Educación para la ciudadanía, para ESO (VI): obligatoriamente obligados a resolver conflictos a través de la inteligencia

El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros

Siempre me ha preocupado la necesidad, no azar, del conflicto. En todas las realidades posibles, hasta en lo que más quiero, sabemos que hay que compartir la existencia de los desencuentros, porque estamos obligatoriamente obligados a entendernos, porque la vida es un asunto muy vinculado con un largo y duro viaje, eso sí, a alguna parte feliz, lleno de contrapuntos. Cuando finalicé en 2006 la lectura de un pequeño gran libro, ¿Dónde está mi equipo?, escribí sobre las 64 páginas del mismo y allí recogí esta reflexión de la obligación, que la traigo a colación por su hondo significado en esta “hoja de ruta” sobre la educación para la ciudadanía: “Esta última idea no es mía. La aprendí, como siempre, de un poeta andaluz, en este caso de Rafael Ballesteros, malagueño, de un poema suyo precioso: “Ni yo tampoco entiendo”, al que puso música un conjunto vocal “Aguaviva” (Pepe Nieto), que también suena a premonición:

De este mundo los dos sabemos poco.
Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.

Quizá, obligatoriamente obligados a viajarlo (perdón por el neologismo), porque la vida es una invitación a subirnos a trenes (reflexión muy popular), aviones y barcos, que casi siempre tiene fecha de caducidad”.

Y en el viaje actual, acompañado del libro que comento desde el post anterior, me encuentro con la Unidad 2, siguiendo la estructura de esta serie, denominada: “La resolución inteligente de los conflictos”. He pensado inmediatamente en mi hijo Marcos, en su adolescencia, cuando despertaba a los conflictos de su propia existencia por mucho que nosotros, como padres, quisiéramos educarle en el principio de realidad. Y comprendo mejor que nunca la necesidad de esta asignatura donde pueden las adolescentes y los adolescentes actuales, abordar a través de las 18 páginas de esta Unidad, aspectos sustanciales para conocer, comprender y adoptar nuevas formas de tratamiento de los conflictos. Aunque a los padres, a partir de ahora, se nos complique más la convivencia familiar, porque seguro que en todo tipo de encuentros diarios, en más de una comida, saldrán los temas “espinosos” propiciados por la asignatura de marras y que probablemente, en aquella etapa anterior, era mejor evadirlos en busca del momento oportuno (que, a veces, nunca llegaba…).

Y se recurre desde el comienzo de la Unidad a la inteligencia, con una reflexión del espanto de la sinrazón: la guerra real, como consecuencia de los conflictos armados. Pero también aborda los conflictos en general y uno que puede resultar molesto quizá a los detractores de la asignatura, para que se hable en clase de él: los conflictos interiores, como el que puede arrastrar una adolescente, por ejemplo, porque vive en el conflicto permanente que enfrenta a sus padres. Es importante que estos ejemplos se puedan verbalizar y no nos debería asustar este abordaje porque probablemente pueda aprender en clase a ser feliz incluso en este medio hostil, comprendiendo que tiene el mejor recurso para enfrentarse a él: su inteligencia, porque ésta va a permitirle resolver bien su conflicto. Así se recoge en el texto, en su página 31: “La inteligencia es la capacidad de resolver problemas nuevos. Buscar la mejor solución a estos conflictos es tarea de la inteligencia”. También diría que los problemas más antiguos de la humanidad, cuando nuestros antepasados decidieron salir a la búsqueda de nuevas experiencias y se dieron cuenta que habían comenzado a experimentar conflictos de territorios y de posesión. Construyendo felicidad cuando se buscan soluciones justas, atendiendo las razones de todos.

Con esta introducción tan sugerente, se avanza en el conocimiento de los objetivos del Milenio, que no son meras declaraciones de principios, suscritos por España y que como parte de la ciudadanía mundial estamos también “obligatoriamente obligados” a poner nuestro grano de arena para conseguirlos a través de nuestro entorno personal, familiar, escolar y social. Es muy importante el personaje a analizar en este contexto educativo: Muhammad Yunus, que tendrán que incorporar desde ahora a su memoria cerebral (álbum neuronal) mezclado con los líderes de turno, sabiendo que su iniciativa de los microcréditos podría ser también una forma de actuar de la Caja de Ahorros ó banco mas cercano en la localidad donde habitan. Ejemplo práctico de aplicación de la inteligencia al problema que le rodeaba. O el ejemplo del debatido calentamiento global, donde tanto se discrepa y tan poco se conoce en las experiencias vitales más cercanas, con preguntas no inocentes al respecto: ¿podemos hacer algo para contribuir a su solución?.

Y llega el momento de la búsqueda de la felicidad ante tanto desvarío: las soluciones justas. Y se centra esta tarea en tres preguntas trascendentales: ¿cómo me gustaría que me trataran a mí?, ¿qué consecuencias tiene lo que hago? y ¿qué sucedería si no hiciera esto? Y se narran experiencias donde los protagonistas son las alumnas, los alumnos, con sus microcosmos particulares e intransferibles, pero donde se les lleva al protagonismo del conflicto y de la búsqueda de la solución a través de “sus” inteligencias: los conflictos están mucho más cerca de lo que creemos.

Y Machado sobrevuela estas páginas: para dialogar, preguntad primero: después… escuchad. Y se abren las puertas a las grandes soluciones: la Moral, la Ética y el Derecho. Quizá sea una de las páginas más controvertidas del libro, de la asignatura en sí, porque se trata del núcleo del conflicto actual en relación con la existencia e impartición de la asignatura. Las definiciones de moral, ética y derecho han sido siempre fuente de conflicto, pero personalmente me ha ayudado mucho conocer el contexto histórico en el que nacieron y su perspectiva histórica, quedándome con las interpretaciones que mejor traducen las realidades actuales. La circunscripción de la vida a la moral de cada uno, de una determinada sociedad, entendida como aquello que es “perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia” (DRAE) y de esta forma proclamar las libertades de conciencia al grito “¡sálvese el que pueda, es decir, el que piense desde su moral católica y únicamente como yo!”, es parar el reloj del tiempo a favor de una sola forma de interpretar la vida en común-unidad, con las proyecciones problemáticas -propias y asociadas- de las diferentes creencias en dioses, personas, naturaleza y sociedades. Defiendo por eso mucho más la elevación de la concepción de la Ética como el suelo firme del que nacen todos los actos humanos, incluyendo la moral individual. Estamos viviendo unos momentos estelares de contraética en todos los órdenes, de los que no escapan la acción individual, colectiva y de las organizaciones, cualquiera que sea.

La lectura de los profesionales de la teoría ética en España, anteriores a nuestros días, como López Aranguren, Sánchez Vázquez, Ferrater Mora, entre otros, así como en la actualidad, Savater, Camps y Marina, también entre otros, deja entrever que la referencia a los valores éticos, a su teoría y práctica, no se puede ni debe asimilar a la moral en su sentido estricto. Es por eso por lo que apuesto, entre otras razones, por una nueva visión de la ética que permita desinstitucionalizar el enfoque clásico de su razón de existir en cualquier campo de la vida, confundiéndola con la moral, camino por el que se pretende hoy quitar legitimidad a la asignatura desde posturas antagónicas perfectamente identificadas y que arrastran a muchas personas mal informadas y manipuladas groseramente, y abandonar la visión moral decimonónica anteriormente citada. Por otra parte, el profesor López Aranguren, en su magnífico libro Ética, publicado en 1958, ya daba una visión muy progresista de la ética (por paradójico que parezca), en el análisis etimológico del término, al concluir que en su estado primigenio cultural, la ética se podía traducir como la raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida.

Recuerdo una lectura de José Antonio Marina que hice en 1995, en su obra Ética para náufragos, que nos lleva de la mano a cuestionar el aspecto peyorativo, coercitivo y restrictivo de la moral versus la ética: todavía me cuesta trabajo pensar que la ética no es el museo de las prohibiciones sino la máxima expansión de la creatividad humana. Lógico, por otra parte, desde la reflexión del puro deber que preconiza la moral. Y si algo queda claro en este planteamiento, es la necesidad del anti-deber, como inseguridad necesaria de la acción personal ó profesional, en el esquema de la ética de situación, al ser siempre la acción ética un acto creativo: la ética es la más inteligente creación de la inteligencia humana, es dinámica, no estática. Si reconocemos con el autor que existen tres niveles éticos decisivos, es decir, la ética de la supervivencia, la ética de la felicidad y la ética de la dignidad, la conducta de las adolescentes, de los adolescentes también, que estudien este libro, se hará más creativa en sí misma, desde cualquier óptica con que se trate y desde los diferentes roles que se ejecuten atendiendo a su edad.

El mismo Freud, afirmaba en una carta a J.J. Putnam, algo verdaderamente dramático sobre el deber moral clásico como corolario lógico de la moral: Cuando me pregunto por qué me he esforzado siempre en ser honesto, condescendiente e incluso bondadoso con los demás, y por qué no desistí al notar que todo ello sólo me acarreaba perjuicios y contradicciones, pues los otros son brutales e impredecibles, no tengo, a pesar de todo, una respuesta (Marina, 1995).

Es lógico concluir, como lo hace el texto de referencia que estoy comentando en esta serie, que “la Ética y el Derecho son las mejores soluciones para resolver los conflictos humanos”. Cuando se armonizan estas dos estructuras sociales es muy posible la resolución de conflictos. A partir de este marco fundamental de la ética y de los derechos humanos, se recorren las instituciones que ayudan a buscar la justicia, las instituciones políticas, destacando aquellas que están al servicio de los ciudadanos: el sistema de salud, el educativo, la seguridad social, las fuerzas de seguridad y de protección civil, así como las Fuerzas Armadas. También, las Instituciones Internacionales y las organizaciones no gubernamentales.

Como no podía ser menos y obedeciendo a la estructura básica de las Unidades que ya expliqué en el post anterior, se abordan los sentimientos en relación con los conflictos, destacando la furia y la falta de humanidad, cuando hablamos de los malos sentimientos y la empatía, la compasión y la tolerancia al tratar de los buenos sentimientos. Soluciones: la colaboración y la solidaridad, como “las actitudes más valientes y justas para contribuir a la construcción de una sociedad más justa”.

Por último quiero destacar el apartado dedicado a la violencia en la escuela. Se destacan sin dramatismo las realidades constatables del acoso escolar y de la indisciplina, abordando el terreno de las soluciones y destacando el poder del procedimiento de mediación. Y siempre la eterna pregunta que se constituye en hilo conductor del texto: ¿qué puedo hacer yo?, con objeto de que siempre se interioricen los problemas y no creamos que la solución global está fuera de nosotros y de nuestro entorno, es decir, las alumnas y alumnos deben seguir las siguientes pautas: infórmate, reflexiona y actúa.

Nos despedimos con la doble página de la síntesis, de la que se deduce que se nos demanda trabajo personal y en grupo porque las cuestiones a resolver nos exigen “aportaciones individuales” para la solución inteligente de los conflictos. Termino también este post. Tengo claro que estoy obligatoriamente obligado a practicar la convivencia y a resolver conflictos todavía hoy, a entenderme con los que me rodean, en la seguridad de que dispongo del principal activo: la inteligencia creadora que me permite construir el suelo firme, la “solería” sobre la que voy a caminar a lo largo de la vida, construyéndome un hogar físico, psíquico y social”, ético, que me permita ser feliz a pesar de la recurrencia de los conflictos y rodeado ¿por qué no? de mis creencias.

Sevilla, 22/IX/2007

Educación para la ciudadanía, para ESO (V): aprender a ser feliz

Escribo hoy este post como regalo de comienzo de Curso (?) (se les ha escapado a las nacionales y multinacionales del sector, ¡qué le vamos a hacer!…) para todas las adolescentes, para todos los adolescentes, que en un entorno diseñado por el enemigo, como diría mi amigo Juan Cobos Wilkins, comienzan en los días próximos a hojear, ojear, leer y asimilar los contenidos de la asignatura “Educación para la ciudadanía”, con la ilusión personal por compartir una meta real y alcanzable: que les sirva para ser felices. En esta tarea estoy desde que descubrí las posibilidades innatas y adquiridas que nos ofrece la inteligencia creadora de felicidad, de cada una, de cada uno, para lograr este fascinante cometido. Ahora, con la ayuda segura de estos contenidos, de estas variaciones sobre el mismo tema en los diferentes textos a cursar, sabiendo de forma responsable que la felicidad dejó de ser un proyecto inocente desde el momento que supimos, como personas, que teníamos que convivir en proyectos vitales diferentes. Ser ciudadanas ó ciudadanos, ó tener educación para ser ciudadanas ó ciudadanos, esa es la cuestión.

CONSTITUCIÓN 1812-ARTÍCULO 13
Constitución de 1812. Artículo 13 (Facsímil)

He dado muchas vueltas durante los últimos días en mi visita al “barrio de la ciudadanía”, como metáfora de mi aproximación al análisis del segundo texto de Educación para la ciudadanía, dirigido por José Antonio Marina y publicado por la editorial SM. Viendo la portada y contraportada, he paseado de forma imaginaria por la Avenida de la Solidaridad, saliendo por la calle de la Igualdad y contemplando a un grupo de personas desde mi particular atalaya de observador de la realidad cotidiana, para desembocar finalmente en la Avenida de la Justicia. Vengo siguiendo muy de cerca al autor desde que le conocí a través de su primer ensayo sobre la inteligencia, Elogio y refutación del ingenio, con el que obtuvo el premio Anagrama de Ensayo correspondiente a 1992 y tengo que confesar que probablemente no sea todo lo imparcial que necesitaría esta serie dedicada a “su” texto, porque le admiro y respeto en toda su obra, que he seguido como un fan –controlado- de su inteligencia creadora.

A diferencia del texto de Santillana, el planteamiento metodológico es más complejo, siguiendo la siguiente estructura metodológica y cromática en cada una de sus Unidades didácticas: Presentación, Desarrollo de contenidos, Educación emocional, Razonamiento práctico, A fondo, y Síntesis y Actividades finales. Asimismo, introduce la novedad de conectar mediante Internet para entrar en la extensión virtual del libro. Igualmente, el índice se desarrolla con una estructura diferente al texto anterior, distribuida en nueve Unidades didácticas: ¿qué es la ciudadanía?, la resolución inteligente de conflictos, la lucha por la felicidad, la dignidad y los derechos humanos, ¿cómo debe ser el ciudadano?, ¿quién soy yo?, la convivencia con los cercanos, la convivencia con los demás ciudadanos y la democracia.

Inmediatamente después, la gran sorpresa: un relato para comenzar, La isla, donde a lo largo de cuatro páginas se plantea una situación límite derivada de un avión caído al mar con alumnos de un Instituto, en un lugar remoto del Índico, que hay que resolver mediante principios de convivencia. Probablemente una lectura de eterno retorno durante esta experiencia didáctica porque hay que sobrevivir en un mundo a veces diseñado por el enemigo: “La historia cuenta los problemas que tuvieron que resolver para sobrevivir, muy parecidos a los que la humanidad ha tenido que solucionar a lo largo de la Historia”. Nada más y nada menos, porque la solución la encontraremos, “próximamente en este salón virtual”, tal y como aparecía en los títulos de crédito al finalizar los “tráiler” en mis cines paraíso de la infancia y adolescencia. Antes de pasar al ambigú donde podía encontrar la selecta bollería… de la vida.

Y comienza la primera Unidad, con la pregunta del millón de euros: ¿Qué es la ciudadanía?”, el oscuro objeto del deseo –para algunas, para algunos- de esta asignatura. Y el autor, desde el principio, hace un striptease ético, manifestando y declarando sin ambages el suelo firme sobre el que están construidas las nueve Unidades: la ciudadanía es la relación entre cada persona y la sociedad en la que vive. De esta forma, esta relación debe garantizarnos las condiciones necesarias para vivir felizmente. Y entra de lleno en el análisis de la pregunta crucial sobre la que girarán ya todos los contenidos de la asignatura: vivir en sociedad, de la convivencia a la política y ¿qué es la política?, utilizando encarte muy en la línea de las experiencias vitales de las adolescentes y de los adolescentes contemporáneos: mensajes SMS del tipo “pásalo”: necesitamos convivir para sobrevivir, recordatorios y actividades. Sigue abordando asuntos cruciales y de una rabiosa actualidad: ciudadanos de un Estado ciudadanos del mundo, haciendo un excursus sobre el origen etimológico de la mayor parte de las palabras que comprometen la ciudadanía: política, ciudad, foro, senado, pueblo, etc. y donde se demuestra que la originalidad en estas experiencias las debemos a nuestros antepasados. Siguen las actividades.

Y algo tan querido para José Antonio Marina, como es la demostración de que la gran tarea de la inteligencia es desarrollar actos felices en la vida diaria y ordinaria, se deja entrever en otro capítulo de esta Unidad primera, al introducirse en los vericuetos de la sociedad justa y feliz: conocimiento de las utopías para mejorar el mundo, cómo se puede alcanzar la felicidad personal y política, poniendo ejemplos tan extraordinarios como la frase resumen de la Constitución de 1812, que decía: “El objeto del gobierno es la felicidad de la Nación”. Ser felices debe ser un proyecto común: construir una “Casa” común, asumir la compasión y la solidaridad como actitudes proactivas para sentirnos protagonistas de un gran proyecto humano que trascienda la catetez extrema de no ver más allá de nuestras “narices” personales, familiares y sociales. Ser muchas veces voces de los que no tienen voz.

No podían olvidarse los grandes protagonistas a nivel personal de este tipo de experiencias docentes en relación con la convivencia: los sentimientos y las emociones, como la eclosión auténtica de una correcta vida afectiva. Feliz, en la clave de esta Unidad didáctica. Aborda la educación emocional, una gran olvidada en el currículum escolar de nuestro país, los diferentes tipos de sentimientos, destacando la venganza como impulso donde la fuerza acaba venciendo a la razón. Y despide la Unidad con razonamientos prácticos: hay que pensar juntos en muchas ocasiones, construyendo la teoría y práctica de algo que va a ser consustancial con la vida misma: el debate. Y el ejemplo básico, como punto de partida, se fija en el problema del botellón, con la declaración explícita de las reglas de juego, con apoyo de recortes de periódico, datos sociológicos y sanitarios y con la proyección del problema a título individual: mucho hablar, mucho hablar, pero ¿qué puedo hacer yo?.

La Unidad se cierra, finalmente, con una síntesis dibujada en un esquema muy limpio de los contenidos tratados, con unas actividades resumen y, nunca mejor dicho, con un redireccionamiento a la página web que va a servir de base de datos del conocimiento para la convivencia, donde se puede profundizar todo lo tratado en la Unidad.

Me ha gustado mucho el planteamiento de la Unidad. Conociendo muy bien a José Antonio Marina, sé que ha dejado por unos meses su profesión “confesada y confesable” de detective al servicio de la inteligencia de los demás, para acotar la posibilidad de que en la etapa de la adolescencia, clarísima población objeto de esta asignatura, las jóvenes y los jóvenes que la cursen con su texto, puedan quitar a sus padres ó los que se responsabilizan de su educación personal e intransferible, la preocupación que puedan tener sobre “loqueestaránaprendiendoenestaasignaturaquehatenidotantosproblemasparaarrancarenesteCurso” [sic], diciéndoles, diciéndonos a todas y todos a los cuatro vientos, cuatro palabras muy sencillas: aprendo a ser feliz.

Sevilla, 15/IX/2007

Educación para la ciudadanía, para ESO (IV)

Entre los tesoros que guardo en mi Nooteca particular, están dos palabras que las aprendí en latín: esto fidelis, sé fiel, y las he vuelto a recordar ahora, porque me debo a la tarea comprometida de analizar algunos contenidos contemplados en textos de Educación para la ciudadanía, que he comprado expresamente para no hablar de memoria sobre un asunto que me preocupa desde el rol de ciudadano. Suelo ir con frecuencia, de la mano de Miguel Hernández, de “mi corazón a mis asuntos”.

EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS
Fotograma de El Club de los poetas muertos

He seguido leyendo atentamente las ocho Unidades que me quedaban por analizar del texto publicado por Santillana. En los dos post anteriores, me he detenido expresamente en sus contenidos por varias razones: su importancia didáctica, sus claves de conocimiento y acción y, sobre todo, por intentar leerlos con atención suficiente para vislumbrar “desviaciones” que hicieran sospechar que estábamos ante un nuevo Catecismo “ideológico” ó Cartilla de Urbanidad para salvar “el Régimen” de hoy (recuerdo los que yo sí estudié, sin ir más lejos), según una parte de la Iglesia oficial y de algún partido político, en particular y de determinadas asociaciones llamadas “a-confesionales” y “a-políticas” . Nada de nada. A partir de la Unidad tercera, sobre las relaciones humanas, pasando por el pluralismo social, la igualdad entre hombres y mujeres, la política y el bien común, el consumo y el desarrollo sostenible, la convivencia ciudadana, la ayuda al desarrollo y la construcción de la paz, transmiten todas ellas, bajo la misma metodología que expliqué en el post dedicado a la Unidad primera, un contenido perfectamente asumible por cerebros lógicos y razonables, libres sobre todo de los prejuicios que continuamente se analizan como modos incorrectos de abordar la convivencia, palabra que aparece siempre como hilo conductor del texto.

Entrando en los contenidos que hoy se podrían denominar –con permiso de la escolástica- “cuestiones en discusión”, las posiciones de las autoras del texto son de una prudencia benedictina. La posición abierta y sensata sobre la familia, la sociedad intercultural, el análisis de los prejuicios contra lo diferente, las tribus urbanas, el derecho a ser iguales pero diferentes, el papel de la mujer a lo largo de la historia (con una declaración exacta de que en España existen desigualdades como por ejemplo la diferencia salarial), los estereotipos femeninos (sobre los que he escrito algunas reflexiones en este cuaderno de inteligencia digital), la violencia contra la mujer, la participación en la vida política y pública, la importancia de los impuestos, los problemas derivados del desarrollo, el consumo responsable, los atentados contra la convivencia, el comportamiento irresponsable en la circulación vial, la relación alcohol y tráfico, la distribución real de la riqueza junto a la identificación real de los auténticos pobres y, por último, como colofón de esta escuela de principios de convivencia para ser ciudadanas y ciudadanos responsables, el análisis de la realidad de un mundo sin paz, de la violencia armada, del derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, son un conjunto de contenidos impecables para unos docentes que se comprometan profesionalmente con la asignatura y que permiten respetar la ética de origen (“el suelo firme de cada una, de cada uno” según Aranguren), de cada adolescente en su rol de alumna ó alumno de la asignatura.

Termina la última Unidad en la página 147, dedicada a la construcción de la paz, con un texto extraordinario de Manu Leguineche (Los ángeles perdidos), al que también cedo la palabra como colofón de este post, como homenaje explícito a un demócrata al que conocí en Madrid, en 1983, en un encuentro personal a dos, verdaderamente apasionante y que se emocionará seguro al saberse leído por adolescentes de toda España, como ejemplo y elemento integrador para la ciudadanía responsable que tanto ha defendido:

Las dictaduras, de cualquier signo que sean, soportan mal a los jóvenes porque su sed de justicia les lleva a pedir algún cambio, a exigir la verdad, a pedir lo imposible. Nadie podía detener una idea cuya hora había llegado. Lo malo es que en ocasiones los adultos empujan a los niños hacia malas causas. Hitler pedía «una juventud violenta, dominadora, valiente y cruel, con el brillo en los ojos de la bestia feroz». Para Gandhi, «la paz empieza por los niños». Lo que empieza, más que nunca estos últimos años, es la guerra. En una guerra la primera víctima es la inocencia. Y es verdad. El niño es una mercancía valiosa, seductora, evocadora; enternece, sacude conciencias, produce dividendos. La radio de Irán de Jomeini repetía el lema: «Que ninguna escuela se quede sin la felicidad de hacer la guerra». Hasta que los ayatolás comprendieron que el precio que habían pagado era demasiado alto. En 1959 la Declaración de Derechos del Niño de las Naciones Unidas establecía que la «humanidad debe dar al niño lo mejor de sí misma».
No hace falta que el niño vaya a la guerra o sea sumergido en ella y en sus desastres: basta con echar un vistazo a las estadísticas de malos tratos en los hogares de Occidente. «Para desarrollar su personalidad, el niño debe estar rodeado de afecto»
.

Y la última palabra se ofrece a las alumnas y alumnos, para que reflexionen, a la luz de este texto, “¿de qué manera contribuyen las acciones de la gente ordinaria a construir una sociedad más justa y en paz?”. Me encantaría, al finalizar esta asignatura, conocer sus respuestas, porque estoy convencido que en sus vidas, también ordinarias, habrán comprendido mejor como ciudadanas y ciudadanos de pro que el afecto siempre va unido a estar bien consigo mismo y con los demás. Además, comentarán que “eso lo decía Leguineche, el de la última página… ¿te acuerdas?”. Misión cumplida. Carpe diem.

Sevilla, 8/IX/2007

Educación para la ciudadanía, para ESO (III)

Tengo muy presente en mi vida ordinaria una reflexión de Martin Buber que aprendí a los 17 años: las relaciones humanas “son el filo cortante de la existencia”. La he recordado inmediatamente cuando comenzaba la lectura de la segunda Unidad del texto de Santillana que comencé a analizar en esta serie dedicada a la educación para la ciudadanía, un texto universal y constante que deberíamos cursar –valga la expresión- incluso en la fase adulta de la vida. Esta unidad didáctica lleva un título muy sugerente: “La convivencia en el centro escolar”, donde se abordan básicamente las relaciones interpersonales, la organización escolar, la participación en el Centro (con un apartado dedicado al momento trascendental de la “decisión”) y dos situaciones de una actualidad meridiana: el acoso escolar y la disrupción en el aula, es decir, el conjunto de conductas inapropiadas de los alumnos que “obstaculizan la marcha normal de la clase por su falta de cooperación, pasividad, agresividad o continuas faltas al Plan de Convivencia”, al que se le dedica un apartado específico para resaltar la finalidad de la educación: aprender a convivir con los demás.

Sigue el “Debate”, presente siempre en todas las Unidades contempladas en el texto, en el que se plantea el conflicto que siempre se puede dar en una situación ordinaria ó controvertida, en la dialéctica obligada de intereses y opiniones, con cinco roles diferentes para motivar de forma proactiva la participación desde cinco puntos de vista diferentes. A continuación se aborda el núcleo que ha desatado la controversia radical de algunos sectores de la Iglesia, porque sería injusto generalizar, y que ya analicé en el post que llevaba por título Educación para la educación en ciudadanía y derechos humanos. Me refiero al derecho constitucional a la educación, recogido en su Artículo 27 y que se utiliza como arma arrojadiza en el debate actual, en reinterpretaciones que cuando menos no dejan de ser partidistas y con muy poco espíritu democrático en su sentido más primigenio. El planteamiento de quien representa la autoría individual y colectiva del texto no deja lugar a dudas en su página 32: comienza el contenido didáctico, sobre el derecho a la educación, con una referencia universal de la relación educación e igualdad, continúa con una concreción en Europa y finaliza donde debe hacerlo toda referencia democrática: el marco constitucional del derecho a la educación y el marco legal que regula las enseñanzas del sistema educativo español. Nada más. Nada menos, con el corolario del Artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el ya citado Artículo 27 de la Constitución española. En el apartado de “Solidarios” se pone un ejemplo de una ONG, Entreculturas, que puede ser un buen ejemplo y donde personalmente creo que se podía haber abierto más el espectro hacia otras ONG de gran penetración social en España.

Finaliza la Unidad con el apartado de las “Lecturas”, siempre con el protagonismo de la alumna ó alumno que participa en esta nueva experiencia educativa tan cercana a sus vidas, reflejado en el epígrafe constante de la misma: construir mi visión personal. ¡Qué papel tan trascendental del profesor ó profesora en la ordenación de las lecturas! Se podrían utilizar otras, da igual, pero las que han escogido son un buen ejemplo de respeto a la tarea más noble en la Unidad: la construcción de la forma de ver las cosas desde el prisma de la tolerancia y diversidad de opiniones e intereses. Ya traen el mejor ejemplo para compartir: el de sus vidas mismas, obligatoriamente obligados a convivir en las aulas, sus territorios amables ó comanches durante esta etapa trascendental de la adolescencia, su particular filo cortante de la existencia. Para unas y unos, teniendo a sus creencias personales y colectivas como testigo. Para otras y otros, Dios. Para todas y todos, aprendiendo a convivir en libertad porque se ha decidido democráticamente en España formalizar en un libro iniciático el aprendizaje mejor para ser ciudadanas y ciudadanos responsables en la difícil vida de todos los días.

Sevilla, 6/IX/2007

Educación para la ciudadanía, para ESO (II)

El análisis comparado de esta materia lo ha puesto muy fácil hoy el diario El País en el reportaje que bajo el título Educación para la Ciudadanía a la carta, publica a doble página en su sección de Sociedad: “Un total de 218.000 adolescentes de 14 y 15 años estrenan este mes la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. Lo harán en siete comunidades autónomas: Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Cataluña, Extremadura y Navarra, ya que la Ley Orgánica de Educación (LOE) permite una entrada gradual —entre este curso y el próximo— a los contenidos de la asignatura más polémica de la historia educativa reciente” (1). Y aborda un análisis somero de los planteamientos generales y más controvertidos en el desarrollo de la disposición que regula sus contenidos básicos.

paloma-de-la-paz-picasso1
La paloma de la paz. Pablo Picasso, 1949

Personalmente, con esta serie comentada solo pretendo marcar unas pautas de conducta crítica e inteligencia conectiva ante un hecho social sorprendente. Es una sencilla colaboración social y digital que nace de la responsabilidad como ciudadano que está muy pre-ocupado (con guión) con la falta de educación (para la ciudadanía) existente en nuestro país y que es un clamor popular, aunque no se quiera reconocer de forma abierta por temor a ser “descubiertos” existencialmente. Y ante oportunidades como la que nos brinda la posibilidad de que se pueda impartir esta asignatura, con contenidos básicos aprobados democráticamente en el estado de derecho que compartimos, no quiero dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre la necesidad de conocer primero de qué estamos hablando. Por eso me dirigí a un Centro comercial, compré tres libros de texto de diferentes editoriales y autores, y sabiendo que ninguno es inocente (no puede ni debe serlo cuando hablamos de la vida en común-unidad), me he impuesto la tarea ética de leerlos primero y entrar de lleno en ellos. Para hablar con propiedad, no de memoria; para apoyar su implantación, a todas luces necesaria y urgente.

He comenzado con el texto de Santillana, atraído por una persona del equipo de edición, Carmen Pellicer, que me ha parecido siempre una persona sensata y muy libre de prejuicios, confesionalmente declarada como teóloga católica y de la que espero conocer con detalle, mediante esta lectura, los contenidos que aborda en “su” libro, puesto a disposición de adolescentes de 14 y 15 años, en determinados Centros que lo han elegido como libro de texto.

Mi primera impresión general es que está elaborado en un marco de respeto integral a la realidad de nuestro país, sin maquillaje alguno estadístico y trasnochado. Como metodología me parece muy bien estructurado, arranca con tres preguntas trascendentales que ya expuse en el post introductorio de esta serie, para pasar inmediatamente al índice estructurado siempre de la misma forma a través de diez Unidades o proyectos, con catorce páginas por Unidad, con una distribución de contenidos por Unidad que se repite a lo largo de todas las páginas del texto: Doble página de presentación, Texto explicativo, Para tu reflexión, Debate, Solidarios, Construir mi visión personal y una Lectura de orientación. Siempre la misma estructura, donde vemos que destaca sobremanera el sometimiento de cada epígrafe a la reflexión personal y colectiva, la necesidad de debatir todos los asuntos que se exponen, incorporar la solidaridad como una seña de identidad de la ciudadanía, necesidad de construir permanentemente una visión personal de lo que sucede en mi alrededor ciudadano y finalizar con un hábito a incorporar a la vida cotidiana: aprender a leer adecuadamente, interpretando lo que se quiere decir desde diversas ópticas y prismas de captación de la realidad en la que nos toca vivir. Excelente, como punto de partida, porque la vida nos va a pedir probablemente un patrón similar en la convivencia y existencia diaria.

Esta es la formalidad de un comienzo. Pero, ¿y los contenidos que se recogen en estos epígrafes? Vamos a ello. Comienzo mi lectura por la Unidad primera: Aprendemos a ser ciudadanos y, probablemente, a hacer un alto en el camino para verificar cómo estoy aprendiendo a ser ciudadana ó ciudadano desde que “tengo uso de razón”, porque a los catorce ó quince años nuestras hijas e hijos ya tienen un recorrido hecho. Y la primera Unidad arranca con una declaración de principios que va a ser el hilo conductor del libro: Educación para la ciudadanía es una asignatura diferente a las demás. Con ella aprenderemos que lo más importante es ser capaces de convivir y compartir nuestros esfuerzos para que el mundo sea mejor.

Y comienza con un plan de trabajo: qué vas a hacer y qué vas a aprender. Después continúa con un pequeño barómetro de la ciudadanía con un cuestionario que hay que cumplimentar y a partir de ahí la implicación ya es directa por parte de las alumnos y alumnos, que es la condición en la que se imparte esta asignatura, detalle muy importante y que personalmente no me gusta pasar por alto. Desde el momento en que están en un Centro público, concertado ó privado, siempre asisten a estas clases como alumnas ó alumnos, nada más. Es decir, están allí para recibir clases de acuerdo con unos contenidos que están aprobados reglamentariamente y que, como siempre, va a depender mucho, de forma casi total, de la persona que imparta la asignatura. Una lectura descorazonada, mimética, fría de la frase anterior, declarada como hilo conductor del libro, permitida cuando no azuzada por los profesores de turno, puede que haga más daño que beneficio si no hay una implicación de la profesora ó profesor para ser respetuosos, como primera clase práctica personal e intransferible, con lo que los autores quieren decir allí, al margen de interpretaciones más o menos contaminadas donde no hay que buscarle tres pies al gato. Aquí si veo un problema real y evidente, porque nosotros lo hemos vivido en algunas materias, en la etapa escolar de nuestro hijo. Situación que se hará muy crítica en este tipo de contenidos a impartir. Se impone por tanto hablar de quiénes van a estar al frente de la docencia en esta asignatura, como corresponsables temporales (durante el tiempo de la docencia de unos contenidos maestros) de un aprendizaje existencial, cuestión que apenas se debate.

En el apartado siguiente, se brinda la oportunidad de la reflexión personal o colectiva, en clase, si así se estima oportuno, pero siempre en terreno de preguntas de sumo interés, suscitando la necesidad de búsqueda de información a través de todos los canales que los adolescentes conocen bien y que puedan estructuras opiniones a través de hechos fundamentados y argumentos sólidos. Me ha llamado poderosamente la atención el recuadro dedicado a las competencias cívicas, “expresando nuestras opiniones, juicios y puntos de vista de forma razonada y controlando nuestras emociones”. Continúa este apartado planteando temas controvertidos recogidos en recortes de prensa, para que se analicen personalmente y en grupo. Inmediatamente aborda la problemática que se deriva en la forma de resolver conflictos. Sigue con la necesidad de conocer bien qué es un debate y como se estructura. Inmediatamente, aborda una constante en el programa global de la asignatura: la solidaridad, comenzando obviamente con el reconocimiento didáctico de los derechos humanos y dando entrada a un fenómeno de importancia singular en nuestros días: las ONG.

Se cierra esta Unidad con una lectura de un texto extraordinario de Martin Luther King, que se tiene que trabajar hasta la saciedad para recapitular todo lo aprendido en la Unidad a título personal y en grupo: “Sueño que un día mis cuatro hijos vivirán un día en un país en cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.

Conclusión: me hubiera gustado que Marcos, nuestro hijo, hubiera podido trabajar en el Instituto, con este esquema de contenidos. Sobre todo porque hubiéramos podido compartir sin problema alguno con la calidad humana y docente de su querido profesor Pepe, la definición que se recoge sobre la asignatura en esta Unidad, porque él se lo ha enseñado, a título personal y no apoyado por una legislación que le hubiera podido hacer brillar todavía más su honda preocupación para que Marcos y sus compañeras y compañeros pudieran desarrollarse como “personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad”. Asimismo, porque la asignatura “busca la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable”.

Sevilla, 2/IX/2007

(1) Prades, J. (2007, 2 de septiembre). Educación para la Ciudadanía a la carta. El País, p. 36s.

Educación para la ciudadanía, para ESO (I)

epc2.jpg

Lo prometido siempre es deuda. Lo aprendí cuando crecía para ser ciudadano en un país muy difícil, diseñado entonces por el enemigo y donde ser ciudadano y construir la ciudadanía personal y colectiva era una utopía conceptual de base. En el mes de junio me posicioné claramente a favor de los contenidos de la asignatura a impartir este Curso en siete Comunidades, de forma experimental, bajo el denominador genérico de Educación para la ciudadanía, de acuerdo con las disposiciones vigentes en el Estado, sin adulteración alguna. Y la única forma de verificar aquella declaración sin tapujos se tenía que validar contrastando algunos textos que se van a utilizar en la Educación Secundaria Obligatoria. Dicho y hecho. Desde la semana pasada ya estoy analizando dos textos que he adquirido rememorando los años en que acudíamos al rito de la compra de los libros de texto para nuestro hijo Marcos. Con el mismo encanto he verificado dos publicaciones que me parecen muy solventes atendiendo la autoría y las editoras de los mismos, Santillana y SM, respectivamente. También voy a analizar el texto que ha publicado la editorial Algaida, por su raíz andaluza.

epc.jpg

He comenzado esta interesante singladura. Recuerdo con frecuencia la máxima “Navigare necesse est”, navegar es necesario, y en esas estoy. Para los tiempos que corren, la segunda parte de la frase de Pompeyo, arengando a sus marineros ante una tempestad, casi nunca se cita pero es impresionante: “vivere non necesse”, que me gustaría traducir como solo vivir no es lo necesario.

He comenzado con el libro de Santillana, donde la participación de Carmen Pellicer me ofrece todas las garantías de conocimiento y éticas. Cuando compro un libro suelo ser muy respetuoso con el autor ó autora del mismo, procuro conocerlos y garantizar de esta forma la solvencia del mismo. Durante estos últimos meses he seguido muy de cerca el debate en torno a la implantación de esta asignatura porque estoy muy preocupado con la mala educación para formar parte de la ciudadanía, que rodea nuestro acontecer diario, tal y como lo describía en el post que citaba anteriormente. Igualmente, he ojeado el libro de SM cuyo autor es José Antonio Marina, al que profeso respeto y admiración desde hace muchos años.

epc31.jpg

Desde hoy, me comprometo a ir publicando una serie de post, numerada, sobre la lectura de estos libros, colaborando de esta forma en tomas de posición, creo que razonables, creando clima de opinión sobre un debate que muestra en sí mismo lo que todavía nos queda por recorrer en este país y en esta Comunidad para “normalizar” las formas diferentes de vivir como ciudadanas y ciudadanos informados, responsables, con capacidad suficiente para discriminar la existencia de otras personas, que hace necesario y urgente tener claro cómo convivimos en libertad a pesar de que no pensemos ú opinemos todos de la misma forma, pero siendo imprescindible declarar unas reglas del juego para que el respeto global sea siempre el denominador común de toda convivencia.

Las tres preguntas con las que se inicia la lectura del libro de Santillana, me han parecido muy sugerentes y en su lectura atenta y repetida te dejo hoy: ¿Cómo te gustaría que fuera el mundo en el que vivimos?, ¿cómo podemos contribuir nosotros? y ¿qué hacemos cuando vemos las cosas de forma diferente? Como me encanta trabajar en el terreno de preguntas más que en el de respuestas, porque muchas situaciones de la vida no las tienen, voy a ver cómo se despejan en las páginas siguientes. ¿Me acompañas?…

Sevilla, 30/VIII/2007

El cerebro de Antonio Puerta

antonio-puerta2.jpg

Un cerebro de veintidós años y nueve meses de gestación. Supongo que con una inteligencia adiestrada para resolver problemas en el campo de fútbol, en la selva de la vida, con la estructura cerebral que dignifica mejor a una persona. Y un día, el sábado 25 de agosto a los treinta minutos, aproximadamente, de un partido iniciático para su querida Liga, para su contrato recién renovado, su cerebro deja de funcionar momentáneamente porque su corazón ya partido no bombea bien la sangre necesaria, para aportarle oxígeno al cerebro. Y se arrodilla en el césped, junto a un palo de su portería, escuchando palabras duras porque no había defendido bien el ataque del jugador Pablo Hernández, del Getafe (“incluso llegó a recibir algún reproche desde la grada por su aparente dejadez, una vez finalizada la jugada, sin éxito para los de Michael Laudrup”, decía una crónica deportiva) y pierde el conocimiento de la vida, su querida vida. Se recupera, vuelve al vestuario caminando con un rostro desencajado y allí, al inclinarse para desabrocharse las botas vuelve a fallarle el corazón, el cerebro. Y es evacuado al hospital, donde las atenciones médicas no han podido hacer nada para recuperar los daños sufridos en el cerebro. Causa: una encefalopatía postanóxica. Su cerebro ha sufrido mucho porque no le llegaba oxígeno.

La muerte de Antonio Puerta supone un duro golpe emocional, en los afectos y sentimientos de cuantas personas han estado cerca de él, cualquiera que fuera su posición, es decir, en el cerebro de cada persona hemos acumulado, elaborado y guardado todas las imágenes y emociones que nos han recordado a Puerta. Cuando un ídolo desaparece de esta forma tan brusca se entierran también con él muchas ilusiones, muchos afectos, muchas expectativas, porque las personas con estas características sirven para que miles y miles de personas, sobre todo jóvenes, proyecten en él lo que verdaderamente les gustaría ser o tener: fama, juventud, dinero, prestigio social, futuro garantizado (contrato multimillonario), magnífico coche, casas acordes con su posición social, parejas con suficiente glamour como para corresponder a la figura idolatrada y, para cerrar el círculo mágico, esperaba ya un hijo, para proyectar en él tanta riqueza terrena. Y así crecer juntos porque solo tenía 22 años y mucho futuro por delante. Además, él había sido el autor del gol que había permitido al Sevilla iniciar su etapa triunfal del último año y medio. También, la de miles y miles de personas tras él. Un ejemplo a seguir para decenas de miles de personas y aficionados más directos del club sevillista. Un amigo, porque Sevilla “está contigo”: «Tu gol nos cambió la vida, juntos luchamos por la tuya».

Y en una noche de agosto todo se viene abajo. Es muy difícil comprender esta muerte prematura en “la flor de su vida” que se diría en Sevilla. Humanamente hablando, esto no tiene pies ni cabeza. ¡Cómo puede ser! Y muchas preguntas se hacen a Dios directamente, al dios de cada una y cada uno. Y no tenemos muchas respuestas. Desde nuestros cerebros pensantes, solo se me ocurre recordar lo que tantas veces me ha servido para entender el hecho de la muerte, de cualquier muerte, para ser solidarios con los sufrimientos permanentes de los que todos los días, en cada segundo se tienen que enfrentar a ella. No solo por esta muerte extraordinaria. Recuerdo una experiencia muy interesante que aprendí en la Biblia, a través de una persona que le gustaba vivir en comunidad, de nombre algo difícil Qohélet, en hebreo, que se puede traducir como el Público personificado que quiere tomar la palabra y decir lo que siente. El había aprendido que en la vida hay tiempo para todo: para nacer y para morir, como el ejemplo de Puerta. Para abrazarse y para separarse. También para amar y odiar. Pero cuando llegan los momentos difíciles, como puede ser el de la muerte, le surgen tres preguntas:

– ¿Qué gana el que trabaja con fatiga, si se demuestra antes ó después que todo es vanidad de vanidades, solo vanidad, algo así como intentar atrapar el viento?
– ¿Qué diferencia hay entre el hombre y el animal si ambos vuelven siempre al polvo?
– ¿Quien guiará al hombre a contemplar lo que hay después de él?

Y cuando estas preguntas te dejan solo en la vida, el mismo autor nos ofrece una salida muy airosa, sin más respuestas, para las personas que en algún momento viven la miseria social: más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo. Pues, si cayeren, el uno levantará a su compañero (…). Y acaba con una experiencia preciosa hecha historia en su vida ara transmitirla de padres a hijos: la cuerda de tres hilos no es fácil de romper.

Y con estas reflexiones volví a ver la foto de Puerta que ha dado la vuelta al mundo, las pancartas de cartón con el afecto de los sevillistas y muchas personas solas preguntándose anoche en la puerta 2 del estadio que estas cosas no las puede permitir Dios por mucho que se intente explicar en las leyendas de siempre. Hay que aceptarlo: no volveremos a saber más del cerebro de Puerta, el que le permitía siempre resolver cada problema importante de su corta vida, el que no resolvió el incidente cardiaco más importante en su carrera deportiva. Quizá porque hay que comprender lo que decía el que representaba al Público personificado, hoy al sevillismo personificado: todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el cielo. Y el cerebro de Puerta nos lo ha demostrado con el desgarro humano con el que siempre se vive la ausencia de quien admiramos y queremos.

Sevilla, 29/VIII/2007

Crónicas de Viena (VII): Reconocimiento a Freud

FREUD

Era una deuda histórica personal con Sigmund Freud, cuya teoría científica había estudiado a lo largo de mis años de carrera y durante la estancia en Roma y Cuneo. Tengo que reconocer que nunca estuve cerca de su escuela, el psicoanálisis, pero por diversas razones de estudio e investigación, así como de responsabilidad pública en salud mental, tuve que recurrir al estudio de su teoría científica en bastantes ocasiones para comprender muchas decisiones profesionales e institucionales que llevaban siempre la marca de Freud.

La última mañana de estancia en Viena nos dirigimos a su residencia profesional y familiar, en la Bergasse, 19, donde desarrolló su práctica médica desde 1891 y hasta 1938, y donde se forjó la base de todos los trabajos en torno a La interpretación de los sueños y los estudios de caso. El Museo es una mezcla de recuerdos entrañables de una experiencia física de habitabilidad en una ciudad que no tuvo reparos en colocar la cruz gamada en el dintel de su casa y que propició su exilio a Londres, hasta una colección de fotografías y algunos objetos y bienes muebles personales que puedan alumbrar determinadas características de la casa-consulta. Me impresionó mucho el fondo científico que posee en la actualidad, así como las actividades que desarrolla la Fundación para seguir explorando las diversas manifestaciones del psicoanálisis en el mundo actual.

casa-de-freud-detalle-ventana-escalera.jpg
Museo de Freud: detalle de ventana en escalera de acceso/José A. Cobeña

He vuelto a repasar mis anotaciones científicas durante los años 1976 a 1978, en los que tuve que trabajar a fondo la teoría psicoanalítica, años en los que me volqué, sobre todo, en el análisis de la teorías conductista (Skinner) y antropoanalítica (Binswanger y Gebsattel), respectivamente. Tengo un especial cariño al trabajo (no publicado) que desarrollé precisamente bajo este título, Behaviorismo y Antropoanálisis, que tanto me aportó en el descubrimiento de una nueva forma de-ser-en-el-mundo [sic]. Y Freud siempre detrás de esta investigación porque descubrí la amistad entrañable que tenía con el Profesor Ludwig Binswanger, tal y como me lo manifestó su hijo en una carta entrañable que me envió en ese fecundo periodo de estudio y reflexión científica, cuya teoría estudié por activa y por pasiva. Aquel libro de Binswanger adquirido en la librería Rizzoli, en Roma, Ricordi de Sigmund Freud, me abrió de par en par las puertas al conocimiento de la inteligencia “atómica” freudiana, en aquellos tiempos. Su larga amistad, nacida en 1907 y que duraría hasta julio de 1938 con su última carta enviada a Londres, demostraba la importancia de la estrecha relación entre ambos personajes, aún cuando los puntos de partida eran claramente divergentes.

Con motivo de esta visita debida, recordé unas palabras de Ortega y Gasset, como persona preocupada por la aparición del psicoanálisis en España, por el «entendimiento constructivo» de Freud, en un país invertebrado, que ha buscado siempre entenderse a sí mismo. En un texto suyo muy conocido, decía con sentido futurible: «Freud es según un número considerable de gentes, de médicos jóvenes sobre todo…, un profeta, un descubridor de ciertos secretos humanos, cuya patentización ha de ejercer una profunda influencia reformadora no sólo en la terapéutica de los neuróticos, sino en la psicología en general, en la pedagogía, en la moral pública, en la metodología histórica, en la crítica artística, en la estética, en los procedimientos judiciales, etc. …». Esa influencia reformadora, el carácter novedoso en la interpretación psicoanalítica de la enfermedad social, es el acicate para profundizar siempre su razón de ser. Sigue estando muy claro hoy día que la «crítica científica» y la «sobrealimentación ideológica», según expresión de Ortega al presentar el psicoanálisis, son curiosamente necesarias en cualquier situación de crisis mental.

Recordé el hombre de secreto personal (según Unamuno) de aquellos años y mi lejana amistad con Freud. Y salimos de nuevo por la Herrengasse hacia la Viena imperial, un símbolo posible del Super-Yo. También, un contrapunto importante para entender mejor la interpretación de sus sueños en Bergasse, 19.

Sevilla, 28/VIII/2007

Crónicas de Viena (VI): Descubriendo a Egon Schiele

schiele-autorretrato.jpg
Egon Schiele: Autorretrato, 1910. Leopold Museum (Viena).

Finalizando la estancia en Viena, tuve especial interés en conocer un Museo sobre el que había leído detalles muy interesantes. Se trataba del Leopold Museum, en el Museumquartier, una zona sorprendente de la capital austriaca donde todo lo que se respira allí es libertad enmarcada en arte contemporáneo. No quedaba mucho tiempo para realizar la visita y directamente nos dirigimos a la planta de Schiele y Klimt, porque eran los dos referentes austriacos de la Secession que merecía contemplarlos en sus magníficas obras originales.

Sobre Klimt ya conocía ampliamente su trayectoria que he resumido en este cuaderno en el post dedicado a su maravilloso friso de Beethoven. Pero sobre Schiele mi desconocimiento sobre su vida y obra hacía muy atractiva la visita porque ya había detectado una pasión austriaca por este joven pintor de muerte prematura, a los veintiocho años. Y no nos defraudó. En este Museo, una colección particular de Rudolf y Elisabeth Leopold que fue donada en 1994 a la Fundación Privada Leopold Museum, que cuenta con la ayuda de la República Austriaca y de la Banca Nacional Austriaca, y que nació en 2001 como el mejor fondo pictórico de Schiele, pude contemplar sus cuadros cargados de una fuerza extraordinaria, bajo la escuela del expresionismo austriaco y rodeados del espíritu de Secesión.

Egon Schiele (1890-1918) había nadado siempre contracorriente. Su preocupación expresionista giraba exclusivamente sobre las figuras humanas, desnudas, sin el ropaje de los trajes nuevos de los emperadores austriacos de turno. Para unas y unos, pornografía, para otros y otras, la expresión desnuda del alma humana, a veces atormentada, a veces ensombrecida, agarrotada, como las manos de muchas personas trasladadas en su piel desnuda al lienzo.

Compré una reproducción oficial de un cuadro suyo que me llamó la atención por su sorprendente fuerza interior. Es un autorretrato, que introduzco al comienzo de este post como carta de presentación, cuando Schiele tenía veinte años, representando una mirada desafiante al mundo, a su trayectoria difícil de infancia y adolescencia. Con muchas preguntas sin responder.

Y me despedí de aquella visita contemplando a escasos metros de distancia una obra impresionante de Klimt y como metáfora de la trayectoria existencial de Egon, interpretada por un amigo del alma: la Muerte y la Vida. Era una forma elegante de homenajear a Schiele, aunque su vida azarosa me la había contado antes Klimt al oído, de forma apresurada y en un ambiente libertario, en aquella visita rápida a su vida y obra en una tarde de agosto, en el democrático barrio de los Museos de la contra de Viena.

klimt-la-muerte-y-la-vida-detalle.jpg
Gustav Klimt: La Muerte y la Vida (detalle). Leopold Museum (Viena).

Sevilla, 26/VIII/2007

Crónicas de Viena (V): San Wolfgang y San Gielgen

st-gielgen.jpg
St. Gielgen: monumento a Mozart, con el Ayuntamiento al fondo (izqda.) Autor: José A. Cobeña.

No es cuestión de santoral. Me refiero a dos lugares que he conocido camino de Salzburgo (la ciudad de la sal), con las expectativas muy altas en busca de contenidos gratificantes en la ciudad natal de Mozart. San Wolfgang, con una parroquia que lleva el nombre de este obispo de Ratisbona, porque de este santo recibió Mozart el nombre en su bautismo, con un significado nada alentador: “que camina como el lobo”, aunque con encanto benedictino se diga en palabras puestas en boca del santo que “solo corría detrás de las ovejas para alimentarlas, no para matarlas” [sic], y San Gielgen, ciudad natal de la madre de Mozart, que pude visitar de forma más detallada, donde se venera a San Egidio.

He comprendido mejor que nunca por qué se le agregó Amadeus a su primer nombre de pila, como sano equilibrio ante un nombre inquietante en sí mismo y no por la popularidad del santo, del que el actual Papa ha llegado a decir que “San Wolfgang vivió en el llamado saeculum obscurum, siglo de oscuridad. El Papado, en Roma, estaba a merced de la nobleza romana, en un tiempo de anarquía originada por las invasiones de los bárbaros. En Alemania, los obispos eran, a su vez, príncipes territoriales, y muchas veces actuaban como tales, sin que apareciera la humildad característica del oficio sacerdotal. Ante tales circunstancias parecía que la Iglesia estaba a punto de derrumbarse definitivamente. Pero Dios iba a probar que no la había dejado de su mano. Por entonces aparece la renovación benedictina en las dos grandes abadías de Cluny y Gorze, en Borgoña y Lotaringia. San Wolfgang fue uno de los mayores artífices de esa reforma. La clave fue la Regla de San Benito. Su secreto fue trasladar el Evangelio a una regla de vida que permitiese practicarlo en el quehacer de cada día. Las dos ideas centrales son las siguientes: 1) Nihil amori Christi praeponere y, 2) la conversatio morum. «Lo primero significa no anteponer una carrera profesional, el éxito, el poder, el dinero o el favor de los magnates, sino poner el corazón en los humildes, y ejercer la justicia y la bondad en el vivir de cada día. La tradición ha condensado lo segundo en tres ideas: pobreza, castidad y obediencia, o, lo que viene a ser lo mismo, libertad frente a sí mismo, limpieza de corazón, y probidad» . Nuestro tiempo adolece de una carencia terrible de la conversatio morum (cambiar de vida). Las ideologías nos han prometido en vano un nuevo tipo de hombre que ha resultado ser soberbio, mentiroso, corrupto, jactancioso, amante del éxito, intolerante, revoltoso e insumiso. Sólo de Jesús nos viene el verdadero ideal humano. «Como hombre de Jesucristo, San Wolfgang nos invita a que, viviendo conforme a ese modelo de pureza y disciplina interior, nos convirtamos a la justicia, la bondad y la honradez».

No sé si Leopoldo Mozart le contaría la verdadera historia de San Wolgang a su hijo, pero conociendo un poco al maestro no es probable que le entusiasmara seguir sus pasos. Comprendo mejor que nunca que solo utilizara el nombre al revés de Mozart, en un guiño a la rectitud de la época a todos los niveles, por improbable que debía ser dar la vuelta al nombre del santo, también en todos los sentidos, con permiso de Ratzinger de Ratisbona.

Cuando entré en la región de los lagos, maravillosa expresión de la naturaleza demostrada en setenta ocasiones, estaba dando vueltas en mi cerebro a la experiencia del campo de concentración de Mauthausen, muy cerca de la ciudad de Linz que solo pude visualizarla desde una panorámica distante por la carretera de circunvalación por la que nos dirigíamos a Salzburgo. Martín, el guía-conductor de 21 años, explicó el amor que tenía Hitler a Linz y el silencio fue total. El recorrido por Gmunden, a pie del Traunsee, Altmünster, Ebensee y Bad Ischl, nos condujo a San Wolfgang y San Gielgen, como enclaves que pesan mucho en la historia del compositor. Sobre todo esta última, por ser el pueblo donde nació la madre de Mozart y donde todo está montado en torno a su familia. Allí nos detuvimos el tiempo suficiente para hacer las fotografías de rigor, eso sí, en ausencia de Mozart.

Y llegamos a Salzburgo, con lluvia suficiente como para recorrer esta preciosa ciudad con las dificultades propias de un tiempo diseñado por el enemigo. El objetivo era conocer el lugar en el que nació el maestro. Previamente, visitamos la catedral de San Ruperto y San Virgilio, atravesamos “tanquam felis per prunas” (como gato por ascuas) el cementerio de St. Peter’s, donde se rodaron las dramáticas escenas de la huida en la película “Sonrisas y Lágrimas”, y antes de abandonar el puente sobre el río Salzach, recorrimos la casa natal de Mozart en un espectáculo lamentable de turismo rancio. Era imposible detenerse en cuadros, leyendas y patios. Todo era un río incesante de personas que no veían a Mozart por ninguna parte.

zara1.jpg
Salzburgo: la calle Getreidegasse, con el anuncio de ZARA, imitando los reclamos comerciales de la época medieval. Autor: José A. Cobeña.

Por la calle peatonal más famosa de Salzburgo, la Getreidegasse, descubrimos que el imperio de Zara está presente allí como símbolo de la aldea global. Fue salir de la casa de Mozart y Zara nos estaba esperando para mostrarnos sus rebajas de verano. Al fin y al cabo, todo es economía de mercado, incluida su casa natal. No sé lo que pensaría Mozart, no sé, aunque con su afición a las Academias es probable que hubiera pedido a Amancio Ortega un patrocinio de las mismas, con el permiso de san Wolfgang y san Egidio. Hay que comprenderlo: solo lo haría “por respeto a la tradición”.

Sevilla, 24/VIII/2007