Unos días de verano en Mallorca / y 6. Mujeres de Roma

MUJERES DE ROMA

Dejé por ti todo lo que era mío, / dame tú, Roma, a cambio de mis penas, / tanto como dejé para tenerte.

Rafael Alberti, Lo que dejé por ti, en Roma, peligro para caminantes.

Habían llegado desde el Museo del Louvre, en París y nos esperaban seductoras, maternales y excesivas, en un edificio protegido de Palma, el antiguo Grand Hotel, obra representativa del modernismo catalán, hoy día restaurado y convertido en un espacio cultural de la red de Caixaforum, que próximamente abrirá su nueva sede en Sevilla, agregando a la ciudad un espacio de cultura que tanto necesitamos. Nos explicaron que estaban allí por un tiempo limitado, en una exposición muy bien trazada, Mujeres de Roma, porque procura recorrer en diferentes secuencias históricas, aspectos femeninos de una civilización que ha dejado a la humanidad un legado extraordinario en diversas localizaciones del mundo occidental.

Mientras nos enseñaban sus espacios más queridos, tomamos conciencia de que la mujer romana tuvo que buscar permanentemente su sitio, porque en esa cultura jugaba siempre un papel relegado al del hombre. Siendo en un principio un papel subalterno, sobre todo como madres y esposas, solo se permitía su representación cuando estaban vinculadas a figuras mitológicas, en sí inalcanzables, porque no tenían correspondencia en el mundo terrenal y pedestre. No molestaban al hombre, solo lo distraían. Así, nos enseñaron con orgullo femenino múltiples terracotas, muy bien explicadas en sus puntos de restauración del original, fragmentos de pinturas murales, joyas magníficas de un diseño espectacular, como el camafeo en un anillo con forma de mujer, pequeñas estatuillas engarzadas en anillos de oro, los de Deméter (diosa madre, protectora del matrimonio y la ley sagrada) y Coré (la joven doncella), así como múltiples objetos familiares.

Bajaron del Olimpo en una determinada época, concretamente en la del emperador Augusto, comenzando a ser respetadas por su inexorable identidad de fertilidad, prosperidad, creación y poder de destino, tradicionalmente otorgado a los hombres. Ser mujer de un emperador daba patente de corso para influir en la sociedad, desde elementos tan aparentemente superficiales como el peinado, como pudimos comprender en una perspectiva preciosa de diversos peinados correspondientes a otras tantas eras regias, como administrando fortunas y hasta la libertad sexual sin reparos, representada en la figura de la mujer hermafrodita, que allí estaba. Fueron mujeres atrevidas en una sociedad machista, en lenguaje cercano, aprovechando el salto cualitativo desde el Hades al que estaban condenadas por cuna, hasta las capas sociales más humildes, emulando siempre a la mujer del emperador, a quien no se podía tocar pero sí representar.

Por esta razón, nos insistieron en que eran seductoras, maternales y excesivas en determinadas ocasiones. Desde la figura muchas veces representada de la maternidad, probablemente porque no quedaba otra al emperador romano y sus huestes, la participación en cultos religiosos, en el maravilloso papel de las musas, hasta su proyección en Venus, Minerva y Diana, donde la virginidad y virtud, eran representaciones de gran carga reivindicativa frente al poder omnímodo que ostentaba el vir, el hombre: “Todos podemos encontrar alguna vez en la vida la belleza y el amor a través de la comprensión de la historia de las musas y su lugar en un mundo alocado, que ha perdido el norte hace ya muchos años porque no ha entendido el rol de la mujer en el mundo, su lenguaje maravilloso de musa cuando estamos dispuestos a respetarlo y comprenderlo en todas sus expresiones de amor” (1). Les quedaban también los papeles cruciales en la tragedia romana, liderados por mujeres autónomas, rebeldes, sacerdotisas o princesas como Medea o Pasífae (la que brilla para todos).

RETRATO DE MUJER

Retrato de mujer, mediados del siglo II d.C. Pintura sobre tabla. Museo del Louvre (2)

En conclusión, solo sabemos lo que pasó por lo que nos han contado los hombres a lo largo de más de veinticuatro siglos y esto no es de fiar desde la más básica actitud científica. Los vestigios nos alumbran una forma de ser mujer en el Imperio Romano bastante diferente a lo que nos muestran los libros y la tradición oral. Al salir, nos regalaron una imagen para que la guardáramos en nuestra memoria de la persona de secreto: era un retrato de mujer del siglo II antes de Cristo, una pintura en tabla que se habían traído del Museo del Louvre, para recordarnos que eran muy seductoras, sabían embellecer la vida y mostrar una cara muy amable en un mundo diseñado en ese momento por el principal enemigo: el hombre emperador de todos los tiempos. Para que no las olvidáramos nunca.

Finalizamos el viaje hacia el que habíamos partido, no por necesidad, sino por azar, tal y como lo explicaba George Sand, en su invierno en Mallorca: “¿Por qué viajar cuando no se está obligado a hacerlo? […] Es que no se trata tanto de viajar como de partir. ¿Quién de nosotros no tiene algún dolor que olvidar o algún yugo que sacudir?”. Miramos hacia atrás y allí estaban aquellas mujeres romanas diciéndonos adiós hasta la próxima cita en Sevilla, quizás, porque tenían muy claro que tenían que seguir viajando y explicando a los cuatro vientos su papel actual en el mundo, enseñándonos parte de la historia de la que podíamos aprender para no repetirla en lo que menos ennoblece a las personas y al alma humana. En un tiempo muy limitado, nos habían dado a cambio de nuestras dudas una lección extraordinaria de su papel en la historia de la humanidad; al menos, tanto como habíamos dejado, soñando, para tenerlas tan cerca. Como Roma había dado, en un día ya lejano, a Alberti, tanto como él había dejado para quererla.

Cuando salimos a la calle y despertamos a la realidad, Palma y Mallorca estaban todavía allí. Como el dinosaurio de Monterroso.

THE END2

Sevilla, 19/VIII/2016

(1) Cobeña Fernández, José Antonio: Las personas somos sueños también
(2) Imagen recuperada hoy de: http://www.revistadearte.com/2015/11/03/mujeres-de-roma-seductoras-maternales-excesivas-en-caixaforum-madrid/

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