-y-remotas/

No olvidemos a Omran

 

OMRAN

Desde que vi la imagen de Omran por primera vez, no puedo olvidarla. Es un niño sirio de cuatro años, víctima de los últimos bombardeos en Alepo. Es importante que estas imágenes se difundan para que tomemos conciencia de que cada uno, en lo que pueda hacer, debe trabajar por la paz, porque estas situaciones no son solo responsabilidad de los otros. Estamos obligatoriamente obligados a entenderlo, aunque tú y yo de esta guerra sepamos poco. Aunque solo sea poniendo paz en el ámbito en el que vivimos, trabajamos y somos. Omran lo merece.

Sevilla, 20/VIII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.lanacion.com.ar/1929737-yo-lloraba-el-no-dijo-el-fotografo-que-retrato-al-nino-sirio-omran

Unos días de verano en Mallorca / y 6. Mujeres de Roma

MUJERES DE ROMA

Dejé por ti todo lo que era mío, / dame tú, Roma, a cambio de mis penas, / tanto como dejé para tenerte.

Rafael Alberti, Lo que dejé por ti, en Roma, peligro para caminantes.

Habían llegado desde el Museo del Louvre, en París y nos esperaban seductoras, maternales y excesivas, en un edificio protegido de Palma, el antiguo Grand Hotel, obra representativa del modernismo catalán, hoy día restaurado y convertido en un espacio cultural de la red de Caixaforum, que próximamente abrirá su nueva sede en Sevilla, agregando a la ciudad un espacio de cultura que tanto necesitamos. Nos explicaron que estaban allí por un tiempo limitado, en una exposición muy bien trazada, Mujeres de Roma, porque procura recorrer en diferentes secuencias históricas, aspectos femeninos de una civilización que ha dejado a la humanidad un legado extraordinario en diversas localizaciones del mundo occidental.

Mientras nos enseñaban sus espacios más queridos, tomamos conciencia de que la mujer romana tuvo que buscar permanentemente su sitio, porque en esa cultura jugaba siempre un papel relegado al del hombre. Siendo en un principio un papel subalterno, sobre todo como madres y esposas, solo se permitía su representación cuando estaban vinculadas a figuras mitológicas, en sí inalcanzables, porque no tenían correspondencia en el mundo terrenal y pedestre. No molestaban al hombre, solo lo distraían. Así, nos enseñaron con orgullo femenino múltiples terracotas, muy bien explicadas en sus puntos de restauración del original, fragmentos de pinturas murales, joyas magníficas de un diseño espectacular, como el camafeo en un anillo con forma de mujer, pequeñas estatuillas engarzadas en anillos de oro, los de Deméter (diosa madre, protectora del matrimonio y la ley sagrada) y Coré (la joven doncella), así como múltiples objetos familiares.

Bajaron del Olimpo en una determinada época, concretamente en la del emperador Augusto, comenzando a ser respetadas por su inexorable identidad de fertilidad, prosperidad, creación y poder de destino, tradicionalmente otorgado a los hombres. Ser mujer de un emperador daba patente de corso para influir en la sociedad, desde elementos tan aparentemente superficiales como el peinado, como pudimos comprender en una perspectiva preciosa de diversos peinados correspondientes a otras tantas eras regias, como administrando fortunas y hasta la libertad sexual sin reparos, representada en la figura de la mujer hermafrodita, que allí estaba. Fueron mujeres atrevidas en una sociedad machista, en lenguaje cercano, aprovechando el salto cualitativo desde el Hades al que estaban condenadas por cuna, hasta las capas sociales más humildes, emulando siempre a la mujer del emperador, a quien no se podía tocar pero sí representar.

Por esta razón, nos insistieron en que eran seductoras, maternales y excesivas en determinadas ocasiones. Desde la figura muchas veces representada de la maternidad, probablemente porque no quedaba otra al emperador romano y sus huestes, la participación en cultos religiosos, en el maravilloso papel de las musas, hasta su proyección en Venus, Minerva y Diana, donde la virginidad y virtud, eran representaciones de gran carga reivindicativa frente al poder omnímodo que ostentaba el vir, el hombre: “Todos podemos encontrar alguna vez en la vida la belleza y el amor a través de la comprensión de la historia de las musas y su lugar en un mundo alocado, que ha perdido el norte hace ya muchos años porque no ha entendido el rol de la mujer en el mundo, su lenguaje maravilloso de musa cuando estamos dispuestos a respetarlo y comprenderlo en todas sus expresiones de amor” (1). Les quedaban también los papeles cruciales en la tragedia romana, liderados por mujeres autónomas, rebeldes, sacerdotisas o princesas como Medea o Pasífae (la que brilla para todos).

RETRATO DE MUJER

Retrato de mujer, mediados del siglo II d.C. Pintura sobre tabla. Museo del Louvre (2)

En conclusión, solo sabemos lo que pasó por lo que nos han contado los hombres a lo largo de más de veinticuatro siglos y esto no es de fiar desde la más básica actitud científica. Los vestigios nos alumbran una forma de ser mujer en el Imperio Romano bastante diferente a lo que nos muestran los libros y la tradición oral. Al salir, nos regalaron una imagen para que la guardáramos en nuestra memoria de la persona de secreto: era un retrato de mujer del siglo II antes de Cristo, una pintura en tabla que se habían traído del Museo del Louvre, para recordarnos que eran muy seductoras, sabían embellecer la vida y mostrar una cara muy amable en un mundo diseñado en ese momento por el principal enemigo: el hombre emperador de todos los tiempos. Para que no las olvidáramos nunca.

Finalizamos el viaje hacia el que habíamos partido, no por necesidad, sino por azar, tal y como lo explicaba George Sand, en su invierno en Mallorca: “¿Por qué viajar cuando no se está obligado a hacerlo? […] Es que no se trata tanto de viajar como de partir. ¿Quién de nosotros no tiene algún dolor que olvidar o algún yugo que sacudir?”. Miramos hacia atrás y allí estaban aquellas mujeres romanas diciéndonos adiós hasta la próxima cita en Sevilla, quizás, porque tenían muy claro que tenían que seguir viajando y explicando a los cuatro vientos su papel actual en el mundo, enseñándonos parte de la historia de la que podíamos aprender para no repetirla en lo que menos ennoblece a las personas y al alma humana. En un tiempo muy limitado, nos habían dado a cambio de nuestras dudas una lección extraordinaria de su papel en la historia de la humanidad; al menos, tanto como habíamos dejado, soñando, para tenerlas tan cerca. Como Roma había dado, en un día ya lejano, a Alberti, tanto como él había dejado para quererla.

Cuando salimos a la calle y despertamos a la realidad, Palma y Mallorca estaban todavía allí. Como el dinosaurio de Monterroso.

THE END2

Sevilla, 19/VIII/2016

(1) Cobeña Fernández, José Antonio: Las personas somos sueños también
(2) Imagen recuperada hoy de: http://www.revistadearte.com/2015/11/03/mujeres-de-roma-seductoras-maternales-excesivas-en-caixaforum-madrid/

Unos días de verano en Mallorca / 5. En casa de Pilar y Joan Miró

Fuimos a su casa, sede actual de la Fundación que lleva sus nombres, con la ilusión de conocer el rincón en el que vivieron muchos años y donde se crearon obras muy representativas de casi la tercera parte de su fecundo trabajo en Mallorca, cuna de la madre y abuelos de Joan Miró. Unirlos en esta visita no era una actitud inocente sino que siempre quiero reconocer el trabajo arduo, silencioso y cargado de respeto de las personas que han vivido de forma plena con artistas de reconocido prestigio y que la historia las relega casi siempre a un lugar en el olvido. Siempre tengo en mi memoria el rol que desempeñaron en las vidas de Juan Ramón Jiménez o de Rafael Alberti, tanto Zenobia Camprubí como María Teresa León, a las que debemos siempre un gran homenaje. En este caso, la de Pilar Juncosa, compañera inseparable de Miró desde que contrajeron matrimonio en 1929 y hasta que fijaron su residencia en Son Abrines sede actual de la Fundación junto a terrenos y edificios contiguos que se incorporaron a la sede inicial.

Ambos decidieron legar a la ciudad de Palma, a través del Ayuntamiento, los talleres del artista, uno de cuyos edificios fue diseñado como estudio por su amigo Josep Lluis Sert, que visité con emoción y respeto por todos los recuerdos que en él figuran. Dos años antes de morir Joan Miró, el matrimonio Miró-Juncosa consolidó el proyecto de Fundación con la constitución de sus Estatutos y después de su fallecimiento y por iniciativa de su esposa Pilar se solicitó al arquitecto Rafael Moneo que diseñara un nuevo edificio como sede de la Fundación, inaugurándose como tal en 1992.

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Estudio Sert (detalle interior) – Fundación Pilar y Joan Miró / JA Cobeña

El edificio de la sede es un homenaje a la estrella, símbolo permanente en la obra de Miró, que Moneo quiso respetar en su concepción arquitectónica, a modo de ciudadela, en palabras del autor. Me llamó la atención el respeto de conjunción con la obra de Miró, por parte del arquitecto, al resaltar en sus jardines las plantas autóctonas a las que Miró había dedicado muchas reflexiones pictóricas.

Comenzamos la visita por el espacio estrellado, según Moneo, que recoge una parte de la obra de Miró. Sentí que la representación artística de su dilatada vida, en este espacio de la Fundación, era escasa. Esperaba que en su sede histórica hubiera una colección más completa, pero creo que habrá criterios mercantiles u otros en la intrahistoria de la familia Miró y su legado, que los humanos ni siquiera sospechamos. Representación muy pobre, en definitiva.

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Edificio Sert – Fundación Pilar y Joan Miró / JA Cobeña

Nada que ver con el edificio destinado a talleres diseñado y construido por su amigo Josep Lluis Sert, un arquitecto de fama mundial que por su ideología permaneció desterrado en Harvard donde llegó a ser Decano de la Escuela Graduada de Diseño. Desde la caja de madera que contenía la maqueta inicial del proyecto, así como los planos originales de los primeros alzados del edificio, junto a fotografías de la residencia de Sert en Cambridge (Boston) en las que figuraba un sempiterno salón con pinturas originales de Miró, dejaban entrever una amistad consolidada con el paso de los años y donde este espacio tan singular le permitiría recordar durante sus jornadas de trabajo la presencia permanente de su gran amigo. El edificio es impecable en su concepción global: diseño de respeto al contexto mediterráneo, conjunción de colores en los que predomina siempre el blanco, homenaje permanente a la luz como compañera inseparable del artista a través de sus amplios ventanales y cubiertas a modo de aves mensajeras en posición de vuelo. Una delicia.

Salimos al exterior donde la bahía de Palma aparece en todos sus rincones. Nos sentamos en un banco en el que probablemente Miró contempló más de una vez los paisajes que allí aparecían como por ensalmo. Accedimos a Son Boter, una casa mallorquina que Miró adquirió en 1959 gracias al dinero obtenido en el premio Guggenheim International, que le permitió ampliar sus talleres, sobre todo y en una primera etapa para su obra escultórica, aunque más adelante también fue refugio para la obra pictórica más tardía y de mayor formato. Es una visita que sobrecoge, sobre todo por los grafiti originales que aún se conservan y de los que recordábamos algunas obras finales que están hoy muy cerca de los ciudadanos en Palma, por ejemplo.

Vivimos emociones contradictorias, tales como la reducida obra artística y global de Miró en la Fundación y algo que nos ha acompañado durante estos días de viaje a Mallorca: la soledad cultural. Estuvimos solos durante la mayor parte de la visita, algo que nos acompañó todo el viaje a estas experiencias culturales que estoy narrando en esta serie. Creo que merece una reflexión porque un pueblo que no ama su cultura está condenado a no crecer en valores y desarrollo de la inteligencia creadora que al final libera de una forma de ser en el mundo, dirigida por el poderoso caballero don dinero y por la mercancía resultante.

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Escultura en los jardines de la Fundación Pilar y Joan Miró / JA Cobeña

Fuimos a pasear por los jardines de la Fundación, en los que encontré una escultura que me llamó mucho la atención: dos lápices que se encuentran y donde se sitúa un leñador en su parte final. Todo un símbolo de la trayectoria de su creación artística. También, las sempiternas leyendas sobre las plantas autóctonas, con mensajes perturbadores: «Tiempo atrás, las Vitrubium opulus se podían encontrar aquí mismo. Si esta flor silvestre se da cuenta de que ha crecido en una tierra demasiado solitaria, inmediatamente abrirá sus pétalos al viento quien soplando a través de ellos emite un silbido que invita a los pájaros que pasan a hacerle compañía». Toda una premonición de lo que estábamos viviendo. Antes de finalizar la visita, pregunté por la casa original del matrimonio Miró-Juncosa y nos informaron que ya no existía porque la heredó un nieto que la tiró entera y construyó sobre el solar resultante la casa que linda actualmente con los terrenos de la Fundación. Nada que ver, salvo el muro de separación. Todo un símbolo para quien lo quiera interpretar.

VITRUBIUM OPULUS

Vitrubium opulus

Salimos de la Fundación, con un cierto desencanto. Bajando por la calle Saridakis (pintor egipcio y antiguo propietario del palacio del mar y del viento, marivent, situado al final de este recorrido), con cuesta muy pronunciada, nos encontramos con el palacio… de Marivent, donde estaba aquél día el Rey en su residencia de verano, cuyos jardines se abrirán al público por primera vez a partir del próximo invierno. Bastante solo, también, a tenor de las noticias políticas de esos días. Como el único policía que frente a la puerta principal del palacio, lo custodiaba en una isleta humilde, tal y como corresponde a estos tiempos revueltos y de soledad para almas inquietas.

Sevilla, 18/VIII/2016